jueves, 8 de diciembre de 2016

Teatro: Incendios de Wajdi Mouawad (2016)

Ahora que estamos juntos todo irá mejor. Eso repite constantemente la anciana Nawal a modo de estribillo cuando vuelve a hablar después de estar cinco años en silencio. Es un deseo más que una afirmación. Un deseo que tiene probabilidades de hacerse realidad pero que al final de la obra no queda claro si se cumplirá o no. 

Vi la adaptación cinematográfica de esta obra de teatro realizada por Denis Villeneuve en 2010 y me conmovió, pero ahora en una nueva adaptación teatral, despojada de escenografías superfluas, todavía resulta mucho más impactante. La obra se divide en cuatro incendios y los distintos tiempos se superponen e incluso comparten espacio. Casi todos los actores interpretan varios personajes y exigen toda la atención del espectador durante las tres horas de espectáculo. Imposible destacar la actuación de sólo uno de los actores porque todas las interpretaciones son magníficas.



El autor, Wajdi Mouawad, retoma la emoción de la tragedia griega, de la fatalidad mediterránea y la sitúa en el contexto del conflicto secular y repetitivo del Líbano. Nawal, una joven cristiana de un pueblo de las montañas del Líbano, se enamora de Wahab, joven musulmán refugiado. Amor imposible en la tierra de Caín y Abel. Ella se queda embarazada y le obligan a dejar a su hijo en un orfanato. Ese es el origen o uno de los orígenes de la tragedia. Muchos años después, el notario Lebel, cita a Jeanne y Simón, hijos gemelos de Nawal, para la lectura del testamento de ésta.



La obra se mueve entre esos dos momentos y va oscilando de uno a otro. Los gemelos antagónicos tendrán que descubrir la historia de Nawal, de su país, de la guerra, de la maternidad, de la paternidad y de la brutalidad vivida, porque esa historia es la base que tiene que dar sentido a su cómoda vida actual, en un país occidental donde ambos han podido estudiar, trabajar y vivir en libertad, pero sintiendo siempre, siendo conscientes de haber sufrido una gran pérdida.



En la lectura del testamento conocemos a la Nawal anciana (Nuria Espert) que, a juzgar por los reproches de Simón, no ha sido nunca una madre amorosa. Siempre se refería a ellos como los gemelos, la gemela o el gemelo, nunca por sus nombres, nunca llamándoles hijos. No es difícil imaginar que Nawal sufrió una maternidad que no quería, pero ¿por qué? Eso es lo que los gemelos tendrán que descubrir. En sus últimos años de vida, Nawal ha vivido en una residencia de ancianos y no ha sido capaz de articular ninguna palabra, aterrorizada o quizá asqueada de vivir. Jeanne tampoco dice nada mientras el notario y su hermano hablan. Las mujeres callan, los hombres hablan.



Nawal ha dejado junto a su testamento un encargo pendiente para los gemelos. Tendrán que entregar cada uno de ellos una carta: una de ellas dirigida a su hermano mayor y la otra carta a su padre. A la sorpresa de descubrir que tienen una familia que desconocían, le sigue la rabia contra su madre porque sigue dominando sus vidas. Simón rechaza el encargo, pero Jeanne lo acepta. Los gemelos tienen caracteres opuestos y comportamientos antagónicos, pero se quieren. La verborrea de Simón, el silencio de Jeanne. La rabia de Simón, el dolor de Jeanne. La pasividad de Simón, el empuje de Jeanne. Al final, la emotividad de Simón y la racionalidad de Jeanne.



Al embarcarse en esa búsqueda Jeanne, y más tarde Simón, deben de viajar al pasado de su madre. A un pasado de miseria, guerra, dolor, donde encuentran a otra Nawal, adolescente y joven, enamorada de quien está prohibido para ella. Nawal resentida contra su propia madre y contra todos aquellos que le quitaron a su hijo, al único hijo que había querido tener. Nawal inteligente y valiente, comprometida con la causa de quienes sufrieron la guerra. Nawal, asesina de un guerrillero, encarcelada, torturada y violada repetidamente por Nihad. Nihad es el francotirador que disfruta cazando seres humanos, el torturador que escuchaba cantar a Nawal, el violador de Nawal y también el hijo con nariz de payaso que busca a sus padres. Durante su cautiverio Nawal fue la mujer que canta; durante sus últimos años fue la mujer que no quiso seguir hablando.


Al final de la obra, Nawal recupera la voz por última vez y asistimos al descubrimiento terrible de que dos pueden ser uno y después de su monólogo sobre la dignidad humana, lo único que todos pueden decir es Ahora que estamos juntos todo irá mejor. Pase lo que pase, te amaré siempre.


Durante el transcurso de las guerra civiles, no es de extrañar que los miembros de las familias se despedacen entre ellos. Así ocurrió entre 1936 y 1939 en España y en el Líbano de 1975 a 1990. Con el fin del enfrentamiento, se abren procesos precarios e inseguros de restablecimiento de la paz, de la reconciliación y del perdón. Pero Caín siempre vuelve. 

Autor: Wajdi Mouawad
Direcctor: Mario Gas

Intérpretes: 
Ramón Barea, Álex García, Carlota Olcina, Alberto Iglesias, Laia Marull, Edu Soto, Nuria Espert, Lucía Barrado.



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