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martes, 10 de diciembre de 2019

Ensayo: Monstruas y centauras de Marta Sanz (2018)

La autora.-
Marta Sanz es doctora en Literatura Contemporánea. Cincuentañera. Finalista y ganadora de varios premios literarios, entre ellos el Premio Ojo Crítico de Narrativa en 2001. Escribe tanto ensayo como novela y es colaboradora habitual en prensa escrita. Otras obras suyas son: Black, black, black; La lección de anatomía, Clavícula y Daniela Astor y la caja negra, y Retablo

Mi opinión.-
Lo que más me gusta de Marta Sanz es su gran capacidad de análisis. No da nada por probado, todo lo analiza con el mismo rigor y todo los somete a sospecha. Tal cual un intelectual debe de hacer y debe de invitar a hacer a los demás.


Además, en el caso de una intelectual feminista, todavía se debe ser mucha más cuidadosa. Marta Sanz dice verdades como puños en este ensayo y con la suficiente ironía y sentido del humor. Una de esas verdades, la que más me ha impactado es que como ella misma descubrió, llega un momento en que vemos que “… en lo más profundo y negro de mi occipucio…,  se escondía un hombrecito como el que vive dentro de los cajeros automáticos” (página 31).


Así que a la hora de que las mujeres emitan su propia voz y escriban sus propios relatos, relatos que deben de dar forma al mundo que ocupamos tanto hombres como mujeres, las mujeres deben de tener en cuenta que es imprescindible que liberen su voz y su mirada de la colonización patriarcal. Debemos analizar y sospechar de todo, porque allí escondido en los más recóndito puede estar el hombrecillo del que hablaba antes.


Cuando una mujer joven se pone una minifalda tipo cinturón ancho es posible que esté haciendo un ejercicio de libertad, pero lo que es seguro es que está vistiéndose como un hombre (diseñador y/o propietario capitalista de una marca de moda, por ejemplo) ha decidido que tiene que vestirse. Lo mismo sucede cuando una mujer se desnuda. Quizá, en realidad, se desnuda no porque le apetezca sino porque un hombre la ha convencido para hacerlo (las sempiternas necesidades del guion). No está ni bien ni mal, que una mujer se vista o se desnude como quiera, pero sí que es necesario escarbar a ver qué hay realmente detrás de esa decisión.


Nunca he pensado que el feminismo fuera un bloque monolítico. Al contrario, siempre he encontrado como denominación más cotidiana la de movimiento feminista. El hecho de que se le calificase de movimiento ya es muestra del dinamismo y pluralidad que siempre debería de tener. Ahora bien, hay un sector del movimiento que todavía no se ha quitado la lente masculina de sus ojos y sigue interpretando la realidad con criterios patriarcales. No nos engañemos, todas las mujeres llevamos esa lente masculina incrustada en los ojos, porque nuestros ojos han sido lenta y firmemente colonizados.


Una colonización que está muy relacionada, para Marta Sanz, con la ideología capitalista. Aunque yo también lo relacionaría con ese hijo bastardo del capitalismo que fue el comunismo porque a las mujeres soviéticas y de la órbita soviética no se les permitían grandes muestras de libertad tampoco. En este sentido y examinándolo todo a la luz de la sospecha, como Marta Sanz nos enseña a hacer, recuerdo un personaje de Los santos inocentes, la hija de los criados, que prefiere ser obrera en una fábrica, porque intuye que tendrá algún derecho, antes que doncella en la finca donde, sin duda, sería objeto de agresiones sexuales continuas por parte del señorito Iván.


Bien. El subtítulo del libro ya es muy indicativo de lo que vamos a encontrar. Nuevos lenguajes del feminismo que lleva unos años tan de moda. Nuevas construcciones de un lenguaje que deberá ser inclusivo para dar cabida a esa mitad de la población que ha estado oculta. Aunque también me parece claro que esta exposición mediática del feminismo tarde o temprano tendrá que desaparecer , por el propio bien del feminismo, porque el patriarcado capitalista tiene grandes habilidades para fagocitar todo lo que toca. Yo creo que al feminismo le sentaría bien “dejar de ser portada” por una temporada y seguir trabajando en silencio como hasta ahora, haciendo labor de zapa, para consolidar lo conseguido.


Lo que más me gustaría, también, es que la gente dejase de decir la estupidez esa de “ni machista, ni feminista; hay que ser persona”. Pero para eso quizá tenga que pasar más tiempo.



Monstruas y centauras
Marta Sanz

Ed. Nuevos cuadernos Anagrama

miércoles, 29 de mayo de 2019

Crónica: Violadas o muertas de Isabel Valdés (2018)


Parece que para la judicatura y, también, para gran parte de nuestra sociedad actual, el perfil ideal de violada sería el de María Goretti, una niña italiana de 11 años que prefirió morir antes que ser violada (deseo que su asesino le concedió rápidamente). Antes muerta que violada. Digo esto porque ni siquiera el asesinato después de haber sido violada redime a la víctima de preguntas insidiosas respecto a su vida privada. Como ejemplo servirá la única pregunta que dirigió el jurado popular (6 mujeres y 3 hombres) a la madre en el juicio de Nagore Lafagge, joven enfermera violada y asesinada por un compañero de trabajo en los sanfermines de 2008. ¿Era su hija muy ligona?


Parece que si una mujer es muy ligona o va por la calle a las 2.00 de la mañana o va borracha en un ambiente de fiestas se merece ser violada. Ese es el punto en el que todavía nos encontramos. En realidad, no nos engañemos, para gran cantidad de hombres cualquier mujer, vista como una puta o como una ursulina, vaya por la calle por la mañana, a mediodía o por la noche, sea simpática y sonría o sea antipática y castradora es siempre una pieza de caza. Su cuerpo sigue siendo territorio festivo de uso y abuso para los hombres, quiera una mujer o no.


