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martes, 11 de septiembre de 2018

Museo del Romanticismo. Madrid


Aprovechando que había una exposición de fotografía del siglo XIX, Se va mi sombra, pero yo me quedo fui a visitar el Museo del Romanticismo, donde no había estado nunca. Me ha parecido precioso. Muy bien cuidado y con una colección excelente. Pero eso sí, imposible abarcarlo en una única visita.

El palacete fue construido en 1776 y fue propiedad del marqués de Matallana. En los años 1920, el marqués de la Vega-Inclán alquiló el edificio para sede de la Comisaría Regia de Turismo y después albergó allí también su colección sobre el romanticismo que, en los años 1980 se completó con otras piezas, hasta llegar a las 20.000 actuales. Me ha parecido muy curioso que ya en los años 1920 hubiera una Comisaría de Turismo, supongo que sería una especie de Dirección General para promocionarlo. No lo sé. Nos parece que el turismo surgió en los años 1960, pero el interés por promocionarlo ya había sido anterior. Aunque fuese un turismo más cultural y selecto y no tan masivo y puramente playero.


Dormitorio de ella. Dormitorio de él. 


Recientemente el museo ha cumplido sus primeros 90 años y en la exposición que vi volvió a estar habitado por las sombras que aparecen en las fotografías de su colección. Esto produce una sensación muy extraña, muy en línea con el romanticismo y su visión de la vida y la muerte, que también puede percibirse en los cuadros y en el resto de objetos del museo, incluidos los juguetes de los niños. Exposición. Se va mi sombra, pero yo me quedo

El salón del teatro y la literatura 

El romanticismo fue un movimiento muy revolucionario y en absoluto ñoño. Estaba fascinado con la fantasía, lo sobrenatural y lo mágico, las invenciones y el desarrollo de la ciencia. En España se instaló de manera tardía, pero por eso mismo fue muy intenso. Tuvo dos vertientes principales. En primer lugar, el romanticismo historicista que reivindicó la literatura del Siglo de Oro, considerada como aglutinante del nacionalismo cultural español. La otra vertiente fue el costumbrismo, centrado en las clases populares, más castizas y espontáneas y que, al final, contribuyó a la decadencia del mismo movimiento romántico.


En la planta baja, frente a la entrada principal se sitúa el patio de San Mateo; cerca de él está también el jardín del magnolio, pero no me quedó tiempo para visitarlo. En la planta noble se sitúan las dependencias de la vivienda principal. Cada una de ellas mantiene el uso para el que fue pensada y además alberga las obras del museo. Queda, así, muy bien distribuido.


En la antecámara está este espectacular cuadro de Charles Porion de 1867, Isabel II dirigiendo una revista militar, aparte del porte de la reina y que está acompañada por el rey consorte, destaca también la expresión de sufrimiento del caballo. Un precioso caballo blanco en primer plano.


El salón de baile es una de las piezas principales del edificio. Los burgueses románticos estuvieron muy preocupados por la cultura, el arte y la literatura, pero también sabían disfrutar del ocio, con bailes y mascaradas. De este salón me quedaría con todo el mobiliario. El sofá circular de capitoné, el sillón de secretos, el arpa y las sillas y los sillones. Seguro que fueron testigos de muchos amoríos prohibidos. Al fondo, un retrato de Isabel II pintado por José Gutiérrez de la Vega y a ambos lados del espejo los Marqueses de las Marismas del Guadalquivir, de Francisco Lacoma.



En la sala de los costumbristas andaluces encontré este cuadro de 1855 de Eugenio Lucas Velázquez. Se llama La plaza partida. Me llamó la atención porque apenas hay toros pero los caballos han sido víctimas destripadas de una gran violencia. El público, ricos y pobres, abarrota la plaza y está deseoso de ver la sangre y de exhibirse como hace la mujer de la mantilla negra.



Los niños también eran protagonistas de la casa y tenían su propia habitación para juegos. Muñecas de cara de porcelana con sus correspondientes ajuares (y que aquí dan un poco de miedo), casas para las muñecas, álbumes de cromos, juegos de cartas y también un coche que, supongo, iría tirado por un perro (lo cual no me gusta nada). Para las mujeres adultas la costura y el bordado también podía ser un entretenimiento. Y por supuesto el baile y los carnets de baile.



Los románticos también tuvieron un interés especial, y quizá morboso, por la muerte. En la sala de juegos de los niños estaba esta escultura de un Infante muerto de José Piquer y Duart. En el Gabinete de Larra, se puede ver el célebre retrato de Vicente Palmaroli de 1870, Gustavo Adolfo Bécquer en su lecho de muerte y también las dos sátiras sobre el Suicidio romántico y el Suicidio romántico por amor de Leonardo Alenza.




