miércoles, 8 de mayo de 2013

Cine: Disgrace (Desgracia)


En Desgracia, un profesor de literatura sudafricano blanco, David Lurie, en el comienzo del declive, abusa de una joven estudiante negra. Se cree un corazón sublime que está por encima del bien y del mal, aunque en realidad es un depredador sexual entonando su canto del cisne. Un hombre arrogante y frío que sucumbe a un deseo irracional. Pero lo más incómodo de este personaje es que ni siquiera es consciente de su abuso de poder; tanto desconfío del abusador, que su arrepentimiento no me parece sincero. 

Este escándalo, incluida la expulsión de la universidad, supone un reencuentro con su hija. No se dice en la película, pero se intuye que han tenido siempre una relación distante. Lucy, vive en una granja aislada, sola, después de que ha fracasado su relación sentimental, intentando sacar adelante su negocio: vende lo que cultiva y tiene la intención de criar perros. 

Leí la novela hace algún tiempo y me pareció preciosa. Ahora he podido ver la película en DVD y la adaptación es muy fiel. Es una novela muy dura y toda su dureza se ha pasado a la película a través del paisaje. Al principio, un paisaje urbano, lluvioso, oscuro y frío, intelectual, donde David Lurie es dios y sabe cómo controlar el juego; puede someter a las mujeres y violarlas y mostrar su suficiencia al resto de los hombres. Después, el paisaje rural, áspero, luminoso y lleno de brutalidad, intelectualmente pobre y al borde de la subsistencia, le hará tomar conciencia de su condición de víctima, hombre que no tiene el control sobre su vida. 

El título original es Disgrace y se ha traducido como Desgracia, aunque en ninguna de sus acepciones en inglés tiene el significado de "mal que acontece sin que se pueda evitar". Es cierto que los protagonistas sufren una desgracia, una agresión, pero Disgrace es más bien culpa o vergüenza, que se acerca más a lo que viven los personajes. Viven en la culpa y en la vergüenza, por cosas que han hecho y por otras que han heredado.

Es una película muy simbólica, una metáfora sobre las nuevas relaciones interraciales. El macho blanco colonizador no se da cuenta de que su tiempo ha pasado y de que existen nuevas reglas del juego, algo que sí parece haber notado su hija. Lucy, una mujer joven blanca, heredera de los pecados de los colonizadores, se ve obligada a aceptar la protección y la propuesta de matrimonio de un hombre negro (pariente de uno de sus violadores). Mostrando una actitud pragmática, sabe que es tiempo de adaptarse a otras normas. Es consciente de que las cosas han cambiado y de que si quiere conservar su hogar debe hacerlo compartiéndolo con la población autóctona, durante siglos humillada por hombres blancos. Y esto es lo que más me revuelve: las mujeres heredando la culpa de los hombres y sufriendo y aceptando sus consecuencias; aceptando incluso los hijos engendrados por una violación. El cuerpo de las mujeres convertido en escenario donde los hombres dirimen sus contiendas, contra ellos mismos y contra los otros hombres. Hombres blancos abusando de mujeres negras y hombres negros violando a mujeres blancas. 

El director ha decidido no mostrar la violación que sufre la hija, pero sí vemos como los agresores brutalmente matan a los perros. Al principio pensé que era una omisión imperdonable (o un sesgo patriarcal imperdonable) y que el director se centraba en mostrar el sufrimiento y la humillación de un hombre (el padre), pasando por alto el sufrimiento y la humillación de una mujer (la hija); ahora no estoy tan segura de que fuese así. En un momento de la película, David le reprocha a su hija que no quiera hablar de la violencia que ha sufrido; ella le contesta que eso sucede todos los días a todas las mujeres, en Sudáfrica y en otros sitios y que no van a estar hablándolo constantemente. 

Lucy, como mujer que ha sufrido el abuso, sabe que si no hurga en la herida, las cosas se calmarán solas. Surgirá un nuevo equilibrio de fuerzas en el que las mujeres tampoco serán el género dominante. De una manera o de otra, las mujeres blancas, dependientes y humilladas por hombres blancos, pasarán a ser dependientes y humilladas por hombres negros; es el precio que tienen que pagar por seguir viviendo en su casa. 

Lucy decide apostar por el futuro, como si su útero fuese el recipiente donde lavar todas las culpas. Es ese punto de inflexión, cuando termina una época y todavía no se sabe cómo será la siguiente; las reglas de unos hombres ya no sirven y todavía no ha habido tiempo para que los otros hombres impongan las suyas. Las mujeres en medio, objetivo de la violencia de ambos. Para sobrevivir deben mezclarse con lo nuevo; y ese proceso de mezclarse con el otro es una renuncia a los privilegios mantenidos injustamente durante años.




David Lurie – John Malkovich
Lucy Lurie – Jessica Haines
Petrus – Eriq Ebouaney

Steve Jacobs – Director
Anna María Monticelli - Guión a partir de la novela de J.M. Coetzee
Steve Arnold - Fotografía
Coproducción entre Australia y Sudáfrica (2008)


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, deja tu comentario