Pero ante este abuso individual, social e institucional, que no se produce únicamente en España, se levanta una arcada generalizada y sincrónica de mujeres de todos los continentes…(pg. 119). En este punto, estamos las mujeres, yo diría que la mayoría de nosotras. Vivimos instaladas en una arcada permanente y absolutamente necesaria.


Isabel Valdés en este pequeño libro-crónica ha querido reflexionar sobre la actuación de los medios, de la judicatura, de los abogados defensores en el caso de “la manada”, de la sociedad en general y queda como conclusión que todos debemos implicarnos en un gran cambio.


Ha quedado patente que la justicia no se ha comportado como la sociedad esperaba. Es cierto que la justicia no puede ni debe complacer a la sociedad, pero también es cierto que no debemos consentir la extrema desconexión que hay entre una y otra. No sólo se deben diseñar procedimientos más rápidas, más fácilmente comprensibles y accesibles sino que también deben implementarse canales de comunicación entre justicia y sociedad. Porque si no es así, mal podrá decirse que la justicia emana del pueblo (art. 117 de la Constitución Española de 1978).


La sentencia de la manada ha priorizado los derechos de los agresores y ante la mínima duda ha sido favorable a sus demandas antes que a la demanda de la víctima. Una víctima que durante la agresión pretendió defender su derecho a la vida por encima de todo y que después de la sentencia sigue haciéndolo así. Para muchos es culpable de querer estudiar, culpable de querer ligar, culpable de querer divertirse, culpable de querer beber, culpable de querer amar. En definitiva culpable de querer vivir. No es en absoluto el perfil de violada ideal representado por María Goretti y ¿qué?


Todavía no ha terminado el proceso pero pocas esperanzas podemos tener las mujeres en la justicia pensada por y para los hombres. Una justicia abstracta y fuera de la realidad que cuestiona y que hasta es capaz de poner en duda el testimonio de las víctimas. Sin embargo, de momento no tenemos otra. Tendremos que tomar en consideración nuestra fortaleza como mujeres para el cambio de la justicia. Ya en los años 1980, Manuel Carmena pedía que los jueces y magistrados tuviesen formación en psicología. No debieron hacerle caso, pero quizá sea el momento de insistir.


Existe un cambio importante que coadyuvaría a promover el cambio en la justicia. Es el lenguaje. Es importante porque el lenguaje crea la realidad, da forma a la realidad. Incorporar unos términos y desechar otros por caducos. Considerar que la sideración, la estupefacción o el estupor son capaces de inhabilitar a una mujer para defenderse y descartar que tenga que oponer una resistencia numantina que la conduzca a la muerte para poder decir que ha sufrido una violación o una agresión sexual.

Marie Trintignant
La sororidad entre nosotras y el hecho de que, en este momento, estamos en condiciones de configurar una masa crítica es algo que no debemos menospreciar a la hora de proponer reformas que humanicen a la justicia y la anclen en la realidad social. Ahora sale muy barato matar a una mujer. Nuestro sistema judicial garantiza los derechos de los delincuentes a tener un juicio justo y también la posibilidad de reinsertarse en la sociedad. Pero esa misma sociedad, o al menos las mujeres que pertenecen a ella nos escandalizamos cuando el agresor pretende reincorporarse a la sociedad como si nada hubiese pasado. Apenas unos años en una cárcel confortable con la reducción de condena por buen comportamiento y el agresor ya se cree con derecho a retomar su vida anterior.

Nagore Lafagge

Así ha sucedido con el victimario de Nagore Lafagge, que ha comenzado a ejercer como psiquiatra en un centro privado o con el de Marie Trintignant, joven actriz francesa, madre de 4 hijos, asesinada por su novio que, una vez cumplida su condena, pretende seguir su carrera de cantante. Alguien, mientras le escuche cantar, podrá dejar de pensar que mató a una mujer a golpes. A las dos les destrozaron la cabeza a puñetazos, como si su mayor delito hubiera sido querer pensar por sí mismas. Mucho trabajo queda por hacer, en España, en la Unión Europea y en el resto del mundo. Yo sí te creo, hermana. 




Violadas o muertas
Isabel Valdés

Ed. Península breve

lunes, 19 de febrero de 2018

Ensayo: Feminicidio de Graciela Atencio (ed.)

Una definición simple de Feminicidio sería el asesinato de mujeres por ser mujeres. Sin embargo, creo que la mayoría de la gente no considera necesario que esta nueva calificación de la violencia contra las mujeres deba de existir. Piensan que cualquier homicidio o asesinato o simplemente cualquier muestra de violencia contra otro ser humano ya tiene cabida en los códigos penales sin necesidad de especificar que la víctima es una mujer que ha sido elegida como víctima simplemente por ser mujer.

Graciela Atencio
Se equivocan. Crear una nueva categoría para definir la violencia contra las mujeres cada vez es más necesario. Se trata no sólo de definir sistemática e inclusivamente la violencia contra las mujeres, sino que además esta definición debe ser compartida internacionalmente o incluso, apostando ya decididamente por la utopía, que sea objeto de justicia universal. No es tan inverosímil encontrar similitudes entre el feminicidio y el resto de crímenes universales. Y además, esa nueva categoría implica la responsabilidad del estado y desterrar, definitivamente, la violencia contra las mujeres como un ejercicio privado de violencia.


El término feminicidio ha sufrido un proceso de decantación constante a partir de la segunda mitad del siglo XX, justo en el mismo momento en que la violencia contra las mujeres, contra aquéllas que cuestionan el sistema patriarcal y especialmente contra las que no lo hacen, se ha ido recrudeciendo. Para algunas no cabe duda de que es necesaria una regulación más específica y, en este sentido, se está actuando en varios países. Muestra de ello son las regulaciones como la Ley Orgánica 1/2004 de Protección Integral contra la Violencia de Género en España que, con todas sus deficiencias, ha sido un sólido punto de partida.

