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miércoles, 30 de diciembre de 2020

Novela: Zaragoza de los Episodios Nacionales. Galdós (1873)


El autor.-
Benito Pérez Galdós fue uno de los máximos exponentes de la novela realista en Europa. Aunque su obra fue tan extensa que puede dividirse en varias épocas con el denominador común de haber provisto a sus personajes de una gran profundidad psicológica. En los Episodios Nacionales la historia no sólo pertenece a reyes, militares y políticos, el pueblo llano también tiene su protagonismo. Otras obras suyas: Tristana, Fortunata y Jacinta, Misericordia. 

Mi opinión.-
Zaragoza es la sexta entrega de los Episodios Nacionales y su estilo narrativo es completamente diferente a Cánovas, el último de los Episodios, que ya he leído. Está íntegramente dedicada a narrar el segundo sitio dentro de la Guerra de la Independencia, que tuvo lugar entre enero y febrero de 1809. Un asedio terrible que, incluso el mariscal Lannes después de ver los destrozos en la ciudad, a los combatientes muertos y heridos y al resto de la población civil diezmada por las enfermedades y el hambre, dijo “Vencer así da pena”.

Y es que los zaragozanos y zaragozanas decidieron defenderse con uñas y dientes aunque su causa estuviera muy pronto perdida. La guerra se libró calle por calle, casa por casa, habitación por habitación y eso lo describe muy bien Galdós. Además, cuando se terminaban las hostilidades sobre la superficie, la guerra continuaba en los sótanos. Quedan huellas todavía en los sótanos del Albergue de Zaragoza, en la calle Predicadores, en La bóveda, actualmente una sala de música, y en otras localizaciones cercanas de una red de túneles que comunicaban todos los edificios.

En los diez primeros Episodios Nacionales el protagonista, el que ejerce de hilo conductor de la historia es Gabriel de Araceli. Llega a Zaragoza escapando de los franceses que ya han conseguido entrar en Madrid. Aquí, no le queda más remedio que enrolarse y defender la ciudad con toda la fuerza que puede.

Pero dentro de esta Gran historia, dentro de los asedios a los que se vio sometida la ciudad, Araceli encuentra también la pequeña historia de los habitantes de la ciudad. Especialmente, el drama se ceba en dos familias que rememoran la historia de Romeo y Julieta. Por una parte, los Candiola padre e hija y los Montoria padre e hijo. Ambas familias ricas, aunque de origen y trayectoria diferente.

El tío Candiola es un personaje difícil de entender. A veces resulta repulsivo. Codicioso y traidor, es la imagen de la cobardía y del interés. Desea que la ciudad caiga de una vez para poder hacer negocios con los franceses e, incluso, les ayuda a entrar por una de sus propiedades cercana a la muralla. La gente le insulta recordándole su origen “hijo de un mallorquín con sangre de judío” y varias veces Galdós le describe contando monedas, como un auténtico avaro. Sin embargo, su hija, Mariquilla es todo lo contrario. Sólo desea ayudar a los soldados y a la gente de Zaragoza. Está enamorada de Agustín Montoria.

Los Montoria también son ricos. Agustín, al ser el hijo menor, está destinado a ingresar en la Iglesia católica aunque al estallar la guerra es el primero en coger las armas y defender la ciudad. Su padre, el tío Montoria es todo lo contrario a Candiola. Aguerrido y valiente, brutal cuando dice “Hay hombres que sólo por perder pierna y media ya se acobardan…”.

Galdós introduce el habla popular y se documenta exhaustivamente para nombrar los lugares más emblemáticos donde se produjeron los encontronazos entre franceses y zaragozanos. Incluye también a personajes reales, como Casta Álvarez, una de las bravas mujeres que se merecen un post o el General Palafox, del que tengo pendiente leer alguna biografía y con el que comparto un apellido (¿Seremos familia? Me gusta pensar que sí.) Leer a Galdós siempre es muy recomendable. Siguiendo con la ocupación francesa de Zaragoza, voy a buscar algún libro que nos cuente algo sobre la vida de esos años y si es posible de algún autor francés. 

