jueves, 27 de febrero de 2014

Falso documental: Operación Palace

Yo sí me lo creí, aunque por poco tiempo. Empecé a ver el falso documental cuando ya había empezado, creo que iría más o menos por la mitad y antes de caer en la cuenta casi lloro. En pocos minutos, pasé por todas las fases: dolor, rabia, tristeza, incredulidad y de repente me dije: ¡Esto no puede ser! ¿Qué está pasando?

Mi reacción inmediata fue acudir a Twitter (no sé si para bien o para mal a mí ya me resulta imprescindible) y entonces empecé a enterarme de lo que estaba pasando. No me tranquilicé mucho porque a partir de entonces mi rabia se concentró en Jordi Évole y en todo su equipo, en La Sexta y en la madre que la parió. Y no entendí cómo se les podía haber ocurrido aquello: ridiculizar el 23F y tomarnos el pelo. Algo que había hecho sufrir a tanta gente en tan poco tiempo, que tuvo al país con el corazón en vilo durante 24 horas. Aquello que, si hubiese triunfado, hubiera supuesto otra vez la vuelta a las cavernas. Para mí era inexplicable. “Entiendo que Jordi Évole se ría de los conspiranoicos, pero no sé si me hace mucha gracia”. Algo así escribí en Twitter.

Después un poco de Facebook. Allí me di cuenta que la gente más joven, se lo había pasado bien con este falso documental que a mí, al principio, me había causado terror. Pero es que es verdad: una vez pasado el susto y sabiendo seguro que aquello era una (delirante) ficción, te das cuenta del guion de traca que escribieron. Tanques dando la vuelta a la manzana para simular que eran muchos más; un tapiz tejido especialmente para que hiciese de fondo en el discurso del rey y que representaba a los leones del Congreso de los Diputados; Garci dirigiendo la película; diputados ensayando cómo tirarse al suelo. 

Después tienen que venir las reflexiones serias. Para mí el tema del 23F todavía es material muy sensible; pero me han convencido las explicaciones que Évole ha dado. Así que yo saco dos conclusiones muy claras: la primera, somos crédulos por naturaleza (y eso está bien, pero hay que ponerle límites) y la segunda es que se curraron mucho la ficción y no hay que quitarles mérito.

En primer lugar, la televisión debe tratar a la audiencia como los adultos que deberíamos ser. Que no nos pongan tantos paños calientes, que no traten de edulcorar las situaciones, que nos hablen con crudeza y que no nos quieran mantener en un estado de infantilismo, desinformación y desorientación, porque todo eso nos lleva a la dependencia. Y segundo, me parece muy bien que, a partir de ahora, dudemos de todos y de todo; tengamos que cuestionar y contrastar todo lo que aparece por la tele (aunque lo diga Gabilondo) y que hasta ahora nos creíamos sin rechistar ¡A ver cuánto nos dura!

Por último y creo que lo más importante. Hay que criticar abiertamente que todavía no se pueda consultar documentación sobre este hecho fundamental, que, para buena parte de la población que no lo vivió siendo adulta, es sólo un hecho histórico. Desclasificar documentos serviría para evitar teorías conspiratorias que no sé si tienen mucho fundamento o no, pero que dejan todo en la duda. 

Experimentar y arriesgar es parte de la condición humana y debe trasladarse a todos los ámbitos de la vida. La televisión lleva mucho tiempo siendo un muermazo infumable. Esta encorsetada, amordazada, domesticada y condenada hasta la saciedad a la repetición de contenidos una y otra, y otra, y otra vez repetidos. 

En defensa del espectador crédulo, prefiero pensar que no es tan fácil que nos engañen, es que el falso documental estaba muy bien hecho; especialmente, el dramatismo de la voz en off del narrador, creo que es Pedro Tena. ¡Enhorabuena Évole y compañía!



jueves, 20 de febrero de 2014

Cine : Agosto. Osage County de John Wells

Agosto. Osage County es una obra teatral llevada ahora al cine por John Wells. Está en la tradición de obras que sondean en las explosivas relaciones de familias disfuncionales, como las de Tennessee Williams. La obra de teatro original es de Tracy Letts y con ella ganó el premio Pulitzer en 2008; el mismo autor se ha encargado de la adaptación al cine. 

