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jueves, 5 de diciembre de 2019

Exposición de pintura: Azul. El color del modernismo. CaixaForum Zaragoza.


El siglo XIX fue una época de grandes avances técnicos. Comenzaron los grandes desplazamientos en tren o en barco, el despegue de las comunicaciones, avances en ciencia y medicina, el inicio de la sociología como ciencia. Y también los hubo en arte y concretamente en pintura. Y no es sólo que los pintores se sintiesen más libres para explorar distintas temáticas y los límites del oficio, sino que el progreso científico les puso las cosas más fáciles. Se inventó el tubo de pintura. Sí, en 1841. Y fue una liberación.


Hasta entonces el pintor y sus lienzos difícilmente podían salir al aire libre a pintar. En primer lugar, tenían que machacar minerales para conseguir pigmentos que después mezclarían con alguna sustancia que sirviese de vehículo al color. Después, tenían que experimentar pacientemente hasta conseguir el tono que estaban buscando y poder replicarlo cada vez que lo necesitasen. Y por último, los pigmentos minerales, machacados hasta convertirlos en polvo, eran muy caros y no podían arriesgarse a que una ráfaga de viento los dispersase por el ambiente. 

Procesión funeraria de noche. Modest Urgell

Entre los pigmentos, el azul era de los más caros y casi siempre reservado para los retratos de la nobleza y la realeza. En la memoria nos quedan expresiones como la de el príncipe azul que no es que fuera azul es que iba vestido de azul porque los tejidos azules eran más difíciles y caros de conseguir. Seguro que el Príncipe Azul podría pasear por este calmado Templo a las ninfas de Torres-García.


Podemos imaginarnos la liberación que, para los pintores, supuso el humilde tubo de pintura y también la estandarización de los diferentes tonos que terminaban bautizándose con un prosaico número. Así cada número de azul siempre, eterna e infaliblemente, sería igual a sí mismo. Bastaría con desenroscar el tape y apretar el tubo para asistir a un milagro de la ciencia. El azul ultramar, el azul cobalto, el azul de Prusia o, incluso, el azul celeste siempre eran azul ultramar, azul cobalto, azul de Prusia o azul celeste. Daba igual dónde se hubiese comprado el milagroso tubo.


El azul era tan exótico como encontrarse en el bosque a una hada que quisiera contarte un cuento. El del pájaro azul. Un pájaro tan extraño que sólo los más puros de corazón podían encontrarle. Sólo las niñas. El hada parece asustar a una de ellas, pero la otra la escucha con avidez. Nadie se pregunta qué hacen esas dos criaturas solas en el bosque. Quizá sea tratar de escapar de la pobreza. Cuento Azul de Tamburini.


A partir de entonces, los pintores con sus maletas llenas de tubos, pinceles y lienzos, empezaron a buscar la inspiración en la naturaleza, directamente, en la naturaleza. Podían pintar bajo paisajes tormentosos, al amanecer, en el crepúsculo. Podían buscar todos los matices azules y violetas del cielo y del mar. Pero algunos no se contentaron con eso. Y los colores se vincularon con las emociones humanas. El azul fue, a partir de entonces, un determinado estado de ánimo. La tristeza, la pérdida, el adiós, el frío. Y también el mundo ideal y la ensoñación. Ya no era sólo un color, era una profunda emoción.


También fue el color de la desolación y de la injusticia social; del descanso de una larga jornada laboral en el mar, Recuerdos de Baixeras Verdaguer. Algo que los clientes burgueses no querían ver en sus casas decoradas con paisajes irreales. Hermosos paisajes aunque fuesen tormentosos, apasionadamente tormentosos. Como éste Mar tempestuoso de Martí Alsina en el que, incluso, parece surgir un monstruo fantasmagórico de la espuma del mar.


