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miércoles, 25 de enero de 2023

Obra de teatro: Nuestra Natacha de Alejandro Casona (1934)

El autor.-
Alejandro Casona perteneció a la Generación del 27 y fue maestro además de dramaturgo. Después de la Guerra Civil se exilió y se instaló definitivamente en Argentina. En sus primeras obras exploró la tensión entre la fantasía y la realidad, el deseo poético de evadirse. Se involucró en la existencia de las Misiones Pedagógicas (esta obra es muestra de ello). Volvió a España en los años 1960 y continuó su producción teatral. Pero, entonces, los tiempos habían cambiado y se le consideró un autor demasiado conservador y pasado de moda. Actualmente, sin embargo, en pleno siglo XXI, Nuestra Natacha se sigue representando. Otras obras suyas: La dama del alba (1944), La sirena varada (1934) y El caballero de las espuelas de oro (1962). 

Mi opinión.-
Casona se inspiró en su madre, maestra e inspectora de enseñanza primaria, para crear el personaje de Natacha y, también, en esos jóvenes, chicos y chicas, especialmente chicas, que se habían criado durante la Dictadura de Primo de Rivera, un momento histórico en el que se dio mucha importancia a la educación de la infancia y la juventud. En definitiva, una generación que, a partir de 1936, sería brutalmente masacrada o condenada al exilio. Pocos de ellos podrían poner en marcha sus iniciales proyectos vitales.

Natacha es una huérfana que ha conseguido doctorarse en pedagogía en los años 1930, en España, gracias a su padrino. Es una joven apasionada y vitalista que intenta, por todos los medios, educar de otra manera. De una manera muy distinta a como ella misma fue tratada en ese mismo orfanato del que ahora va a ser directora.

Natacha está rodeada de personajes tan entusiastas como ella y de otros que siguen el modelo más tradicional de la letra con sangre entra. Entre los personajes entusiastas está Lalo, aparentemente un tarambana. Se define como individualista y robinsoniano y Natacha le considera una fuerza desorientada pero, al fin y al cabo una fuerza que debería encontrar un cauce social para tanta vida que le desborda; podría ser, si esto existiera, un profesor de optimismo. Sin embargo, Lalo lo que querría sería seguir estudiando eternamente para eludir las responsabilidades de la adultez, aunque terminará madurando. Está enamorado de Natacha y pondrá a su disposición una alquería para iniciar su nuevo proyecto pedagógico, la creación de una granja educacional para huérfanos sin recursos que sustituirá al Reformatorio de las Damas Azules. Flora y Mario son otros dos personajes luminosos. Marga es una de las educandas, la más conflictiva. Habitualmente está castigada por todo tipo de rebeldías aunque sus deseos de libertad sólo la llevan a querer caminar. Es el personaje que nos recuerda cómo debió ser la infancia y adolescencia de Natacha y, al haber sufrido un abuso sexual por parte de un señorito, le da la oportunidad al autor para criticar esa clase social que quería mantener el sometimiento y violencia sexual contra las mujeres pobres.

Natacha empieza su labor como directora del reformatorio y empiezan los problemas. Frente a la disciplina, ella utiliza la persuasión y frente a la domesticación por el castigo, la responsabilidad por la educación. Pero la marquesa, presidenta del patronato que sostiene a la institución, será la encargada de comunicarle su cese porque los cambios son demasiado revolucionarios y así se verá obligada a empezar su proyecto más personal en la alquería de Lalo ayudada por sus amigos.

Se considera esta obra como una fábula pedagógica y respecto a ello os recomiendo leer este artículo de Raquel Gutiérrez Sebastián y Borja Rodríguez Gutiérrez que he encontrado en la red, Dos fábulas pedagógicas con 70 años de diferencia. De Nuestra Natacha (1935) a Los chicos del coro (2004).

