Federico García Lorca nació en Fuente vaqueros, Granada en
1898 y fue asesinado en agosto de 1936, recién comenzada la Guerra Civil. Su
cuerpo todavía no ha sido encontrado. Sigue en una cuneta para vergüenza de
todos. Se le asocia a la Generación del 27. Otras obras de teatro: Yerma (1934), Doña Rosita la soltera o el
lenguaje de las flores (1935), La casa de Bernarda Alba (1936). Poesía: Poema del cante jondo (1921), Romancero
gitano (1928) y Sonetos del Amor
Oscuro (1936).
Mi opinión.-
Sigo en mi empeño de aprender a leer teatro. Creo que la
mejor estrategia es leer de corrido la obra y después releerla poniéndole
interpretación. Aunque sea una interpretación mínima.
En esta obra, como en Cierva acosada de Alfonsa de la Torre,
el autor parte de un hecho real; lo embellece, lo simboliza y lo eleva a la
condición de poesía eterna, lo cual tendría su peligro si el autor no fuese
Federico García Lorca. Esta tragedia en verso, como suele ser renombrada, fue
escrita en 1931 y estrenada en teatro en 1933. Ya muy pronto, en 1938, se hizo
una versión cinematográfica protagonizada por Margarita Xirgu que me encantaría
localizar y poder visionar en pantalla grande. Junto con Yerma y La casa de Bernarda
Alba constituye la Trilogía rural de Lorca.
En el teatro de Lorca llama mucho la atención la utilización
de las flores y de los objetos cotidianos como símbolos de la tragedia que se
cierne sobre los protagonistas. En el transcurso de esta obra, además, se
percibe cómo el último acto es mucho más simbólico y poético que los primeros dominados
por una opción más realista.
Así destaca la luna como mala influencia, luna sola, luna
mala, triste luna, la que “llena de jazmines la sangre”; la que habla con la mendiga
que es la muerte. Y por contraposición, la luz que es fecunda y que hace
producir a la tierra y que provee de trigo a los humanos. La flor de azahar, al
mismo tiempo símbolo de pureza y fertilidad, es lo que lleva la novia en su
corona y el novio en el ojal del traje. Además, es el novio quien debe ofrecerlo
a la novia y es la novia quien debe colocarlo en el ojal. Y el caballo, el
galope del caballo como símbolo de pasión sexual.
Dejando aparte todos estos símbolos, Bodas de sangre también es ejemplo de una realidad más prosaica
aunque expresada poéticamente. La rigidez de un orden social basado en el
dinero y la propiedad de la tierra; la honra de toda la familia depositada en
la virginidad de las mujeres y consecuentemente el valor de una mujer por su
capacidad para parir; la resolución de los conflictos a través de la violencia
y la muerte; el luto, las lágrimas y el aislamiento para las mujeres que
sobreviven a sus muertos; y el ostracismo para la mujer que desafíe el orden
social garantizado por la severidad de las madres. Cómo no pensar en las
mujeres afganas de hoy, valoradas como ganado.
En fin, una verdadera tragedia griega y que ha sido adaptada
muchísimas veces. En el teatro y el cine, incluso, creo que hay una ópera. Aparte
de las versiones teatrales que he visto, yo me quedo con la película de Paula
Ortiz, La novia, estrenada hace unos
años. En esta película algo que me llamó mucho la atención fue la diadema de la
novia porque parece una corona de espinas, aunque lleve el azahar, la flor de
azahar.
Alejandro Casona perteneció a la Generación del 27 y fue
maestro además de dramaturgo. Después de la Guerra Civil se exilió y se instaló
definitivamente en Argentina. En sus primeras obras exploró la tensión entre la
fantasía y la realidad, el deseo poético de evadirse. Se involucró en la
existencia de las Misiones Pedagógicas
(esta obra es muestra de ello). Volvió
a España en los años 1960 y continuó su producción teatral. Pero, entonces, los
tiempos habían cambiado y se le consideró un autor demasiado conservador y
pasado de moda. Actualmente, sin embargo, en pleno siglo XXI, Nuestra Natacha se sigue representando. Otras
obras suyas: La dama del alba (1944), La
sirena varada (1934) y El caballero de las espuelas de oro (1962).
