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miércoles, 16 de junio de 2021

Relatos: Mi marido es de otra especie de Yukiko Motoya (2016)

La autora.-
Yukiko Motoya es una joven escritora japonesa, galardonada en su país con los premios Yukio Mishima y Kenzaburo Oe entre otros. También estudió arte dramático y fundo una compañía teatral donde interpreta sus propios textos. Este libro, compuesto por una novela corta y tres relatos, también recibió el Premio Akutagawa. De momento no hay ninguna otra obra traducida. 

Mi opinión.-
Los cuatro textos que componen este libro comparten una mirada irónica y surrealista, pero sobre todo sorprendente, sobre la realidad de la existencia y de las relaciones humanas y, además, propugnan una especie de vuelta a la naturaleza salvaje como la solución a los problemas. Empieza con la novela corta que da título, Mi marido es de otra especie que, casi se convierte en una pirueta, en una manera de traspasar los límites para volverse a encontrar con los mismos límites una y otra vez.

La protagonista, San, es una mujer joven que dejó su trabajo al casarse y pasó exclusivamente a ser ama de casa. Vive en un hogar típico con un marido pasivo y alienado por su propia existencia y preocupado únicamente por su trabajo; un matrimonio que la autora llega a definir como “una bola de serpientes” (página 45). Esa imagen del ouroboros doble resulta muy inquietante, además está llevado hasta el extremo: hasta considerar que ambos cónyuges son dos serpientes que se engullen mutuamente, empezando por la cola hasta que llegan a la cabeza y ambas desaparecen.

San descubre mirando fotos que cada día se va pareciendo más a su marido y no sólo físicamente. El marido representa la imagen de la rutina y el tedio profundamente aborrecibles. San también siente esta abulia. Sin embargo, aunque se arrepiente de haber dejado su trabajo y caído en la trampa del confort, tampoco parece muy dispuesta a hacer nada para remediarlo. Además para rizar el rizo, el marido empieza a cambiar desde el momento en que descubre su pasión por cocinar asumiendo, en cierta manera, un rol más femenino en la pareja. Este intercambio de roles debería acercarles, pero no sucede así. Toda la novela recuerda en algún momento a La vegetariana de Han Kang pero todavía llevada más al extremo; de manera que el final resulta absolutamente surrealista.

En Los perros la deshumanización no se produce en un ambiente urbano ni por ninguna guerra de sexos. Al contrario, es la soledad elegida por la protagonista, que habita una cabaña a las afueras de un pueblo, el detonante de su pérdida de identidad y el inicio de su transformación. También en este texto, la autora crea un clima inquietante mezclando elementos oníricos en una narración realista. Sin embargo, a mí me resulta mucho más turbadora la misantropía del personaje principal, aislado y dedicado con esmero a copiar una obra de arte que, además, no es suya, que la relación que establece con los perros blancos. También resulta chocante que el hito temporal mencionado en el relato sea la Navidad, seña de identidad inequívoca de Occidente. Y aunque no dudo de que haya japoneses cristianos, claramente el mundo occidental, en este caso la medición del tiempo, se ha impuesto globalmente a las diferentes culturas del mundo. Lo mismo sucede con referencias a comidas como el baumkuchen, pastel típicamente alemás, del siguiente relato o los spaguetti a la carbonara que comen los protagonistas. 

El baumkuchen de Tomoko, para mí reproduce la atmósfera de peligro, sospecha y sobre todo amenaza de Casa Tomada de Cortázar. Un ama de casa se siente amenazada por algo o por alguien incorpóreo pero del que siente su presencia, mientras está cocinando. Normalmente, para sentirse segura, sólo tiene que oler el pelo de su hijo mayor y tirar del dedo de su hijo pequeño. Pero esta vez eso no le funciona. Tal y como se presenta la amenaza desaparece pero para ella las cosas ya han cambiado definitivamente.