Aunque, como ya he dicho, la obra rezuma vitalidad y entusiasmo y la  convicción ciega e idealista de que la educación puede cambiarlo todo, yo no podía dejar de pensar que seis meses después de su estreno en Madrid estallaría la Guerra Civil (tal y como el autor anuncia ya en el Acto I) y todo ese entusiasmo y deseo de cambio y progreso quedaría ahogado en sangre.  


Nuestra Natacha
Alejandro Casona
Ed. Castalia 

miércoles, 13 de julio de 2022

Novela: Celia en la Revolución de Elena Fortún (1987)

La autora.-
Elena Fortún pertenecía a la alta burguesía madrileña; su familia materna pertenecía a la nobleza vasca. Se casó muy joven y tuvo dos hijos, uno de ellos prematuramente muerto. Empezó sus colaboraciones en prensa animada por María Lejárraga quien le presentó a Luca de Tena, director de ABC que la contrató para publicar en el suplemento infantil del periódico, Gente Menuda. Su inquietud, tanto intelectual como espiritual, le llevó a formar parte de la Sociedad Teosófica de Madrid. Otras obras suyas: Oculto sendero, El pensionado de Santa Casilda.  También existe una adaptación de los primeros libros de Celia a serie de televisión realizada por RTVE, Celia.

Mi opinión.-
Hace unos cuantos años leí Oculto sendero de esta misma autora y tengo intención de volver a leerla. Una novela autobiográfica que me resultó muy interesante y, en cierto sentido, complementaria de la serie protagonizada por Celia. Digo que puede ser complementaria porque en Celia también se pueden rastrear rasgos autobiográficos.

Los libros que componen la saga de Celia son 21, colecciones de cuentos y novelas cortas. Constituyen una descripción fiel de la avidez con que una niña, fantasiosa y muy protegida, se enfrenta a las contradicciones de la vida y, además, también es la radiografía de un tiempo y de una clase social y de la capacidad de adaptación en momentos de conflictividad extrema.

Celia en la Revolución es el último de ellos. Es ya una adolescente que tiene que enfrentarse sola a la Revolución y a la Guerra Civil. Ha sido educada por su padre en un ambiente liberal y demócrata, donde la república y la voluntad del pueblo son los valores supremos que, sin embargo, se verán amenazados por la propia revolución popular. Desde el principio el padre de Celia ve como la república es asesinada por su propio pueblo. Una república sin gobierno ni ejército, sin policía puesta en manos de un pueblo maltratado y resentido, dice el padre, “inculto, indisciplinado y desatinado”.

En ese contexto Celia, esa niña un poco cursi, llena de lacitos que habla de su hermano Cuchifritín y de Teresina y Fifina, llegará a ser una adolescente con responsabilidades familiares. Tendrá que luchar para poder alimentar a su familia. Pasará por el hambre, las privaciones y el ambiente de venganza y muerte en un Madrid sitiado y tendrá que huir por un país en guerra en busca de una cierta seguridad. Pasará por Segovia, Madrid, Valencia, Albacete, Barcelona, Madrid otra vez, Valencia otra vez, hacia finalmente el exilio.

Se encuentra durante ese recorrido con la generosidad de unas personas y con la maldad y perversión de otras, capaces incluso de robar la comida de un enfermo. Una adolescente sobreprotegida tendrá que ponerse a trabajar, a hacer fila en las colas de racionamiento y a ir de un sitio a otro para encontrar algo que comer; a ver a los fusilados tirados en la calle y a sentir el odio de clase de gente a la que conoció en su vida anterior y que en ésta se comportan como déspotas. Aunque también será el momento del primer amor.

Esta novela ha sido reeditada por Renacimiento en su intento de rescatar autoras de la llamada Edad de Plata de la literatura española. A veces, la autora recurre a una escritura excesivamente ñoña y creo que lo hace conscientemente para resaltar todavía más el contraste entre el habla delicada de una niña de clase alta y la brutalidad de los acontecimientos que está viviendo. Además también es interesante ver la interacción de esta habla relamida propia de los burgueses con el habla llama de la criada y otros personajes de clase baja que aparecen en la novela. Pero algo que queda claro es que la maldad y la bondad no se reparten por clases sociales sino que son elecciones individuales. Muy recomendable.