Aquí mi opinión sobre la Exposición de Galdós realizada en Febrero de 2020, antes de la pandemia, en la Biblioteca Nacional. Una verdadera lástima que tuviera que suspenderse.


Zaragoza
Episodios Nacionales
Benito Pérez Galdós

Club Internacional del Libro

miércoles, 12 de junio de 2019

Exposición: La Zaragoza Americana. Centro de Historias.


Casi 40 años estuvo en funcionamiento la Base Área Americana de Zaragoza. Fueron años de convivencia más o menos conflictiva. Ahora en el Centro de Historias de Zaragoza, hasta el 7 de julio, hay una exposición que recrea la vida cotidiana y la influencia de Estados Unidos y su cultura en Zaragoza. Como curiosidad hay que decir que los jóvenes zaragozanos fueron de los primeros en llevar cazadoras y gorras de béisbol.


En temporadas bastante largas la base llegó a tener unos 10.000 habitantes, sin contar con los trabajadores españoles. Era una ciudad pequeña con todos los servicios, incluida una emisora de radio que lanzaba música sin parar. Yo todavía recuerdo haberla sintonizado y su fanfarria característica, American Forces Radiooooooo! Sin olvidar tampoco la influencia en la literatura, en las maneras de relacionarnos y en el empeño constante en aprender inglés. 


Otras influencias fueron el deporte, principalmente el baloncesto, los helados y las relaciones que se establecieron entre los jóvenes militares y las chicas de Zaragoza. Yo recuerdo a una compañera de colegio que se casó con apenas 18 años con un militar estadounidense. No sé qué habrá sido de ella. Espero que le haya ido bien.


También tuve una vecina, amiga de la infancia, cuyo padre trabajaba en la base y que me daba lápices y bolígrafos, incluso un sacaminas típico americano de los de manivela. No sé qué pasó con este sacaminas pero sí que todavía conservo un lápiz de hace unos cuarenta años.


La convivencia no fue tan idílica. No hay que olvidar que Zaragoza se convirtió en objetivo para el entonces vigente Pacto de Varsovia. Por eso, cada vez más la población mostró su descontento. Yo estuve en algunas manifestaciones cuyo objetivo era cerrar la base. Al final se produjo este cierre, hace unos 25 años, pero para algunos de los jóvenes estadounidenses que vivieron allí su juventud quedó buen recuerdo. Me alegro por ellos. Aquí van algunas fotos de estos años de convivencia.







Unos se casaban allí y otros hacían cadenas humanas de rechazo.


La hamburguesería Nevada de la Plaza de San Francisco presume de haber sido la primera en servir hamburguesas al estilo americano, con la receta de un militar estadounidense.


miércoles, 27 de marzo de 2019

Visita cultural: El Patio de la Infanta (2019) con GozArte


El siglo XVI, aparte de tensiones políticas entre el antiguo reino de Aragón y el emperador Carlos V, supuso una época de esplendor para Zaragoza. Aunque la sociedad seguía siendo rural, agrícola y ganadera, se produjo también un enorme desarrollo del comercio. En esa época, Zaragoza también fue sede de la corte del emperador y este hecho hizo que numerosos intelectuales y artistas que acompañaban a Carlos V desde Centroeuropa desarrollasen sus actividades aquí. Pero Zaragoza también miraba hacia Italia importando las nuevas tendencias renacentistas. Esta riqueza sobrevenida quedó patente en la arquitectura de la ciudad, no sólo la religiosa, en forma de casas señoriales. Algunas de ellas han llegado a nuestros días y han sido reutilizadas principalmente con fines culturales.


