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jueves, 21 de mayo de 2020

Novela: La herencia de Eszter de Sándor Márai (1939)


El autor.-
Sándor Márai está considerado unos de los escritores centroeuropeos más importantes del siglo XX, aunque durante muchos años su obra estuvo prohibida en Hungría, su país de origen, por considerarla decadente y burguesa. Fue también periodista y dramaturgo. Otras obras suyas: El último encuentro, Divorcio en Buda, Los rebeldes. 

Mi opinión.-
El autor nació en 1900 en Kassa (entonces Hungría y hoy Eslovaquia) y vivió momentos muy turbulentos: desde la decadencia del imperio austrohúngaro hasta el auge del nazismo y la posterior ocupación comunista de Hungría. Todo ello en apenas 50 años. Todo ello tuvo reflejo en su obra, aunque en esta novela pueda ser un reflejo muy indirecto.


Eszter es una dama de la alta sociedad que sobrevive a duras penas en un antiguo caserón heredado de su familia, acompañada por Nunu, una pariente lejana que ejerce también como criada. En su juventud se enamoró de Lajos, un vividor que terminó casándose con su hermana y dilapidando la fortuna familiar. Cuando Lajos, después de tantos años, vuelve a presentarse Eszter no tiene ninguna duda de que viene a hipotecar la casa y a llevarse el poco dinero que queda.


Ante estas pretensiones de Lajos y a pesar de que sus amigos le instan a que actúe de otra manera, Eszter sólo reacciona con pasividad. Y esto es lo que más llama la atención en la novela, la aceptación pasiva de su destino. Más que personajes individuales, Eszter y Lajos son la personificación de lo que desaparece y de lo que va a surgir. Por una parte, el mundo de la alta burguesía ligada al imperio austrohúngaro, definitivamente hundido y por otro, algo que todavía está por definirse pero que, sin duda, no aportará nada bueno.


Lajos es un seductor egoísta, un embaucador, pero no sólo de mujeres. Siempre ha conseguido vivir del dinero de los demás explotando su capacidad de victimismo; es un mentiroso que cree sus propias mentiras y al que los demás también creen conscientes del engaño porque aporta una cierta sensación de peligro a sus vidas monótonas y gastadas. Lajos es un manipulador que exige que le amen sin condiciones porque “El amor es cosa de mujeres. Sólo destacáis en eso… No es verdad que los hombres sean responsables de su amor. Hubieras tenido que amarme como ama una heroína”. Es decir, con abnegación, sin cuestionamientos y hasta la muerte. Así queda retratado este personaje abusador, bajo esa apariencia de encantador.


Si es así como Eszter fue educada no extraña que acepte con pasividad, con calma y con cierta dignidad, el fin de esa sociedad tan decadente. La mayor parte de la novela está escrita como un monólogo interior y desarrollada en el espacio cerrado de la casona, considerada casi como un escenario teatral (ha habido adaptaciones a teatro y también al cine).


Cuando Lajos se va, llevándose la hipoteca y lo poco que quedaba (Nunu dice que se llevan hasta las conservas), las dos mujeres sólo tienen que cerrar puertas y ventanas y esperar, tranquilas y resignadas, el momento final porque su mundo ya hace tiempo que terminó. Y está bien que así sea.







La herencia de Eszter
Sándor Márai
Trad. Judit Xantus Szarvas
Ed. Salamandra 

jueves, 26 de marzo de 2020

Novela: El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Tîbuleac (2016)


La autora.-
Tatiana Tîbuleac empezó a trabajar en la televisión y la prensa en lengua rumana después de concluir sus estudios de Periodismo y Comunicación. Nació en Chisinau, Moldavia, aunque actualmente vive en París. Ha publicado un libro de relatos, Fábulas modernas, y su segunda novela Jardín de vidrio. 

Mi opinión.-
Al terminar de leer esta novela, inmediatamente, me han surgido dos preguntas: ¿Quién no ha odiado a su madre siendo adolescente? y ¿Por qué la autora ha elegido a un personaje masculino como protagonista?

El protagonista es de origen polaco y vive en Haringey, Londres

Respecto a la segunda, dice la autora en una entrevista, que asumir una voz masculina le ha hecho sentir más cómoda a la hora de enfrentarse a la violencia con la que se expresa Aleksy, el personaje principal. Es curioso que una mujer no se sienta cómoda con la violencia. Aleksy es un artista con profundos problemas psicológicos, quizá, por su adicción a las drogas. Su terapeuta le anima a escribir para revelar sus traumas. Hay que tener en cuenta que cuando Aleksy escribe es un hombre ya de unos 40 años, que acaba de sufrir un terrible accidente que le ha costado la movilidad en las dos piernas y la muerte de su novia, aunque haga más de 20 años que ha perdido a su madre. No extraña que, a partir del accidente, sufra un bloqueo creativo. 

Aleksy descubre que los caracoles son golosos
Así Aleksy nos introduce en su vida de adolescente marcado por la enfermedad mental, con estancia en un psiquiátrico incluida, pero sobre todo nos introduce en el último verano que pasó con su madre. El verano en el que primero aprendió a desodiarla y después aprendió a amarla, superando una traumática infancia de abandono y desamor. Este precioso libro nos habla también del poder de curación de la escritura. Una escritura que por momentos se convierte en oración o, mejor dicho, en letanías de una belleza poética. Los ojos de mi madre eran cicatrices…, los ojos de mi madre eran conchas despuntadas…, los ojos de mi madre eran campos de tallos rotos… los ojos de mi madre lloraban hacia adentro.


Sobre el odio de un adolescente hacia su madre habría mucho que decir pero en el caso de Aleksy llegamos a comprenderlo. Y su madre también. Ella sabe que ha sido injusta con el crío, especialmente, después de la muerte de su hija pequeña; y él aprende que a veces los seres humanos no saben hacer nada bien. Y es que la suya es una madre que nunca ha tenido suficiente amor ni demasiada suerte en la vida.


La novela es intensa como un buen verano y está iluminada por el reflejo de los girasoles. A mí no me resulta dura, ni violenta, todo lo contrario. Acompañar a alguien en su muerte creo que da una perspectiva diferente de lo que es importante en la vida. Paradójicamente, ese acompañamiento en la muerte pone calor en el corazón del que se queda. A mí me sucedió así. Esta novela me reconcilia con todo lo que rechazo en mi vida. Además está muy bien editada por Impedimenta que siempre adjunta una postal que reproduce la portada en todas sus novelas. Muy recomendable. 




El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes
Tatiana Tîbuleac

Trad. Marian Ochoa de Eribe

Ed. Impedimenta