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jueves, 21 de julio de 2016

Exposición de Fotografía: Retratos de Papel de Chema Conesa

Dentro del Festival PhotoEspaña 2016, en La Lonja de Zaragoza, se puede visitar la exposición de Chema Conesa, Retratos de Papel. Se puede encontrar a todos y todas las ilustres de España, de diferentes ámbitos y desde los años 1980. Políticos, escritoras, deportistas, toreros, actores y actrices, cantantes también. Retratos brillantes, frescos, con una espontaneidad muy calculada. Con una puesta en escena a veces sencilla y otras sofisticada, que refleja una parte importante de la personalidad del retratado.

Emma Suárez

Así el paisaje vasco aparece como una prolongación de Arzallus. En su retrato, el político está sentado, dando la espalda al espectador y mirando hacia el horizonte parece que estuviera pensando “algún día todo esto será mío”. También hay un retrato muy especial de las manos de Miguel Delibes, escribiendo. En su mano están las dos alianzas de matrimonio, la suya y la de su mujer, Ángeles de Castro. Antes era costumbre, cuando una persona enviudaba llevar la alianza del muerto para perpetuar de alguna manera el compromiso de matrimonio más allá de la muerte. Los hombres solían llevar las alianzas de sus mujeres en el dedo meñique.

Miguel Delibes

Otra de las fotos que más me ha gustado es una de tres escritoras guapísimas. Ana María Matute, Carmen Martín Gaite y Josefina Aldecoa, en actitudes completamente diferentes que muestran sus personalidades. La ironía de Matute, la alegría de Martín Gaite y la gravedad de Aldecoa combinan perfectamente, frente a la puerta de la clase de lo que parece un colegio de los años 1950.

Troupe Almodóvar

Y las fotos divertidísimas de la troupe Almodóvar y Emma Suárez e Icíar Bollaín o Penélope Cruz. A veces elige fondos neutros como en el retrato del escultor Eduardo Chillada, una pared de piedra y otras, un fondo urbano como en el caso del pintor hiperrealista Antonio López. De cualquier de las dos maneras sitúa a los personajes ante un elemento que define su personalidad. 

Antonio López
Eduardo Chillida

Hay otras que llevan una puesta en escena mucho más elaborada como los retratos de Pilar Miró, Areilza o Punset.

Pilar Miró

Conesa empezó su carrera profesional como fotógrafo y periodista a finales de los años 1970 y durante muchos años trabajó para El País y El mundo. La mayoría de estas fotografías están pensadas para ser publicadas en las revistas del domingo, como complemento para una entrevista en profundidad del retratado. Me gustaría haber conservado alguno de esos dominicales. Conesa se quejaba de que siempre le daban poco tiempo para hacer la foto (ha habido siempre poco respeto para el trabajo del fotógrafo). No sé cómo lo hacía pero en ese poco tiempo conseguía que el entrevistado se dejase seducir por la cámara y le contara sus secretos.

Eduard Punset


Hay una serie también de retratos en primer plano en blanco y negro impresionante por la sencillez de la composición y la profundidad de las miradas, como el de Pilar Bardem. Una exposición para no perdérsela.




Retratos de Papel 
Chema Conesa
La Lonja - Plaza del Pilar s/n - Zaragoza
del 20 de mayo al 4 de septiembre 

lunes, 2 de noviembre de 2015

Cine: Lasa y Zabala (2014) de Pablo Malo

Creo que desde los años 1960 la mayor tragedia que hemos vivido los españoles ha sido el terrorismo de ETA; pero nos hemos negado, no sé por qué, a analizar (desde todos los puntos de vista posibles y desde todas las disciplinas académicas) que pasó, cómo surgió o qué pretendía. Todos, es cierto, que hemos seguido las informaciones de la prensa, los comunicados de la banda terrorista y las declaraciones de políticos, pero no ha existido un verdadero análisis social, económico o antropológico de lo que ha sido el terrorismo de ETA. Siempre he pensado que el cine, en general, debería contribuir a facilitar ese análisis y que el cine español debería tratar el tema, desde diversos puntos de vista, al menos con una película al año, porque cualquier actividad humana es susceptible de ser analizada, pero no todas pueden tener explicación.