No tuvo esa suerte la Casa Zaporta. Acabó derruida salvándose únicamente su Patio renacentista. Gabriel Zaporta fue uno de estos ricos comerciantes que supo aprovechar cualquier ocasión para encumbrar su linaje. Era un converso de origen judío que había visto a su familia desposeída de todas sus riquezas, juzgada y condenada; su padre fue quemado por la Inquisición. Cuando se trasladó de Monzón a Zaragoza se propuso rehabilitar su buen nombre y su fortuna. Y lo consiguió, llegando a ser un financiero y político muy respetado que además mantenía buenas relaciones con la Corona. Hasta el punto de prestar sustanciosas sumas de dinero a Carlos V para sus expediciones en el norte de África, siendo recompensado por ello con un título de nobleza. Así decía su esposa, Sabina Santángel, sólo hay dos linajes en el mundo, el tener y el no tener.


Ya no le faltaba nada. Zaporta quería dar testimonio de su buena fortuna y, para ello, decidió construir un palacio que fuese la envidia de toda la ciudad y que mostrase a todo el que pasase por delante de su puerta lo sólida que era su relación con el rey-emperador. Además aprovechó también para poner de manifiesto el amor que sintió por Sabina Santángel, su segunda esposa. Toda la casa fue su declaración de amor y, especialmente, el Patio que siglos más tarde se llamaría de la infanta. La casa se terminó en 1550, un año después de que los protagonistas se casaran, como así consta en el Patio.

la fecha
Estaba situada en la calle San Jorge que entonces se llamaba de las Botigas Fondas, muy cerca del teatro romano, cuyas ruinas todavía pueden visitarse. Se dice que parte de las columnas utilizadas en la construcción del Patio provenían de aquél. Arquitectura de aprovechamiento podríamos llamarla. Aunque más que de arquitectura el Patio sea un gran trabajo de escultura. Los 1700 m2 de edificio y jardines se organizaban alrededor de este famoso Patio. La casa tuvo una larga vida y después de este momento de esplendor en el siglo XVI, había sufrido muchas modificaciones y reutilizaciones. Sin embargo, el Patio sobrevivió a todos esos avatares y a algunos más.

Casa de la Infanta, dibujo de Vicente Velázquez sobre acuarela de Valentín Carderera 1850. Vista del Patio y de la escalinata de acceso a la parte noble de la casa con la techumbre de la cúpula mudéjar, lamentablemente desaparecida.


Finalmente, en 1793, María Teresa de Vallabriga, la Infanta, se trasladó a vivir allí. Teresa era una joven huérfana de la baja nobleza aragonesa. Se casó a los 16 años con el Infante Luis de Borbón, cincuentón, cardenal y casquivano, sexto hijo de Felipe V y hermano del rey Carlos III. Este matrimonio fue organizado por el propio rey pero con unas condiciones que, pasado el tiempo, resultaron humillantes para ella. Para evitar cualquier cuestionamiento para sus sucesores, Carlos III estableció que el matrimonio sería morganático, la pareja viviría fuera de la corte y sus hijos no podrían llevar ni el apellido Borbón ni tener ninguna pretensión al trono. Todas estas garantías se explican porque los hijos de Carlos III habían nacido fuera de España y según tradición de la Casa Real española no hubieran podido acceder al trono.

Teresa de Vallabriga y su hija, Teresa de Borbón y Vallabriga,
retratadas por Goya


Aunque parece que fue un matrimonio tormentoso, tuvieron tres hijos muy queridos. Por ello, cuando Teresa enviudó Carlos III no tuvo reparos en darle un nuevo golpe y dispuso que se separara de sus hijos para que éstos fueran educados adecuadamente. Desposeída de todo, sin el amor de sus hijos pero con una holgada renta vitalicia decidió volver a vivir en su ciudad natal. Alquiló entonces la casa Zaporta a sus propietarios, la familia Franco y López que ya no mantenían parentesco con los Zaporta. La casa ya no tenía el esplendor de antaño pero su Patio seguía siendo la envidia de toda la ciudad.