Beatriz Gimeno

Pero todavía queda camino por recorrer. Las autoras señalan que es muy importante introducir en las legislaciones el término feminicidio porque inmediatamente remite al término homicidio y porque además lo delimita como un tipo penal específico y propio. No sólo es importante una correcta denominación jurídica de los hechos sino que el lenguaje es por sí mismo creador de la realidad. Renombrar la violencia contra las mujeres como feminicidio permite abordar la lucha desde la plena igualdad entre géneros.


Las autoras también relacionan el feminicidio, especialmente en Latinoamérica, un feminicidio perpetrado contra mujeres que los feminicidas no conocían previamente. Y lo relacionan con la aparición del neoliberalismo y la consiguiente reorganización/precarización de las relaciones económicas que procura la quiebra de la imagen del varón como proveedor exclusivo. Dicho de otra manera y utilizando la jerarquización social de la masculinidad de Raewyn Connell, incluso el hombre situado en el último peldaño de esta jerarquía tenía antes el dominio sobre mujeres. Hoy eso empieza a cambiar. Por una parte, por el acceso de las mujeres a la educación y puestos de trabajo más cualificados y por otra, porque la precarización de los empleos afecta también a los hombres.



Esta convulsión en los roles de género debe ser tenida en cuenta y desde los poderes públicos y las empresas privadas debe de facilitarse a los hombres la adaptación a los nuevos roles. Pero tampoco debe de servir como excusa para minimizar la responsabilidad de éstos en su propia reconversión. Aunque este libro da primacía a la vertiente jurídica del feminicidio, su lectura es absolutamente imprescindible. Más información en feminicidio.net.



Feminicidio
El asesinato de mujeres por ser mujeres

Graciela Atencio (ed.)

FIBGAR-Catarata

viernes, 3 de noviembre de 2017

Cine: Que Dios nos perdone (2016) de Rodrigo Sorogoyen

Que Dios nos perdone sirvió para que Roberto Álamo recogiera un muy merecido Premio Goya 2017, a la mejor interpretación masculina protagonista, y para demostrar, si a alguien le cabía alguna duda, que el cine negro español es un género muy solvente y exportable con características propias. 

A mí me gustó especialmente la película porque aporta mucho material para analizar las relaciones entre tres arquetipos masculinos no tan distintos y la violencia que son capaces de esgrimir; con relaciones humanas desarrolladas en un ambiente de calor asfixiante, y, al mismo tiempo, decrépito y amarillento. Los protagonistas son dos policías y el asesino.


La vida de estos tres hombres está dominada por la violencia, por el deseo de reprimirla o por la rabia por no poder hacerlo. Los problemas personales de los protagonistas se revelan como el eje vertebrador de la película y pesan tanto como el calor. Nos queda la duda de si esos problemas son origen o consecuencia de su rabia.


Así que en un Madrid irrespirable de verano, donde los jefes de policía están desbordados por la visita del Papa y por su deseo individualista de brillar personal y profesionalmente, empiezan a aparecer ancianas asesinadas. La primera hipótesis es que se trata de robos que han salido mal; el ladrón ha estado a punto de ser descubierto y ha solucionado la papeleta apresuradamente. Sin embargo, Velarde, el inspector interpretado por Antonio de la Torre, no está convencido de que sea así. Decididamente levanta la falda de una de las asesinadas para comprobar que ha sido violada.


Velarde es un hombre oscuro, paciente y observador, con graves problemas de relación derivados probablemente de una infancia abusada. Su tartamudeo todavía contribuye más a aislarle del mundo y manifiesta, en contadas ocasiones pero brutalmente, una violencia fuertemente reprimida. Una violencia a cuyo origen no quiere enfrentarse. Él mismo probablemente sea un cobarde y esa cobardía le haga ser dogmático y también un abusador potencial. Vive solo en un piso lóbrego y rancio.


Su compañero, Javier Alfaro (Roberto Álamo) es más previsible. Su violencia está más a flor de piel, más disponible para defenderse frente a cualquier situación que le perturbe. Tiene una familia, esposa, hijos e incluso un perro. Visceral y noble a partes iguales. Capaz de morir por un compañero o de matarlo al momento siguiente. Se emborracha y llora como un niño por su perro muerto. Es contradictorio.


Entre Velarde y Alfaro se produce una simbiosis casi perfecta. Al final se intercambiarán parte de sus características más esenciales. Alfaro aprenderá a controlarse un poco y Velarde exteriorizará su violencia hacia una causa justa.


El asesino tiene un carácter y unas motivaciones menos sorprendentes que los policías. Responde al perfil de asesino en serie novato y deseoso de perfeccionarse. Sabe canalizar su rabia fría y calculadamente y la dirige contra víctimas que no van a poder defenderse. Es el caso típico de buen chico del que nadie sospecharía y se sirve de esta confianza que genera para acceder a las ancianas que, invariablemente, le recuerdan a su madre. Podemos imaginar que su madre ejerció una influencia siniestra sobre él y que, ahora, vieja e inválida, todavía tiene poder para anularle. El resentimiento es su principal motivación y cuanto más exterioriza ese resentimiento más ganas tiene de violar y matar. Javier Pereira interpreta al asesino.


Evidentemente, se produce una explosión de violencia cuanto estos tres hombres se juntan, aunque no coincidan en el espacio ni en el tiempo. Es una explosión necesaria para poner las cosas en su sitio, pero eso no quiere decir que las cosas mejoren.


