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jueves, 7 de mayo de 2015

Cine: Big Eyes de Tim Burton (2014)

Se dice por ahí que Tim Burton ha perdido su genialidad y que va en busca de algo nuevo que contar, pero que no encuentra el estilo. Big Eyes es su última película. No sé si este es el giro que quiere dar a su carrera, porque resulta ser una biopic, convencional y nada fantástica. Es la historia de Margaret y Walter Keane, ambos pintores de caracteres absolutamente contrarios. 


Margaret (Amy Adams) es una joven divorciada con una hija pequeña que se ha escapado de su casa y de su asfixiante primer marido. Es una mujer tímida, insegura y que no tiene ningún tipo de apoyo familiar. Son los años 1950 en Estados Unidos. Todavía no está bien visto que una mujer tome sus propias decisiones. Además, aunque en la película no se dice nada, de la interpretación de Amy Adams podemos deducir que su primer marido era bastante abusivo. Se traslada a San Francisco para buscar trabajo como ilustradora y allí conoce a Walter (Christopher Waltz), un pintor que derrocha encanto, simpatía y mentira; un seductor empedernido y maravilloso, pero no por ello menos abusivo que su primer marido.

En sus primeros meses de matrimonio, ambos se dedican a pintar y a intentar vender sus pinturas. Margaret empieza a tener un considerable éxito, pero utilizando ciertas triquiñuelas, aparentemente inofensivas, él decide firmar los cuadros de ella: niños y niñas de ojos grandes e inmensa tristeza y abandono. Él tiene un gran talento para el marketing y las relaciones públicas, lo cual no hace más que encerrar y hundir a Margaret cada vez más; encerrada en su atelier se dedica a pintar a sus criaturas, en una especie de esclavitud simbólica que sólo puede expresar a través de sus personajes.

Esto de que un marido usurpe la obra de su esposa no es la primera vez que pasa. En España, que yo sepa, también hubo un caso parecido pero entre escritores. María de la O de Lejárraga, (1874-1974), escribía novelas y obras de teatro costumbristas y permitía, más o menos obligada, que las firmase su marido. Lo extraño de este caso es que María de Lejárraga era feminista y estaba afiliada al Partido Socialista, pero aun así prefería que sus obras las firmase otro. No sé si era o no una solución acertada para un momento en que las obras firmadas por un hombre se vendían mejor.

María de Lejárraga
Otro caso que conozco, aunque este es más difícil de comprobar, es el de Robert Capa y Gerda Taro, fotógrafos muy conocidos, de la época del reporterismo de guerra más romántico. De ellos se dice que intercambiaban sus cámaras cuando estaban trabajando de manera que sería difícil decir quién hizo qué fotos. Gerda Taro murió durante la Guerra Civil Español y Robert Capa siguió fotografiando guerras hasta morir en Vietnam en 1954. No se duda de la calidad del trabajo de ninguno de ellos, pero existen sospechas de que no todas las fotos firmadas por Robert Capa están hechas por él.

Seguro que hay más casos. Muchos de ellos pueden explicarse no sólo por el abuso del hombre sobre la mujer, sino que es posible que las mujeres decidieran racionalmente que su obra firmada por un hombre se vendería mejor. Más recientemente están los ejemplos de escritoras que “camuflan” su nombre de mujer detrás de unas asépticas iniciales, por si acaso los editores tienen miedo de publicar sus obras. P.D. James, gran escritora de novela negra del siglo XX, es Phyllis Dorothy y J.K. Rowling es simplemente Joanna. Pero también es cierto que existe lo que Luis Bonino, psicoterapeuta y especialista en cambio masculino para la igualdad, llama micromachismos. Espacios de dominación masculina en la vida cotidiana, a veces explícita y mucha más veces oculta, simbólica, pero igual de efectiva que la violencia retrógrada y el control patriarcal. 

