Mostrando entradas con la etiqueta guerra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta guerra. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de agosto de 2018

Cine: Nos vemos allá arriba de Albert Dupontel (2017)


Todas las guerras son brutales, pero la Primera Guerra Mundial destacó por su poder mortífero. En muy pocos años se habían producido grandes avances tecnológicos en el arte de hacer la guerra, sin embargo la IGM siguió siendo una guerra de campo, de trincheras, cuerpo a cuerpo. Es por esto que quedaron muchos mutilados de guerra. Además, especialmente debido a las explosiones y al empleo, por primera vez, de gases tóxicos, las mutilaciones se produjeron en la cabeza y la cara.


En este momento empezó a desarrollarse la cirugía reconstrutiva y estética. Los heridos pasaban por un sinfín de operaciones y se veían obligados a llevar aparatos especiales y máscaras que disimulasen sus atroces heridas. En Francia se les llamó los gueules cassées, los caras rotas, y llegaron a constituirse en asociación, consiguiendo que se obligase a las empresas a contratarles.


Pierre Lemaitre escribió la novela en la que se basa esta película en 2013 y con ella ganó el Premio Goncourt. Es muy conocido por su serie policíaca pero Nos vemos allá arriba supuso una inflexión en su carrera. A partir de la tragedia de la guerra, Lemaitre examina la sociedad de posguerra para dejar claro que tanto una como otra son negocio para unos pocos y experiencias terribles para la mayoría.


La adaptación al cine tiene el ritmo y el color de un cuento para adultos. Una mascarada que, en algunos primeros planos, recuerda a Amélie. Pero es también un ejercicio de crítica social. Critica las relaciones entre padres e hijos basadas únicamente en el autoritarismo y critica también la codicia y la ambición de personajes sin escrúpulos. Aunque, al final, haya un final esperanzador.


Albert Maillart y Édouard Péricourt interpretados por Albert Dupontel y Nahuel Pérez Biscayart, son dos soldados forzosos que en los últimos días de la Gran Guerra participan en una acción totalmente inútil, ordenada por el capitán Pradelle, codicioso, sádico y trepa. Allí se salvan mutuamente la vida, aunque Édouard queda convertido en un gueule cassée.


Los tres tienen que adaptarse a la vida de posguerra. Édouard pertenece a la gran burguesía parisina. Ha sido educado con una gran severidad por su padre que, sin embargo, no ha conseguido extirpar el talento artístico de su hijo. Es un espíritu bohemio y soñador que no puede admitir su mutilación y prefiere que su familia le considere muerto.


Albert es un hombre mayor que ha sido reclutado para la guerra porque se quedó sin trabajo. Se convierte en el compañero inseparable de Édouard porque le debe la vida y porque no tiene adonde ir. Pradelle, el villano sanguinario seguirá con sus estrategias, timos y engaños para procurarse una vida mejor e incluso seducirá a la hermana de Édouard para emparentar con los burgueses ricos y dar su salto a la política.


Así los tres personajes se reencuentran en la vida de posguerra para solucionar sus cuentas pendientes. Édouard utilizará su talento para idear una estafa y conseguir dinero para Albert y juntos planearán la venganza contra Pradelle y el padre de Édouard que vive consumido por el dolor de la pérdida de su hijo. La picaresca y la mascarada no son obstáculo para que la narración se llene de ternura, vitalidad y humor.



Las máscaras que Édouard confecciona para ocultar su deformidad son reflejo de su estado de ánimo y también de su gran creatividad y pasión por la vida. Son graciosas, sencillas, enigmáticas, sofisticadas o brutales, pero todas son parte de él y, junto con su mirada, expresan lo que ya no puede decir con su voz. Una sátira sobre la guerra y la posguerra y las relaciones autoritarias entre padres e hijos no exenta de esperanza y ternura.


Dirección: Albert Dupontel 
Guion: Albert Dupontel y Pierre Lemaitre (novela de Pierre Lemaitre)
Fotografía: Vincente Mathias
Intérpretes: Albert Dupontel, Nahuel Pérez Biscayart, Niels Arestrup, Laurent Lafitte.

lunes, 15 de enero de 2018

Cine: Espías desde el cielo de Gavin Hood (2015)

Zygmunt Bauman en su libro Modernidad y Holocausto consideraba al holocausto no como una locura de unos pocos, sino como un producto normal de la sociedad moderna occidental. Ya comenté en otro post de este blog lo horripilante que me parecía esta afirmación, pero al mismo tiempo muy adecuada, Modernidad y Holocausto. 

