lunes, 31 de octubre de 2016

Cine: Secuestro de Mar Targarona (2016)

Es de agradecer que se trate de dar nuevos aires al cine negro. Una de esos intentos debe ser sin duda, la creación de nuevos personajes femeninos que no sean meras comparsas de las historietas de venganza de los hombres y que se alejen del personaje estereotipado de mujer fatal que enamora y mata a un cándido caballero. 

Un ejemplo claro de esta renovación del género negro, aunque en novela, es el excelente libro de Cristina Fallarás Las niñas perdidas del que ya hablé en otro post. En esa novela y en esta película uno de los ejes fundamentales es la maternidad, un tema que hasta ahora no había sido muy utilizado en el género.


Mar Targarona, la directora de esta película, tiene una amplia experiencia en el campo de la producción cinematográfica (El orfanato o Los ojos de Julia) y también como directora de series de TV con la magnífica Abuela de verano. Este es su primer largometraje y he de decir que no ha recibido muy buenas críticas.


A mí me parece que los giros de guion, escrito por Oriol Paulo, son creíbles, aunque sí es cierto que quiere abarcar demasiado y eso lastra la película. Al tocar demasiados temas no profundiza en ninguno de ellos, pero sí que ofrece una panorámica creíble de un cierto sector de nuestra sociedad. Estas pinceladas sobre el abuso y la corrupción o sobre las relaciones entre hombres y mujeres o una pequeña exposición sobre lo que es el triunfo son suficientes para delinear el perfil de esta sociedad en la que el personaje de Blanca Portillo intenta por todos los medios triunfar y parece que lo ha conseguido.


Blanca Portillo interpreta a Patricia de Lucas, una abogada que se ha hecho a sí misma. En su círculo es una triunfadora. Casi sin escrúpulos, defiende a cualquiera que le pueda pagar y tiene buenas relaciones con quien le pueda ayudar, voluntariamente o no, en los momentos más delicados. Es manipuladora y sabe manejarse en ambientes turbios. Se presenta siempre impecablemente vestida de blanco y negro, femenina, fría y distante; de alguna manera es el reflejo del bien y el mal. Tiene un hijo sordo, Víctor, que asiste a uno de los mejores colegios de Madrid, y por el cual haría lo que fuese. Fue madre soltera por elección y su hijo es lo único que parece conmoverla.


Cuando su hijo es víctima de una agresión brutal, Patricia no dudará en movilizar todos sus contactos y poner en marcha todas sus estrategias para averiguar lo que está pasando. Incluso por encima de la ley y la policía. Evidentemente surgen las complicaciones y una de ellas es Raúl (José Coronado), el padre involuntario de Víctor, un personaje que sabe moverse en los bajos fondos y que tiene una cuenta pendiente con Patricia. Posiblemente la combinación de José Coronado y Blanca Portillo como antagonistas con pasado común esté ya demasiado vista; pero ambos actores son suficientemente solventes para sacarla adelante, aunque el personaje de José Coronado, esta vez, es el que más débilmente está perfilado.


Al final todos los personajes viven entretejidos en sus propias mentiras. Trileros engañando a estafadores que engañan a embaucadores que mienten a farsantes y todo ello delante de las narices de la policía y a pesar de su buen trabajo y además causando daños colaterales representados por Raquel, el personaje de Macarena Gómez. Pero dos cosas quedan suficientemente claras: qué no haría una madre para salvar a su hijo y cuánto tiempo dura el rencor de un hombre contra la mujer que le ha dejado. 


No es cine negro trepidante pero tiene el mérito de presentar personajes femeninos que no responden a los arquetipos que los hombres habitualmente utilizan para el este género. Hay algo, sin embargo, que no salvaría, el diseño del cartel de la película. Me parece horroroso.


