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jueves, 21 de noviembre de 2013

Novela: La Tribuna de Emilia Pardo Bazán

La autora.-
Emilia, condesa de Pardo Bazán, nació en 1851. Fue educada en un colegio francés; viajó por Europa y podía leer también en inglés. Estuvo muy interesada por la novela naturalista, aunque los especialistas prefieren encuadrarla en el movimiento literario realista. Cuando su marido le exigió que dejase de escribir, ella decidió separarse de su marido. Luchadora por la educación e independencia de las mujeres. Otras novelas suyas son: Los Pazos de Ulloa, La madre naturaleza, Insolación. Escribió también ensayos, libros de viajes, biografías y obra periodística. Murió en 1921.

Sinopsis.-
Amparo es una joven cigarrera que vive en Marineda (La Coruña). Es conocida como la Tribuna por su activismo político en favor de la proclamación de la primera república. Conoce a Baltasar, joven burgués que intenta hacer carrera en el ejército.

Mi opinión.-
Me encontré con esta novela de casualidad y me llamó la atención porque podría ser calificada como una rareza, al tener como protagonistas a las trabajadoras de una fábrica de tabacos. Si ya es difícil que en el siglo XIX, los autores españoles se ocupasen de las condiciones laborales de los trabajadores, más difícil es que tuviesen en cuenta a una joven obrera, destacada por su activismo político.

Un escritor no la habría considerado protagonista de su novela; una escritora, sí.

La Pardo Bazán estaba muy interesada por la novela naturalista de Zola y se propuso adaptarla a la realidad española, manteniendo un cierto conservadurismo. Describe en esta novela, de forma muy detallada, los ambientes social y laboral. Parece más un ejemplo de novela costumbrista que de la verdadera novela naturalista del siglo XIX, en la que el fatalismo/determinismo es uno de sus ingredientes principales.

Fue escrita en 1882 y está ambientada entre la revolución de 1868, la monarquía de Amadeo de Saboya y la proclamación de la I República de 1873. Un período de la historia del siglo XIX especialmente convulso, aunque todo el siglo XIX español lo fue.

La autora estuvo yendo a la fábrica de tabacos para describir tal y como ella quería su ambiente laboral: los hombres y las mujeres viejas, en las tareas más duras, en una atmósfera cargada, húmeda y sin luz, trabajando en un sótano; las mujeres jóvenes, con su finura y sus dedos ágiles, dando forma a los cigarros.

En el prólogo de la novela dice la Pardo Bazán que su intención es docente y también puede ser considerada una novela crítica con la república. Considera absurdo que un pueblo ponga “sus esperanzas de redención y ventura en formas de gobierno que desconoce”. A veces describe el ambiente social, convulso, de cambio, con mucha ironía y descreimiento, como si fuera una explosión emocional, momentánea y destinada a desaparecer. Aparentemente aborda la descripción desde un punto de vista neutro, pero en realidad la autora se decanta por el orden burgués de siempre.

Amparo, la Tribuna, es una mujer con mucho carácter, mucho más que cualquier otra heroína de los novelones del siglo XIX. La autora la presenta como una niña trabajadora infatigable desde los 13 años, colaborando en el negocio familiar y cuidando de su madre tullida, que también fue cigarrera; adolescente vital que recorre las calles a la menor ocasión; joven que empieza a ser víctima de las miradas y comentarios de los señoritos por su belleza limpia, sin artificio.

Destaca en su trabajo en la fábrica de tabaco y también como activista política. Lee para sus compañeras y les explica lo poco que sabe sobre la república, la pobreza, sus derechos y la igualdad que traerá el nuevo régimen; igualdad entre clases sociales y también entre hombres y mujeres. Amparo es capaz de concienciarlas y movilizarlas en una huelga que al final ganarán; pero aun disponiendo de ese fuerte carácter, cae en la trampa de los amoríos con un señorito. Su picardía no es suficiente para librarse de las mentiras del galán que pasará de la seducción al hastío y de las promesas a la indiferencia.

Durante el tiempo que dura el capricho del señorito, el amor y la aspiración a una mejora social actúan como sedante y Amparo olvida sus reivindicaciones laborales. Porque en realidad, su activismo político es muy parecido al fervor religioso; una adhesión puramente emocional.

