lunes, 29 de febrero de 2016

Cine: Perdición de Billy Wilder (1944)

Es curioso que una misma película te produzca impresiones tan diferentes según la edad a la que la ves. Debe ser porque ya no eres la misma persona que la vio entonces. Recuerdo haber visto perdición hace un montón de años en la televisión y que me quedé con la idea de lo malas que son las mujeres-malas y lo fácil que es engañar a los pobres hombres que se enamoran de ellas. 



Ahora la he vuelto a ver en versión original y en cine y me dí cuenta de las ganas que tenía él, el honrado agente de seguros, de que alguien le involucrara en un asunto tibio. Double Indemnity es el título original y hace referencia a una cláusula especial en los seguros de vida por la cual, la muerte en circunstancias excepcionales es indemnizada doblemente. Eso sólo un agente de seguros de la  época lo sabía. Así que no se puede dudar de que, para estafar a una compañía de seguros, el más indicado sería alguien que estuviese dentro. Pero Perdición, el título en la versión española, se relaciona más con la caída en desgracia provocada por una mujer fatal muy fatal. Podríamos hacer esa diferencia: para los anglosajones la culpabilidad recaería en el agente de seguros y para los censores españoles de la época en la mujer pecadora.


En cualquier caso, una gran película de Billy Wilder, una de las primeras que puede clasificarse como cine negro o que marca las pautas de lo que tendrá que ser el cine negro no protagonizado por gángsteres. El guion fue escrito por el propio Wilder y por Raymond Chandler (maestro del género negro en novela) y era la adaptación de una novela escrita por James M. Cain (otro grande de la novela negra), que además se había basado en hechos reales.



Fred MacMurray es Walter Neff, el agente de seguros deseoso de caer en las redes del mal y Barbara Stanwick es Phyllis Dietrichson, la esposa asqueada y posible asesina de la primera esposa y madre respectivamente, de un marido y una hijastra a los que no soporta. No desvelo nada si digo que el final es desastroso para los amantes, puesto que en las primeras escenas ya lo vemos. Neff llega a su despacho herido de bala y graba su confesión durante la noche, para morir delante de su jefe y mentor y redimirse del crimen cometido. En sucesivos flashbacks asistimos al desarrollo de la acción: desde que Phyllis le cuenta su situación, hasta la planificación (al mínimo detalle) del asesinato del marido. Todo es perfecto y resulta fácil, pero los amantes empiezan a sentirse incómodos por las sospechas del jefe de Neff.


Phyllis es la representación del erotismo letal desde su primera aparición envuelta en una toalla, porque aparentemente está tomando el sol, hasta cuando baja las escaleras y la cámara sólo enfoca a sus tobillos, uno de ellos adornado con una pulserita cargada por el diablo. Todo en ella es turbador: el perfume, las gafas de sol para no ser reconocida y el último botón de la blusa por abrochar. Todo sirve para ofuscar el ánimo de alguien que quiere ser perturbado sin descanso. Es evidente que la idea de matar a su marido parte de ella, pero Neff estaba esperando una ocasión así sin ser realmente consciente de ello. En cuanto Phyllis le plantea deshacerse del marido, Neff le dice tranquila nena tengo el plan perfecto. Sólo necesitaba una excusa para ponerlo en marcha. Pero la culpabilidad puede más que los amantes, se vuelve contra ellos y ajusta cuentas antes de que la policía y los jueces puedan hacerlo.



Director: Billy Wilder 
Guion: Raymond Chandler y Billy Wilder (novela: James M. Cain) 
Música: Miklós Rózsa
Fotografía: John F. Seitz
Intérpretes: Fred MacMurray, Barbara Stanwyck y Edward G. Robinson






jueves, 25 de febrero de 2016

Teatro: El alcalde de Zalamea de Calderón de la Barca (2016)

Parece que Calderón de la Barca escribió El alcalde de Zalamea en 1636. Es una obra clasificada como drama de honor. Calderón había nacido en Madrid y fue destinado por su padre a los estudios religiosos, pero él no estuvo de acuerdo y prefirió dedicarse a las armas y marchar con el ejército. Participó en varias batallas en la Guerra de Secesión de Cataluña de 1640 y el rey Felipe IV le premió nombrándole Caballero de la Orden de Santiago. Su obra se considera la culminación del teatro barroco comenzado por Lope de Vega. 


Bueno pues un asunto de honor. Y claro está, el honor de cualquier hombre está en la virtud de las mujeres de su familia, en este caso, de su cándida hija. El alcalde es un villano, en el sentido más original de la palabra: habitante de una villa en oposición a los hidalgos o nobles que vivían en las ciudades. Pero como ejemplo de una nueva clase social, este villano es un labrador respetado, propietario de las tierras que cultiva. Un hombre rico, que se ha ganado su fama y fortuna honradamente, con su trabajo. Es el iniciador de esta nueva clase social que más tarde se transformará en la burguesía de las ciudades.