Una historia de mujeres que yo pensaba también que estaba escrita por una mujer, dados mis limitados conocimientos de inglés. Pero parece que Tracy también puede ser nombre de hombre. Debe ser difícil trasladar toda la intensidad de una obra teatral al cine; pero además en este caso se trata de una familia disfuncional con todas las disfuncionalidades (y alguna más) que haya acreditadas en el mundo. Por eso a pesar de las sólidas interpretaciones de actores muy consagrados resulta excesiva. 

Osage County pertenece a Oklahoma, lo que es lo mismo que hablar de la América profunda. Grandes extensiones de tierra, una densidad de población muy baja y un alto índice de pobreza.  

La excusa para convocar a esta familia es la muerte (aparentemente suicidio, pero no queda claro) del patriarca. Beverly Weston (Sam Shepard) ha sido poeta y profesor en la universidad, siempre viviendo al borde de su vaso de whiskey; Violet Weston (Meryl Streep), su esposa, está enferma de cáncer; es brutal, pastillera y borracha. Beverly y Violet han tenido tres hijas: Bárbara (Julia Roberts), Ivy (Julianne Nicholson) y Karen (Juliette Lewis). Otro personaje importante es Mattie Fae, la hermana de Violet, igualmente brutal. 

El calor sofocante del mes de agosto acompaña al duelo por la muerte de Beverly. La familia no se ha reunido en años y ésta tampoco sería la mejor ocasión para hacerlo, pero ante la muerte nos empeñamos en sacar una galería de buenos sentimientos imaginarios y en tratar de convencernos de que lo único que, de verdad, importa es la familia. En la cena después del funeral, Violet, enferma de cáncer terminal en la boca (simbólico), hace una amplia demostración de fuerza, maltratando y abusando emocionalmente de todos y cada uno de sus familiares “más queridos”. La excusa de su infancia de extrema pobreza, abuso y frustración no es suficiente para poder empatizar, ni siquiera mínimamente, con ella. Su sangre es una mezcla de vinagre y hiel. 

Todos los personajes femeninos son muy fuertes; pero no utilizan su fortaleza para ser felices y hacer felices a los demás. Tanto Violet como Mattie Fae son dominantes, agrias, cáusticas y no se entiende como hay hombres que han podido estar a su lado. A partir del reencuentro familiar todos se embarcan en ajustes de cuentas. Todos contra todos: maridos contra mujeres, madres contra hijos e hijas, las tres hermanas entre ellas mismas. Es un no parar de reproches. 

Bárbara, la hija mayor, en plena crisis matrimonial, acaba por descubrir que está a dos minutos de ser igual de abusiva que su madre; Ivy, la mediana, que ronda los 50 años y ha vivido siendo ignorada por todos, está (creo que por primera vez en su vida) enamorada y todo el mundo le dice que no puede ser porque Little Charles, torpe y desempleado, es un perdedor objeto de las burlas de su madre, es más joven que ella, es su primo y además al final resulta ser su medio hermano. Y Karen, la pequeña de las hermanas, cuarentona y eterna adolescente, supone que su actual novio es la última oportunidad que le queda para no terminar su vida sola. 

Paradójicamente son los personajes masculinos los encargados de dar el contrapunto y crear un cierto remanso de paz entre tanto veneno.  Aún en ese ambiente de rencores añejos, queda espacio para una relación de ternura entre un padre y su supuesto hijo, Charles (Chris Cooper) y Little Charles (Benedict Cumberbatch). 

Este año me he matriculado en la asignatura de Sociología de la familia y me ha resultado muy interesante. Ahora estoy esperando los resultados del examen. La familia es el primer ámbito de socialización del individuo y es crucial en su desarrollo posterior porque, en ella, vive las primeras experiencias de justicia y respeto. Clarísimamente puede bloquear al individuo. Aunque las tres hijas de Beverly y Violet formalmente escaparon de ese ambiente nocivo, dominado por la brutalidad de la madre, se han llevado dentro de sí mismas esa estructura de abuso y así están condenadas a repetirlo. Es el poder de reproducción del que hablaba Bourdieu, un sociólogo francés que me interesa mucho. 