Directora: Mar Targarona
Guion: Oriol Paulo
Música: Marc Vaillo
Fotografía: Sergi Bartolí
Intérpretes: Blanca Portillo, José Coronado, Marc Doménech, Antonio Dechent, Andrés Herrera y Macarena Gómez. 

jueves, 27 de octubre de 2016

Teatro: Reina Juana de Ernesto Caballero (2016)

Muchos críticos han dicho que Concha Velasco está inmensa en Reina Juana pero se quedan cortos. Concha Velasco representa a la reina Juana que tiene 76 años como ella y está a punto de morir. Pero no es sólo esa Juana. Es también la niña que visita a su abuela loca; es la adolescente temerosa de emprender un viaje por mar que cambiará su vida; es la joven recién casada, apasionada y con prisas para consumar su matrimonio con el Hermoso; y la anciana descreída humillada y abandonada por todos. 

Pasan los años (minutos en la representación) y es la mujer traicionada y amargada; es la reina a quien su propio marido adúltero le quita la dignidad y el trono; y es la viuda inconsolable que sospecha que su marido ha sido envenenado por Fernando el Católico y que vaga por toda Castilla buscando a quien la quiera escuchar. También es madre de varios hijos a los que apenas ve. Y abuela del rey, de Felipe II que amenaza con enviarla ante el Tribunal de la Inquisición temiendo que se haya convertido al luteranismo. Concha Velasco ha sido capaz de condensar toda esa experiencia vital y exponerla sin pudor en el teatro, ante el público que actúa de confesor de una moribunda más lúcida que nunca. 


La reina Juana murió el 12 de abril de 1555. En esa noche se sitúa la acción de la obra, la confesión de la reina ante el padre Francisco de Borja.


Las palabras de su confesión tienen vida. Las palabras hacen que los personajes más determinantes en la vida de Juana aparezcan en esa última noche. Madre, padre, hijos, emperador, rey, reina, los comuneros. Todos ellos acuden a su llamada para seguir importunándola. Al final Juana, que había vivido la mayor parte de su vida sola y recluida, únicamente acompañada por su última hija, muere rodeada de todos aquellos que no la entendieron, que la utilizaron para sus propios fines.


Juana fue la tercera hija de los Reyes Católicos y no estaba destinada a reinar. Se concertó su matrimonio con Felipe el Hermoso y tras la muerte de sus hermanos mayores fue declarada heredera. Isabel la Católica murió en 1504 y Felipe el Hermoso, el marido intruso, era lo suficientemente intrigante para quedarse con la corona y con el apoyo de la nobleza castellana conseguir que Fernando se retirase a su reino de Aragón. No le sirvió de mucho porque apenas unos meses después de ser proclamado rey, Felipe murió de fiebres. Juana creyó fervientemente que su padre le había envenenado.

Juana I de Castilla
A partir de ahí todo fueron conspiraciones e intrigas políticas para evitar que Juana reinase hasta que en 1509 Fernando el Católico dispuso que la encerrasen en Tordesillas hasta su muerte, por miedo a que los comuneros, contrarios al reinado de Carlos I y de toda su corte de funcionarios extranjeros, la reclamasen como legítima reina de Castilla. Si no estaba loca cuando la encerraron después de 46 años allí no extraña que sí lo estuviera. 



Director de escena: Gerardo Vera
Autor: Ernesto Caballero
Escenografía: Alejandro Andújar y Gerardo Vera
Iluminación: Juanjo Llorens
Vestuario: Alejandro Andújar
Videoescena: Álvaro Luna
Intérprete: Concha Velasco 

lunes, 24 de octubre de 2016

Novela: Passion et Vertu de Gustave Flaubert (1837)

El autor.-
Universalmente conocido por Madame Bovary, había empezado estudios de derecho pero los abandonó por la literatura. Es uno de los grandes representantes del realismo y, en su escritura, era un gran perfeccionista. En las cartas a su gran amor, la poetisa Louise Colet, describía con todo detalle cuánto le costaba encontrar la palabra precisa. Otras obras suyas: Salambó, La educación sentimental. 