Así se encarga de mostrarlo Calderón. Como un hombre honrado y cabal, en contraposición al capitán don Álvaro, hidalgo cobarde violador de su hija. Pero también opuesto a don Mendo, noble arruinado, enclenque y petimetre, que también la pretende y que es una caricatura de los hidalgos venidos a menos. Aunque para rebajar el tono subversivo de la obra, también hay personajes de la clase alta a los que Calderón trata con mucho respeto. El rey aparece brevemente, para refrendar con mesura y buen juicio los actos del alcalde y el personaje de don Lope de Figueroa, viejo militar que no puede controlar a sus tropas, pone a salvo el honor de los militares cuando acepta la justicia del alcalde.



La acción se sitúa en 1580 (lógicamente en Zalamea, provincia de Badajoz). El ejército de Felipe II se dirige hacia Portugal para reclamar sus derechos al trono que había quedado vacante. Como Calderón había estado en el ejército supongo que sabía bien lo que pasaba cuando las tropas llegaban a una villa.



Visualmente, esta adaptación es muy atractiva. El suelo está cubierto de arena y con los movimientos de los actores los espectadores acabamos envueltos también en esa arena. Hay una lucha de espadas muy elegante y muchos personajes que deambulan constantemente por el escenario, pero la tropa de soldados y la Chispa, cocinera, prostituta, enfermera, cantante o cualquier otra cosa que necesiten los soldados, son los que más ruido hacen. La Chispa es lo opuesto a la candorosa hija del alcalde; una mujer sin dinero y sin familia, pragmática y vitalista, interpretada por Clara Sanchís.



El alcalde es Carmelo Gómez y no podía estar mejor interpretado. Es un hombre recio, apegado a la tierra que sólo espera que sus hijos mantengan su honradez. Orgulloso de su origen y también de su presente de hacendado de buena posición, ahora además ha sido nombrado alcalde de la villa; no se avergüenza de entablar conversación, entre iguales, con don Lope de Figueroa, general del ejército y en esta versión esto da lugar a los diálogos más relajados de toda la obra. Cauto, intenta poner a salvo a su hija, sabiendo el riesgo que corren con soldados y capitanes en su pueblo. Un hombre cabal que intenta inculcar sus valores a su hijo. Capaz de convertir la venganza en justicia y ser aplaudido por el rey que le nombra alcalde perpetuo. Un gran actor que el cine español se pierde, ¡lástima!



Para mí, esta versión resulta muy emocionante porque la defensa del honor está muy vinculada al sentimiento paterno de la protección de los hijos. No sólo de la hija violada, sino también de su hermano que busca venganza con la precipitación de la juventud y que tiene que ser contenido por las sabias palabras y por los sólidos hechos del padre. Nuria Gallardo es la hija y tampoco aparece mucho en el cine español, pero como actriz de teatro tiene una sólida carrera, especialmente interpretando a los clásicos.


En este año de conmemoración cervantina no estaría de más celebrar también a otros clásicos españoles. Y aunque no fuese año de conmemoraciones también.

  “Al rey la hacienda y la vida se le ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma solo es de Dios”



Teatro Principal de Zaragoza 
del 18 al 27 de febrero 

Dirección: Helena Pimenta
Versión: Álvaro Tato 
Vestuario: Pedro Moreno 
Escenografía: Max Glaenzel
Iluminación: Juan Gómez Cornejo 
Coreografía: Nuria Castejón
Maestro de esgrima: Jesús Esperanza
Asesor de verso: Vicente Fuentes

Intérpretes: Carmelo Gómez, Joaquín Notario, Jesús Noguero, Clara Sanchís, David Lorente, Rafa Castejón, Álvaro de Juan 

Guitarra: Juan Carlos de Mulder
Cantante: Rita Barber 

lunes, 22 de febrero de 2016

Novela: L'homme à l'envers de Fred Vargas (1999)

La autora.-
Escritora de novela policíaca, arqueozoóloga e historiadora; también es destacada ecologista. Tiene dos series policíacas principales; una de ellas protagonizada por el comisario Adamsberg y la otra por los tres evangelistas, historiadores y arqueólogos que se dedican a desvelar misterios. No he leído ninguna de estos últimos y me encantaría. También escribe ensayos de su especialidad profesional con su verdadero nombre, aunque ninguno de ellos ha sido publicado aquí: Frédérique Audoin-Rouzeau. Sus novelas también han sido adaptadas al cine. 

Serie del comisario Adamsberg: El hombre de los círculos azules, Huye rápido vete lejos, El ejército furioso y Tiempos de hielo.
Serie de los tres evangelistas: Que se levanten los muertos, Sin hogar ni lugar.

Mi opinión.-
Le loup-garou. El hombre-lobo es el hombre del revés porque tiene la piel hacia dentro. Abundan las tradiciones y leyendas sobre hombres-lobo en casi todos los países. Desde los hombres-lobo sanguinolentos de serie B hasta los emparentados o enfrentados a los vampiros en sagas para adolescentes, y como no, Lobezno, el magnífico y guapísimo Hugh Jackman, que en realidad sólo tiene de Lobezno el nombre. No me atraía la novela de Fred Vargas por esto, sino porque creí que estaba ambientada en el Pirineo francés. Al final resultó que no era así. La única relación con el Pirineo francés es que Adamsberg, el comisario protagonista de la serie (que en esta novela sale muy poco), es originario de allí, pero eso no tiene ninguna trascendencia en la trama. 