Pasando ya a la sala de la literatura y el teatro, a la que tan aficionados eran los románticos, seguimos con la muerte. Esta vez con un cuadro pequeño y cargado de significado y con título terrorífico. La novia enterrada viva de Eduardo Cano de la Peña. En realidad no está enterrada sino encerrada en una especie de celda, desde el día de su boda. Parece que esta idea de la joven encerrada en un convento desde la boda por un vengativo marido era muy del gusto de la época romántica. Seguramente el marido se casaría para acceder a los bienes de la novia y le molestaría tenerla cerca. Con una composición muy sencilla el autor nos enseña el sufrimiento de la joven novia.


Otra de las piezas más curiosas, el retrete de Fernando VII, de caoba, bronce y terciopelo, de 1820. Este mueble estuvo en el Museo del Prado, en un pequeño cuarto dedicado al aseo de los reyes y que tenía vistas al Jardín Botánico. Hoy es la sala 39. Parece que aunque fue encargado por Fernando VII, lo utilizó su hija Isabel II porque él había muerto antes de que estuviera acabado. La factura quedó sin pagar. Muy curioso. Me hubiese gustado también ver las habitaciones de los criados y las cocinas y alacenas. También es importante saber cómo vivían ellos.


Museo del Romanticismo
C/ San Mateo 13, Madrid.

jueves, 22 de marzo de 2018

Música: London Philarmonic Orquestra

Poco tiempo me queda últimamente para nada, pero no quería perderme este concierto. El programa elegido por la London Philarmonic Orquestra es la música de los movimientos nacionalistas del siglo XIX, herederos tardíos del romanticismo musical. Todos los autores están más o menos relacionados con este movimiento. Incorporan a la música culta canciones populares, folclore, y, especialmente los rusos, un cierto deje orientalista.

Rimski-Korsakov

Empezó el concierto con el Cuento de hadas, Op.29 de Rimski-Korsakov. Una pieza breve que evoca todos los tópicos del cuento de hadas, al menos para mí. El bosque tenebroso, los animales juguetones, la noche peligrosa, la historia de amor aparentemente frustrado, el villano y la bruja. Cada uno puede identificar los ingredientes que más le gusten, todos caben en la melodía. Y el final no deja dudas de que la justicia ha vencido y es hora de dormir. Es un poema sinfónico que quizá haga referencia a una obra de Pushkin, Russlan y Ludmila.


Rimski-Korsakov perteneció al Grupo de los Cinco, los compositores que querían demostrar al mundo que podía existir una música verdaderamente rusa que no imitara a la europea. Aunque a veces también fue crítico con el resto de componentes de los Cinco y trató de acercarse más a la música europea.

Edvard Grieg
La segunda pieza fue el Concierto para piano en La m, Op. 16, de Edvard Grieg, compositor noruego, también destacado representante del movimiento nacionalista. Lo compuso en 1868, cuando tenía 25 años y acababa de casarse. Es una música llena de dulzura y pasión desbordante. El piano es el gran protagonista de la obra y es que Grieg empezó su carrera musical siendo pianista.


Para finalizar el concierto no se podía elegir mejor, la Sinfonía nº6 en Si m, Op. 74, Patética de Chaikovski. Un canto de cisne, como se dice en el programa. Chaikovski murió seis días después de estrenarla. La había compuesto entre febrero y agosto de 1893. Se dice que Chaikovski murió de cólera, pero también se dice que se vio impulsado al suicidio, una vez que iba a descubrirse su homosexualidad. En cualquier caso, dejar este testamento supone un broche de oro que la inmensa mayoría de la gente no nos podemos permitir.

P.I. Chaikovski

Chaikovski también había estado relacionado con el Grupo de los Cinco y especialmente con Rimski-Korsakov, sin embargo, había mantenido su propia personalidad, un poco más alejada del folclore ruso que el resto. Él decía de esta obra: “Toda mi alma está en esta sinfonía. Es la mejor de mis obras”. Y parece cierto.


A mí me parece conmovedora. En sus anotaciones, Chaikovski expresaba su miedo y sus dudas, lamentos y quejas; pero también en la rabia que produce el tener que morir queda espacio para recordar la alegría y los tiempos mejores. Y es eso lo que tradujo a notas musicales. El alma triste y sombría, la desesperación de lo inevitable, el dulce recuerdo. Todo ello vivido con máxima intensidad. Creo que el sobrenombre de "patética" no se debe al propio compositor y además, para algunos autores, el sentido de la palabra estaría más cerca del significado de "conmovedor" que de "sufriente". 

Vladimir Juroswki
El director fue Vladimir Jurowski y como solista al piano Denis Kozhukhin. Ambos rusos, pertenecientes a familias dedicadas a la música y muy solicitados en estos últimos años. Espero que vuelvan por Zaragoza, con un programa tan fantástico como éste. 