Mi opinión.-
Sorprende que Flaubert escribiera esta novela corta con apenas 16 años y que, además, la subtitulase como Cuento filosófico. Es un antecedente directo de lo que más tarde desarrollará con Madame Bovary.

Mazza es una joven casada, con un hombre al que no quiere y tiene dos preciosos hijos. Desde las primeras páginas podemos sentir cierta empatía con ella y creo que el autor también lo hacía. Mazza vive feliz en su ignorancia, ama por obligación a su marido y le parece lo normal. Todo esto es antes de caer en las garras de un seductor. Flaubert define a los seductores ya en las primeras páginas como “coeur sec”, corazones secos que dominan el “chic” de la persuasión. Es lo que hoy se llamaría un depredador emocional; pero, además, Flaubert nos dice que es un tipo de hombre “muy frecuente” en su época. No entiendo como un joven de 16 años podía reconocer con esa precisión la malignidad de esos tipos, ¿sería uno de ellos? No parece que fuera así por su biografía.


Estos “corazones secos” eran muy aficionados a la caza de mujeres. Una vez obtenida la presa, ya nada más importaba, excepto cazar otra nueva. Para el seductor, una vez conseguida la pieza (cuanta más resistencia por parte de ella, más satisfacción para el depredador), empieza el aburrimiento, el hastío y la pereza de ver a su amante; después las recomendaciones de que vuelva con su esposo y sus hijos que la aman. Un despliegue de argumentos exhaustivo para la manipulación sentimental. También hay que decir, que esta mujer despierta a una pasión obsesiva y agobiante; tal y como hace otra heroína del siglo XIX, Ana Karenina. No vive, no duerme, no puede ni mirar a sus hijos, únicamente piensa en su amante y en reencontrarse con él cuanto antes. Sí, resulta muy absorbente y Flaubert la describe como un monstruo que todo lo devora y al cual, ese amor tan pernicioso, acabará asfixiándola también.


Una vez desatada esa pasión insana y abandonada por el seductor, Mazza ya no tiene ninguna razón para vivir. Sólo odiar. Odia a mujeres y a hombres, a su marido y a sus hijos. Se odia a sí misma y especialmente odia a cualquiera que sea feliz. ¿Qué tipo de educación recibían estas mujeres que, en cuanto el amor prohibido entraba en su casa, todo se iba al garete? Amor por llamarle algo, aunque cacería como he dicho antes sería el término más adecuado, y de una manera mucho más elegante se le podría llamar “vórtice de desgracia”. Para la mujer, por supuesto.


Para el hombre, sin embargo, todo era (y es) diversión. Cuando él se cansa de Mazza viaja a Estados Unidos a emprender una nueva vida. Elige ser pragmático y, por supuesto, se consuela con pobres mujeres negras y mulatas. Se convierte en un nuevo hombre, alejado de las ataduras y protocolos del viejo mundo. En Estados Unidos se le presenta la posibilidad de triunfar profesionalmente y no la dejará escapar. Ya en el colmo del cinismo, Ernest (que así se llama el tipo del corazón seco”) escribe a Mazza una carta de despedida para terminar definitivamente con su amor, y le pide que le envíe a América, en el próximo barco, medio litro de ácido. No hace falta decir para que utilizará Mazza ese ácido. De lectura obligada para aprender lo que no es el amor. 



Passion et Vertu
Gustave Flaubert 

jueves, 20 de octubre de 2016

Cine: El hombre de las mil caras de Alberto Rodríguez (2016)

Un juego de trileros, donde todos se sienten muy listos y donde todos engañan a todos, varias veces. Paesa sabía manejar ese juego con maestría, otros no tanto. 

La película está narrada por Jesús Camoes, interpretado por José Coronado de manera impecable. Un personaje ficticio, combinación de unos cuantos amigos/conocidos/parejas de juego de Paesa. Este narrador conoce parte de la trama y de los engaños de Paesa, pero no todos. Es un colaborador pero también víctima. En cualquier caso no puede evitar sentir fascinación por Paesa. Desde la admiración y una cierta ingenuidad cuenta lo poco que sabe de él, hasta dejarnos casi con más incógnitas que las que teníamos al entrar al cine.