En resumen, la película es una muestra del sistema de relaciones sórdidas que un patriarcado, hipertrofiado y llevado al límite, supone. Hombres que reprimen a duras penas su ira y su violencia, resentidos contra mujeres manipuladoras que al mismo tiempo han sido víctimas de otros hombres represores. La madre ausente de Velarde, la esposa infiel de Alfaro y la madre inválida, omnipresente y dominante del asesino, son los arquetipos femeninos presentados en la película. Hombres violentos, mujeres muertas. Apenas aparecen las mujeres en los fotogramas de la película. Invisibilidad.


Muy recomendable y a destacar también la intervención de José Luis García Pérez y Luis Zahera.


Director: Rodrigo Sorogoyen
Guion: Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen
Música: Oliver Arson
Fotografía: Alejandro de Pablo
Intérpretes: Antonio de la Torre, Roberto Álamo, Javier Pereira. 

lunes, 10 de abril de 2017

Cuento: Diles a las mujeres que nos vamos de Raymond Carver (1971)

Estaba leyendo un libro de cuentos de Raymond Carver y me han recomendado que leyese especialmente otro de sus cuentos no incluido en este libro. Se trata de Diles a las mujeres que nos vamos. Aterrador. 

Trata de dos amigos de toda la vida, de los que lo han compartido todo: la ropa, el coche y las chicas que se follaban. Jóvenes veinteañeros todavía pero envejecidos, ya casados y uno de ellos con hijos y arrastrando una enorme frustración que ni la cerveza ni el whisky pueden mitigar. Bill y Jerry, son nombres vulgares para hombres vulgares, que no destacan en nada. Estudiantes regulares, trabajadores regulares, maridos regulares y padres regulares. Se siguen viendo todos los fines de semana y para que las cosas sean más fáciles sus esposas también se han hecho amigas.

Este es el coche de Jerry
Los domingos son día de barbacoa, con las mujeres y las niñas. Se sientan frente a la piscina a beber cerveza y a hablar de coches. Un domingo, Jerry aplasta la lata de cerveza, no tiene muchas ganas de hablar. Prefiere coger el coche, un chevy descapotable del 68, y salir a dar una vuelta. Diles a las mujeres que nos vamos. Paran en un bar, siguen bebiendo cerveza y Jerry no se calma. Otra lata aplastada. La solución, volver a la carretera y pisarle a fondo al coche, 135 kilómetros por hora. Y dos chicas que terminarán muertas, sólo porque Jerry no sabe vivir su frustración y porque Bill le sigue como un perro asustado. 

Las chicas son jóvenes, es verano, llevan pantalón corto y camisetas ajustadas de tirantes finos. Van en bicicleta, de excursión hacia las montañas. Para Jerry esto es motivo suficiente para considerarlas putas que se le insinúan con la mirada. Así que, sin que Bill haga nada por evitarlo, Jerry se dedicará a perseguirlas, acosarlas, acorralarlas como si fueran animales y finalmente matarlas. Persecución y caza. Jerry dijo: Vete a la derecha y yo iré de frente. Les cortaremos el paso a esas calientapollas.

Las chicas pretendían pasar el domingo en un sitio parecido a éste
Lo aterrador de este cuento es la falta de motivos que Jerry tiene para matar a las chicas pero que lo haga sin ninguna dificultad. El autor nos ahorra los detalles del asesinato pero casi es mucho peor. En una línea revela toda la crudeza del hecho, la brutalidad del asesino y la pasividad del cómplice, Jerry utilizó la misma piedra con las dos chicas.

Miramos la violencia de género y los asesinatos de mujeres bajo un prisma que yo considero erróneo. Hasta hace unos años (y algunos hombres y mujeres lo siguen haciendo) considerábamos que las mujeres provocaban estas situaciones y, en cierta manera, lo seguimos haciendo cuando nos preguntamos e insistimos en saber por qué las mujeres no han hecho algo para evitar la violencia de sus parejas. Por qué no se han ido de casa, por qué no han denunciado, por qué no han buscado ayuda de sus familias. Siempre la responsabilidad está en la mujer que hizo todo lo posible para evitar su muerte, no actuó correctamente.

Aunque en este cuento no hay una relación sentimental y no sería exactamente violencia de género, sí que pone de manifiesto el ánimo que impulsa a estos hombres, a los que una cerilla apagada les calentaría la polla. La frustración y la cacería. Lo único que hace la víctima es pasar por allí en un momento inoportuno.

Raymond Carver es el máximo representante de lo que se llama realismo sucio. Es de esos escritores que te deja el alma en vilo, al menos en este cuento. Apenas esboza lo aterrador que puede ser el ser humano y sin explicarte nada más y sin dejarte tiempo para asimilar, termina el cuento. Así, sin más. 



lunes, 4 de julio de 2016

Crónica: La Gran Guerra de Joe Sacco

El autor.-
No sé si calificar a Joe Sacco como novelista gráfico, autor de cómics o incluso ensayista gráfico. Después de graduarse en la universidad empezó a trabajar como periodista, pero escribir le resultaba aburrido. Después se pasó al cómic; pero hasta que no publicó Palestina: en la franja de Gaza, no encontró su propio estilo para relatar sus experiencias como periodista en un conflicto. Después también publicó Gorazde: zona protegida sobre la guerra civil en Bosnia. Basándose en las entrevistas y fotografías que toma en las zonas en conflicto escribe y dibuja crónica periodística. 


Mi opinión.-
La gran guerra no se puede considerar crónica periodística porque el autor ni siquiera había nacido cuando se produjo la Batalla del Somme. El 1 de julio de 2016 se cumplieron los 100 años del comienzo de esta cruenta batalla de la Primera Guerra Mundial: británicos y franceses contra alemanes. Entonces todavía se la llamaba la Gran Guerra porque nadie podía imaginar que habría una segunda. Más de un millón de hombres muertos, heridos o desaparecidos. Alrededor de 600.000 británicos y franceses y más de 400.000 alemanes.



