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miércoles, 24 de febrero de 2021

Novela: Los que alcanzan la orilla de Paula Lapido (2019)

La autora.- Paula Lapido nació en Madrid en 1975. Es licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid y trabaja en informática. Y además de escritora, canta como soprano, toca el piano y el violonchelo; también se divierte haciendo punto y bizcochos. Empezó publicando cuentos en revistas y ya ha publicado un libro de relatos la Teoría del todo y una novela Horror vacui

Mi opinión.- Horror vacui me gustó mucho como novela de intriga sobre la identidad de las personas y sobre la representación teatral constante en la que vivimos; sobre los roles que vamos adoptando según la situación y el resto de personajes con que nos encontremos. Era una novela enrevesada y fascinante, hipnótica. No puedo decir lo mismo de Los que alcanzan la orilla que me ha parecido que cae en estereotipos. Últimamente estoy preguntando a mucha gente por qué no se encuentran críticas literarias negativas y nadie sabe responderme. Yo creo que hay una cierta confabulación entre editoriales y periodistas, y entiendo perfectamente que exista ya que es posible que todos ellos pertenezcan al mismo cluster empresarial; pero tampoco encuentro estas críticas negativas en el caso de blogueros aficionados. Voy a romper esa inercia y a partir de ahora, también publicaré las críticas de libros que no me hayan gustado o, incluso, de aquéllos que no haya querido acabar de leer. Por solidaridad lectora. Porque los libros son relativamente caros y porque además todos vamos escasos de tiempo para leer, así que hay que ser honestos el caso de los avisos a navegantes.

La novela parte de la desaparición de un joven pianista prodigioso cuando iba a participar en el concierto que supondría su consagración y de la repercusión de este hecho en la vida de su hermana pequeña, Giulia. Años después de la desaparición, Giulia recibirá la noticia de que Paul ha muerto. A partir de ahí, descubrirá que su hermano no era lo que parecía. Sin embargo, este descubrimiento para mí está plagado de tópicos. A través de otros personajes como el bello y homosexual Lorenzo, como Camille, la niña adulta y su padre Olivier, el seductor involuntario, redescubre que su hermano era infeliz, que no quería tocar el piano, que ese era el deseo de su padre, que por eso se llega a cortar un dedo y que, finalmente había encontrado el equilibrio haciendo muebles en un pequeño pueblo de la Provenza. Todo ello, poco antes de despeñarse en un paraje feo y anodino, indigno de ser el broche final de su vida.

La desaparición de Paul supuso para Giulia, entre otras cosas, un bloqueo creativo que no sabemos si llegará a superar. Giulia era pintora y quemó todas sus obras. En la novela es también importante una plaga de escarabajos, omnipresente y agobiante, metáfora seguramente de la situación personal de transformación-hacia-no-se-sabe-qué que está viviendo Giulia. Así, la acción está dividida en cuatro partes que se corresponden con las fases de la metamorfosis de los insectos: huevo, larva, pupa e imago. Pero confieso que no sé si, el llegar a la última fase, la fase de imago, supondrá para Giulia superar su dependencia emocional del hermano mayor. La novela ha sido comercializada como una novela de intriga, de indagación sobre los motivos del hermano para huir. Sin embargo, con su muerte la ausencia ya se ha convertido en definitiva y la pregunta de por qué Paul la abandonó ya tiene respuesta. Sabíamos que Paul no quería ser pianista ni niño prodigio, ni tampoco quería reconocer su homosexualidad delante de su familia. Pero teniendo en cuenta que la acción se desarrolla alrededor de la década de los 2000 y en Europa, la respuesta es mucho más sencilla y al mismo tiempo más cruel. Paul se fue porque quiso y no hay más. No recomiendo este libro, pero sí recomiendo la primera novela de la autora, Horror vacui. 


Los que alcanzan la orilla
Paula Lapido
Algaida



jueves, 19 de marzo de 2020

Serie TV: La peste. La mano de la Garduña de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos. Temporada 2 (2019)

Ya ha llegado la segunda temporada de La Peste y, tal y como terminó, tengo la sensación de que no será la última. En esta segunda temporada, La mano de la Garduña, parece que se han intentado subsanar los errores que se le achacaron a la primera. La oscuridad de la fotografía, que tan bien recreaba la pintura barroca, y la lentitud de la narración a mí no me parecían inadecuadas, pero fueron muy criticadas.