Y Caperucita

Se trata de la segunda novela dedicada a este comisario y desde mi punto de vista no está muy bien resuelta. Parece que la autora ha querido abarcar demasiado y después en las últimas páginas ha tenido que solucionar el misterio, recurriendo a hechos que ni siquiera habían sido insinuados mínimamente durante todo el libro. A mí, por lo menos, se me han escapado.

Son preciosos; injustamente perseguidos

Casi se puede decir que hay dos novelas. En primer lugar, la protagonizada por Lawrence el canadiense, estudioso del comportamiento de los osos Grizzlies, que se ha instalado en una zona rural de Francia, en el sudoeste frontera con Italia, cerca del Parque Nacional de Mercantour, para analizar a los lobos y que retrasa su regreso a Canadá porque se ha enamorado de Camille. La autora describe con todo detalle el paisaje y el asfixiante verano también. Lawrence está tan implicado con los lobos que actúa como si fuera uno más de la manada; atento a cualquier cambio en el paisaje. Huellas, briznas de hierba o pequeñas ramas y guijarros de la montaña, le sirven de pistas para localizar a los lobos, y muestra una compasión por el lobo viejo que ningún científico debería tener. Es un hombre silencioso, que se expresa con parquedad al hablar, haciéndose entender con medias palabras, muecas y signos. Pero una vez que este personaje está definido, la autora lo abandona sin más y se ciñe al trío formado por Camille, la novia de Lawrence y (casualmente) exnovia de Adamsberg, le Veilleux, el viejo pastor sabio y depositario de los saberes tradicionales y Soliman, el hijo adoptivo de una de las víctimas. Estos tres personajes se embarcan en una road-movie persiguiendo al hombre-lobo, pero de manera que todo resulta un poco artificial.

Parque Nacional de Mercantour

Como también es artificial la forma en que Adamsberg se hace cargo del caso hasta llegar a resolverlo. Aunque la novela, en general no me ha gustado, sí que tiene momentos de intensidad reveladores sobre el comportamiento humano. Por ejemplo, cómo recurrimos a los viejos mitos ante lo que momentáneamente nos resulta inexplicable, sean malignos hombres-lobo, vampiros o brujas, o sea la naturaleza como fuerza poderosa, incognoscible e incontrolable; para que al final, Adamsberg nos descubra corrientes venganzas familiares, ocultas durante años, por acontecimientos iniciados por las pasiones habituales: el amor, los celos o la envidia. Así, Lawrence dirá que cuando algo está fuera de lo común, la gente tendrá miedo y se sentirá perdida y se volverán contra los marginados y los quemarán.

Jean-Hugues Anglade como Adamsberg
Por lo demás, la novela también incide en la historia de amor intermitente durante toda la serie de Adamsberg y Camille. Aunque aparentemente no queda nada de la vieja relación entre ellos, se intuye que no pueden vivir uno sin otra. Camille supone un vórtice de atracción que Adamsberg no puede controlar. Es compositora y a veces también fontanera; es una descreída del romanticismo, opina que el amor te da alas para cortarte las piernas. Se ha instalado en un pequeño pueblo para escapar de algo;  quizá de ella misma o quizá de Adamsberg. 

Adamsberg ya aparece aquí como un hombre instintivo e imaginativo, compasivo pero firme, en cierta manera misterioso también. Es un hombre pensativo, tranquilo que necesita el murmullo de los otros alrededor para poder evadirse y pensar. Creo que el problema de esta novela es que es la segunda de la serie y que la autora todavía tenía que adquirir una cierta madurez, que dada su trayectoria posterior no dudo que tenga. La próxima novela que lea será una de la serie de los evangelistas. 



L'homme à l'envers
Fred Vargas

Ed. J'ai lu

jueves, 18 de febrero de 2016

Cine: Sucedió una noche de Frank Capra (1935)

Con esta película se inicia el género de la screwball comedy. Comedia romántica y sofisticada con su dosis de machismo amable, donde una joven heredera, malcriada pero de buen corazón, encuentra a su hombre ideal: ese hombre que la ata-bien-corto y que es un buscavidas generoso. Es una película muy conocida también porque Clark Gable no lleva camiseta y exhibirse de esa manera en una escena muy conocida, supuso un descenso en las ventas de esta prenda interior.



El director, Frank Capra, era partidario de ofrecer en sus películas optimismo, buena voluntad y finales felices, a pesar de estar viviendo todavía las consecuencias de la Gran Depresión. Es una postura que se puede considerar o vitalista o de un idealismo excesivamente ingenuo, en el que el dinero no es importante siempre que haya amor verdadero. En cierta manera, ese tipo de ensoñación constante, esa fábrica de sueños que llegó a ser el cine de Hollywood, también puede ser considerada como pura ideología neoliberal; opio para el pueblo o solo para las mujeres, para mantenerlas embobadas esperando al príncipe azulEs una de esas comedias ideológicas que nutren el mito de la América profunda donde el triunfo, sin ayuda de nadie, es posible. En el contexto de la depresión, la gente quería divertirse y una comedia alocada era lo que pedían.

Aunque los actores están espléndidos, por ello ganaron los Óscars a mejor actor y mejor actriz, para mí no tienen comparación con Katharine Hepburn y Cary Grant. La película se llevó también el premio al mejor director, al mejor guion adaptado y a la mejor película. Todo en el año 1935.