Fueron 141 días de batalla, de guerra de trincheras, bombardeos y lucha cuerpo a cuerpo a lo largo del curso del Somme. Se había pensado para distraer a los alemanes y aliviar la presión sobre el frente de Verdún. El 19 de noviembre, después de tantos estragos por ambas partes, se decidió dar por terminada la batalla y proseguir la guerra después del invierno. Queda claro que nadie ganó en aquel momento; hubo avances y retrocesos por ambos bandos sin que llegaran a consolidarse.



Ese primer día de la batalla es el que Joe Sacco ha recreado en su libro-mural. Una ilustración muy detallada de 7,3 metros, desplegable, que puede guardarse en un estuche, con un pequeño ensayo de Adam Hochchild sobre la batalla y una guía con anotaciones; el autor ha querido dejar la ilustración sin texto para provocar todavía más desasosiego.



Joe Sacco ha dibujado a cientos de miles de soldados británicos sin querer individualizarlos, pero al mismo tiempo cada uno de ellos muestra su propia personalidad bajo el casco que le hace ser igual a cada uno de sus compañeros. Así vemos unos que van a la guerra cantando, felices; los que se ocupan de los animales; quienes conducen los carros; una mujer, quizá una campesina francesa; un soldado que mea contra una pared medio derruida y otro que vomita apoyándose en un árbol; empieza a anochecer pero la batalla no para. Después los bombardeos, los heridos y los muertos.



Cada soldado es perfectamente reemplazable para eso que se suele llamar la máquina de guerra. Fue de las primeras batallas en las que los soldados se enfrentaban a una muerte industrializada, con un poder mortífero mucho mayor que en las guerras anteriores. Tanques, bombas, explosivos, gas, ametralladoras, fusiles con bayonetas, tenían una dimensión que antes no se había alcanzado. Sólo en el primer día, más de 20.000 británicos muertos o heridos.




Ahora que Reino Unido ha decidido abandonar la Unión Europea es imprescindible recordar que esta Unión, económica y mercantilista, neoliberal e imperfecta, se creó para superar las heridas de la II Guerra Mundial y de tantas otras guerras, sufridas por franceses y alemanes, en los siglos XIX y XX. Y que antes de abandonarla deberíamos esforzarnos todos en hacer que fuera mejor. Sin embargo, también hay que reconocer a Reino Unido el derroche de vidas que sufrió para defender a Francia y al resto de Europa. El libro de Joe Sacco es conmovedor. 




martes, 26 de mayo de 2015

Serie TV: True Detective de Cary Fukunaga (2014) - Temporada 1/03

Episodio 3: 
The locked room

La pista del repentino fervor religioso de Dora les lleva hasta una iglesia ambulante regentada por un clérigo protestante. El predicador es un exalcohólico que vende esperanza e ilusión pero sin ningún fundamento. Los fieles, de bajo nivel intelectual, viven una religiosidad emocional, un espectáculo de puro pensamiento mágico. Desde su punto de vista que podría llamar nihilista pesimista, Cohle observa como el predicador absorbe los temores de los fieles y pone de manifiesto la pobreza, la obesidad y una cierta tendencia de sus seguidores a creer en cuentos de hadas.

Hart nuevamente es el contrapunto de hombre normal para Cohle. No juzga a sus semejantes por su obesidad o por su pobreza, pero todavía no sabemos si es por humanidad o simple indiferencia. Para el desarrollo de la investigación recogen en esta iglesia nuevas pistas.

Además en este capítulo, se profundiza en la descripción del carácter de Hart. Aparentemente más estable y tranquilo que Cohle, pero con una gran frustración y rabia interior. También tiene más protagonismo Maggie, la mujer de Hart. Un personaje muy necesario para la catarsis entre los dos protagonistas pero que a mí no me resulta especialmente atractivo. Está descrito desde un tradicional punto de vista masculino, como la sufriente-esposa-perfecta-a-punto-de-estallar-y-que-sólo-quiere-comunicación-emocional. Es guapa y tiene un tipazo que cualquiera querría disfrutar; mantiene también una relación conflictiva con su madre. Creo que trabaja, pero no estoy muy segura y por lo demás siempre está esperando en casa a que Hart llegue (de trabajar o de haber estado de putas), monísima, poniendo morritos y con ganas de comunicación. Además está empezando a sintonizar con Cohle y Hart lo nota; se anuncia el conflicto.

Por supuesto, una de esas noches, hablan y acaban follando apasionadamente. En la conversación surge lo habitual, el desgaste de la convivencia, la falta de sexo en el matrimonio, la crisis de los 40, no tener tiempo para ellos mismos. Lo habitual. En realidad, Hart es un hombre perdido. Necesita obedecer normas para poder vivir en paz; necesita una familia, pero no necesita verla muy a menudo; necesita tener amantes para sacudirse la frustración antes de volver a casa, a jugar a ser el papá perfecto. Siente mucha responsabilidad por su paternidad y se presenta como un padre cariñoso para sus hijas, pero en cierta manera esa relación está bloqueada; posiblemente porque las niñas estén creciendo y no sepa cómo relacionarse con ellas.

Rust Cohle, al contrario de Hart, acepta ser malo; acepta la maldad en el mundo y aprovecha sus noches de insomnio para repasar casos antiguos. Allí encuentra un caso parecido que hace unos años pasó desapercibido y nuevas pistas: la escuela Light of Way y otro nombre, un tal Ledoux. Detenido varias veces por asuntos de drogas y asalto sexual.