Al final de la película parece que definitivamente abandonan a su madre. Pero yo no estoy tan segura de eso. 



jueves, 13 de febrero de 2014

Novela: Daniela Astor y la caja negra de Marta Sanz

La autora.-
Marta Sanz es doctora en Literatura Contemporánea. Cincuentañera o casi. Finalista y ganadora de varios premios literarios, entre ellos el Premio Ojo Crítico de Narrativa en 2001. Otras novelas suyas son: Black, black, black; La lección de anatomía

Sinopsis.-
Catalina y su amiga Angélica se esconden en “la leonera” para jugar y aprender a vivir. Tienen doce años; al mismo tiempo que, dramáticamente, empiezan su transición a la edad adulta, en España se vive la transición política. 

Mi opinión.-
Después de terminar la novela, tengo la necesidad de volverla a leer. Es una lectura muy fluida, pero me queda la sensación de que he pasado por encima de cosas importantes que tengo que recuperar. Quizá porque puede ser considerada retrato de una generación que es la mía. Una sensación muy extraña. 

Es una novela agridulce. Se enlazan dos historias, en realidad dos momentos de la historia de la misma persona. Catalina de 12 años, en primera persona, habla sobre su vida, sus padres, su amiga Angélica y la leonera. Catalina es cruel y retorcida; se siente así porque no soporta a su madre. Construye su identidad de adulta con referentes a los que no respeta. Su padre piensa que manda en su vida y en la de su familia. Su madre no es un ejemplo a seguir porque es de pueblo y una pesada; la madre de Angélica, su mejor amiga, es una profesora que anda todo el día poniendo lavadoras. Así que se aferra a las “monstruas y las centauras”, hechas con recortes de cuerpos de actrices sacadas de las revistas del corazón y encerradas en su cuaderno secreto. 

En la segunda historia, la de las cajas negras que se desarrolla en capítulos alternos con la primera, Catalina ya es una mujer adulta. Está preparando un documental sobre el cine de la transición. Por una parte, estaba el mayoritario cine de destape; por otra, el minoritario de fantaterror. Un género de muy bajo presupuesto que aprovecha las historias clásicas de terror, las vampiras, las zombis y los hombres reprimidos, para incluir un erotismo turbio y sangriento. Tal y como recuerda la autora, en la contrarreforma se utilizaron los temas mitológicos como excusa para que los pintores pudieran "manosear" con los ojos y pintar los cuerpos desnudos de las mujeres y los aristócratas pudieran hurgar en esas carnes generosas, palpitantes y llenas de vida, aunque sólo fuesen de lienzo.

En la transición, cine de destape y de fantaterror cumplieron la misma función. Exhibir a las mujeres para regocijo de los hombres. Un cine “liberador”, pero que para algunas mujeres resultó ser una picadora de carne. Ahora todavía recordamos vagamente a algunas: Susana Estrada y Blanca Estrada, Bárbara Rey, María José Cantudo, Ágata Lys, Amparo Muñoz. Otras se quedaron en el camino con peor suerte. La autora piensa que este tipo de cine era necesario para el país; yo creo que sólo sirvió para enriquecer a hombres de negocios con corbata que siempre salvaguardan su respetabilidad a costa de exhibir y comerciar con mujeres. En realidad, simplemente chulos de putas.

Además, Marta Sanz, con una visión certera, hace herederos de este tipo de cine a los actuales programas de corazón de la televisión, donde siguen perpetuándose algunas de estas actrices.

Es una historia de mujeres. Se ha escrito mucho sobre la adolescencia de los hombres, pero no sobre la de las mujeres. Aunque en realidad Catalina no pasa por la adolescencia, porque debido a sus circunstancias tiene que pegar un estirón de la noche a la mañana. Su situación familiar explota y tiene que asumirlo y hacerse adulta de golpe. Una historia de cómo hacerse mujer, topando con la evidencia (y cuestionándola después) de que son los hombres quienes deciden qué debe ser una mujer, cómo debe comportarse y para qué debe servir. De rabiosa actualidad. 