El Patio durante su estancia en París, como tienda de antigüedades

Poco les importaron a los zaragozanos, las condiciones que Carlos III había puesto al matrimonio de la pareja. Así que, desde que llegó a Zaragoza, Teresa fue considerada la Infanta viuda del Infante don Luis. Con tanta fuerza se impuso esta denominación que la Casa Zaporta pasó a llamarse la Casa de la Infanta. Y el Patio también. Al final de su vida, cuando su hija María Teresa de Borbón y Vallabriga ya estaba casada con el todopoderoso Godoy y había recuperado su apellido Borbón, Teresa se vio, en cierto sentido, rehabilitada aunque siguió sin ser legalmente considerada Infanta por la Casa Real.

En 1875
La casa siguió su vida propia. Tuvo otros muchos usos diferentes: academia de dibujo, tienda de pianos, edificio de viviendas. El Patio vivió todos esos usos pacientemente, aunque algunos de ellos supusieran un considerable deterioro. Incluso en 1871 se llevó a cabo una reforma para instalar el Casino Monárquico y Liberal y fue de las primeras casas que tuvo instalación de iluminación a gas en toda Zaragoza.



Otro detalle curioso sobre la Casa de la Infanta es que fue condecorada. En 1885, se declaró en Zaragoza una epidemia de cólera y se instaló en ella un centro asistencial. Por ello y por la actuación de sus ocupantes recibió del Ayuntamiento el título de “Muy Benéfica”. El 11 de septiembre de 1894 la casa se incendió y quedó en ruinas todo excepto el Patio. Ferdinand Schultz un anticuario francés lo compró por 17.000 pesetas en 1903 y se lo llevó a París desmontado en 131 cajas. Allí lo instaló como parte de su tienda de antigüedades en el número 25 del Quai Voltaire, frente al rio Sena. Duele ver las fotografías del Patio desmontado y de sus distintas piezas apiladas en el suelo, pero no se puede olvidar que fue como si viviera una segunda vida y, además, en París.

El patio desmontado, camino de París



La tercera vida del Patio comienza en 1957, cuando los herederos del señor Schultz deciden vender la tienda de antigüedades y el Patio con ella. La noticia de la venta salió en la prensa e Ibercaja, entonces Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja contactó con los propietarios para negociar su compra. Así volvió este Patio viajero a Zaragoza, a mostrar todo su esplendor aunque esta vez no sería instalado en una casa. Desde 1980, se puede visitar en la sede central de Ibercaja, en la calle San Ignacio de Loyola, y está destinado a uso cultural. En cierto sentido, volvió a tener la vida animada que había vivido con Teresa y sus amigos ilustrados. Conciertos, exposiciones y visitas. Esperemos que dure mucho tiempo ahí.

Cuando fue destinada a viviendas se aprovechó la galería superior, cerrando los espacios entre las columnas, para ganar más superficie. Fotografía de Charles Clifford, 1860

Las casas aragonesas de la época solían tener tres plantas. En la planta baja se instalaban las caballerizas, los criados y las dependencias de trabajo; la planta principal se destinaba a vivienda de la familia; y, la planta falsa o buhardilla era una especie de trastero-almacén-despensa-desván. Las fachadas eran de ladrillo y bajo un alero, generalmente, de madera, había una galería de arquillos gótico-mudéjares. Habitualmente, en las casas había un zaguán de entrada que comunicaba la calle con el patio interior, preservando así la intimidad de la casa. Pero en la Casa Zaporta no fue así.

Alzado de la Casa Zaporta con la ubicación del patio, la escalinata y la techumbre mudéjar
A la hora de diseñar la casa, se dispuso que, desde la entrada principal y con la puerta abierta, todo aquél que pasase por la calle pudiera  ver el lujoso patio. Zaporta, tesorero y prestamista de Carlos V, lo hizo así para exhibir su buena suerte después de la persecución que había sufrido su familia, para presumir de sus relaciones con el emperador y también para homenajearle (o hacerle la pelota). La efigie de Carlos V podía verse desde la misma calle pero la gloria era de Gabriel Zaporta.