Los avances tecnológicos durante los dos últimos siglos han facilitado la guerra a distancia. Presionar un botón para matar a otros, durante la II Guerra Mundial, podía liberar al ejecutor de sus íntimos remordimientos. No es eso lo que se afirma en esta película. A pesar de exhibir todo un alarde de tecnología ultramoderna aplicada en una guerra asimétrica y además peleada a distancia, queda todavía espacio para las dudas morales de quienes deciden bombardear y de quienes, en última instancia, pulsan el botón.



Así podemos observar el proceso de toma de decisiones en el caso de un bombardeo con víctimas colaterales civiles y la realización efectiva de esa decisión tomada. Y en ese proceso tendremos la oportunidad de ver no sólo la jerarquización de la toma de decisiones, sino también el enfrentamiento entre los distintos niveles. Por un lado, la confrontación entre políticos y militares; por otro, los estilos diferentes entre británicos y estadounidenses; y por último, la guerra tradicional que requiere la infiltración de agentes en el campo del enemigo frente a la guerra tecnológica a distancia.


Todo ello se mezcla en este thriller muy eficazmente y con la entrega absoluta de sus actores principales, Helen Mirren y Alan Rickman entre los más conocidos, pero todo el reparto cumple muy bien su cometido. Especialmente porque consiguen transmitir las sensaciones de peligro, inseguridad, impotencia y duda, simplemente sentados frente a una pantalla de ordenador.


Después de hacer un seguimiento durante años, los británicos tienen la oportunidad de detener a una peligrosa terrorista británica, convertida en esposa de un líder de al-Shabab en Kenia. Pero durante la última vigilancia, descubren que, en esa misma casa, varios terroristas suicidas se están preparando para realizar un atentado. Descartando la posibilidad de detener a la terrorista, deben de enfrentarse a tomar la decisión de bombardear la casa y con ello ocasionar daños colaterales, muerte, mutilación y heridas, en civiles indefensos. La personificación de estos civiles indefensos será una niña que se sienta a vender pan en la misma esquina donde se está preparando el atentado. Ver el rostro de esa niña, ponerle cara a las víctimas, paraliza el final de una operación largamente planeada durante un tiempo precioso.



Así, veremos reunidos a todos los intervinientes británicos. Militares, parlamentarios, juristas y miembros del gobierno expresarán sus dudas y temores. Ante los argumentos sobre el claro mal menor de los militares, políticos tratan de eludir su responsabilidad en la decisión. El ministro de defensa quiere pasarle la decisión al ministro de asuntos exteriores. Pero éste, ha comido unas gambas en mal estado y tiene una diarrea terrible. No se siente capaz de decidir porque además hay ciudadanos estadounidenses entre los terroristas. Así que decide consultar obligatoriamente con el secretario de estado de EEUU.


Y el secretario de estado, que no tiene tantos remilgos como los europeos, está encantado de que maten a un traidor a la patria y además no quiere que le molesten mientras está jugando al tenis de mesa con una representación de chinos que, al fin y al cabo, tienen el dinero que EEUU necesita. Llega un momento en que el espectador puede pensar que la guerra es bastante parecida a lo que Gila, gran humorista, decía con su teléfono: “¿Está el enemigo? Que se ponga”.


Tampoco la representante del Parlamento británico queda en muy buen lugar. A pesar de que el jurista mantiene que jurídicamente ese bombardeo no sería reprochable, la parlamentaria no se atreve a refrendar esa decisión aduciendo que la opinión pública no perdonaría la existencia de víctimas inocentes; aunque en un nivel más profundo, todos entendemos que su preocupación no está con las víctimas sino con la posibilidad de perder las próximas elecciones.


