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domingo, 13 de octubre de 2024

Ensayo: Hamás. La marcha hacia el poder (2007) de Carmen López Alonso

La autora.-

Carmen López Alonso es doctora en Ciencias Políticas y autora de varios libros sobre historia de las ideas políticas y sociales y también las relaciones entre política y religión (un punto importante cuando se estudia el islamismo). Es también profesora invitada en diversas universidades y en el Instituto Universitario Gutiérrez Mellado. Es especialista en el conflicto palestino-israelí.

Mi opinión.-

Es difícil encontrar un libro didáctico y, a la vez, muy exhaustivo que trata del surgimiento y la consolidación de una fuerza política, social y armada como Hamás. En este caso, es así. La lectura de este libro es clara y fluida, apoyada en muchos datos que no se hacen indigeribles. Se agradece este esfuerzo de la autora para llegar a un público no especializado. Además, aunque el libro se publicase en 2007 y no esté actualizado a los últimos hechos, sirve de base para poder entender parte de esta situación tan dramática y caótica que estamos viviendo y que parece no tener fin.

El libro está estructurado en tres partes atendiendo a los orígenes y causas del Movimiento de Resistencia Islámico (Hamás), su relación con la causa palestina y su oposición a un nacionalismo palestino laico; la segunda parte, es la más sustanciosa, desde mi punto de vista. Describe la acción política, la importantísima acción social y también la acción militar de Hamás a través de los años. Y la tercera parte, queda para los interrogantes del futuro de la organización y se concreta en un segundo libro publicado en enero de 2024.

No hay dudas sobre la influencia en el surgimiento de esta organización de la Hermandad Musulmana de Hassan al Banna y de que se utiliza como aglutinante la religión, la versión más tradicionalista de la religión. Así como en otros movimientos totalitarios se ha utilizado la raza o la genética (como en el nazismo), en el islamismo la religión es utilizada como medio de control social.

La segunda parte, como decía antes, es totalmente esclarecedora. Hamás es un movimiento integral, entendiendo por tal, un movimiento que abarca todas las necesidades de una sociedad, a menudo abandonada por los poderes públicos estatales (algo que sucede también con Hezbolá en El Líbano). Hamás provee a la población de la posibilidad de participar políticamente. También es la encargada de proveer de educación, de sanidad y de asistencia social a la población civil. Todo ello dirigido especialmente a la infancia y juventud (antes de la represión desencadenada en el último año, un 40% de la población gazatí era menor de 15 años) y con un bajo coste económico. De esta manera ofrece u ofrecía expectativas de mejora, aunque muy limitadas, para una población sometida a un bloqueo infernal. Mantiene también una estrategia militar propia, diferente y, a veces, opuesta a la de la Autoridad Nacional Palestina de Cisjordania, que oscila entre la resistencia armada, el atentado suicida y las operaciones más sofisticadas de una organización militarizada y preparada para la guerra híbrida. Entre éstas últimas están los atentados del 7 de octubre de 2023. Todo ello a cambio de una fidelidad incuestionable.

La tercera parte del libro debe ser completada con el nuevo libro aparecido que ya he comentado. Sin embargo, el hecho de que después de haber ganado las elecciones municipales de 2006, Hamás no volviese a convocar otras ya era un síntoma de lo que podía esperarse. Una organización autoritaria que quiere perpetuarse en el poder al coste que sea. A partir de ahí, la operación del 7 de octubre de 2023 sólo podía volverse en contra de la propia población civil palestina como así ha sido. A Hamás como organización fascista no le ha importado, lo más mínimo, llevar a su población a la picadora de carne israelí. Y lo más terrible es que la comunidad internacional no puede parar esta espiral de violencia provocada por las extremas derechas de los dos contendientes. Fascismo contra fascismo.

Recomiendo la lectura de este libro para entender un poco más el conflicto palestino-israelí.


Hamás. La larga marcha hacia el poder
Carmen López Alonso
Los libros de la catarata

miércoles, 1 de junio de 2022

Novela: El mal de Corcira de Lorenzo Silva (2020)

El autor.-
Lorenzo Silva estudio derecho y ejerció como abogado durante bastantes años. Sin embargo, su vocación literaria terminó ganando. Ha escrito principalmente novela, pero también poesía, algún ensayo y un par de libros de viajes. También ha sido guionista de cine y colabora habitualmente en la prensa. De la serie de Bevilacqua y Chamorro lleva ya escritas doce novelas; bueno dos son libros de relatos. Otras obras suyas: Historia del Marruecos español, Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos, Trilogía de Getafe. 

Mi opinión.-
Sereno ante el peligro es un ensayo escrito por Lorenzo Silva, pero aplicándolo al subteniente Bevilacqua, Vila, se podría decir que cada una de las novelas le lleva a estar cada vez más sereno ante la vida. Si en las primeras novelas se mostraba como un personaje observador y con poca tendencia a intervenir en juicios apresurados, en esta novela, que también supone un viaje emocional hacia el pasado del personaje, todavía se ha incrementado más su mesura, su ecuanimidad y sobre todo un sentimiento trágico de la vida. No se menciona en la novela pero, sin duda, Vila es un ávido lector de Unamuno.

Este es uno de los mejores libros de la saga. Espero que eso no sea síntoma de que es el último porque el autor ha confesado en una entrevista que tiene varios proyectos pendientes para Vila. Todavía no sabe cómo los llevará a cabo porque Vila está entrando ya en edad de jubilación. Habría que decir, quizá, que se trata de tres novelas en una. Todas ellas magníficamente entretejidas en más de 500 páginas que, literalmente, se devoran.

Si algo se le puede reprochar es el escaso protagonismo de Chamorro. ¿A nadie le extraña que Chamorro tenga tan poca relevancia? ¿De verdad? En esta novela, para justificar su escasa presencia es herida en una operación que, en principio, era sencilla. Sí es cierto que Chamorro está siempre que Vila la necesita (lógicamente, puesto que es una subordinada) pero, con el paso de los años se va cimentando entre ellos además una profunda amistad y no sé si Vila estaría siempre disponible para ella. En cualquier caso, a mí me parece un personaje desaprovechado, aunque tendría que volver a leerme todas las novelas para ver si esto es así.

Esa operación es una de las tramas y le sirve a Vila para rememorar otra ocasión parecida, pero esta vez en el País Vasco, donde conoció a Pereira, su superior y quien le introdujo en la lucha contraterrorista y con quien ha mantenido desde entonces caminos paralelos que, en algunos momentos, se han cruzado. Pereira ha sido siempre una especie de mentor de Vila que le ha ofrecido casos que ningún otro guardia civil podría haber resuelto. Pereira es uno de los que diseña una lucha contraterrorista basada en la inteligencia, en la profundización del conocimiento sobre el enemigo, sobre sus motivaciones y e inspiración ideológica, más que en la represión, la tortura o la violencia.

Todo ello es lo que se puede observar en la segunda trama de esta novela. Cómo era la vida en la País Vasco, para una sociedad vasca secuestrada por el miedo a la banda terrorista y también para la Guardia Civil y, no lo olvidemos, para sus familias señaladas como objetivo prioritario de atentado. Esa es la tarea de Vila “…entender lo que la gente y los pueblos temen, les interesa o les hiere el orgullo de una manera insoportable es entender también las guerras y los crímenes… tanto el interés como el miedo y el orgullo pueden hacer un asesino y un guerrero de cualquiera, si concurren en la medida suficiente”.

Profundizar en el conocimiento para analizar de dónde surge tanto odio es la clave. Odio que, lamentablemente, sigue existiendo en el año 2021 y sigue extendiéndose gracias a formaciones políticas oportunistas que no tienen nada nuevo que ofrecer y que se retroalimentan de las emociones bajas del populacho. Porque, en realidad, se empieza a matar por convicciones políticas y se termina matando por inercia. Vila reflexiona sobre la dualidad del alma humana, capaz de abarcar en la misma piel a victimarios y a víctimas. Pero empatizar con ese ser humano victimario no le impide realizar su trabajo porque a él no le corresponde juzgar.