Se nota que Emilia Pardo Bazán simpatiza con el personaje de Amparo; sin embargo, en la descripción del resto de personajes se puede intuir algo de inquina. Diferencia claramente entre las obreras de la ciudad y las aldeanas. Éstas no son dignas de confianza, por ser poco favorables a la república e incluso reaccionarias, ávidas y tacañas y que padecen el “pesimismo fatalista del labrador”. Pero tampoco los burgueses salen mucho mejor parados. Josefina García es la rival de Amparo por el amor de Baltasar. Josefina y Baltasar son descritos como si su ropa les diese el carácter que no tienen. Baltasar es militar porque su uniforme así lo dice, no tiene vocación ni talento ni interés en serlo, únicamente hace la carrera militar porque su madre lo ha querido así; y en lo que respecta a Josefina, es blanda, hecha de gelatina, sin forma; sólo el corsé y los volantes de su vestido dan forma a su cuerpo. Es “la insustancialidad, lo insípido, inodoro e incoloro”.

Pero donde resalta la crueldad es en el retrato de Chinto. Me atrevería a decir que tanto Amparo como la Pardo Bazán, sienten animadversión por él. La autora resalta su fealdad, su falta de proporción, es una bestezuela humana destinada al trabajo más duro, aunque sea un personaje bueno. Es hijo de una lavandera; entra a trabajar en el obrador del padre de Amparo y se enamora de ella. Siempre demuestra (de manera torpe) sus buenos sentimientos hacia ella y ella siempre le rechaza de la forma más brutal que puede; incluso cuando Chinto le ofrece matrimonio después de haber sido seducida.

Es una novela muy recomendable, entre otras cosas porque entenderíamos mejor los siglos XX y XXI, si leyésemos más sobre el siglo XIX. Tiene continuación en Memorias de un solterón, que espero sacar tiempo pronto para leerla.


La Tribuna 
Emilia Pardo Bazán
Edición de Benito Varela Jácome

Cátedra - Letras Hispánicas

martes, 12 de marzo de 2013

Novela: Ce que le jour doit à la nuit (Lo que el día debe a la noche)


Sinopsis.-
Younes/Jonás, anciano argelino, repasa su vida. Desde la infancia en un entorno rural, áspero y poco gratificante, a su vida en la ciudad. Primero, en la periferia mísera de los inmigrantes llegados del campo devastado y después, adoptado por su tío, en una zona aburguesada y colonial. La vida le irá llevando alternativamente hacia cada uno de los dos bandos. 

El autor.- 
Yasmina Khadra es un pseudónimo. El autor lo eligió para pasar totalmente desapercibido en su vida normal y tener así libertad absoluta para poder escribir, sin censura y sin autocensura. Además, es un nombre de mujer que en árabe significa “jazmín verde”; es el segundo nombre de su esposa. En realidad su nombre es Mohammed Moulessehoul; fue comandante del ejército argelino y actualmente vive en Francia dedicado a la literatura. Otras obras suyas son El atentado y la Trilogía de Argel. 

Mi opinión.-
De Yasmina Khadra había leído la Trilogía de Argel, compuesta por Morituri, El otoño de las quimeras y Doble blanco, que responde al canon de novela negra clásica, y me había gustado mucho. En este libro, sin embargo, no he acabado de sintonizar con el autor. A pesar de que, desde luego, mantiene la calidad literaria, un lenguaje poético y de constante evocación y nostalgia, no me ha llegado a emocionar.

La historia del protagonista se desarrolla desde los años 30 a 60 del siglo XX: desde la miseria de un entorno rural antes rico, hasta los arrabales habitados por inmigrantes que buscan sobrevivir; desde el colonialismo “feliz”, a la rebelión y la guerra contra la metrópoli. Todo de una forma muy sutil (a veces excesivamente ligera) porque a pesar de vivir períodos históricos tan intensos, el protagonista nunca toma partido. 

El personaje central, Younes/Jonás, me ha resultado absolutamente antipático por su pasividad. Puede ser que, al tratarse de los recuerdos de un anciano, el autor haya optado por la ensoñación del pasado, pero para mí existe tal desapasionamiento que da la sensación de que Younes/Jonás, no ha vivido su vida y que tampoco se arrepiente de ello. 

De una manera totalmente lineal, nos va contando cómo los demás son los encargados de situarle en un sitio o en otro. Siempre, los otros: su padre, su tío, sus amigos, sus posibles novias, son quienes deciden por él. Su padre, abrumado por la miseria y la desesperanza, le deja en manos de su tío y abandona al resto de la familia (esposa e hija sordomuda); su tío, le educa en un ambiente liberal, culto y tolerante y le proporciona una vida cómoda, asimilada a la de los jóvenes occidentales descendientes de colonos; sus amigos de origen europeo, le consideran uno de ellos; los sirvientes de éstos, le recuerdan su origen musulmán. 

