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miércoles, 3 de febrero de 2021

Memorias: Espejo de sombras de Felicidad Blanc (1977)


Las autoras.-
Felicidad Blanc nació en el Barrio de Salamanca, epicentro de la burguesía madrileña, en 1913. Una burguesía culta y cuyos impulsos renovadores se vieron, definitivamente, truncados por la Guerra Civil y el franquismo. Escribió algunos cuentos, reunidos en el libro La ventana sobre el jardín. Aunque su principal ocupación fuese la de ser ama de casa y madre de familia. 

Natividad Massanés no figura como autora de este libro aunque se encargó de darle forma en 1977. En realidad, Felicidad Blanc nunca quiso escribir su biografía, pero le propusieron someterse a una entrevista casi sociológica, grabada y dirigida por Massanés, en la que ésta ejercía de “interlocutora objetiva, que orienta sólo la narración allí donde el relato se dispersa o resulta oscuro” tal y como ella reconoce en el prólogo. Pero, aunque al no disponer de las grabaciones originales no podemos saber el grado de participación de Massanés, creo que en una conversación entre dos personas la autoría es conjunta.

Mi opinión.-
Felicidad Blanc alcanzó cierta popularidad en 1976, cuando se estrenó la película de Jaime Chávarri, El desencanto. En esta película, una familia ajustaba cuentas consigo misma. Los tres hijos del poeta Leopoldo Panero y su viuda, frente a frente. Leopoldo Panero, literariamente, perteneció a la Generación del 36 y fue un personaje controvertido. Durante la guerra fue arrestado por ser rojo y después se afilió a la Falange; durante la posguerra fue agregado cultural y director del Instituto Español en Londres, pero, desde su puesto se esforzó por contactar con los intelectuales exiliados. No sé si esto significa que estaba más comprometido con las personas que con las ideas. Aun así, lo que se desprende de la película es que fue un marido y un padre ausente y, a veces, violento y que, en su madurez, cuando estaba cambiando de actitud, murió.

En cualquier caso, este es el libro de Felicidad Blanc. Es su “historia de vida”, en la que además de sus peripecias personales podemos vislumbrar la historia de una clase social. Su auge y decadencia. Una burguesía española, ilustrada y competente; dedicada a los negocios pero también, o quizá principalmente, a adquirir competencias intelectuales. Médicos, abogados y literatos; casi exclusivamente hombres y políticamente conservadores. Pero completamente diferentes a los franquistas, fuerza bruta que se impondría socialmente después.


Felicidad Blanc fue hija de un cirujano prestigioso. Su padre descendía de dos familias importantes de Barbastro, en Huesca, pero al mismo tiempo, supo labrarse su carrera médica sin ayuda de nadie. Así, cuando nació ella, la última de sus cuatro hijos, la situación económica de la familia era boyante y pudieron trasladarse desde la Gran Vía al Barrio de Salamanca.





























Sin embargo, Felicidad apenas recibió educación reglada. Sus primeros conocimientos se los debe a institutrices en su hogar; una alemana y otra francesa. El poco tiempo que asistió al colegio, San Luis de los Franceses, estuvo dominado por el miedo a sus compañeras y a las profesoras. Supongo que porque se sentía más ignorante que ellas. Después una vida de fiestas, encuentros con jóvenes burgueses extremadamente educados, los primeros noviazgos y pocas amistades femeninas. Esto me ha resultado muy chocante. Apenas habla de sus amigas y llega un momento en que a las únicas mujeres que conoce son a las novias de sus amigos o a las hermanas de sus novios. Su vida está constantemente determinada por los hombres. Incluso mantiene una relación más estrecha con su hermano que con sus hermanas. La Guerra Civil le sirve, también, para estrechar lazos con su padre. Un hombre cariñoso pero que siempre se había mostrado demasiado ausente. Entonces empieza a trabajar de enfermera en el hospital y da muestras de su valía.


Después el noviazgo definitivo y la boda con Leopoldo Panero. Desde el principio, habla del abismo emocional que les separa pero sin culpar a nadie. Sin embargo, sigue adelante con la boda. Y con los embarazos que afectan gravemente a su salud y con los abortos y la lejanía emocional y la violencia de su marido. Se traslada a Londres con él y eso supone un poco de aire fresco; un amor blanco con Luis Cernuda que dura pocos meses y con el que no se reencontrará nunca más en su vida. Ni siquiera por carta.



