miércoles, 20 de junio de 2018

Memorias: Sueños en el umbral de Fátima Mernissi (1995)


La autora.-
Fátima Mernissi fue escritora y profesora de universidad. Destacada siempre por su pensamiento crítico que no le impedía ser respetuosa con los demás. Pertenecía a una rica familia marroquí y pudo estudiar en la Universidad de Marruecos y también en La Sorbona, Francia. Fue Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2003, junto a Susan Sontag. Otras obras suyas son: Marruecos a través de sus mujeres, Las sultanas olvidadas, El hilo de Penélope: la labor de las mujeres que tejen el futuro de Marruecos. 

Mi opinión.-
Hace ya muchos años que empecé a seguir a escritoras magrebíes porque me aportan una visión diferente de la realidad compartida por millones de mujeres. Es cierto que es una visión no muy diferente de la nuestra, pero aun así es enriquecedora. Además, como pasa en este libro creo que mantienen y fomentan un talento especial para la escritura muy inspirada en la literatura oral. Son contadoras.


Um Kalzum y Asmaham, divas de la canción árabe. Una clásica y otra más moderna

Sueños en el umbral podría catalogarse como libro de memorias. Pero va mucho más allá de la experiencia personal de una autora y da una perspectiva sociológica. Está ambientado en un momento crucial para la historia de Marruecos. Mernissi nació en Fez en 1940 y la acción del libro se sitúa cuando ella tiene entre 8 y 10 años. Marruecos había sido un sultanato independiente pero desarticulado y que podría definirse hoy como estado fallido. Así que el sultán decidió firmar el Tratado de Fez para que Francia estableciese allí un protectorado. Poco después Francia reconoció las posiciones de España en el norte dando lugar al protectorado español con capital en Tetuán. Esta anómala situación duraría hasta 1958.

Mujeres de Argel. Delacroix. 
Es posible que las clases altas estuviesen encantadas con esta situación. Pero, comenzó a generarse una resistencia nacionalista contra ambos protectorados que fue creciendo durante esos años. Así la resistencia rifeña plantaría cara a España e incluso proclamó la República del Rif, unos años antes (de la que hoy no se puede hablar en Marruecos). Para complicar un poco más las cosas, durante la II Guerra Mundial, Marruecos fue ocupado por Alemania. Ciertamente, se produjo una situación muy extraña que no creo que se haya producido en otro país del mundo. Al final de todo obtuvo su independencia y la dinastía alauí ha demostrado una capacidad de supervivencia asombrosa: fue la misma que ejerció el sultanato centralizado, que firmó el protectorado con los franceses y que apoyó la independencia y que sigue reinando. Hasta hoy. No lo entiendo.

Tetuán, capital del protectorado español

Bueno todos estos avatares políticos son incluidos por la autora en su relato. Es la escritura de una mujer adulta que recuerda su infancia, en cierto modo, privilegiada y que rinde un homenaje a las mujeres analfabetas pero sabias de su familia. Al mismo tiempo, que Marruecos experimentaba el contacto directo con Occidente a través de los protectorados, las mujeres de su familia hacían esfuerzos por cambiar las normas de vida dentro del harén. Sí, vivían en un harén.

Medina de Fez
Una de sus abuelas era muy tradicional, a pesar de vivir en la ciudad; la otra, era más lanzada y en su entorno rural procuraba tener pequeñas libertades. Su madre quería estudiar y como no pudo hacerlo inoculó a su hija el deseo de saber (y lo aprovechó muy bien). Sus primas estaban muy ocupadas en tratamientos de belleza y en tratar de ligar a través de las terrazas con los adolescentes de otras familias. Y durante todo el relato la autora recuerda sin parar el amor que su padre le tenía.


Lo que más sorprende de este libro es que la autora haya nacido y vivido en un harén. Pero las cosas se vuelven más sencillas cuando describe lo que es un harén. Partimos de un error, de un orientalismo trasnochado que define un harén como lugar de esposas y concubinas para un musulmán. A finales del siglo XIX, es posible que fuese así. Pero en 1940, las cosas ya habían cambiado y el harén no era más que una familia extendida. Casi lo que los romanos llamaban una familia gentilicia: adultos y niños que compartían un origen común y que mantenían una serie de normas de convivencia. Nada exótico.

