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jueves, 9 de septiembre de 2021

Exposición: Emilia Pardo Bazán. El reto de la modernidad. Biblioteca Nacional (2021)

Una buena exposición en la Biblioteca Nacional para dar a conocer y reforzar el conocimiento de figuras históricas vinculadas al siglo XIX y principios del XX. Ejemplos de estas exposiciones han sido la dedicada a Manuel Azaña o Concepción Arenal, Pérez Galdós o Valentín Carderera. Ahora hasta el 26 de septiembre se puede visitar la exposición sobre Emilia Pardo Bazán. El reto de la modernidad. 

Yo, que soy de la generación de la EGB, ya había estudiado a la Pardo Bazán en literatura como una de las grandes escritoras del siglo XIX pero, últimamente, parece que se ha retomado un proceso para darla a conocer al gran público y sobre todo para dar a conocer sus, a veces, contradictorias dimensiones. Y eso me parece muy bien. Además, también sirve para dar otra visión del siglo XIX español que siempre queda como una época casposa, rancia y con olor a naftalina. Una visión en la que España no es tan inculta, ni tan tradicional, ni tan catolicorra. Una visión europeísta, liberal, feminista y expectante ante la idea del progreso.

La Pardo Bazán, hay que nombrarla así, como la diva que fue en su momento, era una mujer moderna, culta, viajera y que, además, decidió y consiguió vivir de su oficio de escritora. Un personaje público que rompía moldes: demasiado estudiosa para ser mujer; demasiado libre para ser católica; demasiado conservadora para los progresistas; demasiado liberal para los conservadores; demasiado feminista y demasiado aristócrata; demasiado española para los gallegos y demasiado gallega para los madrileños. Una persona controvertida. Una radical feminista que no era condescendiente con las mujeres. Estaba convencida de que las mujeres debían ser valoradas como sujetos individuales y las literatas debían exponer su trabajo a la crítica con los mismos derechos y oportunidades que los hombres. Para ella los hombres minusvaloraban a las mujeres y pretendían ridiculizarlas o “… después ponen a la mujer, a guisa de ajorcas, las esposas y los grillos (de oro, si quieren ustedes)”, pero al fin y al cabo esposas y grillos.  

Exploró todos los géneros literarios. Desde la crónica y corresponsalía de prensa hasta los cuentos en los que abordaba la violencia de género (un siglo antes de que se acuñase ese término). También fue catedrática de literatura y se le negó la pertenencia a la RAE. No fue nada remilgada ni en su vida ni en su literatura pero tampoco practicó el escándalo por el escándalo. Simplemente era vitalista, apasionada y curiosa hasta las últimas consecuencias en una época en la que viajar a París, a entrevistarse con Émile Zola y Victor Hugo fue calificado por su propia madre como una “gravísima imprudencia”.

Consiguió una gran celebridad en su tiempo y por ello también fue sometida a burlas y caricaturas que se cebaban en su vida privada y que también trataban de dañar su trabajo literario. Se casó a los 16 años, tuvo un hijo y dos hijas a los que amamantó (escandalizando a su familia), se separó cordialmente de su marido y posteriormente mantuvo una activa vida amorosa con personas conocidos y entre ellos con Benito Pérez Galdós. Sin embargo para algunos era “Trasto viejo de desván, envuelta en polvo de rosas, mala madre, mala esposa, eso es la Pardo Bazán”. Nadie recuerda al ocurrente autor de este chascarrillo y supongo que será por haber sido tan cobarde que nunca llegó a reconocer su autoría.

En su novela La Tribuna, que leí hace unos años, la Pardo Bazán puso como protagonista a una mujer obrera. Fue la primera autora (y autor) que lo hizo. Además sus protagonistas, aunque hayan desafiado al orden social, no sufren el destino cruel que otros escritores del siglo XIX dan a las suyas. Estoy pensando en Emma Bovary o en Anna Karénina, Thérèse Desqueyroux o Nana. Mujeres, todas ellas, que se dejan embaucar por un amor ilícito y lo pagan con su vida. Fue una pionera también en el análisis de las emociones y en Los pazos de Ulloa se recrea en un mundo rural brutal, endogámico e incestuoso. En fin, una exposición muy interesante que va acompañada también de un catálogo muy completo.