A pesar de todos estos impedimentos, una vez tomada la decisión de bombardear, corresponde dar voz a quienes deben ejecutarla porque serán los que carguen en su conciencia con la muerte de los inocentes. Esta vez es más fácil, puesto que los militares están sujetos a la cadena de mando, pero aún con todo, pueden expresar sus objeciones antes de acatar la orden de bombardear y pedir una evaluación de riesgo, simplemente para ganar un poco de tiempo e intentar que la niña desaparezca de la diana. Para esto contarán con la ayuda de los agentes de campo africanos. La intervención de estos últimos nos hace ver que, a pesar de toda la tecnología, el elemento humano básico y su capacidad de improvisación son imprescindibles.


Lo que no me ha gustado de la película es que toma partido, claramente, a favor de los militares y muestra a los políticos como cobardes, que quieren sacudirse la responsabilidad de decidir. En este sentido, la película es demasiado maniquea. Tampoco incluye una reflexión sobre los terroristas a los cuales no se les concede voz y vemos siempre a distancia. Todo esto, sin embargo, no resta ninguna efectividad para que la película funcione como un gran thriller. 


Director: Gavin Hood
Guion: Guy Hibbert
Música: Paul Hepker, Mark Kilian
Fotografía: Haris Zambarloukos
Intérpretes: Helen Mirren, Alan Rickman, Aaron Paul, Barkhad Abdi, Iain Glen, Phoebe Fox. 

lunes, 28 de agosto de 2017

Visita cultural: Real Maestranza de Caballería de Zaragoza

En 1912, la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza adquirió este edificio a la familia Jordán de Urriés, instalando allí su sede principal. Actualmente sigue celebrando allí sus eventos y también lleva a cabo labores de promoción cultural en la ciudad, generalmente ciclos de conferencias o conciertos. Aunque no deben de tener mucha promoción porque yo nunca me he enterado de estas convocatorias. Tendré que estar más atenta. 

Fachada principal a la calle Dormer
El edificio es un palacio renacentista, construido en el primer tercio del siglo XVI para Miguel Donlope, abogado zaragozano de origen converso y muy poderoso. Un personaje también muy culto e involucrado en política, que tuvo sus encontronazos con la Inquisición y que, quizá por eso, acabó convirtiéndose en familiar del Santo Oficio. Quizá dentro de todos los cargos de la Inquisición éste sea el más repulsivo. Los familiares se dedicaban a informar de cualquier cosa que fuese de interés, es decir, de todo. Informar también era sinónimo de delatar.

Fachada principal y vista de La Seo
De cualquier manera Donlope se construyó un caserón, que estuviese de acuerdo con su rango, situado muy cerca de la catedral de La Seo, donde residía el poder divino y también humano de la Iglesia Católica. El edificio tiene tres plantas y sótanos y aunque es casi imposible apreciar su fachada debido a la estrechez de la calle, merece la pena fijarse en la galería de arquillos y en el alero de Jaime Fanegas. Es lo único que pude fotografiar porque dentro del palacio es imposible hacer fotos.
Luna
Lógicamente lo primero que encontramos es el patio (que en Aragón llamamos luna). Muy grande y también sobrio, aunque se supone que en su momento no lo era y que la ornamentación del patio original se perdió. Hoy apenas han subsistido las columnas jónicas de alabastro. En el patio está aparcada una de las berlinas que acompañaron el cortejo nupcial de Alfonso XII y María de las Mercedes.

Berlina
Desde este patio y por la escalera principal se accede a la planta noble, ocupada hoy por las dependencias de la institución. Lo que destaca de esta escalera es la cúpula de planta octogonal mudéjar, encargada de dar luz. Es obra del fustero Bernat Giner y está rodeada por un corredor cuya única función es ornamental, similar al corredor del Salón del Trono de la Aljafería. También destacan los techos de las tres salas principales utilizadas por la Real Maestranza realizados por el mismo fustero. Giner supo combinar las nuevas tendencias renacentistas con elementos de decoración propios del mudéjar aragonés; mocárabes y lacerías en perfecta mezcla con casetones y medallones.

Cúpula Mudéjar

Detalle de la techumbre

Salón principal
En uno de los salones se exhibe un tapiz que muestra la leyenda de San Jorge y el dragón. Es una pieza del siglo XVI.