En la tercera trama, el recuerdo de ese ambiente y esas vivencias se presenta en forma de asesinato de un antiguo etarra. Y aquí aparece un personaje que alimenta un arquetipo que lleva camino de convertirse en habitual dentro de la narrativa cuyo protagonista sea la sociedad vasca. Aparece la rancia madre vasca como aquélla que inocula y escupe el veneno como si fuera un aspersor. La misma rancia madre vasca que aparecía también en Patria, de Fernando Aramburu. Personajes que, sin duda, merecerían un estudio psicológico y psicoanalítico profundo.

El crimen que, aparentemente, resultaba ser resultado de una pasión exacerbada en un ambiente gay es efecto directo del odio y del asco más oscuros, más sucios y más destructivos que pueda albergar un alma humana. El odio al diferente, un ser que se ha hecho diferente abandonando a los suyos, que ha traicionado a los suyos. Un ser que ha elegido ser individuo crítico y no una parte insustancial de la masa borrega, un “…instrumento humano de una energía oscura y profunda que iba mucho más allá de él…”.

El final, como en otras novelas de Bevilacqua entre ellas en Donde los escorpiones, es agridulce. Se intuye que el criminal asesino quedará libre aunque Vila y sus compañeros hayan cumplido escrupulosamente con su deber y también se intuye que, a pesar de que, ETA haya sido derrotada sigue infiltrada en los más profundo de algunas almas, esperando a resurgir. Quizá no en su forma más violenta pero sí de una manera más sibilina, manipulando el pasado y captando a nuevas generaciones de jóvenes que no sepan mucho de historia. Contra esa ingeniería mental debemos de abastecernos con herramientas de lo que en la novela se llama “reingeniería mental inversa”. También se menciona en esta novela el libro Revolucionarismo patriótico de Iñigo Bullain (pendiente de lectura por mi parte). Un resumen de Vila sobre la tesis de este libro es que el Movimiento de Liberación Nacional Vasco sobrevivirá a ETA por ser “…un vehículo político-militar todoterreno que junto a una carrocería patriótica empela un motor revolucionario”. Avisados estamos. Una novela para no perdérsela aunque yo no entiendo la ilustración de la portada y, además, tengo que seguir investigando por qué incluye el autor, al principio, una cita del Lapidario de Alfonso X. Y no es la primera vez que lo hace. 

Serie Bevilacqua y Chamorro:
El lejano país de los estanques, 1998. Premio Ojo crítico
El alquimista impaciente, 2000. Premio Nadal
La niebla y la doncella, 2002
Nadie vale más que otro, 2004. Relatos
La reina sin espejo, 2005
La estrategia del agua, 2010
La marca del meridiano, 2012. Premio Planeta
Los cuerpos extraños, 2014
Donde los escorpiones, 2016
Tantos lobos, 2017. Relatos
Lejos del corazón, 2018
El mal de Corcira, 2020


El mal de Corcira
Lorenzo Silva
Destino

miércoles, 2 de marzo de 2022

Ensayo: Historia del terrorismo yihadista: de Al Qaeda al Daesh de Juan Avilés Farré (2017)

El Autor.-
Juan Avilés Farré es doctor en Historia por la Universidad Complutense y catedrático en el Departamento de Historia Contemporánea de la UNED. Le tuve como profesor del Máster sobre Seguridad y Defensa que cursé hace unos años, en el Instituto Universitario Gutiérrez Mellado. Su asignatura se llamaba Terrorismo Global. Otras obras suyas: La izquierda burguesa en la II República, La fe que vino de Rusia: la revolución bolchevique y los españoles 1917-1931, El nacimiento del terrorismo en Occidente: anarquía, nihilismo y violencia revolucionaria, editor con Ángel Herrerín. 

Mi opinión.-
Este es un muy buen libro, claro y didáctico, para aproximarse y también para profundizar en la génesis y evolución del terrorismo yihadista. Ofrece los fundamentos históricos y teóricos del fenómeno, clarifica conceptos básicos, analiza los elementos ideológicos y pone de manifiesto las diferencias entre distintas organizaciones terroristas y su implantación geográfica.

Después de un capítulo dedicado a Conceptos e interpretaciones, el libro sigue detallando El discurso yihadista, diferenciando claramente las dos posturas doctrinales principales sobre los conceptos de yihad, como lucha individual o colectiva, y enemigo, ya sea éste cercano (gobiernos musulmanes) o lejano (países occidentales). De la combinación de estos dos ejes surgen las principales estrategias terroristas actuales abocadas, sin remedio, a un enfrentamiento en conflictos asimétricos.

Para analizar el fenómeno del terrorismo yihadista es crucial entender la sustitución del concepto tradicional de yihad como obligación de lucha colectiva y propia de los gobiernos musulmanes a un concepto de yihad como lucha individual, tanto de gobierno a gobierno como de individuo o grupo de individuos a gobierno, al margen e incluso contra los propios gobiernos de países musulmanes. Se produce, de esta manera, la ruptura moral que también es la base del terrorismo nihilista occidental. El autor facilita unos breves perfiles biográficos de los principales teóricos de la lucha yihadista: Sayyid Qutb como iniciador de este nuevo concepto de yihad contra los enemigos cercano y lejano, Abd al Salam Faraj que priorizaba, sin embargo, la lucha contra los gobernantes musulmanes que se habían apartado del deber islámico o Abdullah Azzam fundamental en la lucha contra los soviéticos en Afganistán y en el reclutamiento de jóvenes de todo el mundo islámico para llevarla a cabo.

Pero, sin duda, el gran salto cuantitativo y cualitativo en el islamismo yihadista se produce con al-Qaeda y el 11S. Se consolida la militancia multinacionacional y la yihad global contra todo Occidente. Surgen las franquicias en otros países y continentes. Al-Qaeda tiene una marcada dimensión nihilista, la destrucción y el martirio por la destrucción y el martirio y con un objetivo claro: la restauración del califato para controlar al mundo musulmán, rechazando la secularización de la vida política dentro de la comunidad musulmana.

En el capítulo 7, el autor aborda los atentados de Madrid del 11M, como ejemplo de la red yihadista global. Le sirve este capítulo, también, para desmentir los bulos mantenidos por determinados periodistas y medios de comunicación sobre la ejecución de este atentado y las teorías de la conspiración. No hay que olvidar que Jiménez Losantos y el periódico El Mundo apuntaban a que los servicios secretos españoles o la policía podían haber colaborado en la realización de este atentado. Fueron momentos muy dramáticos y de gran confusión, pero este tipo de afirmaciones estuvieron siempre fuera de lugar, por no decir que eran absolutamente vomitivas. Espero que este asunto pese en sus conciencias todavía.

Las teorías de la conspiración, en este y en cualquier otro caso, se apoyan en datos que no quedan suficientemente explicados como dice Keeley (pg. 133) pero todos sabemos que una explicación total es imposible. Se abre la puerta así al escepticismo y a la desconfianza y a mantener creencias basadas en explicaciones simplistas. Estas teorías tuvieron mucho éxito en el caso del 11M por la magnitud del atentado, por el contexto sociopolítico en el que se produjo y por el terror que causó en una sociedad que vivía en constante sobresalto gracias a ETA. Todas estas teorías se olvidaron de que matar es muy fácil y de que en una sociedad democrática abierta al mundo vive en riesgo constante.

Por otra parte, también establece muy claramente la diferencia entre una organización estructurada y clandestina, destinada al terrorismo global como al-Qaeda y el surgimiento del Daesh o Estado Islámico como organización híbrida entre el terrorismo global y una estructura militar, preparada para el combate abierto y que pretende mediante el control de un territorio, el establecimiento de un estado en Iraq y Siria.