Tengo que decir que la película me ha sabido a poco porque esperaba una orientación más biográfica, pero el director ha comentado que debía ceñirse a una historia y decidió elegir el caso Roldán.


Recuerdo en los años 1990 haber seguido las informaciones sobre Paesa hasta su supuesta muerte en Sierra Leona sin poder creer lo que decían. Salíamos de la dictadura de Franco y votamos al PSOE con mucha ilusión por un verdadero cambio para España. Pocos años después nos dimos cuenta que algunos miserables se habían apoderado del partido y lo habían utilizado en su propio beneficio. Entre ellos Roldán y Paesa.


Francisco Paesa era un individuo con cierto atractivo (poco, la verdad), con unas gafotas enormes y tristes y el cigarrillo en la comisura de los labios. Un espía, un conseguidor, un trilero. Nada parecido a Bond, James Bond, pero había intervenido en casos que requerían alguna habilidad especial y posiblemente turbia: la detención de la cúpula de ETA, la operación Sokoa, el GAL y Luis Roldán, sobre todo Luis Roldán.


Lo más chocante entonces fue lo que empezamos a conocer de ese mal que parece endémico en España: la corrupción y los corruptos (que por lo que se ve han creado una floreciente escuela que sigue entre nosotros). Ninguno de nosotros piensa que durante la dictadura no hubo corrupción, pero en la España del PSOE eso no debería haber pasado.


De la noche a la mañana, Luis Roldán el exdirector de la Guardia Civil, militante del Partido Socialista Obrero Español, de toda la vida (es decir, desde 1976 y estamos en 1993 y que antes de la muerte de Franco se había distinguido por delatar a sus compañeros de trabajo más rojos), un personaje que mentía en su currículum y se hacía pasar por ingeniero industrial y que tenía una cierta afición a dejarse fotografía en calzoncillos en las fiestas, se fugó antes de que los jueces ordenasen su detención por varios delitos relacionados con dinero público. Luis Roldán, al que primero llamaron Pelopincho porque era calvo y después el bebé porque no hacía más que llorar, no es que se simplemente se fugase, sino que se llevó 1500 millones de pesetas.


El incauto de Roldán, con talento y predisposición para robar pero no lo suficientemente inteligente para saber gestionar su botín en Suiza, había amasado esa fortuna a través de comisiones ilegales (lo mismo que ha hecho Francisco Correa, otro emprendedor, el que está siendo juzgado por la Gürtel, años después). Así que, una vez que tomó la decisión de huir, o tenía que recurrir a alguien para que le solucionase el problema o llevarse el dinero en maletines con lo incómodo que debe ser acarrear tanto peso en papel moneda (otros, como los hijos de Jordi Pujol, parece que han hecho músculo acarreando bolsas de ese tipo, pero era en Andorra que está un poco más cerca que Suiza).


A esta primera generación de corruptos todavía le faltaba algo de picardía y Francisco Paesa estaba allí para suplirla (el que roba a un ladrón…). Roldán terminó entregándose a la justicia española, cumplió 15 años de cárcel y una pequeña parte del dinero se recuperó. Se cree que Francisco Paesa le estafó y se quedó con el resto.

Trileros 
La película cuenta esta historia, a ritmo de thriller de timadores, con sus engaños e imposturas. con sus mentiras dichas con la rotundidad de verdades fundamentales y verdades tan extrañas que nadie se las podría creer. Llega un momento que sólo puedes preguntarte, cuándo el mentiroso dice que miente, ¿miente o dice la verdad? Paesa hacía pasar a delincuentes de poca monta como mafiosos internacionales, pero Roldán amenazaba con tirar de la manta con unos documentos de un maletín vacío. Timadores.