Celia en la Revolución 
Elena Fortún
Renacimiento, 2016


miércoles, 16 de febrero de 2022

Biografía: Agonizar en Salamanca de Luciano G. Egido (2006)

El autor.-
Luciano G. Egido es ensayista, poeta y novelista que ha recibido varios premios por su obra. Se doctoró en Filosofía y Letras por la Universidad de Salamanca. También fue crítico de cine y participó en las Primeras Conversaciones sobre Cine Español, organizadas por Basilio Martín Patino en 1955. Otras obras suyas: Tierra violenta, J.A. Bardem, La cueva de Salamanca. 

Mi opinión.-
Miguel de Unamuno tenía 72 años en 1936, cuando estalló la Guerra Civil española. Era un intelectual de reconocido prestigio internacional. Rector de la Universidad de Salamanca, había mostrado un marcado recorrido también como político en contra de una monarquía decadente y abusiva, lo que le había llevado al exilio, y había sido también concejal del ayuntamiento de Salamanca. En resumen, un hombre respetado, querido y apreciado más por sus cualidades intelectuales que por su carácter, poco afable. Pero también era un hombre viejo, un hombre viejo y aterrado por los acontecimientos que se sucedían brutalmente y a los cuales no encontraba explicación.

Unamuno es definido por Egido como “intelectual sentimental” (pg. 237). Para él, todo lo que había valorado en la vida, la palabra, el estudio, el debate filosófico, desaparecían ante dos fuegos emocionales, irracionales y bárbaros. Muy gráficamente, los había etiquetado como los Hunos y los Hotros. Los que no pueden vivir sin contienda, sin enfrentamiento, sin conflicto. Dos posiciones igualmente destructivas y excluyentes, sin ninguna vocación de buscar un consenso, un acuerdo de supervivencia.

Este hombre viejo, triste y malhumorado se puso de parte de los rebeldes. Era un burgués decimonónico, amante del orden y aterrado por el triunfo del Frente Popular pensó que los militares sublevados serían garantía de la vuelta de ese orden. “No hay gobierno en Madrid, sólo bandas armadas”. Creyó que la rebelión sería como un pronunciamiento más de los realizados durante todo el siglo XIX, un golpe de mano para sanear la situación y devolver el poder político a los civiles. Sin embargo, esta vez no fue así.

El libro ficciona los últimos cuatro meses de Unamuno, desde que los rebeldes llegan a Salamanca en septiembre hasta diciembre cuando muere. Está claro que se pone de su parte y que se gana el odio y el desprecia de sus antiguos amigos y conocidos, del bando republicano y del Frente Popular. Sin embargo, también queda claro que en octubre ya está desencantado con el bando rebelde y es capaz de reprocharle su altanería, su brutalidad y sus engaños. Los falangistas tratan de convencerle de que se convierta en su ideólogo e incluso forma parte de un comité para la depuración. Unamuno siempre había vivido en sus palabras y en su legado intelectual y no toleró que utilizaran, que pervirtieran sus palabras para enfrentar a españoles. Le parecía que hunos y hotros se caracterizaban por su resentimiento. Un resentimiento que esgrimían mutuamente; la envidia utilizada como motor; y, sobre todo, el miedo a la libertad individual. Al final, los hunos y los hotros el trataron igual. Le insultaron, le denigraron, le ningunearon. Sin duda se equivocó al apoyar el golpe de estado y quería rectificar pero no tuvo tiempo para emprender una tercera vía.