El libro fue escrito en el año 2017 y si bien entonces Afganistán seguía siendo uno de los países más castigados por los atentados terroristas y por una sostenida guerra civil, y los talibanes iban ampliando su área de influencia, no parecía que fuesen capaces de derrotar al gobierno afgano. Pero lo hicieron. Hoy, las cosas han cambiado totalmente y los países occidentales se han visto obligados a “negociar” (y quizá más adelante a reconocer) al régimen talibán. Creo que será un proceso similar al reconocimiento de la Dictadura Franquista por parte de los gobiernos europeos y estadounidense a partir de los años 1950. En cualquier caso, los talibanes se han hecho con el país en apenas 15 días, “pacíficamente”, expandiendo una sensación de derrota y espanto como hacía mucho tiempo que Occidente no vivía.

Si algo se le puede reprochar al libro es una referencia demasiado escueta a la represión de las mujeres dentro de estos gobiernos islamistas. En definitiva, un buen libro para saber diferenciar y tener las ideas muy claras sobre el yihadismo.

Para saber más sobre terrorismo islamista en Afganistán: En la tierra de Caín y Afganistán como espacio vacío. Y sobre terrorismo islamista en Egipto: Terrorismo islamista. El caso de al-Gama'a al-islamiyya


Historia del terrorismo yihadista: 
de Al Qaeda al Daesh
Juan Avilés Farré
Editorial Síntesis

viernes, 5 de noviembre de 2021

Cine: Maixabel de Icíar Bollaín (2021)

Hace unos días leí en Pikara Magazine este artículo titulado ¿A quién calma Maixabel? que me resulta demasiado sesgado. Parece que se esfuerza en igualar a víctimas y victimarios, coincidiendo con una estrategia de la izquierda abertzale que a mí me parece especialmente vomitiva. Aparece en el tercer párrafo, en negrita, bien visible una afirmación que no comparto: “…ETA aparece representada como una secta. No se explica cómo ni por qué —ni siquiera de soslayo— tantas personas militaron durante tantos años en la organización.” Lo que no nos explicamos es por qué tanta gente supone que ETA tenía derecho a existir después de la amnistía de 1977. 

Coincido con la autora en la necesidad de que el cine, tanto documental como de ficción, la narrativa o, incluso, la música aborden las distintas perspectivas de lo que, torticeramente, se llama el conflicto vasco. Un fenómeno, al que, sin duda, deberíamos empezar por cambiarle el nombre. En lo que no coincido con la autora es en pretender convertir Maixabel en una película sobre ETA. Maixabel no tiene que calmar a nadie. Como parte de una situación muy compleja, es la postura valiente de una de las víctimas. Pero sin olvidar que no es una víctima del conflicto vasco sino una víctima del terrorismo de ETA, una organización sanguinaria y que vivía fuera del tiempo; con un origen claro en el nazionalismo (siempre escrito con z) racista del siglo XIX; que nunca fue de izquierdas; que nunca luchó contra el franquismo y que en los años 1980, en los años de plomo, su violencia irracional se dirigió contra todo y contra todos, incluida la sociedad civil; que mantuvo una estrategia puramente nihilista que no consiguió ninguno de sus objetivos aparentemente políticos, excepto beneficiar y consolidar, como fuerza política ineludible, al Partido Nacionalista Vasco.

Si pudiera hacerse política-ficción podríamos comprobar cuán diferente hubiese sido la implantación del PNV. Si ETA no hubiese existido, probablemente hubiese quedado como una reliquia del siglo XIX. Sin embargo, este partido de la derecha vasca más rancia supo rentabilizar lo que ETA ofrecía y, especialmente, se benefició del exilio de tantos vascos que decidieron abandonar la tierra y dejar de figurar en el censo electoral de las tres provincias. Todo esto tiene que quedar muy claro. Como también debe quedar claro que, aunque el nacionalismo más violento haya abandonado la lucha armada, tampoco deberíamos considerar legítimo su objetivo político, la independencia del País Vasco por medios pacíficos.

De todas maneras, en este post trato de hablar simplemente de una película, basada en hechos reales, pero una película al fin y al cabo. Icíar Bollaín tiene, como cineasta, una trayectoria incuestionable. Se atreve a abordar temas candentes que no dejan indiferente a nadie. Además si se rodea de excelentes actores, como en este caso, que además están en lo que se llama estado de gracia, mejor que mejor. Ahí están Blanca Portillo como Maixabel Lasa, Luis Tosar como, Ibon Etxezarreta, integrante del comando que asesinó a su marido y otro actor, para mí desconocido, Urko Olazábal que interpreta a Luis Carrasco, otro etarra arrepentido.

La película es dolorosa, sobria, intensa y, aunque estos encuentros de justicia restaurativa se interrumpieron, esperanzadora. Cómo lo ha conseguido la autora, no lo sé, pero ha acertado plenamente con el tono desde el primer momento. Me ha parecido muy interesante el manejo del sonido. Una insistente llamada de teléfono que suena a lo lejos y que la protagonista tarda en atender es presagio de alguna desgracia; el grito desgarrador sin sonido de la hija del asesinado. Pero, especialmente, los sonidos que más aterradores me han resultado son los que acompañan  a Etxezarreta, ya fuera de la cárcel, al recorrer los lugares donde se han producido atentados. Aunque el tiempo ha pasado, en su cabeza y en su corazón se reproducen las sirenas, los gritos, los llantos, el desastre, el dolor y la muerte, sin que las imágenes se correspondan con ellos. Sólo el sonido. Me parece todo un logro de cineasta muy experimentada y, al mismo tiempo, arriesgada, que está en constante búsqueda, como sus personajes. Me recuerda un proyecto de Eduardo Nave, A la hora, en el lugar, en el que el autor documentaba los escenarios de atentados de ETA. Así, a la misma hora y en el mismo lugar Nave fotografía estos lugares de luto, sólo eligiendo en el encuadre y sin poder controlar otra variable; rastreando la ausencia de estas personas tan injustamente arrancadas de su vida.

En este caso, Icíar Bollaín se ha encargado también de escribir el guion junto con Isa Campo que dirigió hace unos años La próxima piel. La película, aunque no es equidistante, huye del maniqueísmo y aborda la necesidad de encontrar un punto de encuentro, un punto de partida para superar el dolor vivido en el País Vasco. Ese punto de encuentro es el deber moral de pedir perdón por parte de unos y la voluntariedad de otros de otorgarlo. No puede ser de otra manera. Es el punto donde deberían confluir la justicia restaurativa, la justicia punitiva y la justicia terapéutica. Pero al mismo tiempo, es algo que no puede ser obligatorio y que tampoco puede ser moneda de cambio. Debe quedar inscrito para siempre en el dominio de la ética y la moral.

El gobierno de Rajoy se encargó de suspender estos encuentros restaurativos. Yo creo que más como una concesión al entorno más duro de ETA, que no soporta la disidencia, que por la conveniencia o inconveniencia de mantener una iniciativa surgida en el gobierno del PSOE. Hoy queda mucho por hacer y, a veces, parece que el entorno etarra es el único que sigue sembrando, y las más de las veces sigue sembrando odio. Se ha publicado recientemente un estudio encargado por el Gobierno Foral de Navarra, respecto al grado de conocimiento del alumnado de ESO sobre la reciente historia (chicos y chicas entre 12 y 16 años). Sólo el 57% sabe qué fue ETA; sólo un 0,5% sabe quién fue Miguel Ángel Blanco; un 26% justifica la violencia si ésta tiene objetivos políticos. Para saber si estos datos son o no significativos se debería repetir esta encuesta entre el alumnado del resto del territorio español. Pero no olvidemos que la labor de adoctrinamiento del entorno etarra no ha cesado ni un segundo en estos últimos años, como así demuestran los resultados electorales. En el año 2016, un 21% de los electores votaron por Bildu; en 2020, ese porcentaje ha crecido hasta casi un 28%.  Algo hay que hacer y pronto, porque estoy segura de que el 100% de los acólitos de Bildu están orgullosos de difundir y, si llega el caso, de repetir las “proezas” etarras.