En esa vinculación se basa la exposición de CaixaForum Zaragoza. La relación entre paisajes, fenómenos naturales y estados de ánimo se hace poesía en el Modernismo y tiene su plasmación pictórica. Esa poesía, concretamente el Azul de Rubén Darío es de donde surgió la idea para esta exposición. En el azul se encuentra el momento para la ensoñación y la búsqueda de las flores azules. Hasta el 19 de enero de 2020.


































Lago de Nemi y detalles. Mas i Fondevila




Paisaje urbano con figuras, Graner i Arrufí
 
Le lac de la mort, Fabrés Costa

Orage en montagne. Arc-en-ciel, Perrier






jueves, 3 de octubre de 2019

Teruel Modernista. Verano 2019


Dos días de visita en Teruel dan para contemplar el exquisito mudéjar y perderse por las calles para encontrar las sorpresas modernistas. A principios del siglo XX se vivió un momento económico boyante en toda España y eso se plasmó en algunos ejemplos de arquitectura modernista. Teruel no fue una excepción y de ello quedan buenas muestras.


Lo que más destaca en el modernismo es la armonía de diferentes diseños y materiales, la proliferación de motivos vegetales y otras formas curvas orgánicas que combinan a la perfección con otros motivos geométricos, tanto en labor de forja como en azulejería y que, sintonizan perfectamente con el mudéjar medieval. Todas estas formas no son puramente ornamentales sino que tiene también un valor estructural y están dirigidas a poner de manifiesto la prosperidad de una cierta clase social muy ligada a las actividades comerciales.


Es difícil fotografiar algunos de ellos, puesto que están construidos en el casco antiguo de la ciudad, en calles muy estrechas; otros están situados en plena Plaza del Torico, que a principios del siglo XX se llamaba Plaza del Mercado, rodeándolo afectuosamente. Pablo Monguió fue el arquitecto más conocido de la época y a él se le atribuyen numerosas edificaciones modernistas. También intervino en la puerta sur neomudéjar de la Catedral en el año 1909. Había nacido en Tarragona y proyectó las Casas Ferrán, La Madrileña y El Torico, inspirando el resto.

Casa Bayo
La Casa Bayo, situada en la Plaza Bretón número 5, es un claro ejemplo del trabajo excepcional de rejería en sus miradores, además, en cada planta con un diseño diferente de flores y mariposas. También se le llama Casa de los Retales y parece que fue proyectada también por Monguió aunque no existe constancia documental de ello. La herrería fue realizada por Matías Abad que también había intervenido en la verja de la puerta sur de la Catedral. Es de 1901.

Detalles de la forja. Casa Bayo



La Casa Ferrán, en la calle Nueva número 4 es de las más espectaculares y más difíciles de fotografiar. Se construyó en 1910 y de su fachada destaca la contundente asimetría y la doble altura de la planta baja diseñada en piedra y hierro que potencia todavía más la elegancia de los distintos materiales utilizados en las plantas altas. Se repite la labor de rejería y en este edificio son espectaculares el óculo de la puerta principal y de las plantas superiores, terminando en un alero construido en madera con casetones, que se asemeja a los construidos tradicionalmente en Aragón.

Casa Ferrán y detalles




La Casa de La Madrileña, en el número 8 de la Plaza del Torico, es la que tiene una fachada más estrecha pero quizá es la que muestre, también, un trabajo más sutil. Desde la sencillez y la geometría simétrica de las plantas primera y segunda, hasta la elegancia de las guirnaldas laterales de la última planta. Es de 1912.