Ese odio a la inteligencia y a los espíritus libres le resultaba insoportable. Era un odio que ambos bandos exhibían sin pudor. No sé si era un hombre senil que quiso engañarse a sí mismo pero, enseguida, inició la rectificación. La muerte, quizá acelerada por los acontecimientos y el desasosiego que le producía la carnicería que se avecinaba, se lo impidió. Si hay una palabra que define sus últimos días sería la de agonía. Agonía que ya había vivido porque su vida fue una lucha constante. Agonía por el enfrentamiento entre españoles, por el asesinato de la inteligencia, por la decepción por la república y también por la rebelión del ejército. En definitiva, la maquinaria que se había puesto en marcha funcionaría sólo con sangre. Algo que a Unamuno le espantaba eran los grupos de solteronas que acudían a presenciar las ejecuciones: “…estas mujeres son peores que los hombres; estas vírgenes solteronas, estas fanáticas. Pasan la vida en celibato y ante el espectáculo de las ejecuciones sienten todo el placer que les fue negado” (pg. 116). Si hubiera visto la represión que siguió después. Afortunadamente, no vivió para verlo.

También llama la atención en este libro la animadversión entre Azaña y Unamuno. Entre ambos se deseaban el suicidio o la muerte. Unamuno reprochaba a Azaña su escaso sentido histórico. Sin embargo, también coincidían en que el General Mola era un demente y que Franco era un hombre más sensato, desbordado por los acontecimientos. Unamuno pensaba que era un hombre sereno que sufría ante una represión a la que no podía oponerse. ¿Era Franco, realmente, tan sibilino?, ¿actuaba con tanta doblez que ni siquiera Unamuno pudo verle como realmente era?

El autor escribió este ensayo biográfico y literario para conmemorar el cincuentenario de la muerte de Unamuno. Apoyándose en los textos utiliza esta ficción para imaginar los sentimientos turbulentos de sus últimos meses. Especialmente, utiliza las poesías de los últimos días, pero también cartas, fragmentos de entrevistas y reflexiones. Sin embargo, y esto no me ha gustado, no pone las referencias de estas obras en notas a pie de página y así resulta imposible localizar los entrecomillados que, se supone, son citas textuales de entrevistas o de obras propias del biografiado. Creo que este libro sirvió de base para el guion de la película Mientras dure la guerra de Alejandro Amenábar. Muy recomendables ambas obras.

 

Agonizar en Salamanca.
Unamuno, julio-diciembre de 1936
Luciano G. Egido
Tusquets

jueves, 20 de enero de 2022

Biografía novelada: Recordarán tu nombre de Lorenzo Silva (2017)

El autor.-
Lorenzo Silva estudio derecho y ejerció como abogado durante bastantes años. Sin embargo, su vocación literaria terminó ganando. Ha escrito principalmente novela, pero también poesía, algún ensayo y un par de libros de viajes. También ha sido guionista de cine y colabora habitualmente en la prensa. De la serie de Bevilacqua y Chamorro lleva ya escritas doce novelas; bueno dos son libros de relatos. Otras obras suyas: Historia del Marruecos español, Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos, Trilogía de Getafe y, recientemente, Castellano. 

Mi opinión.-
Sigo a Lorenzo Vila desde hace tiempo pero me había centrado únicamente en su serie de Bevilacqua y Chamorro. Recordarán tu nombre, sin embargo, no tiene nada que ver con una novela de ficción. Es posible que el autor prefiera considerarla novela para evitar problemas con las familias de algunos franquistas ya desaparecidos que no quedan muy bien parados. Aunque el autor la siga definiendo así yo creo que, más bien podría tratarse de una biografía muy bien contextualizada.

Así pues, se trata del recorrido (si bien, novelado) por la vida de José Aranguren Roldán, general de brigada de la Guardia Civil, destinado en Barcelona en 1936 y que se mantuvo leal a la República a pesar de ser un hombre católico y conservador y a pesar de que dos de sus hijos, militares también, combatían en el bando de los rebeldes. En este recorrido se incluye también la figura de Manuel Goded Llopis, general del ejército rebelde, compañero del anterior con el que había coincidido durante su formación y en distintos destinos. Amigos aunque no íntimos que, al final, compartirán también la muerte por fusilamiento. Goded en 1936, cuando el golpe fracasa en Barcelona y Aranguren al final de la guerra.

