jueves, 25 de julio de 2013

Cine: Star Trek Into Darkness

El capitán Kirk (Chris Pine) ha sido malote y ha desobedecido órdenes tajantes para salvar a Spock (Zachary Quinto), cosa que éste mismo le recrimina y no entiende. Es sancionado y degradado, pero, ¡mira qué casualidad!, en el ínterin se presenta una fuerza maligna, mala, mala de toda maldad, encarnada en John Harrison (Benedict Cumberbatch) y ¿quién es el único que puede salvar a la Federación? Evidentemente el capitán Kirk contando con la colaboración incondicional de su tripulación/familia. Los habituales: Spock, la teniente Uhura, el doctor McCoy, Scotty, Sulu y Chekov y una nueva incorporación, la doctora Carol Marcus, cuya participación casi se reduce a salir en bragas en la pantalla. Este, más o menos, es el argumento de Star Trek Into Darkness

Hay dos maneras de enfocar la literatura y el cine de ciencia ficción: una de ellas, es proponer una reflexión sobre la condición humana y la otra es una simple transposición de la sociedad actual en un tiempo futuro. Este último es el caso de Star Trek Into Darkness. Reproduce todos los vicios, prejuicios, estereotipos y maldades de nuestro tiempo en un tiempo futuro. “¿Hay algo que no harías para salvar a tu familia?” es lo que Harrison pregunta al capitán Kirk. Pero si el director quería hacer una reflexión sobre qué estamos dispuestos a hacer por aquellos a quienes queremos, se ha quedado bastante corto. 

J.J. Abrams tenía la oportunidad de ofrecernos una reflexión sobre las malas artes en la política (aquello que decía Felipe González de “defender al estado de derecho en las alcantarillas”) y sinceramente, creo que no se ha atrevido; ha preferido pasar el tiempo volviendo a describir a los personajes clásicos de la saga, andando sobre seguro, en  lugar de profundizar en operaciones encubiertas, experimentación con seres humanos y su posterior neutralización cuando ya no son válidos.

Resulta básica y predecible, con imágenes espectaculares e interpretaciones correctas. Evasión y entretenimiento, pero nada nuevo. Sólo hay que ver la relación entre Spock y Uhura, un toque simpático de guerrilla de baja intensidad entre sexos: Uhura recriminándole a un vulcano (que se supone que son la razón en lugar de la emoción) que no comparte con ella sus sentimientos, arrugando su naricilla respingona y sacudiendo su cola de caballo como si fustigase a Spock con el látigo de su indiferencia, ¡hala pues, Spock, todavía te quiero pero de momento no te ajunto! 

Nunca he sido trekkie y no creo que vaya a empezar a serlo ahora, pero no me lo he pasado mal. La razón principal por la que fui al cine, fue ver y sobre todo oír a Benedict Cumberbatch (Sherlock, Frankenstein, Warhorse, El topo), del que espero que alguna vez emitan en televisión una serie llamada Parade’s End y que no os la perdáis. Es un actor impresionante, de verdad. Sólo por sus apariciones en pantalla vale la pena ver la película. Es la maldad que nace del resentimiento de haberlo perdido todo; es el enemigo interior, sin control, creado por la imprudencia de los poderosos y que se vuelve contra ellos y contra todos nosotros. Y es la oportunidad que el director ha dejado pasar para darle profundidad a la película. 

Se ha quedado en una película políticamente correcta y en sintonía con la mitología estadounidense: un rebelde sin causa rubito, bronceado y de buen corazón; justiciero que coloca el orden moral por encima de la ley; como antagonista, el enemigo fabricado desde dentro; las mujeres como subordinadas minifalderas, aparentemente muy competentes, aunque en la trama no tengan un papel muy destacado. Pero esto no es suficiente para hacerle una crítica feminista, hay personajes masculinos, como el doctor McCoy, que tampoco tienen ningún papel relevante en esta trama. Y es que más que un problema de sexismo, creo que a J.J. Abrams se le ha ido la mano en el metraje de la película y en el montaje ha tenido que empezar a cortar. 





jueves, 18 de julio de 2013

Cine: Trance de Danny Boyle

Antes que nada una queja. No creo que una ciudad media como Zaragoza, pueda soportar el ritmo de estrenos de otras ciudades más grandes. Lo digo porque esta película apenas ha durado en cartel 15 días. Ha tenido la mala suerte de coincidir con otros estrenos más comerciales y es una pena porque merecía más tiempo en cartel. 