Casa La Madrileña y detalles



También en la Plaza del Torico, pero en el número 14, está la Casa El Torico, actualmente utilizada como sede de la Caja Rural Provincial de Teruel. Fue construida en 1912 y de ella destaca su deslumbrante torreón culminado en una veleta. Originariamente, la planta baja se destinó a almacén y venta de tejidos

Casa El Torico y detalles



Estos edificios son verdaderas joyas, auténticos jardines en piedra y hierro que espero se conserven tanto tiempo como las torres mudéjares. En noviembre se celebra una fiesta modernista en Teruel. Durante una semana, la tercera semana de noviembre, se celebra una fiesta modernista en Teruel. Hay conferencias, conciertos y bailes y se recuperan personajes ataviados para la ocasión y costumbres de principios del siglo XX. Otra excusa para pasar un fin de semana en Teruel, junto con la visita al Teruel Medieval y Mudéjar y a los Museos en Teruel. Por cierto, la Plaza del Torico en realidad se llama Plaza de Carlos Castel, pero nadie en Teruel la llama así.


Detalle de la Casa Ferrán

viernes, 22 de diciembre de 2017

Exposición: Gaudí y la Sagrada Familia. Una experiencia interior. Zaragoza

Hasta el 7 de enero de 2018 se puede ver esta exposición en el Museo Alma Mater de Zaragoza. Es el antiguo Museo Diocesano y desde que vivió la última transformación está muy bien. No puedo decir lo mismo de la exposición. No me ha gustado mucho. No la recomiendo. 

Para esta exposición se han colocado unos paneles con fotografías de la Sagrada Familia, bonitas fotografías y también unos audiovisuales sobre la historia de la construcción, el método que utilizaba Gaudí y sobre su vida. También hay una maqueta. El problema es que no son muchos paneles y la exposición se queda bastante corta.


Antonio Gaudí había nacido en Reus en 1852 y pasó su infancia aquejado de reumatismo. Los médicos le recomendaban estancias cerca de la playa, pero no podía llevar la misma vida que los niños de su edad. Por esto, tuvo un carácter reservado y se concentró más en la lectura y sus estudios. Fue durante toda su vida muy observador. Se graduó en Arquitectura en Barcelona en 1878.


Estuvo cercano al socialismo utópico. Se hizo vegetariano y siguió las recomendaciones higienistas del doctor Kneipp, partidario de los ayunos. Empezó a trabajar en Barcelona, pero el gran proyecto de toda su vida fue la Sagrada Familia. Tanto fue así que dormía en el pequeño estudio que construyó en el mismo edificio, como si se tratase de un ermitaño. Todos los miembros de su familia habían muerto antes de llegar a la madurez y presentía que a él le pasaría lo mismo.


Así fue. El 7 de junio de 1926 fue atropellado por un tranvía cuando se dirigía a misa como todos los días. Iba vestido tan pobremente que, aunque el golpe no fue mortal, murió días después, desatendido porque todos le tomaron por un mendigo. Algunos le consideran un místico y no sé muy bien en que se basan las autoridades eclesiásticas pero se ha iniciado su proceso de beatificación.


Gaudí fue el arquitecto del modernismo. Su obra estaba inspirada en la naturaleza que tanto había observado siendo niño. Reproducía en piedra las espirales que conformaban las conchas de los caracoles y los troncos de los árboles en pilares que sustentan la propia iglesia. Estaba muy interesado en que la luz (de Dios) atravesara los materiales e iluminase a los fieles dentro del templo; y así sucede con las vidrieras. A mí, la fachada del nacimiento, siempre me ha recordado a los castillos que construíamos de niños en la playa para el verano. Esos que estaban hechos de churrutones de barro. Es una preciosa fachada. 


También se inspiró en el arte islámico y en el mudéjar. Pero sin duda fue el estilo gótico el que sirvió de principal fuente para la estructura de la catedral que, como las catedrales góticas, tardará todavía años en terminarse.


Gaudí sabía que él no vería terminada su obra; nosotros también tenemos dudas. Quizá sea la primera catedral que se inaugure en la República Catalana. Espero que no. 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Ópera Garnier y Galerías Lafayette Hausmann. París. Agosto 2017

Dos son los edificios más característicos del París burgués, el de los grandes bulevares para pasear, surgido de la reforma de Hausmann en el siglo XIX: la Ópera Garnier y las Galerías Lafayette. Antes de 1875 otros teatros parisinos habían dado cobijo a la ópera. Pero, a partir de ese momento será el Palacio Garnier en exclusiva el encargado de la programación. Hoy junto con la Ópera Bastilla constituyen la Ópera nacional de París.

