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lunes, 24 de abril de 2017

Cine: La próxima piel de Isaki Lacuesta e Isa Campo (2016)

Los primeros fotogramas de esta película son muy simbólicos. El deshielo en el Pirineo vuelve a mostrar la roca debajo de la nieve. Así en la vida de la gente el hielo mantiene las cosas ocultas pero al mismo tiempo frescas y dispuestas a salir con el primer rayo de sol. 

La pieza clave de esta película es el regreso de un adolescente, Gabriel, al que se le dio por desaparecido cuando tenía 8 años. Las dudas sobre su identidad, las suyas propias y las de su madre y el resto de la familia, pasan a un segundo término enseguida y toma protagonismo la recuperación de la identidad pérdida.


Nos embarcamos en el mismo viaje que la madre. Ella no tiene espacio para dudas ni para ambigüedades porque arrastra una carga mucho más pesada. Hechos del pasado, escondidos y mal resueltos. Emma Suárez ya hace mucho tiempo que es una actriz muy solvente, pero en este papel transpira vulnerabilidad por todos sus poros y, precisamente, en esa vulnerabilidad ha encontrado su fuerza, durante todos los años que su hijo estuvo perdido, para mantener el hogar a costa de perder su propia vida.


Sergi López, es el cuñado y tío de Gabriel. Es quien más desconfía de la identidad de Gabriel y tiene razones de peso para hacerlo. Un hombre muy arisco que esconde una gran violencia, siempre a punto de estallar. Casi durante toda la película lleva una escopeta de caza; en los últimos años ha mantenido una relación escondida con su cuñada. Posiblemente desde que murió su hermano o quizá desde antes.


Álex Monner interpreta a Gabriel, el niño perdido que vuelve convertido en un adolescente. Se integra enseguida en la pandilla de adolescentes del pueblo, sus antiguos amigos, y comienza a recordar cosas, pero no puede recordar nada sobre la muerte de su padre. Como adolescente es bravucón y fantasioso; pero en este caso, no podemos estar seguros de que parte de lo que dice no haya sido verdad. En los últimos años ha vivido en Francia, en un centro de acogida y allí los informes son secretos, ni siquiera se pueden revelar a la familia. Sus tatuajes dicen mucho de él y su capacidad para autolesionarse y oir (o recordar) voces también.


La película me ha gustado mucho. Se rodó en el pirineo aragonés, en catalán, castellano y francés. Yo he cometido el error (involuntario) de verla en versión doblada y es imprescindible verla en versión original. Siempre he dicho que deberíamos hacer el esfuerzo de ver cine en versión original, pero mucho más si (únicamente) una parte de la película es en catalán. Otra cosa me parece un auténtico despropósito.


Por lo que he leído de las críticas, en esta película, el idioma es utilizado como vehículo para la recuperación de la identidad. Gabriel ha pasado los últimos años viviendo en Francia y se expresa en francés pero con acento catalán; el hecho de mostrar este acento, este detalle hace que puedan localizar a su posible familia. Así que cuando vuelve a su pueblo, empieza a perder el acento francés y a relacionarse en catalán como estaba acostumbrado a hacerlo. Además, su madre, que había nacido en un pueblo del sur, hablaba con él en castellano y así es como recuperan su relación. Salí enfadada del cine porque todo esto lamentablemente se pierde en la versión doblada. Se pierde, por pereza intelectual, la parte más interesante de la película. Una pena.


Por lo demás, una muy buena película. Con una fotografía muy adecuada, fría y áspera, como corresponde al paisaje del Pirineo, pero, como con el deshielo, con la posibilidad de renacer. 


Dirección: Isaki Lacuesta, Isa Campo 
Guion: Isa Campo, Isaki Lacuesta, Fran Araújo
Música: Gerard Gil
Fotografía: Diego Dussuel
Intérpretes: Álex Monner, Emma Suárez, Sergi López, Bruno Todeschini

lunes, 21 de marzo de 2016

Serie TV: True Detective de Nic Pizzolato (2015) - II Temporada

Las fotografías aéreas de carreteras enlazadas y superpuestas donde circulan, en todas direcciones e incesantemente, coches perfectamente sincronizados, pueden parecer una metáfora de la vida. Aparentemente son coches  limpios, que guardan la distancia de seguridad, marchan ordenados, siguiendo una coreografía impuesta y a salvo siempre que respeten las normas. Esa es la imagen que me queda de esta serie. Que siempre que respetes las normas tendrás tu sitio en el camino de la vida. Pero a veces no es así. Para los cuatro principales personajes de esta serie no ha sido así, por diferentes causas. Por su origen social, por una decisión crucial errónea, por la culpabilidad que sienten o por la no aceptación de sí mismos, estos personajes han perdido su sitio en la vida y la vuelta a la normalidad no les es posible.  



Esta segunda temporada de True Detective no es comparable a la primera. No voy a decantarme por ninguna de las dos porque ambas pasan ampliamente el examen. En la primera temporada la literatura y la filosofía tenían un lugar preponderante y televisivamente, también era más innovadora. Esta segunda temporada es más conservadora, más convencional respecto a temática, imagen y línea narrativa, pero tiene momentos de gran dramatismo muy bien resueltos por los actores. Si en la primera se podía hacer un análisis de masculinidades (Pizzolato reconoce que cuestiona un tipo de masculinidad surgido después de la II Guerra Mundial), en la segunda el armazón que sujeta toda la trama policial son las relaciones padre-hijo o padre-hija y cómo los conflictos no resueltos de la infancia se mantienen durante toda la vida del individuo. Se puede sacar todo un análisis sobre paternidades: de la ansiedad por ser padre hasta el fracaso y la posterior redención. De hecho, en las dos temporadas, los finales, que han sido ampliamente cuestionados, tienen mucho de redención y además de redención católica en sentido estricto. Ignoro si Nic Pizzolato es católico o no o si ejerce como tal, pero los finales de sus series sí que pueden tener una lectura de esperanza y redención católicas.


Sobre un contexto de poderosas sagas familiares que mantienen relaciones clientelares a base de sobornos y corrupción, la política y los gánsteres de diferente calibre van de la mano e intentan modernizarse dedicándose a negocios más o menos legales. En Vinci (ciudad ficticia de California), el brutal asesinato de Ben Casper, ejecutivo de una empresa de trenes de alta velocidad, provoca la reunión de los cuatro personajes protagonistas de la serie.

Frank Semyon
Ben Casper trabajaba para Frank Semyon (Vince Vaughn) y con su muerte desaparece también una importante cantidad de dinero de Frank. Frank ha ganado toda su fortuna trabajando desde niño, sin ayuda de nadie y la mayor parte de las veces en negocios turbios: tráfico de drogas y explotación de mujeres para la prostitución. Creció en un hogar desestructurado sometido a abusos emocionales por parte de su padre y lo único que quiere es una oportunidad para ser decente y tener un hijo. Eso es lo que más desea, ser padre; aunque lamentablemente está enamorado y casado con una mujer estéril. Todo ese sufrimiento que ocupa su mirada, no puede ocultar que, también, le queda espacio para la brutalidad. 