Es cine negro, no convencional, pero del bueno. Se planea un robo pero algo falla.

Simon (James McAvoy; Atonement) trabaja en una casa de subastas de arte en Londres, es adicto al juego y tiene deudas con un mafioso, Frank (Vincent Cassel). Simon planea el robo de un cuadro en medio de su subasta “Vuelo de brujas” de Goya (en realidad el cuadro de 1798 está en el Museo del Prado y espero que, a pesar de nuestra crítica situación económica, no tengamos que recurrir a subastar el patrimonio cultural del país). Pero las cosas no salen como ellos quieren. Simon, aparentemente, se enfrenta a los ladrones, recibe un fuerte golpe en la cabeza y olvida donde ha escondido el cuadro. Elizabeth Lamb (Rosario Dawson) será la terapeuta encargada de ayudarle a recordar. 

Destaco también de la película la banda sonora muy potente y especialmente, una fotografía muy adecuada: imágenes especulares, colores muy brillantes, distorsiones, reflejos, todo destinado a hacernos perder el sentido de la realidad y a embarcarnos en la misma desorientación que sufre el personaje. No sabemos si son imágenes reales, recuerdos implantados o recuerdos verdaderos.

En el desarrollo de la trama, la terapeuta deberá manipular la mente de Simon e intervenir en sus recuerdos pero no de una manera esotérica o con brujería (otra vez brujas), sino a través de una terapia, racional y respetada como ciencia.  La película plantea que, ante un trauma, la táctica de supervivencia empleada sea encerrar los recuerdos dolorosos en una caja de cristal, transparente, para que ni siquiera seamos conscientes de que la caja está allí; así para superar el trauma deberemos encontrar la caja que se ha hecho invisible para nosotros y abrirla. Pero, ¿y si, en ese viaje doloroso, además encontramos otras cosas?


Director: Danny Boyle
Intérpretes: James McAvoy, Rosario Dawson, Vincent Cassel
Guion: Joe Ahearne y John Hodge
Música: Rick Smith
Fotografía: Anthony Dod Mantle


A partir de aquí voy a lanzar algunos spoilers, no todos porque el guion da muchos giros. 
Así que si queréis mantener la sorpresa dejad de leer ya. 

Lo que más me ha sorprendido de las críticas y opiniones que he leído es que ninguna de ellas percibe una lectura simbólica que yo veo clarísima. 

El motivo del robo nunca ha sido el dinero; ni por codicia ni por deudas de juego. Tampoco Simon ha sido el cerebro. Casi al final de la película, Elizabeth, tiene que explicar al resto de personajes y a nosotros también, lo que ha pasado y por qué. Es un recurso cinematográfico que no me gusta mucho, pero dados  los enigmas envueltos en acertijos que encontramos en toda la película, era necesario (perdono a Danny Boyle por esto). 

Elizabeth ha sido víctima de violencia de género y ha temido por su vida; planea el robo de este cuadro para recordarse a sí misma que nunca más debe permitir ese tipo de abusos en su vida. Durante meses, antes del atraco, ha estado tratando a Simon en su consulta y ha conseguido sugestionarle para que robe el cuadro para ella. En “Vuelo de brujas” tres mujeres volando (supuestamente mujeres yo no lo distingo muy bien), desnudas de cintura para arriba, sostienen y torturan a un hombre.



No creo que sea una casualidad que la obra a robar sea de brujas, que el cerebro de la operación sea una mujer y que además sea negra. Simbólicamente, podría tratar de reivindicar el primer feminicidio, contra miles de mujeres acusadas de ser brujas. 