Respecto al rodaje, no debió ser muy cómodo aunque sí divertido. Gable era un hombre inestable y frecuentemente aparecía borracho; Colbert no quería trabajar con Capra y exigió un dineral. Como anécdota que no conocía diré que, en la famosa escena de autostop, Claudette Colbert exigió una doble porque no quería enseñar su pierna, pero cuando vio que la actriz elegida tenía un físico mejor se decidió por hacer la escena. Caprichos de estrella. 



Pero también puede darse una lectura más feminista. Esta joven asfixiada por su bienestar y buena posición y por una padre que la adora pero no la entiende, puede salir huyendo de su vida e intentar arreglárselas sin protección. En su lucha por la independencia descubrirá que de la rebeldía nacen recursos que no sospechaba que tuviera; también verá la parte menos amable de la vida y que, incluso en las peores circunstancias, se puede confiar en la ayuda de un extraño. Desde su huida en bañador y con unos pocos dólares en el bolsillo, todo lo que encuentre en su camino será bueno; aunque pase hambre, siempre habrá alguien que quiera compartir con ella la comida. 



En la huida se encontrará además a un guapo mozo, pícaro y acostumbrado a arreglárselas sólo, compasivo y caballero capaz de con 3 centavos organizar un desayuno delicioso con rosquillas y todo y de preservar la intimidad de la joven con una cuerda y una manta que ejercerá durante toda la película de muralla de Jericó. Al final de la huida por supuesto estará el final feliz, que no será una boda suntuosa como el padre hubiera querido. Pero para llegar a eso ambos tendrán que romper sus prejuicios y desaprender todo lo aprendido. El amor triunfa y se borran todas las barreras sociales: la clase, el estatus, la educación y el dinero, no significan nada frente al amor verdadero.

Es una narración lineal, cronológica que presenta claramente la evolución de los personajes. Es una película también de erotismo muy suave, simbolizado por la manta-muralla; de intimidades ingenuas compartidas entre los protagonistas y con el espectador. Lo único es que no sé por qué se llama Sucedió una noche, porque en realidad son necesarias cinco noches para que los jóvenes se enamoren.



Claudette Colbert interpreta a Ellie Andrews. A pesar de haber vivido toda su vida superprotegida y entre algodones Ellie demuestra mucho desparpajo en esta road movie. Yo destacaría la escena de la discusión matrimonial en el motel como ejemplo.

Clark Gable es Peter Warne, un periodista a punto de ser despedido que una y otra vez, en el último momento consigue salvarse. Un borrachete simpático y gruñón, con una verborrea capaz de encandilar a cualquiera. 

Esta película es considerada como la mejor historia de amor sin roce del cine clásico. Al menos hasta que cae la muralla de Jericó, pero eso ya no lo podemos ver.


Director: Frank Capra
Guion: Robert Riskin (Historia: Samuel Hopkins Adams)
Música: Louis Silvers
Fotografía: Joseph Walker
Intérpretes: Clark Gable, Claudette Colbert, Walter Connolly y Roscoe Karns

lunes, 15 de febrero de 2016

Ensayo: Todos deberíamos ser feministas de Chimamanda Ngozi Adichie (2014)

La autora.-
Chimamanda Ngozi Adichie es una novelista nigeriana nacida en 1977, de la etnia igbo. Empezó sus estudios superiores en Nigeria pero pronto se trasladó a Estados Unidos, estudiando en las universidades de Filadelfia y Connecticut. Otras obras suyas son: La flor púrpura, Medio sol amarillo y Americanah. Con esta última obtuvo el Premio del Círculo de Críticos Nacional del libro en 2013. 


Mi opinión.-
Yo conozco muy poco de las culturas africanas, pero he visto que las mujeres de la etnia igbo, ya en 1929, protestaron violentamente contra los consejos de gobierno rurales, obteniendo importantes mejoras en su situación. No es cierto que no exista una tradición de lucha por la igualdad entre las mujeres africanas. A veces el feminismo “blanco” ha sido acusado de paternalista (o debería decir maternalista) respecto al feminismo africano. Eso sucede porque todos nosotros (hombres y mujeres, negros y negras, blancos y blancas, etc) creemos que lo nuestro es lo mejor y que nuestros triunfos pueden ser asumidos por culturas diferentes, porque (en un alarde de cinismo) llegamos a considerar que lo diferente es inferior. En realidad no tiene por qué ser así. Lo diferente sólo es diferente.

La verdad que, en este pequeño libro, no se hace un elogio concreto hacia el feminismo africano o los distintos feminismos africanos. Puede deberse a que en realidad es una conferencia que la autora dio en TEDxEuston, dedicado enteramente a África, pero que tuvo lugar en Londres. Habla de un feminismo genérico que puede encontrarse en cualquier sitio, aunque también hace una referencia a la acusación que se hace al feminismo de ser un mero invento occidental.

Algo compartido entre todos los continentes, etnias y culturas, por muy diferentes que sean, ha sido la discriminación de la mujer para que el varón disfrutase de más poder. Incluso los varones colocados en el último peldaño de la jerarquía de varones y que no tenían a otros varones subordinados, podían ejercer sus mínimos poderes respecto a las mujeres de su familia y de su entorno más próximo.

