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jueves, 15 de diciembre de 2016

Teatro: El cartógrafo de Juan Mayorga (2016)

En El cartógrafo, Juan Mayorga trata de dibujar el mapa que preserve la memoria de un hecho trágico. Para ello dispone del talento de José Luis García-Pérez y de Blanca Portillo, encargados de dar vida a todos los personajes de la obra, en diferentes contextos y en diferentes tiempos también. 

No he estado nunca en Varsovia y suponía que hoy quedarían vestigios de lo que fue el gueto y alguna placa conmemorativa, pero parece que no es así. Juan Mayorga estuvo buscándolos y no pudo encontrarlos. De ahí surge esta historia. Un impulso cada vez más necesario, frente a esos líderes políticos irresponsables que se empeñan en seguir manteniendo muros y, lo que es peor, construyendo otros nuevos. Estos líderes son auténticos y peligroso engañabobos. Prometen a su propia gente que con muros estarán a salvo, pero saben que es mentira porque el peligro son ellos mismos. Su amoralidad y su comportamiento infame.


En el gueto de Varsovia se confinó a los judíos antes de llevarlos al exterminio. Se creó una ciudad dentro de otra ciudad. Así, para que no nos quede ninguna duda de que los polacos no judíos sabían lo que pasaba. Se crearon también instituciones de gobierno regidas por los propios judíos, escuelas, hospitales y orfanatos, incapaces de dar el servicio para el que fueron pensados y que sólo paliaban la desesperanza y el desasosiego de personas que iban a ser exterminadas y que cuánto más debilitadas estuvieran menor resistencia pondrían.


Un hombre y una mujer españoles acaban de ser destinados a la embajada española en Varsovia. Llegan con sus conflictos y sus dolores, más evidentes en el caso de la mujer que en el de su marido. Blanca pasea por Varsovia para apaciguar su dolor y encuentra una exposición de fotografía que le llevará a trazar el mapa de la memoria sobre el gueto, enfrentarse con su propio dolor y hacer que su marido se enfrente al suyo. El diplomático ni entiende el dolor de su mujer ni quiere recordar el propio.


Años atras, durante la II Guerra Mundial, la niña quiere aprender a trazar un mapa para escapar del gueto y conservar la memoria de su abuelo, el cartógrafo. Estas dos parejas nunca se encontrarán en la vida, pero en el teatro una dependerá de la otra. Recordar la injusticia, el dolor y el exterminio, de alguna manera, devuelve la vida a quienes fueron exterminados.


En el escenario una mesa y dos sillas y los dos actores vestidos de rojo, como símbolo de vida. Lo demás queda para el espectador, para que cada uno recree su propio gueto. Quienes critican la existencia de la Unión Europea olvidan porqué se creó. Superar odios y rencores de siglos no es tarea fácil y a cada momento podemos retroceder lo que nos parecía haber avanzado. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué es tan fácil repetir y repetir los mismos errores, por muy trágicos que hayan sido? Porque el olvido es una fuerza poderosa.


Ayer fue el gueto de Varsovia y hoy es Alepo, en Siria. A pesar de la avalancha de imágenes al alcance constante de nuestros ojos, en cuanto vemos queremos olvidar. La reflexión que facilita esta obra es seca, sin lágrimas y sin falsos arrepentimientos, pero muy dolorosa y por ello necesaria.




Autor y Dirección: Juan Mayorga
Ayudante de Dirección: Carlos Martínez Abarca
Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar 
Iluminación: Juan Gómez Cornejo
Música: Mariano García
Intérpretes: Blanca Portillo y José Luis García-Pérez

jueves, 10 de abril de 2014

Cine: Her de Spike Jonze

En Her el futuro es casi presente. Está aquí a la vuelta de la esquina. La gente no vive en ciudades inhóspitas; tiene familia y tiene amigos; se enamora, se casa, quiere tener hijos, sufre el desamor y se divorcia, igual que hoy. 

Esa ciudad del futuro es luminosa, de colores cálidos y con una atmósfera envolvente. Tiene una playa apacible. La gente viaja en transporte público, no viven con prisa. Trabajan, pasean y quedan a comer con sus amigos. Una descripción que encaja con cualquier ciudad de la parte buena del mundo de hoy en día. 

En esa ciudad vive y sufre su pena de desamor Theodore. Trabaja como escritor en una gran empresa que se dedica a escribir cartas para otros. No es que los otros no tengan tiempo de escribir cartas, es que prefieren que las escriba un profesional que siempre se expresa mejor. Algunos son clientes desde hace años, muchos años, y Theodore ya les conoce perfectamente. Sabe cómo se enamoraron, cuándo se casaron, cuántos hijos tienen. Les ha escrito cartas de amor para sus parejas, cartas de felicitación para sus hijos, cartas de pésame para sus muertos. 

Es paradójico que Theodore se gane la vida expresando los sentimientos de los demás y que su esposa le haya dejado porque no ha sabido conectar con ella. 

En medio de esa deriva emocional, Theodore instala un sistema operativo de nueva generación: inteligencia artificial eficaz, eficiente y simpática. Ella es Samantha. Capaz de procesar información a velocidad de vértigo, de aprender según sus necesidades y las de su ¿dueño?, con una memoria prodigiosa y una curiosidad infantil. Pero lo que hace que este sistema operativo sea de verdad novedoso es que Samantha también experimenta emociones, dudas, deseos; llega a ser capaz de desarrollar sentimientos y de provocarlos en otros también. Tiene su propia personalidad y también puede sentir sus miedos e inseguridades; por un momento, le angustia no tener cuerpo, pero en otro disfruta la aparente sensación de una existencia sin límites. Es muy ... humana. 