Por mi parte, no logro entender como unos jóvenes, apenas adolescentes, en los años 1980, consideraron su derecho y su obligación, bajo el pretexto de una causa política (la independencia del País Vasco), matar a otros jóvenes que llevaban distinto uniforme (policía, guardia civil y militares) y que, a veces provenían de zonas de España en las que no había muchas expectativas laborales. Además teniendo en cuenta que entonces gobernaba un partido socialista, que disfrutábamos de unas cotas de derechos civiles impensables unos años antes y que, bajo el amparo de la Constitución de 1978, se estaba estructurando un estado de las autonomías, imperfecto y ahora muy cuestionado, pero con un nivel de distribución de competencias incluso superior al de algunas repúblicas federales europeas. 


En los años 1980, la mayoría de los jóvenes sólo queríamos fumar porros y follar todo lo posible, disfrutar de la noche, de la música y los primeros conciertos internacionales, estudiar y encontrar un buen trabajo. Era el tiempo de la movida, de Almodóvar y de tomar la calle para divertirse. Pero en el País Vasco, una parte considerable de sus jóvenes no lo veía así. Yo no he tenido nunca un sentimiento nacionalista marcado, ni por mi comunidad autónoma ni por mi país. He sido siempre bastante crítica con eso, porque me parece que tiene un componente muy fuerte de masculinidad mal entendida. Desde el punto de vista de la crítica feminista, no creo que ninguna mujer deba tener sentimientos hacia las fronteras que los varones han creado y además estoy absolutamente segura de que dentro de esas fronteras (de cualquiera de esas fronteras vascas o españolas o catalanas) las mujeres siempre hemos sido ciudadanas de segunda o de tercera. Y seguirá siendo así por mucho tiempo. No tengo datos recientes, pero en el País Vasco no ha habido ninguna candidata a lendakari, ni alcaldesas para las ciudades principales ni para ningún otro cargo político relevante. 


Pero, a pesar de que yo no lo tenga, respeto el sentimiento nacionalista de otros, aunque no lo entienda y aunque ese sentimiento tampoco tenga una fundamentación histórica sólida. Mirando siempre al futuro debemos de encontrar maneras de convivir y coexistir y si la independencia de una parte de España, sea Cataluña, el País Vasco o Extremadura, es decidida por una amplia mayoría de la población la admitiré sin ningún problema; siempre que sea por cauces legales y siempre que el nacionalismo español no quiera impedir sus derechos al resto de nacionalismos. En este asunto, y en muchos otros, a veces parece que asistamos a una berrea de machos, meando todos a la vez para marcar territorio y excluir al otro.



Todo esto para decir que la película Lasa y Zabala me ha parecido fallida. Creo que el director tenía buenas intenciones, pero ha querido abarcar demasiado y al final no ha encontrado el tono adecuado para narrar la historia. Lasa y Zabala eran dos jóvenes de ETA (casi adolescentes) que fueron secuestrados en 1983 en Francia y torturados y asesinados en España por los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación, dicho de otra manera terrorismo de estado), durante los años de plomo o de la guerra sucia. Pero si no se ha vivido o estudiado esa época, poco se puede entender de la película. No recrea el ambiente de terror, propiciado por el terrorismo de ETA y por el terrorismo de estado; en este sentido la película no es explicativa. El director ha elegido un tono narrativo bastante neutro, pero que al final resulta poco emocionante. No tiene tampoco ritmo de thriller, ni se centra en la investigación policial. Aparentemente es una crónica no lineal de los hechos, que salta en el tiempo entre el momento del asesinato y el momento posterior cuando se identifican los restos que por casualidad se encuentran en Alicante diez años después. Los personajes tampoco son muy elaborados. Son figuras de cartón piedra: en el bando de los GAL, los personajes acaban definiéndose por sus patologías mentales y en el bando abertzale, el abogado (inspirado en el personaje real de Íñigo Iruín) abrumado por las circunstancias, apenas tiene unos segundos de dilema moral, cuando su ayudante es asesinado con una carta-bomba. El director tampoco incide en las consecuencias políticas y sociales que tuvo el caso Lasa y Zabala, pasa de puntillas por el juicio, enumera las principales condenas y menciona que los principales acusados pasaron muy pocos años en la cárcel por diversos motivos.