Por esto, yo considero que si la discriminación no tiene en cuenta culturas ni etnias, ni continentes, el esfuerzo por superarla tampoco debería tenerlos en cuenta. Habría un feminismo que pudiera respetar las diferencias de etnia, de clase social, de orientación sexual, etc, y que no fuera excluyente con otros feminismos. Si tanto aquí como allí, para los antifeministas, una feminista es una mujer amargada y resentida porque no encuentra marido, que odia a los hombres y huele mal porque no usa desodorante, ni se depila, ni es femenina porque no usa maquillaje, ¿no deberíamos hacer un esfuerzo por superar las diferencias entre los feminismos y enfrentarnos juntas a la discriminación? Pues en eso deberíamos estar. 



Adichie no sólo cuenta anécdotas sobre su vida (privilegiada en relación con la mayoría de la población africana) también considera básico para el cambio social profundo, un cambio social en la educación. El origen de los privilegios de los hombres está en la necesidad de la fuerza física para la supervivencia de la especie; pero ahora que esa fuerza física empieza a no ser necesaria, los privilegios subsiguientes deben desaparecer también. Ahora quizá sea más importante para ser líder, poder gestionar intereses y expectativas contradictorios e incluso excluyentes; es decir, tener una buena capacidad de negociación. Y eso es algo que ambos, hombres y mujeres pueden aprender.

Las niñas son educadas para aprender a ser modositas, guapas, tranquilas y pacientes. No pueden expresar su rabia, ni gritar, ni competir. Cada vez menos, es cierto, pero todavía hay un largo camino que desandar o una profunda educación que desaprender. Y no sólo las hijas deben ser educadas de otra manera. También los hijos deberán serlo y las madres y los padres. Porque la educación es una tarea que nunca termina.

Todos deberíamos ser feministas porque es una cuestión de justicia, de dignidad y de humanismo profundo. Sólo quienes abusan de su condición pueden tener dudas sobre que el feminismo libera a mujeres y a hombres. Dudas y miedo. 


Todos deberíamos ser feministas
Chimamanda Ngozi Adichie

Traducción: Javier Calvo Perales 

Random House 

jueves, 11 de febrero de 2016

Cine: Macbeth de Justin Kurzel (2015)

Macbeth fue escrita a principios del siglo XVII y está basada en la vida de un personaje histórico, rey de los escoceses en el siglo XI. Es el paradigma de la ambición absoluta y de la debilidad del hombre. Destaca en la obra el protagonismo y la iniciativa de Lady Macbeth en la conspiración que llevará a su marido al trono y a la locura. 

Después de una batalla, Macbeth se encuentra con las tres brujas, las “hermanas fatídicas”, que le saludan como futuro rey. Se sorprende pero al volver a su hogar se lo cuenta a Lady Macbeth, que a partir de entonces, se dedicará afanosamente a que la profecía se haga realidad. Lady Macbeth podría encarnar el arquetipo de mujer excluida del poder que ejerce el poder indirectamente. 



En este monólogo, pide que se anule su condición de mujer, de ser nutricio para otros y no para sí misma e invoca a la noche, a las tinieblas y a todas las fuerzas oscuras, para conseguir lo que quiere, 

Deidades invisibles, ominosas,
que amáis humano llanto y padecer;
en vez de tibia leche, ponzoñosas
linfas dad a mis pechos de mujer.
Y tú ven a mi ruego, noche obscura,
rebozada en tu lóbrego capuz:
el infierno te dé la sombra impura
que el humo engendra de su aciaga luz.
Tan tenebrosa ven, que mi cuchillo
no pueda ver, oh noche, el propio herir;
ni de los cielos importuno brillo
logre por tus tinieblas traslucir.



En la primera escena de la película, asistimos al entierro de un niño, el hijo de Macbeth. Y esto nos puede dar la clave para entender la ambición de lady Macbeth. Ha perdido a su hijo y ya no puede existir nada más en el mundo. Ya que no podrá engendrar más vida, querrá negar su condición de mujer invocando fuerzas maléficas que le den fuerzas para matar y conseguir el poder. Porque a partir de la muerte del hijo, ella ya no existe como madre y sólo la riqueza y el poder satisfarán su vida. Es posible que, en aquella época, una mujer sólo pudiera ejercer su poder aniquilando su femineidad; puede ser que en ésta también sea así.



La película es visualmente muy atractiva; las actuaciones fabulosas. La atmósfera y el color que envuelve a los protagonistas, Michael Fassbender y Marion Cotillard, dan volumen y carnalidad a la interpretación. Pero resulta demasiado lenta. Además, el personaje de Lady Macbeth como conspiradora pierde relevancia y el director ha preferido centrar su atención en la locura y la debilidad del marido. Aun así la recomiendo. 


