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miércoles, 20 de abril de 2022

Novela: Estado del malestar de Nina Lykke (2019)

La autora.-
Nina Lykke es una de las escritoras noruegas actuales más importantes. Su primera obra se publicó en 2010 y desde entonces ha obtenido el reconocimiento unánime de la crítica hasta conseguir en 2019 el Premio Brage por Estado del malestar, galardón literario más importante en Noruega. Otras obras suyas que todavía no han sido traducidas al castellano: Orgía y otras historias, Descomposición, No, cien veces no. 

Mi opinión.-
Me ha encantado esta novela que, en cierto sentido, recuerda a Despojos de Rachel Cusk, sobre todo por su capacidad de autoanálisis crítico, tanto individual como colectivo. Desde luego, la sociedad noruega no sale muy bien parada.

Podíamos decir que hay tres esferas narrativas interconectadas. En primer lugar, Elin es médica de atención primaria y describe su trabajo minuciosamente haciendo especial hincapié en las visitas de algunos de sus pacientes que creo que podríamos empezar a llamarlos im-pacientes. Hombres y mujeres de todas las edades y con todo tipo de malestares, a veces ñoños y a veces justificados, pero que tienen algo en común. Creen que han venido a vivir al mundo de PinyPon, donde todo debería ser perfecto. Los calvos no entienden por qué son calvos y no reciben bien las explicaciones por parte de la médica; los gordos no quieren ser gordos pero tampoco quieren dejar de comer o hacer más ejercicio y no quieren tampoco que una simple médica se lo recuerde; y los incel, los que no ligan y van al médico para que les derive a un psicólogo, a quien tratarán de convencer de que las mujeres guapas se equivocan al no querer ligar con ellos (egolatría machista, podríamos llamar a este síntoma). También están los que no se duchan y huelen mal o los que no quieren superar sus malestares sino que alguien les haga casito durante un rato. En fin, pasan por su consulta toda una galería de personajes insatisfechos y poco dados a la frustración, que prefieren un pastillazo a tomar decisiones drásticas con su vida, como divorciarse o afiliarse a un sindicato si tienen problemas laborales y que son incapaces de agradecer haber nacido en un país europeo, con un alto grado de bienestar y en tiempo de paz. Y ella es implacable con estos im-pacientes. Yo también lo sería.

Después nos enfrentamos a la crítica de un modelo social escrupulosamente buenista progre y rotundamente artificioso y ortopédico para el que la autora tampoco ahorra comentarios mordaces e, incluso, ofensivos. Elin vive en Grenda, un barrio de clase alta y media-alta, con jardines puntualmente desaliñados, una cierta pasión por los superalimentos, el deporte no profesional y la aceptación de las diversidades más diversas. Donde todas las minorías son bienvenidas, respetadas y admiradas y donde, únicamente, los noruegos blancos y de clase media o que no muestren un grado aceptable de inclusión y tolerancia puedan ser ridiculizados, criticados y arrinconados. No olvidemos que en 2016 (creo) un colegio noruego prohibió cantar villancicos en Navidad para no ofender a los no cristianos y que este año, 2021, la Comisión Europea recomendaba felicitar las fiestas en lugar de felicitar la navidad. Este tipo de ñoñerías nivel buenismobien, que buscan hostigar constantemente la culpabilidad actual de una todavía mayoría de la población a causa de un pasado histórico que hoy consideramos abusivo pero ayer no, es algo que me aburre profundamente. Y a la autora también.

Pero en la tercera esfera narrativa todo se complica porque nos enfrentamos a la la vida de la protagonista. Ya he dicho que Elin es una médica de atención primaria. Está casada, tiene unos 50 años y dos hijas ya independizadas. También tiene una considerable dependencia del alcohol, concretamente del vino. Algo que en España, a mí por lo menos, me resulta extraño y curioso, porque aquí somos lo que se llama bebedores sociales y consideramos el vino más un complemento de las comidas que una droga per se. Siguiendo con la novela, su adicción nos da una pista de su insatisfacción vital. Una insatisfacción que ella no ha reconocido todavía y que trata de paliar con ese nuevo juguete que nos acosa desde todos los frentes desde hace unos años. Las redes sociales. Como juego contacta con un antiguo amor y como consecuencia su vida se desbarata. Pero lo extraordinario es que ella también empieza a comportarse como sus im-pacientes, es decir, de una manera puramente emocional y errática, fuera de todas las coordenadas racionales de su vida anterior.