Evidentemente, el matrimonio de los Keane terminó en divorcio, pero antes Margaret le demandó para recuperar la autoría de su obra. Le retó a pintar un cuadro ante un tribunal y Walter fue incapaz de dar una pincelada. Se demostró que había sido un fraude y desapareció de la vida de Margaret y del foco mediático que tanto le gustaba. Margaret continuó pintando y hoy con casi 90 años todavía vive en California. 

Gerda Taro y Robert Capa


jueves, 11 de diciembre de 2014

Novela: La guerra de las mujeres de Alejandro Dumas (1845)

El autor.-
El autor
Alejandro Dumas padre, 1802-1870, fue un prolífico escritor francés de origen afro-antillano. Hijo de un militar al que apenas conoció que había participado en la Revolución Francesa, su infancia estuvo marcada por la pobreza y recibió escasa educación. Se trasladó a Paris para solicitar la ayuda de los amigos de su padre y encontró pronto trabajo como secretario del duque de Orléans. Comienza a escribir y adquirir fama. Publica en los periódicos de Paris sus conocidas novelas históricas: Los tres mosqueteros, La reina Margot. Fue demandado por sus editores en 1847 y se descubrió que tenía varios “colaboradores” que participaban en la escritura de sus obras. En La guerra de las mujeres colaboró Auguste Maquet. 

Sinopsis.-
Durante las Frondas, luchas civiles francesas del siglo XVII, dos mujeres son las cabezas visibles contendientes. Por una parte, la reina Ana de Austria, regente durante la minoría de edad de su hijo el futuro Luis XIV; por otra, la princesa de Condé, cuyo marido está encarcelado. Ambas mujeres lideran cada una sus ejércitos y entre sus colaboradores destacan dos mosqueteras con faldas: Nanon de Lartigues, por parte de la reina y Claire de Cambes, por parte de la princesa. Las dos enamoradas del mismo hombre, el barón de Canolles.

Mi opinión.-
Esta novela fue escrita en 1845-1846 y publicada por entregas en el diario La Patrie. Parece que el editor no terminó muy contento puesto que Dumas iba posponiendo el desenlace; supongo que con la intención de asegurarse unos ingresos fijos. Eso se nota en la novela, que a veces se alarga sin justificación aparente y tantos giros y equívocos no aportan nada nuevo.

Pero en general mantiene el suspense. Es una novela de intriga, aventuras, capa y espada o capa y mosquete y además se le añade el engaño, los disfraces, mujeres que se hacen pasar por hombres, amantes que pasan por ser hermanos, los partidarios del rey disfrazados de partidarios del conde y otros personajes como Cauvignac que se venden al mejor postor. Pero además de todo este catálogo de intrigas y dobleces, tengo que decir que es una novela histórica muy documentada.

Al principio podría parecer que el autor tenía intención de ridiculizar a las mujeres o de castigarlas de alguna manera por meterse donde no debían hacerlo, es decir, en política. Pero no es así. Tampoco es un alegato feminista, aunque los orígenes de los movimientos feministas se pueden datar en la Revolución Francesa y hay que pensar que está escrita a mediados del siglo XIX. Y, aunque en algunas descripciones puede parecer excesivamente irónico, como cuando llama a Nanon petimetra (que sería lo que hoy es una pija), siempre alaba la inteligencia de las mujeres y su generosidad de corazón, que no les impide, por otra parte, ser capaces de la mayor crueldad cuando es necesario.

En realidad se trata simplemente de una novela de aventuras que aprovecha el telón de fondo de un episodio histórico real, las Frondas, en el que las mujeres tuvieron que sustituir a los hombres, no en el campo de batalla, pero sí en la diplomacia y en la estrategia de guerra. Ana de Austria, defendía los intereses de su hijo menor de edad y la princesa de Condé, los de su esposo encarcelado.