Frank tiene a varios policías en nómina, para utilizarlos según sus necesidades. Uno de ellos se encarga de la investigación policial del asesinato de Casper. Es Ray Velcoro (Colin Farrell), enganchado al alcohol y a las drogas y a las drogas y al alcohol de manera sobrehumana. Años atrás Frank Semyon le hizo un favor por el que está pagando con su alma. Su esposa le abandonó hace tiempo y ha rehecho su vida. Tuvieron un hijo, aunque debido a la violación de la mujer, ambos tienen dudas sobre la paternidad del niño; esto contribuyó enormemente a destrozar su matrimonio. Aunque adora a su hijo, Ray ve en él, un niño gordo, cobarde y llorón. Apenas tiene nada de que hablar con él cuando están juntos; pero después, cuando Ray está solo en su casa, graba interminables mensajes para dárselos. 

Otra agente encargada del caso es Antígona Bezzerides (Rachel McAdams). Una policía durante las 24 horas del día. Obsesionada con su trabajo y con no olvidar un suceso traumático de su pasado. Creció en una comuna hippie de los años 1980, sin una autoridad clara y sin sentirse protegida; no es extraño que haya elegido ser policía. Mantiene relaciones conflictivas con su padre (un gurú Nueva Era) y con su hermana (una artista que en busca de su camino en la vida, ejerce esporádicamente la prostitución), su madre murió hace años. Ha sido acusada de acoso sexual por un compañero de trabajo que no entendió que Bezzerides quisiera terminar con su relación sexual. 

Bezzerides se ha preparado para subsistir en ese mundo masculino. Es fuerte, independiente, se entrena en artes marciales y depende totalmente de un pequeño cuchillo, pero toda su agresividad la dirige principalmente contra sí misma. Es un castigo. Es significativo que se llame Antígona como la heroína griega que desafía la ley establecida para cumplir el deber moral de hacer justicia. 

Paul Woodrugh (Taylor Kitsch) es el policía de carreteras que encuentra el cadáver de Casper. Es un joven muy atractivo, casi demasiado atractivo, que es acusado por una detenida de abuso sexual. Ha sido militar destinado en Afganistán y de allí vienen parte de sus demonios. Pero además, su madre también ejerce cierto abuso emocional sobre él. Ella se emborracha, se gasta su dinero y le culpa de haberle destrozado la vida por haber nacido cuando ella era apenas una adolescente que quería llegar a ser bailarina. Paul quiere mantener una relación normal con una mujer, pero a pesar de su físico y su juventud (no tiene más de 30 años) necesita viagra para poder mantener relaciones sexuales con su novia. Paul no acepta su condición de homosexual.


A medida que pasan los capítulos, la trama policial pierde interés porque lo verdaderamente importante es la angustia existencial de estos personajes inadaptados. Parecen elegidos por los hados para ser sacrificados y que nunca puedan resolver el crimen de Casper. Sin embargo, entre ellos se crea una alianza de desesperación y decencia para llegar hasta el final, aun a costa de sus vidas.


A esta pérdida de interés también contribuye que, hacia el final, aparecen nuevos personajes “recosidos” de una manera artificial para poder justificar la trama y esto resta credibilidad y fuerza al resto del guion. Sin embargo, el dramatismo de algunas situaciones compensa. La confesión de culpas en la cama entre Velcoro y Bezzerides, es el punto de inflexión que más tarde dará un hueco a la esperanza. Termina la serie de una manera, que yo considero abierta, y aunque creo que no existirá una tercera temporada, sí que habría espacio para rodar una película sobre Antígona Bezzerides y su esfuerzo por hacer justicia.

Esta vez la cabecera es de Leonard Cohen. Hipnótica y desasosegante. 




jueves, 10 de marzo de 2016

Cine: El renacido de Alejandro González Iñárritu (2015)

El renacido esta basado en una historia real. En 1822, Hugh Glass respondió a un anuncio en el periódico que buscaba a “jóvenes emprendedores” que quisieran trabajar durante unos años, río Misuri arriba, para una compañía de comercio de pieles. Era un experto trampero y explorador, pirata y buscavidas. Allí fue atacado por una osa; gravemente herido es abandonado por sus compañeros de expedición que optaron por su propia salvación. Sin embargo, él consiguió sobrevivir y vengarse. Especialmente de uno de ellos, John Fitzgerald. Todo esto es información de la Wikipedia. 

En realidad la película adapta una novela escrita en 2002 por Michael Punke, abogado y analista político que actualmente representa a los Estados Unidos en la Organización Mundial de Comercio. Visto así, no es tan paradójico que este escritor ensalce la figura de un joven emprendedor del siglo XIX; independiente, individualista y neoliberal. El sueño de cualquier estadounidense. En el siglo XIX, el comercio de pieles era muy importante en Estados Unidos; tanto como hoy, la depredación financiera. 



Tradicionalmente Rusia había sido la potencia incuestionable hasta que EEUU y Canadá entraron en este sector comercial. Para conseguirlo, se recurrió a la contratación de “jóvenes emprendedores” con pocos escrúpulos y que quisieran enriquecerse rápidamente. Para que el negocio fuese más atractivo, no se limitaba la caza de ninguna manera. He leído que la extinción del bisonte en EEUU está relacionada con esta manera abusiva y desmedida de explotar un recurso natural.




Esta depredación del medio ambiente tenía también otra consecuencia favorable a la expansión de los colonos de origen europeo. Alterar de esta manera el equilibrio ecológico, supuso también que los habitantes autóctonos de estos territorios, los que agrupamos erróneamente como indios, que tradicionalmente habían vivido de la explotación de estos recursos, no pudieran competir con una maquinaria industrial de caza y venta de pieles y tuvieran que emigrar o supeditar su modo de vida al de los europeos.



Pero esta película narra únicamente la historia de supervivencia; y parece que lo hace de una manera un poco más edulcorada de lo que en realidad ocurrió. En la peli, Glass (Leonardo DiCaprio) tiene un hijo mestizo, al que adora; en la realidad parece que tuvo varios a los que no prestó ninguna atención. Así, una historia de supervivencia entre hombres adultos, Glass y Fitzgerald, se trastoca en una historia de venganza de un padre por la muerte de su hijo. Después del ataque de la osa, Glass está herido y no puede continuar el viaje y Fitzgerald (Tom Hardy), encargado por el capitán de la expedición de quedarse con él hasta que muera para darle digna sepultura, morirá también si el desenlace no se produce pronto. Observando la situación desde la distancia, ambos hombres luchan por lo mismo y la supervivencia de uno está indisolublemente ligada a la muerte del otro. Igualmente crueles, igualmente sanguinarios. Sin embargo, la existencia del hijo mestizo hace que el público empatice con Glass, que trata de sobrevivir para vengar su muerte, y odie a Fitzgerald, que sólo trata de sobrevivir para sí mismo. Trampa sentimental de Hollywood.