jueves, 15 de julio de 2021

Exposición de Fotografía: Ricardo Compairé. Registro de un tiempo


Ricardo Compairé es uno de los fotógrafos clásicos más reconocidos de Aragón y esta no es la única exposición que se ha hecho de su obra. Nació en Villanúa, Huesca, en 1883 y allí desarrolló su carrera como farmacéutico (se licenció en Barcelona pero decidió volver a su Pirineo) y su pasión como fotógrafo. Trataba de dejar constancia en imágenes de una vida que ya se estaba perdiendo y también fue pionero en cuidar del turismo que iba desarrollándose y que en aquel momento se llamaba “excursionismo”. Los turistas buscaban bellezas naturales y arqueológicas en el Alto Aragón. 

Vivió en varias poblaciones principales del Pirineo de Huesca hasta que se estableció en Hecho, donde quedaba todavía muestras de la persistencia de un modo de vida antiguo (en los años 1970, todavía uno de los habitantes vestía diariamente su traje tradicional) y se puso a documentarla para evitar que se perdiera. Fue un gran documentalista de su época. Una época en la que se produjo el resurgir de la identidad regionalista y de un ideario de regeneración que debía de pasar por la vuelta a la naturaleza y a las raíces (que, por otra parte, tan peligroso resultó después).

Así queda en sus fotografías el tiempo pasado y nos produce una gran ternura porque los que tenemos ya cierta edad todavía hemos visto en directo algo de lo que se muestra en esta exposición. Aunque haya sido, únicamente, en las vacaciones de verano de infancia, podemos recordar los trajes de fiesta de las ansotanas pero también los trajes de faena de las mujeres que vestían como mis abuelas. Pocas cosas subsisten ya en la práctica aparte de los paisajes que siguen enmarcando la vida y la realidad de quienes por allí pasan.

Del pastoreo y de los oficios tradicionales ya nada queda; la industria del turismo, principalmente, los ha ido sustituyendo. Y eso es lo que él decía y dejó escrito: los paisajes pueden volver a retratarse pero los personajes, los modos de vida, los utensilios y las herramientas desaparecen en el tiempo.

Llama la atención en esta exposición los retratos de mujeres jóvenes engalanadas para la ocasión y de hombres viejos, con los blusones llenos de remiendos. Como si la emigración ya estuviera haciendo sus estragos y los hombres jóvenes hubiesen decidido, más o menos voluntariamente, huir de las penurias y de las duras condiciones de vida. También experimentó con la fotografía estereoscópica, aunque en esta exposición no haya ninguna, y filmó cortos.

Como fotógrafo da muestras de su calidad y del dominio de la técnica. Utilizaba cámaras plegables y que podrían desplazar su foco para encuadrar correctamente una imagen. Teniendo en cuenta que eran cámaras de placas y que tenía que utilizar un trípode porque las emulsiones fotográficas eran muy lentas, se entiende que su fotografía fuese muy reflexiva, muy pensada, de desarrollo muy lento. En la que trataba de alcanzar la profundidad de las cosas y, especialmente, de las personas a través de una utilización compleja de la luz, de los contraluces y de los encuadres.

Los tableaux vivants protagonizados por las mujeres que desempeñan tareas en otro tiempo habituales pero que en ese momento ya estaban desfasadas, destacan por su frescura y por la espontaneidad del posado, aunque exista un verdadero, y a veces, arriesgado trabajo de composición y encuadre por parte de Compairé. Y es que hay que tener en cuenta que cuando él toma estas fotografías de gentes con ropajes tradicionales o sus herramientas y escenas populares o modos de vida peculiares, éstos ya son de otro tiempo. Son recreaciones en las que se implica todo el pueblo para que él las documente en imágenes surgidas de procesos químicos. Me gustaría saber si los descendientes de esos fotografiados todavía conservan esos trajes y si siguen viviendo allí.