Pero el enfrentamiento directo, político y personal, se produce entre Nanon de Lartigues y Claire de Cambes. En la guerra que mantendrán tendrán que poner a prueba su inteligencia, habilidad y estrategia para ganar influencias y batallas y sobre todo para ganarse el amor del barón de Canolles.

Louis de Canolles es el arquetipo del caballero galante y el militar aguerrido; valiente en el combate, inteligente en la intriga, se muestra digno aunque se reconoce traidor por el amor de Claire, ante su antigua amante, Nanon. Al final ni Nanon ni Claire tendrán el amor de Canolles. Un desenlace que sorprende por ser más melancólico que lo que se podía entrever.

Aunque ya he mencionado que en ocasiones resulta repetitiva, es una manera entretenida de conocer la historia de Francia. Además en el ejemplar que he leído de la colección DEBOLS!LLO de Ediciones Siruela, hay una buena cantidad de notas a pie de página explicativas de los acontecimientos históricos mencionados y un prólogo excelente de Mauro Armiño que se ha encargado también de la traducción. 


La guerra de las mujeres
Alejandro Dumas

DEBOLS!LLO 
Ed. Siruela 

jueves, 16 de enero de 2014

Cine: 12 años de esclavitud de Steve McQueen

12 años de esclavitud parece que va a ser Oscar este año; de momento ya ha sido Globo de Oro. No me extraña porque la película es muy buena; lo tiene todo para gustar en Hollywood. Un episodio dramático, buenas interpretaciones y un culpable del horror. 

Es la adaptación cinematográfica de un libro clásico de Estados Unidos. Como se suele decir basado en hechos reales. La autobiografía, del mismo título, fue escrita por Solomon Northup (Chiwetel Ejiofor). Un hombre negro y libre, músico de profesión que vivía en el estado de Nueva York, a mitad del siglo XIX; nacido libre, fue secuestrado y vendido en el sur de Estados Unidos. La película es el relato de su supervivencia. 

Una galería de personajes especulares: el amo bueno, el amo malo; el capataz bueno, el capataz malo. Y Solomon, a quien no le dejan ni utilizar su propio nombre, en medio de ellos; pasando de uno a otro y esperando que el siguiente no sea peor; camuflando su alma de hombre libre y culto a su nueva condición de esclavo. Como es de esperar en una película que aborda la esclavitud, hay escenas explícitas de violencia. Pero no son gratuitas, desde mi punto de vista están plenamente justificadas. Golpes, palizas, vejaciones, abuso sexual, todo muy medido, muy sobrio. Y aunque resulta duro de ver, después de Tarantino ya nadie se puede asustar de la violencia en el cine. 

No quiero decir que sea una película ligera; pero es una película para Hollywood. Es evidente que en una autobiografía no se tiene la obligación de hacer un análisis político-económico de la época, sólo es un testimonio personal. Pero en este caso, si el director, en la película, no nos lleva más allá del relato personal tampoco nos ayudará a entender qué fue la esclavitud. 

A mí hace bastante tiempo que me interesa entender qué fue la esclavitud, por qué surgió y cómo terminó, si es que ha terminado. Así que esta película me ha servido como excusa para buscar información. La esclavitud ha existido siempre y en todas las culturas; los esclavos más frecuentes eran prisioneros de guerra y también los que incurrían en deudas que no podían pagar. Sin embargo, la caza, captura y comercio de personas a gran escala fue posterior y estuvo ligada a un tipo de explotación económica. 

La colonización de Estados Unidos, sobre todo en el sur, posibilitó el cultivo de grandes extensiones de terreno y dada la precaria mecanización de las explotaciones agrarias era necesario tener abundante mano de obra. Cuanto más barata mejor, más competitivos podían ser los precios y mayores beneficios podía obtener el terrateniente capitalista. He leído que uno de ellos, de Luisiana, llegó a tener 700 esclavos; en plantaciones perfectamente jerarquizadas y organizadas. Pero esto era la excepción. Lo normal era que los propietarios tuviesen pocos esclavos, porque eran muy caros. Así que, en realidad, no se trataba tanto de la superioridad de una raza o de la inferioridad de otra; sólo era un asunto de dinero. Nada personal, aparentemente.