Mi opinión.-
Casona se inspiró en su madre, maestra e inspectora de
enseñanza primaria, para crear el personaje de Natacha y, también, en esos
jóvenes, chicos y chicas, especialmente chicas, que se habían criado durante la
Dictadura de Primo de Rivera, un momento histórico en el que se dio mucha
importancia a la educación de la infancia y la juventud. En definitiva, una
generación que, a partir de 1936, sería brutalmente masacrada o condenada al
exilio. Pocos de ellos podrían poner en marcha sus iniciales proyectos vitales.
Natacha es una huérfana que ha conseguido doctorarse en
pedagogía en los años 1930, en España, gracias a su padrino. Es una joven
apasionada y vitalista que intenta, por todos los medios, educar de otra
manera. De una manera muy distinta a como ella misma fue tratada en ese mismo
orfanato del que ahora va a ser directora.
Natacha está rodeada de personajes tan entusiastas como ella
y de otros que siguen el modelo más tradicional de la letra con sangre entra. Entre los personajes entusiastas está
Lalo, aparentemente un tarambana. Se define como individualista y robinsoniano y Natacha le considera una fuerza
desorientada pero, al fin y al cabo una fuerza que debería encontrar un cauce
social para tanta vida que le desborda; podría ser, si esto existiera, un profesor de optimismo. Sin embargo,
Lalo lo que querría sería seguir estudiando eternamente para eludir las
responsabilidades de la adultez, aunque terminará madurando. Está enamorado de
Natacha y pondrá a su disposición una alquería para iniciar su nuevo proyecto
pedagógico, la creación de una granja educacional para huérfanos sin recursos
que sustituirá al Reformatorio de las
Damas Azules. Flora y Mario son otros dos personajes luminosos. Marga es
una de las educandas, la más conflictiva. Habitualmente está castigada por todo
tipo de rebeldías aunque sus deseos
de libertad sólo la llevan a querer caminar. Es el personaje que nos recuerda
cómo debió ser la infancia y adolescencia de Natacha y, al haber sufrido un
abuso sexual por parte de un señorito, le da la oportunidad al autor para
criticar esa clase social que quería mantener el sometimiento y violencia sexual
contra las mujeres pobres.
Natacha empieza su labor como directora del reformatorio y
empiezan los problemas. Frente a la disciplina, ella utiliza la persuasión y
frente a la domesticación por el castigo, la responsabilidad por la educación.
Pero la marquesa, presidenta del patronato que sostiene a la institución, será
la encargada de comunicarle su cese porque los cambios son demasiado
revolucionarios y así se verá obligada a empezar su proyecto más personal en la
alquería de Lalo ayudada por sus amigos.
Se considera esta obra como una fábula pedagógica y respecto a ello os recomiendo leer este artículo de Raquel Gutiérrez Sebastián y Borja Rodríguez Gutiérrez que he
encontrado en la red, Dos fábulas
pedagógicas con 70 años de diferencia. De Nuestra Natacha (1935) a Los chicos
del coro (2004).
Aunque, como ya he dicho, la obra rezuma vitalidad y
entusiasmo y la convicción ciega e
idealista de que la educación puede cambiarlo todo, yo no podía dejar de pensar
que seis meses después de su estreno en Madrid estallaría la Guerra Civil (tal y
como el autor anuncia ya en el Acto I) y todo ese entusiasmo y deseo de cambio
y progreso quedaría ahogado en sangre.
Alfonsa de la Torre pertenece a la Generación del 36 y
aunque es una absoluta desconocida fue poeta, ensayista y dramaturga, profesora
e investigadora del CSIC. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1951 con una
obra de temática mística y feminista, Oratorio
de San Bernardino. Otras obras: Plazuela
de las desobediencias.
Mi opinión.-
Esta es la única obra de teatro que se conserva de la autora
aunque ella planease escribir una trilogía simbólica. Está inspirada en el
asesinato de una joven sucedido en Cuéllar, la localidad de origen de Alfonsa de
la Torre y donde vivió sus últimos años y que recientemente contribuyó a poner
en escena esta obra, dando así a conocer a la escritora.
