lunes, 25 de septiembre de 2017

Iglesia de San Miguel de los Navarros, Zaragoza.

La Iglesia Parroquial de San Miguel de los Navarros fue construida en el siglo XIV en estilo mudéjar sobre el solar de una pequeña ermita románica situada, entonces, extramuros de la ciudad de Zaragoza que databa de 1260. Los navarros habían participado en la reconquista de la ciudad por parte de Alfonso I el Batallador y fueron recompensados con su barrio propio cerca de la muralla medieval, entre los muros de rejola y de piedra. De la muralla de rejola quedan en pie algunos torreones y lienzos en algunas calles; la Puerta del Carmen, única en pie en Zaragoza, es muy posterior de 1794, pero está más o menos situada donde estuvo la Puerta de Baltaxio del siglo XIII. 

Vista exterior del ábside y la torre
De este origen mudéjar queda todavía, en el interior la decoración con yeserías y el frontal del altar del que hablaré luego; también la decoración exterior del ábside con celosía y cruces navarras y la torre, aunque toda la iglesia sufrió una profunda reforma interior y ampliación entre 1666 y 1669. En esta ampliación se construyó sólo una nueva nave en el lado sur porque en el otro lateral todavía estaba el cementerio de la parroquia. También se colocó entonces un nuevo coro y sobre él el órgano, con trompetas de batalla, construido por José de Sesma.

El órgano y el coro
En 1604 se construyó también el trasagrario, una pequeña capilla situada detrás del retablo mayor, donde de forma poco armoniosa, se “almacenan” relicarios y reliquias de santos, alguna talla y pinturas murales de Felices de Cáceres sobre un zócalo de azulejo. Unas puertas centrales permiten ver la trasera de madera del retablo mayor.

Escenas del retablo mayor


En el siglo XVIII se construyó en la nueva nave lateral la capilla de Nuestra Señora de Zaragoza la Vieja, restaurada en 2004, donde hoy se pueden contemplar dos pinturas de José Luzán, maestro de Goya y los Bayeu, que representan la Reconquista de Zaragoza por Alfonso I con ayuda del arcángel San Miguel y con la aparición de la Virgen también. En esta capilla se conserva el único carillón de estudio que hay en España.

Nuestra Señora de Zaragoza la Vieja
En la fachada, encima de la portada principal barroca, protegida por una gran venera, hay una escultura de San Miguel de Antonio Palao, como se le presenta habitualmente, derrotando a Lucifer, pero éste resulta un tanto extraño. Y es que un rayo “vengador” cayó sobre la cabeza de la escultura de Lucifer y la dañó gravemente. Así que tuvo que ser sustituida y el artista, Félix Oroz, decidió dejar para la posteridad un retrato (como diablo) de su amigo Jerónimo Borau, entonces rector de la universidad. No debía de ser muy simpático para los estudiantes.

San Miguel y Jerónimo Borau
La torre es de planta cuadrada y tiene tres tramos. Comenzó a edificarse en 1396, acabándose en 1583. Decorada con arcos mixtilíneos y vanos geminados, no es tan esbelta como otras torres mudéjares de Aragón, pero tiene su encanto. Su chapitel es todavía más tardío. Diseñado por Ricardo Magdalena en 1898, es de estilo modernista, de hierro forjado con decoración floral y alberga la célebre Campana de los perdidos.

La torre mudéjar
Hay que trasladarse a 1500, cuando la iglesia estaba en el límite de la ciudad, donde empezaban los huertos que la abastecían, pero también la abundante maleza que flanqueaba al río Huerva. Hombres y mujeres salían de la ciudad a trabajar en los huertos o recoger leña durante todo el día. Y a la vuelta, podían encontrarse al anochecer con densas nieblas, heladas y lluvia; un frío de muerte en el que muchos de ellos se perdían. Se decidió colocar una linterna que actuase como faro para guiar a los perdidos, pero no tuvo mucho éxito. Así que se decidió tocar la campana cada media hora, desde el atardecer hasta medianoche. 33 toques, por la edad de Cristo. Actualmente sólo toca una vez, a las 21.00 horas en Otoño e Invierno y a las 22.00 en Primavera y Verano. Pero siguen siendo 33 toques.