Abdel Wahab, otro cantante egipcio de la época.
El libro es muy recomendable. Y la escritora todavía más. Falleció hace unos 3 años, pero dejó una abundante literatura.


Fatima Mernissi
Sueños en el umbral 

Traducción: Ángela Pérez

Muchnik Editores S.A.

miércoles, 13 de junio de 2018

Narrativa: H negra de Varias Autoras (2017)


Se dice en la solapa de este libro que en las novelas y en el cine negro, las mujeres suelen ser o novias redentoras o mujeres fatales. Se les ha olvidado añadir la silueta de tiza en el escenario del crimen. La víctima. Las cosas van cambiando, despacio, pero van cambiando. Para este proyecto se ha pedido a veintidós escritoras que enfrenten a sus mujeres protagonistas con la violencia, que las sitúen en escenarios de dolor y de muerte. Así nos encontramos con víctimas, con asesinas, con instigadoras, con sufridoras. Con toda la gama de mujeres enfrentadas a la vida. Como debe de ser.


Son microrrelatos que pueden leerse en quince minutos. Pero que no están pensados para ser consumidos sin más. Requieren un tiempo para asimilarlos. Son duros, esperanzadores, cínicos, destructores y dolorosos. De todo hay. Cada uno de ellos va acompañado de una ilustración que ha sido expuesta durante el certamen Aragón Negro. No haré una reseña general, pero os dejo mis microimpresiones sobre algunos de ellos. Muy recomendables.


Demasiado negro de Patricia Esteban Erlés. Ilustrado por Fernando Vicente.
Quedará para algunos la duda de quién es el acosador. Pero yo lo sé.

Fernando Vicente

Salsas trabadas de pan y moja
de Celia Blanco. Ilustrado por Sara Morante.
Una salsa especial para el ogro, para el marido borracho y maltratador. Una salsa lenta pero inexorable.

Sara Morante

Viejitos felices de Marta Robles. Ilustrado por Jorge González
Repulsivo cinismo. Mantis religiosa dedicada en cuerpo y alma a hacer felices a viejos ricos en sus últimos años de vida.

Jorge González

Diecisiete segundos de Anna María Villalonga. Ilustrado por Sagar Forniès.
La becaria y el abusador. Una decisión drástica para compensar tanto abuso.

Sagar Forniés

Hombres poco corrientes de Susana Hernández. Ilustrado por Alfonso Rodríguez Barrera.
La asesina exquisita.

Alfonso Rodríguez Barrera

Cuatro dedos de Raquel Lanseros. Ilustrado por Elena Odriozola.
El impulso de una venganza. La venganza curativa de una pobre huérfana que se quedó sin aquél que le leía cuentos.

Elena Odriozola

Brindis de Rosa Ribas. Ilustrado por Paco Roca.
No puedo parar de reír, jefe.

Paco Roca

Señora de la limpieza de Cristina Fallarás. Ilustrado por Pepe Farruqo.
Siempre mujeres limpiando lo que dejan los hombres.

Pepe Farruqo

La doctora Angélika Bosco de Vanessa Montfort. Ilustrado por MBRichart
La domadora de ángeles negros, ¿está en una cárcel?.

MBRichart

Marcela de Mabel Lozano. Ilustrado por Enrique Bonet.
Dolor, hermana.

Enrique Bonet



H negra
Edición y prólogo de Fernando Marías

Ed. Alrevés

miércoles, 6 de junio de 2018

Teatro: Lulú de Paco Bezerra (2018)


Siempre he pensado que la “mujer fatal” nunca ha existido. Como tantas otras cosas respecto a las mujeres, es un invento de los hombres. Una excusa, una coartada para quedar eximidos de su responsabilidad frente a determinados actos que serían mal considerados por las sociedades. Se ha repetido en todas las culturas. Los hombres no han querido nunca asumir su responsabilidad. Si acaso asumían que eran pobres hombres engañados, llevados a la perdición por pérfidas y fatales mujeres a las que no podían resistirse. Desde Lilith hasta hoy. 

Así, culpando a las mujeres de sus propias desviaciones, los hombres se preparaban el terreno para volver a ser aceptados socialmente, después de pecar. Mostrar un poco de arrepentimiento, un poco de desazón y un poco de desorientación, era suficiente para que los hombres fuesen aceptados otra vez; mientras que las mujeres quedaban excluidas por sus pecados y por los de los hombres. Las sociedades volvían entonces a recuperar su equilibrio. ¡No somos malos! ¡Las malas son las mujeres! Las fatales y las otras; porque tarde o temprano cualquier mujer es acusada de ser intrínseca y esencialmente mala.