Denis Kozhukhin


jueves, 6 de agosto de 2015

Exposición Fotografía: Mirar la arquitectura. Fotografía monumental en el siglo XIX - PhotoEspaña'15

El Escorial 
Mirar la arquitectura. Fotografía monumental en el siglo XIX permite viajar al pasado. Emociona ver la continuidad entre el antes y el ahora, por lo menos en el caso de edificios significativos y propone pensar si los edificios actuales subsistirán en el próximo siglo. Espero que sea así. Porque aunque lo que se ha llamado arquiescultura nos haya costado tanto dinero público y haya sido fuente de controversia y una enorme puerta abierta hacia la corrupción y el derroche, hay algunas obras notables que deberían ser apartadas de polémicas y ser consideradas únicamente por su valor artístico e histórico.

Carrera de San Jerónimo y Congreso de los Diputados
Cuando la fotografía nació en el siglo XIX abrió todo un mundo de posibilidades para ampliar el conocimiento en todos los campos. Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina en 1906, fue un profundo defensor de la aplicación de la fotografía al campo de la investigación e incluso escribió un libro sobre la fotografía en color, La fotografía de los colores, fundamentos científicos y reglas prácticas. Otros autores dedicaron su tiempo y sus fuerzas a documentar las grandes construcciones del momento, dando paso así a la fotografía monumental y arquitectónica.

Aparatos de visionado 

Jean Laurent y Charles Clifford fueron dos de estos autores que trabajaron en España y especialmente como fotógrafos oficiales de la reina Isabel II. Sus fotografías se incluían en libros, en incipientes guías de viajes y álbumes destinados a un público cada vez mayor y que mostraba mayores deseos de conocer destinos más o menos lejanos o exóticos.
 
Obras del Puente de los franceses

Jean Laurent había nacido en Francia pero en 1843 ya estaba viviendo en Madrid. En la Carrera de San Jerónimo fundó su estudio fotográfico. En 1874 fotografió en su emplazamiento original las Pinturas Negras de Goya (aunque no pueden verse en esta exposición). Fueron fotografías de encargo que no comercializó en las que se puede comparar la restauración que tuvieron que sufrir las pinturas al ser arrancadas de las paredes. En 1875 fotografío también la Torre Nueva de Zaragoza, torre emblemática de la ciudad, inclinada, que sería después derruida y de la que todavía seguimos llorando su ausencia.

Torre Nueva (Zaragoza)
Charles Clifford era galés y también se estableció en España y fue fotógrafo oficial de la reina. Realizó el mismo tipo de trabajo que Laurent, documentando también las obras públicas que se estaban construyendo en la época, con su cámara de placas; especialmente las del Canal de Isabel II.

En esta exposición, hay muchos otros fotógrafos, algunos anónimos, y también explicaciones sobre los procesos y avances técnicos de la fotografía. También algunos artefactos para visionar (incluso en 3D) las fotografías tomadas. Muy interesante. 


Exposición Mirar la Arquitectura. Fotografía monumental en el siglo XIX
Biblioteca Nacional de España
Paseo de Recoletos, 20 - Madrid

Hasta el 4 de octubre de 2015

jueves, 19 de junio de 2014

Cine: The Invisible Woman de Ralph Fiennes

La mujer invisible está basada en la biografía novelada de Nelly Ternan, amante clandestina de Charles Dickens, escrita por Claire Tomalin. Es el segundo trabajo como director de Ralph Fiennes, y donde también interpreta el papel de Dickens, aunque ha dado mucha más importancia al punto de vista de Nelly.

Desde la primera escena, vemos una mujer joven y vigorosa, asfixiada. Una mujer diminuta, vista desde lejos, paseando con paso enérgico por una playa. Después sabemos que han pasado varios años desde la muerte de Dickens, pero todavía continúa sufriendo.

Nelly conoció a Dickens de 45 años, cuando apenas tenía 18. Él estaba casado y tenía 10 hijos. Ella era una actriz, no muy buena, la hija pequeña de una respetable familia de actrices (su madre y sus dos hermanas). La madre (Kristin Scott-Thomas) vivía preocupada por ella, porque consideraba que no tenía suficiente talento para el teatro. No tenían mucho dinero, ni un hombre que velase por ellas. Por esto, la opción de que la hija pequeña se convirtiese en la amante de un hombre rico y famoso era digna de consideración. En la película esto está muy bien tratado, no resulta sórdido. Es una elección pragmática que, en cierta manera, su familia toma por ella.

Pero ella, a pesar del amor que sentía por Dickens, tuvo que aceptar como una imposición, la clandestinidad. Y es algo que mucho tiempo después seguía pesándole como una losa. Sólo, bastantes años tras la muerte de Dickens, felizmente casada por segunda vez y con hijos, cuando ¡por fin! confiesa su amor y su relación, sólo entonces puede volver a respirar.

Han pasado más de un siglo de aquello y ahora se le da visibilidad a esta mujer invisible. Claire Tomalin, en una entrevista, describe cómo fue el proceso de escribir este libro. No pudo recurrir a documentos de los protagonistas de la historia, puesto que Dickens, quiso preservar su imagen y le ordenó a Nelly que quemase todas sus cartas. Existen referencias a Nelly en algún documento de los hijos de Dickens y otras referencias indirectas. Pero ambos fueron muy cuidadosos en no dejar huellas de su vida. Pudor, vergüenza o discreción. En cualquier caso, asfixia.