Así que, ante su malestar y al igual que sus im-pacientes, también Elin es incapaz de tomar decisiones y ha buscado toda su vida una evasión momentánea a base de alcohol. No ha querido enfrentarse a la rutina de su matrimonio con un hombre pasivo porque le ofrece seguridad y respetabilidad social; tampoco al abandono de sus hijas porque ella también fue una niña abandonada. Además, se ha visto arrollada por un adulterio con un hombre también bastante pasivo que ni siquiera, por pereza e inapetencia, había buscado. Todo esto, ¿no hace de Elin una mujer pasiva? Yo creo que sí. Pero la gran diferencia entre Elin y sus pacientes es que ella sabe que su malestar no tiene cura en una consulta médica, aunque temporalmente acabe viviendo allí y recibiendo los consejos de Tore. Novela muy recomendable.


Nina Lykke
Estado del malestar
Gatopardo ediciones
Traducción de Ana Flecha Marco


lunes, 11 de noviembre de 2019

Cuento: Retablo de Marta Sanz e ilustrado por Fernando Vicente (2019)


Los autores.-
Marta Sanz es doctora en Literatura Contemporánea. Cincuentañera o casi. Finalista y ganadora de varios premios literarios, entre ellos el Premio Ojo Crítico de Narrativa en 2001. Otras novelas suyas son: Black, black, black, Daniela Astor y la caja negra, La lección de anatomía. Recientemente ha publicado también un ensayo titulado Monstruas y Centauras.


Fernando Vicente es un pintor e ilustrador ya consagrado, de formación autodidacta. Empezó a trabajar durante la Movida madrileña en la revista La luna de Madrid. Sigue trabajando en prensa diaria y revistas, también ha diseñado portadas de discos y libros. Ha realizado varias exposiciones y editado clásicos ilustrados, especialmente Cumbres borrascosas, Drácula o Peter Pan. Otras ilustraciones suyas: Las dos orillas de Alejandro Palomas, Alicia a través del espejo de Lewis Carroll.

Mi opinión.-
Nada hay mejor que el sentido del humor, ácido e irónico, negro y macabro, para enfrentarse a una desgracia. Este libro son dos cuentos que tienen como escenario un barrio del Madrid de la gentrificación, Malasaña ha servido de inspiración, y como contexto, la repercusión que la crisis de 2008 ha tenido en algunos de sus vecinos. No sé si tenemos derecho a quejarnos de la gentrificación porque hace unos años nos parecía una maravilla que los barrios se renovasen. Recuerdo también que, la primera vez que estuve en Marrakech, ya se quejaban de que los turistas españoles podían alquilar y comprar casas en la medina por un precio muy superior al que los mismos habitantes de la ciudad se podían permitir generando, de esta manera, la expulsión de los marrakechíes del centro.


Es esto mismo lo que está pasando ahora en Madrid y otras ciudades españolas y del resto de Europa aunque, quizá, lo preocupante sea que se produce con una mayor intensidad. Quizá sea éste el problema, la intensidad con la que se produce la gentrificación: tanta afluencia de gente nueva, en un espacio reducido suena a amenaza de cambio no querido. En cualquier caso, es interesante reflexionar sobre cualquier asunto que nos afecte. Eso es lo que hace Marta Sanz y no se puede negar que lo hace con mucho sentido del humor, macabro sentido del humor; en cierto sentido, me recuerda a la fina ironía utilizada por Ana María Matute en su cuento, El verdadero final de la Bella Durmiente. 