A Roldán le llegamos a conocer bastante bien. Sin embargo, Paesa sigue siendo un gran desconocido y todavía con capacidad para sorprendernos. Cuando se estrenó la película, para sorpresa de todos, Paesa concedió una entrevista a Vanity Fair. No contó nada nuevo, quizá porque no haya nada más que contar. Ahora vive en París, como un señor.


En la película, adaptación de una investigación periodística del mismo título, queda bastante claro que Paesa era un vendedor de humo un poco chapucero pero con mucha suerte, especialmente para rodearse de timadores un poco más tontos que él. A pesar de esto el director piensa que algo más tenía que haber (quizá su conocimiento real de las cloacas del estado), puesto que le favorecían demasiadas casualidades.


Todos los actores están fantásticos, especialmente, Carlos Santos que interpreta a Roldán. Al principio, combina su arrogancia con una profunda estupidez; se cree capaz de manejar la situación y es un pececillo en un mar de tiburones. Pero, a medida que pasa el tiempo y sobre todo en cuanto su mujer le deja, sólo tiene recursos para mostrar su fragilidad. Marta Etura interpreta a la mujer de Roldán. Un personaje que aporta toda la fortaleza e inteligencia que Roldán no tiene. Y por último, Eduard Fernández, está brillante embarcado en un personaje resbaladizo y oscuro, al que ha dotado con una picardía que no sabemos si tiene.



En esta película la ambientación y la fotografía, el frío y la lluvia en París y, especialmente, la banda sonora aportan el misterio y suspense necesarios para los que ya nos conocemos la historia. Muy recomendable. 
Paesa en Vanity Fair
Algo nuevo he aprendido: a Juan Alberto Belloch, ministro de Justicia e Interior en ese momento y después alcalde de Zaragoza, le llamaban el cochero de Drácula. Luis Roldán cumplió su condena y creo que sigue viviendo en Zaragoza discretamente. Durante su estancia en la cárcel estudió y se licenció en Ciencias Políticas y Sociología por la UNED. 


Director: Alberto Rodríguez
Guion: Alberto Rodríguez y Rafael Cobos sobre el libro de Manuel Cerdán
Música: Julio de la Rosa
Fotografía: Alex Catalán
Intérpretes: Eduard Fernández, José Coronado, Carlos Santos, Marta Etura, Emilio Gutiérrez Caba.

lunes, 17 de octubre de 2016

Ópera: Werther de Massenet (2016)

En 1774, Goethe publicó Las penas del joven Werther, una novela epistolar parcialmente basada en un episodio de su juventud. Tuvo tal éxito que el autor acabó maldiciéndola; ya que la mayoría de sus admiradores se limitaron a leer únicamente esta obra y no apreciaron el resto de su producción. Además, la novela creó tendencia. Los jóvenes se vestían y adoptaban las maneras del protagonista e incluso imitaron su suicidio. Es lo que se llamó la “fiebre de Werther”. Fue una de las novelas más importantes de su época. Se puede encuadrar en el movimiento literario alemán Tormenta e ímpetu, precursor del Romanticismo, en el que se potenciaba la expresión de la subjetividad individual, la emoción y las pasiones sin cortapisas. 




Casi un siglo después Massenet compuso la música para el libreto que adaptaba esta novela. Se considera una de las óperas más difíciles de representar para un tenor, puesto que tenía que extremar su expresividad. Sin embargo, los libretistas, Edouard Blau y Paul Milliet, tuvieron que “inventar” el personaje de Charlotte porque en la novela original, las cartas sólo aportan la visión del joven Werther: sus sufrimientos, su carácter melancólico y apasionado y su desesperado final.