El contexto es el mismo. Sevilla, una metrópoli que controla el mercado con las Indias. Una ciudad opulenta y roída por la corrupción y las desigualdades sociales. Y donde la virtud y la maldad, la infamia y la dignidad, se reparten por igual entre las clases altas y bajas.


Recuperamos en esta temporada a los mismos personajes con unos años más y más penas en el alma. Mateo (Pablo Molinero) ha vivido unos años en las Indias y allí ha hecho fortuna pero tiene que renunciar a ella cuando Teresa (Patricia López Arnáiz) le llama. Teresa ha dejado de pintar y ha acogido en su casa, como un hijo, a Valerio, el hijo bastardo de su marido. Los tres han descubierto que son fuertes y que pueden luchar por lo que creen, aunque la lucha sea eterna.


Mateo ha dejado su melancolía. Pero especialmente fuerte se muestra Teresa que en la primera temporada empezó a despertar y a cuestionar el estar constreñida por su condición de mujer. Valerio (Sergio Castellanos) ha dejado definitivamente atrás su pobreza y su incultura. Como se intuía es un joven muy inteligente y, en estos años, se ha formado para seguir con el negocio de la seda de su padre. Aquel negocio que no dejaron desempeñar a Teresa.


Esta vez la trama da mucho mayor protagonismo a las mujeres; a las mujeres pobres y prostituidas. Valerio, supongo que conmovido por la vida y muerte que llevó su madre, trata de salvar a las prostitutas y sacude, así, el negocio de la Garduña. Esta sociedad de malhechores existió de verdad. Aquí la serie es muy explícita mostrando la violencia con la que el grupo de mafiosos es capaz de actuar: cortan lenguas, cortan dedos y acuchillan brutalmente, con tal de mantener su poder y el miedo entra la población.


Hay otros personajes de la primera temporada que toman un mayor protagonismo en ésta. María de la O (Estefanía de los Santos) ha hecho carrera en el mundo del crimen y, junto con Conrado (Luis Callejo) y Baeza son el trío que representa la oscuridad y la muerte. Esta vez, sin embargo, la trama no tiene ningún carácter esotérico y Baeza (Jesús Carroza), se presenta como un personaje equívoco.


Pontecorvo (Federico Aguado) es el nuevo asistente de la ciudad. Una especie de alcalde, gobernador, juez y policía. Encargado de limpiar la ciudad y deseoso de hacerlo bien para encontrar un puesto político en la Corte. Bien cerca del rey. Ha sido soldado y su esposa, cansada de no ser nadie, es casi tan ambiciosa como él.


Al final, la corrupción y el crimen tienen tantas cabezas que ha sido imposible cortarlas todas. Sin embargo, se abre un poco de luz y serenidad en la ciudad. Los buenos podrán seguir intentando cambiar el mundo, aunque lo hayan perdido todo; algunos de los malos encontrarán la muerte y otros tendrán una nueva oportunidad, para redimirse o para volver al delito, no lo sabremos. Los políticos seguirán politiqueando para bien y para mal. 


Personalmente, me hubiera gustado que se intentase recrear un poco el castellano del siglo XVII. No creo que entonces se utilizase la palabra autopsia; ni que a las damas se las llamase por el apellido precedido de señora. Creo que está mucho más incardinado en la tradición española llamar a alguien don o doña seguido por el nombre de pila. Pero es la única crítica que puede hacerse. Por lo demás, guion, fotografía, música, interpretaciones, todo brillante. Hay mensajes ocultos en algunas fotos. Muy recomendable. 


lunes, 16 de marzo de 2020

Serie TV: La peste de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos. Temporada 1 (2017)


La picaresca de los siglos XVI y XVII parece que dio para mucho y que todavía puede seguir explotándose. Eso debieron pensar los creadores de esta serie que tendrá también una segunda temporada. No hay que olvidar que Sevilla entonces presentaba grandes oportunidades de promoción social con la emigración hacia las Indias, pero que esta emigración estaba rigurosamente reglada. Principal motivo de que existiese un tráfico ilegal sustentado por mafias más o menos conectadas con los prohombres de la ciudad.