También estuvo muy implicado en la vida cultural de Huesca. En la última farmacia que regentó (y que sus descendientes siguen llevando) situada en la calle Padre Huesca 4 de Huesca, creó una sección de fotografía en la que daba cursos gratuitos y patrocinando un concurso fotográfico periódicamente. Todo para desarrollar la afición al arte fotográfico. Algo que hay que agradecer y resaltar de esta exposición es la presencia de copias de autor, que siempre se encargaba de fabricar sus propios marcos de madera, teñidos con permanganato potásico y oxidados al sol. Ese era el nivel de perfección que Compairé exigía a su ocupación como fotógrafo. Y estas copias de la época, que no siempre se facilitan en las exposiciones, son las que potencian la emoción de contemplar unas imágenes que el propio fotógrafo creó, hace casi 100 años. Un puente entre épocas.

Murió en 1965 y su archivo de 4000 fotografías fue adquirido en 1989 por la Diputación Provincial de Huesca, encargada desde entonces de su difusión a través de grandes exposiciones. Hasta el 18 de septiembre de 2021, se puede pasear el Alto Aragón de principios de siglo en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.


Algunas fotos que pueden contemplarse en la Exposición. 




Mujeres jóvenes y hombres viejos




Las escenas o tableaux vivants. En la de abajo puede verse la poderosa diagonal que dibujan las miradas del chico de la izquierda y de la chica que está en el balcón a la derecha, ¿no? Una imagen perfectamente equilibrada


Siluetas, contraluces, composiciones geométricas que destacan por su ritmo. Un gran fotógrafo.





Una vida para el recuerdo. Y abajo la dificultad de fotografiar un pequeño rebaño de ovejas que casi pasa desapercibido en un paisaje abrumador. 



jueves, 20 de febrero de 2020

Exposiciones en la Biblioteca Nacional. Invierno 2020 (Madrid)

Este invierno hay tres exposiciones muy interesantes en la Biblioteca Nacional. Empezaré por la de Benito Pérez Galdós. La verdad humana, ya que se ha declarado el año 2020 como Año Galdosiano, aprovechando el centenario de su muerte. Dice el catálogo, magníficamente editado, que Galdós intentó superar las dualidades que regían la vida humana desde el Renacimiento: razón y corazón, sentimiento y emociones, para crear una nueva realidad para un mundo y una sociedad, la española, embarcada en una comprometida transformación.

Retrato de 1860
Recientemente, también he leído una entrevista a Almudena Grandes, resaltando la figura de este escritor que, a temporadas, no ha sido muy bien considerado. A mí, su novela Fortunatay Jacinta, me parece la mejor novela occidental del siglo XIX, aunque algunos consideren que Galdós era un antifeminista. Los personajes son de carne y hueso, sufren la irrupción en sus vidas de un hombre-niño y mantienen una cierta sororidad entre ellas. Además, fue un analista político muy lúcido y fue el primer en sostener que las Guerras Carlistas, desarrolladas y potenciadas por el País Vasco y Cataluña principalmente, tuvieron y tienen una gran trascendencia política.

El manuscrito original de Trafalgar y su estuche


A estas alturas del siglo XXI, nadie cree que los nacionalismos periféricos vengan a traer algo de modernidad. Son intereses, muy bien camuflados, de burgueses que quieren más y con su codicia intentan seguir retrasando el desarrollo de las demás comunidades autónomas para no perder su ventaja comparativa. No hay que olvidar que la industrialización de uno y otra es el origen de la España vaciada.

Ilustraciones para los Episodios Nacionales

En las distintas salas se exponen fotografías, documentos, incluso una factura de un hotel en Wiesbaden (Galdós fue un gran cosmopolita); manuscritos de sus célebres Episodios Nacionales, la historia de España novelada como no se ha hecho en ningún otro país de Europa. Republicano liberal, heterodoxo que sabía resaltar como nadie la influencia del catolicismo más rancio y más intolerante y que fue muy criticado por ello. Pintor, fotógrafo y periodista, parece que nada se escapaba a su curiosidad. Político, se exhibe también en la exposición la Certificación expedida por los secretarios del Congreso de la promesa de su cargo como Diputado elegido por Madrid. Una exposición muy recomendable.

Un dibujo de Zaragoza, con el Pilar sin torres.

