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viernes, 24 de octubre de 2025

Novela: Los armarios vacíos de Annie Ernaux (1973)

La autora.-

La literatura de Annie Ernaux ha sido calificada como auto-socio-biografía. Partiendo de su propia vida y experiencias, la autora intenta explicar el mundo y sus contradicciones sin caer en la autoficción. Premio Renaudot en 1984 y Premio Formentor en 2019. Otras obras suyas: L’autre fille, L’occupation, La femme gelée, Une femme.

Mi opinión.-

Esta novela es desgarradora. Nos muestra, con muchísima crudeza pero sin aspavientos, un momento dramático en la vida de una joven. En unas pocas horas, después de visitar a una abortera, Denise destripa su vida, desde la niñez a la primera juventud y asistimos a la descripción detallada de los dos mundos donde transcurre su vida sin que pueda pertenecer a ninguno de ellos.

El primer mundo, que tiene un mayor peso durante su infancia, es el mundo de sus padres. Ambos llevan un negocio que les permite vivir sin poderse permitir el lujo de tener un cuarto de baño en el interior de la vivienda. El padre regenta el bar para los borrachines del pueblo y la madre una tienda de comestibles en la que puede fiar al resto de vecinas y enterarse de todos los chismorreos de la vecindad. Personas sencillas pero que vistas a través de los ojos de la hija se convierten en esperpentos vulgares a los que, frecuentemente, odia. En ese mundo todo son griteríos, olor a orina rancia, hules desgastados. Pero es un mundo que no está destinado a Denise.

Aunque parezca contradictorio sus padres desean que salga de ese mundo, que estudie y que tenga muchas más oportunidades en su vida. Y todo su esfuerzo y todas las molestias que deben aguantar lo hacen teniendo ese objetivo en su pensamiento. Que su hija sea alguien que ellos no pudieron ni siquiera soñar. Es por esto que toda la narración de la hija, abusiva contra sus padres, nos puede parecer fruto de la ingratitud y de la malcrianza. Aunque, en realidad, no sea ese el caso.

El segundo mundo, que también es despreciado por Denise, es el del colegio. Colegio privado o el equivalente a concertado en la enseñanza española, en lugar de la escuela pública a la que debía haber ido según su clase social. Ese es el gran esfuerzo que hacen sus padres y aunque ella, aparentemente aprovecha esa ocasión siendo una buena estudiante, no deja de relatarnos durante esas horas agónicas en las que espera que el aborto tenga lugar, con detalle la vergüenza que siente ante sus compañeras de clase superior, la hostilidad de los profesores y las monjas, su ropa raída y el deseo de ocultar su origen: el bar apestoso y la sucia tienda de sus padres.

No se libran de su crítica feroz las compañeras y amiguitas de la infancia con las que mantiene una relación de amor-odio, envidia y complejos. Denise descubre en el colegio que puede utilizar su inteligencia para atraer a la gente y así vengarse de ella pero también que puede hacerse un sitio en este segundo mundo. En él, supera a todas sus compañeras y tiene ambiciones intelectuales que le acercan a diferentes chicos. Y las salidas con estos chicos son uno de los encontronazos más fuertes que tiene con su madre.

Porque su madre ejerce una vigilancia férrea sobre la virtud de la hija. Y esa es la sensación que la autora transmite en su novela. Estar siempre en guardia. Siempre estar vigilante para que su origen social no se note y siempre vigilada por su madre para no ser la comidilla de las vecinas. Porque salir con chicos es pecado. Y es curioso que en una república laica, las jóvenes de los años 1950 sufriesen la misma represión sexual (o muy parecida) que las jóvenes bajo la dictadura franquista. A pesar de tanta vigilancia perderá la virginidad de una manera sórdida y tendrá que enfrentarse sola a un aborto clandestino.