A mí me ha parecido una serie magnífica, aunque haya recibido críticas negativas por su oscuridad, su lentitud que, en realidad, a mí me parece que es intensidad narrativa que no siempre se apoya en los diálogos. Es una serie difícil pero con mucha calidad. Ya hace tiempo que la industria, la pequeña industria audiovisual española da ciertas alegrías. Alegrías que además son exportables.


Yo entiendo perfectamente que tenga que ser una serie oscura porque va a tratar temas que siguen escondidos dentro de las sociedades. La miseria, la corrupción, las desigualdades palpables, respirables y que se podían masticar y tragar. Todavía diría más, que algunos, los más pobres, estaban obligados a tragar porque otros, los prohombres, podían cerrar la ciudad y sus casas y dejar la miseria fuera.


Aquí la enfermedad, la peste, es sólo una excusa. Una barrera para limitar un campo de estudio. Sevilla, la gran ciudad, queda sitiada por una catástrofe que se ceba en los más pobres. Sin embargo las autoridades civiles y la inquisición eclesiástica están preocupados por una serie de asesinatos producidos en la ciudad.


Tenemos, pues, por un lado la crisis desencadenada por la enfermedad y la falta de abastecimientos en la ciudad porque nadie puede entrar y salir. Esto da lugar a que los especuladores acumulen cereales y productos de primera necesidad para subir el precio de los mismos cuando escaseen. Y, por otro lado, tenemos a un asesino suelto. Veremos si, a lo largo de los capítulos, una y otra trama se funden en la misma.


Además, y creo que como consecuencia de la lucha feminista de estos últimos años existe un personaje femenino que destaca. Estoy segura de que, si la serie se hubiese rodado hace unos años no lo hubiéramos visto. Es Teresa Pinelo, una pintora. Es cierto que en los siglos XVI y XVII existieron pintoras y escultoras que, si bien no vivieron exclusivamente de su trabajo, sí que dieron muestras de su talento; ahí quedan los ejemplos de SofonisbaAnguissola, Lavinia Fontana, Clara Peeters o La Roldana.


Teresa Pinelo y Mateo Núñez son personajes que no encajan en el ambiente de corrupción y lo pagan caro. La primera no puede mostrarse como una mujer de talento y firma sus cuadros con el nombre de su padre. El segundo vive perseguido por la Inquisición porque no quiere menospreciar su razón, su capacidad crítica y su propia inteligencia.


Por lo demás, fuera de la ciudad, una ciudad sucia, todavía quedaba mucha más suciedad. La de la mancebía, donde según las ordenanzas sólo podían vivir y trabajar las putas; putas que eran mayores de doce años y huérfanas de padre y madre. Por supuesto, sometidas a chulos y a sus clientes bestializados.



Dirección: Alberto Rodríguez, Rafael Cobos
Guión: Alberto Rodríguez, Rafael Cobos, Fernando León de Aranoa
Música: Julio de la Rosa
Fotografía: Pau Esteve Birba
Intérpretes: Pablo Molinero, Paco León, Manolo Solo, Patricia López Arnáiz, Sergio Castellanos.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Cine: A star is born de Bradley Cooper (2018)


Si tuviéramos que considerar géneros genuinamente propios del cine estadounidense, yo creo que tendríamos que incluir las películas del oeste y los melodramones de amores imposibles atravesados por enfermedades, adicciones o intervenciones en guerras lejanas. Esta es la cuarta versión de uno de esos melodramones. Se ve que la fórmula funciona y que a los espectadores les gusta ver sufrir mucho. A mí sí me ha gustado esta película. 

Sorprende la dirección de Bradley Cooper y también la interpretación de la “novata” Lady Gaga a pesar de que pierde demasiado tiempo en mohínes y morritos. Además, la peli tiene una excelente ambientación musical, inspirada en la versión de 1976 pero rotundamente mejorada. Si hay que reprocharle algo es el metraje tan excesivamente largo y que sea demasiado benevolente con la industria de la música. Si pretendían actualizar un guion que tiene 80 años podría haberse esforzado en mostrarnos cómo actúa hoy una megaindustria que, a veces, fagocita a sus propios hijos.