Pero también habla de otras cosas y entre ellas de la sororidad entre mujeres prácticamente desconocidas, aunque hayan vivido en el mismo edificio durante años. En Extraños en un tren (versión amarilla), la autora nos pone al corriente de las angustias de dos sexagenarias. Una de ellas, Ana María, ha tenido que volver a compartir piso con su hijo, un tragaldabas, una carga muy difícil de sobrellevar. La otra, Matilde, tiene como única compañía a Felipe IV, su perro, hasta que éste enferma fatalmente. Marta Sanz desgrana en paralelo la vida de estas dos mujeres y los lazos que sus respectivas desgracias tejen entre ellas. El final, como ella misma escribe, es para alegrarse o echarse a temblar. Que el lector elija.


En Jaboncillos Dos de mayo, el protagonista es un anticuario-chamarilero y el ambiente en el que se desarrolla es el terror y lo macabro. Una historia de amor, una desaparición y el terror y lo macabro encarnado en jóvenes hípsters, probablemente veganos que, amablemente, ofrecen cupcakes a sus vecinos, y van vestidos a la última moda de Londres o Nueva York. Los cupcakes como metáfora, como duplicación mefistofélica y reverso tenebroso de las magdalenas de toda la vida. Esas magdalenas que antes valían 0,50 euros y que ahora, rebautizadas como cupcakes cuestan 3.


Me han gustado mucho las ilustraciones. En el primer cuento, Vicente divide el espacio diagonalmente, inspirándose en las películas y series de TV de Alfred Hitchcock, para incluir las imágenes más significativas en la vida de las dos ancianas: los frigoríficos, las pastillas, los buzones, la vida cotidiana que pueden perder; e incluso, las sienta en el vagón de un tren para que tomen el té. Es deliciosamente perverso. En el segundo, el autor se ha inspirado en los comercios genuinos que todavía quedan por el barrio de Malasaña.


Los cambios generan incertidumbre y miedo, pero resistirse a ellos, especialmente si son de tal intensidad, puede generar todavía un mayor estrés; así que yo creo que encararlos con humor es lo mejor que puede hacerse. Este libro es la primera colaboración, esperemos que no sea la última, entre Marta Sanz y Fernando Vicente. Una edición preciosa de Páginas de Espuma que todavía queda más bonita con una original dedicatoria para mí y sólo para mí. Muy recomendable.




Retablo
Marta Sanz y Fernando Vicente.

Ed. Páginas de Espuma

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Novela: Hotel Madrepatria de Yusuf Atilgan (1973)

El autor.-
Yusuf Atilgan escribió sólo dos novelas pero han sido fundamentales en la introducción del modernismo occidental en la literatura turca, especialmente por explorar, a través de técnicas experimentales, la profundidad de la psicología humana. Es autor también de relatos y su muerte dejó inacabada su tercera novela. Hotel Madrepatria fue adaptada al cine en 1986 y es objeto de estudio en los institutos turcos. 

Mi opinión.-
Puede resultar muy interesante sumergirse en la literatura de otro país siempre que cuentes con algunas claves para poder desentrañarla. Después de la lectura de esta novela creo que puedo aproximarme a la literatura turca de otra manera.

En sus momentos de esplendor el hotel podría haber sido así
Creo que Turquía está viviendo una situación similar al que la España del siglo XIX vivió. Ambas fueron grandes metrópolis, centros neurálgicos de extensos imperios ahora sumidos en la más absoluta decadencia y en procesos, más o menos afortunados, de modernización. Esa frustración, en el caso de España, dio lugar a generaciones de autores y pensadores que produjeron obras de gran interés histórico y literario. Espero que en el caso de Turquía también sea así.

El actor Macip Koper interpreta a Zebercet en la adaptación al cine
La acción se desarrolla en los años 1960, años de cambios fundamentales en Occidente y también en Próximo Oriente. Zebercet, el protagonista de esta novela, lleva una vida monótona. Gestiona un hotel en una pequeña ciudad, cerca de Esmirna; es una antigua mansión otomana, ahora un edificio viejo y desvencijado. Tiene 33 años y está solo, muy solo. No sé si esa puede ser la causa de su autodestrucción psicológica pero el detonante de su deriva es claro. Una mujer, elegante y sofisticada, llega una noche al hotel. Es distante pero educada. Zebercet piensa que alguna vez volverá.


