lunes, 10 de abril de 2017

Cuento: Diles a las mujeres que nos vamos de Raymond Carver (1971)

Estaba leyendo un libro de cuentos de Raymond Carver y me han recomendado que leyese especialmente otro de sus cuentos no incluido en este libro. Se trata de Diles a las mujeres que nos vamos. Aterrador. 

Trata de dos amigos de toda la vida, de los que lo han compartido todo: la ropa, el coche y las chicas que se follaban. Jóvenes veinteañeros todavía pero envejecidos, ya casados y uno de ellos con hijos y arrastrando una enorme frustración que ni la cerveza ni el whisky pueden mitigar. Bill y Jerry, son nombres vulgares para hombres vulgares, que no destacan en nada. Estudiantes regulares, trabajadores regulares, maridos regulares y padres regulares. Se siguen viendo todos los fines de semana y para que las cosas sean más fáciles sus esposas también se han hecho amigas.

Este es el coche de Jerry
Los domingos son día de barbacoa, con las mujeres y las niñas. Se sientan frente a la piscina a beber cerveza y a hablar de coches. Un domingo, Jerry aplasta la lata de cerveza, no tiene muchas ganas de hablar. Prefiere coger el coche, un chevy descapotable del 68, y salir a dar una vuelta. Diles a las mujeres que nos vamos. Paran en un bar, siguen bebiendo cerveza y Jerry no se calma. Otra lata aplastada. La solución, volver a la carretera y pisarle a fondo al coche, 135 kilómetros por hora. Y dos chicas que terminarán muertas, sólo porque Jerry no sabe vivir su frustración y porque Bill le sigue como un perro asustado. 

Las chicas son jóvenes, es verano, llevan pantalón corto y camisetas ajustadas de tirantes finos. Van en bicicleta, de excursión hacia las montañas. Para Jerry esto es motivo suficiente para considerarlas putas que se le insinúan con la mirada. Así que, sin que Bill haga nada por evitarlo, Jerry se dedicará a perseguirlas, acosarlas, acorralarlas como si fueran animales y finalmente matarlas. Persecución y caza. Jerry dijo: Vete a la derecha y yo iré de frente. Les cortaremos el paso a esas calientapollas.

Las chicas pretendían pasar el domingo en un sitio parecido a éste
Lo aterrador de este cuento es la falta de motivos que Jerry tiene para matar a las chicas pero que lo haga sin ninguna dificultad. El autor nos ahorra los detalles del asesinato pero casi es mucho peor. En una línea revela toda la crudeza del hecho, la brutalidad del asesino y la pasividad del cómplice, Jerry utilizó la misma piedra con las dos chicas.

Miramos la violencia de género y los asesinatos de mujeres bajo un prisma que yo considero erróneo. Hasta hace unos años (y algunos hombres y mujeres lo siguen haciendo) considerábamos que las mujeres provocaban estas situaciones y, en cierta manera, lo seguimos haciendo cuando nos preguntamos e insistimos en saber por qué las mujeres no han hecho algo para evitar la violencia de sus parejas. Por qué no se han ido de casa, por qué no han denunciado, por qué no han buscado ayuda de sus familias. Siempre la responsabilidad está en la mujer que hizo todo lo posible para evitar su muerte, no actuó correctamente.

Aunque en este cuento no hay una relación sentimental y no sería exactamente violencia de género, sí que pone de manifiesto el ánimo que impulsa a estos hombres, a los que una cerilla apagada les calentaría la polla. La frustración y la cacería. Lo único que hace la víctima es pasar por allí en un momento inoportuno.

Raymond Carver es el máximo representante de lo que se llama realismo sucio. Es de esos escritores que te deja el alma en vilo, al menos en este cuento. Apenas esboza lo aterrador que puede ser el ser humano y sin explicarte nada más y sin dejarte tiempo para asimilar, termina el cuento. Así, sin más. 



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