Portada de acceso a la Casa Zaporta
El Patio es casi un cubo perfecto, 8,80 x 9,40 x 11,00 m de altura. Se utilizaron en su construcción alabastro, yeso endurecido y madera. La planta baja se apoya en 8 columnas excepcionales, dispuestas de una manera no arbitraria. Siete de ellas representan a los planetas que se conocían en la época y la octava representa el conocimiento, la filosofía o, de manera simbólica, la Torá. La sabiduría, lo que en el Renacimiento estaba por encima de todas las cosas aparece, aquí, en una esquina dominando el espacio del resto de columnas. Más adelante veremos algunas de ellas someramente.

El unicornio y detalle de las enjutas

Cada columna está compuesta por la unión de tres figuras; tienen sus brazos entrelazados o están unidas por los hombros y colocadas sobre un fuste estriado, parece ser de origen romano tal como he comentado antes, colocado sobre basa ática. Como detalle curioso se les ven los dedos de los pies aunque sus piernas hayan sido sustituidas por una profusa decoración. No sé si se les podrían llamar cariátides porque algunas de ellas representan a varones; pero tampoco sería correcto decir que son antropomorfas porque también hay mujeres representadas, ¿existirá el término ginecomorfas como representaciones con forma de mujer? No sé. Las columnas terminan en capiteles con zapatas, elemento característico de la arquitectura aragonesa que contribuyen a elevar la altura de la planta y están realizadas con yeso endurecido. Son figuras que adaptan su forma a la de la zapata, una de ellas visiblemente contorsionada, y que parecen interpretar los vicios y virtudes relacionados con los planetas representados en las columnas.

Detalle del friso de los amantes

Por encima de este nivel se encuentra un friso decorado con pequeños medallones también en yeso. Se cree que, originalmente, representaban a estas famosas parejas de amantes eternos (Dante y Beatrice o Abelardo y Eloísa) pero al no tener ningún atributo no es posible identificarlas. Además, durante el traslado a Francia se perdieron algunos de estos medallones y fueron sustituidos por otros, de manera que ya no se cumple la distribución original chico-chica.

Medallón de Carlos V
El siguiente nivel está constituido por otra serie de medallones mucho más grandes y realizados con mucho más detalle. En cada lado del Patio hay cuatro medallones y dos escenas relacionadas con la mitología clásica. En el lado principal, el que podía verse desde la calle, el medallón central se corresponde con una efigie del emperador Carlos. Es el único que puede identificarse por su nombre grabado en la espada; lleva también sombrero adornado con una pluma (como el resto de personajes del siglo XVI) y en su armadura puede verse el toisón de oro y el águila bicéfala imperial. En este mismo lado están representados Carlomagno, el emperador Maximiliano y el padre de Carlos V, Felipe el Hermoso.

Detalle del medallón de Carlos V, su nombre, el águila bicéfala y el toisón de oro

Frente a ellos, otro personaje fundamental en Aragón y su otro abuelo, Fernando el Católico. Los otros dos lados están dedicados a emperadores romanos, Trajano, Adriano y Marco Aurelio y a los grandes rivales de Carlos I, Enrique VIII y Francisco I. Francisco I es muy reconocible por su pose amanerada y porque es sabido que prefería llevar el pelo largo y, a veces, recogido con una redecilla que es perfectamente distinguible en el relieve.

Detalle de Francisco I y su redecilla

Puestos a demostrar su admiración por Carlos V, Zaporta no tuvo mejor idea que “emparentarlo” con Hércules. Por ello, completó la decoración de este nivel con escenas de los trabajos de Hércules, realizadas con un gran detalle. Podemos distinguir claramente los toros de Gerión, el león de Nemea, la hidra de Lerna.