En el interrogatorio que se desarrolla años después del asesinato de Dora Lange, Cohle recuerda como él mismo miraba y remiraba las fotos de las mujeres muertas. Llegó a creer que en el último segundo de su vida y después de todo el sufrimiento de la agresión o la violación, esas mujeres aceptaban felizmente la muerte porque habían entendido que su existencia había sido un mero sueño inútil; siempre el mismo sueño repetido. El sueño de creer que alguna vez habían existido y que habían sido personas. Un sueño que se produce dentro de la habitación cerrada que es nuestra consciencia. Las mujeres, y Cohle también, comprendían que al final del sueño, siempre nos está esperando un monstruo. 



jueves, 16 de octubre de 2014

Cine: La isla mínima de Alberto Rodríguez (2014)

No sé por qué a la gente le sigue extrañando que en España se hagan buenas películas y de todos los géneros. Yo hace ya mucho tiempo que no tengo dudas. Evidentemente, también las hay malas. Pero para ser una industria mediana, con pocas ayudas (las zancadillas del Ministro Wert) y con un público que está completamente entregado al cine estadounidense, creo que va bastante bien.

La isla mínima es una buena película. Cine negro en el que ya no importa saber quién hizo qué; se trata más bien de diseccionar los males y vicios de una época no muy lejana. En este caso España, Andalucía, las marismas del Guadalquivir, en los años 80. El tráfico de drogas y otros contrabandos con más solera, el paro, la falta de expectativas de los jóvenes y la extrema vulnerabilidad de las mujeres pobres, adolescentes o adultas. ¿Qué hacen para salir de esa situación de miseria?, ¿qué precio pagan? y ¿a quién? De todo esto trata la película.

Desaparecen dos chicas adolescentes en las fiestas de su pueblo. No sería extraño que se hubiesen escapado para vivir la vida; eran chicas que tenían fama, concretamente fama de putas. No es la primera vez que desaparecen mujeres jóvenes y todos creen que están en un sitio mejor. Además siendo putas y pobres, a nadie le molesta su huida. Pero esta vez la madre de las chicas consigue que se abra una investigación.

Para seguir las indagaciones son destinados, como castigo por su mal comportamiento, dos policías de Madrid, interpretados por Javier Gutiérrez (Concha de plata al mejor actor en el último Festival de San Sebastián) y Raúl Arévalo. Aparentemente son muy distintos, pero la violencia del ambiente y la crudeza de lo que descubren les obliga a utilizar las mismas estrategias violentas para resolver el caso.

El guion de Rafael Cobos y Alberto Rodríguez mantiene el alma en vilo, pero a mí me gustaría que hubiese profundizado un poco más en la historia de los policías. Teniendo en cuenta que la acción se sitúa en los 80 y que entonces el franquismo era todavía más evidente que hoy en determinadas instituciones, era ocasión de contraponer los caracteres de un policía más o menos afecto a un régimen dictatorial y otro que espera desempeñar su trabajo con las reglas y herramientas que la democracia facilita. Pero ahí, yo creo que el guion se ha quedado un poco corto.

La isla mínima al igual que Grupo 7 (del mismo director) podrían ser capítulos de la crónica criminal de la transición. Ambas tienen el mismo tono narrativo,  la misma fotografía (Premio San Sebastián a la mejor fotografía para Alex Catalán, que también trabajó en Grupo 7) y los mismos personajes. Personajes inmovilizados en un paisaje de fango, bajo decrépitos cielos amarillos, curtidos por el sol y la vida; de piel áspera para evitar las heridas y asfixiados por los crucifijos y la miseria, viviendo siempre en un silencio que mata porque nunca han tenido voz.

Para que no haya dudas y siga la desesperanza, al final no cogen al asesino.




Director: Alberto Rodríguez
Guión: Alberto Rodríguez y Rafael Cobos
Fotografía: Alex Catalán

Intérpretes: Javier Gutiérrez, Raúl Arévalo, Nerea Barros, Antonio de la Torre.

viernes, 25 de abril de 2014

Cine: El hombre que mató a Liberty Valance de John Ford

Es un western crepuscular. Comienza con una locomotora humeante acercándose a una ciudad próspera y termina con la misma locomotora cruzando nuevamente el paisaje en dirección contraria. Durante toda la película prevalece un tono muy melancólico y una gran intensidad emocional, acompañada por la banda sonora. La acción se desarrolla en un día que da para muchos recuerdos.

Ramson Stoddard, es ahora un senador de los Estados Unidos y vuelve, junto con su esposa Hallie, a Shinbone para el entierro de un antiguo amigo, Tom Doniphon. Empieza recordando cómo en su primer viaje a Shinbone, entonces ciudad sin ley en medio de la nada, fue atacado por Liberty Valance. Y cómo todo lo que sucedió a partir de entonces se ha convertido en leyenda, que no conviene modificar.

Tom Doniphon, Ramson Stoddard y Hallie se conocen en un momento de cambio fundamental. Con la expansión de los colonos hacia el oeste, los hombres como Doniphon eran necesarios. Eran portadores de una masculinidad agresiva, salvaje y de una rudeza noble; con un código de conducta propio, a veces no muy legal, pero siempre honesto y justo. Eran esos hombres capaces de ir más allá de la frontera.  

Ahora ese mundo está empezando a desaparecer y otro está formándose, pero todavía no está muy definido. Ramson Stoddard es el encargado de dar forma al nuevo mundo; es un abogado idealista, no violento, que cree en la razón, en la negociación y en las leyes. Es un hombre educado en el este, culto, que tiene como meta superar la violencia y establecer el imperio de la ley. Doniphon, el hombre de acción, está a punto de ser sustituido por Stoddard, el hombre de leyes, el político que sabe utilizar la palabra y que es el adecuado para consolidar la frontera.

Para completar el triángulo, entre los dos, está Hollie; será la encargada de elegir entre las dos masculinidades. En su elección intuitiva, pero profundamente racional, no deja sitio para sus sentimientos. Será una decisión que le pese toda la vida, aunque sepa que no se equivocó al apostar por la seguridad que le facilita el hombre nuevo.