Director: Justin Kurzel
Guión: Todd Louiso, Jacob Koskoss, Michael Lesslie (Obra de Shakespeare)
Música: Jed Kurzel
Fotografía: Adam Arkapaw
Intérpretes: Michael Fassbender, Marion Cotillard, David Thewlis, Elizabeth Debicki






lunes, 8 de febrero de 2016

Novela: La buena reputación de Ignacio Martínez de Pisón (2014)

El autor.-
Es escritor y guionista de cine; también escribe habitualmente artículos en prensa y ejerce de crítico literario. Nació en Zaragoza, hace poco más de 50 años. Como guionista destaca su trabajo en Las trece rosas y Chico&Rita. Ha recibido el Premio de la Crítica por El día de mañana, el Premio Cálamo 2014 y recientemente el Premio Nacional de Narrativa 2015 por La buena reputación Otras obras: La ternura del dragón, Carreteras secundarias, Dientes de leche. 

Mi opinión.-
Miedo me daba empezar una novela de más de 600 páginas y que abarcaba un período de tiempo relativamente largo. La tenía pendiente desde el verano y la verdad es que no me decidía. Pero recientemente le concedieron el Premio Nacional de Narrativa y me lancé. No me arrepiento en absoluto. La novela me enganchó desde el primer momento por su sencillez y ritmo narrativo y también por su profundidad. No es una novela de puro entretenimiento.

Al contrario, Martínez de Pisón, se embarca en la historia de una familia representativa de la clase media española. Aunque los protagonistas son cinco miembros de una misma familia, el personaje que realmente crece y toma una presencia corpórea es la propia institución familiar. Para bien y para mal. Al final de la novela he tenido la certeza de que la familia era el personaje principal. Es una familia, como cualquier otra, que traza el camino que deberán seguir sus miembros; que soporta como algunos de ellos se rebelan y tratan de escapar. Aunque, tarde o temprano, y paradójicamente sin que ni siquiera la familia tenga que hacer algo, estos miembros díscolos vuelven al cauce. Y una vez dentro de ese cauce, sucesivamente, los nietos caen en las mismas repeticiones que sus padres que habían sido los hijos que habían caído en las mismas repeticiones que los suyos. Con sus amarguras, con su resignación o voluntariamente, todos ellos terminan por volver al seno de la familia. Resulta desasosegante comprobar la poca libertad que hay fuera de la familia; aunque dentro de ella tampoco la haya. Puede que sea una interpretación demasiado determinista por mi parte, pero hay ejemplos patentes.

Melilla. Teatro Reina Victoria
Ante decisiones que se salen de lo normal por parte de algunos personajes, por ejemplo Miriam y su deseo de ser cantante, la familia apenas tiene que oponerse. Una leve enfermedad de su madre (fingida o real) es suficiente para que Miriam renuncie definitivamente a su sueño. Otro ejemplo, según las disposiciones del testamento del abuelo, los nietos han seguido una preparación determinada, pero basta con que Mercedes cambie mínimamente ese testamento para que la vida de sus nietos se vea completamente alterada.

Gran Vía. Zaragoza. Años 1970

Todos son víctimas y verdugos al mismo tiempo. Sus pequeñas fracasos y silencios afectan en gran medida a la vida de los demás. Son una familia normal; son una familia y eso es para siempre. Esta novela es también un estudio de las relaciones de pareja y sobre todo de la imposibilidad de llegar a conocer al otro. También de como las relaciones se van agriando con el paso del tiempo e irrevocablemente llegan a instalarse el silencio y la indiferencia, entre aquellos que se han amado apasionadamente. Entre Mercedes y Samuel, entre Miriam y Ramiro o entre Sara y Aaron. Una vez llegado al momento del desamor, cualquier acontecimiento normal, abre la veda para la culpabilidad y sobre todo para el reproche.

Otra cosa que me ha gustado mucho de la novela han sido sus omisiones. Cuando el silencio se instala entre los miembros de una pareja, tanto uno como otra siguen su propia vida y el autor ha optado porque el lector participe parcialmente de este silencio y no sea un conocedor absoluto de la vida de cada personaje. Así queda espacio para sentir la desorientación que pueden sentir Mercedes o Miriam ante el alejamiento de sus maridos; al mismo tiempo que podemos odiarlas por ser injustas con ellos puesto que tenemos la ventaja de conocer una mayor parte de la historia.

Melilla 

Samuel es un judío español nacido en Melilla. Poco a poco se ha forjado una reputación (buena) en los negocios pero a costa de alejarse de su identidad de judío. Mantiene buenas relaciones con los jerarcas franquistas de los años 1940 hasta finales de los 1950. Es un momento complicado por el fin del Protectorado y la consolidación de Marruecos como reino independiente que en su afán por remarcar su identidad musulmana, expulsará a los judíos marroquíes con una violencia de mayor o menor intensidad. En ese contexto Samuel tratará de recuperar su identidad judía, alejándose de Mercedes.

Mercedes es hija de militar. Nació en Zaragoza de casualidad y se casó con Samuel, exigiéndole que sus hijos serían católicos y restringiendo sus relaciones con la comunidad judía de Melilla. Tuvieron dos hijas. Sara, la menor, fue un poco tarambana y Miriam, la mayor, siempre fue un modelo de formalidad y rectitud. Mercedes es una ama de casa tradicional dedicada a su marido, a sus hijas y a sus obras de caridad. No confía mucho en las amistades.

Clínica Lozano. Zaragoza
Miriam, la buena hija. Es una desconocida para sus padres y para sí misma. En la cena de su petición de mano, sus padres no saben destacar ninguna de sus cualidades. Así de desapercibida ha pasado por la vida. Siempre correcta, siempre gris. En Zaragoza, se casa con Ramiro un empleado de banca y tendrán dos hijos Elías y Daniel.