A partir de entonces, esa mujer se convierte en su obsesión, sin tener culpa alguna. Zebercet empieza a dormir en la habitación que ella ocupó, a beber del vaso de té que ella utilizó e, incluso, llega a masturbarse con su toalla desplegando una doble perversión: personifica a un objeto y objetualiza a una mujer. Hasta entonces, había satisfecho su deseo sexual con la criada del hotel, considerada como un mueble más, pero ahora eso ya no le es suficiente. Desatiende sus tareas como gerente, se vuelve violento y se embarca en una espiral de autodestrucción. Así podría leerse la novela, como ese descenso a los infiernos del último eslabón de una familia poderosa. Pero también puede dársele otra interpretación.


Han existido diferentes intentos de modernización de Turquía a partir del final de la I Guerra Mundial. Parece que ninguno de ellos se ha consolidado. Parece que la Turquía laica y europeizada de Ataturk no terminó nunca de calar y la negativa, por parte de la Unión Europea, a recibirla como un estado miembro más supuso la última decepción.

Zebercet y la criada

Zebercet es el último representante de una dinastía burguesa otomana cuyo momento de esplendor ya ha pasado pero que no tiene un presente moderno al que agarrarse. Puede que fueran potentados del entorno rural, acostumbrados a abusar de criados y criadas, como en Los santos inocentes de Miguel Delibes. El hotel viejo, señorial y desvencijado sería la Turquía que no termina de desaparecer ni empieza a despertar del sueño de la decadencia y la mujer que Zebercet espera es la modernización que parece que nunca llegará. Desde hace unos años, Turquía vive a la deriva de un proceso de reislamización que puede, para algunos, suponer una vuelta atrás.

Zebercet y la mujer
La novela no es fácil de leer pero merece la pena. Apenas 150 páginas de tamaño cuartilla en las que seguimos la deriva mental de Zebercet a través del flujo de su conciencia. A veces confundiendo la realidad, con sus recuerdos y con sus sensaciones, desplegando un discurso entremezclado y caótico en varios niveles, yo he llegado a pensar que algunos de los personajes, entre ellos la mujer, eran meras alucinaciones de su mente perturbada. Muy recomendable. 



Hotel Madrepatria
Yusuf Atilgan

Traducción: Mario Grande

Ed. Gallo Nero

jueves, 22 de noviembre de 2018

Cine: Animales sin collar de Jota Linares (2018)

Me parece meritorio adaptar un clásico de la literatura universal, como es Casa de muñecas de Henrik Ibsen, obra teatral estrenada en 1879, a nuestros días y a nuestra realidad. Meritorio y difícil. En esta ocasión, el director y guionista Jota Linares desarrolla la acción en Andalucía y demuestra que la luz cegadora y el calor sofocante pueden ser tan desoladores como el frío y la bruma nórdicos. 

Así encontramos a Nora viviendo en Andalucía, como la esposa de un político de los que se llaman de la nueva izquierda transversal, el secretario general de Pueblo Unido, que acaba de ganar las elecciones. Se abrirá entonces una nueva etapa en la que, ahora, esta fuerza política promete lo que se ha prometido siempre: limpieza, transparencia y lucha contra la corrupción. Veremos si esta vez va en serio.

Abel, el nuevo presidente de la Junta de Andalucía a punto de tomar posesión, tiene un pasado salvaje y algo turbio, aunque, esta vez, ha sido convenientemente aireado por la prensa sin que haya tenido coste electoral. No ha engañado a nadie. Era joven y se perdía por las drogas y el alcohol, hasta que animado por la fuerza de Nora ingresó en una carísima clínica especializada en la rehabilitación de drogodependientes. En Barcelona, empezó su nueva vida y hasta ahora. Nora y Abel son los nuevos vencedores.

Nora

Por otra parte, están los perdedores. Los que se dejaron arrastrar por la codicia propia o heredada y cayeron en la corrupción, casi sin darse cuenta, como quien cae en arenas movedizas, cuanto más quieres salir más te hundes. Víctor está en esa situación. Es hijo del caciquillo que ha terminado en la cárcel y se ocupa de su madre tan impactada por su ruina que ha perdido la cordura. Abel y Víctor se conocen desde niños. La madre de Abel fue criada en casa de Víctor y los chicos crecieron juntos hasta acabar siendo amigos y compadres de borrachera. Amigos y rivales, embarcados en una relación tóxica que se rompió definitivamente con la muerte del hermano de Abel.