Los primeros veinte minutos de la película sirven para mostrarnos el estado ruinoso de Jackson Maine (Bradley Cooper), debido a sus propias inseguridades, una infancia traumática, al abuso del alcohol y las drogas y a un éxito no bien digerido. Sentimos, a través de la vacilación y el vértigo que nos muestra la cámara, el abismo al que se asoma. Le vemos deambulando con su chófer por la ciudad, hasta encontrar un bar de drag queens, donde es recibido como la estrella que es, a pesar de que la música country sea más propia de machotes que de drags. Allí conoce a Ally (Lady Gaga) con una voz prodigiosa y un físico imponente que no encaja con los criterios de la industria musical. Aquí el guion podría haber sido más crítico respecto a la implacable inspección y a la desorbitada exigencia que el aspecto físico de las mujeres sufre si quieren llegar a triunfar en el mundo del espectáculo. Pero el guionista ha pasado de puntillas.


Ally tiene mucho talento para la música y Jackson no duda en incluirla en su espectáculo. Aquí el guion se parece demasiado a Cenicienta y al Príncipe Azul que cae irremediablemente prendado de ella después de un encuentro fugaz, durante una noche en la que desaparecen el mundo y todos sus problemas y todo empieza a ser más previsible. Jackson acentúa su declive y Ally comienza a despuntar como estrella, pero el amor sigue allí, uniéndoles.  


Hay personajes secundarios que se encargan de ponerles los pies sobre la tierra, especialmente dos de ellos, antagónicos. El hermano de Jackson que por edad más bien podría ser su padre, interpretado por Sam Elliot, representa la superación frente a la amargura. También intentó hacer carrera musical, pero cuando empezaba a triunfar fue desplazado por el éxito de su propio hermano. Aun así, no se deja invadir por el rencor y ha permanecido fiel ante los primeros signos de decadencia.


El otro, Rez (Rafi Gavron) es el representante que se interesa por Ally y se encarga de hacer girar su carrera y encaminarla hacia un éxito pop más fácil, más industrial, más popular. Para él, Jackson pone en peligro su inversión en Ally y no duda en darle la puntilla cuando está empezando a remontar. Aquí podía haber aprovechado el guionista para delinear un personaje todavía más codicioso e interesado y una industria más abusiva.


El desenlace, aunque es sabido, no deja de emocionar y, en cierto sentido, ver a Ally, en un teatro frente al público, en un homenaje hacia su marido y con un peinado similar al que lucía la noche en que le conoció es intuir que, al final, el amor ha triunfado y Ally no va a renunciar a una carrera más personal, sin dejarse mangonear por la industria. En resumen, una buena película de corte clásico, un melodramón a la altura de lo que se espera y que va encaminado hacia la alfombra roja de los óscars.


Dirección: Bradley Cooper
Guion: Will Fetters, Bradley Cooper, Eric Roth, William A. Wellman, Robert Carson.
Música: Lady Gaga, Bradley Cooper, Luke Nelson, Mark Ronson.
Fotografía: Matthew Libatique
Intérpretes: Bradley Cooper, Lady Gaga, Sam Elliott, Rafi Gavron, Andrew Dice Clay.

jueves, 4 de octubre de 2018

Cine: Todos lo saben de Asghar Farhadi (2018)


¡Qué difícil es pertenecer al género humano! Lo digo porque como mamíferos nacemos muy inmaduros y eso nos hace estar muy desprotegidos para vivir en un entorno tan hostil. Por eso inventamos la sociedad y su entramado de relaciones. Las relaciones familiares y de amistad. Cuando todo va bien, va bien e, incluso, muy bien. Pero cuando las cosas se tuercen esas frágiles relaciones de conveniencia contribuyen todavía más al desastre. Qué débil resulta ser la confianza y qué pronto se quiebra. 

De eso va esta película. De lo fácil que es romper la confianza que, necesariamente, deben mantener entre sí unos seres humanos tan desprotegidos en un entorno tan hostil. Además, tiene también ciertos matices de tragedia griega y de destino que irremediablemente debe cumplirse que trascienden a la localización de la trama en un pueblo español.


