lunes, 1 de octubre de 2018

Novela: En estado salvaje de Charlotte Wood (2015)


La autora.-
Novelista australiana con fama de provocadora y desde luego por esta novela lo es. Con esta novela ganó el Stella Prize, premio establecido en 2013 para cualquier tipo de género literario escrito por mujeres. Hasta ahora no se ha traducido ninguna de sus otras obras al castellano. 

Mi opinión.-
A primera vista se podría creer que ésta es otra novela de distopía terrorífica donde las mujeres son las protagonistas principales. Sin embargo, nada más empezarla vemos que lo más terrorífico es que podría darse perfectamente en la realidad. Es más, la autora se inspiró en hechos reales.

Diez mujeres jóvenes se despiertan en un lugar aterrador después de haber sido drogadas. No se conocen entre ellas, aunque algunas son famosas. Los guardianes les rapan el pelo, las visten con harapos y les racionan la comida. Las obligan a trabajar y las maltratan, aunque no hay agresiones sexuales. Y esperan.

Este es el canto siniestro de los dacelos o cucaburras. 
Parecen reírse amargamente de ti o quizá de ellos mismos

Vera y Yala se distinguirán pronto de las otras y también entre ellas mismas. Yala se servirá de su instinto para sobrevivir. Se convertirá en una cazadora y renunciará incluso a hablar. Vera, por el contrario, explotará al máximo sus capacidades racionales para tratar de escapar. Es una mujer muy culta y recordará sin cesar sus visitas a ciudades europeas y a museos y será capaz de trazar un plan para eliminar a su carcelero que, sorprendentemente, saldrá bien. El resto de compañeras quedan diluidas por la fuerte personalidad de Yala y de Vera.


Poco a poco vamos descubriendo que todas tienen algo en común. Han sido víctimas de agresiones sexuales o han manifestado algún tipo de conducta sexual no aceptada por una sociedad occidental y se han atrevido a denunciarlo. Como consecuencia de ello sufren este internamiento y una violencia atroz contra sus cuerpos que proviene de la actitud de sus carceleros que a su vez viven encarcelados allí y también proviene de un medio ambiente agreste. Una granja abandonada y cercada por una valla eléctrica, en un paraje inhóspito.


A medida que todos los personajes caen en la cuenta de que nadie irá a por ellos, los papeles se invierten. Las prisioneras ya no lo serán tanto y los carceleros perderán parte de su poder. En ese momento, me recordó a la novela de William Golding El señor de las moscas donde unos niños que han sufrido un accidente y han ido a parar a un isla desierta reinventan la humanidad con los mismos errores y abusos. Y pensé que también sería el inicio de una nueva tribu, una tribu matriarcal. Especialmente, cuando las mujeres se comprometen a fabricar una muñeca. Una muñeca que resulta ser siniestra. Pero no, no crean una nueva sociedad.

El señor de las moscas 
No entendemos porqué durante toda la novela las prisioneras son sometidas a esa violencia brutal, física, psíquica y también medioambiental que, sin embargo no necesita ser explícita ni macabra. No hay redención en el enciero pero tampoco hay muerte. Hay existencia sin esperanza y el único deseo de prorrogar el sufrimiento sin ninguna explicación. Pero en el mundo real, a menudo, tampoco entendemos porqué nos pasan las cosas.


El estilo de la autora puede definirse como lacónico, brutal, llevando a las mujeres y a los carceleros al borde de la animalidad; pero, resulta también lírico, extremadamente intenso y doloroso. Es una novela desagradable, a veces repulsiva que, en un contexto de supervivencia es capaz de relacionar la compasión de Yala acunando a un canguro moribundo con una nueva Piedad de Miguel Ángel o comparar la exuberancia de flores y animales en los tapices del Museo de Cluny con la brutalidad de un paisaje habitado por hierbajos y pájaros estruendosos. 


No puedes dejar de leer porque está basada en hechos reales. En todos los países del mundo hay o ha habido técnicas e instituciones para reeducar a las mujeres desviadas. Aquí, en España, los conventos  o los manicomios servían para esconder los deslices de las jóvenes. No es tan extraño pensar que, en otros países, todavía sigan existiendo. Terrorífico.




En estado salvaje
Charlotte Wood

Traducción: Miguel Temprano García

Ed. Lumen

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