Su paraíso

La siguiente exposición está dedicada a Valentín Carderera. Fue un viajero, ilustrador y pintor de cámara de la reina Isabel II que había nacido en Huesca. También trabajó como delineador del ejército y, por eso, se exhibe un pasaporte que el mismo General Palafox le expidió para que viajara por el Pirineo. En este pasaporte constan los Auxilios a los que tenía derecho: dos raciones de pan, dos raciones de cebada, dos raciones de paja, supongo que estas dos últimas serían para su caballo. En el encabezamiento figuran todos los apellidos y cargos de Palafox, nada menos que once líneas y de los trece apellidos que constan, ¡ohhhhhhhh!, compartimos uno.



También dejó constancia de la ruina de algunos monumentos. Y protestó vivamente por ello en varios artículos de prensa: ¡Así convertimos el oro en polvo! ¿Por qué la nación ha de renunciar a estas preciosidades que con el tiempo nos pueden atraer tesoros? ¿No vemos que todas estas obras son también trofeos y muy grandes testimonios del genio español? Lo dejó escrito en 1840. Carderera y el genio romántico.

La reina de Aragón doña Sancha de Castilla, fundadora del Monasterio de Sigena

Religiosa clarisa de Calatayud
Hay otras dos exposiciones relacionadas con la política. Los dibujos originales de Forges sobre la Constitución de 1978, publicados por El País y la otra dedicada a El exilio republicano. 80 años después.


La exposición sobre El exilio republicano también parte de una conmemoración. Ya hace 80 años que la caída de Barcelona, en enero de 1939, precipitó la retirada del gobierno republicano. Era invierno y la gente estaba agotada por el hambre, el sufrimiento y la desesperanza. Trataban de cruzar la frontera francesa, aunque allí les esperaba un campo de internamiento en condiciones penosas y un largo exilio. Mi familia estuvo allí.


Hay muchos documentos, cartas en las que solicitaban auxilio, pasaportes para poder circular por Francia. Las vidas se quedaban desgajadas y nunca se podrían retomar en el punto en que se encontraron en Perthus. Algunos libros que se publicaron poco después y el testimonio de Federica Montseny: Arrojados de nuestros hogares, arrojados de nuestro país, arrancados a nuestra tierra, jamás volverá a existir hogar, patria ni reposo para nosotros. Lo escribió en 1949, diez años después. 


lunes, 10 de febrero de 2020

Exposición de Pintura: De Rubens a Van Dyck. La pintura flamenca en la Colección Gestenmeier. Museo Goya.

Hans Rudolf Gestenmaier se instaló en España en 1962 y, considerando, que el coleccionismo es algo innato en el ser humano, como él mismo dice, empezó a dar rienda suelta a su instinto basándose, únicamente, en la belleza. En lo que él consideraba bello. Así, a través de su participación en subastas, ha creado una colección que destaca especialmente en pintura flamenca, desde el siglo XV al XVIII. Una vez retirado de sus negocios ha seguido acrecentando su colección y también ha decidido compartirla y exponerla en diversos museos del mundo, especialmente, en provincias españolas.


Parte de esta colección, De Rubens a Van Dyck. La pintura flamenca en la Colección Gestenmaier, se puede ver en el Museo Goya de Zaragoza hasta el 16 de febrero. Quedan ya pocos días para que acabe. Además, hasta el 12 de enero se pudo contemplar en el Museo del Prado, la donación de once obras que el señor Gestenmaier ha hecho, de pinturas de los siglos XIX y XX. Obras de Zuloaga o Anglada-Camarasa. No creo que se produzca una nueva donación a favor del Museo Goya de Zaragoza, pero podía considerarse la posibilidad de dejar alguna de estas obras en depósito.


Tríptico de la Resurección. Anónimo hispano-flamenco

Son principalmente pinturas al óleo y también algunos grabados. Las pinturas destacan por la viveza de sus colores que se trasmite a cualquiera de las temáticas utilizadas por los pintores. Ya sea pintura religiosa, mitológica retrato o paisaje, aunque especialmente estos brillantes colores se aprecian mejor en los bodegones y los cuadros de flores.  



Calvario. Adriaen Thomasz Key


Los cuadros de flores fueron muy populares a partir del siglo XVI, debido a la importación de plantas y, también, de animales exóticos de Asia y principalmente América. A mí nunca me habían gustado este tipo de cuadros, pero cada vez los aprecio más. Además, se combinaba la profusión de flores en guirnaldas con escenas religiosas y solemnes, recreando el misterio del paraíso o del jardín del Edén.