Felicity Jones interpreta a Nelly y ha sido capaz de transmitir esa sensación de ahogo contenido que vivieron (y viven) muchas mujeres maniatadas y amordazadas por las buenas costumbres y las buenas maneras de muchos hombres hipócritas y de doble moral. Para las mujeres la situación de adulterio era un suicidio social; para los hombres, diversión.

Dickens también fue ese hombre de doble moral. Se separó de su esposa, pero sin embargo no quiso divorciarse para casarse con Nelly. En la película se le presenta como un niño grande, divertido, jovial, lleno de vida y de entusiasmo por todo. Yo creo que, en el apogeo de su fama y riqueza, podría haber sido más crítico con las morales hipócritas, pero no quiso o no se atrevió a serlo. 


Director: Ralph Fiennes
Intérpretes: Ralph Fiennes, Felicity Jones, Kristin Scott-Thomas
Música: Illan Eshkeri
Fotografía: Rob Hardy

jueves, 21 de noviembre de 2013

Novela: La Tribuna de Emilia Pardo Bazán

La autora.-
Emilia, condesa de Pardo Bazán, nació en 1851. Fue educada en un colegio francés; viajó por Europa y podía leer también en inglés. Estuvo muy interesada por la novela naturalista, aunque los especialistas prefieren encuadrarla en el movimiento literario realista. Cuando su marido le exigió que dejase de escribir, ella decidió separarse de su marido. Luchadora por la educación e independencia de las mujeres. Otras novelas suyas son: Los Pazos de Ulloa, La madre naturaleza, Insolación. Escribió también ensayos, libros de viajes, biografías y obra periodística. Murió en 1921.

Sinopsis.-
Amparo es una joven cigarrera que vive en Marineda (La Coruña). Es conocida como la Tribuna por su activismo político en favor de la proclamación de la primera república. Conoce a Baltasar, joven burgués que intenta hacer carrera en el ejército.

Mi opinión.-
Me encontré con esta novela de casualidad y me llamó la atención porque podría ser calificada como una rareza, al tener como protagonistas a las trabajadoras de una fábrica de tabacos. Si ya es difícil que en el siglo XIX, los autores españoles se ocupasen de las condiciones laborales de los trabajadores, más difícil es que tuviesen en cuenta a una joven obrera, destacada por su activismo político.

Un escritor no la habría considerado protagonista de su novela; una escritora, sí.

La Pardo Bazán estaba muy interesada por la novela naturalista de Zola y se propuso adaptarla a la realidad española, manteniendo un cierto conservadurismo. Describe en esta novela, de forma muy detallada, los ambientes social y laboral. Parece más un ejemplo de novela costumbrista que de la verdadera novela naturalista del siglo XIX, en la que el fatalismo/determinismo es uno de sus ingredientes principales.

Fue escrita en 1882 y está ambientada entre la revolución de 1868, la monarquía de Amadeo de Saboya y la proclamación de la I República de 1873. Un período de la historia del siglo XIX especialmente convulso, aunque todo el siglo XIX español lo fue.

La autora estuvo yendo a la fábrica de tabacos para describir tal y como ella quería su ambiente laboral: los hombres y las mujeres viejas, en las tareas más duras, en una atmósfera cargada, húmeda y sin luz, trabajando en un sótano; las mujeres jóvenes, con su finura y sus dedos ágiles, dando forma a los cigarros.

En el prólogo de la novela dice la Pardo Bazán que su intención es docente y también puede ser considerada una novela crítica con la república. Considera absurdo que un pueblo ponga “sus esperanzas de redención y ventura en formas de gobierno que desconoce”. A veces describe el ambiente social, convulso, de cambio, con mucha ironía y descreimiento, como si fuera una explosión emocional, momentánea y destinada a desaparecer. Aparentemente aborda la descripción desde un punto de vista neutro, pero en realidad la autora se decanta por el orden burgués de siempre.

Amparo, la Tribuna, es una mujer con mucho carácter, mucho más que cualquier otra heroína de los novelones del siglo XIX. La autora la presenta como una niña trabajadora infatigable desde los 13 años, colaborando en el negocio familiar y cuidando de su madre tullida, que también fue cigarrera; adolescente vital que recorre las calles a la menor ocasión; joven que empieza a ser víctima de las miradas y comentarios de los señoritos por su belleza limpia, sin artificio.

Destaca en su trabajo en la fábrica de tabaco y también como activista política. Lee para sus compañeras y les explica lo poco que sabe sobre la república, la pobreza, sus derechos y la igualdad que traerá el nuevo régimen; igualdad entre clases sociales y también entre hombres y mujeres. Amparo es capaz de concienciarlas y movilizarlas en una huelga que al final ganarán; pero aun disponiendo de ese fuerte carácter, cae en la trampa de los amoríos con un señorito. Su picardía no es suficiente para librarse de las mentiras del galán que pasará de la seducción al hastío y de las promesas a la indiferencia.