Así, en la adaptación para la ópera, ambos personajes comparten protagonismo aunque se manifiestan como totalmente antagónicos. Werther es apasionado, individualista y un poco caótico como corresponde a un poeta. Charlotte por el contrario, es una buena hija, la hermana mayor que tiene que ocuparse de sus 6 hermanos huérfanos y que ha prometido a su madre, en el lecho de muerte, que dará su consentimiento a una buena boda para asegurar el futuro de sus hermanos. Sin embargo, el amor se cruza en su camino y descubre su individualidad con Werther. Hasta entonces había sido una joven pragmática y simple. No se le había ocurrido que pudiese tener una vida propia ni mucho menos que pudiera elegir su propio destino. Todo ello se queda en una tentativa porque al final, no se atreve a desafiar las normas y a su familia. A pesar de ello, su destino será trágico. Tal y como Werther invoca a la naturaleza para que le ayude en sus penas, Charlotte invoca a Dios para que la salve de la pasión destructiva y la asista en su matrimonio sin amor con Albert. Sin éxito, por supuesto.


En esta producción, lo que más me ha gustado es la impresionante evolución en el carácter de Charlotte. La mezzosoprano Joyce DiDonato da cuerpo a esa evolución pasando de la ñoñería de la joven Charlotte del principio a la mujer desgarrada por la pasión de Werther. Para mí el personaje de Charlotte resulta más complejo que el de Werther. Vittorio Grigòlo interpreta al poeta Werther y aunque también está espléndido, no se luce como ella porque su papel es más previsible.



La escenografía es muy sencilla. Los personajes quedan expuestos a la luna llena o a un cielo intensamente azul pero avasallador e inmisericorde o al interior de una casa burguesa oscura y triste. No existe, para ellos, un entorno amable donde vivir su amor. En el enfrentamiento que se produce entre Werther y Charlotte, entre, por un lado, la naturaleza, la pasión y el amor y por otro la sociedad, el matrimonio y el deber, ninguno de los dos sale victorioso. Resulta conmovedora. Como curiosidad, apunto que la Criatura de Mary Shelley, en Frankenstein aprende a leer con Las penas del joven Werther.


Música: Jules Massenet
Libreto: Edouard Blau y Paul Milliet (Goethe)
Director de Orquesta: Antonio Pappano
Director: Benoît Jacquot
Puesta en escena: Andrew Sinclair
Escenografía e iluminación: Charles Edwards
Vestuario: Christian Gasc
Intérpretes: Vittorio Grigòlo, Joyce DiDonato, David Bizic, Heather Engebretson. 



jueves, 13 de octubre de 2016

Cine: Vientos de la Habana de Félix Viscarret (2016)

Siempre recomiendo todas las novelas de Leonardo Padura, aunque sólo haya leído dos cuyo protagonista es Mario Conde: La neblina del ayer y La cola de la serpiente. Especialmente la primera de ellas, es novela negra de gran calidad. De aquélla que sirve para diseccionar una sociedad y analizarla fríamente y cuya trama policial acaba siendo secundaria. 

Esta película es la adaptación de la segunda novela de la Tetralogía de las cuatro estaciones y funciona como episodio piloto del resto que serán adaptadas para televisión. Es extraño que se haya estrenado primero la segunda y tampoco sé si se emitirán por RTVE o por Movistar, habrá que estar atenta para que no se escape. En los guiones han intervenido el propio Leonardo Padura, el director Félix Viscarret y Lucía López Coll.


Una profesora del Instituto Preuniversitario de la Víbora, donde estudió Mario Conde, es asesinada. Conde descubrirá que la que debía ser una nueva sociedad postrevolucionaria tiene los mismos vicios que las decadentes sociedades occidentales. 


La película resulta correcta y responde, como la novela, al canon clásico de cine negro, con una ambientación decadente y nostálgica, adecuada al espíritu de los libros. Trata de reflejar la añoranza por una Habana esplendorosa (al menos para algunos) que se combina con la derrota moral de los protagonistas. Mario Conde es el principal protagonista y en la película se le llama únicamente Conde porque en España sigue recordando a un personaje poco recomendable. Mario Conde nació en los años 1960, pertenece, pues, a la nueva generación de la revolución, aquélla destinada a reformar al país, la que recibió la mejor educación de toda la historia de Cuba y del resto de Latinoamérica; una generación sin la corrupción de las sociedades occidentales. Se verá, a lo largo del desarrollo de la película, que se repiten las mismas carencias y abusos, especialmente en las relaciones de género. 