Dirección: Icíar Bollaín
Guion: Icíar Bollaín, Isa Campo
Música: Alberto Iglesias
Fotografía: Javier Aguirre Erauso
Intérpretes: Blanca Portillo, Luis Tosar, Urko Olazábal, María Cerezuela, Arantxa Aranguren.

miércoles, 27 de octubre de 2021

Terrorismo islamista: El caso de al-Gama'a al-Islamiyya de Prado Higuera y Sánchez de Rojas (2018)

Los autores.-
Cristina del Prado Higuera es Doctora en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid y Profesora en la Universidad Rey Juan Carlos. Ha participado en diversos grupos nacionales e internacionales como investigadora principal. Ha escrito diversos artículos para revistas especializadas y también ha participado en libros colectivos. 

Emilio Sánchez de Rojas Díaz es coronel de artillería, profesor de la Escuela de Altos Estudios de la Defensa, CESEDEN, e investigador principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos. También ha participado en varias operaciones de mantenimiento de la paz.

Mi opinión.-

Este libro me ha resultado muy confuso. Está estructurado en tres partes muy diferenciadas. Las dos primeras teóricas y la última destinada a aplicar ese enfoque teórico a un caso concreto, la organización terrorista al-Gama’a al-Islamiyya.

La primera parte se acerca al fenómeno terrorista en general. Es una aproximación histórica y también identitaria a la definición de terrorista. Identifica distintas estructuras organizativas, dinámicas de actuación y características dentro de los grupos terroristas. Es una parte un poco extensa que, quizá se podría haber acortado para abordar con más intensidad el último punto de este mismo capítulo: Una perspectiva sistémica del terrorismo.

En este último punto se describe un modelo de estudio definido por Lukas Schoenenberger, Andrea Schenker-Wicki y Mathias Beck, denominado Estudio simplificado de impactos cruzados. Si no he entendido mal se trata de definir unas variables críticas sobre el fenómeno, analizar si existe interrelación entre ellas y si esta interrelación se produce de manera inmediata o diferida en el tiempo. Es decir, estudiar su impacto cruzado. Así se pueden identificar más rápida y fácilmente las variables de intervención óptimas para neutralizar el fenómeno que se esté estudiando. Esta perspectiva resulta muy interesante, sin embargo en el libro apenas se dedican dos páginas a su desarrollo teórico.

La segunda parte está dedicada propiamente al islamismo. Aquí los autores manejan definiciones de conceptos como yihad, yihadismo, salafismo, hasta llegar al islamismo político. Es la parte que me ha resultado más confusa. En algunos momentos, se diferencian yihadismo y salafismo pero en otros párrafos parecen ser tratados como sinónimos.

Por último, se aplica el marco teórico que he mencionado antes, el Estudio simplificado de impactos cruzados al caso concreto de al-Gama’a al-Islamiyya. Esta organización nació en algunas universidades egipcias en los años 1970 y trataba de contrarrestar la influencia de estudiantes nasseristas y comunistas. En realidad, se puede considerar que existieron varias al-Gama’a y que, precisamente, el recurso al uso de la violencia fue lo que creó la principal escisión. Llegó a movilizar a muchos jóvenes y a mediados de los años 1980 y más en los 1990, tomó el camino de la violencia. Una violencia, al principio, de baja intensidad que fue radicalizándose con el tiempo, en un desarrollo que podría parecerse al de ETA.

Los autores eligieron esta organización porque en su tres décadas de existencia completó dos ciclos que incluyeron las fases de radicalización, fragmentación y desenganche del terrorismo. La finalidad de la perspectiva sistemática es identificar la variable crítica sobre la cual influir para provocar el colapso del sistema terrorista. Las estrategias tradicionales utilizadas por las autoridades egipcias provocaban el efecto contrario al querido: incrementar la militancia y la violencia de esta organización. Eran, por una parte, la actuación policial y la judicial pero también, en segundo lugar, la reintroducción gradual de la religión islámica en la legislación, la educación y los medios de comunicación. Ambas resultaban ineficaces.

Sin embargo, estudiar este fenómeno desde la perspectiva sistémica de Schoenenberger, Schenker-Wicki y Beck, supone identificar como variable crítica la “influencia política de una red terrorista” para, actuando sobre ella, desactivándola, hacer colapsar a la organización terrorista.

Esta influencia política materializada en un gran apoyo popular era conseguida a través de dos vías principales. Uno, una densa red generada por los grupos estudiantiles y, dos, la información generada por los medios de comunicación. Ambas tenían como objetivo captar financiación (pg. 184). ¿Qué hizo que la organización al-Gama’a al-Islamiyya fuera perdiendo ese apoyo popular? En primer lugar, la escalada irracional de la violencia y que, en segundo lugar, esta violencia se dirigiera contra la industria del turismo causando graves perjuicios económicos; la consiguiente imagen negativa en los medios de comunicación repercutió visiblemente en la caída de su financiación.

Sé que el tema que trata este libro ya es bastante complicado y tiene muchas vertientes. Pero al mismo tiempo la redacción del mismo tampoco contribuye a clarificar las cosas. Faltan tildes, el mismo concepto se denomina de distintas maneras, tampoco hay un uso adecuado de las mayúsculas y, a veces incluso, hay errores de concordancia con los tiempos verbales. Creo que una editorial que mantiene cierta relación con la universidad no debería de dejar pasar esos errores porque contribuyen a incrementar la dificultad de lectura de un tema ya de por sí difícil.


Terrorismo islamista: El caso de Al Gama'a al Islamiyya
Cristina del Prado Higuera y Emilio Sánchez de Rojas Díaz
Tirant lo blanch

miércoles, 14 de abril de 2021

Teatro: Puertas abiertas de Emma Riverola (2020)

No queda otra que ir volviendo poco a poco a esta relativa normalidad que nos permite la pandemia. Y en esa vuelta a la normalidad tenía pendiente volver al teatro. Pues ya está, ya he vuelto. La obra representada era Puertas Abiertas, la primera obra escrita por la periodista Emma Riverola, dirigida por Abel Folch e interpretada por Cayetana Guillén Cuervo y Ayoub el Hilali.

La inspiración para escribirla o, más prosaicamente, el punto de partida fue el hashtag #portesouvertes que circuló por Twitter poco después de los atentados en París en 2015. La ciudad se había colapsado y el pánico se apoderaba de la gente que no podía volver a su casa porque el transporte público no funcionaba. Así que quienes vivían en las zonas más afectadas por este colapso ofrecieron sus casas para que perfectos desconocidos pudieran pasar la noche, cenar o simplemente intentar contactar con sus familias para decirles que estaban bien. Todo un ejercicio de respeto por las víctimas y de solidaridad con los supervivientes. La humanidad no debe de ir tan mal cuando en un momento de máximo peligro la gente se quiere permitir ser generosa.

Julie es una mujer de cincuenta años que ha decidido participar en las redes sociales con ese hashtag y ofrecer su casa. Sin embargo, la encontramos en su apartamento visiblemente nerviosa, muy alterada, hablando consigo misma e intentando disipar sus temores realizando movimientos repetitivos, cambiándose de zapatos, buscando en una copa de vino la tranquilidad que no tiene. Un joven estudiante de origen magrebí ha respondido a su ofrecimiento.

La obra de teatro está desarrollada a partir del suspense. El origen étnico del protagonista es un punto discordante, de desazón para Julie. Aunque intente por todos los medios desechar sus pensamientos racistas, el miedo está ahí, anidado en su corazón. Mucho más esa noche. Sin embargo, también se irá desvelando poco a poco que su miedo tiene otra fuente. Una fuente mucho más antigua y dolorosa.

El joven se presenta con un nombre y una identidad que resultan ser falsos; aunque su segundo nombre y su segunda identidad también es posible que lo sean, con lo cual su primera opción sería la verdadera. Ese juego provoca la desazón en los espectadores que no sabemos a qué atenernos y es el desencadenante para que Julie confíe en él y le cuente el origen de sus terrores.

