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miércoles, 9 de agosto de 2017

Videoinstalación: Cuando cuento estás sólo tú... pero cuando miro hay sólo una sombra de Farideh Lashai - PhotoEspaña 2017

Goya es el pintor de la modernidad en una época de tinieblas. Todavía, en el siglo XXI, sigue siendo fuente de inspiración para los artistas. Farideh Lashai era una artista iraní muy reconocida por sus pinturas y también por ser escritora y traductora. Lashai murió en 2013 y unos años antes decidió revisitar la obra de Goya con la que se sentía muy identificada. 

Por lo poco que he visto de esta autora, su pintura podría incluirse dentro de la categoría general de la abstracción. Sin embargo, este trabajo, una videoinstalación es algo muy diferente. No sé si por la proximidad de su muerte o porque perteneció a una generación que vivió tiempos muy convulsos en Irán, tal y como le había pasado a Goya. Ambos sufrieron las penurias de la guerra y la barbarie, la represión y la intolerancia, y fueron muy conscientes de las secuelas de este sufrimiento en el ser humano.


Se ha dispuesto en la pared una selección los Desastres de la guerra de Goya. Son de pequeño tamaño y están en penumbra de manera que apenas se pueden distinguir. Les acompaña una música, un Nocturno de Chopin, suave y melancólico que acentúa todavía más la crueldad de las imágenes. Al mismo tiempo un foco va resaltando poco a poco cada una de las viñetas, para hacernos descubrir lo que tienen de especial.


Farideh Lashai fotografió estas estampas de Goya y dejó en ellas únicamente las ruinas de los edificios. No se sabe cómo los personajes que dibujó Goya han desaparecido y tampoco es importante. Será la luz proyectada por un foco, que recuerda a los focos de los campos de concentración alemanes, quien los devuelva a su vida en la estampa, además incorporando digitalmente movimiento a esos mismos personajes. Pero, en cuanto la luz desaparezca los personajes desaparecerán con ella y sólo quedarán, otra vez, la ruina y las sombras. Un eterno retorno de desolación y miseria.


Supone una reflexión profunda. Al menos a mí me hizo reflexionar. Especialmente sobre esa repetición secular de la barbarie. Nos parece que la guerra y la violencia reaparecen periódicamente en la vida del ser humano, pero es que en realidad nunca se han ido. Quizá sólo hemos vivido una apariencia de tranquilidad que el foco de Farideh Lashai se encarga de perturbar.


Tanto Lashai como Goya vivieron tiempos muy turbulentos. Fueron perseguidos y represaliados por sus respectivos gobiernos. Vivieron el exilio y también la incomprensión de sus coetáneos. Una enfermedad grave les alejó del mundo y propició que indagasen en las entrañas de la miseria humana. Al final esta obra no deja mucho sitio a la esperanza, puesto que la luz no vuelve más que para iluminar el horror.



La obra se ha instalado en la Sala 66 del Museo del Prado, en el edificio Villanueva, muy próxima a las Pinturas Negras de Goya y en perfecto diálogo con ellas. La exposición forma parte de PhotoEspaña 2017 y a mí me parece perfecto que el arte contemporáneo puede entrar donde están sus antecedentes más claros. También es de esa opinión Miguel Falomir, el director del museo, quien además se está comprometiendo en programar exposiciones de mujeres artistas, para paliar su falta dentro de la colección permanente. En el siguiente enlace más información sobre Farideh Lashai y su estilo ¿Quién es Farideh Lashai? Se ha editado también un precioso catálogo. En el Museo del Prado hasta el 10 de septiembre de 2017. 


jueves, 15 de septiembre de 2016

Videoinstalación: Jardín Infinito (2016)


El jardín de las delicias es el protagonista absoluto de la exposición sobre el V centenario del Bosco. Hasta tal punto que, por primera vez en el Museo del Prado, se ha diseñado una videoinstalación exclusivamente para este evento. No se trata de visualizar pasivamente el cuadro sino de introducirse en su narración, de experimentarlo de cerca, de fragmentarlo y de reunir los fragmentos de otra manera. Todo ello acompañado también de sonido.