Hércules y los toros de Gerión

Hércules y el león de Nemea

Ya he comentado que la casa fue un regalo de bodas y que el Patio también está inspirado por el amor hacia Sabina Santángel. Se incluyeron en el programa escultórico diversas representaciones del amor. En uno de estos relieves Cupido, está flanqueado por el amor terreno y el amor cristiano. Lleva su arco de flechas de amor, pero puede verse también la sombra del otro arco, el de las flechas del odio. El segundo panel representa a las Tres Gracias, Voluptas, Castitas y Pulchritudo o Eufrosine, Aglaya y Talía. Voluptuosidad, castidad y belleza.

Las Tres Gracias

El piso superior está formado por una galería de arcos de medio punto sobre esbeltas columnas también estriadas. Termina el Patio en un ancho alero de madera también tallada y donde podemos encontrar los retratos de los primitivos dueños. Gabriel Zaporta y Sabina Santángel parecen asomarse a su Patio desde la lejanía del siglo XVI.

Detalle del alero de madera. Sabina y Gabriel

Pero el Patio es algo más. Algunos piensan que se trataría de un microcosmos. La arquitectura del humanismo, que inspira toda la obra, considera a los edificios como una imagen del universo. No se trata de una visión esotérica sino de algo que ha podido comprobarse científicamente. El Patio de la Infanta representa un horóscopo, una fecha concreta.

Columna de Júpiter
La columna de Júpiter representa la justicia y está formada por tres figuras: Júpiter, Luna y Saturno. La columna de la Luna está situada bajo el unicornio, representada con tres mujeres jóvenes unidas por los hombros. Serían Artemisa, Selene y Perséfone, la tierra, la luna y el infierno. En la columna de Venus aparecen representados también Vulcano, su marido, y Marte, su amante. Y en la columna de Marte se repiten estos tres personajes con diferentes actitudes. Están unidos por los hombros con culebras. La columna de la sabiduría no tiene un nombre específico. Simplemente es la “columna”. Pero por los rollos que la adornan podría identificarse con la Torá, como ya se ha comentado. 

Columnas de Venus, Luna y Marte
El caso es que la disposición de las columnas alude a una fecha importante para los primeros moradores de la Casa Zaporta. El 3 de junio de 1549, a las 18 horas y 50 minutos, fecha de la boda de Gabriel y Sabina. No habría mejor monumento a su amor que esculpir en piedra un momento tan significativo. Magdalena Lasala rememoró en su novela La casa de los dioses de alabastro la historia de Sabina Santángel, una mujer renacentista entregada al estudio y la lectura.

La Columna de la sabiduría

Otros detalles del Patio de la Infanta









Los dedos de los pies


jueves, 27 de diciembre de 2018

Exposición: Pasión por Zaragoza. El reino de los sentidos. 2018


Los años que terminan en 18 parece que son de especial relevancia para la inmortal ciudad de Zaragoza. Si no viviéramos en una época que aspira a ser tan políticamente correcta, se hubiese conmemorado con mayores fastos la reconquista de la ciudad por parte de tropas cristianas, en 1118. No lo digo porque sea islamófoba, al revés. Admiro mucho la cultura árabe y la arabización de la península trajo momentos de esplendor y también decadencia por esto creo que debería de tener más relevancia en la educación de niños y jóvenes españoles, porque es parte constitutiva de nuestra historia. Tanto como lo fue la pertenencia al Imperio Romano.



No digo que tuviera que celebrarse con fiestas y orgullo cristiano-patrio, pero sí organizar congresos de historia, reproducir las condiciones de vida antes de 1118, hacer un repaso del incipiente reino de Aragón con ciudad principal en Jaca y también estudiar las alianzas con otros reinos y condados, como Castilla o Lérida, que contribuyeron a la reconquista. Palabra maldita últimamente.