Ella tampoco se describe de una manera muy emocional. Por supuesto nunca hace referencia a las relaciones sexuales; pero tampoco profundiza en la relación que mantuvo con sus hijos. Durante la infancia de los niños, les considera su vida; pero, en la adolescencia, también se mantienen alejados. Por la influencia del padre y, yo creo que también, por esa pasividad emocional de la propia Felicidad.


Me queda la imagen de Felicidad como una mujer pasiva y triste, lejana, fría emocionalmente. Con una frialdad que, incluso, se dedica a sí misma. Una mujer ausente de todo y de todos; sin comprometerse con nadie. Dejándose llevar por la vida que le había tocado en suerte. Cuando ya estaba viuda retomó su vida, volvió a escribir y mantuvo una relación más adulta con sus hijos, hasta su muerte en 1990. Aun así, en el capítulo 7 del libro, titulado Yo misma, gran parte del protagonismo se lo lleva su hijo Leopoldo María. Ella misma se define como una dama del siglo XIX, traspasada de romanticismo y de literatura, y yo creo que de allí viene su languidez, nostalgia y extremada tristeza.



Felicidad Blanc
Espejo de sombras
Ed. Cabaret Voltaire

miércoles, 8 de julio de 2020

Memorias: Le Coeur à rire et à pleurer (1999)

La autora.-
Maryse Condé es una escritora francesa nacida en la isla antillana de Guadalupe. Feminista y decidida difusora de la cultura afroamericana. En 2018, recibió el Premio Right Livelihood de literatura, más conocido como Nobel Alternativo. Es doctora en literatura comparada por la Sorbona y ha enseñado en universidades de Guinea, Senegal, Berkeley, la Sorbona y también en la Universidad de Columbia en Nueva York. Se ha publicado en castellano su segundo libro de memorias, La vida sin maquillaje, pero todavía no se ha publicado ninguna de sus novelas. 


Mi opinión.-
Maryse Condé ha sido todo un descubrimiento para mí. Y considero que puede estar perfectamente relacionada con Toni Morrison y su universo literario. Las dos autoras son exponentes esenciales de la literatura afromericana, aunque esta literatura pueda estar expresada en inglés, francés o castellano.

Este es un libro de memorias. La autora lo subtitula como Cuentos reales de mi infancia y así son, recuerdos de infancia, a veces reelaborados y trufados de imaginación, y la evocación de un mundo ya perdido, especialmente con las muertes de su hermano Sandrino y de su madre. Ella fue la última de ocho hijos y cuando nació alguno de sus hermanos ya era adulto e, incluso, se había independizado del hogar familiar, manteniendo una relación muy distante con ellos. Pero no fue así con Sandrino, su alma gemela, el joven encargado de aclarar sus dudas de infancia, al menos, hasta su temprana muerte cuando estudiaba en París.

La autora recurre a recuerdos trascendentes de su infancia a los que pudo dar significado en su vida de adulta. Son recuerdos que tienen a su madre como protagonista y la, a veces, muy difícil relación con ella. Condé nació en una familia burguesa de la Guadalupe. Su padre, ya jubilado, había sido funcionario y su madre era una institutriz, nacida de una mulata soltera y analfabeta, que pudo estudiar gracias a becas y premios y su gran inteligencia. 

Ambos se sentían plenamente asimilados en la cultura francesa. Muy distantes de los mulatos y de los negritos de clase baja. Disfrutaban de estancias en Francia, en las que no querían ser conscientes de las diferencias y discriminaciones raciales y educan a sus hijos ocultándoles las consecuencias de la esclavitud.

Maryse Condé será una niña rebelde que, sin embargo, no querrá hacer sufrir a su madre. También tendrá, como los personajes de Ojos azules de Toni Morrison, a Shirley Temple como ideal de belleza. Y, a pesar, de su rebeldía un juego infantil con una niña blanca le hará sospechar que el mundo no es como ella pensaba. Más tarde será considerada como una mujer junco. Una mujer que puede inclinarse ante las adversidades pero que jamás llegará a romperse por ello; una mujer con las raíces poco profundas para poder desplazarse y asentarse en otras tierras en busca de su lugar en el mundo. 