Chapitel y Campana de los perdidos


Sin duda las dos piezas más impactantes del interior de esta iglesia son el altar mayor y el frontal del mismo altar. El frontal es una pieza de madera de pino de estilo mudéjar en cuyo centro se encuentra una pintura gótica al temple (1400) representando a San Miguel, vestido como un soldado de Juan II de Aragón. Se atribuye al pintor catalán Luis Borrasá. Los laterales presentan labor de lacería dorada y policromada, con flores encajadas en octógonos y rodeadas de estrellas de ocho puntas

Frontal gótico-mudéjar


El retablo del altar mayor es obra de Damián Forment y lógicamente representa escenas según la leyenda dorada de San Miguel, destacando la escultura central de San Miguel vestido como soldado romano. El retablo está tallado en madera de pino dorada posteriormente y no en alabastro como otros del mismo autor, por ejemplo el del Pilar. Se encargó en 1519 y sería interesante conocer porqué una “pobre” parroquia de barrio pudo encargar al mismo escultor que trabajaba para la basílica del Pilar. La respuesta es que el retablo fue sufragado por el mismísimo papa León X, amigo de Alonso de Aragón, hijo ilegítimo de Fernando el Católico y arzobispo de Zaragoza. Es una muestra del primer Renacimiento, con jarrones, angelotes y otra ornamentación típica, manteniendo todavía características góticas. La escultura central es obra exclusiva de Forment y destaca por la expresión serena de su rostro enmarcado en una rizada cabellera rubia.

Retablo mayor y San Miguel Arcángel


Aquí más información y buenas fotos: Aragón Mudéjar


El trazado de la muralla medieval de Zaragoza y sus puertas. En el número 5 está la Iglesia de San Miguel de los Navarros. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Cine: La niebla y la doncella de Andrés Koppel (2017)

En alguna crítica he leído que la trama de esta película resulta demasiado enrevesada. Yo creo que sí. Al menos con esa sensación me fui del cine y también con la sensación de que, a pesar de que apenas dura 100 minutos, aún se podía haber recortado un poco más. 

El paisaje de La Gomera es un personaje más pero, de alguna manera, también su relación con la película es fallida. Una isla, con carreteras sinuosas y una densa niebla. ¿Es el reflejo de la sociedad que se pretende retratar? Es posible, pero es un recurso demasiado manido que pierde fuerza cuando el elemento perturbador, el detonante de la tragedia, nada tiene que ver con ese entorno cerrado y asfixiante. Porque, al contrario de lo que se nos induce a pensar, el problema es simplemente un problema “importado” que generaría el mismo conflicto en cualquier otro lugar.


Lo mejor de la película han sido las interpretaciones de los actores, especialmente de las actrices, aunque también es una lástima que Aura Garrido haya estado tan desaprovechada. Interpreta a la cabo Chamorro, compañera del sargento Bevilacqua en todas las novelas de la serie, pero en la película su intervención casi es completamente prescindible. Una verdadera lástima. Verónica Echegui es la cabo Anglada, una mujer fuerte pero que parece estar siempre al borde del abismo. Además, el intento de establecer un triángulo erótico-festivo o erótico-dramático con Bevilacqua y Chamorro mueve a risa.


En cuanto a la interpretación de Quim Gutiérrez del sargento Bevilacqua nada que objetar. Sin embargo, parece que su investigación avanza a golpe de corazonadas o de alguna suerte de capacidad adivinatoria que a los espectadores se nos escapa, porque en el guion no se ha dejado espacio para mostrar sus procesos mentales y porque su inseparable Chamorro poco aporta a la investigación, a pesar de estar ambos destinados en la UCO, que se supone que es la crème de la crème en persecución de delincuentes.