Desde la Ópera, al fondo las Galerías Lafatette Hausmann
Charles Garnier fue el encargado de proyectar un nuevo edificio de ópera artísticamente adscrito al movimiento Segundo Imperio. Luis Napoleón Bonaparte quiso cambiar la fisonomía de una ciudad tan rebelde y problemática. Dotarla de grandes avenidas y bulevares le daba prestigio, pero también evitaba rebeliones y levantamientos a los que los parisinos fueron tan aficionados en el siglo XIX. Sin embargo, también suponía destruir 1/3 de la ciudad de entonces.

Garnier
Luis Napoleón Bonaparte fue sobrino y heredero del primer Napoleón. Deseoso por ocupar su puesto intentó un golpe de estado en 1840 pero como salió mal decidió presentarse a las primeras elecciones democráticas a la presidencia de la República en 1848 y las ganó ampliamente, con el apoyo de los sectores más tradicionales. La constitución vigente intentaba limitar los poderes del presidente pero Luis Napoleón, que era bastante autoritario, decidió en 1851 dar otro golpe de estado, esta vez le salió bien, y proclamarse emperador con el nombre de Napoleón III. Así comenzó el Segundo Imperio de 1852 a 1870, que terminaría con otra rebelión. Durante ese tiempo, no obstante, Napoleón III supo evolucionar y de un régimen autoritario pasar a una democracia más liberal, apoyándose en el poder de la burguesía.

Fachada a la Plaza de la Ópera
La burguesía necesitaba nuevos espacios donde exhibir sus éxitos y su poder. Como clase social, estaba orgullosa de sus logros, de su iniciativa y de no haber heredado ni posición ni riquezas; pero al mismo tiempo estaba deseosa de que sus hijos sí que heredasen. El Segundo Imperio fue ese momento de tranquilidad y esplendor en el que la burguesía pudo vivir relativamente tranquila. Apenas 20 años.

El techo del hall
El edificio de la nueva ópera se construyó entre 1861 y 1874, y para evitar altercados, posibles atentados o cualquier otro malestar, incluso se había proyectado un acceso especial para el emperador y sus acompañantes. El pabellón oeste tuvo una doble rampa, que todavía existe, para que los coches de caballos pudieran acceder directamente al hall sin ningún problema.

Entrada para el emperador
Pero Napoleón III nunca pudo disfrutar este edificio, pensado y decorado para su gloria. Había muerto en el exilio en 1873 en Londres y en Francia se había proclamado ya la Tercera República. No fue fácil desarrollar el proyecto tanto por la conflictividad política y social (se pararon las obras para hacer frente a guerras y revoluciones) como por las propias dificultades constructivas. Se eligió un terreno bastante problemático. Al derruirse las construcciones que ocupaban los 12.000 m2 necesarios se descubrieron aguas subterráneas imposibles de drenar. La solución fue crear un lago artificial. Y sí, no es una leyenda que exista un lago bajo el edificio. Existe y es utilizado por el cuerpo de bomberos de París. Sin un permiso especial no puede visitarse, por razones de seguridad.

el lago subterráneo
Como le gustaba decir al arquitecto Garnier, el edificio era de estilo Napoleón III. Y así lo recuerdan las iniciales N y E de la monumental fachada. No son un recuerdo eterno del, se supone, gran amor del emperador por su esposa Eugenia de Montijo, la de la copla. Simplemente significan Napoleón Emperador. En la misma fachada destaca también, La danza de Carpeaux, una escultura muy escandalosa en su época, por mostrar a personajes desnudos bailando sin ningún tipo de pudor. La actual es, en realidad, una copia porque el original se conserva en el Museo d’Orsay.