Durante toda la novela Denise pasa de un mundo a otro sin pertenecer a ninguno y este pasaje será cada vez más costoso. Denise tendrá que olvidar las palabras que sus padres, palurdos, utilizan para no sentirse humillada frente al desparpajo de las otras alumnas y de sus ligues. Y vivirá internamente ese desgarro de no poder agradecer a sus padres los esfuerzos que hacen para que ella tenga una educación. Sentirá la culpa y la decepción por su incapacidad para querer a unos padres tan inferiores a ella.

El personaje de Denise me ha recordado a la Carmen Sotillo de Cinco horas con Mario. La diferencia, según creo, es que Carmen disfruta el monólogo interior que surge a partir de la muerte de su marido. Sin embargo, Denise se despelleja a sí misma, se desgarra a partir de la visita a la abortera. Es saber que tiene apenas 18 años y que está sufriendo esta experiencia tan traumática la que nos da la clave para no odiarla.


Los armarios vacíos 
Annie Ernaux
Cabaret Voltaire

miércoles, 8 de marzo de 2023

Novela: Les loyautés de Delphine de Vigan (2018)

La autora.-
Delphine de Vigan es una escritora francesa muy reconocida que ha recibido los más importantes premios literarios. Ha trabajado también como guionista y directora de cine. Podríamos subrayar el carácter autobiográfico de varias de sus obras y que algunas de ellas han sido adaptadas al cine. Otras obras suyas: No y yo, Las horas subterráneas, Nada se opone a la noche

Mi opinión.-
Según el nombre de los capítulos de esta novela podríamos concluir que existen cuatro personajes principales. Hélène es una profesora de instituto en su cuarentena, soltera, aparentemente sin amigos y sin vínculos familiares. Arrastra el recuerdo de una infancia traumática debido al alcoholismo de su padre. Es la única que se da cuenta de que algo no funciona bien en la vida de uno de sus alumnos.

Théo es un adolescente que no puede soportar su situación y bebe alcohol hasta llegar a la inconsciencia. Es un niño obligado a desenvolverse como un adulto aunque apenas tenga doce años. Desde el divorcio de sus padres, vive en custodia compartida. Su padre está en el paro y sumido en una profunda y paralizante depresión y su madre vive carcomida por el odio hacia el marido que le fue infiel. Esta situación provoca en Théo una inmensa tristeza y una continua culpabilidad. En el colegio está aislado y sólo se relaciona con Mathis.

Mathis también vive en un hogar conflictivo. Su madre, Cécile, acomplejada por su origen social notablemente inferior al de su marido, sin embargo acaba de descubrir su verdadera cara. William, el caballero de clase privilegiada, bien educado y culto, desde el anonimato de un pseudónimo en las redes sociales, transpira odio contra los judíos, las mujeres, los negros y los homosexuales. Cécile desbordada por la situación no sabe qué hacer con su hijo, de quien sospecha que le roba dinero.

Nos encontramos con una novela sobre relaciones familiares tóxicas vistas desde el punto de vista de la maternidad. Los retratos hechos por la autora de Cécile y de la madre de Théo son desesperanzadores. Son mujeres que no pueden superar la decepción de sus fracasos de pareja, la infidelidad y la mentira y que transmiten a sus hijos la amargura, la frustración y la angustia de vivir, sin darles, al mismo tiempo, las herramientas necesarias para arreglárselas.

En realidad, son los padres los causantes de la destrucción de la familia. Por infidelidad y por hipocresía, pero la autora ha preferido mantenerlos en un segundo plano para centrarse en los sentimientos y la zozobra de las mujeres. Me parece que esta novela es espléndida desde un punto de vista literario. Se apoya en un lenguaje muy sobrio, a veces incluso, seco y duro; con frases muy cortas, que golpean y son muy dolorosas. Una novela que llega a cortarla respiración y que sólo muestra un rayo de esperanza en las últimas líneas. Muy recomendable.