Ahora parece que las cosas cambian. El cambio va en serio esta vez. Un hombre, el dramaturgo Paco Bezerra, se atreve a escribir otra versión en forma de thriller psicológico, repleto de referencias religiosas, sobre Lulú. En realidad no es otra versión. Escribe y representa los dos relatos. El de los hombres y el de las mujeres. Y vemos, claramente, cuánta falta hace que alguien incluya el relato de las mujeres.


Amancio el protagonista (con A de Adán) vive en y cultiva una explotación de manzanos. Un jardín del Edén. Las jornaleras que tiene contratadas se encargan de cosechar manzanas de todas las clases. Sus dos hijos, Calisto (con C de Caín) y Abelardo (con A de Abel), le ayudan. Amancio vive desesperado desde que una serpiente atacó y mató a su esposa. Poco tiempo después aparece Lulú, herida y desorientada en el bosque. Amancio la lleva a su casa y allí conviven los cuatro. Cuando Lulú se restablece empieza a desplegar sus encantos y todos caen bajo su fascinación. Pero la culpabilidad va haciendo mella en los hombres y Amancio necesitará el consejo de un sacerdote, que le exculpará de sus desvaríos.


Lulú será la culpable. Lulú será la diabólica. Y Amancio un incauto, como tantos otros, que se ha dejado arrastrar. Será necesario poner en marcha todos los instrumentos de la iglesia para poder desarraigar al diablo de la comunidad. Sin embargo, aquí se produce lo novedoso de esta obra. La apuesta inteligente del autor es incluir el relato de la mujer. Porque Lulú no existe más que en la imaginación perturbada del hombre que ha asesinado a su esposa y no quiere reconocerlo.


Así que Lucia, sentada en el altar frente al público, contará su versión de la historia. Porque Lulú es Lucía, una jornalera más que trabaja en la explotación de Amancio. Lucía sufre un accidente y Amancio la lleva a su casa. Allí la convierte en su esclava sexual y en la de sus hijos, hasta que el asco, el horror y la culpabilidad le obligan a pedir ayuda al sacerdote. Lucía es una mujer normal, una trabajadora, atacada por un abusador y sus hijos, juzgada y sentenciada a morir por una religión patriarcal y misógina.


Esta vez Lucía ha podido hablar y explicar quién es. María Adánez le da voz y cuerpo; le ofrece ternura, dolor y sensatez. Interpreta maravillosamente la fragilidad de una mujer en un mundo de hombres. Por fin, Lucía puede apoderarse de Lulú y decir que Lulú no existe y decir también que “una mujer no puede ser atenta y cariñosa con un grupo de hombres sin que estos piensen que es una puta que viene en busca de sexo”. Porque las relaciones entre hombres y mujeres no son igualitarias. Parten de la abrumadora asimetría de que quien tiene el poder ha sido siempre el encargado de fijar el relato, de dar su versión de los hechos, incuestionable y refrendada por las sagradas escrituras.


La interpretación de María Adánez me ha parecido soberbia, por encima de la de sus compañeros de reparto que también están muy bien. Y la puesta en escena muy adecuada. Un altar frente a un fondo de manzanos que enmarcan el relato. La obra estuvo apenas dos días en Zaragoza, en un Teatro Principal que no se llenó. No sé por qué. Yo creo que el tema no seducía al público e incluso, cerca de mí, un espectador paleto se durmió. Yo me sentí muy emocionada durante toda la función, porque hay que desvelar la historia que siempre se ha ocultado. Ya toca hacerlo. Estamos obligados a hacerlo.



Autor: Paco Bezerra. 
Dirección: Luis Luque. 
Intérpretes: Armando del Río, María Adánez, César Mateo, David Castillo, Chema León. 
Escenografía: Mónica Boromello. 
Iluminación: Felipe Ramos. 
Vestuario: Beatriz Robledo. 
Música original y espacio sonoro: Mariano Marín. 

miércoles, 30 de mayo de 2018

Cine: La casa torcida de Gilles Paquet-Brenner (2017)


Qué rabia me da no acertar con una película. Aunque en esta ya iba sobre aviso. Las críticas no habían sido nada buenas. Aun así decidí ir porque me gustaban los actores y porque está basada en una novela de Agatha Christie que no conocía. Eso sí, el final sorprende. 