Abel

No es un triángulo amoroso pero, a pesar de la ruptura, todavía mantienen un fuerte vínculo. Nora pidió dinero prestado a Víctor para la desintoxicación de Abel; dinero proveniente de la corrupción. Y aunque le da devuelto todo el dinero, esa vinculación se hará más trágica con el triunfo político de Abel, porque Víctor querrá algo más a cambio de no destapar la falsedad en la que viven los tres.

Víctor
La película es interesante aunque, hay momentos en los que se desvanece el protagonismo de Nora y Abel ocupa un espacio que no le correspondería. Natalia de Molina, interpreta a Nora, pero me resulta poco creíble que, en el siglo XXI, la mujer de un político de la izquierda transversal no tenga trabajo ni vida propios y se dé cuenta de una manera, un poco tangencial, de que no es allí donde quería estar. Sin embargo, su interpretación es impecable, llena de dolor y rabia. Como también es impecable la interpretación de Ignacio Mateos como Víctor, el hijo del cacique corrupto que tiene que recoger los platos rotos y bregar con la mierda que le ha dejado su padre y que acabará derrotado por su propio comportamiento honesto. Daniel Grao, en el papel de Abel, también resulta creíble y solvente. Pero, el "chantaje de Víctor" tiene poca fuerza y la decisión final de Nora es demasiado blanda y endeble. Tal y como no era creíble su situación personal, su emancipación tampoco lo es.


Dirección y guion: Jota Linares
Música: Pablo Trujillo, Vanessa Garde
Fotografía: Junior Díaz
Intérpretes: Natalia de Molina, Daniel Grao, Ignacio Mateos, Natalia Mateo, Mario Tardón.

jueves, 18 de octubre de 2018

Cine: El reino de Rodrigo Sorogoyen (2018)


Si hay algo que, en los últimos años caracteriza a un político corrupto es su afición por las comilonas de marisco y los paseos en yate. Así es como empieza esta película con varios personajes, entre ellos sólo una mujer, sentados a la mesa de un restaurante de moda, en una ciudad mediterránea, zampándose raciones y raciones de marisco, riendo y bebiendo, sintiéndose los más listos de la clase. 

No sé a qué reino hace referencia la película, pero el partido político que se representa podría ser PP, PSOE o, incluso, cualquier otro de ámbito autonómico con ciertas conexiones con el poder central. La ciudad tampoco se nombra pero bien podría ser alguna ciudad valenciana o andaluza o balear. Está bien que no se haya definido la localización porque en todas ellas ha habido sonoros casos de corrupción que parecen dar la razón a quienes sienten la corrupción como un mal endémico.


En ese contexto se ha movido, en los últimos años, como pez en el agua Manuel López Vidal, interpretado por Antonio de la Torre. Ahora, cuando está a punto de culminar (de momento) su ascenso político, se destapa un caso de corrupción que le señala directamente. Sin embargo, él empieza una carrera desenfrenada cuyo objeto principal es demostrar que no es el único implicado. Ya se sabe. Cuando todo va bien somos muy amiguitos, pero cuando las cosas empiezan a ir mal, tiro de la manta y me llevo a todos por delante. Esto hará que sus compañeros le consideren una amenaza directa y le empiecen a tratar como un apestado: no le cogen el teléfono, no lo quieren recibir en sus despachos. Para que pueda salvarse será determinante que pueda incriminar al resto. Cosa que no será nada fácil con la policía, la prensa y sus propios compañeros detrás.


Lo que más me ha sorprendido de esta película es la ausencia de biografía del político, un hombre del que sólo se juzga su pasado y su presente corrupto, pero del que sabemos poco más. Es un buen padre de familia, todavía enamorado de su mujer después de más de 20 años de matrimonio, pero no conocemos nada de su familia de origen, de su vida de juventud, de sus estudios o de sus otros trabajos antes de meterse en política.


