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miércoles, 6 de abril de 2022

Novela: Insolación de Emilia Pardo Bazán (1889)

La autora.-

Emilia Pardo Bazán, condesa de Pardo Bazán, nació en 1851. Fue educada en un colegio francés y podía leer también en inglés. Viajó por toda Europa frecuentemente. Estuvo muy interesada por la novela naturalista, aunque los especialistas prefieren encuadrarla dentro del movimiento literario realista. Cuando su marido le exigió que dejase de escribir, ella decidió separarse de su marido, aunque siempre se tuvieron un gran respeto. No fue una mala opción. Luchadora por la educación e independencia de las mujeres. Otras obras: Los Pazos de Ulloa, La Tribuna, La madre naturaleza, Memorias de un solterón. Escribió también ensayos, libros de viajes, biografías y una abundante obra periodística. Quedan también publicadas algunas de las cartas que escribió a Benito Pérez Galdós, Miquiño mío. Murió en 1921 y con motivo de este centenario se hizo una exposición en la Biblioteca Nacional. 

Mi opinión.-
Insolación es uno de los libros que más me ha gustado últimamente, aunque a algunos, incluido Leopoldo Alas “Clarín” les parezca un mero folletín. A mí me parece una novela de crecimiento. Asís Taboada, la protagonista, se descubre a sí misma. Es una joven viuda y rica de finales del siglo XIX que viaja frecuentemente entre Madrid y Galicia. La casaron, de adolescente, con uno de sus tíos lejanos, cincuentón que murió hace unos años. Tiene un entorno familiar y de amistades saneado y estable y visita frecuentemente la iglesia y a sus tías  solteras. Y no espera nada más de la vida.

Sin embargo, en una soirée se encuentra con Pacheco, un joven andaluz que, como personaje, parece de cartón piedra. La autora se esmera en anotar cuidadosamente su manera andaluza de hablar, con su sonoridad y sus modismos. Algo que a mí me parece que chirría. Por lo demás, es alegre, un seductor un poco sinvergonzón pero, al mismo tiempo, un completo caballero que cae completamente enamorado de Asís y que la anima a disfrutar de la vida.

La novela podría narra un triángulo amoroso pero la autora ha querido ser mucho más original y lo ha conseguido. Sin embargo, hay otro personaje que merece también su atención. Es Pardo, un personaje que aparece también en Los Pazos de Ulloa y La madre naturaleza. También gallego como Asís y que se encarga de poner de relieve la influencia del clima y de las costumbres, ese determinismo que obligaría a la gente a ser y a actuar de una cierta manera sin que pudiera evitarlo. Curiosamente, él también pretendió casarse con su sobrina pero no lo consiguió. Creo que eso ha creado en él un resentimiento que le hace ser un tanto hipócrita.

Emilia Pardo Bazán estructuró su novela de una manera muy inteligente. La acción comienza in media res, es decir, a mitad de la historia. Encontramos a Asís sufriendo las consecuencias de lo que ella llama insolación que no es otra cosa que una resaca monumental. Una resaca que no sólo es de vino sino también de comida, música, alegría y buen humor, incluido todo ello en un pícaro flirteo con Pacheco en la romería de San Isidro.

A partir de ahí, los primeros capítulos son un monólogo consigo misma o, mejor dicho, un diálogo con su implacable conciencia que, curiosamente, queda nombrada en masculino para remarcar que son los hombres quienes crean las normas sociales que limitan, especialmente, a las mujeres. La dama se sorprende de las reacciones que ha tenido. Nunca se hubiera imaginado ir a una romería que un prácticamente desconocido. Nunca se hubiera imaginado quebrantar de esa manera las normas del decoro y la buena educación, ni haber comprometido su posición como viuda, madre de una hija. Aunque Pacheco no le ha resultado desagradable ni siquiera se le pasa por la imaginación que pudiera entablar una relación con él. Como viuda de treinta y tantos años ha entrado ya en la zona de invisibilidad para los amoríos.