El esquema de la película, y supongo que también el de la novela que no he leído, es simple. Una gran mansión, un asesinato y varios familiares con motivos suficientes para asesinar y también para no hacerlo. 

Creo que el problema está en la dirección de actores. Están todos bastante, bastante sobreactuados. Y concretamente la pareja joven, la nieta y su amigo detective, pasa directamente del susurro al grito, sin que sea necesario. La narración se hace pesada y respecto a la intriga poco hay que decir. 




La joven heredera adoraba a su abuelo que resulta asesinado. La segunda esposa del abuelo octogenario es una explosiva bailarina de Las Vegas que está enamorada del tutor de su nietastra adolescente. La cuñada del abuelo se encarga de que todo en la casa vaya bien. El hijo mayor del abuelo, un ludópata incorregible, está casado con una actriz alcoholizada y el hijo pequeño le tira los tejos a la segunda esposa de su padre, la explosiva bailarina, mientras su propia esposa ejerce la virtud de la paciencia porque no tiene adonde ir. El nieto mediano está resentido con el abuelo, ya no recuerdo porqué y la nieta pequeña está resentida con el abuelo porque no la dejó ser bailarina y paga su frustración maltratando a la niñera. El último personaje es el detective amigo enamorado de la nieta, joven heredera, que se desgañita a la más mínima ocasión.

La casa

Creo que no me he dejado ningún personaje. Bueno sí, el más importante. La casa. La imponente casa, escenario del crimen, que parece tener vida propia y que es lo único que salvaría de la película. Al final, sorpresa.


Dirección: Gilles Paquet-Brenner
Guion: Julian Fellowes sobre novela de Agatha Christie
Música: Hugo de Chaire
Fotografía: Sebastián Winters
Y un reparto de lujo








sábado, 26 de mayo de 2018

Novela: L'homme à l'envers de Fred Vargas (1999)

La autora.-
Escritora de novela policíaca, arqueozoóloga e historiadora; también es destacada ecologista. Tiene dos series policíacas principales; una de ellas protagonizada por el comisario Adamsberg y la otra por los tres evangelistas, historiadores y arqueólogos que se dedican a desvelar misterios. No he leído ninguna de estos últimos y me encantaría. También escribe ensayos de su especialidad profesional con su verdadero nombre, aunque ninguno de ellos ha sido publicado aquí: Frédérique Audoin-Rouzeau. Sus novelas también han sido adaptadas al cine. 


Serie del comisario Adamsberg: El hombre de los círculos azules, Huye rápido vete lejos, El ejército furioso y Tiempos de hielo.
Serie de los tres evangelistas: Que se levanten los muertos, Sin hogar ni lugar.


Escribí este post en 2016 y dije que leería una novela de los tres evangelistas. Todavía no he podido. Me falta tiempo. Fred Vargas es la nueva Princesa de Asturias de las letras 2018

Enhorabuena  


Mi opinión.-
Le loup-garou. El hombre-lobo es el hombre del revés porque tiene la piel hacia dentro. Abundan las tradiciones y leyendas sobre hombres-lobo en casi todos los países. Desde los hombres-lobo sanguinolentos de serie B hasta los emparentados o enfrentados a los vampiros en sagas para adolescentes, y como no, Lobezno, el magnífico y guapísimo Hugh Jackman, que en realidad sólo tiene de Lobezno el nombre. No me atraía la novela de Fred Vargas por esto, sino porque creí que estaba ambientada en el Pirineo francés. Al final resultó que no era así. La única relación con el Pirineo francés es que Adamsberg, el comisario protagonista de la serie (que en esta novela sale muy poco), es originario de allí, pero eso no tiene ninguna trascendencia en la trama. 

Se trata de la segunda novela dedicada a este comisario y desde mi punto de vista no está muy bien resuelta. Parece que la autora ha querido abarcar demasiado y después en las últimas páginas ha tenido que solucionar el misterio, recurriendo a hechos que ni siquiera habían sido insinuados mínimamente durante todo el libro. A mí, por lo menos, se me han escapado.