En la obra Lucía es una joven que ha heredado el molino de
su madre aunque en la explotación sigan viviendo sus hermanastros y también su
padre. Lucía es una joven fuerte y honesta, guapa y sana, orgullosa y también
puritana, guardiana de su virtud de manera inflexible e intolerante, llegando a
la severidad que quizá sea motivo para su asesinato. El resto de personajes
también son arquetípicos. Su apariencia y también su nombre nos ofrecen la
encarnación de algunos de sus vicios. Así lo dispone la autora: Petra la calva,
es la hermanastra; el Chulo-Mastín, es un pretendiente, mujeriego y fanfarrón;
el Zurdo y el Rojo, también son hermanastros de Lucía; y el Majillo es el novio
formal, honesto, trabajador y comprensivo y tan puro como la propia Lucía.
Lucía queda así colocada en el centro de la acción, siendo
la diana perfecta para la envidia de su hermanastra y para la codicia de sus hermanastros;
y también para la lujuria del Chulo-Mastín. En ese ambiente, nada podría
salvarla, ni siquiera sus brazos de hombre, de los que se enorgullece, fuertes
para el trabajo pero incapaces de defenderla del ataque. El crimen ficticio al
igual que el crimen real en el que se basó la autora quedaron impunes puesto
que no se localizó al asesino. Sin embargo, ni la lujuria ni la codicia o la
envidia obtienen su premio. La obra termina con un fuego purificador que destruye
el molino y el resto de propiedades de Lucía, desapareciendo simbólicamente con
ella.
La editorial Torremozas ha tratado de rescatar en los
últimos años a las escritoras de la llamada Edad
de Plata de la literatura española. No ha sido un mal empeño aunque Alfonsa
de la Torre, perteneciente a una familia de clase alta, parece que nunca estuvo
muy interesada en publicar durante su vida. Su trabajo y su herencia le
permitieron dedicarse a estudiar y escribir incansablemente pero, de esa
manera, la literatura quedó privada de una autora muy original que, por la
temática elegida y por su escritura tan poética quedaba fuera de la tendencia
general de la época. Comenzó esta obra en 1946, dándola por finalizada en 1958.
No queda otra que ir volviendo poco a poco a esta relativa
normalidad que nos permite la pandemia. Y en esa vuelta a la normalidad tenía
pendiente volver al teatro. Pues ya está, ya he vuelto. La obra representada
era Puertas Abiertas, la primera obra
escrita por la periodista Emma Riverola, dirigida por Abel Folch e interpretada
por Cayetana Guillén Cuervo y Ayoub el Hilali.
La inspiración para escribirla o, más prosaicamente, el
punto de partida fue el hashtag #portesouvertes
que circuló por Twitter poco después de los atentados en París en 2015. La
ciudad se había colapsado y el pánico se apoderaba de la gente que no podía
volver a su casa porque el transporte público no funcionaba. Así que quienes
vivían en las zonas más afectadas por este colapso ofrecieron sus casas para
que perfectos desconocidos pudieran pasar la noche, cenar o simplemente
intentar contactar con sus familias para decirles que estaban bien. Todo un
ejercicio de respeto por las víctimas y de solidaridad con los supervivientes. La
humanidad no debe de ir tan mal cuando en un momento de máximo peligro la gente
se quiere permitir ser generosa.
Julie es una mujer de cincuenta años que ha decidido
participar en las redes sociales con ese hashtag y ofrecer su casa. Sin
embargo, la encontramos en su apartamento visiblemente nerviosa, muy alterada,
hablando consigo misma e intentando disipar sus temores realizando movimientos
repetitivos, cambiándose de zapatos, buscando en una copa de vino la
tranquilidad que no tiene. Un joven estudiante de origen magrebí ha respondido a su
ofrecimiento.
La obra de teatro está desarrollada a partir del suspense.
El origen étnico del protagonista es un punto discordante, de desazón para
Julie. Aunque intente por todos los medios desechar sus pensamientos racistas,
el miedo está ahí, anidado en su corazón. Mucho más esa noche. Sin embargo,
también se irá desvelando poco a poco que su miedo tiene otra fuente. Una
fuente mucho más antigua y dolorosa.