Tapiz de San Jorge


La última planta, la planta falsa, se utilizaba de almacén y despensa y actualmente no se puede visitar. En cambio sí que se pueden ver las antiguas caballerizas. A mí me resultó muy sorprendente que las caballerizas estuvieran en el sótano. Supongo que los caballos estarían allí sólo por la noche. De no ser así me parecería una tortura para los pobres animales, aunque tuvieran una buena ventilación. En la última rehabilitación se ha levantado el suelo de la primitiva rampa y se ha vuelto a poner pero en forma de escalera para facilitar el acceso de los que no tenemos cuatro patas.

Caballerizas
El origen de la Institución está en el siglo XII, por la necesidad de consolidar la conquista de Zaragoza por parte de Alfonso I el Batallador. Los nobles de la ciudad se constituyeron en Capitol de Caballeros e Infançones de la Ciutat de Çaragoça y como consta en el documento más antiguo que se conserva, de 1291, su tarea era colaborar en la tranquilidad de la ciudad. Ha subsistido desde entonces aunque haya sufrido transformaciones. En el siglo XV, el Capitol seguía involucrado en las tareas de defensa de la ciudad, junto con el ejército pero también creó la Cofradía de Justadores de San Jorge que tenía la obligación de organizar justas y torneos, rememorando su pasado caballeresco. Esta nueva cofradía tuvo mucho éxito y el propio Capitol solicitó a Fernando el Católico la unión de ambas instituciones bajo el patrocinio de San Jorge, llamándose a partir de entonces Cofradía de Caballeros de San Jorge.

Cruz de Íñigo Arista 
Pero a partir de 1591 estos caballeros cayeron en desgracia por haberse alzado en armas contra el rey castellano, defendiendo los fueros y tradiciones aragonesas, como consecuencia de la fuga de Antonio Pérez. Además, durante la Guerra de Sucesión la Cofradía se alineó con el perdedor Archiduque de Austria, y se enfrentó a Felipe V, aunque años más tarde también juraron lealtad al primer rey Borbón y siguieron rigiendo los destinos de la ciudad.

Pasillo en la planta principal
La Cofradía, durante los Sitios de 1808 y 1809, tuvo una importante actuación. Palafox había sido nombrado Capitán General del Ejército y del Reino de Aragón y se apoyó en la nobleza aragonesa para defender el territorio. Muchos nobles y cofrades participaron en esta defensa, tanto militarmente como en labores asistenciales y humanitarias durante los Sitios. Terminada la Guerra de la Independencia, Fernando VII elevó a la Cofradía al rango de Real Maestranza. Siendo la más joven de las cinco que actualmente existen en España: Ronda (1572), Sevilla (1670), Granada (1686) y Valencia (1690). A partir de entonces un miembro de la Casa Real ejerce como Hermano Mayor. Actualmente es el rey emérito Juan Carlos. 

Palafox, retratado por Goya
El Palacio de la Diputación del Reino, sede de la institución, había sido destruido durante los Sitios y la nueva Real Maestranza fijó definitivamente su nueva sede en 1835 en la Casa Donlope. Aunque es una institución en origen masculina, actualmente las mujeres también pueden pertenecer a ella. 

Detalle del alero
Real Maestranza de Caballería de Zaragoza
C/ Diego Dormer, 21

miércoles, 9 de agosto de 2017

Videoinstalación: Cuando cuento estás sólo tú... pero cuando miro hay sólo una sombra de Farideh Lashai - PhotoEspaña 2017

Goya es el pintor de la modernidad en una época de tinieblas. Todavía, en el siglo XXI, sigue siendo fuente de inspiración para los artistas. Farideh Lashai era una artista iraní muy reconocida por sus pinturas y también por ser escritora y traductora. Lashai murió en 2013 y unos años antes decidió revisitar la obra de Goya con la que se sentía muy identificada. 

Por lo poco que he visto de esta autora, su pintura podría incluirse dentro de la categoría general de la abstracción. Sin embargo, este trabajo, una videoinstalación es algo muy diferente. No sé si por la proximidad de su muerte o porque perteneció a una generación que vivió tiempos muy convulsos en Irán, tal y como le había pasado a Goya. Ambos sufrieron las penurias de la guerra y la barbarie, la represión y la intolerancia, y fueron muy conscientes de las secuelas de este sufrimiento en el ser humano.