Durante el tiempo que dura el capricho del señorito, el amor y la aspiración a una mejora social actúan como sedante y Amparo olvida sus reivindicaciones laborales. Porque en realidad, su activismo político es muy parecido al fervor religioso; una adhesión puramente emocional.

Se nota que Emilia Pardo Bazán simpatiza con el personaje de Amparo; sin embargo, en la descripción del resto de personajes se puede intuir algo de inquina. Diferencia claramente entre las obreras de la ciudad y las aldeanas. Éstas no son dignas de confianza, por ser poco favorables a la república e incluso reaccionarias, ávidas y tacañas y que padecen el “pesimismo fatalista del labrador”. Pero tampoco los burgueses salen mucho mejor parados. Josefina García es la rival de Amparo por el amor de Baltasar. Josefina y Baltasar son descritos como si su ropa les diese el carácter que no tienen. Baltasar es militar porque su uniforme así lo dice, no tiene vocación ni talento ni interés en serlo, únicamente hace la carrera militar porque su madre lo ha querido así; y en lo que respecta a Josefina, es blanda, hecha de gelatina, sin forma; sólo el corsé y los volantes de su vestido dan forma a su cuerpo. Es “la insustancialidad, lo insípido, inodoro e incoloro”.

Pero donde resalta la crueldad es en el retrato de Chinto. Me atrevería a decir que tanto Amparo como la Pardo Bazán, sienten animadversión por él. La autora resalta su fealdad, su falta de proporción, es una bestezuela humana destinada al trabajo más duro, aunque sea un personaje bueno. Es hijo de una lavandera; entra a trabajar en el obrador del padre de Amparo y se enamora de ella. Siempre demuestra (de manera torpe) sus buenos sentimientos hacia ella y ella siempre le rechaza de la forma más brutal que puede; incluso cuando Chinto le ofrece matrimonio después de haber sido seducida.

Es una novela muy recomendable, entre otras cosas porque entenderíamos mejor los siglos XX y XXI, si leyésemos más sobre el siglo XIX. Tiene continuación en Memorias de un solterón, que espero sacar tiempo pronto para leerla.


La Tribuna 
Emilia Pardo Bazán
Edición de Benito Varela Jácome

Cátedra - Letras Hispánicas

jueves, 17 de octubre de 2013

Sociología: La España revolucionaria de Karl Marx

En 1854, durante el reinado de Isabel II, se había producido en España la “Vicalvarada”, un pronunciamiento militar que cerró el período moderado de 1844-1854 e inauguró el bienio progresista de 1854-1856. Dada la inestabilidad de la política española (de casi todo el siglo XIX), con constantes revoluciones y contrarrevoluciones, el New York Daily Tribune, encargó a Karl Marx (su corresponsal en Londres) una serie de artículos sobre España. 

Nueve de estos artículos, redactados entre el mes de julio de 1854 y junio de 1857, se publican con el nombre de La España Revolucionaria. Karl Marx es conocido por su aportación a la teoría política, pero y aunque de forma dispersa, también fue un perspicaz sociólogo. 

En este libro, Marx se dedica a analizar la historia de España desde 1807. Observa con curiosidad como se producen reiteradamente ciclos revolucionarios recurrentes, aunque no los considera revoluciones serias. Algo que no puede entender es porqué en un país tan conservador, con unas elites tan reaccionarias, unos pocos intentan siempre revoluciones tan modernas.

Cómo, de esa España negra y apolillada, monástica y retrógrada, podía salir un impulso de modernización. Yo tampoco puedo entenderlo. Parece que es una tendencia secular que se repite; ese impulso de modernización es inmediatamente cercenado. Parecemos sometidos a una inercia que podemos vencer momentáneamente para avanzar un poco, pero que tarde o temprano nos vuelve a llevar hacia atrás (y como ejemplo de ahora mismo me vale Gallardón o Wert). 

Marx se remonta hasta el reinado de Carlos I, cuando la antigua organización del poder en España se apoyaba en la nobleza y las ciudades, y en cómo, fomentando la rivalidad entre ellas, el rey consiguió debilitar ambas, hasta consolidar una monarquía absoluta que Marx considera más parecida a los despotismos asiáticos. 

Así afirma que, durante la Guerra de la Independencia, las instituciones, dominadas por nobleza y monarquía, estaban muertas y no tuvieron reparos en colocarse de parte de Napoleón a cambio de seguir manteniendo sus privilegios; por el contrario el pueblo, mísero pero rebosante de vida, estuvo dispuesto a resistir. 

En su análisis de las antiguas instituciones españolas, se detiene en el Consejo Real de Castilla, que había ido acumulando poder aprovechando la debilidad de los monarcas. En el siglo XVIII, cuando, en otros países, se consolidaba la tendencia a la división de poderes, en España el Consejo era tribunal supremo, legislador y superintendente administrativo de todos los reinos; enemigo de cualquier renovación y de cualquier distribución del poder y al que acusa, incluso, de haberse vendido a Napoleón. 