Laura (Penélope Cruz) vuelve a su pueblo para asistir a la boda de su hermana. Le acompañan esta vez sus dos hijos, Irene una adolescente alocada y el pequeño, pero su marido (Ricardo Darín) ha tenido que quedarse en Argentina. Durante la celebración del banquete de bodas, Irene desaparece y comienzan a llegar mensajes al teléfono de su madre reclamando un rescate.


A partir de aquí la desconfianza se apodera de todos los asistentes, familiares y amigos, todo el círculo íntimo que rodea a una familia aparentemente normal. Esta desaparición hará que revivan odios y rencores antiguos, deudas no satisfechas y comportamientos miserables que se juntarán con una nueva remesa de odios y envidias en gente que debería mantener vínculos de amor y confianza.


El personaje clave de la trama es Paco y lo interpreta magistralmente Javier Bardem. Es un personaje abiertamente bondadoso y, quizá por ello, es quien más sufrirá. Es el amor de adolescencia de Laura y el hijo de los criados que ha conseguido prosperar gracias a su trabajo. Ahora está casado con Bea y parece que, cuanto mejor le van las cosas a él peor le van a la familia protagonista. Algo que el patriarca, el padre de Laura, no puede soportar. Mariana, la hermana mayor de Laura (Elvira Mínguez) y su marido (Eduard Fernández), al igual que Laura y Alejandro, también están pasando apuros económicos; y, además, su hija, una joven que ya es madre, vive una crisis matrimonial porque su marido no puede encontrar trabajo.


Todo este entramado está perfectamente ensamblado en la película y fluye con una gran sutileza gracias a un guion muy meditado. El hecho de que la acción se desarrolle en un pueblo español no tiene una gran trascendencia puesto que se exponen, durante toda la película, situaciones que podrían darse en cualquier otro sitio. Envidias y conflictos universales que no desaparecerán, a pesar del fundido en blanco y de la tos de Paco que parece un presagio de un final rápido.


La película no es un thriller psicológico, ni tampoco una película policíaca donde importe quién es el secuestrador. Trata de acercarse al abismo de las relaciones humanas y, en ese intento, consigue hacer reflexionar sobre la periódica reaparición de un pasado no resuelto imbricado en un presente convulso y también sobre la conveniencia de no volver atrás si se ha tenido la oportunidad de escapar.



Dirección y guion: Asghar Farhadi
Música: Alberto Iglesias 
Fotografía: José Luis Alcaine
Intérpretes: Penélope Cruz, Javier Bardem, Ricardo Darín, Eduard Fernández, Bárbara Lennie, Elvira Mínguez, Ramón Barea, Inma Cuesta. 

jueves, 22 de febrero de 2018

Cine: El autor de Manuel Martín Cuenca (2017)

¿Hasta dónde sería capaz de llegar un hombre por escribir literatura? Y ¿si estás rodeado de un ambiente de mediocridad? Si para escribir necesitas sumergirte en la vida, pero esa vida está rodeada de mediocres, tu literatura también será mediocre, ¿no? 

La película más que de amargura y frustración está llena de ironía. En primer lugar, porque Álvaro no se considera un fracasado. Se siente como un escritor, piensa como un escritor y quiere triunfar como escritor. Y en segundo lugar, porque el director no deja de tratar a los personajes, ahogados en su propia mediocridad, con un poco de cariño. La esposa, la portera, el profesor, los vecinos y el notario, ninguno se salvaría si fuésemos un poco críticos, pero todos tienen derecho a estropear sus vidas ruines.


Álvaro, Javier Gutiérrez, quiere escribir y para eso se vuelva en aprender, en teoría, como es ser un buen escritor. La clave la obtiene en una clase magistral. Para ser un buen escritor hay que saber contar un drama. Dramatizar la vida. Eso es lo que le dice también su profesor del taller de escritura, más interesado en que Álvaro le invite a comer a buenos restaurantes que en lo que Álvaro tiene que decir o escribir.


En su lógica y en su afán por escribir, Álvaro quiere utilizar la escuadra y el cartabón. Sin embargo, parece que la buena literatura exige otras coordenadas. Tampoco es aficionado a las trampas del subgénero literario dirigido a las masas, en el que su mujer, María León, ha triunfado. Por lo menos, Álvaro sabe mantener su honestidad.