Cerámica siglo XI


En fin, parece que para compensar se ha pensado esta exposición que, además, es la última de la trilogía dedicada a la historia de la construcción de la Zaragoza contemporánea. Con el hilo conductor del 18, se examinan brevemente acontecimientos que tuvieron lugar en años terminados en esos dígitos. Aunque, el año 1818 ha quedado fuera con la excusa de que ya se hizo una exposición dedicada exclusivamente a la invasión napoleónica, los sitios y la guerra de la independencia. No me parece lógico que se haya pasado por alto.


Detalle de la reproducción del olifante de Gaston de Bearne. 

En esta exposición, pues, se conmemoran ocho centenarios, grandes momentos para la ciudad y sus habitantes que han conformado la identidad que hoy compartimos con orgullo y también con decepción. No sólo se pueden ver obras de arte. Pintura y escultura, cerámica y tejidos se combinan también con vinilos en paredes y suelo que reproducen mapas y los modos de vida y que sirven de conductores para cada época. Pero también se llama el reino de los sentidos porque se han incorporado a la exposición la música, el tacto y también el olfato.


Reproducciones de El barranco de la muerte y de una torre de asalto

Sobre la vieja ciudad romanizada de origen ibero, Salduie, los romanos erigen Caesar Augusta, en el año 14 a.C, la única ciudad del imperio que ostentaba el nombre completo del emperador. Llegó a ser una ciudad importante para el imperio. Protegida en su lado norte por el río Ebro y circundada en los otros tres por una muralla de la que todavía quedan restos. Además de protección el río Ebro regaba las huertas junto con los ríos Huerva y Gállego. Una ciudad eminentemente comercial y con derecho a acuñar moneda propia.


Nuestra Señora de la Consolación y la Virgen del Ligallo


Después de la caída del imperio romano, los visigodos ocuparon la ciudad. En el año 472, el conde Gauterico incorporó la ciudad al reino de Toledo. Antes de esta sustitución, la ciudad ya era una referencia para los cristianos perseguidos. San Valero obispo había sido desterrado y Santa Engracia y los innumerables mártires también habían sucumbido. En el santuario de Santa Engracia existió una escuela y una gran biblioteca regida por San Braulio donde venían a estudiar prelados del reino de Toledo.

Libro Registro de las marcas y señales del ganado. Notario Martín Maza de Lizana, 1722



Pero también a los reinos visigodos les llegó su final y en 711 comenzó la invasión musulmana. Sólo en 15 años se había conquistado la mayor parte de la península. A Zaragoza llegaron en el 714. Saraqusta, Medina Albaida, la ciudad blanca se convierte entonces en capital de la provincia norte de al-Ándalus. Desde los Califatos omeyas de Damasco y Córdoba hasta la taifa independiente saraqustí del 1018, transcurrieron años convulsos. Mundir I fue el primer rey de Saraqusta y dio origen a la dinastía Tuyibi que en el año 1039 fue sustituida por la dinastía Hudi.


Fernando el Católico y detalles



La sala dedicada a la taifa está perfumada de azahar para recordar los naranjos que todavía hoy viven en el patio de Santa Isabel de la Aljafería y se pueden ver allí objetos de cerámica a la cuerda seca que no se habían expuesto hasta ahora.


Isabel la Católica y detalles



En 1118 se produjo la conquista cristiana de la ciudad (esa que deberíamos haber conmemorado este año). Los reyes de Aragón querían dominar el valle del Ebro y se buscaron como aliados para conseguirlo al rey de Castilla Alfonso VI y al vizconde Gastón de Bearne que terminará siendo el primer señor de la ciudad. Del vizconde puede verse en la exposición una réplica del olifante de marfil.