Para ello se ha habilitado la Sala C de los Jerónimos, de manera que las imágenes viven alrededor de todo el perímetro de la sala y también de un cubo situado en el centro. Un vértigo de colores y de imágenes que, advierten en el folleto informativo puede provocar cierta desorientación. 


De eso se trata, de que las sensaciones nos desborden de una manera diferente a la que estamos acostumbrados. El jardín de las delicias es un cuadro excepcional y con esto quiero decir que debemos entender que se trata de un cuadro o inexplicable o que tiene tantas lecturas como espectadores ha ido teniendo a lo largo de cinco siglos, pero que, además en esta ocasión, te envuelva y te invada, repetitiva y obsesivamente puede producir eso, desorientación.


Yo entré en la sala cuando el infierno empezaba a estallar, en medio del incendio de la ciudad en el panel de la derecha. El infierno musical, rojo, anaranjado y amarillo, pero sobre un fondo negro, muy negro. Esos eran los colores que predominaban. La oscuridad, después, se iba abriendo para dejar paso a los demonios y monstruos que torturan a los pecadores. Puede que, enfrentarse a la sordidez del tercer panel no fuera la mejor manera de empezar el viaje pero, al mismo tiempo, ofrece la oportunidad de valorar más el apacible color verde de los otros dos paneles, la creación y el juicio final.


No se trata de contemplar una pintura alegre y amplificadamente, sino de experimentarla aunque, a veces, lo que veas y oigas te pueda producir terror. Los picos de las aves o las garras de los animales, acompañados de sonidos que no podemos identificar, al verlos en ese tamaño y en movimiento pueden resultar realmente amenazadores, pero también contrastan con la sensación de paz de la creación, con la inocencia de Adán y Eva, él con los pies cruzados como un niño que todavía no sabe andar y ella con la mirada vacía todavía.


Se descubren muchas figuras que en el cuadro pasan desapercibidas, un ejército minúsculo y una fresa gigante que aplasta a un grupo de personas desnudas; un animal que parece un jabalí rosa con los cojones azules y un hombre que intenta coger lo inalcanzable mientras un pájaro le pica el culo, pájaros de dos cabezas, reptiles de tres. En el panel central se representa el paraíso de la lujuria y el pecado, pero es una lujuria muy armónica, muy simétrica, no está sumida en el caos que aparece en el infierno. En la parte de abajo, las figuras se agrupan en triángulos muy equilibrados, deleitándose con frutas, juegos y fino erotismo. 


En el centro hay un desfile, las figuras se mueven en círculo montadas en caballos, unicornios camellos y algunos otros animales. Giran sin ningún motivo y sin ninguna preocupación. La parte superior del panel central es la más extraña y simétrica. Hay cinco edificaciones que no se sabe qué son, dos rosas y tres azules, algunas personas y muchos seres fantásticos que vuelan y nadan.



En el panel de La creación es donde están los detalles que más me atraen de este tríptico: la bandada de pájaros de la parte superior izquierda que sube en espiral hacia el cielo y se pierde y las rocas que inspiraron a Dalí. Y sobre todo el unicornio.



Muy interesante la exposición y esta videoinstalación. Espero que para otras macroexposiciones continúe esta iniciativa de experimentar la pintura de otra manera. Además, en el Monasterio del Escorial también continúa la exposición del Bosco V Centenario. No he podido ir a verla pero está hasta el 1 de noviembre. 


Jardín Infinito
Imagen: Álvaro Perdices y Andrés Sanz
Audio: Javier Adán y Santiago Rapallo
Videoinstalación 75 minutos

Museo del Prado 
4 de julio-2 octubre 2016