La película se ha rodado con la colaboración de la Guardia Civil. Parece que asistimos a varios intentos de dar a conocer al público las instituciones que pagamos con nuestros impuestos. En la fallida serie de TV, Olmos y Robles, ocurría algo parecido. En ambas, además, se trataba también de mostrar al espectador las diferentes maneras de actuar de la UCO, la Unidad Central Operativa, encargada de investigar los delitos más graves y que cuenta con los agentes mejor formados y más especializados, y los guardias civiles más tradicionales, destinados en el ámbito rural o de pequeñas ciudades. Pues, en la película, aparte de unas referencias de mero trámite, tampoco se ven estos diferentes estilos de investigación que podríamos atribuir a unos y otros.


A pesar de todo yo recomiendo la película porque soy fan absoluta del cine español y es entretenida precisamente por lo enrevesada que es.  Además pienso que cuánto más cine español veamos y más taquilla haga, mejores películas saldrán. Eso sí, no creo que la pareja Gutiérrez-Garrido se consolide en una nueva adaptación de Bevilacqua y Chamorro.


Dirección y Guion: Andrés M. Koppel (Novela de Lorenzo Silva)
Fotografía: Álvaro Gutiérrez
Intérpretes: Quim Gutiérrez, Verónica Echegui, Aura Garrido, Roberto Álamo. 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Cuento: Las dos orillas de Alejandro Palomas, ilustrado por Fernando Vicente (2016)

El autor.-
Alejandro Palomas
Alejandro Palomas estudió filología inglesa en la Universidad de Barcelona y Máster en Poética por el New College de California. Ha trabajado también como traductor y colaborador en medios de comunicación. En 2016 fue Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Otras obras suyas: Una madre, Un hijo, Un perro. 

El ilustrador.-
Fernando Vicente es un pintor e ilustrador de formación autodidacta. Empezó a trabajar durante la Movida madrileña en la revista La luna de Madrid. Sigue trabajando en prensa diaria y revistas, también ha diseñado portadas de discos y libros. Ha realizado varias exposiciones y editado clásicos ilustrados, especialmente Cumbres borrascosas, Drácula o Peter Pan.

Fernando Vicente

Mi opinión.-
Aunque últimamente se habla bastante de Alejandro Palomas este es el primer libro que leo de este autor y tengo que confesar que lo compré porque está ilustrado por Fernando Vicente. No es que sus novelas no me interesen, especialmente El perro, que tengo ya comprada y en lista de espera, pero también me da un poco de miedo que sea una literatura demasiado sensiblera.


Tengo cierta prevención que, desde luego, me propongo superar y que, en cierta medida, es consecuencia de mi adoración por los perros. Hace ya muchos años que no tengo ninguno (la muerte del último fue devastadora) porque no podría dedicarles el tiempo que merecen ni mi casa está acondicionada para que puedan vivir con una mínima dignidad, pero sigo echándoles de menos.


De eso trata este libro que se inspira directamente de la novela Un perro. De la pérdida, de la despedida y del duelo. Pero también les da a los perros el rango que merecen como miembros de pleno derecho de la familia que se compromete a cuidarlos.


Fer ha perdido a su perro Max, un gran danés imponente y no se hace a la idea aunque desde hace unos meses Rulfo, un Golden retriever es su nuevo compañero. El día de su cumpleaños Fer entenderá que tiene que despedirse de Max para que los dos puedan recordarse mutuamente y al mismo tiempo seguir su camino. Desde su desaparición, Max está en la Orilla de los Ausentes porque cuando los perros mueren se convierten en ausencia y aunque  él desea pasar a la Orilla del Consuelo, no puede hacerlo hasta que Fer acepte su muerte y se despida de él. Como Fer no puede hacerlo solo será Rulfo quien le ayude.