¿Quiénes eran las maléficas brujas? ¿Mujeres poderosas, mujeres de sabiduría, capaces de cambiar los destinos de la gente? ¿Mujeres que dominaban con la palabra, interlocutoras del diablo? Quizá haya otra explicación más sencilla. Silvia Federici, en su libro Calibán y la bruja, afirma que eran mujeres pobres, abandonadas, ancianas y viudas, que, en el límite de la subsistencia, robaban para comer. A veces, ellas mismas se creaban una reputación de brujas maléficas (eficaz en momentos de superstición), para que sus vecinos cuidasen de ellas a cambio de no sufrir males en sus cosechas. También había parteras, médicas o hechiceras especializadas en la intriga amorosa, que fueron acosadas por el ascenso de la medicina profesional (de hombres). Queda para los estudiosos analizar si ésta fue la verdadera causa de la caza de brujas. 

No sé si Danny Boyle se ha propuesto en su película, desplegar toda esta carga simbólica, es posible que no. No sé si ha intentado resarcir a las mujeres por la violencia sufrida, la pasada, la presente y la futura (porque esto no acaba) o si ha lanzado un aviso para navegantes del riesgo que supone permitir a las mujeres el acceso al conocimiento y al saber. El caso es que Elizabeth, la maga-terapeuta con su voz melodiosa de hechicera, es capaz de dominar a los hombres que la quieren matar. Puede entrar en sus mentes y crear pensamientos que los hombres asumirán como suyos.

Definitivamente no creo que Danny Boyle pretendiera todo esto. Es sólo mi interpretación o ¿quizá sus planes, pensamientos e ideas sobre la película tampoco fueran suyos? 


jueves, 11 de julio de 2013

Cine: Before Midnight (Antes del anochecer)

Con Antes del anochecer termina, de momento, la trilogía que Richard Linklater, en colaboración con Ethan Hawke y Julie Delpy como guionistas y actores, ha rodado sobre el amor visto a los 20, a los 30 y a los 40. De Linklater no conozco más que estas tres películas que me parecen muy interesantes. Respecto a Ethan Hawke (Great Expectations; Gattaca) y Julie Delpy (Tres colores: blanco; El skylab), tienen unos curriculum que dan vértigo: actores, escritores, directores de cine y además Delpy, a veces también compone la música. 

Julie Delpy ha estrenado recientemente, como directora y actriz, Dos días en Nueva York, continuación de Dos días en París. Películas similares a la trilogía que comento en este post, comedias románticas con un toque de desilusión y choque cultural. En una entrevista ha dicho que lo único que pretende es hacer películas de situaciones cotidianas. 

En Antes del amanecer (1995), Jesse y Céline (Ethan Hawke y Julie Delpy) se conocen en un tren camino de Viena. Jesse es un futuro escritor que va un poco a la deriva; norteamericano de viaje por Europa, tratando de encontrar a la “Generación perdida”, a sí mismo o cualquier otra cosa. Céline es francesa, apasionada, comprometida con la defensa del medioambiente y de izquierdas. Así que deciden bajar del tren y empezar una conversación que, de momento, ha terminado 20 años más tarde. En unas horas se confiesan amores, temores, esperanzas, decepciones y retos que les gustaría asumir; hablan sin parar de ellos, de los otros, de política, de sexo, de religión, de todo lo importante y de lo banal. Porque estas películas son eso, conversaciones que Jesse y Céline tienen en momentos cruciales de su vida. 

La siguiente película fue Antes del atardecer (2004). Jesse y Céline se reencuentran en París. Si digo que se reencuentran ya deduciréis que en la primera película no terminaron juntos, pero claro, no diré por qué. Jesse ha escrito una novela basada en ese encuentro. Ha tenido mucho éxito y debe presentarla en París. Céline vive allí, se reconoce en un personaje de la novela y así se reencuentran en la librería Shakespeare and Co. Retoman su conversación otra vez, deambulando por la ciudad, sin rumbo fijo. Ya no son los jóvenes inseguros de 1995. La vida les ha curtido un poco y comparten esta vez más amarguras que ilusiones, más reproches que expectativas; la frustración y el paso del tiempo. Sus vidas están más o menos orientadas e intentan seguir con ellas: él tiene que coger un avión y volver a casa. 