Les loyautés 
Las lealtades 
Delphine de Vigan 
Ed. JCLattés 


miércoles, 17 de marzo de 2021

Narrativa: Memoria de chica de Annie Ernaux (2016)

La autora.- La literatura de Annie Ernaux ha sido calificada como auto-socio-biografía. Partiendo de su propia vida y experiencias, la autora intenta explicar el mundo y sus contradicciones sin caer en la autoficción. Premio Renaudot en 1984 y Premio Formentor en 2019. Otras obras suyas: L’autre fille, L’occupation, La femme gelée, Une femme

Mi opinión.- He dicho en el párrafo anterior que la autora no cae en la autoficción puesto que su característica fundamental, desde mi punto de vista, es que huye de cualquier artificio y de cualquier adorno. Con su literatura, según los críticos, nos enfrentamos a la literatura más real, más encarnada en lo real del siglo XXI.

En esta novela especialmente podríamos decir que Annie Ernaux utiliza los recursos de algunas escuelas de sociología consagradas. La relectura de sus diarios, redactados durante toda su vida, la recuperación de cartas escritas durante el momento estudiado e, incluso, la investigación de las fotografías de la época. No recurre únicamente a los “traicioneros” recuerdos sino que recrea las situaciones que quiere narrar acudiendo a las fuentes originarias. Todo un desafío de estilo literario.

En Memoria de chica resucita los años de su primera juventud: desde su primer trabajo como monitora hasta la elección de una carrera universitaria. Dos hitos en su evolución como persona independiente que trata de controlar su vida alejándose de sus padres. En ese momento examina con atención su origen social, para dar paso a una cierta vergüenza de clase social desfavorecida que incluye también a sus padres.

En esta novela Ernaux empieza a dejar atrás su condición de hija de la tendera, de niña sofocada por un ambiente provinciano y católico aunque bien atendida por sus padres. Y aprovechando su inteligencia y predisposición para los estudios puede acceder a una educación que, en principio, no le habría correspondido. Esto produce un quiebre en su personalidad. Por un lado, la vergüenza por su origen al compararse con otras compañeras de clase social superior y por otro lado, la vergüenza de sentir vergüenza por sus padres. Unos padres que se han desvivido por ella, por darle la mejor educación para que viviese mejor que ellos.

Es una situación difícil de digerir para una adolescente que se enfrenta en 1958 además con su educación católica y con sus primeras experiencias y decepciones sexuales y con las consecuencias que éstas tendrán: el ridículo y el escarnio por parte de sus compañeras, la maledicencia y el insulto por parte de los chicos, pero que ella acepta porque se considera una vanguardista de la libertad sexual, incluso antes de leer a Simone de Beauvoir cuando, en realidad, es una joven analfabeta sexual.

Annie Ernaux utiliza la literatura para dar voz a quienes no han sido escuchados nunca. Es decir, a la clase trabajadora que intenta y consigue que sus hijos lleguen a ser clase media, aunque éstos se sientan incómodos en esa zona fronteriza y dentro de la clase trabajadora a las mujeres, presionadas y utilizadas sexualmente y, al mismo tiempo, condenadas por ello. Es, en este sentido, una literatura subversiva y de clase en el sentido marxista de la expresión.

En el discurso de agradecimiento del Premio Formentor, Annie Ernaux menciona constantemente la expresión no estar en mi sitio que aplica a su adolescencia y primera juventud y especialmente a su estancia en el internado burgués en el que la convivencia con sus otras compañeras, de origen social superior, casi le había convencido de estar ilegitimada e incapacitada para emprender estudios universitarios superiores. Es allí cuando empieza su vocación de escritora y su rebeldía se proyecta en la elección de sus temas. Fijarse en la microhistoria de la vida cotidiana de una adolescente en conflicto y esforzarse en recrearla en toda su crudeza supone una búsqueda de la verdad y de lo real, desprovista de artimañas, excusas y coartadas que no puede identificarse con la autoficción que, desde mi punto de vista, trasciende la autoficción. Elegir para esta literatura un lenguaje y un estilo tan descarnados, neutros y tan desprovistos de emociones en realidad consigue el efecto contrario, revivir la realidad. Cualquier libro de Annie Ernaux es muy recomendable. Está ya entre mis autoras favoritas.