Se ha dispuesto en la pared una selección los Desastres de la guerra de Goya. Son de pequeño tamaño y están en penumbra de manera que apenas se pueden distinguir. Les acompaña una música, un Nocturno de Chopin, suave y melancólico que acentúa todavía más la crueldad de las imágenes. Al mismo tiempo un foco va resaltando poco a poco cada una de las viñetas, para hacernos descubrir lo que tienen de especial.


Farideh Lashai fotografió estas estampas de Goya y dejó en ellas únicamente las ruinas de los edificios. No se sabe cómo los personajes que dibujó Goya han desaparecido y tampoco es importante. Será la luz proyectada por un foco, que recuerda a los focos de los campos de concentración alemanes, quien los devuelva a su vida en la estampa, además incorporando digitalmente movimiento a esos mismos personajes. Pero, en cuanto la luz desaparezca los personajes desaparecerán con ella y sólo quedarán, otra vez, la ruina y las sombras. Un eterno retorno de desolación y miseria.


Supone una reflexión profunda. Al menos a mí me hizo reflexionar. Especialmente sobre esa repetición secular de la barbarie. Nos parece que la guerra y la violencia reaparecen periódicamente en la vida del ser humano, pero es que en realidad nunca se han ido. Quizá sólo hemos vivido una apariencia de tranquilidad que el foco de Farideh Lashai se encarga de perturbar.


Tanto Lashai como Goya vivieron tiempos muy turbulentos. Fueron perseguidos y represaliados por sus respectivos gobiernos. Vivieron el exilio y también la incomprensión de sus coetáneos. Una enfermedad grave les alejó del mundo y propició que indagasen en las entrañas de la miseria humana. Al final esta obra no deja mucho sitio a la esperanza, puesto que la luz no vuelve más que para iluminar el horror.



La obra se ha instalado en la Sala 66 del Museo del Prado, en el edificio Villanueva, muy próxima a las Pinturas Negras de Goya y en perfecto diálogo con ellas. La exposición forma parte de PhotoEspaña 2017 y a mí me parece perfecto que el arte contemporáneo puede entrar donde están sus antecedentes más claros. También es de esa opinión Miguel Falomir, el director del museo, quien además se está comprometiendo en programar exposiciones de mujeres artistas, para paliar su falta dentro de la colección permanente. En el siguiente enlace más información sobre Farideh Lashai y su estilo ¿Quién es Farideh Lashai? Se ha editado también un precioso catálogo. En el Museo del Prado hasta el 10 de septiembre de 2017. 


jueves, 16 de marzo de 2017

Viajes: Ciudadela de Jaca, Huesca.

Su nombre oficial es Castillo de San Pedro. Es una fortificación construida a finales del siglo XVI por encargo del rey Felipe II para defenderse de posibles ataques franceses. Fue proyectada por Tiburcio Spanoqui, caballero de la Orden del Hospital de Jerusalén, en un barrio que quedaba fuera de las murallas de Jaca y que estaba habitado principalmente por mercaderes. 


El barrio se llamaba el Burnao. Para decidir el emplazamiento, Spanoqui recorrió todos los valles pirenaicos en el invierno de 1592. No debió ser nada fácil, además teniendo en cuenta que las coronas de Aragón y Castilla apenas hacía un siglo que se habían unido y que hacia mitad del siglo siguiente se iniciarían las revueltas en Cataluña. De todas maneras, Spanochi debió de hacer un gran trabajo porque en 1601 fue nombrado Ingeniero mayor, estando al cargo de todas las fortificaciones españolas en la península y en América.


Del Burnao sólo se conserva parte de la pequeña iglesia románica, la espadaña situada en la parte superior del acceso a la ciudadela, una talla de la virgen, del siglo XIV que puede verse en el Museo Diocesano de Jaca y la pila bautismal que hoy está en la pequeña iglesia construida dentro de la Ciudadela. En esta iglesia de San Pedro se puede ver también el sepulcro de Juan de Velasco, maestre de campo de la ciudadela hasta 1597. Actualmente sigue siendo un edificio militar aunque no hay tropas destinadas y su uso es cultural, albergando también el Museo de Miniaturas Militares, que no pude ver por falta de tiempo.