Pero Marx, se queda con esa aureola romántica del pueblo español, defendiendo a su patria contra el invasor extranjero, aunque de una forma caótica. El caso es que el pueblo español (y con la actual crisis lo estamos viendo) es miedoso. Siempre espera un milagro, una solución fácil, un pelotazo, que lo saque de su ensimismamiento, de su desgracia o de su pecado. Pone esperanzas exageradas en la bondad y la excelencia de sus dirigentes y cuando éstos le decepcionan, su desengaño pronto se transforma en odio furibundo… y vuelve a cobijarse en las faldas del amo. Para mí, esto se ha visto claramente en las últimas elecciones que el PP ganó por esa mayoría tan abrumadora. Nadie en su sano juicio consideraría responsable único de la crisis al gobierno anterior del PSOE; y nadie en su sano juicio consideraría que este gobierno absolutamente aplastante del PP nos sacaría de ella. Nadie, excepto el pueblo español, haciendo gala de esa mezcla de patanería e inocencia. 

Marx también hace referencia a la clausura en 1824 de la Universidad de Sevilla, por haber secundado una revolución, y a la apertura en su lugar de una escuela nacional de toreo. Si eso no se parece a lo que está pasando hoy y a la política educativa del nunca-bien-ponderado Ministro Wert…

Me ha resultado muy interesante que alguien, con la preparación intelectual de Marx, hiciera de forma objetiva, lo suficientemente alejada, un análisis de la historia política española de la primera mitad del siglo XIX. A tenerlo en cuenta para aprender. 

Mucha ironía también. Marx habla de esa tendencia tan española de “no hacer nada y además impedir que los demás hagan algo” o de aquella división en dos Españas: la de los constituyentes de la Isla de León en Cádiz, preparando la Constitución de 1812 y que para Marx son “las ideas sin acción” y el resto de España, combatiendo como podían a Napoleón y donde se instaló la “acción sin ideas”.

Karl Marx
La España revolucionaria
Edición de Jorge del Palacio
Alianza Editorial

lunes, 14 de enero de 2013

Cine: Los Miserables


Sinopsis.-
Jean Valjean se ve obligado a robar comida para alimentar a su familia. Después de ser condenado a galeras y cumplir su condena de 19 años (por robar pan), consigue la libertad condicional. Por cualquier sitio que pasa es rechazado y esto va aumentando su resentimiento contra la sociedad. La generosidad del Obispo Myriel supondrá el inicio de un cambio definitivo en su vida. 

El Autor.-
Víctor Hugo, escritor romántico de los más importantes de la literatura francesa. Su compromiso político le supuso también el exilio durante 20 años. Participa en la represión de 1848 contra los obreros, que posteriormente condenará. Regresa a Francia después del exilio y se implica en política intensamente. Está enterrado en el Panteón de París. 

Mi opinión.-
Jean Gabin y Danièle Delorme
Siguiendo con mi interés por el siglo XIX y su literatura, el otro día fui a ver la adaptación al cine de la versión teatral de Los Miserables. Había leído ya el libro hace un montón de tiempo y además había visto una versión en televisión, una peli francesa de 1957 protagonizada por Jean Gabin. Jean Gabin ha sido uno de los mejores actores franceses y aquí estaba excepcional, pero lo que realmente recordaba yo era el personaje de Fantine; la pobre mujer que intentaba por todos los medios criar a su hija y solo encontraba incomprensión y violencia. Estaba interpretada por Danièle Delorme, y sobre todo recuerdo la escena en la que gritaba y lloraba que antes de prostituirse ya había tenido que vender hasta sus dientes (da miedo imaginarse quién y por qué podría comprar dientes de otros).

Bueno la adaptación de la obra teatral me ha parecido magnífica. Sé que puede parecer larga, dos horas y media a veces se hacen difíciles de seguir, pero es pura emoción; los constantes primeros planos le dan mucha fuerza y los planos cenitales y movimientos rápidos de cámara producen una sensación vertiginosa, que realmente transporta a las barricadas de una revolución. 

Tengo que avisar también, para quienes no la hayan visto, que el 90% de la peli es cantada y en inglés, apenas hay diálogos entre canciones. Para mí es algo que ayuda a mantener la emoción durante todo el tiempo, pero hay que ir avisado. 

Desde mi punto de vista, es también un acierto que el director, Tom Hooper (El discurso del rey) haya preferido que los actores interpreten las canciones en el momento del rodaje y que no haya (aparentemente) añadido nada más. Anne Hathaway (Fantine) supera las expectativas que yo tenía, no la había visto desde El diablo se viste de Prada y es conmovedora, y Hugh Jackman (Valjean), impresionante; Russell Crowe (Javert), aunque su voz se queda un poco corta, cumple muy bien con el papel y resulta convincente en su pertinaz cacería contra Jean Valjean. Y por poner algo negativo, Amanda Seyfried (Cossette), creo que da una excesiva fragilidad a su papel, interpreta a una damisela del siglo XIX pero podía haberle puesto un poco más de garra. 