Memoria de chica
Annie Ernaux
Trad. Lydia Vázquez Jiménez
Cabaret Voltaire

lunes, 14 de enero de 2013

Cine: Los Miserables


Sinopsis.-
Jean Valjean se ve obligado a robar comida para alimentar a su familia. Después de ser condenado a galeras y cumplir su condena de 19 años (por robar pan), consigue la libertad condicional. Por cualquier sitio que pasa es rechazado y esto va aumentando su resentimiento contra la sociedad. La generosidad del Obispo Myriel supondrá el inicio de un cambio definitivo en su vida. 

El Autor.-
Víctor Hugo, escritor romántico de los más importantes de la literatura francesa. Su compromiso político le supuso también el exilio durante 20 años. Participa en la represión de 1848 contra los obreros, que posteriormente condenará. Regresa a Francia después del exilio y se implica en política intensamente. Está enterrado en el Panteón de París. 

Mi opinión.-
Jean Gabin y Danièle Delorme
Siguiendo con mi interés por el siglo XIX y su literatura, el otro día fui a ver la adaptación al cine de la versión teatral de Los Miserables. Había leído ya el libro hace un montón de tiempo y además había visto una versión en televisión, una peli francesa de 1957 protagonizada por Jean Gabin. Jean Gabin ha sido uno de los mejores actores franceses y aquí estaba excepcional, pero lo que realmente recordaba yo era el personaje de Fantine; la pobre mujer que intentaba por todos los medios criar a su hija y solo encontraba incomprensión y violencia. Estaba interpretada por Danièle Delorme, y sobre todo recuerdo la escena en la que gritaba y lloraba que antes de prostituirse ya había tenido que vender hasta sus dientes (da miedo imaginarse quién y por qué podría comprar dientes de otros).

Bueno la adaptación de la obra teatral me ha parecido magnífica. Sé que puede parecer larga, dos horas y media a veces se hacen difíciles de seguir, pero es pura emoción; los constantes primeros planos le dan mucha fuerza y los planos cenitales y movimientos rápidos de cámara producen una sensación vertiginosa, que realmente transporta a las barricadas de una revolución. 

Tengo que avisar también, para quienes no la hayan visto, que el 90% de la peli es cantada y en inglés, apenas hay diálogos entre canciones. Para mí es algo que ayuda a mantener la emoción durante todo el tiempo, pero hay que ir avisado. 

Desde mi punto de vista, es también un acierto que el director, Tom Hooper (El discurso del rey) haya preferido que los actores interpreten las canciones en el momento del rodaje y que no haya (aparentemente) añadido nada más. Anne Hathaway (Fantine) supera las expectativas que yo tenía, no la había visto desde El diablo se viste de Prada y es conmovedora, y Hugh Jackman (Valjean), impresionante; Russell Crowe (Javert), aunque su voz se queda un poco corta, cumple muy bien con el papel y resulta convincente en su pertinaz cacería contra Jean Valjean. Y por poner algo negativo, Amanda Seyfried (Cossette), creo que da una excesiva fragilidad a su papel, interpreta a una damisela del siglo XIX pero podía haberle puesto un poco más de garra. 

También me gustaron mucho los Thénardier (Helena Bonham-Carter y Sacha Baron-Cohen), que interpretan a los taberneros encargados de la crianza de Cossette y que le dan a la peli un punto siniestro, de infancia dickensiana, sucios y realmente miserables, estridentes, estrafalarios y con mucho sentido del  humor.

Ha sido nominada a un montón de categorías para los Oscars (8) y para los Globos de oro y para los Bafta,  y para los... etc. etc., en fin que de cualquier manera va a arrasar y la verdad es que la producción los merece. Y además, está nominado Paco Delgado (que también trabajó en la Blancanieves de Berger) por mejor vestuario (a ver si tiene suerte).