La película es preciosa, técnicamente prodigiosa, de fotografía impecable, interpretaciones antológicas y música conmovedora. Pero es inmensamente larga; a veces es lenta, lentísima. Hecha para lucimiento de Leonardo DiCaprio y para que de una vez gane el dichoso óscar. Y realmente, yo no se lo daría por esta película por eso mismo. Porque resulta excesiva y falsa. Una vez que has visto a DiCaprio comerse un pez crudo, ya no te impresiona que se coma el corazón crudo de un bisonte o que destripe a un caballo muerto para sobrevivir a una noche nevada. Todo eso resulta puro efectismo, regodeo y repetición para que no se nos olvide lo mal que lo ha pasado DiCaprio en el rodaje.



Por otra parte, la película tampoco pasa el Test de Bechdel que ya he explicado alguna vez que es un test que evalúa la brecha de género. Es decir, que, en esta peli, no hay papeles significativos interpretados por ninguna mujer, excepto el de la osa, aunque todo el mundo se empeña en repetir que es un oso (es una osa porque viaja con sus oseznos y ataca cuando intuye que sus crías están en peligro... amor de madre). En escasas ocasiones aparece la esposa india del protagonista; son alucinaciones o recuerdos, y aportan ensoñación a la cruda realidad que está viviendo Glass, pero nada más. Entiendo que no haya papeles más relevantes porque responde a hechos históricos y no lo reprocho, simplemente lo hago constar. Además, el actor elegido para interpretar al hijo mestizo de Glass tampoco me resulta creíble. 




No sé si existe como género el cine de supervivencia. Si no existe habrá que inventarlo porque esta es la segunda película este año que me parece puro cine de supervivencia. La otra fue The martian, aunque ésta en clave de comedia. Lo llamo cine de pura supervivencia porque no incluye reflexión ética, ni vital, ni siquiera política o histórica. La narración hablada queda en un segundo término y se enfatiza la narración visual y en general sensorial. El ruido de las pisadas, el frío y la humedad, el fango y la suciedad, junto con todo el repertorio de mocos, babas, sangre y algún esputo produce vértigo en el estómago y está bien que sea así, pero resulta excesivo, si se hace para que DiCaprio gane el óscar. No obstante, película preciosa. 

¡Enhorabuena, por los óscares recibidos!


Director: Alejandro González Iñárritu 
Guion: Mark L. Smith, Alejandro González Iñárritu (Novela: Michael Punke)
Música: Carsten Nicolai, Ryuichi Sakamoto
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck

jueves, 7 de enero de 2016

Cine: El muro de Alan Parker (1982)

Una secuencia inicial angustiosa. Una cámara a ras de suelo, muestra un pasillo de hotel gris, impersonal, que es recorrido lentamente por el espectador. El muro, cine musical catártico y agónico, fue dirigida en 1982 por Alan Parker y basada en el disco editado por Pink Floyd en 1979. En la película se narra la vida de Pink Floyd, inspirada en el propio guionista y miembro del grupo Roger Waters, un artista de los años 1970 que oscila entre la apatía paralizante y la rabia incontenible y destructiva. Alterna los momentos de aparente calma con momentos de ansiedad y violencia contra sí mismo y contra los demás. Estos dos polos opuestos en su comportamiento parecen tener el mismo origen: la muerte de su padre en una batalla de la II Guerra Mundial. 

Desde la infancia, vive su absoluta soledad. Su aislamiento del mundo comienza en la falta de su padre. La muerte del padre es el primer ladrillo de su muro particular. Su paso por el colegio será lo que siga potenciando ese aislamiento psicológico. Tiene unos profesores autoritarios, ridículos, castrados en su vida privada y que purgan su fracaso maltratando niños indefensos. El protagonista pasa su infancia tratando de recomponer la imagen de su padre, pero como referentes tiene esos profesores. Vive con su madre, emocionalmente ausente, y que no parece prestarle mucha atención.

En la escuela al final se produce una rebelión que, visualmente, se combina con escenas de disturbios y enfrentamientos con la policía en los años 1960-1970 y también con escenas de la guerra cuyo protagonista es su padre. Supongo que así, el director quiere mostrarnos que vivimos diariamente inmersos en batallas, aunque no sea una guerra declarada. Una lucha contra la uniformidad, el adocenamiento y la alienación.



En este punto, aparecen las imágenes animadas diseñadas y dirigidas por Gerald Scarfe. Su trabajo se parece a los decorados surrealistas que Dalí diseñó para Recuerda de Hitchcock. De una paloma blanca que estalla surge un águila negra sanguinaria. Los aviones se convierten en cruces de cementerio y la cruz blanca de la bandera de Reino Unido sangra. Es una metáfora de los bombardeos sufridos por Londres durante la II Guerra Mundial y la música de fondo es Goodbye blue sky.



También conocemos al joven Pink Floyd y su matrimonio frustrado. En la película se desarrolla en paralelo con la relación que mantiene que con su madre. Su mujer intenta romper el aislamiento psicológico de Pink Floyd, pero, evidentemente, no lo consigue y comienza una relación con otro hombre. El muro cimentado con el trauma infantil, la educación severa y la ausencia parental, convenientemente reforzado por el abuso de las drogas y el alcohol, no es fácilmente superable. Pink Floyd se ha convertido en un hombre emocionalmente paralizado, encerrado tras su muro e incapaz de superar sus angustias. Incluso el sexo se convierte, en otra impactante secuencia de animación, en agresivas flores que se destruyen a dentelladas. La letra de la canción que acompaña a su frustración sentimental es: No me dejes ahora. ¿Cómo puedes irte sabiendo cuánto te necesito para molerte a palos un sábado por la noche?



No es extraño que el siguiente paso de su alienación sea la sustitución de su personalidad herida por la de un personaje autoritario. Pink Floyd vestido de cuero negro y con estética nazi, aunque las banderas con esvásticas se hayan sustituido por banderas con martillos, entra en un teatro y besa a los niños. Pero el verdadero espectáculo, aplaudido por una muchedumbre entregada al líder, será perseguir a homosexuales, judíos, negros y cualquier otra persona que no corresponda al arquetipo de hombre blanco triunfador. Violan a mujeres, apalean a hombres, destrozan las calles y la vida. Pero la multitud les alaba, les sigue fervientemente. En esa apoteosis nazi no es difícil ver lo simple que es caer en lideratos mesiánicos de cualquier tipo (nazi, islamista, etarra). La frustración de la mayoría intenta compensarse acabando con los débiles, como chivos expiatorios.



Pink Floyd termina en una celda, loco o culpable, no lo sé. Pero al final el muro es derribado y los niños recogen sus pedazos. Los cargan en sus camiones de juguete. Hasta que uno de ellos coge lo que parece ser un cóctel molotov. El final es tan angustioso como el principio. Quizá después de derribar el muro, lo que encontremos detrás de él sea mucho peor.