Hay dos escenas muy interesantes que ponen de manifiesto el buen hacer de Emilia Pardo Bazán como escritora. La primera es la escena de la borrachera que sufre Asís en la romería, donde la Pardo Bazán consigue traducir en palabras esa sensación de mareo y vértigo, asemejándola a un viaje en barco en un mar tempestuoso. La segunda es la del baño, en la que se describe con todo lujo de detalles cómo Asís intenta olvidar su desliz y restablecer su honor lavando con minuciosidad todo su cuerpo. Hay que decir que la novela fue considerada un escándalo en su época, aunque hoy resulta bastante blanca y con un final feliz y honorable. Leopoldo Alas "clarín" fue un crítico feroz que parecía tener una inquina personal contra la Pardo Bazán y consideraba esta novela como "encajes de telarañas" o que la autora "toma por materia literaria lo que no lo es" una "boutade pseudoerótica" o una "fábula agradable y picante". Tampoco se cortaba un pelo en considerar a Asís Taboada una "jamona atrasada de caricias". En fin. 

Si hay algo que no me ha gustado es, precisamente, ese final. No porque sea un final feliz sino porque es bastante apresurado. Y es algo que no es la primera vez que me pasa. En Memorias de un solterón también el final era algo folletinesco y en Tristana de Pérez Galdós también parece que el autor tuviera prisa por terminar. Como si se le terminase el papel o algo así.

A mí me parece que entre los personajes de Tristana y esta Asís de Insolación puede establecerse una continuidad. A pesar de sus evidentes diferencias, Tristana y Asís casi podrían ser diferentes edades de la misma mujer. Ambas casadas en la adolescencia con viejos. Ninguna de ellas ha podido decidir por sí misma. Tristana tiene apenas 20 años cuando empieza su novela y Asís más de 30. Me gustaría pensar que cuando Tristana tenga 30 y posiblemente ya sea viuda, podría descubrirse a sí misma como hizo Asís. Yo espero que sí, entre otras cosas, porque Tristana termina donde empieza Insolación, en una iglesia. Quizá ambas mujeres se conozcan allí, lleguen a intimar y el ejemplo de Asís sirva para despertar definitivamente a Tristana. Sororidad, aunque no se puede decir que la novela sea un alegato feminista sí que lo es en cuanto que una mujer asume el protagonismo en su propia vida. 

La novela es muy recomendable. Sobre todo en la edición de Cátedra con una Introducción muy completa de Ermitas Penas Varela. 

Insolación 
Emilia Pardo Bazán
Edición de Ermitas Penas Varela
Cátedra.

jueves, 25 de julio de 2019

Exposición de pintura: Julio Romero de Torres. Pintor de almas. Ibercaja (2019)


Todos sabemos la relación que tuvo Julio Romero de Torres con la mujer morena, aquella de los ojos de misterio y el alma llena de pena que es absolutamente protagonista en esta exposición. Sin embargo, yo creo que merece la pena profundizar mucho más en la obra de este pintor tan controvertido considerado inmoral por los academicistas y considerado demasiado conservador para los vanguardistas; pero admirado por los intelectuales de la época y adorado por las mujeres (dicen que unas bilbaínas le obsequiaron con una almohada llena de sus cabellos).

Las vividoras del amor no puede verse en esta exposición
Era hijo de un pintor romántico y habiendo nacido en el mismo Museo de Bellas Artes de Córdoba, donde su padre ejercía de director, conservador y de profesor, no podía escapar de su destino. Así desde tan joven metido en el ambiente se empapó de influencias de varias tendencias pictóricas, el impresionismo de Fortuny, la pintura social, el simbolismo francés o el prerrafaelismo británico, hasta encontrar su propio camino.

Fuensanta
Marta y María
Un camino que resultó muy exitoso y que no sólo le llevó a pintar mujeres del pueblo, gitanas, trabajadoras, actrices, sino también a las aristócratas principales y altas burguesas de su tiempo, entre ellas a la abuela del Ministro Boyer, la señora de Rodrigáñez. A todas trataba con la misma dedicación. Sus primeros cuadros habían sido más luminosos, influenciados por el impresionismo pero es más conocido por su etapa simbolista en la que son claras las influencias de la pintura renacentista con una paleta de colores muy oscura que remite a la tradición barroca española.