En la Guadalupe de los años 1940 y 1950, los negros se ocupan de los negros, los mulatos sólo se relacionan con mulatos y los blancos se relacionan con blancos. Toma conciencia también de que las diferencias raciales son potenciadas por las diferencias de clase y que es mucho más elegante hablar francés que criollo. Pero aunque empieza a considerarse como una peau noire-masque blanc, hasta que no llega a estudiar a París, siendo una adolescente, no se encontrará con estudiantes de origen africano y con profesores blancos que, a veces brutalmente, le expliquen su herencia representada por “la degradación del África transportada al nuevo mundo” o como la llamaba su profesora Mme Épée una “africana destribalizada”. Entonces comenzará su toma de conciencia y el descubrimiento de su verdadero origen que dejará plasmados en un segundo libro de memorias que todavía no he tenido oportunidad de leer. Muy recomendable. 



Le Coeur à rire et à pleurer
Maryse Condé

Pocket

miércoles, 3 de junio de 2020

Memorias: Cosas que no quiero saber de Deborah Levy (2013)


La autora.-
Deborah Levy nació en Johannesburgo en 1959. Ha escrito novelas, obras de teatro y poesía. También fue profesora del Trinity College de Cambridge. Ha sido varias veces finalista del Man Booker Prize. Otras obras suyas: Beautiful Mutants, Leche caliente y la segunda parte de esta Autobiografía en construcción, El coste de vivir.  

Mi opinión.-
Este es el primer libro de la trilogía autobiográfica de la autora que está empeñada en que las mujeres utilicen su voz para hablar de las cosas que les interesan, aunque, como en este caso, sean cosas que no quieren saber (o mejor dicho, que no quieren recordar). Por eso no resulta extraño que este libro lleve como subtítulo “Una respuesta al ensayo de 1946 de George Orwell Por qué escribo”. Levy tiene muy claro que escribe porque quiere tener voz propia y dársela a las mujeres que estén entre los 50 y los 60 años y que, además, esa voz propia esté incardinada en el feminismo.

La infancia en la Sudáfrica del apartheid no era muy agradable para algunos blancos que también militaban en el Congreso Nacional Africano, como era el caso del padre de la protagonista. Y más si se era judío. Esto provocó el encarcelamiento del padre y el exilio para toda la familia. Pero antes de ello, la pequeña Deborah tuvo que ir a vivir con otra familia que, en cierto sentido, le abrió los ojos a la realidad que estaba viviendo.

En este libro, Levy se propone contestar al ensayo, que no conozco, titulado Por qué escribo de George Orwell. Supongo que se escribe porque hay una necesidad de contar, de narrarnos a nosotros mismos el mundo que no entendemos. Un mundo especialmente hostil para las mujeres.

Me ha parecido que la autora domina la expresión narrativa. En un estilo muy conciso y en apenas dos capítulos narra su infancia y su adolescencia. Utilizando para ello herramientas muy diferentes, al menos el resultado a mí me parece muy diferente. En el capítulo dedicado a la infancia en Sudáfrica, la mujer adulta escribe como la niña que fue, abriendo sus ojos a un mundo brutal que no entiende y en el capítulo dedicado a su adolescencia en el exilio británico, encontramos ya a una joven determinada a dominar el oficio de escribir.

En cualquier caso, un libro muy interesante para conocer más sobre la perspectiva que las mujeres tienen sobre el mundo. Especialmente, de aquéllas que han sorteado la trampa del neopatriarcado del siglo XXI. Ese neopatriarcado que, según la autora y yo estoy de acuerdo, sigue exigiendo la existencia de mujeres pasivas pero ahora además ambiciosas, maternales y eróticas; mujeres que siempre se sienten culpables pero no saben por qué. Mujeres que hacen ventriloquía, repitiendo hasta la saciedad valores y criterios que los hombres y las mujeres obedientes al patriarcado han conseguido implantarles en el cerebro.

Hay algo que me ha molestado un poco, en el capítulo introductorio. Es la referencia a lo ruidosos que somos los españoles, lo católicos que somos y lo familiares que somos. Demasiado tópico, ¿no? Sobre todo teniendo en cuenta que está hablando de los años 1990-2000. Y otra cosa que se debería de cuidar más en la edición: poner notas a pie de página para términos como mealy meal, Kilim o dhal.