El hecho de que uno de los amos de Northup (Michael Fassbender) sea un sádico psicópata y violador, que babea torturando niñas negras, nos lleva por un desfiladero peligroso. Porque nos hace empatizar con los esclavos que han sufrido esa violencia extrema, pero quizá nos impida reconocer la esclavitud cuando no va a acompañada de una violencia tan brutal. Se me ocurre pensar en otro personaje de cine, la esclava Mamie de Lo que el viento se llevó, que cuidaba amorosamente de su señorita Escarlata y regañaba sin ningún miramiento a su señorito Rhett Butler. El amo malo es un sádico violento; el amo bueno ayuda a sus esclavos. Pero no deberíamos olvidar que los dos son amos. 

No creo que la mayoría de amos fuese tan brutal, por una razón muy simple, porque nadie maltrata sus inversiones. Los esclavos eran una maquinaria muy necesaria para los amos y muy cara. La existencia o inexistencia de esa violencia tan brutal, nos puede confundir a la hora de reconocer la esclavitud allí donde esté; porque hoy se sigue produciendo. La esclavitud fue legal. A veces la ley permite aberraciones. Un empresario actual sabe que una persona no puede vivir con un salario de 700 euros al mes, por 8 horas diarias de trabajo, pero no paga más porque la ley se lo permite; también los amos sabían que la esclavitud era un horror moral, pero seguían teniendo esclavos porque la ley se lo permitía. 

En esas condiciones de muerte-en-vida, la pregunta es ¿por qué no se rebelaban los esclavos? Es posible que no lo hicieran porque no había esperanza de mejora. Imposible volver a su tierra de origen. Pero estoy segura de que había otros motivos también. No se puede mantener a mucha gente sometida, durante mucho tiempo sólo a base de violencia; es más efectivo convencerles de que la esclavitud es designio de Dios o que es una etapa intermedia antes de alcanzar la civilización y la libertad o incluso, y mucho más retorcido, los amos podían crear lazos emocionales con los esclavos. Al fin y al cabo les confiaban la crianza de sus hijos. Lazos emocionales mucho más perversos que la violencia psicópata; porque son más difíciles de reconocer y de romper. En España tenemos un ejemplo claro de película por antonomasia sobre la esclavitud emocional y la fidelidad perruna. Los santos inocentes de Mario Camus. 

Esta película me ha hecho pensar mucho. Por eso ya se merece el óscar. Aunque Steve McQueen, el director, ha optado por una narración clásica, buscando “gustar”, no se le puede negar que ha sido valiente. Apoyándose en las interpretaciones de Michael Fassbender y Chiwetel Eijofor, con primeros planos elocuentes que no necesitan palabras, miradas perdidas en el maltrato psicológico pero donde todavía brilla el deseo de vivir. La crítica también ha destacado la actuación de Lupita Nyong’o, la niña esclava Patsy, que hace muñecas con mazorcas de maíz y que ni siquiera es dueña de suicidarse. 



Director: Steve McQueen
Guion: John Ridley sobre la autobiografía de Solomon Northup
Fotografía: Sean Bobbit
Intérpretes: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Lupita Nyong’o, Sarah Paulson, Benedict Cumberbatch, Paul Dano.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Novela: La Tribuna de Emilia Pardo Bazán

La autora.-
Emilia, condesa de Pardo Bazán, nació en 1851. Fue educada en un colegio francés; viajó por Europa y podía leer también en inglés. Estuvo muy interesada por la novela naturalista, aunque los especialistas prefieren encuadrarla en el movimiento literario realista. Cuando su marido le exigió que dejase de escribir, ella decidió separarse de su marido. Luchadora por la educación e independencia de las mujeres. Otras novelas suyas son: Los Pazos de Ulloa, La madre naturaleza, Insolación. Escribió también ensayos, libros de viajes, biografías y obra periodística. Murió en 1921.