Ahora se ha estrenado Antes del anochecer (2013). Jesse y Céline, están de vacaciones en Grecia. Son una pareja consolidada que ha acudido al aeropuerto a despedir al hijo adolescente de Jesse. Les acompañan sus hijas mellizas y también esta vez se presenta la ocasión de conversar sin prisa y sin censura. Ahora les toca hacer balance de su vida en común; llevan 9 años juntos. No es que les desborde la amargura y se reprochen a sí mismos (o al otro) el camino que cogieron, pero se aprecia el desgaste de la vida en común. 

Están en los 40 y se dan cuenta de que ya no pueden hacer todo lo que querían en la vida. Empieza para ellos el tiempo de las renuncias. En esta tercera película es Céline quien más abiertamente muestra sus inseguridades. Parte de sus reproches tienen que ver con que no ha podido seguir la carrera profesional que pretendía por el nacimiento y cuidado de las gemelas. Ella, más que él, está preocupada por el paso del tiempo. Finge que no le importa, pero sí está preocupada por dejar de ser atractiva: medio en broma, medio en serio le recrimina a Jesse que mire a otras mujeres (más jóvenes, evidentemente). Además esta vez no está dispuesta a renunciar a una oportunidad laboral. Toda esta “guerrilla de baja intensidad” la convierte en una prematura vieja gruñona, desvalida y tierna. 

Sin embargo, desde mi punto de vista, es Jesse quien siempre ha tenido que hacer las mayores renuncias: cambia de país (y de continente) para estar con Céline; se divorcia (traumáticamente) de su mujer, que desde entonces le odia y le pone todo tipo de trabas para que se pierda la infancia de su primer hijo. En la segunda película Jesse sufrió su “gran crisis”: personal, emocional, matrimonial y creativa. Ahora, en Antes del anochecer, demuestra que aprendió algo entonces y ante la crisis personal de Céline, será él quien tome las riendas de la situación. Para el desenlace, definitivo o no, me quedo esperando una cuarta película. El amor a los 50. 



Director: Richard Linklater
Actores: Ethan Hawke y Julie Delpy
Guion: Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy
Fotografía: Christos Voudouris
Música: Graham Reynolds

domingo, 7 de julio de 2013

Cine: Grandes Esperanzas


Grandes Esperanzas es la nueva adaptación al cine de Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral; Harry Potter y el cáliz de fuego) de la novela de Dickens. Una de sus principales novelas, a juicio de los críticos una obra maestra de madurez. 

Yo no la he leído, pero imagino que como en todas las adaptaciones se pierde muchísimo de la obra original.  En este caso, aunque no puedo juzgar porque no he leído la novela, tratándose de lo que se llama una “novela de crecimiento” se ve poco desarrollo en el protagonista.

Pip (Toby y Jeremy Irvine) es un chico pobre y huérfano en un entorno rural de la Inglaterra de mediados del siglo XIX. Dadas sus condiciones, pocas oportunidades le puede presentar la vida. La historia se asemeja a un cuento de hadas. A pesar de su pobreza y de sus precarias condiciones emocionales de vida (vive con su única hermana, una mujer amargada, déspota y maltratadora), hay dos hitos en su niñez: el encuentro con el presidiario Magwitch (Ralph Fiennes) y el interés que despierta en la señorita Havisham (Helena Bonham-Carter), a través de la que conocerá a la joven Estella (Holliday Grainger), desde entonces su único amor.

Pasados unos años, un benefactor (que quiere mantener el anonimato) le proporcionará el dinero suficiente, los contactos y las influencias para que llegue a convertirse en un caballero.