Cosas que no quiero saber
Autobiografía en construcción I
Deborah Levy

Trad. Cruz Rodríguez Juiz
Ed. Ramdon House

lunes, 6 de abril de 2020

Memorias: Apegos feroces de Vivian Gornick (1987)


La autora.-
Vivian Gornick nació en Nueva York en 1935, en una familia de emigrantes socialistas y judíos de origen polaco. Es periodista y escritora. Ha sido una destacada activista feminista durante los años 1970. Otras obras suyas, lamentablemente no traducidas: Essays on Feminism, The end of the novel of love, Emma Goldman: Revolution as a way of life. 

Mi opinión.-
A veces he pensado que en las grandes ciudades no puede haber vida de barrio. Todo son rascacielos, oficinas y garajes, tráfico y prisas, polución y soledad. Pero no. Al menos no en el Nueva York de Vivian Gornick. En ese Nueva York es posible pasear. Y también es posible ir andando a un concierto o a una exposición. Y estar sola, pero no aislada.

En el Nueva York de la infancia de Vivian Gornick, además, las vecinas se conocían y se trataban como si fuesen de la familia. Una familia, a veces, mal avenida. Como todas. Los niños iban y venían de su casa a casa de algunas de las vecinas, merendaban allí y se informaban de lo que sus madres no querían que supieran. Fundamentalmente, de todo aquello relacionado con el sexo y los primeros novietes.

Nueva York, 1930
Manhattan hoy

Es una ciudad de emigrantes donde se lavaba la ropa a mano y restregándola contra una tabla. De esas tablas que yo recuerdo haber visto en mi infancia, en mi casa y en casa de mis tías. Y que cuanto más vieja era, mejor lavaba. En realidad, eran las manos de las mujeres las que lavaban mejor. Unas manos de doloridos dedos sarmentosos como las de mi abuela.

Tabla de lavar desgastada por el uso

Pero sobre todo en el Nueva York de la infancia, de la adolescencia, de la juventud, de la madurez y de la ancianidad, está siempre la presencia de la madre de Vivian Gornick. La madre, la hija y su relación conflictiva… y llena de amor. De un amor que, a veces, es más zarpazo que caricia. Pero que siempre está ahí.

Actual sede del Partido Comunista de EEUU
Es un Nueva York, en el que las mujeres de clase baja y sus hijos podían ir de vacaciones en verano, mientras los maridos seguían trabajando y quedándose de “Rodríguez”, como en España en los años 1960, pero en los Estados Unidos poco después de la Gran Depresión. Se juntaban quince mujeres y alquilaban habitaciones para todas ellas y sus hijos. En las montañas Catskill.

Vacaciones en matriarcado

Allí, en Catskill, compartían la cocina, los cotilleos, las críticas, la ayuda y también una especie de solidaridad entre mujeres. Quizá, sería esto lo que inspiró a sus hijas, las feministas de los años 1970 para poner en marcha el concepto de sororidad. Esa sororidad embrionaria sin duda habría nacido, sin querer, en las vacaciones de los años 1930. Un matriarcado temporal que se interrumpía los fines de semana, cuando los maridos y padres llegaban.

Cementerio en Queens

Este libro de memorias puede incluirse en la categoría de libros de paseantes. Esos paseantes del siglo XIX que, inmersos en la frondosa naturaleza, reflexionaban sobre la vida, sobre la filosofía y sobre la muerte y anotaban, con dedicación, todos sus pensamientos en voluminosos diarios. Gornick ha sido más breve y la naturaleza por donde camina es urbana, hostil y cambiante; pero le sirve para reflexionar sobre su vida y, también, sobre las nuestras a partir de los conflictos y anécdotas que vive con su madre.

Williamsburg bridge

Conflictos que surgen entre dos mundos, el mundo de los emigrantes y el de sus hijos nacidos en el país de acogida; el mundo de las esposas y amas de casa, casi analfabetas, y el mundo de las mujeres universitarias con ambiciones profesionales y el deseo de una vida sexual plenamente independiente. Una profunda brecha generacional que apenas puede ser salvada por el amor.

City College

Ahora que mis padres están muertos siento mucho no haberles preguntado más cosas sobre su infancia y juventud; sobre sus padres y hermanos. Dolorosa infancia la que vivieron, traspasada por la Guerra Civil y la Posguerra. Gornick nos regala en este libro su propia experiencia. Cómo a través de los años y de esos paseos neoyorquinos, volvió a conocer a su madre y, también, a sí misma. Muy recomendable.