Sinopsis.-
Amparo es una joven cigarrera que vive en Marineda (La Coruña). Es conocida como la Tribuna por su activismo político en favor de la proclamación de la primera república. Conoce a Baltasar, joven burgués que intenta hacer carrera en el ejército.

Mi opinión.-
Me encontré con esta novela de casualidad y me llamó la atención porque podría ser calificada como una rareza, al tener como protagonistas a las trabajadoras de una fábrica de tabacos. Si ya es difícil que en el siglo XIX, los autores españoles se ocupasen de las condiciones laborales de los trabajadores, más difícil es que tuviesen en cuenta a una joven obrera, destacada por su activismo político.

Un escritor no la habría considerado protagonista de su novela; una escritora, sí.

La Pardo Bazán estaba muy interesada por la novela naturalista de Zola y se propuso adaptarla a la realidad española, manteniendo un cierto conservadurismo. Describe en esta novela, de forma muy detallada, los ambientes social y laboral. Parece más un ejemplo de novela costumbrista que de la verdadera novela naturalista del siglo XIX, en la que el fatalismo/determinismo es uno de sus ingredientes principales.

Fue escrita en 1882 y está ambientada entre la revolución de 1868, la monarquía de Amadeo de Saboya y la proclamación de la I República de 1873. Un período de la historia del siglo XIX especialmente convulso, aunque todo el siglo XIX español lo fue.

La autora estuvo yendo a la fábrica de tabacos para describir tal y como ella quería su ambiente laboral: los hombres y las mujeres viejas, en las tareas más duras, en una atmósfera cargada, húmeda y sin luz, trabajando en un sótano; las mujeres jóvenes, con su finura y sus dedos ágiles, dando forma a los cigarros.

En el prólogo de la novela dice la Pardo Bazán que su intención es docente y también puede ser considerada una novela crítica con la república. Considera absurdo que un pueblo ponga “sus esperanzas de redención y ventura en formas de gobierno que desconoce”. A veces describe el ambiente social, convulso, de cambio, con mucha ironía y descreimiento, como si fuera una explosión emocional, momentánea y destinada a desaparecer. Aparentemente aborda la descripción desde un punto de vista neutro, pero en realidad la autora se decanta por el orden burgués de siempre.

Amparo, la Tribuna, es una mujer con mucho carácter, mucho más que cualquier otra heroína de los novelones del siglo XIX. La autora la presenta como una niña trabajadora infatigable desde los 13 años, colaborando en el negocio familiar y cuidando de su madre tullida, que también fue cigarrera; adolescente vital que recorre las calles a la menor ocasión; joven que empieza a ser víctima de las miradas y comentarios de los señoritos por su belleza limpia, sin artificio.

Destaca en su trabajo en la fábrica de tabaco y también como activista política. Lee para sus compañeras y les explica lo poco que sabe sobre la república, la pobreza, sus derechos y la igualdad que traerá el nuevo régimen; igualdad entre clases sociales y también entre hombres y mujeres. Amparo es capaz de concienciarlas y movilizarlas en una huelga que al final ganarán; pero aun disponiendo de ese fuerte carácter, cae en la trampa de los amoríos con un señorito. Su picardía no es suficiente para librarse de las mentiras del galán que pasará de la seducción al hastío y de las promesas a la indiferencia.

Durante el tiempo que dura el capricho del señorito, el amor y la aspiración a una mejora social actúan como sedante y Amparo olvida sus reivindicaciones laborales. Porque en realidad, su activismo político es muy parecido al fervor religioso; una adhesión puramente emocional.