Pero lo que más me impresiona de la película, y del libro en su momento, es el inspector Javert, interpretado por Russell Crowe. Es un personaje merecedor de un verdadero análisis psicológico, que no voy a hacer aquí, porque no es el caso y porque no tengo los conocimientos necesarios. Pero sí comentaré algunos de sus rasgos. 

Javert ha nacido y se ha criado en una cárcel y piensa durante toda su vida que si alguien se convierte en un criminal, es para siempre, que no existe la redención. Rechazando sus orígenes y el delito, se hace policía. Es incapaz de creer en la bondad humana y se lanza a una persecución (legal pero injusta) sin tregua, únicamente para hacer cumplir la ley. Es carcelero y al mismo tiempo esclavo de sus creencias. Consecuentemente, si no admite debilidades en los demás, no puede ser autoindulgente: la ley debe ser igual para todos y sin arbitrariedades. 

Así es como Víctor Hugo describe a Javert: “Se dice que en toda camada de lobos hay un perro, al que la loba mata, porque si lo deja vivir al crecer devoraría a los demás cachorros. Dad un rostro humano a este perro hijo de loba y tendréis el retrato de aquel hombre”. 

Es terrible, un perro (entrenado) que mata a sus hermanos lobos (salvajes). He leído que el autor se inspiró en Vidocq para la creación de Valjean (el lobo salvaje que sigue su propia ley moral) y Javert (el perro entrenado para matar). Vidocq era un personaje real, un antiguo delincuente que llegó a ser director de la Sûreté Nationale (policía francesa). Así pues, asignados los papeles, perro y lobo, queda por averiguar si las condiciones sociales, el libre albedrío y la posibilidad de elección, la educación o el maltrato, pueden hacer de una persona un delincuente o no. El bien y el mal enfrentados, la moral y la ley, el lobo y el perro; aunque en realidad sean dos caras de la misma moneda, dos personajes o mejor dicho uno solo ante la elección constante entre el bien y el mal. 

Y ésta es la vacilación que siente Javert cuando se asoma al puente sobre el Sena, decidido a suicidarse. Da igual lo que haga porque no conseguirá alcanzar la superioridad moral de Valjean. No creo que su férrea obsesión por la caza le haya vuelto loco; más bien al contrario, es su frustración por no conseguirlo, lo que en realidad le trastorna. De alguna manera sabe que, aunque alcance a Valjean, el criminal ya no existe y nunca le podrá encarcelar. Incapaz de superar su propio conflicto interior y aplicándose a sí mismo, inflexiblemente su propia ley, se lanza al río, escapando así de su fracaso:

“Percibía en las tinieblas el pavoroso salir de un sol moral desconocido para él, que le horrorizaba y le deslumbraba”.

En la película no lo hace, pero en el libro sí: antes de suicidarse, escribe sus últimas recomendaciones para mejorar el servicio carcelario. Esclavo de su creencia hasta el final. 



viernes, 19 de octubre de 2012

Germinal


Sinopsis.- 
Hace 150 años los obreros mendigaban trabajo por los caminos, de pueblo en pueblo, hambrientos y vagabundos, confundidos con los delincuentes. Étienne Lantier ha sido despedido por abofetear a su jefe. Así llega a la mina y conoce a la familia de Maheu. Encontrará allí la miseria, la solidaridad, el egoísmo y su toma de conciencia para la mejora de las condiciones laborales de los mineros. Francia, 1866.

El autor.- 
Émile Zola (1840-1902), es el primer representante del intelectual comprometido y de la novela naturalista francesa. Hijo de un emigrante italiano que llegó a ser oficial del ejército de Napoleón y que murió joven dejando a la familia en una situación económica precaria. Murió intoxicado y nunca quedó claro si había sido o no asesinado.