Daniela Astor y la caja negra 
Marta Sanz
Ed. Anagrama

jueves, 6 de febrero de 2014

Novela: Venían a buscarlo a él de Berta Vías Mahou

La autora.-
Berta Vías Mahou es una escritora y traductora del alemán, cincuentañera. Licenciada en Geografía e Historia, estuvo trabajando como secretaria de dirección. Después de perder el trabajo volvió a la universidad y comenzó sus estudios de traducción. Ha traducido a Zweig, Goethe y Joseph Roth. Con Venían a buscarlo a él, ganó, por unanimidad, el premio literario Dulce Chacón de Narrativa Española. Otras obras suyas: Los pozos de la nieve y Ladera norte.

Sinopsis.-
Los últimos días de Jacques Cormery, alter ego de Albert Camus. El presentimiento de la muerte, los recuerdos de la infancia y la pobreza, el éxito literario, el compromiso moral, la guerra, la brutalidad y la violencia; todo ello se entremezcla con algunos personajes del autor y con fragmentos de sus obras. 

Mi opinión.- 
Se nota que la autora es admiradora de la obra, y también me atrevería a decir, del compromiso moral de Camus. Un compromiso moral de tal exigencia que, después del enfrentamiento por cuestiones políticas, le supuso al autor el rechazo de los suyos y la soledad. Precio que tuvo que pagar por mantener su coherencia en momentos convulsos. 

Jacques Cormery, está en su casa de Lourmarin. Con sus recuerdos, sus ficciones y sus proyectos. Tiene prisa por acabar su actual novela, no sabe por qué. Tiene el presentimiento de la muerte. En sus recuerdos, se entremezclan algunos personajes de sus novelas anteriores. La novela, me ha parecido muy densa, muy corpórea. Sobre todo, la sensación de sentirse perseguido, la sospecha frente a cualquier desconocido que se presenta, el miedo y la amenaza de la muerte. A veces difícil de seguir por los constantes movimientos en el tiempo y los cambios de nombres de algunos personajes. 

Aparentemente, se ha escrito como novela negra pero en realidad es un libro de introspección, que busca la profundidad. Obsesionado por el análisis y la reflexión sobre la violencia, sobre la pena de muerte; hay bandos enfrentados, empeñados unos en deshumanizar a los otros para mantener la tranquilidad de su conciencia, pero todos compartiendo la misma condición moral. En medio de la guerra de Argel, el escritor, francés pobre nacido en Argelia, se ve rechazado por unos y por otros. Para los franceses de la metrópoli, no es lo suficientemente francés, es de origen español y de clase trabajadora; para los argelinos, es un colonialista y por eso mismo, un explotador. Sí, es una novela de encrucijadas, de dimensiones cruzadas que tiran cada una para un lado. 

Ante todo, una reflexión moral. El compromiso moral. Entender de una vez y para siempre, aunque sea difícil, que, terrorista y víctima comparten la misma condición humana; que la irracionalidad del terrorista, también es nuestra irracionalidad. Y es aquí donde Camus se asomó al abismo del dolor; en entender también que el fin no puede justificar nunca los medios, que todas las causas comienzan siendo justas, pero acaban siendo neurosis, borracheras de violencia y destrucción. Y en esa lucidez, se sustenta la frustración de Jacques Cormery (Albert Camus), aunque duela y pueda parecer increíble, asesino y víctima, comparten humanidad. 

Hace días, la sentencia sobre la Doctrina Parot no paraba de salir en las noticias. La prensa, en una actuación desde mi punto de vista irresponsable y amarillista, diariamente nos recordaba el goteo de excarcelaciones, ajustadas a la ley, de criminales rehabilitados o no. Etarras, violadores y asesinos, delincuentes que, por el hecho de serlo, no dejan de tener sus derechos. Anabel Segura, una víctima, y su asesino, se cruzaron por casualidad; compartieron un momento trágico. 20 años después, él está vivo y libre, habla con calma, asume que su crimen no tiene perdón, pero que puede seguir viviendo con esa culpa. Si no se hubieran cruzado en la calle, no habría muerte ni culpa. Es terrible.



Venían a buscarlo a él 
Ed. Acantilado