El ataúd de Doniphon, la flor de cactus, Stoddard y Hollie

Después del tiroteo entre Stoddard y Liberty Valance, Doniphon, el héroe trágico desaparece. Es consciente de los nuevos tiempos y de que en ellos no tiene lugar; pierde todo lo que había esperado obtener. Stoddard empieza su carrera política y su vida con Hollie.

Es una película sobre cómo se formó un país y de la influencia que empieza a tener la prensa como creadora o sustentadora de una leyenda, en definitiva de una ideología. Es también la historia de los inmigrantes suecos que exhiben orgullosos sus documentos que les acreditan como ciudadanos americanos; donde ya no aparecen batallas contra los indios; ahora la lucha está entre ganaderos y agricultores; entre los que prefieren la vida salvaje y los que saben que es preciso implantar la civilización. A cada mundo le corresponde una masculinidad distinta.

Está basada en un relato de Dorothy M. Johnson, escritora habitual de Westerns y de la que ya se habían adaptado otras obras, como El árbol del ahorcado.


El hombre que mató a Liberty Valance 
Director: John Ford
Intérpretes: John Wayne, James Stewart y Vera Miles

jueves, 16 de enero de 2014

Cine: 12 años de esclavitud de Steve McQueen

12 años de esclavitud parece que va a ser Oscar este año; de momento ya ha sido Globo de Oro. No me extraña porque la película es muy buena; lo tiene todo para gustar en Hollywood. Un episodio dramático, buenas interpretaciones y un culpable del horror. 

Es la adaptación cinematográfica de un libro clásico de Estados Unidos. Como se suele decir basado en hechos reales. La autobiografía, del mismo título, fue escrita por Solomon Northup (Chiwetel Ejiofor). Un hombre negro y libre, músico de profesión que vivía en el estado de Nueva York, a mitad del siglo XIX; nacido libre, fue secuestrado y vendido en el sur de Estados Unidos. La película es el relato de su supervivencia. 

Una galería de personajes especulares: el amo bueno, el amo malo; el capataz bueno, el capataz malo. Y Solomon, a quien no le dejan ni utilizar su propio nombre, en medio de ellos; pasando de uno a otro y esperando que el siguiente no sea peor; camuflando su alma de hombre libre y culto a su nueva condición de esclavo. Como es de esperar en una película que aborda la esclavitud, hay escenas explícitas de violencia. Pero no son gratuitas, desde mi punto de vista están plenamente justificadas. Golpes, palizas, vejaciones, abuso sexual, todo muy medido, muy sobrio. Y aunque resulta duro de ver, después de Tarantino ya nadie se puede asustar de la violencia en el cine. 

No quiero decir que sea una película ligera; pero es una película para Hollywood. Es evidente que en una autobiografía no se tiene la obligación de hacer un análisis político-económico de la época, sólo es un testimonio personal. Pero en este caso, si el director, en la película, no nos lleva más allá del relato personal tampoco nos ayudará a entender qué fue la esclavitud. 

A mí hace bastante tiempo que me interesa entender qué fue la esclavitud, por qué surgió y cómo terminó, si es que ha terminado. Así que esta película me ha servido como excusa para buscar información. La esclavitud ha existido siempre y en todas las culturas; los esclavos más frecuentes eran prisioneros de guerra y también los que incurrían en deudas que no podían pagar. Sin embargo, la caza, captura y comercio de personas a gran escala fue posterior y estuvo ligada a un tipo de explotación económica. 

La colonización de Estados Unidos, sobre todo en el sur, posibilitó el cultivo de grandes extensiones de terreno y dada la precaria mecanización de las explotaciones agrarias era necesario tener abundante mano de obra. Cuanto más barata mejor, más competitivos podían ser los precios y mayores beneficios podía obtener el terrateniente capitalista. He leído que uno de ellos, de Luisiana, llegó a tener 700 esclavos; en plantaciones perfectamente jerarquizadas y organizadas. Pero esto era la excepción. Lo normal era que los propietarios tuviesen pocos esclavos, porque eran muy caros. Así que, en realidad, no se trataba tanto de la superioridad de una raza o de la inferioridad de otra; sólo era un asunto de dinero. Nada personal, aparentemente.

El hecho de que uno de los amos de Northup (Michael Fassbender) sea un sádico psicópata y violador, que babea torturando niñas negras, nos lleva por un desfiladero peligroso. Porque nos hace empatizar con los esclavos que han sufrido esa violencia extrema, pero quizá nos impida reconocer la esclavitud cuando no va a acompañada de una violencia tan brutal. Se me ocurre pensar en otro personaje de cine, la esclava Mamie de Lo que el viento se llevó, que cuidaba amorosamente de su señorita Escarlata y regañaba sin ningún miramiento a su señorito Rhett Butler. El amo malo es un sádico violento; el amo bueno ayuda a sus esclavos. Pero no deberíamos olvidar que los dos son amos. 

No creo que la mayoría de amos fuese tan brutal, por una razón muy simple, porque nadie maltrata sus inversiones. Los esclavos eran una maquinaria muy necesaria para los amos y muy cara. La existencia o inexistencia de esa violencia tan brutal, nos puede confundir a la hora de reconocer la esclavitud allí donde esté; porque hoy se sigue produciendo. La esclavitud fue legal. A veces la ley permite aberraciones. Un empresario actual sabe que una persona no puede vivir con un salario de 700 euros al mes, por 8 horas diarias de trabajo, pero no paga más porque la ley se lo permite; también los amos sabían que la esclavitud era un horror moral, pero seguían teniendo esclavos porque la ley se lo permitía. 