Busto relicario de Santa Engracia, 


En esta pequeña sala se ha reproducido en vinilo el cuadro de Agustín Salinas El barranco de la muerte, cuyo original puede verse en el Palacio de Sástago. Verse es mucho decir puesto que está en una zona bastante mal iluminada, si no fuese así podría apreciarse mejor. También hay una reproducción a escala de una torre de asalto como las utilizadas para la conquista de Jerusalén. Este cuadro siempre me ha impresionado por la frialdad y la desolación que representa. Se supone que el ejército cristiano ha vencido pero los soldados y el rey sólo muestran cansancio por tantas guerras. Muy interesante.


Benedicto XIII entre dos cardenales de la obediencia de Avignon. Siglo XV



En 1218, cincuenta años antes de la creación de la Mesta castellana, el rey Jaime I el Conquistador nombró un justicia con jurisdicción civil y criminal para dirimir los pleitos relacionados con la ganadería y que ha llegado hasta hoy en forma de fundación. Tenía horca propia; hoy, ya no. Se muestran en esta sala diversos documentos, uno de ellos con el sello de cera más antiguo que se conserva con la firma del rey, y también el trono donde se sentaba el justicia.


Nuestra Señora de Zaragoza la vieja, finales del siglo XIII


Nuestra Señora del Burnao, tercer cuarto del siglo XIV

Seguimos con el año 1318. Doscientos años después de su reconquista el obispado de Zaragoza se transformó en arzobispado a instancias del rey Jaime II. El 18 de julio de ese año mediante la Bula Romanus Pontifex se creó la provincia metropolitana de Zaragoza de la que dependían los obispados de Huesca, Jaca, Tarazona, Albarracín, Pamplona y Calahorra. Se pueden contemplar en esta sala los bustos relicarios de los principales patronos y santos de estas ciudades. Me quedo, sin dudarlo, con el busto de alabastro de Santa Engracia y el cáliz del Compromiso de Caspe.


Planta de los cimientos del Pilar. Felipe Sánchez, 1695

Hay también dos oleos de los reyes católicos, acompañados cada uno por uno de sus hijos y que pertenecen a la Iglesia de Santa María de los Corporales de Daroca. Estas dos tablas son preciosas por el detalle y el colorido con el que están realizados. Después damos un salto en el tiempo hasta llegar a 1518 (se ve que en 1418 no pasó nada reseñable). En 1518, Carlos I fue jurado como rey de Aragón en La Seo, siendo ungido por el arzobispo de Zaragoza. Sería el último de los reyes españoles en seguir esta tradición.


Réplica de uno de los leones del Puente de Piedra.


La pieza estrella de la exposición, desde mi punto de vista, es un cuadro que representa a Benedicto XIII, el papa-antipapa Luna, entre dos cardenales de la obediencia de Avignon que está en restauración y que, antes, era identificado como San Pedro. También son muy interesantes las tallas de las vírgenes románicas y góticas, especialmente la de Nuestra Señora de la Consolación, de principios del siglo XIII, virgen de la capilla de Jaime I. Tiene una expresión tan dulce y risueña que mirarla produce felicidad. Nada que ver con la desdeñosa expresión de la Virgen del ligallo de la primera mitad del siglo XVI. También está la virgen del Burnao de Jaca o Nuestra Señora de Zaragoza la Vieja. Se exponen también los Estatutos Fundacionales de la Universidad de Zaragoza, creada en 1618 y un plano original con los cimientos de la basílica del Pilar erigida en 1718, pero nada de 1818.


Blasón de Zaragoza, 1520

Darío Siserol y Agustín Serra se han ocupado de recrear los olores y paisajes sonoros de cada una de las épocas y para animar el sentido del tacto se han dispuesto unas cajas con diferentes objetos dentro que pueden identificarse fácilmente. Para no perdérsela porque además tiene programadas muchas actividades para niños y adolescentes.


La ciudad de Çaragoça, 1592
Francisco Miranda


Pasión por Zaragoza. El reino de los sentidos
Patio de la Infanta. C/ San Ignacio de Loyola 16, Zaragoza. 
Hasta el 29 de enero de 2019