lunes, 16 de enero de 2017

Pintura: Las Pinturas Negras de Goya 1819-1823 - Museo del Prado

De la primera visita que hice al Museo del Prado, recuerdo perfectamente la sala de las Pinturas Negras de Goya y el Autorretrato de Durero. Pero a pesar de que Durero es el pintor más guapo de todos los tiempos y algunas veces he soñado que me encontraba con él, las Pinturas Negras me impresionaron mucho más. Nadie puede dar un significado cierto de cada una de ellas, pero lo que es incontestable es que todas son imágenes trágicas.

Dos viejos comiendo
Después de aquella primera visita ha habido otras más y también he intentado leer todo lo que caía en mis manos sobre ellas, con el ánimo de desentrañar sus secretos, si es que los tienen. Puede que no haya encontrado secretos pero sí que he descubierto cosas que no sabía y que desmontan la idea que me había hecho de alguna de ellas.

Duelo a garrotazos

Fotografía de Jean Laurent
Por ejemplo, en el Duelo a garrotazos, yo siempre había visto ese fatalismo que acompaña sin misericordia a este país nuestro, cainita y que también se extiende por todo el Mediterráneo. Fatalismo que periódicamente hace que nos enfrentemos unos contra otros, hermanos contra hermanos, para terminar muriendo todos como ahora está sucediendo en Siria. Ese es el significado que yo le daba al hecho de que los personajes estén enterrados hasta la rodilla e irremediablemente no puedan escapar de los golpes. No hay misericordia para ellos. Después me enteré de que no es así.

Las parcas (Átropos)
Goya no había pintado a esos hombres con las piernas aprisionadas por la tierra como si fuesen árboles; al contrario los había pintado en un prado con vegetación de la que todavía quedan vestigios. Fue en el proceso de restauración cuando se repintó la obra y se le dio un carácter totalmente diferente al que tenía. Al desprenderlas de la pared para trasladarlas al Prado, sufrieron muchos daños y el restaurador Martínez Cubells, 50 años después de haber sido pintadas, tuvo que “inventarse” una buena parte del cuadro. Supongo que lo hizo con toda su buena intención pero este hecho cambia, casi radicalmente, la interpretación que yo había hecho de esta pintura. Es cierto que los personajes siguen enfrentados, chorreando sangre y golpeándose con saña, pero podrían escapar si quisieran… y no lo hacen.

Saturno devorando a su hija
Más confusiones, Saturno devorando a su hijo, en realidad está devorando a su hija. No cabe duda por la curva de la cadera. Además, parece que no le gusta demasiado su carne y la vomita espantado. El perro. Verle duele en el alma. Hundido, abandonado y mirando hacia al cielo, busca ayuda y compasión o espera que caiga algo más de arena y le asfixie definitivamente. El pobre perro también ha sido reinventado un montón de veces por Antonio Saura.

El perro 

El perro de Antonio Saura
Goya realizó estas catorce pinturas entre 1819 y 1823. Son óleos directamente pintados sobre las paredes de su casa de la Quinta del Sordo ¿o no fue así? ¿Por qué alguien elegiría para decorar su casa temas tan sórdidos y ejecutados en unos colores tan tétricos? Siempre he oído que el aislamiento provocado por la sordera, había sumido a Goya en una profunda depresión y que también podía padecer algún tipo de trastorno mental o un envenenamiento por plomo o, quizá, síntomas de la sífilis. Además de todo esto, la guerra de la Independencia también había supuesto un gran shock para él. Era un hombre educado y liberal y pensaba que la modernidad a España llegaría desde Francia; sin embargo, lo que llegó fue Napoleón y su afán destructor y, por si fuera poco, cuando éste fracasó lo que quedó fue el restablecimiento de una monarquía aborrecible mucho peor que la que existía anteriormente. Fue el principio de un siglo muy complicado para España. Puede que mucho más que el siglo XX y lo que llevamos del XXI.

El Santo Oficio
Todo esto podría justificar la desesperación y melancolía que le llevaron a encerrarse en su quinta y pintar para desahogarse. Pero recientemente, he visto el documental de RTVE La mitad invisible, sobre estas pinturas, donde Juan José Junquera, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid duda sobre la autoría de Goya. Se basa en que en inventarios posteriores a la muerte de Goya no se dice nada de la existencia de estas pinturas y esto le induce a pensar que el autor sería su hijo, Javier. El profesor Junquera concluye que, al fin y al cabo, qué importa quien fuera su autor, lo único que importa es su excepcionalidad y las emociones que provocan. Pero la gran mayoría de turistas, ¿estarían de acuerdo con esto o dejarían de visitarlas en el Prado?

La romería de San Isidro (Detalle)
Quizá Goya, anciano y desesperado, ocultase la realización de estas pinturas en una casa en la que, parece, que no vivió mucho tiempo. Quizá sean obra de su hijo, un desconocido con cierto talento que fue engullido por la genialidad de su padre. No podremos saberlo.

Judit y Holofernes
En esta última visita, me he parado especialmente en Judit y Holofernes. Según el profesor Junquera, es de las pinturas que resultó más alterada. Bajo las figuras hay un paisaje en colores más claros que en algunas partes del cuadro se impone. Judit (o cualquier otra mujer) está siendo manoseada por Holofernes (o cualquier otro hombre), que apenas aparece en el cuadro, aunque con una mano levanta sus faldas y con la otra intenta quitarle la camisa. Judit le amenaza con el cuchillo y una mujer vieja parece arrodillarse implorando clemencia. La iluminación brutal recae únicamente sobre Judit para que no se nos olviden nunca los rasgos de la asesina, sin embargo Holofernes queda, apenas, visible en una esquina del cuadro. Judit es la protagonista absoluta de esta pintura, con una expresión doliente y sofocada por toques de pintura roja, como si sintiera pena por tener que matar a Holofernes.

Aquelarre
De todas las pinturas negras, existen fotografías tomadas por Jean Laurent en 1874, en su ubicación original y también se conservan los negativos en placa de cristal. Algún día me gustaría poder verlos.


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