También me gustaron mucho los Thénardier (Helena Bonham-Carter y Sacha Baron-Cohen), que interpretan a los taberneros encargados de la crianza de Cossette y que le dan a la peli un punto siniestro, de infancia dickensiana, sucios y realmente miserables, estridentes, estrafalarios y con mucho sentido del  humor.

Ha sido nominada a un montón de categorías para los Oscars (8) y para los Globos de oro y para los Bafta,  y para los... etc. etc., en fin que de cualquier manera va a arrasar y la verdad es que la producción los merece. Y además, está nominado Paco Delgado (que también trabajó en la Blancanieves de Berger) por mejor vestuario (a ver si tiene suerte).

Pero lo que más me impresiona de la película, y del libro en su momento, es el inspector Javert, interpretado por Russell Crowe. Es un personaje merecedor de un verdadero análisis psicológico, que no voy a hacer aquí, porque no es el caso y porque no tengo los conocimientos necesarios. Pero sí comentaré algunos de sus rasgos. 

Javert ha nacido y se ha criado en una cárcel y piensa durante toda su vida que si alguien se convierte en un criminal, es para siempre, que no existe la redención. Rechazando sus orígenes y el delito, se hace policía. Es incapaz de creer en la bondad humana y se lanza a una persecución (legal pero injusta) sin tregua, únicamente para hacer cumplir la ley. Es carcelero y al mismo tiempo esclavo de sus creencias. Consecuentemente, si no admite debilidades en los demás, no puede ser autoindulgente: la ley debe ser igual para todos y sin arbitrariedades. 

Así es como Víctor Hugo describe a Javert: “Se dice que en toda camada de lobos hay un perro, al que la loba mata, porque si lo deja vivir al crecer devoraría a los demás cachorros. Dad un rostro humano a este perro hijo de loba y tendréis el retrato de aquel hombre”. 

Es terrible, un perro (entrenado) que mata a sus hermanos lobos (salvajes). He leído que el autor se inspiró en Vidocq para la creación de Valjean (el lobo salvaje que sigue su propia ley moral) y Javert (el perro entrenado para matar). Vidocq era un personaje real, un antiguo delincuente que llegó a ser director de la Sûreté Nationale (policía francesa). Así pues, asignados los papeles, perro y lobo, queda por averiguar si las condiciones sociales, el libre albedrío y la posibilidad de elección, la educación o el maltrato, pueden hacer de una persona un delincuente o no. El bien y el mal enfrentados, la moral y la ley, el lobo y el perro; aunque en realidad sean dos caras de la misma moneda, dos personajes o mejor dicho uno solo ante la elección constante entre el bien y el mal. 

Y ésta es la vacilación que siente Javert cuando se asoma al puente sobre el Sena, decidido a suicidarse. Da igual lo que haga porque no conseguirá alcanzar la superioridad moral de Valjean. No creo que su férrea obsesión por la caza le haya vuelto loco; más bien al contrario, es su frustración por no conseguirlo, lo que en realidad le trastorna. De alguna manera sabe que, aunque alcance a Valjean, el criminal ya no existe y nunca le podrá encarcelar. Incapaz de superar su propio conflicto interior y aplicándose a sí mismo, inflexiblemente su propia ley, se lanza al río, escapando así de su fracaso:

“Percibía en las tinieblas el pavoroso salir de un sol moral desconocido para él, que le horrorizaba y le deslumbraba”.

En la película no lo hace, pero en el libro sí: antes de suicidarse, escribe sus últimas recomendaciones para mejorar el servicio carcelario. Esclavo de su creencia hasta el final. 



lunes, 10 de diciembre de 2012

Novela: Fortunata y Jacinta


Sinopsis.-
La historia de la familia Santa Cruz desde 1869 a 1876, como un reflejo de la burguesía de la España de la Restauración. Juanito Santa Cruz, el hijo, joven y despreocupado, es amante intermitente de Fortunata y marido de Jacinta. El triángulo amoroso sirve de excusa para describir las relaciones entre clases sociales y el freno que supone la burguesía ociosa e involucionista, anclada en el pasado.

El autor.-
Benito Pérez Galdós (1843-1920). Fue el máximo representante de la novela realista-naturalista en España, sobre todo incluyendo el lenguaje de las clases más populares. También fue político, considerado de izquierdas y al parecer esto influyó en que no le se otorgase el Premio Nobel. 

Mi opinión.-
Recomendar un clásico de la literatura española del siglo XIX sería una obviedad, pero si yo tuviera hij@s les obligaría a leerla. Es la novela más conseguida del naturalismo en español y destaca, sobre todo, por su descripción detallada de la burguesía, ñoña, rancia y meapilas, coexistiendo con las clases más bajas. La novela está ambientada en la España de la Restauración, un período complicado; y aunque Galdós, es el máximo exponente en España de la reflexión socio-política en la novela, lo que más me interesa es destacar los personajes.