Es un cuento sencillo, muy emocional pero que no provoca la lágrima fácil y las ilustraciones de Fernando Vicente lo completan de una manera muy elegante. 


lunes, 18 de septiembre de 2017

Novela: El cuento de la criada de Margaret Atwood (1985)

La autora.-
Margaret Atwood es escritora, profesora y activista social y política. Pertenece también a Amnistía Internacional y ha sido durante muchos años, y espero que siga siéndolo, candidata al Premio Nobel. En 2008 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y años antes también había recibido el Premio Booker, por El asesino ciego, el único libro que había leído suyo hasta ahora. Otras obras suyas son: Por último, el corazón, Nada se acaba, La maldición de Eva. 

Mi opinión.-
Nunca hasta ahora había estado leyendo una novela y viendo su adaptación en serie de televisión al mismo tiempo. No me ha pasado nada. No he tenido un cortocircuito ni una sobredosis. Todo bien. Debe de ser porque la adaptación era muy fiel a la novela y la novela espléndida. Ambas se complementan perfectamente.


Se la considera una distopía feminista pero yo no estoy nada de acuerdo con esta afirmación. Es una distopía sobre el sometimiento de las mujeres, y en menor medida también de los hombres, y de su capacidad reproductiva a un sistema político patriarcal, fascista que, o bien se inspira en el fanatismo religioso o bien utiliza la religión para imponerse. Y tampoco se la puede considerar como una proyección del futuro que nos espera, puesto que para algunas mujeres ese es su presente. Ya, en algunos países, las mujeres son valoradas, sus vidas están condicionadas y su capacidad reproductiva sigue controlada por los hombres y explotada en su propio beneficio. Así que yo consideraría que se trata de una ficción social con posibilidades de realización en un futuro.


En la novela predomina el monólogo interior y los flashbacks y únicamente conocemos el punto de vista de una de las criadas, Offred, antes llamada June, que, desde su situación actual, destinada como sirvienta reproductiva en casa de uno de los comandantes, recuerda su vida anterior (nuestra vida actual en cualquier país occidental) y también el proceso de adoctrinamiento que ha sufrido bajo el nuevo régimen. A mí me hubiera gustado que profundizase más en esas estrategias de adoctrinamiento y también me gustaría que, en el título se sustituyese criada por sirvienta, porque, en realidad, su posición social está únicamente determinada por su servicio como animal procreador.


Para las criadas las estrategias de adoctrinamiento, casi en exclusiva, se basaban en castigos corporales. Frente a la rebeldía, la desobediencia o la huida, existe una amplia variedad de castigos: desde romper las plantas de los pies con una vara a arrancar uno de los ojos o el clítoris, siempre cuidando de no dañar la capacidad reproductiva. Sin embargo, no sabemos nada de cómo se adoctrina a las otras mujeres ni a los hombres. En la serie de televisión, sí que algunos personajes que rodean a Offred tienen más relevancia y conocemos su historia por ellos mismos, en lugar de verse reflejados únicamente en los recuerdos de Offred. 


En Gilead, los antiguos Estados Unidos de América, después de unas guerras civiles y ciertas amenazas terroristas, se impuso este nuevo régimen fundamentalista y policial que jerarquiza exhaustiva y rígidamente las relaciones sociales, tanto individuales como colectivas. Por supuesto, los dirigentes son varones, blancos, de cierta edad y heterosexuales y deben de tener hijos, lo cual no es muy fácil. No se sabe por qué los índices de natalidad decrecen continuamente. Por esto, las mujeres fértiles, las criadas son destinadas a hogares de parejas no fértiles y son adoctrinadas para gestar, parir y entregar a los hijos que engendren con el dueño de la casa. Aunque son de exclusiva propiedad de éste, están bajo la tutela y vigilancia de la esposa.