Son preciosos; injustamente perseguidos

Casi se puede decir que hay dos novelas. En primer lugar, la protagonizada por Lawrence el canadiense, estudioso del comportamiento de los osos Grizzlies, que se ha instalado en una zona rural de Francia, en el sudoeste frontera con Italia, cerca del Parque Nacional de Mercantour, para analizar a los lobos y que retrasa su regreso a Canadá porque se ha enamorado de Camille. La autora describe con todo detalle el paisaje y el asfixiante verano también. Lawrence está tan implicado con los lobos que actúa como si fuera uno más de la manada; atento a cualquier cambio en el paisaje. Huellas, briznas de hierba o pequeñas ramas y guijarros de la montaña, le sirven de pistas para localizar a los lobos, y muestra una compasión por el lobo viejo que ningún científico debería tener. Es un hombre silencioso, que se expresa con parquedad al hablar, haciéndose entender con medias palabras, muecas y signos. Pero una vez que este personaje está definido, la autora lo abandona sin más y se ciñe al trío formado por Camille, la novia de Lawrence y (casualmente) exnovia de Adamsberg, le Veilleux, el viejo pastor sabio y depositario de los saberes tradicionales y Soliman, el hijo adoptivo de una de las víctimas. Estos tres personajes se embarcan en una road-movie persiguiendo al hombre-lobo, pero de manera que todo resulta un poco artificial.

Parque Nacional de Mercantour

Como también es artificial la forma en que Adamsberg se hace cargo del caso hasta llegar a resolverlo. Aunque la novela, en general no me ha gustado, sí que tiene momentos de intensidad reveladores sobre el comportamiento humano. Por ejemplo, cómo recurrimos a los viejos mitos ante lo que momentáneamente nos resulta inexplicable, sean malignos hombres-lobo, vampiros o brujas, o sea la naturaleza como fuerza poderosa, incognoscible e incontrolable; para que al final, Adamsberg nos descubra corrientes venganzas familiares, ocultas durante años, por acontecimientos iniciados por las pasiones habituales: el amor, los celos o la envidia. Así, Lawrence dirá que cuando algo está fuera de lo común, la gente tendrá miedo y se sentirá perdida y se volverán contra los marginados y los quemarán.

Jean-Hugues Anglade como Adamsberg
Por lo demás, la novela también incide en la historia de amor intermitente durante toda la serie de Adamsberg y Camille. Aunque aparentemente no queda nada de la vieja relación entre ellos, se intuye que no pueden vivir uno sin otra. Camille supone un vórtice de atracción que Adamsberg no puede controlar. Es compositora y a veces también fontanera; es una descreída del romanticismo, opina que el amor te da alas para cortarte las piernas. Se ha instalado en un pequeño pueblo para escapar de algo;  quizá de ella misma o quizá de Adamsberg. 


Adamsberg ya aparece aquí como un hombre instintivo e imaginativo, compasivo pero firme, en cierta manera misterioso también. Es un hombre pensativo, tranquilo que necesita el murmullo de los otros alrededor para poder evadirse y pensar. Creo que el problema de esta novela es que es la segunda de la serie y que la autora todavía tenía que adquirir una cierta madurez, que dada su trayectoria posterior no dudo que tenga. La próxima novela que lea será una de la serie de los evangelistas. 



L'homme à l'envers
Fred Vargas

Ed. J'ai lu

miércoles, 23 de mayo de 2018

Exposición: Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos.


Oswiecim, antiguamente se traducía en castellano como Osvecimia, es una pequeña ciudad de Polonia de unos 50.000 habitantes y muy cerca de la frontera con Alemania. Esta ciudad recibe muchas visitas de “turistas” pero sus ciudadanos se quejan de que apenas pasan tiempo en la ciudad (y que apenas dejan dinero) porque prefieren visitar las instalaciones que quedan del antiguo campo de concentración nazi de Auschwitz, a unos 3 kilómetros. Los nazis llamaron así a la ciudad y a su campo de exterminio. Auschwitz.

Oswiecim, hoy

En realidad se trata de varios campos conectados y cada uno destinado a una función. Campos de trabajo y campos de exterminio. Allí fueron enviadas casi un millón y medio de personas, un 90% de ellas eran judíos de toda Europa, y fueron exterminadas cerca de un millón. La vida en un campo de trabajo conducía a la muerte y estaba pensada para que así fuera. Enfermedades, mala alimentación, trabajos duros y maltrato se encargaban de matar a los presos; incluso se calculaba la comida para que fuese lo suficientemente escasa.