El tema de fondo es el miedo provocado por el terrorismo yihadista. El miedo a los que son distintos a nosotros, a los que no pertenecen a nuestra tribu. Un miedo que hace sospechar de todos aquéllos que pudieran estar vinculados de alguna manera con él. Pero, asistiendo a la obra de teatro veremos que el miedo no necesita apellidos para habitar nuestras vidas y que superarlo exige, a veces, confiarse a un desconocido. Eso es lo que hace Julie y, en contrapartida, quizá obtenga la tranquilidad que está buscando.

Ya es la tercera vez que he visto a Cayetana Guillén Cuervo en teatro. Las otras dos fueron en El malentendido, hace un montón de años, y en Hedda Gabler, más recientemente. Su interpretación me ha parecido soberbia teniendo en cuenta además que esta obra exige una gran expresividad corporal (algo que en principio sorprende). No me ha gustado tanto Ayoub el Hilali. Me ha parecido un actor dubitativo y que no terminaba de ubicarse en el escenario pero, en fin, es un actor muy joven y espero que mejore con el tiempo.


domingo, 1 de noviembre de 2020

Novela: Patria de Fernando Aramburu (2016)

El autor.- Fernando Aramburu se licenció en filología hispánica por la Universidad de Zaragoza y fue profesor de español en Alemania. Colabora también en prensa y además de novelas ha escrito poesía, libros de cuentos, ensayos; todos ellos traducidos a varios idiomas. Otras obras suyas: Los peces de la amargura, Utilidad de las desgracias y otros textos, Autorretrato sin mí

Mi opinión.- Patria fue escrita en el año 2016 y ahora ha vuelto a tomar relevancia por la adaptación a serie de televisión realizada por HBO. Aborda un tema que nunca debería desaparecer de los diferentes ámbitos intelectuales y que debería estar sometido a análisis y relecturas constantes, especialmente, desde el punto de vista de las víctimas. El terrorismo.

Esta vez no se trata de analizar la lucha armada, ni el proceso que lleva a un determinado joven a militar en organizaciones terroristas. Esta vez, partiendo de un atentado terrorista, el foco central se sitúa en una sociedad fragmentada y enfrentada. Con delirios de ser pueblo perseguido/elegido por los siglos de los siglos dignos de cualquier sociedad arcaica y cuya base sea el pensamiento mágico.

Esta sociedad se ejemplifica en unas mujeres, antes amigas inseparables y ahora madre de terrorista, una de ellas, y esposa de asesinado, la otra. La narración abarca 40 años de dolor, de silencio y de vergüenza. A algunos críticos les ha parecido excesivo el protagonismo de estas mujeres. A mí me parece lo contrario y además también me parece que se podría criticar a Aramburu, no sé si por una cierta misoginia, porque las mujeres que aparecen en su novela son un poco peculiares.

Miren quedará ya como el arquetipo de la madre fanática vasca. Castradora, brutal y que se siente obligada a querer a su hijo aunque sea un asesino. Una mujer que sufre un proceso de conversión intenso, desde llorar la muerte de Franco hasta defender la causa abertzale, fácilmente entendible si tenemos en cuenta que tanto el franquismo como el terrorismo vasco comparten importantes sesgos etnofascistas. Una mujer que desprecia a su marido, un hombre simplón apaleado por su propio hijo que encuentra refugio cerrando ojos y oídos y cultivando su huerta. Miren también odia a su hija desde mucho antes de que ésta decida casarse con un españolazo e ignora a su hijo menor. Únicamente tiene ojos para su primogénito el que está destinado salvar a la patria vasca de las garras de los españoles; el revolucionario de medio pelo, sin estudios, sin convicciones políticas y sin trabajo; el que no tiene ningún reparo en irse a hacer la revolución y volver a casa para que su madre le lave la ropa y el que pierde la virginidad en la cárcel, cuando ya ronda los 40 años y entiende que ha tirado su vida por la borda.

Bittori es la mujer del asesinado. Desde su muerte, el reloj y la vida también se han parado para ella. Si bien no es tan brutal como Miren también es el prototipo de ama de casa vasca. Miren y Bittori se conocen desde niñas, viven la adolescencia juntas, quieren meterse a monjas y se enamoran de dos amigos. Se casan al mismo tiempo, tienen a sus hijos con poco tiempo de diferencia. Salen de vacaciones, de compras y a misa juntas. Y cuando todo les prometía una vejez sin complicaciones, el hijo de Miren entra en ETA y recibe el encargo de matar al marido de Bittori.

A partir de entonces, la brutalidad de una se impone al amilanamiento de la otra. Bittori también mantiene una relación conflictiva con Nerea, su hija, la preferida de su padre que estudia en Zaragoza. Nerea empieza siendo racista y abertzale, porque no olvidemos que el halo de liberador de la patria oprimida tiene mucho de romántico, pero después rechaza volver al pueblo para el funeral de su padre y decide quedarse en la ciudad follando. Su comportamiento ante la muerte de su padre es difícil de comprender y eso dificulta la empatía del lector con este personaje. Al contrario de lo que pasa con Arantxa, la hija de Miren. Arantxa siempre ha tenido un comportamiento más “normal”. Es una adolescente más alegre y más comprensiva. Es la primera conocedora de la homosexualidad de Gorka su hermano menor y también es la primera que restablece relaciones con Bittori y es fundamental para el desenlace de la novela. Sin embargo, nunca ha sido capaz ni de romper definitivamente con el mundo abertzale ni de adaptarse con todas las consecuencias al mundo de los maketos. Quizá esa haya sido su mayor virtud.

Los hombres que rodean a estas mujeres quedan como personajes secundarios. Ya he mencionado que Joxian, el marido de Miren, es un hombre simplón. Amigo desde siempre del Txato, el asesinado, y compañeros en el mismo club ciclista y de las partidas de mus no duda en retirarle el saludo y hacerle el vacío cuando el Txato comienza a ser amenazado por ETA. Puede entenderse que el miedo se apoderase de la sociedad vasca, pero también es cierto que el silencio podía ser una coartada hasta cerciorarse de qué lado se inclinase la balanza. En el caso de que hubiesen vencido ETA y el independentismo, Joxian hubiese sido considerado el padre de un héroe, de un libertador y no creo que hubiese rechazado estos honores. Sin embargo, al no producirse esta victoria se convirtió, con su silenció y su cobardía, en un acosador más, un acosador por omisión o por cinismo. En un momento determinado Joxian le dice al Txato, “a partir de ahora te saludaré con el pensamiento”. Cobardía.

Esta novela ha sido objeto de muchas críticas. Señal de que el tema es sensible en nuestras sociedades. Muchas de las críticas han sido buenas y muy buenas, pero otras no. No está mal que exista esta controversia. Algunas de las críticas negativas han sido exhaustivas. Han revisado la música que los personajes escuchan, han criticado que no hablen en euskera (como si el euskera fuese comúnmente hablado en los años 1980 o como si el Brad Pitt de las pelis hablase realmente un castellano de Salamanca) y también que se considere una novela fundacional respecto al tratamiento del conflicto vasco en la literatura. Entiendo que ha habido otras novelas, como por ejemplo Martutene de Saizarbitoria, también El hombre solo o Esos cielos de Bernardo Atxaga, pero no han tratado tan exhaustivamente la sociedad vasca y sus miserias. A otros críticos les ha parecido que el protagonismo de las mujeres era excesivo, jaaaaaaaaaaaaaa, jaaaaaaaaaaaaa. También se ha criticado que el autor lleva 30 años viviendo fuera del País Vasco, que su estilo literario fuera bastante simple y que ha retratado a los terroristas con el estereotipo de brutote sin cerebro. Pero habría que leer Patriotas de la muerte, un ensayo de Fernando Reinares documentado a partir de las declaraciones de los etarras en la Audiencia Nacional, para hacerse una idea del perfil de los terroristas de a pie y ver que coincide plenamente con el retrato que Aramburu hace del hijo de Miren. Pero, si hasta se ha criticado que Miren recurra a San Ignacio de Loyola para que proteja y libere a su hijo, porque no es el santo adecuado para estos menesteres. En fin, léase la crítica de Iban Zaldúa para Viento Sur en 2017. Críticas para todos los gustos. 