El joven se presenta con un nombre y una identidad que
resultan ser falsos; aunque su segundo nombre y su segunda identidad también es
posible que lo sean, con lo cual su primera opción sería la verdadera. Ese
juego provoca la desazón en los espectadores que no sabemos a qué atenernos y
es el desencadenante para que Julie confíe en él y le cuente el origen de sus
terrores.
El tema de fondo es el miedo provocado por el terrorismo
yihadista. El miedo a los que son distintos a nosotros, a los que no pertenecen a nuestra tribu. Un miedo que hace sospechar de todos aquéllos que pudieran estar
vinculados de alguna manera con él. Pero, asistiendo a la obra de teatro
veremos que el miedo no necesita apellidos para habitar nuestras vidas y que superarlo
exige, a veces, confiarse a un desconocido. Eso es lo que hace Julie y, en
contrapartida, quizá obtenga la tranquilidad que está buscando.
Ya es la tercera vez que he visto a Cayetana Guillén Cuervo
en teatro. Las otras dos fueron en El
malentendido, hace un montón de años, y en Hedda Gabler, más recientemente. Su interpretación me ha parecido
soberbia teniendo en cuenta además que esta obra exige una gran expresividad
corporal (algo que en principio sorprende). No me ha gustado tanto Ayoub el
Hilali. Me ha parecido un actor dubitativo y que no terminaba de ubicarse en el
escenario pero, en fin, es un actor muy joven y espero que mejore con el
tiempo.
Aunque ya no se puede ver esta representación, aprovechad las Fiestas del Pilar, 2019, para ir al Teatro Arbolé y a la Plaza de los Sitios para ver los títeres de cachiporra.
Yo también me he preguntado siempre porqué Dios fue tan
injusto al preferir a Abel. Al fin y al cabo Caín, igual que Abel, le ofrecía
lo mejor que podía conseguir. Sin embargo, Dios despreciaba sus ofrendas. No sé
si era un dios arbitrario o simplemente cruel; caprichoso o premeditadamente abusivo.
En definitiva, resultó ser un dios muy humano.
Así lo ha representado el Teatro Arbolé. Un dios muy humano
en lo alto de una pila de muñecos que representan a Adán o, mejor dicho, a los
bocetos, a tentativas fatigosas para la creación del hombre perfecto que,
curiosamente no tienen genitales. Una pila que, a veces, recordaba a los montones
de cadáveres de cualquier campo de exterminio nazi.
Es un dios muy pasota y un poco cabrón. Desde lo alto de la
pila de muñecos-cadáveres llama a Caín pero en voz muy baja; como éste no le
escucha termina por aparecérsele para pedirle cuentas por la muerte de su
hermano. Como dice la historia, Dios ni se vengará de Caín ni permitirá que
otro le hiera, condenándole a vagar por el mundo y a contemplar los horrores
que dios permite y, a veces, incluso instiga. ¿Quién es más culpable? ¿Aquel que mató a su hermano o quien
periódicamente asola el mundo con su omnipotencia destructora y vengativa? Esta
parece ser la reflexión de Saramago que, interpretado por una de las
marionetas, aparece también en la función. Un argumento que puede ser simplista,
¿por qué si dios es omnipotente permite la injusticia en el mundo?
Este es el problema que tantos filósofos y teólogos han
tratado durante siglos: el libre albedrío. Como solución fácil se impone el
siguiente razonamiento: la omnipotencia de dios no tiene otra manera de
manifestarse que en la creación del hombre, un hombre creado libre para elegir
entre hacer el bien o hacer el mal.
Con esta producción en la que comparten escenario títeres y
actores, la Compañía Teatro Arbolé celebra sus 40 años. Es una compañía que se
ha dedicado principalmente al teatro de títeres para niños pero para celebrar
este aniversario El director Iñaqui Juárez ha adaptado la novela de Saramago y
con 131 títeres, 2 ovejas y sólo 6 actores titiriteros han recreado varios
pasajes del Antiguo Testamento: Sodoma y Gomorra o el becerro de oro. Han
incluido también a Lilith, no sé por qué porque ella no figura en la Biblia
Canónica.