Durante todo el libro, Silva analiza con mucho detalle la situación política de las distintas épocas. Las guerras en África, donde menciona el testimonio de Ramón J. Sender, la decadencia y el deseo de regeneración por parte de todos los bandos. Deseo de regeneración que, sin embargo, constantemente queda frustrado por males (aparentemente) endémicos: corruptelas, ambiciones, envidias y arrogancia que se imponen en el patrioterismo de unos y en el populismo de otros. Destaca Franco, como ejemplo de militar ávido de reconocimiento, especialmente hábil en la intriga y el autobombo. Incluso menciona de pasada la posible amistad entre Federico García Lorca y José Antonio Primo de Rivera.

La relación que mantuvieron Escofet y Primo de Rivera da una idea de la fractura emocional que se produjo durante la Guerra Civil y que se mantuvo posteriormente (y quizá sigue). Escofet se había formado como militar en la Academia de Caballería de Valladolid, llegando al grado de capitán en 1926. Antes, en 1922, había sido instructor de José Antonio, durante su servicio militar en el regimiento de Caballería de Santiago en Barcelona y decía de él que era “un buen orador y de una fuerza de seducción extraordinaria, y con una concepción romántica de la política [otra vez aparecen las emociones] que no compartía su partido, compuesto de intelectuales fracasados y estudiantes amigos de la violencia” (página 261). Escofet que había nacido en Cataluña dejó en 1930 el ejército para incorporarse a los Mossos de Esquadra, entonces una policía rural y provincial de la que llegó a ser jefe. Fue también Comisario General de Orden Público de la Generalitat, en 1936 y al final de la guerra tuvo que exiliarse por haberse mantenido leal a la República perseguido por sus antiguos compañeros. Escofet podía admirar la pasión de José Antonio pero era también capaz de detectar los dos tipos principales de enemigos contra la República: los anarquistas y los conspiradores dentro del propio Ejército aliados con falangistas y con la extrema derecha. Es posible que Escofet también fuese parte de esa tercera España, víctima de las otras dos.

Yo creo que esa fractura producida por este enfrentamiento, tan difícil de salvar todavía, fue un desbordamiento de pasiones, me atrevería a decir, además, pasiones tóxicas. Provocadas por el miedo que cada uno de los dos bandos inspiraba en el otro. En esas circunstancias, la racionalidad y la templanza fueron abrumadoramente derrotadas y no pudieron abrirse camino. La tercera España, víctima de las otras dos.

Así habla Azaña en sus diarios sobre Goded: “Yo he procurado reconciliar a Goded con el régimen y con la política general de la República… el intento me parecía útil, y para mí, personalmente, de buen juego… Más, por lo visto, [Goded] lleva dentro rencores inextinguibles… Estaba nervioso, un poco sofocado, a veces emocionado, procuraba dominar las pasiones que se le salían por la boca. Mi impresión de conjunto es que lleva dentro un escorpión” (página 193). ¿Sería el miedo a la izquierda, a los comunistas, a la revancha, al cambio, a la desintegración de España, de la fe, de la civilización occidental como le parecía a Unamuno? Generalmente, no se hace un análisis emocional de la conducta de los hombres. Se presupone siempre que sus acciones están inspiradas por la razón. Aquí hay una muestra de que no es así. Azaña se preocupó de consignar en sus diarios las emociones reprimidas de Goded y Goded en las entrevistas con Azaña se preocupaba de transmitir sus emociones. Se me ocurre pensar que si los golpistas hubiesen sabido templar su miedo y que si los anarquistas y comunistas hubiesen sabido actuar sin provocar miedo, quizá esa explosión emocional no se hubiese producido o hubiese sido más controlable. Hay que tener en cuenta que la Revolución Rusa se había producido apenas hacía 20 años y que, como se demostró después, la URSS era un peligro real.