Apegos feroces
Vivian Gornick
Trad. Daniel Ramos Sánchez

Ed. Sexto Piso

lunes, 23 de septiembre de 2019

Memorias: La importancia de no entenderlo todo (1999) de Grace Paley

La autora.-
Nació en Nueva York en 1922, hija de emigrantes judíos rusos de izquierdas. En su literatura, es muy importante, la experiencia de la inmigración. Sobre todo por la influencia de las mujeres de su familia, encargadas de mantener los lazos con el país y la cultura de origen. Fue escritora, profesora y activista política durante toda su vida. Escribió tres libros de cuentos: Batallas de amor, Enormes cambios en el último minuto y Más tarde el mismo día. 



Mi opinión.-
Grace Paley afirma que las mujeres escriben de manera diferente a los hombres. Una literatura más doméstica pero con una mayor riqueza de matices; una literatura muy rodeada de mujeres y de todas sus actividades. Es posible que su experiencia como hija de inmigrantes/exiliados haya tenido mucho que ver en ello. Su abuela apenas aprendió a hablar inglés y en su casa se utilizaba el ruso y el yidis.

Años 1920 en Nueva York. Podrían haber sido Grace Paley y su madre.
Esto es muy curioso porque de niña, Grace Paley era considerada un marimacho. Una niña que desafiaba a cualquier chico a silbar, correr, subir a los árboles y jugar a cualquier otra cosa que implicase acción y un cierto riesgo. No le gustaban nada las muñecas. Sin embargo, creció en ese ambiente de vecindario obrero, caracterizado por ser una tupida red de ayuda que las mujeres inmigrantes se preocupan de tejer. Paley años después supo valorar la pertenencia a ese universo de mujeres inmigrantes y destacarlo en su literatura.


Sobre feminismo, dice Grace Paley que las mujeres han leído siempre lo que escribían los hombres, aunque se dieron cuenta de que ese universo no las incluía siguieron haciéndolo, cosa que los hombres no han hecho por las mujeres. No se han molestado en leerlas. La prueba es que cuando le pides a alguien que te recomiendo un autor o autora mayoritariamente te recomendará un hombre.

En una acción frente al Pentágono

Otro rasgo muy importante de Grace Paley que transpira toda su literatura es el humor. Desplegar un humor muy particular y ácido en cualquier situación de la vida, especialmente ante una situación amarga. Eso se ve claramente en sus cuentos, publicados por Anagrama en un solo volumen, que recomiendo vivamente. Los críticos dicen que se trata de típico humor judío neoyorquino.


La producción literaria de Grace Paley no ha sido muy abundante. Estuvo muy ocupada durante toda su vida en enseñar a los demás y, especialmente, en dar relevancia a su compromiso político con el feminismo y el pacifismo. Comenzó su actividad pacifista durante la II Guerra Mundial, pero fue durante la Guerra de Vietnam donde su activismo fue más intenso. En este libro se mencionan sus viajes por Vietnam y su contacto con la población civil, además de sometida a una guerra injusta también fue víctima de tráfico de presuntos huérfanos para acallar la conciencia de Occidente. Al final, la imagen que queda es la de dos “madres patrias”, Estados Unidos y Vietnam, que pugnan por quedarse a los niños, pero nadie pregunta a los niños qué es lo que quieren.


A pesar de ser anciana siguió activamente las campañas contra la Guerra de Irak. Porque como ella misma escribe en la página 118, Queremos que en nuestra edad madura nuestra experiencia y nuestras capacidades sean honradas y utilizadas.


El libro es muy ameno y fácil de leer. Es de esos libros hechos de material que queda suelto y en el que la autora no ha intervenido. Pero, al mismo tiempo, ofrece una panorámica seria y completa de los intereses que Paley tuvo en su vida. Si se le puede criticar algo es que no facilite información sobre cuándo y cómo se escribieron y si estaban pensados para ser publicados o, por el contrario, eran textos para ser leídos o hablados en algún acto político o quizá fuesen entrevistas. Lo mejor del libro es que descubre a una autora fascinante y que te lleva irremediablemente a leer sus cuentos. Muy interesante.