Su ascenso social provoca que vaya perdiendo su entereza moral. Va echando de su vida a todos los personajes que le habían servido de consuelo y apoyo en su infancia: Joe, su cuñado que siempre le había protegido de su hermana, y Biddy, una joven que ocasionalmente le ha servido de maestra y que está enamorada de él. Después de su triunfo inmerecido, la adversidad le hará conocer quienes han sido sus verdaderos amigos. 

Esta nueva adaptación está muy bien ambientada, perfectamente realizada y con actuaciones impecables pero le falta vida. En este tipo de adaptaciones, cada vez más los directores se quedan en la simple historia de amor y creo que descuidan lo que los novelistas querían hacer: recrear un ambiente, sus modos y costumbres; la psicología de los personajes e incluso la crítica social, un elemento esencial en todas las novelas de Dickens. Desde este punto de vista el director se ha quedado corto. Los personajes masculinos responden a los tópicos y por lo que respecta a los femeninos, no sé si son exponentes de una clara misoginia del autor, pero resultan aterradores. Creo que no se pueden encontrar más muestras de desprecio contra las mujeres que en la literatura del siglo XIX. Unas, heroínas abusadas y asesinadas de diversas formas; otras, mujeres frías y diabólicas hechas para torturar. ¡Por Dios! Pero, ¿qué les pasaba a los escritores del siglo XIX? Ahí van las descripciones, totalmente subjetivas, de los principales personajes femeninos.

Estella, literalmente, ha sido “educada para hacer sufrir a los hombres”. La señorita Havisham, al mismo tiempo que se arrepiente de haberlo hecho así, reconoce que tampoco sabía hacer otra cosa.

La hermana de Pip, encargada del cuidado del huérfano durante su infancia, es brutal, hiriente, despiadada y maltratadora. Cuando ella muere, tanto Pip como Joe pueden descansar de su brutalidad.

La señorita Havisham, es el personaje más fantasmagórico de toda la película. Incluso parece un guiño a la literatura gótica. Vive con el reloj parado, con su vida suspendida desde que su prometido la abandonó el mismo día de la boda. Desde entonces la luz no ha vuelto a entrar en su casa. Vestida con su vestido de novia, sin peinarse, sin lavarse, con aspecto de muerta en vida (¿inspirado en Tim Burton y la novia cadáver?). Rodeada de otros muertos vivientes, sus codiciosos parientes, de ratones y del banquete putrefacto. Visiblemente trastornada se ha dedicado toda su vida a inocular sus amarguras y frustraciones  en Estella. Helena Bonham-Carter es lo mejor de la película, junto con Ralph Fiennes.

Mi opinión es que la película promete en la primera media hora, pero después se va haciendo predecible y se recrea, como pasa habitualmente, en la historieta de amor entre Pip y Estella. Deja de lado el resto de temas en los que Dickens profundizaba: el crecimiento y el desarrollo psicológico de Pip, el coste del ascenso en una sociedad burguesa y también la crítica social por unas condiciones de vida insalubres. 



Director: Mike Newell
Intérpretes: Toby Irvine/Jeremy Irvine; Ralph Fiennes; Helena Bonham-Carter; Holliday Grainger; Jason Flemyng

viernes, 5 de julio de 2013

Cine: Hannah Arendt de Margarethe von Trotta

Hannah Arendt no quería ser reconocida como filósofa; estudió principalmente el campo de la teoría política y concretamente son famosos sus estudios sobre el totalitarismo y todas las variantes del fascismo. Nació en Alemania de origen judío y terminó viviendo exiliada en Estados Unidos. La película de Margarete von Trotta abarca un período de su vida marcado por el juicio y la publicación de unos artículos sobre Adolf Eichmann, en 1963. Posteriormente los artículos se publicaron en forma de libro, traducido en España como Eichmann en Jerusalén (otro de los libros que tengo pendientes por leer).