Sin embargo, para él, sumergirse en la vida acaba siendo manipular la vida de los demás. Y aunque desde el primer momento, intuimos que el final de Álvaro no será feliz, la duda que nos queda es saber si arrastrará en su ruina a los demás. Tratar de escribir una novela, lo más literaria posible será su única tabla de salvación y también su ruina.


Me ha gustado mucho la puesta en escena, sobre todo cuando Álvaro intenta escribir, dominada por colores blancos y por la desnudez de las paredes y también la desnudez de Álvaro que contrasta con las vidas habitadas y las casas vestidas de sus vecinos que revelan más de la propia personalidad de éstos que sus propias palabras. La casa de la portera, sería una casa de los horrores para cualquier decorador, llena de cuadros imposibles, de figuras de animales de todos los tamaños y de pasos de semana santa o la casa del militar jubilado llena de armas y de cabezas de animales disecadas, buenos muebles y mucha soledad.



Las sombras que hablan para que Álvaro las escuche, las grabe y se inspire en ellas para lograr su gran novela, han sido otro acierto del director. A veces la película se hace un poco lenta y larga, pero es muy recomendable. Al final, lo que a nosotros nos parece una tragedia para Álvaro será su felicidad. Aislado del mundo podrá manipular a su antojo las pequeñas historias que genere a su alrededor. 


Dirección: Manuel Martín Cuenca
Guion: Manuel Martín Cuenca, Alejandro Hernández sobre novela de Javier Cercas
Música: José Luis Perales, Pablo Perales Carrasco
Fotografía: Pau Esteve Birba
Intérpretes: Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre, Adelfa Calvo, María León, Adriana Paz, Tenoch Huerta. 

viernes, 19 de enero de 2018

Cine: La calle 42 de Lloyd Bacon (1933)

La calle 42 se filmó en el año 1933 en apenas 28 días. En aquel momento el cine se utilizó como terapia para superar la Gran Depresión de 1929. América dejó de ser vista como la tierra prometida, surtida de riquezas innumerables y a disposición de quien fuera capaz e inteligente para conseguirlas y, a partir de entonces, empezó a ser un país que abusaba de sus ciudadanos más desprotegidos y que repetía los errores y desigualdades de los países europeos que había pretendido superar. 


Así que este tipo de películas trataban de recuperar la alegría de ser americano. Ésta, sin duda, lo consiguió. Incluso fue nominada al Óscar a la mejor película y mejor sonido. Hay que tener en cuenta que hacía poco tiempo que se había impuesto el cine sonoro y pasar los musicales de Broadway al cine era toda una novedad.


No sé si se podría decir que esto es teatro filmado o cine teatralizado pero la fórmula duró bastantes años, hasta que el cine musical resurgió en los años 1950 aprovechando las innovaciones en la filmación y el sonido. A pesar de todo esto La calle 42 se consagró como un clásico y teniendo en cuenta que ya ha cumplido 84 años hay que mirarla con la ternura que se dedicaría a una anciana.


Resulta una película pícara e inocente al mismo tiempo, estática y de ritmo vertiginoso. Todo un contrasentido, como la vida. Y eso es porque convergen dos tendencias a la hora de hacer musical: el musical clásico teatral y el musical cinematográfico. Esta película es la transición entre ambas maneras de entender el espectáculo. Las escenas entre los actores son netamente teatrales sin que apenas haya movimiento de cámara, sin embargo en las escenas musicales la cosa cambia y es por la influencia de Busby Berkeley.

Esto es lo que más destaca de este musical, las coreografías. Delante de la cámara se desarrollan elaboradas formas geométricas, caleidoscopios filmados con cámara cenital y con arriesgados movimientos de cámara no vistos hasta entonces, coreografías realizados por un ejército de bailarinas perfectamente coordinadas y diseñadas por Busby Berkeley que, posteriormente, se encargaría de algunas de las coreografías de la nadadora/bailarina Esther Williams y que también fue director de cine.