Mi opinión.- 
Empiezo este curso 3º de sociología y me he propuesto leer los clásicos del siglo XIX que reflejen la sociedad en la que surgió la primera de las Ciencias Sociales. He elegido este clásico francés y, aunque recomendarlo sería una obviedad, aquí os dejo mi opinión. 

La novela naturalista pretendió ser una descripción imparcial pero creo que apasionada de las conductas humanas. No trató de hacer juicios morales, ni tampoco pretendía proponer remedios; pero su hiperrealismo conmocionó de alguna manera a la sociedad de su época. Con una gran influencia del evolucionismo consideraba a los seres humanos determinados por su herencia genética y su entorno social.

Así Zola utiliza todos estos recursos para “fotografiar” con precisión, los pensamientos y las conductas de los personajes, incluidos los animales, y también de la mina. 

Desde el momento que el autor elige un solo narrador que describe a todos los personajes y también su mundo interior, adopta un punto de vista neutral, no se decanta ni por mineros ni por burgueses; se sumerge en la condición humana más íntima para reproducirla con objetividad documental. Sin embargo, creo que su condición de hijo de inmigrante le hace perder esa neutralidad y tener simpatías por los mineros y especialmente por las mujeres mineras, doblemente abusadas, por ser pobres y ser mujeres, y así lo narra a través de Étienne que ve pasear a las chicas mineras con sus enamorados “…derrengadas de fatiga, que todavía eran lo bastante idiotas para fabricar … carne para el trabajo y para el sufrimiento … engendrando muertos de hambre” o cuando describe a Catherine abusada por su novio “… con la resignación pasiva de las chicas que sufren al macho desde hora temprana”.

Y la mina es una “…bestia malvada … perturbando el aire con su penosa digestión de carne humana” y llevando “…hacia el abismo a los hombres que las fauces del agujero parecían beberse”.

Describe la indigencia escrupulosamente, hasta los detalles más míseros (la suciedad, la promiscuidad sexual, la traición); pero aún en esa sordidez en lugar de considerar culpables a los mineros, les ve reducidos a una condición de animalidad, heredada o impuesta; resignados a sufrirla con un fatalismo del que es imposible que escapen. Pero manteniendo su dignidad.

Por muy emponzoñada o tóxica o violenta que sea una situación, Zola encuentra como conmover al lector. Cuando un nuevo caballo se incorpora al trabajo dentro de la mina, Émile Zola nos cuenta lo que Batalla, el viejo caballo de carga que lleva años sin salir de allí, “siente”: "…se acercó y alargó el cuello para olfatear a aquel compañero que caía de aquel modo de la tierra… encontraba en su compañero el buen aroma del aire libre, el aroma olvidado del sol en las hierbas. Y de pronto estalló en un relincho sonoro, de una música llena de alegría donde parecía haber el enternecimiento de un sollozo. Era la bienvenida, la alegría por aquellas cosas antiguas de las que le llegaba una bocanada, y la melancolía de aquel prisionero que no volvería a subir sino muerto”. 

He leído esta novela para acercarme a la sociedad del siglo XIX y me deja un gusto amargo y la sensación de que cuando las cosas cambian para los trabajadores, casi siempre es a peor. Que las crisis son excusas para dejarnos sin derechos que costó alcanzar más de 150 años de lucha obrera. Que debajo de las teorías económicas, de la productividad, de la flexibilidad laboral, de la competitividad no está más que la explotación por codicia.

Algunos economistas del siglo XVIII, entre ellos David Ricardo, propusieron la “Ley de Bronce de los Salarios”: los salarios deben tender de forma natural al nivel mínimo para que el obrero únicamente pueda subsistir y reproducirse. Esto recuerda a aquel médico de un campo de concentración nazi que había calculado la cantidad de calorías que un prisionero debía ingerir para ser productivo y estar lo suficientemente débil para no poder rebelarse contra la tortura.



Germinal
Émile Zola
Traducción: Mauro Armiño
Alianza Editorial