Lo que más me ha gustado de la película es que sitúa a la filósofa en su vida cotidiana, en su intimidad, rodeada de sus amigos, en un exquisito ambiente intelectual. Constantemente fumando, tumbada en el sofá pensando y con un brillo especial en los ojos; siempre risueña e incluso pícara. El retrato de una mujer jovial, risueña, muy afectuosa, enamorada de su marido, apasionada y fuerte. Parece estar por encima de duelos y miserias humanas; vive con todas sus consecuencias este momento amargo de su vida, en el que muchas de las personas en las que confiaba la atacan y le vuelven la espalda.

Es una película biográfica clásica, con una ambientación muy cuidada y actuaciones muy sólidas que le dan un ritmo muy adecuado, para no caer en verborreas filosóficas. Hannah Arendt está muy bien interpretada por Barbara Sukowa, una actriz que ya ha colaborada muchas otras veces con esta directora. Películas que lamentablemente yo no he visto. 

Yo no sabía que estos escritos de Arendt habían sido tan polémicos; es cierto que en los años 1960, todavía no había pasado mucho tiempo desde la tragedia del holocausto y las sensibilidades eran más fuertes que hoy en día. Describir abiertamente su postura, aún a sabiendas de que iba a resultar molesta para muchos,  le costó numerosas críticas y la amistad de antiguos compañeros. No entendieron, ni la gente de la calle ni los intelectuales que la rodeaban, que se propuso informar objetivamente de un proceso, en el que se juzgaba la conducta de un ser humano normal; más allá de que sus actuaciones hubiesen facilitado el holocausto.

Creo que el problema con sus artículos y posterior libro, fue que la gente esperaba una versión sentimental, esperaba un bálsamo que les ayudase a cerrar sus heridas y ella, en cambio, les dio un informe intelectual de la tragedia; el mayor insulto que le dirigen durante toda la película es el de ser una intelectual arrogante. Su análisis les decepcionó porque esperaban de ella que ejerciese su condición de judía.

Para mí esto revela la grandeza de este personaje. Hannah Arendt se negó a explotar su condición de judía y ejerció con escrupulosa dedicación en este asunto, su condición de individuo (neutro) intelectual: ni hombre, ni mujer, ni judío, ni gentil, simplemente un individuo pensante. Desde mi punto de vista, esa es la tarea del intelectual puro. Evidentemente, todo ser humano está incluido en diferentes grupos, que le proporcionan diferentes identidades y que, en conjunto, conforman su ser persona. Pero a la hora de analizar cualquier cuestión que afecte a la humanidad (o sea, más o menos todas), el intelectual no debería consentir que ninguna de sus identidades anulase su individualidad de puro ser pensante.

La polémica que refleja la película se centra en las reacciones a la opinión de Arendt sobre la responsabilidad de los líderes judíos en el holocausto y el análisis de la personalidad de Eichmann. Ella dice en el post scriptum de su libro que se orquestó toda una campaña en contra de un libro que ella no había escrito. La mayoría de las críticas fueron de gente que ni siquiera se había leído el libro, como la mayoría de las veces hablaban de algo que sólo habían conocido por la interpretación "distorsionada" de otro. Que esto sucediera en un ambiente intelectual es imperdonable. 

Es posible que la gente esperase que Eichmann fuera retratado como un loco, sanguinario y psicópata, capaz de las mayores maldades y ferviente devoto de una causa, y no esperaba que fuese un simple y obediente pequeño engranaje de una máquina de matar tan grande, que él nunca tuvo conciencia de la repercusión de sus actos. Esto no es disculparle y tampoco ayuda a comprenderle. Pero, esa actitud bobalicona es lo que le hace más terrible; su simpleza y banalidad, nos pone ante el horror de pensar que cualquiera de nosotros podría llegar a ser tan obediente como él, sólo necesitamos evitar la reflexión sobre el bien o el mal.

Los que obedecen ciegamente lo hacen porque estar sometidos a reglas (a cualesquiera reglas) les libera de la extremadamente fatigosa tarea de pensar. Entran en una paradoja perfecta, la esclavitud a las normas les libera. Y lo más horrible es que estos individuos, respetuosos con el orden establecido, no pueden ser detectados hasta que es demasiado tarde.