Es uno de los ejemplos mejor conservados de la arquitectura militar del siglo XVI. Con el desarrollo de la artillería ya no fue necesario construir castillos de altos muros para la defensa. En su lugar se proyectaron este tipo de edificios, con forma pentagonal para, alargando cada una de sus puntas, albergar los baluartes en forma de punta de flecha donde se emplazaban las piezas de artillería y toda la munición necesaria para una buena defensa. Cada uno de estos baluartes tiene un nombre: Santa Bárbara, España, San Francisco, Santa Orosia y San Pedro, aunque en el plano de Spanoqui son Santiago, Santa Orosia, San Francisco, San Felipe y San Jorge.


La Ciudadela tiene una única entrada protegida por un puente levadizo y un foso de cuatro metros de profundidad que nunca tuvo agua. En el foso desde 1974 vive una manada de ciervos y aunque allí están protegidos de disparos de cazadores, alguno de ellos ha muerto al parecer por comer plástico. No todo el mundo está de acuerdo con mantener a los ciervos allí para ser entretenimiento de turistas, pero de momento allí siguen.


Los pabellones militares se disponen alrededor del patio de armas y, aunque en principio se proyectaron como cinco pabellones separados, para facilitar la defensa y el acceso a los baluartes, posteriormente se unieron.


Las obras principales se terminaron en el siglo XVII y así quedó como había sido ideada por Spanoqui. No sé si por su efecto disuasorio o porque los usos y objetivos de las guerras ya habían cambiado, no tuvo mucho uso en combate como fortaleza militar, aunque sí como punto estratégico importante en la Guerra de sucesión, manteniéndose Jaca fiel a la causa de los borbones. Sin embargo, un siglo más tarde, volvió a protagonizar un enfrentamiento bélico. En 1809, las tropas napoleónicas ocuparon Jaca y se produjo la capitulación de la Ciudadela, defendida por una dotación escasa. No fue hasta 1814, tras varios meses de asedio, cuando se recuperó. En verano se hacen visitas teatralizadas recordando este hecho. 


Más información en el libro La Ciudadela de Jaca de Juan Carlos Moreno Anaya. 


lunes, 30 de enero de 2017

Novela: Blas de Lezo, "el malquerido" de Carlos Alonso Mendizábal (2008)

Blas de Lezo 
Este libro es una biografía novelada de Blas de Lezo y Olavarrieta, importante almirante de la Armada española de la primera mitad del siglo XVIII. Apodado “El malquerido” porque, a pesar de su lealtad y buen hacer, parece ser que no obtuvo el reconocimiento que merecía en vida. Desde hace unos años se está rehabilitando su memoria y es reconocido como un importante estratega. Hasta tal punto que en el Reino Unido iban a nombrar a un buque de investigación Blas de Lezo, pero no se consideró conveniente. En 1741, Blas de Lezo comandó la defensa de Cartagena de Indias frente al asedio de los británicos y les venció aunque le fue en ello la vida. 

Había nacido en Pasajes-Pasaia (Guipúzcoa) en 1689, donde todavía se conserva su caserón natal. Se había formado en la Armada francesa bajo las órdenes del Conde de Toulouse, hijo natural posteriormente legitimado de Luis XIV de Francia e intervino activamente en la Guerra de Sucesión a favor del pretendiente Felipe V. Esta guerra se mantuvo durante casi 15 años y derivó en un conflicto internacional, por esto las batallas navales tuvieron una gran importancia. Blas de Lezo intervino en la más importante de este conflicto, la Batalla de Málaga, donde perdió una pierna.

Batalla de Málaga 1704

Luis XIV dejó de respaldar a su nieto Felipe V para poder establecer la paz con Gran Bretaña, así que Blas de Lezo pidió enrolarse en la flota de Cádiz, abandonando la Armada francesa. Para entonces, aunque todavía era muy joven, había perdido también un ojo. En 1713, todavía no se había firmado la paz con Austria y la Guerra de Sucesión continuaba en el Mediterráneo. Pero el archiduque Carlos, por fin, fue nombrado emperador de Austria y decidió abandonar sus pretensiones a la corona española. Aun así, antes de irse, reclamó la independencia para Cataluña porque le había sido leal durante toda la contienda. En fin, que de aquellos polvos vienen estos lodos y este es un asunto que todavía no se ha solucionado. Por supuesto, Felipe V no concedió la independencia ni respetó los fueros y además sitió Barcelona durante mucho tiempo bombardeándola sin piedad. Sitio en el que Blas de Lezo también participó, perdiendo el brazo; aunque nunca se le ocurrió dejar por ello la Armada.