En Un marido de paja vuelve a presentarnos la complejidad de la vida de pareja. Esta vez el título no es una metáfora, aunque en la narración no se considere la existencia de maridos de paja como una extravagancia. De hecho, en las primeras páginas describe una vida totalmente normal con un marido un poco abusivo. Sin embargo, la peculiaridad de este marido de paja es que empieza a desintegrarse y entre las briznas de paja se le escapan pequeños instrumentos musicales. En los dos últimos cuentos, la protagonista se llama Tomoko, pero no llegamos a saber si es la misma persona o no. Todo bastante surrealista, ¿no?


Mi marido es de otra especie
Yukiko Motoya
Traducido por Keiko Takahashi y Jordi Fibla
Alianza Editorial

jueves, 29 de agosto de 2019

Museo Pablo Gargallo, Zaragoza. Exposición: Carmen Calvo. Quietud y Vértigo 2019

Este museo fue inaugurado el 8 de julio de 1985, gracias a la colaboración de los herederos de Pablo Gargallo y del Ayuntamiento de Zaragoza. Se instalaron allí esculturas, dibujos, grabados y también alguna joya, quedando configurado como el museo más completo dedicado a este artista.

En la artesa, 1898.

Pablo Gargallo nació en Maella (Zaragoza) en 1881 pero enseguida se trasladó con sus padres a Barcelona, donde inició sus estudios, sus primeros trabajos como aprendiz con el escultor Eusebi Arnau y sus amistades de juventud con otros aspirantes a artistas como Picasso, Isidre Nonell o Manolo Hugué. En 1903 realiza su primer viaje a París y conoce la obra de Rodin (después será uno de sus mayores detractores).

Galgo
Ya en 1904, inicia los primeros bocetos para su obra más conocida El gran profeta que le acompañará durante casi toda su corta vida. Empieza a tener mucho éxito, a exponer y a recibir encargos por parte de las autoridades: esculturas para la Plaza de Cataluña y el Palacio de la Música Catalana y especialmente las esculturas para el Estadio Olímpico de Montjuic que nos dan la bienvenida al museo. En 1934, en plena madurez personal y artística, había expuesto ya en Nueva York, pero lamentablemente muere.

El Gran Profeta, detalle.

Gargallo tuvo una formación clásica muy sólida que, después, le permitió investigar con metales no habituales en la escultura. Pero lo esencialmente personal y característico de este escultor es la importancia del vacío. Durante los 30 años de trayectoria profesional y partiendo de su formación clásica inició un proceso de simplificación de volúmenes hasta llegar a la eliminación de la materia, de manera que rodeando el vacío con formas ligeras pero contundentes obtenía la representación buscada.

El amor. 1906
Comienzo el recorrido del museo por unas pocas piezas de inspiración noucentista entre las que destaca Cleopatra (con sus joyas) de 1900 y el grupo escultórico El amor de 1906. Junto a ellas dos obras de juventud una virgen en escayola de 1894 y el bronce En la artesa de 1898. Gargallo nunca renegará de su formación clásica y considerará que debe de ser la base para todo artista que quiera, posteriormente, buscar su propio lenguaje escultórico.

Cleopatra, 1900


En la primera planta del patio hay ejemplos de su evolución en el tratamiento de las formas. Las formas cóncavas y convexas empiezan a verse determinadas por la ausencia, por el vacío; es lo que él llamaba los volúmenes inversos. El Urano de 1933 o La mujer acostada de 1923.

Urano, 1933


Y también encontramos el retrato de Ángel (Fernández) de Soto de 1920 de factura más clásica pero que permite al espectador jugar con las dos piezas que componen el retrato. Este caballero fue también retratado por Pablo Picasso. Gargallo realizó una escultura de medio cuerpo pero no quedó contento con el resultado y decidió fragmentarla. Todo un acierto.

Ángel de Soto, 1920


Mi pieza favorita es, sin duda, el retrato de Kiki de Montparnasse que puede verse también en el Museo Reina Sofía de Madrid y que es la escultura más difícil de fotografiar del mundo. Es un bronce dorado, tan pulido que es imposible no reflejarse en él. Retrata a la mujer con los mínimos elementos: media boca, media nariz, un ojo y el inconfundible corte de pelo estilo bob o a lo garçon.