Por lo demás, el argumento de la película es muy simple. Un director de teatro recibe como encargo preparar una comedia musical, Pretty lady, para la amante del ricachón que financiará el proyecto y que sólo está interesado en ver las piernas de jovencitas. La amante es una cantante y bailarina consagrada que además tiene otro amante que también trabajará en la obra. Las aspirantes a coristas son jóvenes rubias de piernas bien torneadas y mucho sentido del humor; pero, entre ellas, destaca por su inocencia y su pelo moreno Peggy “la novata”.


Entre los ensayos, los números musicales y el estreno se desarrollan las tramas: los enredos, los engaños, los amoríos y el humor. Porque un musical romántico no puede hacerse sin grandes dosis de humor (esto debería haberlo sabido el director de La la land). Y esto es lo que provoca esta película ternura, risas y un número musical que pone la guinda y el final feliz. Donde los barriobajeros pueden encontrase con la elite, en la calle 42. Todos contentos.


Dirección: Lloyd Bacon
Guion: Ryan James, James Seymour (Novela: Bradford Ropes)
Música: Harry Warren
Fotografía: Sol Polito
Intérpretes: Ruby Keeler, Ginger Rogers, Dick Powell, Warner Baxter

viernes, 27 de octubre de 2017

Cine: La cordillera de Santiago Mitre (2017)

En cuanto terminó la película y empezaron a salir los títulos de crédito, no se me ocurrió otra cosa que preguntar ¿cómo? Así de colgados nos deja el director a los espectadores. Con un punto de interrogación que se asoma de manera insolente en la frente de cada uno de nosotros. 

Esta película inmediatamente me recordó a Luz que agoniza de George Cukor aunque, al final de ésta última, las cosas quedaban mucho más claras. En La cordillera todo queda como suposición, como posible. Y el si el político…, y si la hija… Ninguna solución propuesta es concluyente.

Toda la película gira en torno al personaje interpretado por Ricardo Darín. Es Hernán Blanco, el Presidente de la República Argentina, que está en una cumbre geoestratégica sobre petróleo de altos mandatarios latinoamericanos, cuando recibe la noticia de que su hija ha tenido una crisis, otra más, nerviosa. Todo, en la película, gira alrededor de Hernán Blanco, un hombre corriente que ha llegado a la cumbre de su vida y su carrera política; un hombre desconocido para la mayoría pero que consiguió ganarse la confianza de los ciudadanos por su aparente mediocridad. Hasta el nombre parece una broma. Hernán Blanco, blanco como un mirlo blanco, como la mente en blanco, como una hoja en blanco donde escribir su propia biografía.


Cuando digo que todo gira alrededor de Hernán Blanco, quiero decir que, conocemos su vida y su carácter por lo que el resto de personajes, principalmente su hija, hace. Respecto a Hernán Blanco no hay palabras, ni gestos, ni miradas que le delaten. Hay dos escenarios principales donde Hernán plantea su juego: la cumbre y la relación con su hija.


En la cumbre de mandatarios latinoamericanos se mueve con cortesía y excesiva prudencia. Simula ser (o no) el pardillo, el hombre corriente al que su cargo le viene demasiado grande. Parece estar a la sombra de los otros y actuar a rebufo de ellos, siguiendo el camino que le marquen. Sin embargo, también da muestras de tener iniciativa, visión de futuro y capacidad para tomar decisiones pragmáticas o egoístas.


En la relación con su hija se muestra cariñoso, atento, preocupado por su bienestar. Aunque ya no es una niña necesita ese tipo de cuidados. Su salud mental siempre ha sido frágil. No sabemos por qué. Quizá una juventud alocada y excesivamente condicionada por el alcohol y las drogas o quizá un matrimonio traumático y un divorcio todavía más doloroso. O quizá su deriva mental comenzó mucho antes. Esa parece ser la conclusión de un prestigioso y discreto psiquiatra que la atiende urgentemente durante la cumbre. Sin embargo, Hernán Blanco suspende sin dar ninguna explicación, abruptamente, este tratamiento de hipnosis propuesto por el psiquiatra.


Al final no sabemos quién esconde qué, si la hija o el padre, pero sí que llegamos a intuir por la manera como Hernán Blanco se conduce durante la cumbre, que no es el hombre tan sencillo ni tan falto de personalidad como aparenta ser y que es capaz de hacer lo que sea para conseguir lo quiere, o no.



