lunes, 14 de septiembre de 2015

Teatro: El triángulo azul de Laila Ripoll y Mariano Llorente (2014)

Todos nos hemos acostumbrado a hablar de barbarie nazi y a considerarla como un episodio lamentable pero excepcional en la historia de la humanidad. Todos, menos el sociólogo polaco Zygmunt Bauman. Él tiene muy claro que el holocausto fue la consecuencia lógica de la modernidad. Parece un contrasentido, ¿no? Se esperaba de la modernidad que liberase al individuo, pero nadie pudo prever su lado oscuro: el celo puesto en conseguir una racionalidad eficiente y burocrática, dirigida a construir una nueva sociedad más justa y libre, en manos de un loco, tuvo como consecuencia el horror y la muerte. Se pasó por alto cualquier noción de moralidad, de empatía con el ser humano y de respeto por la diferencia y como consecuencia de ello millones de personas terminaron en humo. Modernidad y Holocausto es el libro donde Bauman reflexiona incisivamente sobre este contrasentido. Debería ser un libro de lectura obligatoria, muy recomendable. 

El triángulo azul marcaba a los prisioneros republicanos españoles en el campo de Mauthausen. Exiliados después de luchar en la Guerra Civil Española y combatientes por la liberación de Francia, fueron clasificados como apátridas porque Franco no les permitió volver a España. Así llegaron a Mauthausen, a compartir destino con gitanos, judíos, comunistas, etc. Y de Mauthausen al cielo, vía crematorio; pero antes de la muerte, siguieron con su lucha. Los nazis estaban tan seguros de estar cumpliendo un destino grandioso para la humanidad y de su victoria que no tuvieron ningún problema de documentar sus horrores. Toda esa documentación se volvió contra ellos, aunque los máximos responsables, en un último acto de cobardía premeditada, ya habían elegido el camino del suicidio. La lucha de estos prisioneros en el campo de concentración, por encima de su derecho a la supervivencia, consistió en sacar negativos y copias de las fotografías y entregarlas a la Resistencia, para que se supiera oficialmente, lo que ya se sabía y no se quería ver.


Esta obra empieza con un monólogo de Paul Ricken (Paco Obregón), encargado del servicio de documentación fotográfica del campo de concentración. Intenta explicar a sus hijos lo inexplicable. Cómo un hombre culto, con criterio propio y cierto sentido común se ve involucrado en el exterminio de sus congéneres. No trata de disculparse porque sabe que no puede tener ninguna disculpa. Una posible explicación para la participación masiva de la población en el exterminio de otros compatriotas alemanes (y después del resto de nacionalidades) es que la organización del exterminio había empezado mucho antes y con pequeñas injusticias a las que nadie dio importancia: prohibir que los judíos accedieran a determinados puestos de trabajo, que no pudieran tener propiedades, que no pudieran frecuentar determinados establecimientos. Con todo ello el resto de alemanes estuvo de acuerdo, porque salían beneficiados. Los biempensantes alemanes fueron cayendo, sin darse cuenta (aparentemente) por una pendiente resbalosa de injusticias hasta llegar a la solución final.

La puesta en escena de la obra es un cabaret macabro, que combina humor negro y dolorosa verdad. Incluso participamos aplaudiendo la muerte de los prisioneros, casi sin darnos cuenta. La escenografía parece inspirada en las Pinturas Negras de Goya y en los cuadros de Brueghel; pero además ese horror es superado con la proyección de fotografías originales sobre el holocausto.

Como siempre y como en todos los conflictos las mujeres, doblemente abusadas. Representadas por Oana (Elisabet Altube), prostituida por los gerifaltes nazis y también por sus compañeros prisioneros; todos la comparten sin ningún escrúpulo. Bailar con la muerte, esa sería la síntesis de El triángulo azul, obra de teatro escrita por Laila Ripoll y Mariano Llorente y basada en el testimonio y las fotografías del campo de Mauthausen tomadas por Francisco Boix y que sirvieron durante el juicio de Núremberg para documentar la barbarie nazi.

Muy emocionante, a pesar de que la acústica del teatro a veces no acompañase a los actores. El monólogo desesperado de Ricken y el texto de las canciones, llenos de sarcasmo y violencia verbal, en algún momento se perdían. 



El triángulo azul ha obtenido el Premio Nacional de Literatura Dramática 2015

Autores: Laila Ripoll y Mariano Llorente
Música: Pedro Esparza
Escenografía: Arturo Martín Burgos
Iluminación: Luis Perdiguero
Vestuario: Almudena Rodríguez Huertas
Videoescena: Álvaro Luna
Espacio sonoro: David Roldán "Oru"
Ayudante de dirección: Héctor del Saz
Producción: Centro Dramático Nacional.
Músicos: Carlos Blázquez, Carlos Gonzalvo, David Sanz
Intérpretes: Manuel Agredano (La Begún), Elisabet
Altube (Oana), Marcos León (Paco), Mariano Llorente
(Berttmeter), Paco Obregon (Paul Ricken), José Luis
Patiño (Toni), Jorge Varandela (Jacinto)
Dirección: Laila Ripoll



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