Elías y Daniel son jóvenes en los años 1980 y viven en Zaragoza. Tienen amigos, empiezan la universidad y saben desenvolverse. Eso aparentemente les ha dado más libertad que a sus padres y a sus abuelos. Pero, en realidad, llegan a manifestar la misma deriva y desorientación que el resto de su familia. El cambio en el testamento de sus abuelos les cambiará la vida. Aunque habían hecho otros proyectos, este cambio hará que su vida sea igual que la del resto de la familia.

La buena reputación es una novela muy bien construida. A pesar de la cantidad de personajes, ninguno resulta superfluo ni reiterativo. La acción discurre por varias ciudades en un recorrido que, al final, vuelve al origen. Cumple así un ciclo: el viaje nos devuelve al punto de partida y los personajes repiten la historia de sus antecesores. La narración fluye en el tiempo a un ritmo constante y enlaza con acontecimientos político-sociales definitivos en la historia de España. Muy recomendable.




La buena reputación 
Ignacio Martínez de Pisón

Seix Barral 

jueves, 4 de febrero de 2016

Cine: Star Wars. El despertar de la fuerza de J.J. Abrams (2015)

A mí me ha decepcionado la película. Demasiado repetitiva, demasiados homenajes a las películas anteriores. Aunque reconozco que, por supuesto, mantiene la calidad y el ritmo ágil de las otras, creo que deberían haberse esmerado un poco más en el guion. Puede que sirva para captar a nuevas generaciones de espectadores y que por eso lo hayan hecho. Pero los nuevos personajes están apenas sin desarrollar, espero que para sacarles más partido en la siguiente. De alguna manera, parece una película de punto final, termina con algunos personajes de las anteriores e introduce los siguientes, pero tan levemente que... no sé, no sé. 

Evidentemente, la edad de los actores de las entregas anteriores hará imposible contar con ellos en la próxima y los nuevos deberán coger el testigo, porque las fuerzas del mal nunca paran. Eso es algo que tampoco me ha gustado de esta película y del resto. Nunca nos enseñan de dónde viene el lado oscuro de la fuerza. Una fuente inagotable.



Empezamos con Rey, mujer joven, chatarrera, abandonada por su familia y que, enseguida, sospechamos que la fuerza la acompaña. Es valiente y decidida; pero no sabemos nada más de ella. Finn me ha parecido el personaje más desaprovechado de toda la película. Es un soldado imperial, el único soldado imperial que manifiesta sus dudas y una identidad propia. Es el personaje que podría habernos hablado del lado oscuro, porque sin pertenecer a él le conoce bastante bien; es el que podía explicarnos cómo los dictadores (no hay que olvidar la estética filonazi de los malos de esta película) son capaces de conseguir acérrimos seguidores. 


Y de Kylo Ren, no merece la pena hablar, excepto decir que va vestido como el hombre de negro. No me quedó claro si había muerto en el enfrentamiento con Rey o si lo aprovecharán para el siguiente episodio. Del mejor piloto de la república no recuerdo ni su nombre, es abatido en los primeros minutos y después reaparece milagrosamente sin que veamos cómo ha podido sobrevivir.


Por lo demás, un androide simpatiquísimo oculta unos planos en su memoria prodigiosa (suena, ¿no?); C3PO tiene unos segundos nada más; Leia es general y está separada de Han Solo que sigue su pareja de hecho con Chewbacca y que ha vuelto a dedicarse al contrabando; aparece una cantina sospechosamente parecida a la del primer episodio, es decir, llena de bichos raros, literalmente y regentada por un personaje con la perspicacia del Maestro Yoda. Una estrella de la muerte que estalla desde dentro (suena también, ¿no?) y el Halcón Milenario, rescatado de la chatarra. R2D2, en modo pausa. Algo queda claro después de terminar la película, los Skywalker son la familia más disfuncional y problemática de la galaxia. 


La película es muy entretenida, trepidante y retro, pero esperábamos mucho más. En su descargo hay que decir que sigue cronológicamente a la primera trilogía y por esto muestra una mayor continuidad con ésta que con la siguiente trilogía que en realidad era una precuela de la primera trilogía. Es que todo esto es un poco lío. Esperamos que lo corrijan para la siguiente. Otro punto a su favor es que la protagonista (y que presumiblemente llevará el peso de la acción en la siguiente), Rey, es una mujer, aunque los fabricantes de juguetes y encargados del merchandising ya se han quejado porque los niños no quieren comprar muñecos que representen a chicas. ¡Por la diosa!, los críos son patriarcales antes, incluso, de nacer.


Únicamente he encontrado algo de emoción en el siguiente diálogo entre Kylo Ren y su padre, Han Solo:
  •     Estoy siendo desgarrado. Quiero ser libre de este dolor. Sé lo que debo hacer, pero no sé si tengo la fuerza para hacerlo. ¿Me ayudarás?
  •      Sí. Cualquier cosa.
El final de la escena no lo cuento porque lloro. A pesar de todo una película imprescindible. Pero para la próxima que vuelva Jar Jar Binks. Y Carrie Fisher está preciosa. ¡Que se jodan los cerdos patriarcales que la han puesto verde!