Theodore y Samantha pasan por todas las fases del enamoramiento, el amor y la decepción. Además no son los únicos. Hay otras personas que también han conseguido congeniar con sus sistemas operativos.

Y esto es algo que empieza a considerarse normal. Está claro que a finales del siglo XX y principios del XXI, la innovación más rompedora y la que, no me cabe ninguna duda, está aquí para quedarse, es la gran variedad de modelos de relaciones y de familias que coexisten actualmente: familias recompuestas; familias monoparentales; parejas del mismo sexo con hijos o sin hijos; monogamias sucesivas. Algunos pensamos que con el incremento de la esperanza de vida, es imposible pensar en una pareja para toda la vida. Esto a los conservadores les pone los pelos de punta y se rasgan las vestiduras diciendo que la familia está en crisis, cuando en realidad está más revitalizada que nunca, lo único es que no sigue un modelo estándar.  

Lo que quiero decir es que cualquier cambio de lo establecido nos parece una ruina vital y nos causa tal zozobra que nos parece insoportable. Pero, al final acabamos adaptándonos. Quizá dentro de 50 años no sea tan extraño plantearse una relación con un sistema operativo. Porque, ¿qué es lo básico en una relación? Si no tenemos cuerpo, ¿donde se engancha nuestra identidad? El sistema operativo, ¿es el alma?



Director: Spike Jonze
Intérpretes: Joaquín Phoenix, Theodore; Scarlett Johansson, Samantha;

martes, 19 de febrero de 2013

Novela: El hombre del salto


Sinopsis.-
El impacto que los atentados del 11 de septiembre tienen en la vida de un matrimonio separado recientemente. 

El autor.-
Don DeLillo es un novelista y dramaturgo estadounidense. Considera que su trabajo está influenciado porque “vivimos en tiempo de peligro”. Según el crítico literario Harold Bloom, es uno de los mejores novelistas americanos de su generación; considerado un autor posmodernista, incluye entre sus influencias a la música jazz. Para él, la literatura debe ser un ejercicio de crítica frente al poder en todas sus dimensiones: estatal, medios de comunicación, político y empresarial. Otras de sus novelas son: Ruido de fondo, Libra, Submundo, Punto Omega y Cosmópolis, adaptada al cine por David Cronenberg. 

Mi opinión.-
En El hombre del salto, Don DeLillo reflexiona sobre los efectos del atentado terrorista del 11S en una pareja que se ha separado recientemente. Y además se esfuerza porque no se pierda la memoria de ese acontecimiento terrible o que, como intuimos que pueda ocurrir, acabe banalizado en una performance puramente estética. DeLillo encarga a una pareja, recientemente separada, la reconstrucción del mundo, al menos de su mundo, después del atentado del 11S. 


Por una parte, Keith vive el atentado en primera persona, ya que trabaja en una de las Torres Gemelas. Sobrevive al impacto de los aviones y en su huida se aferra al maletín de otro ejecutivo y trata de volver al hogar familiar. Me parece que coger ese maletín en medio de ceniza, dolor, sangre y muerte es un intento de aferrarse a la normalidad, al momento anterior a la tragedia, y devolvérselo a su dueña e iniciar una frustrante relación sexual, es una forma de restablecer el equilibro tras el impacto brutal. Algo que, lamentablemente, Keith no va a conseguir. 

Una vez que es consciente de que no puede volver a su situación anterior, ni con su mujer ni con una nueva amante, Keith intenta recuperar el control de su vida a través del juego; entonces, las partidas de póker se convertirán en una  obsesión, que le llevará a viajar constantemente por todo el país, sin rumbo fijo, sin objetivos y sin descanso. Por otra parte, Lianne, su mujer-exmujer, está obsesionada por la pérdida de la memoria; e intenta por todos los medios controlarla para que no le ocurra lo mismo que a su padre. 

En estos personajes, devastados y aturdidos por el shock, se muestra la frágil y quebradiza condición humana. Y sobre todo, un tema recurrente para el autor, cómo el azar y el peligro condicionan nuestra vida. 

Durante toda la novela DeLillo transmite la abrumadora sensación de que estamos cubiertos por ceniza, desorientados e incapaces de olvidar y reintegrarnos al "orden normal". Se expresa por medio de pronombres, sin apenas referirse a los personajes por su nombre, de tal manera que el lector se ve envuelto en la misma confusión que sufren los personajes. Es una narración lenta, aséptica y dura, inflexible, sobre la ceniza, la calcinación, la muerte. No es lineal, constantemente se pierde por la memoria aturdida, extraviada de los personajes, con saltos en el tiempo, cambio de personajes y mezcla de diálogos y pensamientos de cada uno de ellos. 

Me ha parecido una novela muy exigente, difícil y de lectura áspera; sobre la memoria y el olvido; sobre si es posible o deseable perder la memoria y llegar a  evadirse de la tragedia.

Yo recomiendo su lectura para intentar no perder la memoria de lo que la brutalidad del terrorismo puede hacer en gente corriente que nunca han aspirado a ser héroes. Brutalidad que hace que personas, que en algún momento de su vida fueron “normales” acaben siendo, por obra del azar, “metralla humana”, pequeños trozos de hueso y dientes de terroristas o de víctimas, infectando los cuerpos de otras víctimas. 



El hombre del salto
Don DeLillo
Ed. Austral










Nota: No he podido atender el blog estas últimas semanas porque he estado de exámenes y con gripe. Espero volver ya a la regularidad. Gracias y disculpad.