Los verdaderos Lasa y Zabala

Sí que destaco la interpretación de Unax Ugalde como el abogado, Francesc Orella como Galindo y Ricard Sales que interpreta al guardia civil Dorado, uno de los implicados directamente en la muerte de Lasa y Zabala. Una lástima que la película haya quedado tan corta, en unos aspectos, por haber querido abarcar demasiado. 



Director: Pablo Malo 
Guion: Joanes Urkixo 
Fotografía: Aitor Mantxola 
Intérpretes: Unax Ugalde, Francesc Orella, Ricard Sales, Oriol Vila, Joan Anza, Cristian Merchan. 

jueves, 4 de diciembre de 2014

Novela: Foto movida de Miguel Mena (2014)

El autor.-
Miguel Mena es periodista y escritor, aunque a él le gusta definirse como locutor de radio. Actualmente trabaja en Radio Zaragoza de la Cadena SER, realizando el programa “A vivir Aragón”. También colabora en la prensa escrita. Nació en Madrid pero vive en Zaragoza desde 1983. Foto Movida, junto con Días sin tregua y Todas las miradas del mundo, son una trilogía protagonizada por el inspector Mainar, ambientada en España a comienzos de los años 80.

Sinopsis.-
Almudena Montiso es una joven madrileña de clase media-alta y comportamiento peculiar. Pero en los años 80 esto no es nada extraño. La música, las drogas y un enorme deseo de vivir la vida, la dejan muerta en el lavabo de una disco de moda.

Mi opinión.-
Lo que más me ha llamado la atención es que el autor no deja ni un milímetro de novela sin que esté impregnado por la amargura. Ni el ambiente musical, ni por supuesto el ambiente policial suponen un resquicio para la esperanza.

Es una novela emocionante, pero que se queda corta. Es cierto que el título ya avisa, Foto movida. Cada uno de los capítulos comienza con la descripción detallada de una situación en presente, en la inmediatez. Son fotos que componen un mosaico de expectativas, frustraciones y análisis de caracteres de los personajes y también de aquellos años 80 que empiezan a estar un poco lejos. Pero es precisamente por ser fotos que se quedan demasiado esquemáticas. El autor aprovecha para enlazar los acontecimientos de la trama principal, la muerte de Almudena, con otros históricos: los secuestros y asesinatos cometidos por ETA, accidentes en el aeropuerto de Barajas, el incendio de la discoteca Alcalá 20, el nacimiento de los GAL; todo ello pasó en un espacio de tiempo relativamente breve, no es una licencia del escritor. El problema es que, lógicamente, no entra a fondo en el análisis de ninguno de ellos porque tampoco son cruciales para la trama. Quedan como fotos, retratos de una generación, pero a mí me ha sabido a poco.

Es una época que me resulta especial y personalmente atrayente. Por toda la alegría y color que suponía la movida, después del ambiente de grisura del último franquismo; sabemos todos que toda esa explosión de creatividad tenía también su contrapartida, las drogas, los primeros casos de SIDA, la penalización de la homosexualidad expresada abiertamente. Sin embargo, no me esperaba tanta amargura.  

El inspector Mainar, protagonista de otras dos novelas, también es un personaje completamente melancólico. Quiere ser ya un policía de la nueva escuela, de los demócratas, pero eso no será posible debido a la situación política, los años de plomo de ETA. Se queda como eslabón perdido entre los jóvenes de la movida y entre sus colegas de profesión; demasiado viejo para entender a los primeros, demasiado joven para sentir tanta amargura. Después del divorcio, casi con 40 años, quiere salir de la culpabilidad que siente por no saber cómo relacionarse con su hija. Una niña discapacitada de pocos años. Además, sin esperarlo, la vida le pone frente a Maribel, un antiguo amor de adolescencia, y también se pierde al intentar reiniciar su vida amorosa.

Demasiadas cosas quedan abiertas en la novela, pero aun así me ha resultado conmovedora. 


Foto movida 
Miguel Mena

Ed. Suma de letras