La danza de Carpeaux
Si la fachada es espectacular, el interior no lo es menos. Pasados los años, periódicamente, los franceses tienen la necesidad de repetir la fastuosidad de Versalles. Da igual que sea en el siglo XVII, que en el XVIII o el XIX. Dorados, terciopelos y espejos son temas recurrentes. En este edificio se utilizaron mármoles de todas las canteras francesas y de los colores más variados. La gran escalinata y el gran salón de recepción son el marco inigualable donde la burguesía podía exhibirse sin ningún pudor. Esta gran escalinata y sus “palcos” están diseñados para asistir al gran teatro social, a la representación del lujo y del esplendor.


La gran escalinata. Detalles



Hay, repartidas por todo el teatro, otras muchas dependencias donde los asistentes podían merodear e intrigar durante los entreactos. Grandes salones o pequeñas salitas donde hombres y mujeres flirteaban, donde se cerraban negocios y se asistía a conspiraciones políticas. El luminoso salón du glacier servía para que las damas descansasen y tomasen un refresco, decorado con tapices y pinturas de Clairin que representan a las bacantes, y los salones del sol y de la luna, a cada extremo del Gran Salón, se pensaron para que los caballeros pudieran fumar.

Salones del Sol y la Luna

Tapiz del salón du Glacier
Pero es, sin duda, el Gran Salón el que hace pensar, inmediatamente, en Versalles. En ese salón rectangular, recargado de oros, espejos y luces, reflejo y recordatorio presente de la opulencia de tiempos pasados, habrían podido encontrarse María Callas y la Dama de las camelias. Se pensó como espacio en el que todos los asistentes, independientemente de su clase social, podrían encontrarse, aunque en un primer momento estaba prohibido a las damas. No obstante, la reina Isabel II de España que vivía exiliada en París quiso verlo y el resto de damas ya no se contentó con ocupar los pequeños salones. Todo fue posible allí. Yo ya estoy ahorrando para, en la primavera de 2019, ir a una representación de ópera.



Es en la sala de representaciones donde hoy se puede contemplar la joya más reciente del teatro y que a mí me entusiasma. André Malraux, ministro de educación, encargó a Chagall un nuevo techo. Fue colocado en 1964 y, rodeado de un collar de perlas de luz, ocupa una superficie de 220 m2. Bailarinas, ángeles y enamorados, embelesados por la música que recorre todo París, ejecutan una danza alrededor de la gran lámpara del salón.





Los dorados, los mármoles y las tapicerías de terciopelo rojo siguen recordando a otro tiempo pero contrastan perfectamente con los colores más primarios y las pinceladas más esquemáticas de Chagall. Esta sala fue diseñada al estilo francés; así los asistentes veían el escenario según su capacidad adquisitiva, pero sobre todo fue diseñada para que cada uno fuera visto por los demás. Otra vez, el teatro de la vida queda fuera del simple escenario.


Las Galeries Lafayette Hausmann son el segundo edificio más representativo de la burguesía. El primer edificio de estas galerías data de 1893, pero fue en 1912 cuando el establecimiento tomó su espectacular forma actual.



Los dueños querían un bazar de lujo para enloquecer a las clientas y terminó teniendo forma de teatro para exhibir y ser exhibido; incluso su escalera se inspiró en la de la Ópera Garnier. Se decoró en estilo Art Nouveau, especialmente las vidrieras de su espectacular cúpula.


Hasta la parte de atrás es bonita


Fue el primero de los grandes almacenes en incorporar espacios de ocio: salones de té para las damas y salones para los caballeros fumadores. Ocio y negocio, ese tándem que se consolidó en el siglo XX. Fue también pionero en la democratización de la moda, la tienda con los mejores precios de todo París. Hoy la azotea es de acceso libre y complementa las vistas de la ciudad desde la Torre Eiffel o desde el Sacré Coeur. Algún día volveré.