Maxi y Juanito. Fortunata y Jacinta.
La galería de personajes es impresionante. Muy especialmente las mujeres, mujeres muy fuertes, acostumbradas a “cargar” con hombres aniñados que sólo les traen problemas. Fortunata y Jacinta, dos imágenes especulares, buena y mala, virtuosa y perdida, rica y pobre, compañeras unidas por la desgracia de amar a un cretino; también destaco a Mauricia la dura, alcoholizada, escandalosa y al final de su vida con delirios místicos; la beata doña Guillermina y doña Lupe y su pecho postizo de algodón (una metáfora también de su corazón, a medias insensible), burguesas que hacen de la caridad un negocio. 

Creo que el siglo XIX fue la cumbre de la novela, para la literatura española y también para otras del entorno. Un siglo apasionante, convulso y sobre todo, revolucionario. Podríamos poner como inicio y final de siglo, la Revolución Francesa y la Revolución Rusa y transversalmente y de manera silenciosa la Revolución de las Mujeres. En el siglo XIX se vivió el despegue definitivo de la incorporación de la mujer a la vida, a todas las dimensiones de la vida: literaria, social, política; y al mismo tiempo fue el siglo más ferozmente misógino de la historia. 

Sólo tenemos que fijarnos en las protagonistas de las grandes novelas. No importaba que fuesen ricas o pobres, burguesas o del pueblo, cultas o semianalfabetas, todas, absolutamente todas, malcasadas y prematuramente muertas por venenos, sobrepartos o abuso emocional. Después de haber desafiado al orden burgués, eran estigmatizadas, despellejadas y rechazadas por la sociedad. La lista sería interminable: Madame Bovary y el arsénico, en 1857; Ana Karenina y el tren, en 1877; Fortunata y un mal parto, en 1887; Nana y la viruela, en 1880; Thérèse Raquin y sus remordimientos, en 1867.

Nunca he entendido por qué estas mujeres, sin duda basadas en personajes reales, sólo eran capaces de desafiar las convenciones por unos hombres pequeñoburgueses, que frecuentemente no merecían la pena; y tampoco sé si este tipo de novelas reflejaba fielmente esa realidad o se escribían para advertencia/escarnio de lo que podía pasarles a las transgresoras. Quizá la solución, como siempre, sea más sencilla y puedo pensar, afinando el cinismo que me caracteriza, que esa disección del carácter y los sentimientos más profundos de las mujeres y su despellejamiento público, sólo fuera un ajuste de cuentas por algún gatillazo del autor. 

Describir así a las mujeres (mujeres fuertes perdidas por peleles), y sobre todo castigarlas por su osadía, podría ser una muestra de machismo; pero ¿cómo describen estos autores a los hombres? En Fortunata y Jacinta no salen muy bien parados. El padre de Juanito es un ser débil, que ha sufrido una educación muy estricta en su infancia y ahora el bienestar económico hace posible que su hijo se eduque como un parásito; el hermano mediano de Maximiliano, es un cura glotón; su hermano mayor, un político chaquetero; los amigos de Juanito, depredadores como él. Creo que sólo se “salva”, muriendo en la novela, Manuel Moreno Isla, enamorado en secreto de Jacinta y que, casualmente, vive en Londres, porque no soporta la grisura del país. 

Antes he dicho que Fortunata y Jacinta podían considerarse imágenes especulares; creo que lo mismo se puede aplicar a mis personajes “favoritos”: Juanito Santa Cruz, llamado El Delfín y Maximiliano Rubín. Enfermo social y enfermo mental, respectivamente. Ñoños, infantiloides, impotentes, parásitos, sobreprotegidos por madres desbordantes, asfixiantes; incapaces de ser hombres en su hogar. Dedicados a torear a las mujeres del pueblo y después sacudirse el gabán y volver a la respetabilidad de su casa burguesa. Son la imagen de la debilidad e indolencia del país; debilidad física en el caso de Maxi y moral en el caso de Juanito. Maximiliano encuentra la salvación en su delirio, pero Juanito seguirá siendo inconsistente y voluble, dedicado a la caza de jóvenes como Fortunata a la que Galdós describe como “infeliz joven abandonada, miserable y quizá maloliente”. 

Hubo una muy buena adaptación para la televisión hace unos años dirigida por Mario Camus e interpretada por Ana Belén (Fortunata), Maribel Martín (Jacinta), François-Eric Gendron (Juanito Santa Cruz) y Mario Pardo (Maximiliano Rubín). Se puede ver a través de la web de rtve.es/alacarta. Y también hay una nueva adaptación de Ana Karenina para el cine, otra sufridora que no me podré resistir a ver. 


Fortunata y Jacinta 
Benito Pérez Galdós
Edición de Francisco Caudet
Ed. Cátedra. Letras Hispánicas