Se nota que Emilia Pardo Bazán simpatiza con el personaje de Amparo; sin embargo, en la descripción del resto de personajes se puede intuir algo de inquina. Diferencia claramente entre las obreras de la ciudad y las aldeanas. Éstas no son dignas de confianza, por ser poco favorables a la república e incluso reaccionarias, ávidas y tacañas y que padecen el “pesimismo fatalista del labrador”. Pero tampoco los burgueses salen mucho mejor parados. Josefina García es la rival de Amparo por el amor de Baltasar. Josefina y Baltasar son descritos como si su ropa les diese el carácter que no tienen. Baltasar es militar porque su uniforme así lo dice, no tiene vocación ni talento ni interés en serlo, únicamente hace la carrera militar porque su madre lo ha querido así; y en lo que respecta a Josefina, es blanda, hecha de gelatina, sin forma; sólo el corsé y los volantes de su vestido dan forma a su cuerpo. Es “la insustancialidad, lo insípido, inodoro e incoloro”.

Pero donde resalta la crueldad es en el retrato de Chinto. Me atrevería a decir que tanto Amparo como la Pardo Bazán, sienten animadversión por él. La autora resalta su fealdad, su falta de proporción, es una bestezuela humana destinada al trabajo más duro, aunque sea un personaje bueno. Es hijo de una lavandera; entra a trabajar en el obrador del padre de Amparo y se enamora de ella. Siempre demuestra (de manera torpe) sus buenos sentimientos hacia ella y ella siempre le rechaza de la forma más brutal que puede; incluso cuando Chinto le ofrece matrimonio después de haber sido seducida.

Es una novela muy recomendable, entre otras cosas porque entenderíamos mejor los siglos XX y XXI, si leyésemos más sobre el siglo XIX. Tiene continuación en Memorias de un solterón, que espero sacar tiempo pronto para leerla.


La Tribuna 
Emilia Pardo Bazán
Edición de Benito Varela Jácome

Cátedra - Letras Hispánicas

jueves, 2 de mayo de 2013

Novela: Sab de Gertrudis Gómez de Avellaneda


Sinopsis.-
Cuba, 1818, en la plantación de azúcar de Bellavista vive y trabaja Sab, un mulato esclavo propiedad de don Carlos. Es hijo de una princesa africana y de don Luis, hermano de don Carlos. Desde siempre ha estado enamorado de Carlota, la hija de su amo y su prima, ahora prometida a Enrique Otway, inglés rubio y de ojos azules, que sólo pretende su dinero y posición social.

La autora.- 
Gertrudis Gómez de Avellaneda, escritora del siglo XIX. Nacida en Camagüey, Cuba, en 1814, se trasladó pronto a España. Fue madre soltera, se casó un par de veces y tuvo una vida apasionada y sufriente. Recibió una educación esmerada e incluso postuló su candidatura para la Real Academia Española de la Lengua, pero fue rechazada por ser mujer. Era considerada atea por su familia por leer a Rousseau; sin embargo, al morir su primer marido estuvo una temporada en un convento. Escribió poesía y teatro; Sab, escrita en 1841 y prohibida en Cuba, es su novela más famosa. Murió en Madrid en 1873. No sé si en los colegios españoles se estudia a la Avellaneda, pero debería hacerse.

Mi opinión.-
Me ha sido imposible encontrar una edición española o hispanoamericana del libro (eso ya da que pensar); sin embargo, sí que he encontrado una edición de la Manchester University Press, con un estudio introductorio a cargo de la profesora Catherine Davies.

Esta profesora dice que existió una tradición notable, entre las escritoras anglosajonas, a la hora de abordar la esclavitud y el sometimiento de las mujeres a través de la novela, relacionando íntimamente esos dos tipos de opresión. Pero no ocurre lo mismo entre las escritoras en castellano, la Avellaneda es el único ejemplo. Creo que sólo por eso ya debería ser objeto de estudio en los colegios y por supuesto en las universidades.