Director: J.J. Abrams
Guion: J.J. Abrams, Lawrence Kasdan, Michael Arndt
Música: John Williams
Fotografía: Daniel Mindel 
Intérpretes: Daisy Ridley, John Boyega, Harrison Ford, Adam Driver, Oscar Isaac, Carrie Fisher. 

lunes, 1 de febrero de 2016

Ensayo: La noche en que Frankenstein leyó el Quijote de Santiago Posteguillo (2012)

El autor.-
Santiago Posteguillo creo que es el escritor más prestigioso actualmente de novela histórica. Empezó escribiendo novela negra en su juventud, pero se ha consagrado con dos trilogías ambientadas en la Roma Clásica: una sobre Escipión el Africano y otra sobre los césares. También es profesor de literatura inglesa en la Universidad y dirige un taller de escritura creativa en Valencia. Ha recibido varios premios literarios y es un autor ya consagrado. Obras: Africanus el hijo del cónsul, Las legiones malditas y La traición de Roma; Los asesinos del emperador y Circo Máximo. 

Mi opinión.-
A pesar de que Posteguillo, como ya he comentado, es muy conocido por sus novelas históricas, yo he elegido para comenzar a leerle este pequeño ensayo dedicado a las curiosidades de algunos libros y de sus autores.

El autor no puede esconder que es profesor, lleva varios años dedicado a la docencia y, aunque sus novelas son muy existosas, parece que no tiene intención de abandonar de momento a sus alumnos. Por el contrario con este tipo de libros que comento aquí hoy, creo que tiene intención (y muy buena mano) para conseguir más lectores.

En un tono muy simple y ameno nos cuenta anécdotas, más o menos alegres, sobre los escritores y sobre la autoría de algunos libros. Son anécdotas bastante conocidas (a mí me lo parecen) y por la manera en que el libro está escrito creo que va dirigido más a un público joven, con la finalidad de “engancharles y perderlos definitivamente por los andurriales de la literatura universal”. Y que se consigan nuevos lectores está muy bien.

Me he encontrado también historias que no conocía y que me han sorprendido mucho. Está la de Mary Shelley, gran escritora y también viajera, aunque la mayor parte del público la conozca sólo por Frankenstein. Mary editó las obras de su marido y también pasó mucho tiempo viajando por el sur de Europa. De ahí surgió el libro Vidas de los más eminentes hombres de la ciencia y la literatura de Italia, España y Portugal. También fue una apasionada lectora de Don Quijote (aprendió castellano para poder leerlo en su versión original) e incluso en Frankenstein rindió un pequeño homenaje a Cervantes, recreando en su libro la Historia del cautivo del Quijote, donde una musulmana ayuda escapar a un cristiano.

También incluye las sospechas sobre la autoría de las obras de Shakespeare, atribuidas por algunos estudiosos a Christopher Marlowe. La vida de Marlowe fue muy agitada. Fingió su propia muerte pero en realidad trabajaba como espía para la corona inglesa, así que necesitaba a alguien que firmase sus obras por él. El elegido sería Shakespeare. También la película Anonymous, dirigida por Roland Emmerich en 2011 explora las dudas sobre la autoría de alguna de sus obras. De cualquier manera, vivir como súbdito de la reina Isabel I de Inglaterra podía resultar incómodo o peligroso si se tenía una cierta conciencia crítica. Así no es de extrañar que los escritores, que utilizaban el teatro como arma de crítica política, tuvieran que ocultarse bajo seudónimos, y la vida de Marlowe ya era bastante convulsa. Raymond Chandler llamó a su detective más famoso Philip Marlowe en su honor. 


Marlowe y Shakespeare


Otra historia que no conocía es la de Ángel Guimerá y Benito Pérez Galdós. Ambos varias veces candidatos al Premio Nobel sin que, por distintas intrigas, ninguno de los dos lo consiguiera. El Premio Nobel de Literatura fue entregado por primera vez en 1901. A principios del siglo XX, comenzó a ser visible una tendencia literaria para la recuperación de lenguas romances minoritarias como el occitano o el catalán. Sin embargo, cuando la Academia Sueca eligió como candidato a Ángel Guimerá (de quien no he leído nada) parece que el gobierno español ejerció la suficiente presión para que no le fuera otorgado porque escribía en catalán. Así en los años siguientes la Academia de Bellas Artes de Barcelona insistiría en presentarle como candidato, mientras que la Real Academia Española propondría a Menéndez Pelayo y Pérez Galdós. Como consecuencia de esta rivalidad (absurda) ninguno de esos magníficos escritores consiguió nunca el Premio Nobel. Posteguillo dice textualmente: La desunión institucional y política propia de nuestro país hizo que sus oportunidades, es decir, nuestras oportunidades, se perdieran. Una actitud muy inteligente por parte de estas instituciones (sarcasmo), que parece que se repite ahora a principios del siglo XXI.




Esto es sólo una muestra, hay muchas más historias. Un libro muy interesante que tiene continuación. En La sangre de los libros, publicado en 2014, siguen las anécdotas y curiosidades sobre los libros y la literatura.



La noche en que Frankenstein leyó el Quijote
Santiago Posteguillo 

Ed. Planeta