Kiki de Montparnasse, 1928




Chagall presumía de estar muy enamorado de su mujer, de tenerla siempre en su pensamiento y así le retrató Pablo Gargallo en 1933, con su mujer en el pensamiento. Era un auténtico genio y creo que mantenía algo del humor somarda aragonés.

Homenaje a Chagall, 1933


En la última planta de la ampliación del edificio llevada a cabo entre 2007 y 2009, se pueden contemplar dibujos de su etapa de formación. Me llamó la atención el retrato de Ceferino Pallás (tío del artista) de 1898 y la Viejecita con paraguas de 1896 porque podrían haber sido mis bisabuelos de los que no conservo ninguna fotografía. Hay también algunos dibujos boca abajo porque el autor aprovechaba las dos caras del papel. Pero lo más significativo de esta planta son las planchas en cartón de sus obras. Entre ellas el retrato de Greta Garbo con sombrero de 1931. Este fue el lenguaje propio del autor. Él pensaba que la escultura se podía fragmentar en imágenes incompletas que el espectador debería de volver a unir.



En el patio central del Palacio de Argillo, El Gran Profeta la obra que le obsesionó durante toda su vida. Una visita muy recomendable.



Greta Garbo con sombrero, cartones y fotografía de la escultura definitiva



Eco, 1933

Mujer acostada, 1923


Además hasta el 1 de septiembre puede verse la exposición de la fotógrafa Carmen Calvo, Quietud y vértigo que pertenece al certamen de PhotoEspaña 2019. Calvo interviene en fotografías antiguas encontradas o compradas en mercadillos. Este arranque surrealista no está exento de humor, incluso de ironía o a veces resulta inquietante y cruel. Somete a las fotografías a diferentes procesos para crear su particular obra. También es muy recomendable. 

A Blanca, 2016

Más obras de Pablo Gargallo. 

Faunos


Faunesas



David. 1934




jueves, 3 de enero de 2019

Exposición: Esto no es un cartel de Isidro Ferrer.


Estamos en plenas vacaciones de Navidad y todavía quedan unos días para ver la exposición de Isidro Ferrer, Esto no es un cartel. Está muy bien elegido el título porque además de poder ver los carteles en retrospectiva se pueden ver también los objetos que han servido para crearlos durante los últimos 30 años. Estos objetos aislados y también la combinación de algunos de ellos han dado a algunos carteles su carácter genuinamente surrealista.


Isidro Ferrer eligió vivir en Huesca para alejarse un poco de las fanfarrias y poder pensar su trabajo sosegadamente. Es un artesano que recrea la realidad a su manera, uniendo ironía y buen humor para reconstruir los conceptos con los que iniciar una narración grandilocuente y metafórica. Lo primero que vi de él fueron sus carteles para el Centro Dramático Nacional y realmente eran una verdadera introducción a la obra de teatro anunciada y también frecuentemente eran una síntesis prodigiosa del argumento. Ha sido Premio Nacional de diseño en 2002 y Premio Nacional de Ilustración en 2006.


Sorprende, en esta exposición, que los carteles estén fijados a la pared con chinchetas, como haríamos cada uno de nosotros en nuestras casas, de manera que se pretende restarles el carácter de obra de arte y mantenerlos en obra artesana de uso diario que el espectador, viandante, puede encontrarse en cualquier rincón de la ciudad.



Artesano, fotógrafo, ilustrador, artista y actor, pero sobre todo creador de imágenes cercano a la poesía visual del fotógrafo Chema Madoz o del poeta Joan Brossa. Entre los 170 carteles que componen la muestra se cuelan también muchos de los objetos realizados como base de los carteles. Me quedo con esta pequeña bola del mundo porque yo tenía una así de cría. Que de esa bola salga este cartel a mí me parece un ejercicio de creatividad inmensa y también de maestría. No creo que la bola tenga más de 4 o 5 centímetros de diámetro y lo mismo ocurre con la caracola a la que le nacen pestañas.




Las máscaras hechas con tela me recuerdan a las esculturas de Louise Bourgeois y hacen que me plantee porqué unos materiales son considerados como nobles y dignos de ser incluidos en la Historia del arte y otros, generalmente los que más utilizan las mujeres, no. El hecho de que algunos autores los utilicen me hace pensar que algo está empezando también a cambiar en la Historia del arte.