Gilead, esta nueva sociedad más perfecta, se caracteriza por la existencia de una férrea jerarquía social. Las personas son ubicadas por el régimen en compartimentos estancos, en castas que no permiten ninguna fluidez. En cuanto al género femenino, en el puesto preeminente de esta jerarquía están las esposas. Educadas, en la obediencia y el silencio, para asistir y soportar la Ceremonia, la violación ritual con fines únicamente reproductivos entre el amo y la criada. A veces víctimas del régimen, a veces cómplices. En segundo lugar, están las criadas. Destinadas temporalmente a estos hogares nada más que para parir, son trasladadas a otros para evitar crear lazos emocionales. Para el régimen son mujeres descarriadas (lesbianas, divorciadas, mujeres sin hijos que priorizaban sus carreras profesionales), pero de gran valor por ser todavía fértiles. Las martas en tercer lugar son las mujeres trabajadoras; las tías, son las encargadas de adoctrinar a las criadas. Fuera de estos roles están las no-mujeres, las econoesposas y también las escasas viudas, aunque en la novela se insinúa que éstas últimas sufren algún tipo de exterminio programado.


Sabemos poco de los hombres de Gilead. Aparte de los comandantes, dirigentes del nuevo régimen, están los ángeles, soldados a los que se les permitirá casarse en un futuro y también los ojos, espías ocultos por todas partes, como corresponde a un estado policial. De lo poco que sabemos de ellos es que mantienen algunas costumbres antiguas, como irse de putas. Las putas ni siquiera existen en la jerarquía social de Gilead.


Respecto a la serie de televisión, tengo que decir que también me ha gustado mucho. La adaptación es muy fiel. Respeta en todo momento el monólogo interior y los flashbacks de la novela y recrea también ese ambiente de angustia y monotonía que vive la criada encerrada en su habitación, con luz y ventilación escasas y con unos primerísimos planos de la actriz asfixiantes. Aunque considero que hay una diferencia esencial. En la novela, Offred se acuerda con frecuencia de su madre, una feminista militante, que le advertía constantemente de que nunca los derechos obtenidos luchando están consolidados. Sin embargo, en la serie se da más importancia a los recuerdos sobre su marido. 


La interpretación de Elisabeth Moss es subyugante y la aportación de la fotografía muy cuidada está inspirada en los paisajes de Vermeer. Quizá el intenso color escarlata de las túnicas de las criadas sea una referencia a La letra escarlata de Hawthorne. También la música, muy actual y combativa, complementa perfectamente la narración. Y otra baza importante es la posibilidad de contrastar en tiempo real los pensamientos de Offred y su actitud exterior; de manera que, a veces, asistimos a situaciones de verdadero humor negro y cinismo, que la salvan de la desesperación y que son muy importantes para la estrategia de supervivencia que Offred se ha impuesto. Sin embargo, no me ha gustado esa tendencia a embellecer que, por norma, tienen la televisión o el cine. En este caso, en la novela la pareja de dirigentes asignada a Offred es bastante mayor que ella y poco agraciada. Cabello gris y cuerpo poco atlético para el amo y cierta minusvalía para la esposa, que debe moverse con muletas. En la televisión, por el contrario, la pareja está interpretada por Joseph Fiennes e Ivonne Strahovski, dos bellezones, y se insinúa un triángulo, más o menos erótico, entre ellos.


Lo más sorprendente para mí es que, en esta primera temporada, se ha adaptado toda la novela, así que me intriga mucho qué se va a hacer para la segunda temporada y en qué medida va a intervenir Margaret Atwood en ella. Hipótesis diferentes: Offred es transferida a otra familia y su tortura vuelve a empezar o se une a la resistencia o, chantajeada con la posibilidad de recuperar a su hija, llega a ser dirigente de este nuevo régimen. No sé. En cualquier caso, tanto la novela como la serie de televisión son muy recomendables. 



El cuento de la criada 
Margaret Atwood
Traducción: Elsa Mateo Blanco

Ed. Salamandra 

Camino de Santiago, Vía aragonesa. Cuarta etapa: Santa Cruz de la Serós-Santa Cilia

Cuarta etapa ya del Camino de Santiago por la vía aragonesa. Esta vez ha sido una etapa cómoda, poco más de seis kilómetros, así que aprovechamos para hacer una etapa más cultural. Visitamos los dos monasterios de San Juan de la Peña y varias iglesias en Santa Cruz de la Serós, Binacua y Santa Cilia, donde terminó la etapa.