No he dicho nada sobre el hijo de Miren, el terrorista, el libertador de la patria vasca oprimida porque se merecería más espacio. Únicamente, mencionaré que empieza a cuestionarse su estancia en la cárcel, su militancia y el haber desperdiciado su vida una vez que consigue follar. No sé si recondujo toda la energía sexual reprimida en su adolescencia y juventud y la soltó al mundo en forma de violencia o es que era una descerebrado sin más. A mí me ha gustado mucho la novela y la recomiendo sin dudarlo y creo firmemente que son necesarias muchas más novelas, ensayos, documentales o películas sobre las agresiones etarras a una sociedad democrática. Para erradicar la violencia y el suprematismo en la sociedad vasca no ayudan declaraciones como ésta Declaraciones de un cura vasco, 31 octubre 2020. Siguen educándose en el odio visceral y rancio hacia todo lo que no sea ellos mismos, igual que los nazionalistas catalanes y eso es un rasgo claro de fascismo. Por esto la política de dispersión de presos y de alejamiento del País Vasco fue tan efectiva. No era tanto un castigo como una oportunidad para que los terroristas se alejasen de sus tóxicas familias y entornos y pudiesen arrepentirse. Pero muchos todavía no lo entienden. 


Fernando Aramburu
Patria 
Tusquets Editores

miércoles, 12 de agosto de 2020

Novela: Esos cielos de Bernardo Atxaga (1995)


El autor.-
Bernardo Atxaga es el pseudónimo de José Irazu Garmendia, novelista, poeta y ensayista en vasco y en castellano. Fue Premio Nacional de Narrativa en 1989 y Premio Cesare Pavese de Poesía en 2003, entre otros. Otras obras suyas: Obabakoak, El hijo del acordeonista, El hombre solo. 

Mi opinión.-
Hace mucho tiempo leí El hombre solo y me pareció una buena novela sobre gente que trata de rehacer su vida. Esta otra novela tiene esa misma inspiración. En ninguna de estas dos obras se mencionaba ETA, pero podría sobreentenderse que hablaba de ella al mencionar a “la organización”. No creo que evitar el nombre sea por miedo, quizá es una licencia literaria para abarcar un mayor número de público.

El autobús como microcosmos. Nueva vida 
Me ha sorprendido gratamente que la protagonista de esta novela sea una mujer. Una mujer que sale de la cárcel Modelo en Barcelona y emprende un viaje de retorno hacia su hogar en Bilbao; un viaje que será emocional. En realidad tendrá que crearse su propio hogar y recomenzar una nueva vida porque ya no puede volver atrás. En el trascurso de esas horas, de viaje en autobús, da a conocer al lector su historia y su manera de pensar y de vivir y asume la responsabilidad sobre su vida. Errores y aciertos.

Cárcel Modelo, Barcelona.

La novela es bastante clásica en su estructura y en su lenguaje. Pero es valiente teniendo en cuenta que se escribió en 1995 y que trata el tema del arrepentimiento entre los etarras presos. Algo que la banda terrorista no supo asimilar y qué frecuentemente castigó con la muerte o el ostracismo social del arrepentido/traidor. Como sucedió con Yoyes, asesinada en 1986.

Desde el autobús también se ve Zaragoza.

Así que el espacio reducido de un autobús sirve de transición entre la celda donde la protagonista ha pasado los últimos años y la ría de Bilbao donde tendrá que volver a empezar. En ese espacio reducido la mujer, Irene, tendrá que recuperar la habilidad para tejer relaciones con extraños porque su mundo anterior, tanto su familia como sus compañeros de militancia la han rechazado. Antes, cuando pertenecía a la organización, ésta se encargaba hasta de organizarle su vida sentimental y de aconsejarle sobre la no conveniencia de enamorarse de ciertas personas. Entonces, su familia tampoco compartía su manera de vivir. Así que ahora ni unos ni otros le darán su apoyo.

Bilbao. Destino final
Me ha gustado mucho que el personaje principal fuese una mujer. No sé si ha sido elección consciente del autor o no que se llame Irene, Paz, y que haya estado en un grupo terrorista. Quizá sea una manera sutil de poner de manifiesto la incoherencia humana. Me ha gustado también que se trate de una mujer valiente que sabe asumir sus decisiones y que piensa seguir decidiendo su vida exactamente igual, asumiendo sus errores; y que es capaz de criticar a un hombre que no ha sabido ser su amigo.

Irene, interpretada por Ainhoa Aierbe

Irene es una mujer que tiene que reinventarse a partir de las cosas que tiene porque todas las personas que había a su alrededor le han fallado. Y que, entre esas cosas que cimentarán su nueva vida, haya elegido libros me parece una sana elección. La literatura la salvará. Y esos cielos, también. La constante referencia a pedazos de cielo que ve a través de la ventanilla del autobús, es una promesa no de libertad, sino de vida. También se hizo versión cinematográfica; pero no puedo opinar porque no la he visto.




Esos cielos
Bernardo Atxaga

Ediciones B

lunes, 15 de enero de 2018

Cine: Espías desde el cielo de Gavin Hood (2015)

Zygmunt Bauman en su libro Modernidad y Holocausto consideraba al holocausto no como una locura de unos pocos, sino como un producto normal de la sociedad moderna occidental. Ya comenté en otro post de este blog lo horripilante que me parecía esta afirmación, pero al mismo tiempo muy adecuada, Modernidad y Holocausto

Los avances tecnológicos durante los dos últimos siglos han facilitado la guerra a distancia. Presionar un botón para matar a otros, durante la II Guerra Mundial, podía liberar al ejecutor de sus íntimos remordimientos. No es eso lo que se afirma en esta película. A pesar de exhibir todo un alarde de tecnología ultramoderna aplicada en una guerra asimétrica y además peleada a distancia, queda todavía espacio para las dudas morales de quienes deciden bombardear y de quienes, en última instancia, pulsan el botón.



Así podemos observar el proceso de toma de decisiones en el caso de un bombardeo con víctimas colaterales civiles y la realización efectiva de esa decisión tomada. Y en ese proceso tendremos la oportunidad de ver no sólo la jerarquización de la toma de decisiones, sino también el enfrentamiento entre los distintos niveles. Por un lado, la confrontación entre políticos y militares; por otro, los estilos diferentes entre británicos y estadounidenses; y por último, la guerra tradicional que requiere la infiltración de agentes en el campo del enemigo frente a la guerra tecnológica a distancia.


Todo ello se mezcla en este thriller muy eficazmente y con la entrega absoluta de sus actores principales, Helen Mirren y Alan Rickman entre los más conocidos, pero todo el reparto cumple muy bien su cometido. Especialmente porque consiguen transmitir las sensaciones de peligro, inseguridad, impotencia y duda, simplemente sentados frente a una pantalla de ordenador.


Después de hacer un seguimiento durante años, los británicos tienen la oportunidad de detener a una peligrosa terrorista británica, convertida en esposa de un líder de al-Shabab en Kenia. Pero durante la última vigilancia, descubren que, en esa misma casa, varios terroristas suicidas se están preparando para realizar un atentado. Descartando la posibilidad de detener a la terrorista, deben de enfrentarse a tomar la decisión de bombardear la casa y con ello ocasionar daños colaterales, muerte, mutilación y heridas, en civiles indefensos. La personificación de estos civiles indefensos será una niña que se sienta a vender pan en la misma esquina donde se está preparando el atentado. Ver el rostro de esa niña, ponerle cara a las víctimas, paraliza el final de una operación largamente planeada durante un tiempo precioso.