Roger Waters consideraba que los macroconciertos de rock se estaban convirtiendo en un espectáculo casi autoritario, para una masa informe sin criterios claros y con unos oficiantes, sometidos o bien a las reglas del mercado o bien al abuso de las drogas. De esta manera, ninguno de los asistentes tenía control sobre sí mismo. Es lo que quiso recrear en esta película. 





Director: Alan Parker 
Guion: Roger Waters
Música: Pink Floyd
Fotografía: Peter Biziou 
Intérpretes: Bob Geldof, Kevin McKeon y Christina Hargreaves 

jueves, 24 de diciembre de 2015

Teatro: Medea de José Carlos Plaza (2015)


Es la obra que se estrenó en Mérida el verano pasado y que en Diciembre ha llegado a Madrid. Medea es la bruja cruel que asesina a sus hijos. En esta versión Vicente Molina Foix recrea la historia apoyándose en los textos de Eurípides, Séneca y Apolonio de Rodas, dando lugar a una visión más intimista de la tragedia. Y es, además, compasivo con Medea. Una compasión que demuestran la corifea y su nodriza que en un momento determinado dice de todo lo que en esta tierra tiene cuerpo y pensamiento nosotras, las mujeres, somos las más desdichadas. 

El personaje de la nodriza ha sido creado para esta obra. Me ha sorprendido mucho esta actriz que no conocía, Consuelo Trujillo. Mucho más joven que el personaje al que interpreta, consigue construirse un cuerpo, recrear los movimientos y utilizar la voz de una anciana que nos cuenta la historia anterior: cómo Jasón y Medea se conocen en la conquista del vellocino de oro. Un relato hecho desde el amor incondicional hacia Medea y que va anunciando la tragedia que llegará por la deslealtad de Jasón. 

Es difícil entender a Medea, esta mujer que sufre esta furia incontenible que le impulsa a matar a sus hijos, desde el momento que Jasón la traiciona para casarse con la hija del rey de Corinto y poder acceder al trono. Todo lo que fue amor es convertido en odio por la traición. Al final de la obra no simpatizas con Medea porque su comportamiento ha sido monstruoso, pero la conmovedora interpretación de Ana Belén (que al final de la representación estaba verdaderamente emocionada) sí que hace que la comprendas, que entiendas su desgarro. Una vez que lo ha dado todo por un hombre y que no puede volver atrás no es de extrañar que se afane en tal venganza.


Medea, princesa y bruja que no ha conocido el amor, se dejó seducir por Jasón abandonando su reino. Medea es una mujer que no pertenece al tiempo de los hombres, pertenece al mundo oscuro de lo instintivo, lo no racional. Desafía las claras leyes de los varones. Primero se escapa de su hogar desobedeciendo a su padre para casarse con un extranjero a quien ayuda a conseguir el vellocino de oro; después no acepta el abandono de ese marido desleal y decide vengarse del hombre matando a sus propios hijos. Vive el conflicto entre el instinto y la razón.



Esta ha sido la interpretación que yo he conocido siempre. Pero buscando un poco más en los mitos, he encontrado que no es la primera vez que Medea mata, aunque en la obra no se diga. Medea quiere huir con Jasón, pero su padre se opone. No obstante consigue escapar y para facilitarse la huida no se le ocurre otra cosa que secuestrar a su hermano pequeño y hacerlo pedazos que después tira por la borda para que su padre se entretenga recogiendo los trozos de su amado hijo. Después, ya traicionada por Jasón, intenta retenerle matando a Creusa, su nueva prometida. Hemos pensado siempre que Medea mata por venganza hacia Jasón. Pero ¿y si, en realidad, sólo le gustaba matar a todo aquel que se opusiera a sus planes? ¿y si sólo fuese una psicópata obsesiva? A partir de ahora me quedarán las dudas sobre Medea.



De todas maneras ya hace siglos que es un clásico y todos los clásicos tienen infinitas lecturas. Lo que yo puedo decir, después de ver esta versión dirigida por José Carlos Plaza, es que la Medea de Ana Belén sufre y se puede sentir compasión (aunque no disculpa) por ella. 

Dirección: José Carlos Plaza
Texto: Vicente Molina Foix
Escenografía: Francisco Leal 
Vestuario: Pedro Moreno 
Música: Mariano Díaz
Iluminación: Toño Camacho
Intérpretes: Ana Belén, Consuelo Trujillo, Adolfo Fernández



jueves, 8 de octubre de 2015

Cine: El desconocido de Dani de la Torre (2015)

En El desconocido Luis Tosar interpreta a Carlos, un banquero eficiente, cumplidor con su empresa y medianamente simpático con los clientes. El tipo de banquero que en los últimos años se dedicó a vender productos financieros tóxicos de alto riesgo, sin informar claramente a sus “víctimas”. Un depredador que ni siquiera sabe que lo es. De momento lleva una vida aparentemente apacible junto a su familia, y no ha tenido tiempo todavía de replantearse su responsabilidad en la ruina de algunas otras familias; no asume su responsabilidad, ni siente culpa ni remordimiento. 


Como padre de familia y marido, tampoco es excepcionalmente bueno. Parece que ha asumido, sin cuestionarlo, el rol de cabeza de familia proveedor de dinero y con escasa presencia emocional. Después de unos 20 años de relación, su vida matrimonial parece habitada por resquemores, reproches, desencuentros y terrorismo emocional de baja intensidad. En definitiva, una relación agotada. Su hijo es pequeño para darse cuenta; pero su hija adolescente no y también entra en ese juego de guerrillas.

Con este planteamiento, una mañana lluviosa Carlos, debido a un pequeño contratiempo en su empresa, tiene que llevar a sus hijos al colegio, sin imaginarse lo que la llamada de teléfono de El desconocido está a punto de desencadenar.



Carlos y sus dos hijos se encuentran en el espacio cerrado de su coche de lujo, sin poder pedir ayuda. No deja de ser irónico que un coche, símbolo de independencia, estatus social y libertad, pueda llegar a convertirse en un ataúd rodante. Así, en ese espacio tan pequeño, la ansiedad se hace mucho más densa y asfixiante; el miedo a la muerte, sobre todo a la muerte de los hijos, traspasa la pantalla; y, aunque a veces, dan ganas de levantarse de la butaca y ahostiar a esos niños impertinentes, malcriados y que sólo saben reprochar cosas que no entienden, luego se les perdona por su actitud casi heroica. Una tensión emocional de la que difícilmente se puede escapar el espectador.



En medio de ese sinvivir que produce tener el culo (y los culitos de los hijos) encima de una bomba en un espacio tan reducido, aparece Elvira Mínguez dando un poco de aire (y también de esperanza) y rebajando la tensión. Porque, el desconocido ha tenido dos años para preparar su venganza y lo ha hecho concienzudamente, de manera que todos crean que Carlos se ha vuelto loco y quiere matar a sus hijos por algún asunto turbio de deudas de juego. Elvira Mínguez interpreta a Belén, jefa de la unidad encargada de desactivar la bomba. Sobria, profesional y muy inteligente. Enseguida sospecha que las cosas no son lo que parecen. ¡Menos mal! Porque el resto de personajes no daba un duro por Carlos.