La importancia de no entenderlo todo
Grace Paley
Prólogo de Elvira Lindo

Trad. Arturo Muñoz

lunes, 19 de noviembre de 2018

Memorias: Una educación de Tara Westover (2018)


La autora.-
Estudió historia y ciencia política, doctorándose por Cambridge en 2014. Comenzó sus estudios en la Brigham Young University en Utah, una universidad privada y financiada por la Iglesia de Cristo de los santos de los últimos días, conocidos como mormones. No asistió a ningún colegio o instituto durante su infancia y adolescencia. Una Educación es su primer libro. 

Mi opinión.-
Tengo mucha prevención hacia los best-sellers que vienen “volando” desde Estados Unidos. Especialmente, porque soy de la generación que se vio abrumada con la literatura de autoayuda y de la Nueva Era que, las más de las veces, resultaba ser un fiasco. Si son novelas normalmente no las leo, pero este es un libro de memorias. Yo, probablemente, no lo habría elegido (por ese mismo prejuicio), sin embargo ha sido lectura obligada en el Taller de lectura feminista al que asisto. Y he de decir que ha sido una buena elección.

Brigham Young University

Tara Westover nació en una pequeña ciudad rural de Idaho. Cerca de la falda de la montaña su padre abrió un desguace y su madre, una comadrona sin formación académica, terminó gestionando un próspero negocio de remedios naturales a base de plantas silvestres y de la inspiración de dios. Ambos eran fanáticos religiosos y, especialmente, el padre con algún tipo de trastorno mental.

Cambridge
Así que Tara creció en un paraje idílico con las condiciones de vida que cualquier niño desearía. Vivir en medio de la naturaleza, no asistir al colegio, no estudiar. Sin embargo, no fue nada idílico como la autora reconoce debido a la paranoia y el fundamentalismo religioso. Uno de los primeros rasgos de este fundamentalismo fue no escolarizar a los hijos e implicarlos en los negocios familiares. Tara desde muy pequeña empezó a trabajar en el desguace con sus hermanos y más tarde fue destinada a acompañar a su madre para aprender el oficio de matrona aficionada.


Tara habla también de la juventud de sus padres, antes de la radicalización y del ambiente en el que creció su madre. Un ambiente de clase media urbana y que no hacía presagiar el giro drástico que tomaría su vida por influencia de su marido.

Buck's Peak, Idaho
Con todo, esto no fue lo más traumático para Tara. Ni trabajar en el desguace con un loco para riesgo de su vida, ni la falta de escolarización y expectativas, ni exponerla imprudentemente a prácticas de curanderismo propias de otros tiempos. Lo que le resultó absolutamente insoportable fue la violencia que uno de sus hermanos mayores empezó a ejercer sobre ella. Una violencia que podía tener su origen también en un trastorno mental, aunque esto no sea una justificación.


¿Cómo salió de allí? Con la ayuda de otro de sus hermanos, con su amor por la música y con una gran voluntad para aprender en las condiciones más adversas. De allí fue a una universidad especializada en educación post-secundaria que equivaldría a estudios para el bachillerato. Y su gran talento y capacidad de esfuerzo le llevó, mediante becas, a Cambridge y Harvard.

Escutelaria. 
Este libro es importante por relatar la excepcional vida de Tara pero también lo es porque nos abre la ventana hacia la vida en una zona rural de Estados Unidos que habitualmente no sale en las películas. Una vida individualista y poco orientada al bien común; que crece desconfiando del poder, del conocimiento y de la educación que, sin duda, está inspirada por el diablo; dominada por el fanatismo, en este caso religioso pero podría ser de otro tipo; con un padre abusivo y trastornado mentalmente, con la apariencia de ser un hombre normal y una madre voluntariamente sumisa y ausente emocionalmente; una familia en la que cada hermano buscar salvarse individualmente. Pero también es una sociedad donde nadie se extraña de que los niños no estén escolarizados, no estén inscritos en el registro civil, no mantengan relaciones con niños de su edad. Una sociedad individualista donde no existe la responsabilidad con el semejante, ni la empatía con el prójimo. Donde los padres pueden ejercer derechos absolutos sobre los hijos y nadie tiene derecho a criticarles. En este sentido, una sociedad tan alejada de nuestras sociedades europeas. Un libro para descubrir el valor de la educación y para, según la autora, pedir ayuda y aprender a confiar.




Una educación 
Tara Westover

Traducción: Antonia Martín

Ed. Lumen