Alguna anotación sobre su pasado quizá contribuyera a explicarnos su deriva. Pero el director no quiere darnos explicaciones. Nada de una infancia traumática o dominada por la pobreza, nada de una juventud de privaciones que nos pudiera hacer empatizar con él. Pienso que quiere presentar a un corrupto de una manera neutral, sin darle excusas ni justificaciones de ningún tipo pero, al mismo tiempo, exponiéndole como un hombre normal. 


Él dice de sí mismo que sólo hacía lo que hacían los demás y, en vista de la reacción de sus compañeros le creemos, pero esto no nos debe servir como justificación. Hay una escena muy reveladora. En un bar, el camarero está hablando animadamente con unos clientes y en un momento dado, se confunde, al darle los cambios a un joven. Visiblemente le devuelve más dinero del que le corresponde y éste joven, tranquilamente, se lo mete en el bolsillo. En cierta manera, esto también es corrupción porque, quizá, cualquiera de nosotros, gente normal, hubiéramos hecho lo mismo. Que quede bien claro que todos podemos ser corruptos.


Antonio de la Torre está rodeado de buenos actores y actrices con magníficas interpretaciones. Josep María Pou, al que espero ver en el Teatro Principal de Zaragoza en el nuevo montaje de Moby Dick, entre ellos; pero también Luis Zahera que, en una secuencia memorable, expone las debilidades y neuras de un buen corrupto. También hace un pequeño papel Laura Gómez-Lacueva de Oregón TV y Bárbara Lennie que, en el monólogo final, nos deja con los pies al borde del precipicio.


Dirección: Rodrigo Sorogoyen
Guion: Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen
Música: Olivier Arson
Fotografía: Alex de Pablo
Intérpretes: Antonio de la Torre, Josep María Pou, Nacho Fresneda, Ana Wagener, Bárbara Lennie.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Cine: Un día perfecto de Fernando León de Aranoa (2015)

Tragicomedia de lo absurda que es la guerra. Criticada porque no profundiza ni en las causas del conflicto ni en las motivaciones de los cooperantes; pero es que ésta no sería la tarea de la película. Simplemente, León de Aranoa pone la cámara delante de una situación absurda y ahí nos deja, para que la miremos de frente. Y nos quedamos con amargura porque lo poco que puede hacer la gente de buena voluntad, con pocos recursos y arriesgando su vida queda diluido por la mala leche y el empecinamiento de quienes quieren seguir matando y matándose.


Un grupo de cooperantes debe de asegurarse de que la población rural, en algún lugar de los Balcanes arrasados por la guerra, disponga de agua potable. Pero el único pozo de la zona está “ocupado” por un cadáver gordo y lustroso. Todo lo lustroso que puede ser un cadáver y lo suficientemente gordo para que se rompan todas las cuerdas con las que intentan sacarlo.


A partir de aquí asistimos al desvarío total en busca de una cuerda, en un territorio donde escasean porque no dan abasto para ahorcar a la gente. Unos ahorcan a los otros; otros a los unos y, a veces, todos se ahorcan al mismo tiempo para que no quede nadie. Absurdo.


El conflicto de los Balcanes fue algo que Europa no esperaba ni supo prever. Nadie podía pensar que en la sensibilizada Europa, ejemplo cultural para el mundo, esto pudiera volver a pasar. Las viejas identidades asesinas, reverdecidas por el caos surgido de la descomposición de la ex Yugoslavia, salieron con verdaderas ganas de matar, a todo y a todos; en todas direcciones, como si un ciego disparase una ametralladora.


En ese contexto se mueven los personajes. Pertenecen a una ONG civil pero están bajo mando militar. Los militares tampoco pueden hacer gran cosa porque el alto el fuego es muy frágil. Sin embargo, estos cooperantes se embarcan en localizar una cuerda lo suficientemente fuerte para que pueda subir al gordo cabrón muerto. No sabemos gran cosa de los personajes ni nos hace falta porque los verdaderos protagonistas son el absurdo y también el azar, la casualidad e incluso la lluvia que acabará resolviendo un problema creando otro.