En fin, que viendo esta película el espectador sufre y sufre mucho. Se sufre constantemente y sin tregua; atropellada e intensamente. Y es que, aunque el protagonista haya sido un banquero, de los triunfadores que hace años eran muy buenos y les mirábamos con admiración y hoy sólo dan asco por su codicia y su afán de rapiña, no se merece algo así y sus hijos tampoco. A partir del final de la película queda el tiempo para la reflexión y para plantearnos si, una vez superada esta crisis (o estafa), no volveremos a caer otra vez en lo mismo: el pelotazo, el dinero fácil, alabar el triunfo de personajes tan turbios, seguir valorando una paternidad emocionalmente distante. Mucho en qué pensar. 


Dirección: Dani de la Torre
Guion: Alberto Marini
Música: Manuel Riveiro
Fotografía: Josu Inchaustegui
Intérpretes: Luis Tosar, Javier Gutiérrez, Elvira Mínguez, Goya Toledo, Fernando Cayo, Paula del Rio.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Cine: Anacleto, Agente Secreto de Javier Ruiz Caldera (2015)

Anacleto, Agente Secreto fue un cómic creado por Manuel Vázquez que empezó a publicarse en 1964. Es una mezcla entre James Bond y Maxwell Smart. De Maxwell Smart, el Superagente 86, ha tomado prestada la capacidad de improvisación y una habilidad natural para el desastre. Sin embargo, Anacleto es un hombre elegante, como Bond, James Bond. Traje, camisa blanca y pajarita siempre impolutos, aunque esté caminando por el desierto y lleve un cigarrillo siempre en la boca con la ceniza a punto de caer. Se casó con una espía ya fallecida y tuvo un hijo, Adolfo, entrenado desde la niñez para ser agente secreto también, aunque ni siquiera él no lo sepa. Ahora Anacleto, Agente Secreto también es una película, dirigida por Javier Ruiz Caldera.



Imanol Arias interpreta a un Anacleto ya sesentón que, aunque él mismo considera que es “demasiado viejo para esto”, todavía puede dar algunas lecciones. Así no se tarda en comprobar que está en plena forma. Sigue trabajando para la misma agencia secreta y enfrentándose al malvado Vázquez, el peor malo o el mejor malo de todos los tiempos; un malo muy malo (Carlos Areces), que ha escapado de una cárcel situada en el desierto: ¿qué pinta un desierto en todo esto? Yo no lo recordaba pero el desierto es el hábitat natural de Anacleto (cosas de su creador). 



El malvado Vázquez ha amenazado al hijo de Anacleto. Adolfo (Quim Gutiérrez) es un niño de más de 30 años, aburrido, soso y comodón. Nunca ha sabido que sus padres eran tan especiales, porque la verdad es que Anacleto ha sido un padre bastante ausente que se hacía pasar por charcutero (pensar en cómo hacía desaparecer los cadáveres de sus víctimas es para echar a temblar) y trabajaba en una masía. Ahora Adolfo trabaja de segurata en unos grandes almacenes y no tiene mucho interés en casi nada. Su jefecillo en el trabajo (Berto Romero) es además su mejor amigo y el hermano de su novia y es tan soso, melindroso y pánfilo como Adolfo.



Alexandra Jiménez es Katia, la novia de Adolfo y está bastante harta de él. Es médica y quiere irse de cooperante fuera de España a vivir aventuras y escapar de su vida monótona. Aunque no entiendo cómo puede tener una vida monótona teniendo como madre a Rossy de Palma (que secretamente trabaja para el malvado Vázquez); pero sí que entiendo claramente que quiera dejar plantado a Adolfo, porque el chico es un desustanciado. De todas maneras, Katia no sabe que la aventura la va a tener muy cerca de casa cuando el malvado Vázquez la secuestre.



Hacía mucho tiempo que no me reía tanto en un cine. Yo creo que desde 8 apellidos vascos. El guion se las trae: chiste sobre chiste y recontrachiste y todo trufado con los gags correspondientes y guiños a las historietas de la España desarrollista de los años 1960, que dejaba lentamente la posguerra y tenía ganas de reír. Parodia y disparate equilibrados. Puro entretenimiento de calidad; ahora ya podemos decir sin ninguna duda que Anacleto nunca falla.  


Director: Javier Ruiz Caldera 
Guion: Fernando Navarro, Pablo Alén y Breixo Corral sobre las historietas de Manuel Vázquez 
Música: Javier Rodero
Fotografía: Arnau Valls Colomer
Intérpretes: Quim Gutiérrez, Imanol Arias, Alexandra Jiménez, Carlos Areces, Berto Romero y Rossy de Palma.  


lunes, 24 de agosto de 2015

Ensayo biográfico: La hora violeta de Sergio del Molino (2013)

El autor.-
Sergio del Molino es escritor y periodista. Nacido en Madrid en 1979. La hora violeta obtuvo el premio El Ojo Crítico 2013 de narrativa de RNE y el premio Tigre Juan ex aequo con Daniela Astor y la Caja negra de Marta Sanz. Otras obras suyas son No habrá más enemigo y  Lo que a nadie le importa. 

Mi opinión.-
Sergio del Molino empieza su libro deseando encontrar una palabra que defina su condición. Cuando no existe una palabra tampoco existe o, en realidad, tampoco queremos que exista el concepto que está bajo ella. Porque nombrar algo es darle existencia, es traerlo a la luz, parirlo. Pero en castellano no existe una palabra para nombrar a los padres o madres que han perdido a un hijo. ¿Pueden seguir siendo padres de un muerto? Sergio del Molino cree que sí; sin embargo, a pesar de que su vida continua, se siente atascado en La hora violeta.

Si además el niño es un bebé de 10 meses cuando empieza a estar enfermo y la mayor parte de sus 24 meses de vida la pasa en un hospital, acribillado a jeringuillas y pruebas y diagnósticos a cual peor, todavía el dolor es mayor.

A todo eso se enfrenta el autor en este libro. A la agonía y muerte de su hijo; al miedo y al dolor de la pérdida; a la mínima esperanza que sus padres pudieran sentir. Desde una emoción muy contenida, pero sin ahorrar detalles, relata los días que pasó Pablo (su hijo) desde el diagnóstico de una leucemia rarísima al final letal. Apenas hay presencia de nadie más. El padre y sus miedos; el hijo y su muerte.

Después de la muerte de Pablo, el padre sintió deseo de escribir. No le importaba tanto describir la no-vida de su hijo, sino que quería tener una excusa para poder apartarse del mundo que quería ayudarle a superar y olvidar su dolor. Se venía rodeado de buenas intenciones de familiares o amigos que le presionaban a olvidar; pero él no quería pasar con rapidez por esa situación. Necesitaba un tiempo para poder asimilar su dolor y parece que el resto del mundo no se lo permitía. Hasta que decidió escribirlo.