Detalle de María de la Concepción García-Escudero y Sainz de Robles
Esta exposición es buena muestra de ello. Aquí el protagonista es el retrato que comparte una estructura muy parecida. Una mujer sentada, de perfil o en tres cuartos, con muy pocos adornos, muy sensual que destaca sobre un paisaje lejano y oscuro. Mujeres de ojos profundos y tristes, de manos lánguidas o de sonrisa pícara; mujeres ideales sacadas de la realidad, a veces menos favorecida, de la vida. Mujeres que por su estatismo pueden ser consideradas como un bodegón pero que constituyen verdaderas naturalezas vivas. Todo contradicciones.

La niña de los limones
La niña de las naranjas
Una de las críticas que se hace al autor es que objetualiza a la mujer, aunque se pretenda ver como una mujer empoderada. Ni las niñas de las naranjas y los limones ni las vividoras del amor pueden considerarse nunca como mujeres empoderadas. Al contrario, su desnudez es obligada, es pagada y es utilizada por un hombre para comerciar con ella. Eso no puede implicar ningún tipo de empoderamiento.

Huerta de Córdoba de influencia impresionista
Romero de Torres había viajado por toda Europa y también por América Latina, especialmente por Argentina y había sido muy reconocido en distintas exposiciones, no sé si porque aunaba las imágenes del costumbrismo cañí con otros significados más profundos, con el simbolismo más perturbador.

Jugando al Monte


Los cuadros expuestos pertenecen en su mayoría a colecciones privadas por eso es difícil que se vuelvan a reunir. Yo me quedo con el cuadro Jugando al Monte (Humo y Azar) pintado por encargo para decorar un estanco y administración de lotería en 1922. Representa dos mujeres tumbadas en el suelo y muy concentradas en el juego o en la lectura del futuro en las cartas. Hay dinero en el suelo y también cigarrillos, pero lo que destaca son las calidades de las telas y como se pegan al cuerpo de las mujeres, y especialmente esas medias de seda arrugadas en los tobillos. Una de las mujeres, más moderna, lleva un corte de pelo a lo garçon, la otra, más tradicional, un moño bajo. El fondo de la pintura es un paisaje marino con un barco con una vela roja que rompe la gama de azules y grises.

Jugando al monte. Detalles




Como curiosidad me fijé también en el retrato de la Señora de Rodrigáñez que, aparte de la esposa de un ministro de hacienda y gobernador del Banco de España, fue la abuela de otro ministro de hacienda, Miguel Boyer. El retrato sigue la misma estructura: la protagonista está sentada y enmarcada por lo que parece el alféizar de una ventana, con pose de tres cuartos y un paisaje al fondo en el que destaca la Puerta de la Calahorra de Córdoba. Destaca la estola de seda en tonos violetas y la ausencia de joyas; como único adorno, un ramillete de claveles un poco ajados, quizá haciendo referencia a la edad madura de la señora.

La señora de Rodrigáñez y detalles




A mí el estilo de Romero de Torres me resulta perturbador. Sobre todo en el tratamiento que da a los cuerpos y a las telas que los cubren: sólo hay que fijarse en La niña de las saetas. Parecen pintados con un pincel lascivo, remarcando cada curva y también las carnaciones de la piel de las mujeres. Esta es la única mujer pelirroja retratada en esta exposición. Además es una mujer que nunca existió.

La niña de las saetas y detalle


Ana Díaz era el pseudónimo que el escritor y periodista Pedro González-Blanco, amigo de Romero de Torres, utilizaba cuando quería escribir novelas picantonas. Aun se pueden encontrar, de segunda mano, los tres títulos y entre ellos Guía de cortesanas en Madrid y provincias. El caso es que cuando este libro fue a presentarse necesitaron inventar un retrato de la autora y Romero de Torres pintó éste en el que todo resulta inquietante: los reflejos rojizos del pelo, la mirada insinuante, la transparencia del encaje y una minúscula mancha rosa que marca claramente el lugar donde se sitúa el pezón.