Pero los campos de exterminio eran mucho más sofisticados y los jerarcas nazis competían para ser los más eficientes. En Auschwitz la gente era exterminada en cuanto bajaba del tren. Llegaban en tren de todas partes de Europa e incluso les hacían pagar el billete, billete de ida únicamente. Habían sido sacados de sus casas violentamente sin tiempo para despedirse de amigos o familiares, sin tiempo para decir adonde iban. Se les permitía llevar una pequeña maleta con lo indispensable: un poco de ropa, unos zapatos de repuesto y los tazones del desayuno.


Cuando iban hacinados en el tren trataban de escribir unas cartas de despedida que lanzaban desde los vagones confiando en que quien las encontrase podría avisar a sus familiares. Nunca tuvieron la seguridad de que esas cartas llegarían, pero algunas llegaron. Pueden verse en la exposición. Después de llegar al campo de exterminio, se les separaba en dos filas, hombres y niños mayores, mujeres, niñas y niños pequeños. Nunca se llevó un registro para dificultar la identificación de las víctimas lo más posible en caso de que los nazis perdiesen la guerra.


A las víctimas se las tranquilizaba para que no armasen escándalo y se les obligaba a desnudarse para darse una ducha. Duchas que, decían, eran para desparasitarles. Duchas que, en realidad, eran cámaras de gas, Zyclon B. Tardaban entre 3 y 15 minutos en morir y los que más resistían intentaban trepar entre los cadáveres del resto para respirar.

El niño fue muy cuidadoso al guardar el calcetín dentro de su zapato.




Después de muertos había que dar salida a los cadáveres, pero antes todavía podía encontrarse algo aprovechable. Monturas de gafas, dientes de oro, anillos. Se construyeron enormes hornos crematorios porque enterrar a los cadáveres era demasiado trabajoso. Hornos que fuesen sólidos porque iban a ser muy utilizados. Aunque todo estaba metódicamente pensado. Surgían problemas de última hora a los que había que dar solución. ¿Qué hacer con tantas cenizas? Un nazi encontró la solución. Se podían esparcir por las carreteras para que los coches no resbalasen. Problema resuelto.

Notas que los prisioneros tiraban desde los trenes para despedirse de amigos y familiares.
Uno de los directores del campo, aquel que estaba tan orgulloso de su eficiencia, fue Rudolf Höss. Desde 1940 a 1943, él y su familia vivieron en el campo y fueron felices; felices y eficientes máquinas de matar. Fue capturado y posteriormente juzgado en Nüremberg, condenado a muerte por ahorcamiento. En el juicio afirmó que en el campo se habían exterminado a unos dos millones y medio de judíos, por encargo directo de Hitler y siguiendo las directrices de la Solución final. Otros 500.000 murieron de hambre y enfermedades. Declaró también que sintió pena frecuentemente por las víctimas pero que debía cumplir una orden. James Owen en su libro Nüremberg. El mayor juicio de la historia, afirma que el testimonio de Höss fue de los más espeluznantes por el desapego y frialdad con la que relató ese horror. Fue ahorcado delante del crematorio de Auschwitz en 1947. Fue la última muerte en el campo.




























Prisioneras caminando desnudas hacia las duchas de gas. 
Alberto Errera fue un judío griego prisionero en Auschwitz y miembro del sonderkommando. Tomó de manera clandestina estas fotos y las escondió en el campo antes de que le asesinaran por intentar huir. Los sonderkommando eran prisioneros de los campos, judíos y no judíos, y se encargaban de trabajar en las cámaras de gas y en los crematorios.

La exposición Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos es muy emocionante. No es nada truculenta, a pesar del tema. Expone con dramatismo y mucho respeto lo que pasó allí y también cómo se llegó a esa situación. Cómo desde la prensa y desde la autoridad empezó a demonizarse a los judíos. A considerarlos como enfermedades sociales, como tumores que había que extirpar. Una vez que esta idea quedó sembrada en el cerebro y el corazón de la gente, el exterminio fue sencillo.

Tazones infantiles para el desayuno

Los vecinos de toda la vida, judíos, desaparecían sin dejar rastro y nadie quería preguntar por ellos. Se sabía que había campos de internamiento y que sus casas y sus puestos de trabajo eran ocupados por otros, pero no se le daba mucha importancia.