En esa escritura lúcida, el autor no busca desahogo. Es muy crítico con el consuelo fácil; con pensar que una tragedia te hace mejor persona; con esconderse detrás de bálsamos. Afronta su realidad de padre sin hijo o de padre con hijo muerto, porque Pablo no desaparecerá de su vida nunca. Pero lo hace desde la rabia profunda que no puede estrellarse contra ningún culpable y que el autor creo que consigue domesticar escribiendo. Escribiendo con limpieza, con exactitud, con honestidad y con dolor. Volviendo a la vida porque hay otros que le están esperando. Así termina:

“Este libro está dedicado a mi hijo Daniel, con el deseo y la esperanza de que tu hermano no se convierta en un fantasma ni en un cuento de terror. Ojalá toda la fuerza que a Pablo no le bastó para salvar su vida le inspire a él para vivir la suya con la felicidad, la pasión y el amor que merece.
Que el ejemplo de Pablo siempre le guíe y nunca le pierda”.




La hora violeta
Sergio del Molino 

Ed. Mondadori

martes, 26 de mayo de 2015

Serie TV: True Detective de Cary Fukunaga (2014) - Temporada 1/03

Episodio 3: 
The locked room

La pista del repentino fervor religioso de Dora les lleva hasta una iglesia ambulante regentada por un clérigo protestante. El predicador es un exalcohólico que vende esperanza e ilusión pero sin ningún fundamento. Los fieles, de bajo nivel intelectual, viven una religiosidad emocional, un espectáculo de puro pensamiento mágico. Desde su punto de vista que podría llamar nihilista pesimista, Cohle observa como el predicador absorbe los temores de los fieles y pone de manifiesto la pobreza, la obesidad y una cierta tendencia de sus seguidores a creer en cuentos de hadas.

Hart nuevamente es el contrapunto de hombre normal para Cohle. No juzga a sus semejantes por su obesidad o por su pobreza, pero todavía no sabemos si es por humanidad o simple indiferencia. Para el desarrollo de la investigación recogen en esta iglesia nuevas pistas.

Además en este capítulo, se profundiza en la descripción del carácter de Hart. Aparentemente más estable y tranquilo que Cohle, pero con una gran frustración y rabia interior. También tiene más protagonismo Maggie, la mujer de Hart. Un personaje muy necesario para la catarsis entre los dos protagonistas pero que a mí no me resulta especialmente atractivo. Está descrito desde un tradicional punto de vista masculino, como la sufriente-esposa-perfecta-a-punto-de-estallar-y-que-sólo-quiere-comunicación-emocional. Es guapa y tiene un tipazo que cualquiera querría disfrutar; mantiene también una relación conflictiva con su madre. Creo que trabaja, pero no estoy muy segura y por lo demás siempre está esperando en casa a que Hart llegue (de trabajar o de haber estado de putas), monísima, poniendo morritos y con ganas de comunicación. Además está empezando a sintonizar con Cohle y Hart lo nota; se anuncia el conflicto.

Por supuesto, una de esas noches, hablan y acaban follando apasionadamente. En la conversación surge lo habitual, el desgaste de la convivencia, la falta de sexo en el matrimonio, la crisis de los 40, no tener tiempo para ellos mismos. Lo habitual. En realidad, Hart es un hombre perdido. Necesita obedecer normas para poder vivir en paz; necesita una familia, pero no necesita verla muy a menudo; necesita tener amantes para sacudirse la frustración antes de volver a casa, a jugar a ser el papá perfecto. Siente mucha responsabilidad por su paternidad y se presenta como un padre cariñoso para sus hijas, pero en cierta manera esa relación está bloqueada; posiblemente porque las niñas estén creciendo y no sepa cómo relacionarse con ellas.

Rust Cohle, al contrario de Hart, acepta ser malo; acepta la maldad en el mundo y aprovecha sus noches de insomnio para repasar casos antiguos. Allí encuentra un caso parecido que hace unos años pasó desapercibido y nuevas pistas: la escuela Light of Way y otro nombre, un tal Ledoux. Detenido varias veces por asuntos de drogas y asalto sexual.


En el interrogatorio que se desarrolla años después del asesinato de Dora Lange, Cohle recuerda como él mismo miraba y remiraba las fotos de las mujeres muertas. Llegó a creer que en el último segundo de su vida y después de todo el sufrimiento de la agresión o la violación, esas mujeres aceptaban felizmente la muerte porque habían entendido que su existencia había sido un mero sueño inútil; siempre el mismo sueño repetido. El sueño de creer que alguna vez habían existido y que habían sido personas. Un sueño que se produce dentro de la habitación cerrada que es nuestra consciencia. Las mujeres, y Cohle también, comprendían que al final del sueño, siempre nos está esperando un monstruo. 



jueves, 23 de abril de 2015

Cine: Into the woods de Rob Marshall (2014)

Into the woods son dos películas. La primera, fundamentalmente un musical, donde se entrecruzan cuentos tradicionales dándoles un barniz nuevo: Caperucita, Jack y las judías mágicas, Cenicienta y algún otro que ahora no recuerdo. Esta parte que es, aproximadamente la primera hora de película, me ha gustado mucho. Está bien hilada, tiene ritmo y entretiene. Pero después no sé qué pasa; los personajes empiezan a hablar (mucho, excesivamente), empieza a haber cierta moralina y todo el armazón se tambalea. 

Yo confieso que soy más de brujas, cuanto más feas mejor, porque los malos tienen su atractivo y su vida atormentada; pero en este cuento, hasta Caperucita tiene un punto morboso. Siempre me ha parecido una marisabidilla, no ha sido nunca mi personaje de cuento favorito, pero aquí, aunque le planta cara a un lobo muy seductor y un poco lascivo (Johnny Depp), casi está a punto de caer en la tentación.

Después del ataque de los gigantes el guion pierde fuerza. Lo que resultaba atractivo antes era que estos perdedores eran un poco excéntricos y estaban rebotados contra el mundo; pero después del ataque, todos se quieren volver muy buenos y muy correctos y acaban siendo un poco petardos.

Al final, en el bosque, todo se reduce a hablar de maternidades y paternidades más o menos frustradas. La bruja (Meryl Streep) había robado a una niña y la había encerrado en una torre para que nunca le pasase nada. Paradójicamente es una bruja que está llena de miedo desde que su madre la castigó porque se había dejado robar las judías mágicas. Cuando crece Rapunzel, que es la niña robada, lógicamente traiciona a su madre-madrastra y se enamora de un príncipe simplón.

El pastelero está maldito y no puede tener hijos desde que su padre entrase en el jardín de la bruja y le robase las judías mágicas; al final acaba adoptando a Caperucita que, después del ataque de los gigantes,  se ha quedado sin madre y sin abuelita.