Así, veremos reunidos a todos los intervinientes británicos. Militares, parlamentarios, juristas y miembros del gobierno expresarán sus dudas y temores. Ante los argumentos sobre el claro mal menor de los militares, políticos tratan de eludir su responsabilidad en la decisión. El ministro de defensa quiere pasarle la decisión al ministro de asuntos exteriores. Pero éste, ha comido unas gambas en mal estado y tiene una diarrea terrible. No se siente capaz de decidir porque además hay ciudadanos estadounidenses entre los terroristas. Así que decide consultar obligatoriamente con el secretario de estado de EEUU.


Y el secretario de estado, que no tiene tantos remilgos como los europeos, está encantado de que maten a un traidor a la patria y además no quiere que le molesten mientras está jugando al tenis de mesa con una representación de chinos que, al fin y al cabo, tienen el dinero que EEUU necesita. Llega un momento en que el espectador puede pensar que la guerra es bastante parecida a lo que Gila, gran humorista, decía con su teléfono: “¿Está el enemigo? Que se ponga”.


Tampoco la representante del Parlamento británico queda en muy buen lugar. A pesar de que el jurista mantiene que jurídicamente ese bombardeo no sería reprochable, la parlamentaria no se atreve a refrendar esa decisión aduciendo que la opinión pública no perdonaría la existencia de víctimas inocentes; aunque en un nivel más profundo, todos entendemos que su preocupación no está con las víctimas sino con la posibilidad de perder las próximas elecciones.


A pesar de todos estos impedimentos, una vez tomada la decisión de bombardear, corresponde dar voz a quienes deben ejecutarla porque serán los que carguen en su conciencia con la muerte de los inocentes. Esta vez es más fácil, puesto que los militares están sujetos a la cadena de mando, pero aún con todo, pueden expresar sus objeciones antes de acatar la orden de bombardear y pedir una evaluación de riesgo, simplemente para ganar un poco de tiempo e intentar que la niña desaparezca de la diana. Para esto contarán con la ayuda de los agentes de campo africanos. La intervención de estos últimos nos hace ver que, a pesar de toda la tecnología, el elemento humano básico y su capacidad de improvisación son imprescindibles.


Lo que no me ha gustado de la película es que toma partido, claramente, a favor de los militares y muestra a los políticos como cobardes, que quieren sacudirse la responsabilidad de decidir. En este sentido, la película es demasiado maniquea. Tampoco incluye una reflexión sobre los terroristas a los cuales no se les concede voz y vemos siempre a distancia. Todo esto, sin embargo, no resta ninguna efectividad para que la película funcione como un gran thriller. 


Director: Gavin Hood
Guion: Guy Hibbert
Música: Paul Hepker, Mark Kilian
Fotografía: Haris Zambarloukos
Intérpretes: Helen Mirren, Alan Rickman, Aaron Paul, Barkhad Abdi, Iain Glen, Phoebe Fox. 

lunes, 13 de febrero de 2017

Ensayo: Patriotas de la muerte de Fernando Reinares (2011)

El autor.-
Es investigador principal y director del programa sobre Terrorismo Global en el Real Instituto Elcano, Catedrático en la Universidad Rey Juan Carlos y profesor invitado en varias universidades, también pertenece a los consejos editoriales de varias revistas internacionales. Ha recibido varios premios y ha sido condecorado con la Cruz al Mérito Militar y con la Cruz al Mérito Policial. Es toda una autoridad en terrorismo global y en violencia política. 


Mi opinión.-
Si el fenómeno terrorista fuese el resultado de la actuación de un puñado de iluminados, locos o psicópatas sería fácil de neutralizar y terminar con él. Pero las causas que empujan a un hombre (la mayoría de terroristas siguen siendo hombres) a convertirse en un terrorista son mucho más complejas. Todos ellos sufren un proceso más o menos largo de conversión que comienza en la adolescencia o primera juventud; cuando son mucho más vulnerables a consignas e ideologías tóxicas. Pero además, no todos los terroristas tienen el mismo grado de compromiso con la organización a la que pertenecen.

Atentado contra Carrero Blanco (1974)
Para tratar de concretar unas características sociológicas aplicables a todos los terroristas de ETA, Reinares estudió los sumarios de diferentes procedimientos juzgados por la Audiencia Nacional y el Juzgado Central de Instrucción 2 durante los años 1977 a 2010, que completó con entrevistas en profundidad de antiguos militantes de ETA.

Atentado contra Hipercor, 1987
Una de las características que más me ha llamado la atención es el grado de aislamiento social que presentan estos individuos. Viven en entornos muy cerrados y no sólo porque, al menos parte de ellos, proviniesen del ámbito rural, sino porque desde la familia o los grupos de pares o ámbitos culturales o religiosos, recibían los mismos o parecidos mensajes. Un tipo de mensajes dirigidos a fomentar, lo que ellos mismos denominaban, una identidad nacionalista verdadera y homogénea y por lo tanto excluyente de todo lo que no fuera ella misma. Un nacionalismo étnico integrista.

Atentado contra Manuel Giménez Abad, 2001
Además también pone de manifiesto que los terroristas, aunque supuestamente intentan destruir el orden existente para crear uno nuevo, no incluyen en este nuevo orden la dimensión de género y las mujeres mantienen el mismo rol, supeditado al del hombre, que desempeñan en las sociedades que se pretenden sustituir. Pocas mujeres llegan a la liderar un grupo terrorista; siendo una excepción el caso de María Dolores González Cataraín, Yoyes, que, además de ser una lideresa, fue de los primeros terroristas arrepentidos y posteriormente eliminados por la propia banda terrorista. 

Asesinato de Yoyes, 1986
Sin embargo, esa creencia en una identidad nacionalista tampoco resulta suficiente para justificar la lucha armada. Muchos nacionalistas no llegaron a empuñar las armas (aunque pudiesen colaborar en cierta medida con la lucha armada), por esto Reinares afirma que el siguiente requisito para conformar una personalidad terrorista sería la creencia en la funcionalidad del terrorismo, su utilidad para lograr unos determinados objetivos políticos y también de manera secundaria las retribuciones emocionales de ser considerado un patriota o un héroe.
Atentado contra la Casa Cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, 1987
Así pues, un terrorista tomaba su decisión de incorporarse a la lucha armada teniendo en cuenta elementos racionales y elementos emocionales. Es importante que Reinares lo haya resaltado, porque normalmente se oculta que los hombres toman sus decisiones basándose en elementos emocionales. Si tenemos esto en cuenta, el viaje de regreso, es decir la decisión de abandonar la lucha armada también se apoyará en elementos racionales y elementos emocionales. Esto nos llevaría a sorprendernos porque, frecuentemente, los desvinculados de cualquier movimiento terrorista no tienen por qué mostrarse emocionalmente arrepentidos de su anterior militancia; simplemente llegado un determinado momento su adhesión a una lucha armada ya no es racionalmente funcional, porque se hayan conseguido los objetivos políticos o porque ya no sea posible conseguirlos. Las víctimas del terrorismo ahí quedan.

Manifestación por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, 1997
Un libro muy recomendable porque aunque es una investigación sobre el terrorismo etarra algunas de sus conclusiones pueden aplicarse a cualquier otra forma de terrorismo global que hoy constituya una amenaza. 


Fernando Reinares
Patriotas de la muerte

Ed. Taurus

lunes, 2 de enero de 2017

Ensayo: El caso Aldo Moro de Leonardo Sciascia (1978)

El autor.-
Leonardo Sciascia fue periodista, escritor y político italiano. Un referente en su denuncia de la corrupción política y social del país y de la violencia mafiosa y por todo ello intelectual comprometido. Otras obras suyas: Muerte del inquisidor, El teatro de la memoria, El día de la lechuza

Mi opinión.-
El 16 de marzo de 1978 Aldo Moro fue secuestrado por las Brigadas Rojas y fue encontrado asesinado el 9 de mayo del mismo año, en el maletero de un coche entre las sedes de los partidos Comunista y de la Democracia Cristiana. Irónico y cruel. Era el Presidente de la Democracia Cristiana italiana; considerado un político hábil y un gran negociador. Había conseguido que la Democracia Cristiana, el Partido Comunista y el Partido Socialista, accedieran a mantener el Compromiso histórico ideado por Enrico Berlinguer, con el fin de regenerar y reformar las instituciones democráticas, combatir y derrotar al terrorismo y a la corrupción endémica. Es por esto que siempre existieron dudas sobre si las viejas inercias de la partitocracia italiana contribuyeron a su asesinato/ejecución por los terroristas. 

