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jueves, 7 de julio de 2016

Cine: Yerma de Pilar Távora (1998)

Después del éxito de La novia de Paula Ortiz, basada en Bodas de Sangre de Lorca, he aprovechado para volver a ver Yerma, también adaptada al cine por otra mujer, Pilar Távora en 1998. La principal diferencia es que La novia es una recreación aunque respetando el texto, una interpretación de la tragedia de Lorca y en Yerma, y Pilar Távora tuvo más en cuenta la literalidad de la tragedia. 

Yerma (Aitana Sánchez Gijón) es una joven casada que sólo desea tener hijos. Para ella, los hijos son el trabajo de la mujer y la alegría de su casa y no tenerlos es el mayor fracaso. Sin ellos una mujer no es nada. Quiere a su marido y se entrega a él con la esperanza de ser fértil. Cada año que pasa Yerma se consume en su infertilidad. La vieja pagana, interpretada por Irene Papas, le hace sospechar que, en realidad, es su marido (Juan Diego) el causante de la infertilidad. 



Pero el sentido de la lealtad y la honradez de Yerma le impiden recurrir a otro hombre, aunque en el pueblo comienzan a correr rumores. También los espectadores sabemos que el marido es el estéril. Tiene poco interés en Yerma, es un hombre amargado y consumido. Es un hombre cobarde que sabe pero no quiere confesar.



Con el paso de los años, sin embargo, vemos que Yerma sigue exigiendo a su marido unas relaciones que él no quiere tener. Le reprocha el poco uso que hace de las sábanas, Cada noche, cuando me acuesto, encuentro mi cama más nueva, más reluciente, como si estuviera recién traída de la ciudad. Y lo único que se le ocurre a él es ponerle a Yerma, como guardianas, a sus hermanas solteras. Tan resecas como él.



La naturaleza apasionada de Yerma se consume en su amargura. Pero es una mujer valiente que no duda en recurrir a cualquier remedio para conseguir a su hijo, aunque sea un hijo para sufrir. Acude a las conjuradoras del pueblo, para despertar con antiguos ritos en un cementerio, su fertilidad. Pero tampoco resulta. Cada vez Yerma está más triste y más amargada, más alienada y homicida. Para intentar alegrarla, su marido le ofrece ir a la romería del santo. Allí se consumará la tragedia.   



A pesar de las buenas interpretaciones, esta película resulta muy fría. Mantiene un excesivo realismo que debería haber compensado mejor con las escenas oníricas. Lorca escribió tres poemas trágicos sobre mujeres andaluzas violentadas, Bodas de Sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. Pero en esta adaptación el lirismo del texto se ha perdido; supongo que en favor del lirismo de las imágenes, pero aun así no es suficiente. 



Dirección y Guion: Pilar Távora (Federico García Lorca) 
Música: Vicente Sanchís
Fotografía: Acacio de Almeida
Intérpretes: Aitana Sánchez-Gijón, Juan Diego, Irene Papas, María Galiana

lunes, 16 de noviembre de 2015

Ensayo: A favor de los toros de Jesús Mosterín (2010)

El autor.-
Es un filósofo español nacido en 1941. Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Barcelona y miembro de algunos institutos y academias internacionales. Es especialista en filosofía analítica y en el estudio del lenguaje. También es pionero en la filosofía de la biología y en la reflexión de la relación entre animales humanos y no humanos, lo que constituiría una filosofía de la animalidad. Muy comprometido en la abolición de las corridas de toros. Otras obras suyas son: El triunfo de la compasión. Nuestra relación con los otros animales, Ciencia, filosofía y racionalidad, El islam: historia del pensamiento, Los cristianos: historia del pensamiento, China: historia del pensamiento. 

Mi opinión.-
Nunca me ha gustado la fiesta de los toros. Sólo he ido una vez en mi vida. Me parece un espectáculo retrógrado y considero que, en el siglo XXI, nadie debería divertirse con él. Mi postura queda así muy clara; Jesús Mosterín también mantiene una postura muy clara en contra de la fiesta de los toros y a favor de los toros.

Yo no necesitaba que me convenciera para ser antitaurina, pero sí que me ha facilitado argumentos contra la barbarie taurina que yo no conocía ni podía imaginar. Sí que creía, erróneamente, que el toro es un animal feroz. Sin embargo, Mosterín demuestra que es un rumiante que sólo muestra su rapidez para huir. Pero entonces, cuando sale a la plaza con esa furia, ¿por qué lo hace? Muy claro, porque ha sido picado con la divisa y sale huyendo despavorido por la única puerta que ve. Los taurinos afirman que es un animal bravo de 500 kilos que utiliza su inteligencia para intentar matar al valiente torero. En realidad, el torero se enfrenta a un toro debilitado por la tortura: los puyazos del picador y las banderillas duran entre 10-15 minutos cada tercio. Así que después de unos 30 minutos de tortura el torero ya puede terminar la faena. Además, si el toro (pacífico por naturaleza) no embiste todavía es más torturado para que el torero se pueda lucir. 
Puyas de entre 10-15 cm para hundirlas en el toro, cerca de su columna vertebral

Este libro suyo, sin embargo, creo que no convencerá a ningún taurino de que su divertimento es una muestra de barbarie, abuso y violencia. Se trata de una colección de artículos publicados en prensa y en otros libros por el autor. En la introducción él lo advierte y avisa de que pueden existir argumentos e información repetidos, pero aun así ha querido mantenerlos para reafirmar la labor pedagógica del libro. Digo que no convencerá a ningún taurino porque no quieren dejarse convencer. Después de leer el libro me reafirmo en que la única justificación de la barbarie taurina es que a ciertos hombres les gusta matar y algunos hombres y mujeres les gusta ver cómo se mata. Todos los argumentos de los taurinos se dirigen a enmascarar esta realidad. Ese placer en la tortura y la muerte de un ser vivo no podrá ser rebatido por ningún argumento histórico, cultural, ético o económico, por más que Mosterín los exponga con habilidad y buen juicio.


Comienza demostrando que los toros son seres vivos que sufren y que divertirse con su sufrimiento no es ético. Que se trata de rumiantes pacíficos, provocados para atacar; pero a los taurinos les da igual. Da argumentos históricos sobre la existencia de otros espectáculos basados en el sufrimiento de los animales dispersos por toda Europa y abolidos (paulatinamente) a partir de la Ilustración del siglo XVIII; pero a los taurinos les da igual. Cuando recurre a analizar el sentido de la cultura y la tradición, como instituciones que pueden cambiar y que no son sagradas; a los taurinos también les da igual. También cuestiona su origen popular porque la verdad es que torturar y matar a un toro era privilegio que los nobles realizaban a caballo, ayudados por siervos a pie. Ese es el “origen popular”, el entretenimiento para señoritos ociosos, borrachos de vino y sangre. Y respecto a los argumentos económicos, basados en que estos espectáculos sobreviven por estar subvencionados públicamente con los impuestos de todos los españoles, Mosterín tampoco tiene mejor suerte.



Ahora los taurinos empiezan a sentirse acorralados y esto hará que en un futuro muy próximo se reorganicen para contraatacar. Ya han salido artículos en prensa, “demostrando” que las corridas de toros son buen un negocio: crean puestos de trabajo y generan ingresos suficientes para mantenerse y mantener otros negocios complementarios. Los taurinos constituyen un grupo de presión muy sólido y no sé por qué. Se tardarán muchos años en terminar con esta barbarie, pero algún día será. Poco a poco, pero sin retroceder.  


A favor de los toros
Jesús Mosterín

Ed Laetoli