Allá van en busca de una cuerda: la joven idealista que se acaba de incorporar a la misión de paz; el hombre curtido y un poco desesperanzado que está a punto de abandonar; el loco sin familia, sin pasado y sin futuro; la burócrata, metódica y organizada que intenta encajar en su informe la espontaneidad de la vida. A estos cooperantes se unen el intérprete que intenta vivir a caballo entre el horror y el absurdo, y un niño que sólo quiere volver con sus padres, sin saber que ya han sido ahorcados por una de esas cuerdas tan necesarias. Todos los esfuerzos que hacen por solucionar el problema son ineficaces. Por más que se desvivan por ayudar, hay otros, combatientes o no, (muchos más) que viven para perjudicar; al final los seres humanos quedan retratados como lo que son seres frágiles, a los que la lluvia pone en su lugar y una vaca puede arruinarles el día.


Lo mejor de la película los actores, que con apenas unas pinceladas hacen creíbles a sus desbaratados personajes, la música y el humor. No es un humor (excesivamente) negro ni manipulador ni tampoco hiriente. Humor trágico, pero para seguir adelante. Muy recomendable.


Director: Fernando León de Aranoa
Guion: Fernando León de Aranoa, Diego Farias (Novela Paula Farias)
Fotografía: Alex Catalán
Música: Arnau Bataller
Intérpretes: Tim Robbins, Benicio del Toro, Olga Kurylenko, Mélanie Thierry, Fedja Stukan, Eldar Residovic. 

jueves, 20 de octubre de 2016

Cine: El hombre de las mil caras de Alberto Rodríguez (2016)

Un juego de trileros, donde todos se sienten muy listos y donde todos engañan a todos, varias veces. Paesa sabía manejar ese juego con maestría, otros no tanto. 

La película está narrada por Jesús Camoes, interpretado por José Coronado de manera impecable. Un personaje ficticio, combinación de unos cuantos amigos/conocidos/parejas de juego de Paesa. Este narrador conoce parte de la trama y de los engaños de Paesa, pero no todos. Es un colaborador pero también víctima. En cualquier caso no puede evitar sentir fascinación por Paesa. Desde la admiración y una cierta ingenuidad cuenta lo poco que sabe de él, hasta dejarnos casi con más incógnitas que las que teníamos al entrar al cine.


Tengo que decir que la película me ha sabido a poco porque esperaba una orientación más biográfica, pero el director ha comentado que debía ceñirse a una historia y decidió elegir el caso Roldán.


Recuerdo en los años 1990 haber seguido las informaciones sobre Paesa hasta su supuesta muerte en Sierra Leona sin poder creer lo que decían. Salíamos de la dictadura de Franco y votamos al PSOE con mucha ilusión por un verdadero cambio para España. Pocos años después nos dimos cuenta que algunos miserables se habían apoderado del partido y lo habían utilizado en su propio beneficio. Entre ellos Roldán y Paesa.


Francisco Paesa era un individuo con cierto atractivo (poco, la verdad), con unas gafotas enormes y tristes y el cigarrillo en la comisura de los labios. Un espía, un conseguidor, un trilero. Nada parecido a Bond, James Bond, pero había intervenido en casos que requerían alguna habilidad especial y posiblemente turbia: la detención de la cúpula de ETA, la operación Sokoa, el GAL y Luis Roldán, sobre todo Luis Roldán.


Lo más chocante entonces fue lo que empezamos a conocer de ese mal que parece endémico en España: la corrupción y los corruptos (que por lo que se ve han creado una floreciente escuela que sigue entre nosotros). Ninguno de nosotros piensa que durante la dictadura no hubo corrupción, pero en la España del PSOE eso no debería haber pasado.


De la noche a la mañana, Luis Roldán el exdirector de la Guardia Civil, militante del Partido Socialista Obrero Español, de toda la vida (es decir, desde 1976 y estamos en 1993 y que antes de la muerte de Franco se había distinguido por delatar a sus compañeros de trabajo más rojos), un personaje que mentía en su currículum y se hacía pasar por ingeniero industrial y que tenía una cierta afición a dejarse fotografía en calzoncillos en las fiestas, se fugó antes de que los jueces ordenasen su detención por varios delitos relacionados con dinero público. Luis Roldán, al que primero llamaron Pelopincho porque era calvo y después el bebé porque no hacía más que llorar, no es que se simplemente se fugase, sino que se llevó 1500 millones de pesetas.


