lunes, 22 de enero de 2018

Exposición: Goya y la Corte Ilustrada. CaixaForum

Ayer se acabó la exposición Goya y la Corte Ilustrada en CaixaForum, Zaragoza, que ya comenté hace unos días pero todavía me dio tiempo a verla una vez más y fotografiar algunos detalles.

La reina María Luis de Parma había perdido los dientes pero siempre presumía de la perfección de sus brazos. En este retrato de Mariano Salvador Maella se puede ver la delicadeza con que están pintadas sus manos y los detalles del encaje. Posa con una expresión más amable de lo que era era habitual en esta reina. La pobre tuvo 23 embarazos y perdió a la mayoría de sus hijos, como abortos espontáneos o en la primera infancia. También rivalizaba con la Duquesa de Alba y se dice que mandó quemar su palacio.

María Luisa de Parma, reina de España. Mariano Salvador Maella


Dicen que Goya no sabía pintar manos (ni caballos) y por eso siempre trataba de esconderlas en sus cuadros. Quizá por eso el rey mantiene el puño cerrado en este cuadro. Pero el color rojo del traje de terciopelo es impresionante y las pinceladas que simulan los bordados de plata también.


Carlos IV, rey. Francisco de Goya
María Antonia Fernanda fue la hija menor de Felipe V y de Isabel de Farnesio y por su matrimonio con Víctor Manuel III de Saboya, reina de Cerdeña. También tuvo trece hijos. Lleva en la mano un clavel.

María Antonia Fernanda, hija de Felipe V. Jacobo Amigoni
Otro retrato de María Luisa de Parma, esta vez con tontillo, a la moda del siglo XVII, y en el que destacan sus brazos y su espectacular tocado, una escofieta francesa. Sobre el manto de armiño, junto a la reina, la corona de España. La reina lleva en la sien un chiqueador. Parece un lunar o una verruga enorme, pero no. Eran unos parches de tela que, en principio, se impregnaban con sustancias medicinales y calmantes; pero después se perfumaron y fueron considerados seña de distinción y elegancia. Llama la atención también la delicadeza del tafetán del vestido. Y del anillo, ¿qué me decís?

La reina María Luisa con tontillo. Francisco de Goya



La infanta Carlota Joaquina fue hija de Carlos IV y María Luisa de Parma (la de los 23 embarazos). En este retrato apenas tenía 10 años y es toda dulzura, inocencia y delicadeza. Así se muestra en cómo sostiene un pajarito. Vestida de gala y también con tontillo, un artilugio que ya estaba un poco pasado de moda. Pero se trataba de un retrato con motivo de sus esponsales y había que impresionar al novio. Destaca la delicadeza de su cuello.

Carlota Joaquina, infanta de España, reina de Portugal. Mariano Salvador Maella



Ya he comentado que decían de Goya que no sabía pintar caballos, pero no se puede decir lo mismo de los perros. A cada uno de ellos le dotaba de su propia personalidad. Podían parecer pesarosos, enfadados y gruñones, tranquilos a los pies de su amo o inquietantemente suplicantes. Dan ganas de sacarlos de los cuadros y darles un achuchón. 

La acerolera. Perrillos suplicantes

Cazador cargando su escopeta. Claramente enfadado
Niños con perros de presa. A veces pasa desapercibido que son dos

Caza con reclamo. Acechante

Carlos III cazador. Tranquilo y confiado
El ciego músico. Ramón Bayeu y Subías. El lazarillo toca las castañuelos y el perro baila





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