Él nunca se define y podríamos pensar que es porque quiere pertenecer a ambos mundos y mantener al mismo tiempo, como complementarias, sus dos identidades. Pero no, su falta de definición es apatía o indiferencia, pasividad o cobardía; dejarse llevar por la corriente que en el momento es mayoritaria y sin tomar nunca las riendas de su vida.

Dice el autor en una entrevista que ha querido escribir una epopeya de la Argelia del siglo XX, con sus contradicciones y su violencia; con todas sus influencias, norteafricana y occidental (no sólo francesa, también española). De toda esa diversidad que durante un tiempo al menos, aparentemente, supo convivir y ser fértil; pero que también ocultaba corrientes de miseria, pobreza y desesperación que terminaron por estallar. Sin embargo, no ha sido muy detallista a la hora de describir estos estallidos. Pasa por el ambiente de violencia previo a la guerra, sin juzgar ni la agresividad del régimen colonial, ni la agresiva respuesta de los que llegan a ser extranjeros en su propia tierra. 

Respecto a la historia de amor, pues es bastante evidente y trillada. Émilie es una joven de origen francés, hija de una viuda rica, con unos ojos profundos y de una intensidad cercana a la tristeza, a la que todos desean enamorar; ella tiene claro que su elegido es Jonás, pero… Es una historia de amor frustrada por un motivo que puede resultar un poco trivial. Al final yo sigo pensando que es la propia pasividad del protagonista la que malogra la historia de amor.

Younes/Jonás tiene la suerte de haber nacido hombre y guapo, las dos únicas razones por las que su padre le da en adopción; son ventajas que le suponen una vida diferente y mejor que la de su hermana menor sordomuda. Pero él no ha sabido valorar la suerte que ha tenido en la vida. 

¿Querría el autor escribir una novela sobre el triste destino de una niña sordomuda y pobre abandonada por su padre en la Argelia de los años 30? Creo que no. 


Ce que le jour doit à la nuit
Ed. Julliard. Pocket

lunes, 14 de enero de 2013

Cine: Los Miserables


Sinopsis.-
Jean Valjean se ve obligado a robar comida para alimentar a su familia. Después de ser condenado a galeras y cumplir su condena de 19 años (por robar pan), consigue la libertad condicional. Por cualquier sitio que pasa es rechazado y esto va aumentando su resentimiento contra la sociedad. La generosidad del Obispo Myriel supondrá el inicio de un cambio definitivo en su vida. 

El Autor.-
Víctor Hugo, escritor romántico de los más importantes de la literatura francesa. Su compromiso político le supuso también el exilio durante 20 años. Participa en la represión de 1848 contra los obreros, que posteriormente condenará. Regresa a Francia después del exilio y se implica en política intensamente. Está enterrado en el Panteón de París. 

Mi opinión.-
Jean Gabin y Danièle Delorme
Siguiendo con mi interés por el siglo XIX y su literatura, el otro día fui a ver la adaptación al cine de la versión teatral de Los Miserables. Había leído ya el libro hace un montón de tiempo y además había visto una versión en televisión, una peli francesa de 1957 protagonizada por Jean Gabin. Jean Gabin ha sido uno de los mejores actores franceses y aquí estaba excepcional, pero lo que realmente recordaba yo era el personaje de Fantine; la pobre mujer que intentaba por todos los medios criar a su hija y solo encontraba incomprensión y violencia. Estaba interpretada por Danièle Delorme, y sobre todo recuerdo la escena en la que gritaba y lloraba que antes de prostituirse ya había tenido que vender hasta sus dientes (da miedo imaginarse quién y por qué podría comprar dientes de otros).

Bueno la adaptación de la obra teatral me ha parecido magnífica. Sé que puede parecer larga, dos horas y media a veces se hacen difíciles de seguir, pero es pura emoción; los constantes primeros planos le dan mucha fuerza y los planos cenitales y movimientos rápidos de cámara producen una sensación vertiginosa, que realmente transporta a las barricadas de una revolución. 

Tengo que avisar también, para quienes no la hayan visto, que el 90% de la peli es cantada y en inglés, apenas hay diálogos entre canciones. Para mí es algo que ayuda a mantener la emoción durante todo el tiempo, pero hay que ir avisado. 