Guirnalda y Virgen con niño. Jan Brueghel el joven. 


Los pintores flamencos también fueron muy prolíficos en cuanto al grabado. Y es que, éste ofrecía la posibilidad de democratizar el noble arte del retrato y ponerlo a disposición de grupos sociales no tan económicamente solventes como la alta burguesía, la nobleza o la realeza. Exposición muy recomendable y quedan muy pocos días para verla. 


Jarrón de flores y guirnalda de frutas. Gaspar Pedro Verbruggen II





Venus, Baco y Ceres. Hendrick Goltzius



Naturaleza muerta. Detalles. Jan Van Kessel el viejo 



Mi cuadro favorito de esta exposición. Jarrón de jardín con flores de 
Gaspar Pedro Verbruggen II. 




lunes, 3 de febrero de 2020

Exposición: Los impresionistas y la fotografía. Museo Thyssen Madrid. Invierno 2020


La fotografía supuso una gran liberación para la pintura. Desde que se inventó ya no era necesario que la pintura fuese figurativa y reflejase con realismo la vida. Además, fue utilizada también para captar la luz y a los modelos en muy variadas situaciones de manera más rápida y fiable que unos bocetos tomados apresuradamente del natural.

Vista desde el Trocadero. Morisot


Aunque fuese una fotografía laboriosa y un poco tosca detenía el tiempo y captaba juegos de luces que hubiera sido imposible percibir sin ella. Los impresionistas la utilizaron con profusión. También la pintura influyó en la fotografía: los temas, los encuadres y la iluminación básica fueron los utilizados tradicionalmente por la pintura.

En la terraza de Sevres. Marie Braquemonde


La joven se muestra muy aburrida con su pretendiente, que tendría una edad más conveniente para su madre, que nos observa desde la experiencia. No se aprecia pero se ha quitado las gafas para no ver la realidad. 

Charles Marville

Esta exposición está estructurada en nueve ámbitos. Desde el bosque, que parece habitado por las hadas, hasta la ciudad, el retrato o el cuerpo en movimiento. El campo, el agua, la ciudad y los monumentos también tienen su espacio. En realidad, está todo aquéllo que entusiasmaba a los burgueses.

Reunión familiar. Bazille

El mar y sus reflejos también fue un recurso habitual. Las tempestades y el mar como amenaza y también como paso del tiempo y antesala del abismo. El campo, por el contrario, era un escenario de fiesta y relajación, donde hombres y mujeres podían cortejarse y disfrutar del aire libre.

Piraguas. Caillebotte

La fotografía y la pintura también se utilizaron para documentar. Hubo una ingente tarea para reflejar fidedignamente los monumentos históricos y utilizar esas fotografías traspasadas a pintura para liberar los juegos de luces en la piedra. Y también se tuvo en cuenta el progreso y las nuevas construcciones. Puentes, estaciones de ferrocarril, fábricas. Todo lo que conduciría hacia un futuro mejor. Se reflejaba de esta manera la era de la industrialización, que después tendría graves repercusiones en la vida de los obreros.

El valle del Huisne. Camille Silvy


Atardecer en Moret. Alfred Sisley
Las primeras fotografías de las ciudades son de los tejados. Los fotógrafos subían a las terrazas con los pesados aparatos y los trípodes y allí estaban horas y horas, pasando frío y pasando calor. Las grandes avenidas y los bulevares eran los bosques urbanos. Fotografiados y pintados con grandes puntos de fuga.

Fotografía de Olympe Aguado

El retrato es, por antonomasia, la seña de identidad del burgués enriquecido. Las damas emperifolladas se dejaban fotografiar y pintar con sus mejores galas. Llenas de lazos, puntillas, volantes, polisones y crinolinas. Los sombreros eran un mundo. Y los caballeros se encargaban de mostrar, con toda la opulencia que pudieran, su buena suerte en los negocios. El cuerpo y, sobre todo, el cuerpo en movimiento fue otro de los temas preferidos y ocasión para mostrar la desnudez y la perfección del diseño humano. Una exposición que no se puede perder. Ya quedan pocos días para que cierre.


Muybridge


Ruán. Monet y Aquille Quinet