Se esperaban grandes cosas entonces: una sociedad sin clases y sin privilegios que alentase una nueva solidaridad nacida del pensamiento de izquierdas. Nada de eso se produjo y pasados los 50 años, esa generación es la generación de la derrota moral. Ese pesimismo y esa añoranza es lo que nutre a Mario Conde. Soñaba con ser escritor (como Hemingway) y se quedó en policía. Sin embargo, mantiene todavía algo de esperanza y una ingenuidad que le hará sufrir.


Karina se encargará de despertar esa esperanza y de hacerle sufrir. Karina es la mujer fatal. Y a partir de aquí, me pongo las gafas de color violeta para criticar desde un punto de vista feminista. Como lectora ferviente de novela negra creo que tengo derecho a exigir, especialmente a buenos escritores como Leonardo Padura, Princesa de Asturias de las Letras en el año 2015, que transgredan los cánones clásicos del género, especialmente en lo que concierne a las mujeres fatales que, como Karina, sólo tienen de fatal los ojos de quienes las miran.


Karina, interpretada por Juana Acosta, es una mujer pelirroja y espectacularmente normal. No esconde ningún secreto, no tiene ningún misterio inconfesable, no arruina la vida de nadie, no engaña y no manipula. No es fatal. En la novela no lo sé porque no la he leído, pero en la película figura como simple objeto, objeto de deseo. Y no es una excepción. Los tres personajes principales de mujeres actúan como objeto: objeto madre-cocinera, objeto de violencia (Mariám Fernández, la profesora asesinada, actúa principalmente de cadáver) y objeto de deseo. No conozco mucho la sociedad cubana, pero la acción de la película se desarrolla en los años 1990 y creo que sería creíble y exigible la existencia de otro tipo de mujer, especialmente en una sociedad postrevolucionaria, como ya he mencionado antes.


Pero parece que Leonardo Padura y el director Félix Viscarret no lo creen así. Y ahora me refiero a una escena tórrida entre Conde y Karina que resulta, de las más increíbles, que he visto en el cine. Conde y Karina están abrazados en una cama, ¿no le parece a nadie más chirriante que Conde esté vestido de los pies a la cabeza y Karina esté en tanga? Ver a Juana Acosta en tanga es muy agradable aunque no se sea lesbiana ni hombre, pero resulta extremadamente ridículo en una escena así. Parece que sólo haya sido un capricho del director. Berlanga decía que había situado la acción de La escopeta nacional en los años 1970 para poder poner en minifalda a Bárbara Rey. Pues lo mismo, pero en los años 2010, ya es injustificable.


Sigo con la crítica feminista. Como cincuentañera con sobrepeso y hostigada socialmente (cada vez menos) para mantener no sé qué línea o juventud perpetua (como la cadena), quiero que los hombres cuiden un poco más su aspecto, que vigilen y controlen sus gorduras y sus canas amarillentas. En esta película Jorge Perugorría hace una gran interpretación pero presenta el mismo aspecto decadente que La Habana. Un hombre que vivió tiempos mejores y ya ha olvidado cuando. No dudo de que al personaje, incluso el sobrepeso, le vaya bien pero yo lo imaginaba de otra manera. Por supuesto, más esbelto pero especialmente más estoico, quizá porque el Mario Conde que yo he conocido tenía unos años más de experiencia y de desilusión por la vida. 


Ahora bien, quitándome las gafas de color violeta no puedo evitar sentir debilidad por el Conde y su sonrisa de bobo enamorado, dónde estuviste mujer que no te había visto antes. Los personajes secundarios también son estupendos, sobre todo su cuadrilla de amigos nostálgicos que funcionan muy bien como retrato de una generación, y facilitan el paisaje emocional del Conde. La película es muy recomendable, aunque no pase el Test de Bechdel y la serie espero no perdérmela.  