Guardias descansando y felices

La exposición se esmera en mostrar las instalaciones de los campos, pero también en los objetos personales de las víctimas. A pesar del interés de los nazis porque no quedase ni un recuerdo de las víctimas todavía se pudieron rescatar cosas. Lo poco que cabía en una maleta, zapatos, un talit de oración, botones, cepillos para el pelo, fragmentos de tazas de desayuno infantiles, un ajedrez tallado en madera por un prisionero del campo y el corazón de Auschwitz.

El corazón de Auschwitz es un libro en forma de corazón que realizaron 19 mujeres prisioneras para felicitar a una compañera por su cumpleaños, con mensajes en polaco, alemán, francés y hebreo. En medio de la barbarie y, a pesar de los intentos de los carceleros por reducir a los prisiones a la condición de animales, de virus o de enfermedades, quedó un poco de espacio para la esperanza, la solidaridad y el amor. 

Esta es la traducción de uno de los mensajes.


También habla de personas. De hombres judíos y de hombres nazis. Hay pocas menciones a mujeres. Habla de Salli Joseph, un sastre judío alemán que desapareció en Auschwitz. Como todo joven alemán fue movilizado durante la I Guerra Mundial y distinguido con la Cruz de Hierro por sus servicios. No fue suficiente y 20 años después sus antiguos compañeros de armas le mataron.


En Oswiecim, el nombre polaco de Auschwitz, también vivían judíos. Alfons Haberfeld era uno de ellos, no especialmente religioso. Un próspero empresario perfectamente integrado en la comunidad. Tenía una fábrica de vodka que exportaba por toda Europa. En 1939, junto con su esposa viajó a Nueva York por negocios, dejando a su hija con la abuela. Estas dos murieron en un campo de concentración y los Haberfeld nunca pudieron regresar a Oswiecim. Los nazis ocuparon su casa y la utilizaron como cuartel general.

El despacho de Haberfeld
Pocas referencias hay a los españoles que también murieron en los campos nazis. Únicamente, una fotografía de Ángel Sanz Briz. Diplomático nacido en Zaragoza en 1910, que durante la II Guerra Mundial desde la embajada española, salvó la vida a unos 5000 judíos húngaros. Les facilitó pasaporte y visados españoles. Al principio sólo a los de origen sefardí, al final a todos los que pudo. Fue reconocido por el Estado de Israel como Justo entre las naciones. También se puede ver en la exposición documentación relativa al bombardeo de Guernica.

Ángel Sanz Briz

También habla de los nazis. Jóvenes comprometidos con una causa en la que creían fervientemente. Jóvenes que se divertían después de matar y que ligaban con las SS-Helferinnen, mujeres guardianas de los campos de concentración. Jóvenes que probablemente habían crecido con juegos, inocentes juegos de niños, como este juego de mesa ¡Judíos fuera! de 1936. Un juego para toda la familia, en el que ganaba quien consiguiera expulsar a más judíos fuera de las murallas de una ciudad de cartón. Había fichas de policías y fichas de judíos odiosos, feos y caricaturescos. No fue una invención nazi, sino un negocio más de una compañía llamada Günther&Co. Es difícil llegar a comprender lo que ocurrió durante el nazismo, autores como Zygmunt Bauman lo han intentado. Su libro Modernidad y holocausto trata del tema. Aquí mi reseña, Modernidad y holocausto. Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén, también abordó el holocausto y los posteriores juicios a los genocidas. 

 El juego de mesa ¡Judíos fuera! de 1936. Detalle de la ficha del judío.


Estos últimos días, en los que hay condenas de cantantes, de músicos y de otros artistas que, pretenden ejercer su libertad de expresión, insultando a los demás, deberíamos recordar que los nazis también ejercían su libertad de expresión diciendo y escribiendo barbaridades de otros seres humanos. Y que, como no se les paró a tiempo, de la brutalidad verbal pasaron al exterminio con la complicidad y el silencio de toda la sociedad.

Dibujo del crematorio 3. David Olère. Perteneció al sonderkommando y sobrevivió. 




La exposición puede verse en el Centro de Exposiciones Arte Canal. Paseo de la Castellana, 214. 
Hasta el 17 de junio de 2018