Lilith, en la mitología hebrea, fue la primera mujer, la
primera compañera que Dios creó para Adan. Pero resultó ser demasiado
independiente y, al final, Dios la convirtió en una diablesa que fue a vivir
fuera del paraíso. En esta versión y supongo que también en la novela adaptada,
Lilith seduce a Caín.
La obra me ha gustado mucho por la adaptación y también por
el montaje y, sobre todo, por la curiosidad de presenciar un teatro de títeres
que no había visto nunca. Y espero que se siga repitiendo porque, al fin y al
cabo, el teatro de títeres nació para el público adulto. Lástima que sólo ha
estado un fin de semana en cartel.
Adaptación y dirección: Iñaqui Juárez. Titiriteros: Azucena Roda, Pablo Girón y Julia Juárez. Actores: Pedro Rebollo (Caín), Jaime Ocaña (Dios) e Inmaculada Oliver (Lilith). Diseño de vestuario: María José Montón. Realización de vestuario: Paz Escuín. Iluminación: Teatro Arbolé Diseños: María José Montón / Julia Juárez. Escenografía: Iñaqui Juárez. Construcción muñecos: Teatro Arbolé. Producción Ejecutiva: Esteban Villarrocha. Producción: María José Montón. Gestión: Lidia Becana. Prensa: Ana Rioja. Distribución: Pilar Pardo. Ayudante escenografía y construcción: Isabella Loredana. Fotografía: Luis Simón Aranda. Video: Francisco de Miguel.
¿Por qué castigar una traición cuando al ofendido no le
importa su honor ni mucho menos el amor herido? Pues la respuesta a esta
pregunta podría estar relacionada con el riesgo a perder poder político. Dice Helena Pimenta que esta tragedia, una obra maestra universal, oculta una
reflexión sobre el poder, sobre el miedo del poder. No es el miedo que provoca
el poder y más su ejercicio arbitrario, sino el miedo que el poder tiene a ser
débil y ser sustituido.
Lope de Vega había llevado una vida muy intensa: viajes por
toda la península al servicio de algunos nobles; amores, matrimonios y amantes;
varios hijos de distintas madres; en 1614 profesó como sacerdote y, aun así,
continuó con sus amoríos constantes. Es un hombre contradictorio y apasionado
cuya vida puede reflejar las grandezas y miserias del Barroco. Escribió muchas
comedias y publicó el Arte nuevo de hacer
comedias, donde consagra su teoría teatral y contribuye a la consolidación
del teatro como arte pero también a su mercantilización. Los autores, en
definitiva, debían acomodarse a lo que quería su representante y esto no era
otra cosa que vender una obra y hacer dinero con ella teniendo en cuenta el gusto
del público. Como hoy.
El duque
Escribió El castigo sin venganzaen 1631 cuando tenía ya 69 años y otros dramaturgos más jóvenes
empezaban a superarle en éxitos, fama y dinero. En aquella época las obras se
representaban una sola vez, pero si tenían éxito los autores se decidían a
publicarlas para ser leídas. Eso hizo Lope con esta obra y todavía se conserva
el manuscrito autógrafo en una biblioteca de Boston.
Los enamorados
Lope la define como tragedia
al estilo español donde el destino de los personajes está dominado por la
pasión amorosa entre dos jóvenes y el honor vulnerado de un anciano, padre de
uno y marido de la otra, y por la exigencia de lavar estas ofensas con sangre, más
por demostrar poder que por la ofensa en sí. El duque no ama a Casandra, su
esposa. Ha contraído matrimonio con ella para conseguir un heredero legítimo para
su ducado. El adulterio, y mucho más éste con connotaciones de incesto, es
grave pero, sin duda, sería más grave e, incluso, tendría repercusiones
políticas para el marido engañado demostrar debilidad, puesto que no se le
consideraría apto para gobernar su propio ducado.
