jueves, 30 de junio de 2016

Cine: Laura de Otto Preminger (1944)

En Laura, una mujer fascinante y misteriosa, una inocente femme fatale, logra un nuevo triunfo respecto al hombre. Consigue enamorar a pesar de estar muerta. Mark McPherson (Dana Andrews) es detective en la ciudad de Nueva York; Laura Hunt (Gene Tierney) ha sido asesinada y él se hace cargo de la investigación. A través del testimonio de los sospechosos y de un cuadro que la representa en todo su esplendor, Laura cautiva al detective.

Los sospechosos pertenecen a su entorno más próximo. Su amigo y mentor Waldo Lydecker (Clifton Webb) conoció a Laura cuando ésta acababa de terminar sus estudios y, en cierto sentido, considera que ella es su obra maestra. Es un periodista cáustico, que en su vejez ha descubierto los celos obsesivos. Shelby Carpenter (Vincent Price) es el prometido de Laura; por lo menos era su prometido hasta que ella descubre sus infidelidades. Con la ruptura de su compromiso también se desvanece la posibilidad de acceder a la considerable fortuna de Laura. Laura ha ejercido, aunque involuntariamente, su fascinación sobre estos hombres, aunque algunos no merecieran ni siquiera su saludo. Etiquetada como femme fatale sin embargo, no hace nada para atraer a la tragedia; la estupidez y el engreimiento de los hombres son los que forjan la tragedia.



Es un thriller clásico, cine negro elegante que, si bien no se sumerge en las cloacas de gánsteres y mafiosos, se afana por adentrarse en los recovecos del alma humana, del alma de los hombres que, aparentemente triunfadores, no llevan muy bien ser sustituidos por otros. Un periodista, un vividor y un detective deslumbrados por una única mujer que no se había propuesto deslumbrarlos. Es evidente que la mujer no tiene nada que ver en ese deslumbramiento, sólo es utilizada como trofeo de caza.



Esta peli, formalmente, tampoco sigue las directrices clásicas del cine negro. La ambientación es exquisita. El director procura mostrarnos con lentos movimientos de cámara el lujoso apartamento en Nueva York, donde vivía la víctima. La iluminación huye del brutal claroscuro y se llena de vibrantes matices que realzan todo lo que perteneció a Laura. Y la música que se encarga de hacerla presente aunque ella no esté. Todo gira alrededor de Laura. Y todo ello enamora al detective McPherson, que, sin haberla conocido, vaga por su apartamento husmeando en su ropa, en su diario, en sus sábanas. Es la representación de la necrofilia más elegante que nunca se haya filmado.



Una de las cosas que me sorprendía de esta película es que Laura desempeñaba una profesión y demostraba una gran seguridad en sí misma. No es muy conocido que la autora de la novela original fuese una mujer. Vera Caspary había nacido en Chicago, hija de emigrantes judíos. Después de la muerte de su padre y durante la Gran Depresión tuvo que ponerse a trabajar para mantener a su madre. Fue una prolífica escritora de éxito y también guionista de cine. Llegó a afiliarse al Partido Comunista Americano y fue incluida en la “lista gris”. Los pertenecientes a esta lista no eran considerados peligrosos, pero sí que se les instaba a denunciar a antiguos compañeros suyos por comportamiento antipatriótico. Caspary y su marido decidieron trasladarse a vivir a Europa. 




Director: Otto Preminger
Guion: Jay Dratler, Samuel Hoffenstein, Betty Reinhardt (Novela: Vera Caspary)
Música: David Raksin 
Fotografía: Joseph LaShelle
Intérpretes: Gene Tierney, Dana Andrews, Clifton Webb, Judith Anderson, Vincent Price. 

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