Esta película está inspirada en hechos reales. Trata de la
ocupación de la ciudad maliense de Tombuctú por parte de tropas irregulares de
radicales islámicos en el año 2012. Tenemos la tendencia a pensar en un Islam
homogéneo, cuando en realidad no es así. Más de 100 países tienen población
islámica: millones de personas, y gran variedad de culturas y razas. No soy
especialista en el tema, pero creo que poco tienen que ver los habitantes de
África central con los bosnios europeos o incluso con los magrebíes de origen
árabe o bereber. Todos comparten la religión, pero su manera de entenderla
puede ser muy diferente.
En cuanto a la película, tengo que decir que no me ha
emocionado. Es de ritmo un poco lento y presenta el contraste entre el ejército
ocupante y la población civil de forma bastante simple y maniquea. Por una
parte, la población autóctona se muestra pasiva e incluso comprensiva con “sus
hermanos” ocupantes. Aparentemente vivían en una situación idílica que ahora
con la guerra se ha roto: las mujeres vendían pescado en la calle, las jóvenes
cantaban y bailaban y los hombres podían jugar al fútbol. Ahora, los ocupantes
islámicos obligan a las pescaderas a vender pescado con guantes de lana para no
ser indecorosas, persiguen cualquier canción que oigan aunque esté dedicada a
Dios y obligan a los jóvenes a jugar al fútbol con balones invisibles.
Si la película pretende una denuncia del yihadismo se queda
un poco corta. Los ocupantes son demasiado impersonales. No se sabe de qué país
vienen ni qué pretenden con la ocupación. Imparten la sharia de manera brutal
entre los habitantes de Tombuctú, pero aparecen como estereotipos, peleles. No
se produce un choque de religión, pero sí de cultura; apenas se entienden
porque la única lengua común que pueden utilizar es el inglés y ninguno de
ellos lo domina. Pero si lo que pretendía el director era contrastar un modo de
vivir la religión de una manera obsesiva, artificial y oscurantista y otro
alegre, vital y en paz. Eso sí que lo ha conseguido.
Es una historia sencilla en la que se entrecruzan varios
relatos de una manera un poco irregular. Kidane es un ganadero que vive con su
esposa y su querida hija, apenas adolescente, en las dunas. Por un desgraciado
incidente se desata la tragedia. Aparecen otros personajes, como Abdelkarim, el
yihadista que fuma a pesar de que está prohibido y que baila a pesar de que
está prohibido y que se está enamorando tímidamente de la mujer de Kidane. Es un
personaje que resulta muy interesante pero que el director apenas desarrolla.
También aparece una esbelta mujer africana que pasea un gallo, que se niega a
llevar el velo islámico y que parece estar loca porque no teme a los ocupantes;
supongo que tiene algún sentido simbólico que se me escapa. Quizá es la
representación de África como una mujer libre y que siempre sobrevivirá.
Fotografía preciosa y poética pero un poco previsible: una gacela que huye, las
dunas que recuerdan el cuerpo de una mujer desnuda. Interesante por ser una
película africana, de las que apenas llegan a España. También ha sido criticada por estar hecha para el "gusto occidental". Esta película ha sido nominada para el Oscar a la mejor película extranjera pero no lo ha ganado; en cambio en Cannes sí tuvo el premio del jurado.
Los actores en el Festival de Cannes |
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