La pasión destructora
De alguna manera, el duque está obligado a castigar a los
amantes a pesar del dolor que le causa castigar a su propio hijo bastardo (más
que castigar a su propia mujer); es decir que no los castigará por venganza, ni
por amor traicionado, ni por rabia sino para que el orden político no se vea
alterado. Y además, en este castigo el duque será también una víctima puesto
que perderá a su único hijo y a la mujer que debería haberle dado un heredero,
abocando a la ruina a su ducado. Es duro, pero fue así.
Pero además todo el texto está atravesado por la incubación de
una pasión amorosa tratada como si fuese una enfermedad. Algo que consume el
alma y el cuerpo y que resulta ingobernable para el ser humano. Las pasiones
desatadas generan conflicto, cambio y desorden y el intento de controlarlas no
trae la paz; todo ello supone lo que ningún gobernante poderoso quiere tener
cerca.
Resulta conmovedor oír al conde, el hijo bastardo interpretado por Rafa Castejón,
confesar el amor por su madrastra y verse abocado a la destrucción absoluta. A juicio
de Álvaro Tato, quien ha adaptado la obra, El
castigo es el canto de cisne de Lope, es donde despliega su maestría en el
manejo de estrofas y rimas para demostrarles a los jóvenes que vienen pisándole
los talones y moviéndole la silla que todavía está allí, en lo más alto de la
creación literaria. Y así expresa la desesperación del enamorado de su
madrastra y traidor a su padre,
En fin, señora, me veo
sin mí, sin vos y sin Dios:
sin Dios, por lo que os deseo;
sin mí, porque estoy sin vos;
sin vos, porque no os poseo.
La intensidad del texto se ve resaltada por la escenografía,
por el vestuario y sobre todo por la gran gasa negra que recubre el fondo del
escenario y que, iluminada convenientemente, tapa y descubre las ideas y
venidas de los personajes y también por el gran espejo, fiel reflejo de la
imagen de la traición. Parece una inmensa tela de araña que apresa los
sentimientos y deseos humanos más ocultos. No se puede negar que Lope vivió toda su vida en la
contradicción y este texto es buena muestra de ello.
“… Tú me engañas, yo me abraso;
tú me incitas, yo me pierdo;
tú me animas, yo me espanto;
tú me esfuerzas, yo me turbo;
tú me libras, yo me enlazo;
tú me llevas, yo me quedo;
tú me enseñas, yo me atajo…”
Compañía Nacional de Teatro Clásico
Autor: Lope de Vega en versión de Álvaro Tato
Dirección: Helena Pimenta
Escenografía: Mónica Teijeiro
Iluminación: Juan Gómez Cornejo
Vestuario: Gabriela Salaverri
Música: Ignacio García
Coreografía: Nuria Castejón
Intérpretes: Joaquín Notario, Rafa Castejón, Beatriz Argüello, Alejandro Pau, Fernando Trujillo, Lola Baldrich, Nuria Gallardo, Carlos Chamarro, Javier Collado, Anna Maruñy, Íñigo Álvarez de Lara.
Francisco de Rojas Zorrilla fue un autor de gran éxito durante el siglo XVII y sus obras
siguieron representándose durante el XVIII. Se le adscribe a la escuela de
Calderón y, aunque apenas vivió 40 años, han llegado hasta hoy unas 40 piezas
entre obras teatrales, entremeses y autos sacramentales. También adaptó obras
de otros al teatro, como Persiles y
Sigismunda de Cervantes. Otras obras suyas: Donde hay agravios no hay celos, Lo que son las mujeres, Casarse por
vengarse.
Mi opinión.-
Entre bobos anda el
juego fue escrita en 1638 y existe constancia de una primera representación
ante Felipe IV en 1645. Desde entonces hasta hoy, ha sido una de las obras más
representadas del autor. Incluso en 1899 se estrenó una versión musical para
zarzuela que recuperó el nombre del personaje principal como título, don Lucas del Cigarral.
Se encuadra dentro del género comedia; más bien se puede
considerar una farsa o comedia de figurón puesto que el personaje central suele
ser un viejo rico, estrafalario, orgulloso y pedante que pretende casarse con
una joven, generalmente de familia bien venida a menos. Debía ser un personaje
bastante corriente porque en la literatura tuvo mucho éxito. Se podría decir
que uno de los últimos exponentes de este género fue El sí de las niñas deLeandro
Fernández de Moratín, estrenada en 1806.