Cenicienta decide dejar plantado al Príncipe (Chris Pine) y al final se va a vivir con el pastelero y con Caperucita, porque le parecen mucho más sinceros que el príncipe encantador. Y Jack que sólo quería recuperar a su enferma vaca blanca, también se queda con el pastelero en lo que es un modelo de nueva familia ensamblada del siglo XXI.

No sé si vivieron felices y comieron perdices una vez que salieron del bosque, pero yo no.  Al final me aburrí un poco.  Y es que la pobre Bruja murió y los príncipes me ponen muy poco. 


Dirección: Rob Marshall 
Intérpretes: Meryl Streep, Emily Blunt, James Corden, Anna Kendrick, Chris Pine, Johnny Depp.
Guion: James Lapine (Musical: Stephen Sondheim, James Lapine)
Música : Stephen Sondheim
Fotografía: Dion Beebe

viernes, 23 de mayo de 2014

Cine: El Sur de Víctor Erice

El Sur es uno de los tres largometrajes realizados por Víctor Erice. Un director que es una excepción en el panorama nacional. De poco éxito comercial pero muy valorado por determinado público y crítica. 

Está basada en la novela del mismo título escrita por Adelaida García Morales. En realidad iba a ser una serie para Televisión Española de tres capítulos, pero se terminó la financiación. La parte que se había rodado se presentó a varios festivales (Cannes, Burdeos, Chicago) y para su desgracia tuvo mucho éxito. Así, el productor no consideró oportuno continuarla y se quedó en largometraje. El resultado es precioso, pero Víctor Erice siempre la ha considerado una obra inacabada. En la parte que falta, la protagonista se traslada al sur y consigue encajar las piezas del secreto que guarda su familia.

En esta película el autor se “recrea en la pintura de las escenas”. Porque ese es el tratamiento que hace de la imagen; Erice pinta las escenas iluminándolas poco a poco. Así lo hace al principio de la película, cuando el amanecer lentamente va silueteando el dormitorio y la figura de la protagonista. Película heredera de la pintura del barroco. Poema audiovisual o cine pictórico, tanto da.

La voz en off, claramente, da el tono de la evocación y la ensoñación del pasado. Es una película de crecimiento, del paso de la infancia a la adolescencia. Estrella vive fascinada por su padre aunque no le entiende y quizá es esto lo que más le atrae, el hombre misterioso, rebelde, amable y triste. Vive en una ciudad del norte de España y está acostumbrada a hacer las preguntas y a recibir las respuestas en voz baja, aunque viva en un caserón a las afueras y nadie puede oírles. Son los tiempos duros de la posguerra, los años 50. 

En ese ambiente frío de silencios, cuchicheos y medias voces, descubre cosas sobre su padre que no sabe entender y que harán que se vaya alejando de él. En el viaje de la infancia a la adolescencia se mezclan la curiosidad, los secretos de los adultos, la confusión del crecimiento, el abandono de la hija y la muerte del padre. A la fascinación de la niña por su padre le sigue la indiferencia y cierta crueldad de la adolescente que no comprende. La adulta, la narradora en off en la película, será capaz de entender y perdonar. 

Hay momentos en la película de luz y alegría (el baile el día de su primera comunión), otros de esperanza y sorpresa (cuando el padre aparece en la iglesia) y otros de dolor que presagia el abandono (la comida en el restaurante), que sincronizan perfectamente imagen y narración, color y emociones. Es una película muy elaborada, muy pensada y hecha a fuego lento. Para disfrutar de la melancolía y del cine clásico. 


Dirección y guion de Víctor Erice
Fotografía de José Luis Alcaíne
Intérpretes: Omero Antonutti, Sonsoles Aranguren e Icíar Bollaín, Rafaela Aparicio.


viernes, 28 de marzo de 2014

Novela: El país del miedo de Isaac Rosa

El autor.- 
Nació en Sevilla en 1974. Es también columnista habitual de eldiario.es. Con El país del miedo ganó el Premio Fundación José Manuel Lara en 2008. En 2013 ha publicado la novela La habitación oscura que ha obtenido también el Premio Cálamo. 

Sinopsis.-
Sara y su marido son una pareja española de clase media. No viven en un barrio muy selecto, pero tampoco es un arrabal. Tienen un hijo preadolescente y una vida normal. Sara empieza a notar que le falta dinero y otras pequeñas cosas también desaparecen de su casa. El miedo se instala en sus vidas.

Mi opinión.-
Inquietud es la primera palabra que se me vino a la mente en cuanto terminé de leer esta novela. Y también rabia y un profundo desprecio por el personaje principal y su cobardía.

No me gusta pensar que vivimos en una sociedad del miedo. Pero aunque sea así, no me queda claro si podemos o si queremos hacer algo para salir de ese vértigo. El miedo es útil. En principio, debería servirnos para evitar riesgos de los que no sacaríamos nada. Pero puede ser también una cárcel o puede convertir al miedoso en alguien brutal. Por otra parte, también resulta cómodo dejarse llevar por el miedo y que otro nos solucione los problemas. En todos estos casos, ¿hacemos algo? La mayoría de las veces, nada. Le cambiamos el nombre al miedo y no pasa nada. Le llamamos prudencia o indiferencia y ya podemos padecerlo sin ningún pudor y con toda tranquilidad. 

Isaac Rosa explora todas estas posibilidades en la novela. Dibuja el mapa del país del miedo. Hay dos historias relacionadas: en unos capítulos conocemos la vida cotidiana de Sara, su marido y su hijo, una vez que el miedo se ha instalado en su casa; en capítulos alternos, a través del marido, conocemos todo lo que tenemos que conocer sobre el miedo en general y sobre sus miedos en particular. Las causas del miedo; la violencia, las armas y todas las maneras de herir, infligir dolor y matar; el miedo reverencial; la cartografía del país del miedo, sus espacios, itinerarios, situaciones; la literatura del miedo; instrucciones para delinquir; el origen de los miedos y su aprendizaje. 

También hace que nos enfrentemos a otra cosa que en la novela se dice claramente: “Las respuestas defensivas al miedo generan más miedo”. Una vez que el miedo ha germinado, necesita poco para crecer y hacerse fuerte. Si te colocas frente al miedo, cada vez que das un paso atrás, el miedo da dos pasos al frente. Cualquier cosa lo alimenta: un ruido, una mirada, una palabra soez o amable, da igual. El miedo ya no te necesita para existir, tiene vida propia y se apodera de la tuya. Invade tu mente, tu cuerpo, tu voz. Inhalas miedo, exhalas miedo; masticas miedo, tragas miedo; transpiras miedo; contaminas a los demás con tu miedo y te contaminas con el miedo de los demás. Naces, creces, vives y mueres en una espiral de miedo. 

Es una novela agotadora y excelente porque consigue meterte el miedo en el cuerpo. Desde luego no la recomiendo para leer un ratito en la cama antes de ir a dormir. Te derrota por la sensación de desasosiego, de impotencia ante la cobardía del protagonista; cómo se va dejando dominar por el miedo. Te recuerda los miedos que has sentido y que, todavía, no has superado y el tiempo que pierdes con ellos. 