Desde mi punto de vista, es también un acierto que el director, Tom Hooper (El discurso del rey) haya preferido que los actores interpreten las canciones en el momento del rodaje y que no haya (aparentemente) añadido nada más. Anne Hathaway (Fantine) supera las expectativas que yo tenía, no la había visto desde El diablo se viste de Prada y es conmovedora, y Hugh Jackman (Valjean), impresionante; Russell Crowe (Javert), aunque su voz se queda un poco corta, cumple muy bien con el papel y resulta convincente en su pertinaz cacería contra Jean Valjean. Y por poner algo negativo, Amanda Seyfried (Cossette), creo que da una excesiva fragilidad a su papel, interpreta a una damisela del siglo XIX pero podía haberle puesto un poco más de garra. 

También me gustaron mucho los Thénardier (Helena Bonham-Carter y Sacha Baron-Cohen), que interpretan a los taberneros encargados de la crianza de Cossette y que le dan a la peli un punto siniestro, de infancia dickensiana, sucios y realmente miserables, estridentes, estrafalarios y con mucho sentido del  humor.

Ha sido nominada a un montón de categorías para los Oscars (8) y para los Globos de oro y para los Bafta,  y para los... etc. etc., en fin que de cualquier manera va a arrasar y la verdad es que la producción los merece. Y además, está nominado Paco Delgado (que también trabajó en la Blancanieves de Berger) por mejor vestuario (a ver si tiene suerte).

Pero lo que más me impresiona de la película, y del libro en su momento, es el inspector Javert, interpretado por Russell Crowe. Es un personaje merecedor de un verdadero análisis psicológico, que no voy a hacer aquí, porque no es el caso y porque no tengo los conocimientos necesarios. Pero sí comentaré algunos de sus rasgos. 

Javert ha nacido y se ha criado en una cárcel y piensa durante toda su vida que si alguien se convierte en un criminal, es para siempre, que no existe la redención. Rechazando sus orígenes y el delito, se hace policía. Es incapaz de creer en la bondad humana y se lanza a una persecución (legal pero injusta) sin tregua, únicamente para hacer cumplir la ley. Es carcelero y al mismo tiempo esclavo de sus creencias. Consecuentemente, si no admite debilidades en los demás, no puede ser autoindulgente: la ley debe ser igual para todos y sin arbitrariedades. 

Así es como Víctor Hugo describe a Javert: “Se dice que en toda camada de lobos hay un perro, al que la loba mata, porque si lo deja vivir al crecer devoraría a los demás cachorros. Dad un rostro humano a este perro hijo de loba y tendréis el retrato de aquel hombre”. 

Es terrible, un perro (entrenado) que mata a sus hermanos lobos (salvajes). He leído que el autor se inspiró en Vidocq para la creación de Valjean (el lobo salvaje que sigue su propia ley moral) y Javert (el perro entrenado para matar). Vidocq era un personaje real, un antiguo delincuente que llegó a ser director de la Sûreté Nationale (policía francesa). Así pues, asignados los papeles, perro y lobo, queda por averiguar si las condiciones sociales, el libre albedrío y la posibilidad de elección, la educación o el maltrato, pueden hacer de una persona un delincuente o no. El bien y el mal enfrentados, la moral y la ley, el lobo y el perro; aunque en realidad sean dos caras de la misma moneda, dos personajes o mejor dicho uno solo ante la elección constante entre el bien y el mal. 

Y ésta es la vacilación que siente Javert cuando se asoma al puente sobre el Sena, decidido a suicidarse. Da igual lo que haga porque no conseguirá alcanzar la superioridad moral de Valjean. No creo que su férrea obsesión por la caza le haya vuelto loco; más bien al contrario, es su frustración por no conseguirlo, lo que en realidad le trastorna. De alguna manera sabe que, aunque alcance a Valjean, el criminal ya no existe y nunca le podrá encarcelar. Incapaz de superar su propio conflicto interior y aplicándose a sí mismo, inflexiblemente su propia ley, se lanza al río, escapando así de su fracaso:

“Percibía en las tinieblas el pavoroso salir de un sol moral desconocido para él, que le horrorizaba y le deslumbraba”.

En la película no lo hace, pero en el libro sí: antes de suicidarse, escribe sus últimas recomendaciones para mejorar el servicio carcelario. Esclavo de su creencia hasta el final.