La Avellaneda utiliza la estructura del melodrama romántico y costumbrista de amores imposibles y diferencias sociales, como soporte para su alegato a favor de la igualdad, para esclavos y para mujeres. Critica la esclavitud mucho antes de que fuera oficialmente cuestionada, aunque en la edición de sus obras completas (que preparó ella misma), excluyó deliberadamente esta novela. No se sabe si lo hizo porque literariamente no estaba satisfecha con la escritura o porque en ese momento no era adecuado manifestarse como antiesclavista. 

Tenía 24 años cuando escribió Sab, su primera novela, convirtiéndose en una transgresora literaria. Se consentía que las “mujeres literatas” se dedicaran a la poesía amable, romanticona, pero no que cuestionasen el orden social a través de las novelas, como hace la Avellaneda a través de sus personajes. Critica la esclavitud, las convenciones sociales y el enriquecimiento rápido que ahogan el instinto y la pasión; ensalza la virtud de ser fiel a sí mismo y la grandeza moral. 

Sab, Carlota, Enrique y Teresa, viven su vida y sus pasiones en un paisaje fértil, exuberante, tórrido y tormentoso. Descrito por la Avellaneda con minuciosidad: los pájaros, las plantas, los árboles, los colores y las tormentas son personajes también de la novela. Sab es el buen salvaje, inspirado en las lecturas de Rousseau, el hombre moral que está muy por encima de su condición social y de su destino en la vida. Héroe trágico que es consciente de ser víctima de una injusticia. 

Sab está enamorado de Carlota que está enamorada de Enrique que es amado por Teresa. Todos son una cadena de fatalidad. Socialmente, Sab y Teresa son seres marginales, uno es esclavo y la otra es pobre, ambos excluidos de poder gobernar su destino. Sab y Teresa, precisamente por su grandeza moral no conseguirán la felicidad. Carlota y Enrique, jóvenes, blancos y ricos, sujetos a las normas  y convenciones de lo correcto y adecuado, tampoco conseguirán la felicidad. 

Os recomiendo que la leáis, aunque en algunos momentos es un pelín cursi. No sé cómo encontré la encontré pero leyéndola me he podido enterar de varias cosas sobre la esclavitud: 
  • En 1734 había habido rebeliones de esclavos en Jamaica. 
  • En 1791 las hubo en Haití. 
  • En 1804 Haití proclamó su independencia. 
  • En 1880 se sustituyó la esclavitud en Cuba por un sistema transitorio, el Patronato.
  • En 1886 se abolió el patronato y terminó la esclavitud. 
  • España fue de los últimos países occidentales en abolir la esclavitud. Sólo hace 127 años. 
Mary Wollstonecraft escribió en su Vindicación de los derechos de la mujer, que las mujeres son esclavas y que la esclavitud degrada por igual al amo y al esclavo.

Hay también un cierto paralelismo entre el apoyo de las mujeres a la causa de la antiesclavitud y la que se produce en los siglos XX-XXI, en apoyo de los derechos de los homosexuales. Sin embargo, y lo dejo ahí para reflexionar, siempre he pensado que las mujeres acabamos dando nuestro apoyo a "causas de hombres" o a "causas organizadas por hombres", con el correspondiente sobreesfuerzo y desperdicio de nuestras capacidades. Por supuesto luchar por la igualdad es luchar por los derechos de todos, esclavos y esclavas, gays y lesbianas; así debería ser, pero la visibilidad de la discriminación de las mujeres, en cualquier ámbito social, es todavía menor que la de los hombres y las mujeres deberíamos priorizar nuestros intereses. Algo así decía María Antonietta Macciochi dirigente del Partido Comunista Italiano, cuando en los años 70 se dio cuenta de que las reivindicaciones laborales de las mujeres (distintas de las de los hombres) se iban dejando, sistemáticamente, aparcadas por parte de los dirigentes varones del partido. 



Sab
Gertrudis Gómez de Avellaneda
Editado por Catherine Davies
Manchester University Press