En esas condiciones de muerte-en-vida, la pregunta es ¿por qué no se rebelaban los esclavos? Es posible que no lo hicieran porque no había esperanza de mejora. Imposible volver a su tierra de origen. Pero estoy segura de que había otros motivos también. No se puede mantener a mucha gente sometida, durante mucho tiempo sólo a base de violencia; es más efectivo convencerles de que la esclavitud es designio de Dios o que es una etapa intermedia antes de alcanzar la civilización y la libertad o incluso, y mucho más retorcido, los amos podían crear lazos emocionales con los esclavos. Al fin y al cabo les confiaban la crianza de sus hijos. Lazos emocionales mucho más perversos que la violencia psicópata; porque son más difíciles de reconocer y de romper. En España tenemos un ejemplo claro de película por antonomasia sobre la esclavitud emocional y la fidelidad perruna. Los santos inocentes de Mario Camus. 

Esta película me ha hecho pensar mucho. Por eso ya se merece el óscar. Aunque Steve McQueen, el director, ha optado por una narración clásica, buscando “gustar”, no se le puede negar que ha sido valiente. Apoyándose en las interpretaciones de Michael Fassbender y Chiwetel Eijofor, con primeros planos elocuentes que no necesitan palabras, miradas perdidas en el maltrato psicológico pero donde todavía brilla el deseo de vivir. La crítica también ha destacado la actuación de Lupita Nyong’o, la niña esclava Patsy, que hace muñecas con mazorcas de maíz y que ni siquiera es dueña de suicidarse. 



Director: Steve McQueen
Guion: John Ridley sobre la autobiografía de Solomon Northup
Fotografía: Sean Bobbit
Intérpretes: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Lupita Nyong’o, Sarah Paulson, Benedict Cumberbatch, Paul Dano.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Fotografía: Todo Centelles 1934-1939

El autor.-
Agustí Centelles, 1909-1985, sentó las bases del fotoperiodismo de guerra en España. Había nacido en Valencia, pero se consideraba catalán. Así lo reconoce en Diario de fotógrafo, libro que escribió desde el campo de concentración de Bram (Francia) y que está dedicado a su hijo Sergi “y a los que puedan venir posteriormente”.  Con 15 años entró a trabajar de aprendiz en el taller de un fotógrafo y pasando por otros estudios más terminó de aprender el oficio. Cuando estalló la guerra civil fue destinado a cubrir el Frente de Aragón, coincidiendo con Robert Capa y Gerda Taro; esto se puede comprobar porque Robert Capa aparece en alguna de las fotos de Centelles. Parte de las fotografías que tomó allí son las que se pueden ver en esta exposición. 

Al final de 1939, se exilió en Francia y fue a parar al campo de concentración de Bram. Allí las autoridades francesas mantenían “refugiados”, en realidad detenidos, a los exiliados republicanos españoles que habían huido de las represalias franquistas. Centelles tenía un carnet de periodista expedido por las autoridades francesas y pudo organizar un pequeño laboratorio fotográfico dentro del mismo campo y documentar las condiciones en las que vivían los retenidos españoles. Parte de este material se editó en forma de libro en el año 2009 y se titula La maleta del fotògraf. Durante los años de la ocupación nazi de Francia colaboró con la Resistencia. Cansado del exilio volvió a España en los años 40 pero dejó todo su archivo fotográfico en una maleta en casa de unos amigos en Carcassonne; no se atrevió a traerlo hasta 1976, por miedo a que algunas personas que salían en las fotos fuesen represaliadas. Fue juzgado y puesto en libertad condicional, pero nunca pudo volver a trabajar como fotoperiodista. Desde entonces y casi hasta su muerte se dedicó a la fotografía industrial y publicitaria. 

El Ministerio de Cultura compró este archivo fotográfico recientemente.

La exposición.-
Son más de 80 imágenes tomadas desde 1934 a 1939, desde su inicio como fotoperiodista independiente hasta el final de la Guerra Civil y el exilio. Son fotografías muy emocionantes, de momentos cruciales en la vida de las personas que sufren una guerra. Son despedidas de milicianos que parten a la guerra; son familias huyendo de los bombardeos; son descansos en medio de las batallas; son milicianas que muestran en su rostro todas las emociones posibles; son cadáveres de caballos haciendo de barricada. Siempre me ha parecido que este tipo de fotografías, tomadas en la guerra, sobrepasan su condición de documento histórico y se convierten en nuestra dolorosa biografía colectiva. 


Todas las fotografías de la exposición están documentadas y fechadas y en alguna de ellas incluso están identificados los protagonistas. Son “copias del autor”, que a partir de 1976 se dedicó a positivar y catalogar las imágenes, consciente de su gran valor histórico. Y yo también diría artístico. Centelles fue de los primeros fotógrafos en España que utilizó la Leica. Esta cámara es un mito para los fotoreporteros. Liberaba al fotógrafo de la pesadez de la cámara de placas que tenían que utilizar con trípode y le proporcionaba rapidez en el encuadre y en la toma, fundamental para tomar una instantánea comprometida. Aunque, utilizar un negativo pequeño supusiera, a la hora de positivar, una falta de definición (lo que Capa llamaba “ligeramente desenfocado”), esto no era determinante para su publicación en prensa. 

También hay algún retrato que muestra esta vertiente menos conocida de Centelles. Por ejemplo el de Micaela Feldman, militante del Partido Comunista Argentino, llamada la Capitana, porque llegó a ser capitana del ejército republicano español. 

Acompañan a las fotografías de la exposición, prensa de la época donde aparecen publicadas algunas de las fotos y también una entrevista que Paloma Chamorro hizo a Agustí Centelles en los años 80, para RTVE. 



Exposición Todo Centelles 1934-1939
Sala de Exposiciones Paraninfo de la Universidad de Zaragoza
3 de octubre de 2013 – 11 de enero de 2014