El incauto de Roldán, con talento y predisposición para robar pero no lo suficientemente inteligente para saber gestionar su botín en Suiza, había amasado esa fortuna a través de comisiones ilegales (lo mismo que ha hecho Francisco Correa, otro emprendedor, el que está siendo juzgado por la Gürtel, años después). Así que, una vez que tomó la decisión de huir, o tenía que recurrir a alguien para que le solucionase el problema o llevarse el dinero en maletines con lo incómodo que debe ser acarrear tanto peso en papel moneda (otros, como los hijos de Jordi Pujol, parece que han hecho músculo acarreando bolsas de ese tipo, pero era en Andorra que está un poco más cerca que Suiza).


A esta primera generación de corruptos todavía le faltaba algo de picardía y Francisco Paesa estaba allí para suplirla (el que roba a un ladrón…). Roldán terminó entregándose a la justicia española, cumplió 15 años de cárcel y una pequeña parte del dinero se recuperó. Se cree que Francisco Paesa le estafó y se quedó con el resto.

Trileros 
La película cuenta esta historia, a ritmo de thriller de timadores, con sus engaños e imposturas. con sus mentiras dichas con la rotundidad de verdades fundamentales y verdades tan extrañas que nadie se las podría creer. Llega un momento que sólo puedes preguntarte, cuándo el mentiroso dice que miente, ¿miente o dice la verdad? Paesa hacía pasar a delincuentes de poca monta como mafiosos internacionales, pero Roldán amenazaba con tirar de la manta con unos documentos de un maletín vacío. Timadores.


A Roldán le llegamos a conocer bastante bien. Sin embargo, Paesa sigue siendo un gran desconocido y todavía con capacidad para sorprendernos. Cuando se estrenó la película, para sorpresa de todos, Paesa concedió una entrevista a Vanity Fair. No contó nada nuevo, quizá porque no haya nada más que contar. Ahora vive en París, como un señor.


En la película, adaptación de una investigación periodística del mismo título, queda bastante claro que Paesa era un vendedor de humo un poco chapucero pero con mucha suerte, especialmente para rodearse de timadores un poco más tontos que él. A pesar de esto el director piensa que algo más tenía que haber (quizá su conocimiento real de las cloacas del estado), puesto que le favorecían demasiadas casualidades.


Todos los actores están fantásticos, especialmente, Carlos Santos que interpreta a Roldán. Al principio, combina su arrogancia con una profunda estupidez; se cree capaz de manejar la situación y es un pececillo en un mar de tiburones. Pero, a medida que pasa el tiempo y sobre todo en cuanto su mujer le deja, sólo tiene recursos para mostrar su fragilidad. Marta Etura interpreta a la mujer de Roldán. Un personaje que aporta toda la fortaleza e inteligencia que Roldán no tiene. Y por último, Eduard Fernández, está brillante embarcado en un personaje resbaladizo y oscuro, al que ha dotado con una picardía que no sabemos si tiene.



En esta película la ambientación y la fotografía, el frío y la lluvia en París y, especialmente, la banda sonora aportan el misterio y suspense necesarios para los que ya nos conocemos la historia. Muy recomendable. 
Paesa en Vanity Fair
Algo nuevo he aprendido: a Juan Alberto Belloch, ministro de Justicia e Interior en ese momento y después alcalde de Zaragoza, le llamaban el cochero de Drácula. Luis Roldán cumplió su condena y creo que sigue viviendo en Zaragoza discretamente. Durante su estancia en la cárcel estudió y se licenció en Ciencias Políticas y Sociología por la UNED. 


Director: Alberto Rodríguez
Guion: Alberto Rodríguez y Rafael Cobos sobre el libro de Manuel Cerdán
Música: Julio de la Rosa
Fotografía: Alex Catalán
Intérpretes: Eduard Fernández, José Coronado, Carlos Santos, Marta Etura, Emilio Gutiérrez Caba.