Ana Díaz y detalle


El único retrato de un hombre que se exhibe es el del torero Machaquito, gran amigo del autor que está acompañado de un retrato de su hija natural, Rafaelita González. Resulta extraño que la adolescente también vaya vestida de negro, con unas largas trenzas oscuras y ante un paisaje con la misma puerta que la Señora de Rodrigáñez. Sin embargo, la niña, aludiendo a su juventud y pureza, lleva un ramillete de jazmines en su lozanía. Esta niña se crió con la familia de Pérez Galdós, grandes amigos del torero, y recibió una educación exquisita incluyendo estudios en el Conservatorio de Madrid.

Machaquito
Rafaelita González y detalle


Hasta el 8 de septiembre en Ibercaja Patio de la Infanta, Zaragoza.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Novela: Azules son las horas de Inés Martín Rodrigo (2017)

La autora.-
Es licenciada en periodismo y trabaja actualmente en la sección de Cultura del periódico ABC. Ha sido jurado del Premio El Ojo Crítico de Narrativa y esta es su primera novela. 

Mi opinión.-
En 1958, con casi 100 años Sofía Casanova murió en Polonia y todavía sus familiares no han podido cumplir su último sueño, ser enterrada en Galicia. Sofía Casanova fue la primera corresponsal de guerra de ABC. Conoció de manera directa la Revolución Rusa, la Guerra Civil y las dos guerras mundiales. Hoy por diversos motivos excepto para los estudiosos, es un personaje olvidado que Inés Martín Rodrigo se ha propuesto rescatar en esta biografía novelada.  


Sofía Casanova resulta un personaje fascinante y terminas la novela queriendo saber mucho más de ella. No sólo lo que hayan escrito los demás, si no especialmente sus crónicas desde Europa, durante los distintos conflictos que cubrió. No tenemos la suerte de que en el libro se hayan incluido más que uno o dos párrafos originales.


Conoció durante su vida a los personajes más importantes de la política y la literatura de la época: las Pankhurst, Trostky, Tolstoi. Su primer libro de poemas fue financiado por el rey Alfonso XII. A veces parece imposible que su vida haya sido así, que fuese propuesta para el Premio Nobel y que hoy esté tan olvidada. Sin embargo, la autora de la novela ha podido acceder a la documentación que corrobora esos hechos, tal y como consta en una nota final. 


Pero, por lo que respecta a la novela, tengo que decir que a mí no me ha gustado. No puedo decir si es buena o mala novela, porque no he estudiado para ser crítica literaria, pero sí puedo decir que no me ha gustado, aunque la excepcionalidad de la protagonista nos pique la curiosidad.


Cada capítulo comienza con la voz de la Sofía anciana y que, a punto de morir, rescata sus recuerdos. Entonces esa voz suena intimista y a veces conmovedora. Sin embargo, después la autora aprovecha para encajar unos diálogos de la Sofía joven con diversos personajes, en los que utiliza demasiadas frases hechas con tono de chascarrillo y un lenguaje excesivamente castizo. Es de agradecer que la autora intente reproducir el castellano de la segunda mitad del siglo XIX y que las voces de Sofía joven y Sofía anciana sean diferentes, pero, en mi opinión, llega a ser excesivo y distrae y resulta un poco ñoño o demasiado rimbombante, casi como vivir en un sainete: “soy socialista como lo fue Cristo”, dice Sofía Casanova.

Sofía Casanova a la izquierda

Por otra parte, apenas se detiene en los hechos ni en los personajes históricos. No facilita las crónicas escritas por Sofía Casanova. Ni hace mención a las novelas que escribió durante toda su vida. El libro parece escrito para convertirlo fácilmente en un guion de televisión o cine. Una escritura en primera persona con esos diálogos con otros personajes y una cierta reflexión sobre la vejez, la decadencia y la muerte. Tampoco hay análisis político de unas circunstancias históricas tan peculiares.



Lo que me resulta extraño es que las críticas que he leído sobre esta novela sean muy positivas. Yo no la recomiendo, pero ya he dicho que no soy especialista, ni crítica literaria. Sí recomiendo buscar información e indagar sobre la protagonista, Sofía Casanova.