Don Pedro, don Lucas, doña Alfonsa y doña Isabel
Para esta segunda visita a Almagro elegí esta función sin
conocerla. Únicamente me sonaba la compañía de teatro, Noviembre Teatro, por haber asistido a dos representaciones suyas
en el Teatro Principal de Zaragoza: HeddaGabler con Cayetana Guillén Cuervo y El mercader de Venecia con Arturo Querejeta e Isabel Rodes que desempeñan papeles
principales en esta Entre bobos. En
absoluto me ha decepcionado, al contrario. Hubo momentos en que estuve tan
metida en la función que, sin duda, era yo quien tenía cara de boba.
No me parece extraño puesto que seguir una comedia en verso
no es nada fácil. Para mí, requiere mucha concentración pero el esfuerzo merece
la pena. Y eso que me había preparado un viaje exprés, de apenas 24 horas,
desde Zaragoza a Almagro. Casi iba tan rápida como los personajes de la obra
que no paran de entrar y salir de escena; se producen situaciones cómicas sólo
por el trajín que llevan. Hablan abiertamente o murmuran sus penas sin cesar. Y
si no las hablan, las cantan. Aunque el público no puede solidarizarse con
penas tan ridículas que mueven a la risa y la carcajada.
Un criado calvo que se llama Cabellera es el encargado de dar noticias a doña Isabel de su pretendiente don
Lucas. El tal don Lucas no tiene ninguna gracia ni donaire, es avaro,
desconfiado, presuntuoso y se emperifolla sin medida. Doña Isabel debe obediencia a su padre, un hombre con no muchas
luces, pero está enamorada de don Pedro,
caballero prudente y sin dinero que está emparentado con don Lucas. Don Lucas tiene
una hermana, doña Alfonsa, calva y
con barba, enamorada de don Pedro. Entra en escena también don Luis pretendiente sin mucho éxito de doña Isabel que acabará apañándose con doña Alfonsa.
Don Lucas después
de caer con mucha gracia en el exceso, la vanidad y el engreimiento, se dará
cuenta de que no debe ser un obstáculo para los jóvenes enamorados y de que ni siquiera
merece la pena castigarles pues ya será bastante castigo que se vean,
enamorados, pero sumidos en la pobreza.
La Antigua Universidad Renacentista AUREA
Cualquier obra del siglo XVII tiene que sufrir un proceso de
limpieza y pulido para priorizar el texto y la interpretación. Así, en este caso, la
escenografía es mínima, la música acompaña sin abrumar y el vestuario de
Lorenzo Caprile es elegante y también cursi. Si todas las interpretaciones son
excelentes, sobresale la de José Ramón Iglesias como don Lucas. Él y su
imponente sombrero que, durante la representación, le dio algún que otro sofoco
por el calor de La Mancha.
Espero que la próxima vez que vaya a Almagro pueda ir con un
poco más de sosiego. Es una ciudad pequeña pero tiene su encanto. Además se
programan varias funciones al día en las distintas sedes y siempre hay alguna
exposición relacionada con el teatro. Esta vez no fui al Corral de Comedias,
pero pude entrar cuando la compañía Ay teatro
estaba ensayando Todas hieren y una
mata de Álvaro Tato. Es una comedia escrita hoy pero según las reglas de la
comedia barroca: con una dama que quiere ser valorada como ser humano, un galán,
el antagonista y los criados encargados de enredar la trama. Me gustaría
haberla visto. Espero que gire y llegue a Zaragoza. Teatro en verso en el siglo
XXI.
La iglesia de San Agustín fue parte de un convento de Agustinos Recoletos fundado por la familia Figueroa, fundación que no sentó muy bien a los jesuitas siempre enzarzados en competición con el resto de las órdenes religiosas. Se la consideró obra cumbre del barroco de Ciudad Real, aunque hoy no viva su mejor momento. Actualmente se dedica a sala de exposiciones pero sigue exhibiendo parte de sus pinturas murales y también algunas grietas que duelen.