Réplica del considerado Santo Grial
Según la leyenda, en el siglo VIII, los zaragozanos Voto y Félix perseguían a un ciervo por esos parajes cuando, a punto de despeñarse invocaron a San Juan que les salvó del peligro. Descubrieron entonces una senda que les llevó a la tumba de Juan de Atarés, un ermitaño. Sintieron la llamada de la fe y decidieron retirarse a esa misma cueva-ermita. A ellos les siguieron otros y ese fue el origen legendario de uno de los monasterios más poderosos de Aragón.

Detrás de la capilla de San Victorián
Lo cierto es que con la invasión musulmana la población fue retirándose a las zonas montañosas más inaccesibles para protegerse a sí mismos y a su religión. Pero ya en el 920, el conde Galindo Aznárez II de Aragón conquistó esas tierras y fundó el monasterio (donde había restos de una ermita) dedicado a los santos Julián y Basilisa. De esta época, subsiste la pequeña iglesia mozárabe. Tiene dos naves separadas por arcos de herradura y en los ábsides se conservan pinturas murales sobre el martirio de los Santos Cosme y Damián, del siglo XII y como se ve en la foto las filtraciones de agua han “construido” también una estalagmita.

La estalagmita

Una de las naves de la iglesia mozárabe
Del siglo XI es la sala del concilio, que también se utilizaba como dormitorio de los monjes. Y en ella se ve perfectamente cómo se utilizó la pared de roca para apoyar los arcos. Sancho Ramírez, rey de Aragón, en 1071 amplió el monasterio y lo dedicó a San Juan, para que fuera el primer panteón de los reyes de Aragón. El reino de Aragón entonces era muy pequeño y débil pero Sancho Ramírez había buscado la protección del Papa haciéndose su vasallo. Como consecuencia de esto el rito romano sustituyó a la antigua liturgia mozárabe hispana que, en festividades especiales, sigue utilizándose en algunas iglesias y catedrales españolas, como la Iglesia de Santa Engracia en Zaragoza.

Sala del concilio
Siguiendo con el monasterio, la Iglesia y el claustro nuevos se construyeron encima de las dependencias más antiguas y bajo la misma peña que, incluso forma el techo de la iglesia. Quedaban así más ventiladas pero casi igual de húmedas y frías. Se conservan en esta planta alta también, el Panteón de Nobles en el que se enterró al Conde de Aranda, ministro ilustrado de Carlos IV; el horno y las antiguas fosas y laudas sepulcrales de los reyes de Aragón, trasladados después al Panteón Real del siglo XVIII; un pequeño museo; y sobre todo el claustro románico del siglo XII que es la joya del monasterio, con las capillas de San Victorián, gótica, y de los santos Voto y Félix, neoclásica. Destacan especialmente los capiteles del claustro, labrados con mucho detalle y gran expresividad.

Restos de pintura en la iglesia mozárabe
Fue un monasterio muy rico pero también tuvo numerosos pleitos con los obispados de Huesca, Pamplona y Zaragoza. Así que entre períodos de esplendor y decadencia, en 1675 se produjo un incendio de tres días, en el que se perdieron varias dependencias del monasterio y también el archivo real. Se abandonó este monasterio y comenzó la construcción del nuevo, en la pradera de San Indalecio, ocupado por los monjes desde 1682 hasta 1835.

Capitel de la resurrección de Lázaro

En esta pradera se reunían todos los pueblos de la zona en romería para cumplir con el voto de San Indalecio que consistía en dar una parte de cereal al monasterio para que el santo asegurase una buena cosecha. Cada uno de ellos tenía su propio árbol en la pradera donde sentarse a comer y descansar. Hoy quedan pocos árboles pero la romería se sigue celebrando en la primera quincena de junio.