Azules son las horas
Inés Martín Rodrigo

Ed. Espasa

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Novela: Pétronille de Amélie Nothomb (2014)

Resumir el argumento de este libro es fácil, la amistad entre dos mujeres. Lo difícil es que en literatura se aborde este tema más a menudo. También hay que decir que, en este caso, se trata de una amistad muy peculiar y basada en hechos reales. La escritora es protagonista de su propio relato e incluye en él a una amiga también escritora. Se inscribe entonces en lo que se llama autoficción.

Amélie Nothomb tiene un aspecto delicado, sumamente chic y muy extravagante. Viste siempre de negro, con originales sombreros y frecuentemente con guantes de encaje. Se dedica exclusivamente a la literatura y a cultivar su imagen excéntrica. Por supuesto, protagoniza siempre las portadas de sus libros. Tiene por costumbre escribir varios de ellos al año, pero sólo publica uno. En el espacio de crítica literaria de TV5 en Francia, La grand librairie, comienzan todos los años la nueva temporada entrevistándola. Adora el champán y la conversación original y chispeante y flirtea descaradamente con quien el entrevistador, François Busnel. Aquí la última entrevista

Stéphanie Hochet
Precisamente ese es el inicio de la novela: la necesidad de mantener una buena conversación mientras se está bebiendo champán. Es la necesidad de la autora de encontrar una convinera. Nothomb tiene un gran sentido del humor y puesto que aquéllos con los que se comparte el pan son los compañeros, aquélla con la que se compartirá el vino (aunque sea champán francés de excelente calidad) será una convinera.

Librairie l'astrée donde se conocen Amélie y Pétronille
Esta convinera será Pétronille Fanto. Nombre que, en realidad, esconde a la también escritora Stéphanie Hochet. Una persona, según Amélie Nothomb “insufrible e imbebible” pero gran compañera, perdón, convinera. Stéphanie es todo lo contrario a Amélie por eso se convierte en su imagen especular. Digamos que las dos se compensan.

Shakespeare and Company. Resulta extraño pensar que Nothomb no conociera esta librería.
Los modales aristocráticos de una, frente al descaro proletario de la otra. El triunfo literario frente a los márgenes de la nueva creación. Una joven mujer exquisita frente a un ser andrógino, de edad indefinida y de oscuros pensamientos; arrogante y déspota. Así son Amélie y Pétronille. No sé si serán así también Amélie y Stéphanie.

La diseñadora de moda Vivienne Westwood
En una entrevista para Página 2, Amélie confesó que antes de publicar su libro, Stéphanie lo había leído. Así que, en principio, no ha habido abuso por parte de Nothomb. No hay truculencia, aunque haya algunas situaciones escabrosas. No hay tampoco venganza, sólo amistad y lealtad entre mujeres.

Librairie Le merle moqueur
Por lo demás, la novela me ha resultado desternillante. Aprovecha para dar un buen repaso a ciertos ambientes literarios y también de la moda. La entrevista surrealista con Vivienne Westwood es eso, surrealista; las firmas de libros que obligan a los escritores a vagar por ciudades y a aguantar “impertinencias” de sus seguidores resultan agotadoras, pero también una fuente de nuevos conocimientos; para Nothomb las señoras pretendidamente intelectuales que desprecian a los proletarios son aburridísimas.


Esta novela también resulta una buena guía turística sobre las librerías de París y una guía gourmet sobre los mejores crus. Por encima de todo un elogio sobre la amistad y la ebriedad elegante y no autodestructiva como la que algunos escritores viven. De alguna manera, emborracharse con bebidas espirituosas eleva el espíritu.

Tez como la nieve, ojos como el carbón y labios como el carmín. 
Está escrita cuidando mucho el léxico. De lectura fluida pero de escritura muy ágil y afinada y que, en francés se disfruta mucho más: J’enneigeai mon teint, charbonnai mes yeux et carminai mes lèvres. Recorre una amistad de años, pero mostrando solamente algunos episodios concretos e hilarantes. Un final sorprendente es lo único que le faltaba y también lo tiene. Muy recomendable. 