Sólo he ido una vez en mi vida a ver un espectáculo de
marionetas. No recuerdo casi nada de él, fue hace tiempo. Sé que la compañía
era Los Titiriteros de Binéfar. Una
pena que no haya vuelto porque en Zaragoza y en el resto de Aragón hay
tradición consolidada respecto al teatro de marionetas.
Dicen en esta exposición que la edad de oro de los títeres
se produjo durante los siglos XVII y XVIII, pero existe constancia de su
existencia mucho antes y, además, relacionada con ciertos tipos de ceremonias
religiosas. No creo que se irrespetuoso incluir en esta categorías las
representaciones de Semana Santa. El oficio de titiritero sigue teniendo mucho
de magia, de encanto y, por qué no
decirlo, también de brujería. Al fin y al cabo, el titiritero da vida durante
unos minutos a un muñeco que dependerá totalmente de él.
Marionetas también, ¿no? Cristo articulado MNAC
Hablan de los títeres en el teatro y también de los títeres
en la calle y como ejemplo de esto último está la Tarasca. Es un nombre que
deriva de la ciudad francesa de Tarascon donde todavía se celebran unas
fiestas, relacionadas con el culto de Santa Marta, declaradas por la UNESCO
como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. La Tarasca era un dragón que
asolaba toda la región y al que ningún caballero había logrado vencer, hasta
que Santa Marta le domesticó con sus oraciones y apareció en el pueblo con la
bestia domada. Aun así, la gente del pueblo presa del pánico la mató y
arrepentidos nombraron a su pueblo Tarascon. En España también se celebran
algunas procesiones en Corpus Christi con una figura parecida.
Tarasca. Boceto 1711-1749. Ayuntamiento de Madrid.
Una maqueta de la Máquina Real que actuaba en los grandes
teatros nacionales. Los títeres podían ser de peana con varillas en los brazos
o con barra en la cabeza. Casi eran de tamaño natural y ocupaban toda la
escena.
Maqueta de Máquina Real. Detalle
También se da cuenta en la exposición de una llamada Edad de
Plata, a principios del siglo XX, 1905-1936, en la que los mejores escritores y
músicos de la época ideaban espectáculos para marionetas. También pintores como
Picasso o Maruja Mallo diseñaron muñecos para estos espectáculos. Una pena que
la Guerra Civil truncase esta excepcional creatividad. Queda espacio en la
exposición para la sátira y son su objetivo Franco y Queipo de Llano, figuras
que han sido reproducidas según fotografías de la época y realizadas por Helena
Millán en 2019 que, en su origen, pertenecieron a un espectáculo de la compañía
La Tarumba.
Durante varios años, entre 1980 y 1994, se realizó en
Zaragoza un Festival Internacional de Títeres y Marionetas e Isidro Ferrer realizó
alguno de los carteles. Fue una gran escuela para los titiriteros aragoneses y creo
que debería recuperarse y que las marionetas deberían recuperar ese público
adulto que tuvieron en otros tiempos.
Los almogávares 1993. Los titiriteros de Binéfar
Quedan muchas compañías titiriteras en Aragón, algunas de
gran prestigio y otras más jóvenes que siguen en la brecha. Esta exposición ha
sido preparada por Adolfo Ayuso y destacan en ella dos de las compañías con más
solera en Aragón y el resto de España: Titiriteros de Binéfar y Teatro Arbolédarán un espectáculo el día 31 de marzo en el Centro de Historias, 12.00 horas. Los
titiriteros de Binéfar fueron Premio Nacional de Teatro en 2015 y el Teatro
Arbolé cumplirá ya 40 años en Zaragoza.
Sombras del cabaret Le chat noir. París 1886-1886
Un recorrido por la historia de los títeres y marionetas,
una historia que todavía no ha acabado aunque siga viviendo épocas de mayor y
menor presencia. En este espectáculo de 1996 de Teatro Arbolé, Goya el último disparate, no he
conseguido identificar al segundo personaje empezando por la izquierda.
No consigo reconocerle
Reportaje en Canal Saturno. Aragón TV
Centro de Historias. Zaragoza
Hasta el 14 de abril.