Director: Félix Viscarret
Guion: Leonardo Padura, Lucía López Coll y Félix Viscarret
Intérpretes: Jorge Perugorría, Juana Acosta, Yoima Valdés, Mariam Fernández, Wladimir Cruz, Carlos Enrique Almirante, Alexis Díaz, Mario Guerra. 

lunes, 10 de octubre de 2016

Ensayo: Curso sobre el Quijote de Vladimir Nabókov (1951-1952)

El autor.-
Vladimir Nabókov nació en Rusia en 1899. Recibió una esmerada educación como correspondía al hijo mayor de una familia de aristócratas que, después tuvo que exiliarse por miedo a la Revolución Rusa. Estudió en Cambridge y aunque empezó a escribir en ruso, sus principales obras son en inglés. En 1940 llegó a Estados Unidos y empezó a trabajar como profesor de literatura en varias Universidades. Otras obras suyas: Lolita, Ada o el ardor, Curso de literatura europea y Curso de literatura rusa. 

Mi opinión.-
Nabókov había escrito estas lecciones sobre el Quijote cuando trabajaba en la Universidad de Cornell y al empezar a trabajar en la Universidad de Harvard, las completó con un resumen detallado de cada capítulo de la obra. El autor consideraba que si no se estudiaba el Quijote no podía entenderse la evolución de la novela moderna y que era un campo de entrenamiento para acercarse a Dickens o Flaubert.


En su libro, a pesar de mostrar su admiración, no es condescendiente con la obra ni con el autor. Se esmera en resaltar los atajos que utiliza Cervantes para llegar al “gran público” de la época. Cervantes escribe, sobre todo la segunda parte, en un momento de graves apuros económicos y utiliza y reutiliza material bien conocido por los posibles lectores: romances, cuentos y abundante literatura oral popular, pequeñas obras escasamente hiladas y que resultan un poco estrafalarias. Además, el Quijote aparece como un antihéroe esperpéntico y que es objeto de crueles burlas por parte de sus vecinos y familia. Incluso por parte de Sancho Panza, un hombrecillo vulgar, mediocre y pesetero que no duda en abusar de su caballero si puede.


A pesar de todo esto Nabókov siente mucha simpatía por protagonista. Se le nota. Se pregunta por qué Cervantes eligió como protagonista a un vagabundo asocial, quemado por el sol y con evidentes signos de locura. Puede ser porque quizá fuera el único hombre cabal que quedaba en ese mundo cruel y vulgar, chabacano y decadente, que todavía se regodea torturando animales. Don Quijote es un caballero cristiano que sólo busca hacer el bien, ejercer su particular ética y no dejarse llevar ni por conveniencias ni por las convenciones morales de su época (tan parecidas a las nuestras).


Nabókov utiliza la ironía para criticar las novelas insertadas dentro de la trama diciendo que la venta donde se aloja don Quijote termina “tan llena de gente como cierto camarote de cierta película antigua de los hermanos Marx”. Pero sobre todo resalta la crueldad que en la primera parte es física y no hay capítulo donde los protagonistas no acaben molidos a palos o ridiculizados; mientras que en la segunda parte del libro, es una crueldad más psicológica, destinada a confundir todavía más al caballero loco. Una crueldad más fina, más pensada por los duques y sus sirvientes que utilizan al pretendido caballero y a su escudero como muñecos de guiñol para su entretenimiento. 


Yo creo que Nabókov estaba fascinado por el personaje de Don Quijote, aunque reconociese que Cervantes había remendado un libro con trozos cogidos de aquí y de allá; a veces unidos con no muy buena fortuna. Sin embargo, el Quijote ahí sigue. Y es que ¿quién no se ha sentido apaleado alguna vez por la ignorancia de los demás o por el sentido común? o quizá por esa gente vulgar que no quiere salir de su vulgaridad, como la vieja ama que se dedica a quemar los libros de caballerías. 




Curso sobre el Quijote
Vladimir Nabókov

Trad. María Luisa Balseiro

Ediciones B