El país del miedo
Isaac Rosa

Seix Barral

viernes, 24 de enero de 2014

Ensayo biográfico: Tiempo de vida de Marcos Giralt Torrente

El autor.-
Marcos Giralt Torrente ganó el Premio Nacional de Literatura 2011 con este libro. Ha escrito sobre todo relatos y narraciones cortas. Es miembro de la Orden de Finnegans, que tiene como único propósito venerar el Ulises de James Joyce. También es crítico literario del suplemento cultural de El país, Babelia. Antes de escribir Tiempo de vida había ganado ya el Premio Herralde de Novela en 1999. El final del amor es su último libro. 

Sinopsis.-
Marcos Giralt Torrente se enfrenta a la muerte de su padre.

Mi opinión.-
Este libro es considerado como ensayo narrativo. No es novela evidentemente, pero tampoco memoria o biografía. El autor desmenuza las relaciones padre-hijo y muestra su propia identidad, apoyándose en la relación/desencuentro con su padre durante toda su infancia y sobre todo en la enfermedad y la muerte de éste. Sin sentimentalismo (pero con un constante reproche), explora la decepción por el abandono de su padre; la pérdida y el duelo, y en ese camino queda totalmente expuesto a merced del lector y de su juicio. 

Es muy consciente durante toda la escritura, de que falta la versión de su padre. Para Giralt Torrente es un libro que debería haber sido escrito entre los dos, pero la muerte lo impidió. Aparece sólo su versión y sus quejas y sus antojos y sus niñerías y su rabia. Es algo que llegaría a cansar, si no estuviese tan bien escrito. 

Durante todo ese “vómito emocional”, mantiene siempre un tono neutro, una cierta frialdad de escalpelo (sobre todo en la primera parte del libro). Algo que ha debido ser muy difícil de conseguir. Tengo siempre una cierta prevención respecto a estos libros de “ajuste de cuentas” con el pasado. Es muy fácil que deriven hacia la queja sensiblera que no me atrae nada. Pero este no ha sido el caso. 

Me ha gustado mucho su manera de escribir. Las abundantes repeticiones al inicio de cada frase, que cada vez se vuelve más corta; resultan como letanías de una oración o como pinceladas con las que recrear la vida que ya no tendrá con su padre. 

Es un libro emocionante, donde también hay sitio para el rencor. Como norma general, no menciona a nadie por su nombre. Parece que quiera mantener su absoluto protagonismo y recurre a definir al resto de intervinientes a través del posesivo, sólo por la relación que mantienen con él. Su padre, su madre, su novia, su mujer, ninguno de ellos tiene nombre. Excepto una, la madrastra, la segunda esposa de su padre, llamada durante todo el libro “la amiga que conoció en Brasil”. Un poco, un personaje de cuento: mezquina, interesada más en el dinero que en su marido, usurera y a la que considera la principal responsable del alejamiento del padre. Yo siempre he pesando que un hombre no se aleja si no quiere. Ella no se ha defendido.



Marcos Giralt Torrente
Tiempo de vida 
Anagrama

viernes, 11 de octubre de 2013

Cine: Prisioneros de Denis Villeneuve

Esta vez llego a tiempo con mi opinión. Fui al preestreno de la película aprovechando que el Festival de cine de San Sebastián, le concedió el Premio Donosti 2013 a Hugh Jackman. 

Denis Villeneuve dirigió también Incendies, una adaptación de la obra de teatro de Wahdi Mouawad, que acaba de reestrenarse en el Matadero de Madrid. Otra exploración de la capacidad de violencia y tortura de la gente normal puesta en una situación excepcional, que fue nominada al Oscar en 2010. Acaba de rodar, también con Jake Gyllenhaal, Enemy. 

En un paisaje gris, frío, desapacible y húmedo, dos familias van a celebrar el día de acción de gracias. Este ambiente de tranquilidad y seguridad aparentes es el escenario de la desaparición de las dos hijas pequeñas. 

Es una película llena de símbolos religiosos y otros que pueden no parecerlo tanto: el laberinto, los sótanos. Comienza con una oración y con un padre dando una lección de vida a su hijo adolescente. En pocos minutos, el director hace una descripción detallada del protagonista: Keller Dover (Hugh Jackman), padre de familia, religioso y temeroso de Dios y sobre todo de los hombres, obsesionado con la seguridad y la protección de los suyos. 

El secuestro de su hija pequeña le hace comportarse como el más refinado de los psicópatas. Planifica toda una estrategia de tortura contra el joven discapacitado al que culpa, sin pruebas, del secuestro de su hija. El instinto le hace creer fervientemente que ese joven es el secuestrador y el instinto es lo que utiliza para desplegar toda la violencia posible contra él. Sin resultado.

Los sótanos y los laberintos. En un sótano un sacerdote borracho cree haber enterrado sus pecados, su falta de fe, un asesinato; y Keller Dover, cree, que todo lo que guarda en el sótano, servirá para proteger a su familia. Ninguna de las dos cosas es cierta. Al final, los secretos más ocultos se revelan y tampoco existe ninguna precaución que podamos tomar contra la arbitrariedad del mal. Además, cada personaje está prisionero en su laberinto de miedos y culpas. Son las pruebas que se deben pasar para conseguir la libertad aunque no todos son lo suficientemente listos, valientes, fuertes o inteligentes para poder salir. 

Como oponente del padre desesperado, está el inspector Loki (Jake Gyllenhaal, magnífico), el policía encargado de la investigación. Sus tatuajes y la rabia que sólo se permite expresar con el sacerdote borracho, son pistas de una infancia de abusos (en un orfanato o en un reformatorio) y de una adolescencia caminando por el lado salvaje de la vida. Un hombre metódico, templado y sereno, que terminó haciéndose policía para no llegar a ser un delincuente. Pero en medio de toda esa contención tan estudiada, un tic nervioso nos advierte de que su ira podría estallar en cualquier momento. 

El guion es muy potente, pero al mismo tiempo da la sensación de que ha sido “amañado” para que el espectador empatice con el personaje de Hugh Jackman y le disculpe todo su sadismo, amparándose en la desesperación por el secuestro de su hija. Es muy efectivo en la descripción de los personajes y de sus ambigüedades y marca magistralmente la suave línea que separa el bien del mal: el ángel amado y adorador de Dios y el ángel decepcionado por él y que le declara la guerra. 

La película empieza con una oración y termina con una llamada de socorro desde un sótano, como si las dos cosas fueran lo mismo. Al final estás sin aliento; la constante lluvia que acompaña a los personajes durante las más de dos horas de proyección, llega a empapar hasta la butaca del cine.




Director: Denis Villeneuve
Guión: Aaron Guzikowski
Música: Johann Johannsson
Fotografía: Roger Deakins
Intérpretes: Hugh Jackman, Jake Gyllenhaal, Paul Dano.