Amélie Nothomb
Pétronille

Le livre de poche

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Cine: Florence Foster Jenkins de Stephen Frears (2016)

Florence Foster Jenkins tenía muchísimo dinero y le faltaba casi todo lo demás. Ha pasado a la historia por su voz chillona y chirriante y por su horrorosa manera de cantar. La primera vez que oí hablar de ella fue en un programa de radio que dejó de emitirse hace tiempo. Era Clásicos Populares, dirigido y presentado por Fernando Argenta. 

El programa tenía una sección que se llamaba ¿Hacemos cisco el disco? Creo recordar que, además de estas cantantes de ópera, con mucha voluntad pero sin ningún talento, se daba paso también a música chill-out y aquello que se llamó música de la Nueva Era, que para mí resultaba un poco desquiciante. Y creo que para Fernando Argenta también.


Florence Foster Jenkins pasó a la historia como un personaje friki. Pero evidentemente detrás de cada uno de estos personajes frikis, siempre hay una persona que actúa con lógica, aunque sea con una lógica propia que los demás no podemos entender. Queda claro también que el fenómeno friki, donde un individuo capta la atención de una audiencia por su notoria falta de talento, no es un invento de la televisión actual. Ya había muestras de ello en los años 1940, especialmente en Estados Unidos. Tenía que ser en Estados Unidos, donde el dinero es Dios y obtenerlo, sea como sea, una Religión.


Lo que hace esta película, precisamente, es humanizar al personaje, dentro de sus límites como ficción. Con un cariño indudable por Florence, Stephen Frears, la presenta como una excéntrica mujer adinerada, en los últimos años de su vida, apasionada por la música y con la suficiente fuerza y con grandes deseos para poder expresarse libre, aunque sea torpemente. Es una mujer emprendedora. Creó el Club Verdi, para que personas de la alta sociedad, pero musicalmente bastante incultas, asistieran a espectáculos teatrales que ella misma financiaba y protagonizaba.


Se trataba de representar escenas de las principales óperas y ballets, como tableaux vivants. También se ocupaba del diseño de vestuario y de las coreografías. Excéntrica, sí; pero también muy creativa. No hay que olvidar que tenía más de 70 años cuando murió, poco después de cantar en el Carnegie Hall de Nueva York, y que padeció toda su vida la sífilis que le contagió su primer marido a los 18 años.

La verdadera Florence Foster Jenkins
En la película se presenta el ambiente en el que vivió y los personajes, más o menos famosos que conoció y que se acercaban a ella cuando necesitaban dinero. Todos menos uno. Su marido tiene un gran protagonismo. Era también un actor mediocre pero que ejerció durante toda su vida como ángel de la guarda de Florence. Él se encargaba de la promoción de los espectáculos y de “contratar” a los periodistas que debían escribir las críticas halagadoras sobre los espectáculos. El problema se presentó cuando Florence quiso cantar además de representar cuadros vivos.


El marido se llamaba St.Clair Bayfield y estuvieron juntos 30 años, a pesar de mantener una relación de abstinencia sexual debido a la enfermedad de ella. Hugh Grant se encarga de darle al personaje su especial toque británico y una ternura infinita en su relación con Florence (Meryl Streep).


No sabría decir si Florence era consciente de sus nulas capacidades para cantar y le importaba un pimiento porque quería vivir y transmitir su pasión por la música o si vivía las consecuencias de un delirio mental producido por la sífilis. De cualquier manera, no perjudicaba a nadie y, sin embargo, fue objeto de burla alguna vez, aunque su marido estuviera allí siempre para protegerla. Al final de la película, antes de su muerte, Florence dice dicen que no sé cantar, pero en realidad lo he hecho en el Carnegie Hall. Fue su sueño cumplido.


La película es una biopic clásica que da mucha importancia a la puesta en escena, un poco teatral, y sobre todo se apoya en las magníficas interpretaciones de Meryl Streep, Hugh Grant y de Simon Helberg que interpreta al pianista que siempre acompañó a Florence. 



Dirección: Stephen Frears
Guion: Nicholas Martin
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Danny Cohen
Intérpretes: Meryl Streep, Hugh Grant, Simon Helberg, Nina Arianda, Rebecca Ferguson.