Fachada de la Iglesia del Monasterio nuevo

Comparado con el monasterio viejo, el nuevo no tiene tanto encanto ni tanta magia. Es mucho más grande, organizado más racionalmente y construido en ladrillo, excepto la fachada de la iglesia en piedra tallada con variada ornamentación vegetal y tres hornacinas con santos. Hoy también es una hospedería que parece que no termina de consolidarse y un original Centro de Interpretación. Bajo el suelo de cristal, que produce cierto vértigo, pueden observarse las dependencias del monasterio, con muebles y utensilios varios, “habitadas” por algunos monjes blancos que sorprenden.

Difícil fotografiar con tanto reflejo
La siguiente iglesia que visitamos fue la de Santa Cruz de la Serós. A finales del siglo X y a pocos kilómetros de San Juan de la Peña Sancho Garcés II fundó este monasterio de monjas benedictinas del que sólo queda la Iglesia. Doña Sancha, hija, hermana y tía de reyes aragoneses a quien se encomendó su educación, fue una mujer muy influyente que, incluso, fue nombrada obispo de Pamplona. Ingresó como abadesa poco después de quedarse viuda y esta fue una de las épocas de mayor esplendor. 

Santa María en Santa Cruz de la Serós


En el siglo XVI las monjas se trasladaron a Jaca debido a la reforma tridentina que trató de controlar férreamente a las órdenes religiosas y el monasterio se fue arruinando. La iglesia tiene una sola nave con un ábside semicircular; en las dos capillas se conservan un retablo barroco y otro gótico. Este último está dedicado a la virgen y en La Visitación tanto la Virgen como Santa Isabel muestran claramente sus embarazos.


Binacua fue la siguiente parada. Un pueblo de escasos habitantes y muy cercano a Santa Cilia. Con una iglesia parroquial románica muy pequeña, la Iglesia de los Santos Ángeles Custodios del siglo XII. Parte del exterior del ábside está decorado con arquillos lombardos. El tímpano sobre la única entrada tiene un crismón trinitario muy sencillo y dos discos con animales y arquivoltas con ajedrezado y bolas jaqueses. Lo más curioso de esta iglesia es este sillar colocado de manera horizontal en el muro norte. Una figura de un hombre, muy esquemática, parece estar alanceando un dragón y eso induce a pensar que sería San Jorge, lleva un bordón de peregrino con forma de tau. Otro detalle especial es que el dragón tiene forma de media luna. Románico aragonés. Es precioso.



Para terminar llegamos a Santa Cilia (que ya no se llama de Jaca) para terminar la etapa. El pueblo está a orillas del río Aragón que apenas llevaba caudal. El primero que nos recibió allí fue este peregrino que marcaba el camino hacia el albergue. Se ha rehabilitado como tal la antigua casa parroquial. En la planta alta se ha instalado un pequeño Centro de Interpretación con rincones dedicados al laberinto, al juego de la oca o a los símbolos; todo ello muy relacionado con el Camino de Santiago. 


El nombre de Santa Cilia deriva de Santa Cecilia un pequeño monasterio relacionado con el Monasterio de San Juan de la Peña; todavía se conserva una casa-palacio con el escudo del monasterio. La iglesia parroquial de San Salvador ha sido restaurada recientemente y lo que más me gustó fue la talla de la Virgen de la Peña, cuya ermita sigue colgada de las rocas, en el pico Cuculo. 

Iglesia Parroquial y Virgen de la Peña



Al principio hacía frío, viento y también llovió. Cuando terminamos de caminar el cielo quedó así. 


Fue una etapa sencilla en la que casi no pude asimilar toda la información de las diferentes iglesias que nos dieron. Me dan ganas de repetir. Aunque ahora tengo que preparar la quinta etapa, 23 de septiembre: Santa Cilia-Martés. 

Seguimos caminando