En 1982, Leonardo Sciascia participó en una comisión de investigación del Parlamento italiano sobre el secuestro y asesinato de Aldo Moro, cuyas conclusiones no llevaron a dilucidar esta participación directa, pero que, sin embargo, sí que pusieron de manifiesto la dejadez y la desidia mantenidas por las autoridades políticas y policiales durante el secuestro. 

Este libro no sólo trata de esta investigación parlamentaria. Creo, más bien, que Sciascia aprovechó para incluir en él una reflexión moral sobre la razón de estado y la conveniencia o no de negociar con terroristas y también para estudiar cómo interpretamos y recreamos una misma situación, una y otra vez. 


Hoy, la negociación con terroristas debería estar fuera de toda discusión, por dos motivos. Aunque fuese considerada un mal menor. Nadie quiere reconocer abiertamente que sea una necesidad, pero en el caso de ETA, está claro que siempre hubo negociaciones más o menos efectivas entre los distintos gobiernos españoles y la organización terrorista. No creo que deba reprocharse a ningún gobierno que intente una negociación, puesto que ninguna organización, y las organizaciones terroristas no son una excepción, es monolítica y siempre puede encontrarse un eslabón más predispuesto a abandonar una lucha armada sin sentido, que ayude a debilitar al núcleo más recalcitrante. Pero claro, las negociaciones no son gratuitas y en su transcurso quienes hayan sufrido el terrorismo más directamente pueden considerarse abandonados. 

Sin embargo, este asunto de máxima actualidad, no parece suscitar ya ninguna controversia. El terrorismo global que sufrimos, hoy, no tiene nada que negociar ni quiere negociar nada; es el terror por el terror como modo de vida, sin ninguna reivindicación política. 


Siguiendo con el libro de Sciascia, decía antes que trata de cómo interpretamos de manera diferente una misma situación. Los secuestradores permitieron a Aldo Moro escribir una serie de cartas que Sciascia analiza en este libro. Según la interpretación que queramos dar a estas cartas, Moro sería un hábil negociador, un político manipulador, un hombre cobarde suplicando por su vida o un cristiano que acepta su muerte. Todo depende de cómo queremos entender sus palabras. Algunos piensan que a través de sus cartas Moro daba instrucciones para su liberación e incluso algunas pistas que la policía no quiso o no supo seguir. Para otros, son un ejercicio de moralidad política y de lucidez intelectual. A veces parece que suplica por salvar su vida cueste lo que cueste; otras parece haber transcendido el miedo a la muerte. Al final, probablemente hiciese las dos cosas puesto que sus cartas dependerían de su estado anímico sometido a una gran presión. 

Evidentemente el estado italiano personificado en la Democracia Cristiana se negó a negociar con los terroristas de las Brigadas Rojas. Como consecuencia de ello, el gran pacto entre derecha y comunismo nunca se llegó a materializar, Moro murió asesinado y su cuerpo se encontró en el maletero de un coche; las Brigadas Rojas no consiguieron ninguno de sus objetivos, ni políticos ni revolucionarios. Todo lo contrario, contribuyeron a reforzar las estructuras autoritarias, corruptas y abusivas de los estados, aquellas estructuras que, en teoría, pretendían combatir. 

"Tras la autopsia del cadáver de Moro, practicada ayer en Roma, se ha podido establecer que el dirigente demócrata-cristiano murió a consecuencia de once disparos, hechos con una metralleta checoslovaca y un arma corta a cuatro metros de distancia." (El País, 11 de mayo de 1978). 
"Lamento, queridísima, haber venido a encontrarme en la situación de darte esta añadidura de esfuerzo y sufrimiento, pero creo que tú, aun desesperanzada, no me habrías perdonado el no pedirte una cosa que es acaso un inútil acto de amor, pero que es un acto de amor." (Carta de Aldo Moro a su esposa, 27-30 de abril de 1978).


El caso Aldo Moro
Leonardo Sciascia
Traductor: Atilio Pentimalli

Ediciones Destino. Áncora y Delfín.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Cine: El negociador de Borja Cobeaga (2015)

Durante los años 2005 y 2006, Jesús Eguiguren por el Partido Socialista y Josu Ternera por ETA, mantuvieron una serie de conversaciones para iniciar el desmantelamiento de ETA. Esta película no es, por supuesto, un fiel reflejo de aquellas conversaciones pero sí que ha servido de inspiración para demostrar que cualquier negociación política, por muy seria que sea, acaba viéndose influenciada por esa red de relaciones personales, tejida entre personajes bastante parecidos. 

El director ha sido valiente al plantear su película como una comedia, ahora, cuando la sociedad vasca todavía tiene que curar muchas heridas y debe abordar un profundo proceso de arrepentimiento y de perdón, a nivel individual, colectivo y social. Debe ser síntoma de que las cosas, en verdad están cambiando y de que ya no hay vuelta atrás. Ojalá sea así. El humor, en esta película, que es al mismo tiempo, inteligente y respetuoso, absurdo y delirante, supongo que ayudará a suavizar aristas. 


No es una comedia de carcajada escandalosa pero sí de un humor negro, tan negro, tan negro, que resulta brillante. Y además doloroso. A veces recuerda a las películas de cine mudo, con unos primeros planos estáticos que mueven a risa, pero una risa contenida, no sea que se vaya a alterar el precario equilibrio de la negociación.


La comicidad está en los pequeños detalles domésticos de las conversaciones. En el esfuerzo por intentar crear una atmósfera cómoda y para ello tener que salir a hacer deporte con un traje de baño en lugar de con un chándal. También es cómodo tener los mismos gustos en cuanto a putas. Y en beberse unas cañas cuando la negociación se atasca. Todo esto, para los puristas de la negociación estaría prohibido. Pero los protagonistas, que se conocen, que han sido vecinos toda la vida, hasta que la política y el terror los separó, lo hacen.


Tres son los personajes que intervienen en la negociación. Manu Aranguren, interpretado por Ramón Barea, es el representante del gobierno. Mal vestido, desaseado, impotente sexualmente, con poco dinero, más parece un paleto bellotero que un negociador de alto nivel. Sin tener la confianza ni de su partido ni del gobierno, está empeñado en contribuir a aligerar un poco la tensión que se vive. Cree que ha llegado el momento de plantearse seriamente la paz porque sus amigos de la infancia y aquéllos con los que jugaba al fútbol de adolescente, no le hablan desde hace treinta años. Cada uno quedó de un lado del conflicto. Vive solo y eso se nota; es torpe en sus relaciones y con el teléfono móvil.


Josean Bengoetxea interpreta a Jokin. Jokin también tiene cierto aire de paleto, pero no se puede comparar con Manu. Es más culto. Habla y lee en francés perfectamente; entiende también al mediador inglés. Casi presume de ser un vasco cosmopolita hasta que, enseguida, es sustituido en la negociación por Patxi (Carlos Areces), otro representante de lo vasco con txapela. Patán, gritón, amenazador y putero. Se pasea por la ciudad con el pistolón al cinto sin ningún pudor.


El resultado lo sabemos. Aquellas conversaciones no terminaron en nada definitivo. ETA volvió a atentar, y esto se muestra en la película con mucha delicadeza. Manu tiene que pedirle a su vecina que le ayude a hacer el nudo de una corbata negra. Humor de luto. 


Dirección y Guion: Borja Cobeaga
Música: Aránzazu Calleja 
Fotografía: Jon D. Domínguez
Intérpretes: Ramón Barea, Josean Bengoetxea, Carlos Areces, Melina Matthews, Oscar Ladoire.