Me gustaría saber cómo realiza su trabajo. Puedo imaginármelo horas y horas mirando un objeto para descontextualizarlo de su significado más obvio y recontextualizarlo en otro significado más deslumbrante, más desconcertante o, incluso, más inesperado para el espectador que no vaya avisado. Supongo que, a partir de ahí, desarrolla su trabajo en el cartel accesible para todo el público. Contemplar los objetos de los que Ferrer parte para crear sus carteles es, para mí, lo que resulta más interesante en esta exposición que se completa con un interesante catálogo.





Paraninfo Universidad de Zaragoza.
Salas Goya y Saura
Hasta el 12 de enero de 2019










lunes, 17 de septiembre de 2018

Exposición de pintura: El mundo de Giorgio de Chirico. CaixaForum Zaragoza


Giorgio de Chirico fue el creador de la pintura metafísica, en la década de 1910 y ejerció una gran influencia en el movimiento surrealista. Son unas pinturas inquietantes porque a pesar de tratarse de la representación en un espacio geométrico sin existencia humana, existe una gran vitalidad. Como si las personas que alguna vez hubiesen habitado ese espacio dejasen para siempre su energía y su impronta. A veces están presentes maniquíes con ciertos rasgos humanos. Surgieron de una visión o un sueño que el autor tuvo antes de la I Guerra Mundial.

Autorretrato 1960. de su etapa neobarroca

También desarrolló esta pintura metafísica en interiores. Los interiores metafísicos son bodegones geométricos, donde dominan las líneas rectas, los colores planos y las sombras. Pero nuevamente el color domina la escena y la dota de una gran fuerza. Son cuadros que representan cuadros situados cerca de una ventana y que despliegan toda su narrativa

Interior metafísico con óvalo negro c.1968 (firmado 1958)

Después de la I Guerra Mundial trabajó en un estilo más realista, neoclásica y neobarroca, pero sin perder su sello personal. Sin embargo, durante los años 1960-1970 fue cuando empezó a utilizar de nuevo la pintura metafísica. No sé si trató de recrear cuadros que se habían perdido o dar una nueva interpretación a esa pintura metafísica. El caso es que varias de las pinturas de esta exposición lo hacen constar en las cartelas. Por ejemplo, este Trovador  c.1972 (firmado 1938), un maniquí sin vida, pero con unas piernas claramente humanas. ¿Es una broma del autor o quiso retomar su primera inspiración que le ofreció muchos más éxitos que las posteriores?

Trovador

Otro ejemplo es Las máscaras de 1962, que reinterpreta un tema de 1918, Las musas inquietantes y que, como en Los arqueólogos, las figuras deshumanizadas parecen querer hablar y relacionarse. Se acercan y parece que susurran y se acarician. ¿No son más humanas que los humanos?


De Chirico fue también escultor. Y esta es la pieza que más me ha gustado de la exposición. Los arqueólogos de 1968, son dos hombres sentados en un sofá y que albergan en su regazo las ruinas de una ciudad. Claramente desproporcionados y con sus cabezas levemente inclinadas, dan la sensación de estar compartiendo pensamientos.




Existe otro de Chirico que se aleja de la pintura metafísica y reinventa otras tendencias, imitando o casi copiando a grandes maestros. No parece que sea el mismo pintor: la voluptuosidad de las náyades recuerda a Rubens o la placidez del paisaje copia claramente a Canaletto. ¿Sería un gran bromista?

Bañistas en la fuente o Náyades bañándose. Detalle


Venecia, isla de San Giorgio

Las sibilas. Pintura y escultura.


Estas dos piezas me parecieron una auténtica sublimación de lo kitsch, con esos pelucones y tantos drapeados. Sin embargo, no dejan de tener su encanto. Yo vi la exposición en CaixaForum Zaragoza, aunque ya no está disponible allí. El montaje simulaba una de las plazas metafísicas y fue un placer visitarla sin que hubiera nadie más. Era la atmósfera perfecta para los cuadros de de Chirico.