La interpretación de Ricardo Darín es sobria y contundente, creíble e inquietante, permitiendo vislumbrar la oscuridad del personaje. Pero también me ha llamado la atención Erica Rivas que interpreta a la asistente personal de Hernán Blanco y que está siempre atenta a todo lo que necesite, resolviendo entuertos, cuadrando agendas y cuidando la imagen del presidente. 


Dirección y guion: Santiago Mitre
Música: Alberto Iglesias
Fotografía: Javier Juliá
Intérpretes: Ricardo Darín, Dolores Fonzi, Érica Rivas, Gerardo Romano, Elena Anaya.

lunes, 23 de octubre de 2017

Novela: Los afectos de Rodrigo Hasbún (2015)

El autor.-
Rodrigo Hasbún es un escritor boliviano de origen palestino, considerado como de los mejores escritores en español menores de 35 años. Antes de ser escritor fue músico. Él dice que ambas actividades buscan una cosa: perseguir el ritmo. Otras obras suyas: Nueve, Los días más felices, El lugar del cuerpo. 

Mi opinión.-
No me resulta fácil dar mi opinión sobre un autor del que sólo he leído un libro y que, además, es relativamente joven. Los afectos es una novela corta que sugiere más que narrar y si no conoces nada sobre la época que retrata puedes perderte en el relato. 

Hans Ertl
A mí, sin embargo, la existencia de esos huecos me ha facilitado una lectura más conmovedora, precisamente por eso porque conozco un poco de la historia convulsa de Latinoamérica, a partir de los años 1960.

Esa historia convulsa puede rastrearse en la vida de una familia boliviana de origen europeo. Hans Ertl, fotógrafo y cámara que había trabajado con Leni Riefensthal para los nazis, se establece en Bolivia después de la II Guerra Mundial. Allí crecerán sus hijas y cada una elegirá un camino vital diferente. Caminos que las separarán y volverán a reunir en distintas ocasiones, pero que supondrán la disolución definitiva de los lazos familiares.

Monika y Hans Ertl
Podemos suponer que la vivencia del exilio y su desarraigo político y social influyen en las tomas de posición diferente, pero no podemos estar seguros de que no hubiese sido así en el caso de seguir viviendo en Alemania. Los distintos capítulos del libro sobre los puntos de vista de cada una de las hijas no son concluyentes; más bien, generan sombras de incertidumbre sobre la fortaleza o debilidad de sus lazos familiares.

El adulterio del padre, la distancia emocional de la madre con sus hijas, la rebeldía política de Monika, la hija mayor, la indiferencia de Heidi por la familia y por el país de acogida y la perplejidad de Trixi ante el desmoronamiento, todo ello podía haberse producido también si no hubiesen vivido un exilio, pero el exilio lo hace todo mucho más duro.

Totó Quintanilla
Al principio, piensas que la protagonista principal es Monika, la hija apasionada y guerrillera, que ha sufrido distintas crisis nerviosas, casada con un joven de buena posición pero deseosa de cambiar profundamente las condiciones sociales de la vida, en búsqueda permanente de no-se-sabe-qué hasta llegar a su propia destrucción. Pero en realidad, la protagonista es la propia familia y su deriva. Por eso me parece que el título, Los afectos, se refiere más a aquéllos que, por obligación, están unidos o inclinados hacia algo, sin más sentimiento.

El cadáver del Che
No resulta una lectura fácil por la diversidad de voces y por las identidades, a veces, poco definidas de algunos protagonistas. Sin embargo, sí que consigue captar la atención del lector por manifestar una profunda melancolía, al mismo tiempo que se expresa con mucha dureza. Y esta dureza se nos hace todavía mucho mayor cuando nos enteramos de que los personajes son reales. Hans Ertl era conocido en Bolivia como el fotógrafo de Hitler y su hija Monika, la vengadora del Che Guevara, fue torturada y ejecutada por el ejército boliviano por participar en la muerte de Totó Quitanilla, polícia y cónsul responsable de la muerte del Che. Creo que esta novela pide una segunda lectura. 



Rodrigo Hasbún
Los Afectos

Ed Random House