Asedio de Barcelona 11 de septiembre de 1714

El siguiente destino fue el Caribe donde seguían los problemas con los ingleses. Era lógico, un imperio (el español) estaba en franco declive y el otro (el británico) comenzaba a dar sus zarpazos. Y en este destino Blas de Lezo intervino en otra guerra, como no podía ser de otra manera. La Guerra de la Oreja de Jenkins o Guerra del Asiento. Parece un chiste, pero históricamente fue así. La Guerra del Asiento se desarrolló entre 1739 y 1748 en el Caribe y terminó con una derrota inglesa. Esa derrota que costó la vida a Blas de Lezo.

Blas de Lezo 
Con la firma de los Tratados de Utrecht, Gran Bretaña no sólo consiguió Gibraltar (ahí estamos con otro conflicto que resurge de vez en cuando) y Menorca, también obtuvo lo que se llamaba el “asiento de negros”, es decir, el derecho de vender esclavos negros en los virreinatos españoles en América. Pero aprovechando esta licencia se dedicaba también al contrabando de otras mercancías, desafiando el monopolio del comercio español en la zona. Así que un tal Jenkins, pirata o corsario según se mire, acusó al capitán español Fandiño de haberle apresado, torturado y después cortado una oreja, ante el Parlamento inglés, que no dudó en solicitar una indemnización al reino de España, la cual éste se negó a pagar. Así que otra guerra más, por motivos más comerciales que políticos. Viene bien ahora hacer un paréntesis y explicar para qué sirve la Unión Europea, pues se creó con el firme convencimiento de que los países que comercian entre ellos nunca pelean y hasta ahora había funcionado bien (veremos como supera la zancadilla del Reino Unido y el Brexit). Seguimos con la historia de Blas de Lezo.

Guerra del Asiento
Así que Gran Bretaña desplegó su armada (que era muy superior a la española desde el desastre de la Gran Armada) y estuvo atacando los principales puertos españoles en el Caribe. En Portobelo que entonces se llamaba Puerto Bello, desde donde se exportaba la plata, la jugada les salió bien a los ingleses y la ciudad fue sitiada y destruida. Pero en Cartagena de Indias, estaba Blas de Lezo al mando y, aunque no se llevaba muy bien con el  virrey Eslava y recibía órdenes contradictorias, pudo repeler los ataques de una flota mucho mayor y mejor armada.

Castillo San Felipe de Barajas, Cartagena 
Durante la batalla fue herido y como consecuencia de ello o de unas fiebres murió allí y no se sabe dónde está enterrado. Mejor que muriera entonces porque, a causa de las intrigas del virrey, en España no se reconoció su intervención en esta victoria contra los ingleses. Al contrario fue acusado de negligente y destituido después de muerto. Años después sí que fue recompensado con un título nobiliario otorgado a su hijo mayor y hoy tiene varias estatuas en España y Colombia y algunos buques también han llevado su nombre. Pero su historia es poco conocida y debería ser estudiada en los colegios e institutos, aunque ahora que la historia en general tiene tan poco sitio en los planes de estudios dudo que así sea.

Fuerte de Portobelo 
Al final, queda resumido en un solo hombre un conflicto internacional que sigue teniendo repercusiones. Un vasco educado en Francia que contribuyó a la entronización de una dinastía francesa en España, luchando contra austriacos y catalanes y que después se enfrentó (y derrotó) a Gran Bretaña cuando ésta empezaba a despuntar como hegemón.



El libro resulta muy interesante como documentación biográfica del personaje, ilustrado además con mapas muy explicativos, pero como novela le falta ritmo y pasión. 


Blas de Lezo, "el Malquerido"
Carlos Alonso Mendizábal

Editorial Dossoles