Aranguren fue frecuentemente acusado de pasividad ante los desórdenes provocados por anarquistas. Sin embargo, Azaña en sus diarios reconoce que Cataluña estaba en total disolución, presa de una histeria revolucionaria en la que “Companys hablaba a tontas y a locas de dar la batalla a los anarquistas, pero no tenía ganas ni medios”. Aranguren ya era un hombre viejo, prudente, competente, digno, siempre a las órdenes del Govern, aunque no siempre fuese comprendido por los políticos sí lo fue por sus superiores, compañeros y subalternos. Sin embargo, había quedado aislado de sus hijos y no pudo inculcarles la templanza necesaria para entender que como militares profesionales, por encima de filias y fobias políticas, debían estar a las órdenes del gobierno y del estado legalmente constituidos. No consiguió convencerles ni disipar su miedo al desorden y a la hipotética destrucción de España. Al final de esta lectura, queda la sensación de que, hagas lo que hagas, incluso si te esfuerzas por hacer bien las cosas, la vida nos atropella, y especialmente, en circunstancias tan traumáticas como una guerra. Aranguren terminó aceptando su muerte por haber cumplido con su deber y el premio que obtuvo fue el silencio durante tantos años, silencio roto hoy por Lorenzo Silva en Recordarán tu nombre.


Recordarán tu nombre
Lorenzo Silva
Destino 2017


miércoles, 8 de diciembre de 2021

Novela: Volar alto de Jorge Sanz Barajas (2021)

El autor.-
Jorge Sanz Barajas es Licenciado en Filosofía y Letras y Doctor en Ciencias Políticas. Trabaja como profesor de literatura y colabora también en prensa. Otros libros suyos: La balada del ahorcado y el ensayo biográfico sobre José Bergamín, titulado José Bergamín: la paradoja en la revolución, Las hadas muertas, Capital del desierto. Coordina el Taller de lectura de novela, Libros para entender el mundo, en Zaragoza. 

Mi opinión.-
Esta es la tercera novela de Jorge Sanz Barajas y como las otras dos tiene como escenario principal la ciudad de Zaragoza. Es algo que le tenemos que agradecer porque además rescata una ciudad que no hemos conocido. La Zaragoza de la posguerra que, parece que no y aunque no es el tema principal de la novela, fue una ciudad de intrigas donde en la calle Cervantes existía una sede del Partido Nazi Alemán y en la calle Costa había una oficina de la Gestapo; donde había que circular por la acera derecha para demostrar afinidad con el régimen y donde, en la clandestinidad, se seguían reuniendo los represaliados comunistas.

Es una historia de amor atípica y una novela biográfica atípica. En ella se facilitan pocos datos vitales de los personajes y apenas se dicen bonitas palabras quizá porque Ciriaco y Amaya no pueden vivir una apuesta clara por el futuro, ni ensoñaciones que estén fuera de lugar. Y es así porque es una historia donde predomina el miedo, la clandestinidad y la sospecha y porque, por encima de todo, es una historia de derrotados y perseguidos que siguen manteniendo su dignidad a fuerza de alimentar secretos y pequeñas alegrías.

Ciríaco Párraga es un pintor e ilustrador, republicano y comunista, que acaba de salir de la cárcel. Llega a Zaragoza para recomponer su vida cerca de unos camaradas que han podido establecerse allí. Es 1940 y allí conoce a Amaya Hidalgo, una joven vitalista y llena de fuerza que se convertirá en su compañera. Amaya escribe cartas a su madre que está en la cárcel y que nunca envía porque Amaya ha podido escapar y vive en la clandestinidad. Y sigue escribiendo cartas para no cercenar la necesidad de hablar cuando, en realidad, impera el silencio, la mordaza y la censura. Amaya es la Tellito.

Yo resaltaría dos cosas de esta novela. En primer lugar, está escrita de una manera muy poética soltando emociones y permitiéndoles que vuelen alto pero, al mismo tiempo, una cierta aspereza se encarga de romper ese ritmo poético. El autor no se deja llevar por sensiblerías y fotografía la vida que se desarrolla durante la posguerra civil en una ciudad de provincias dominada por el miedo y la sospecha. Esta poesía se hace novela en una escritura de frases muy cortas y rotundas y que se asemejan a las pinceladas de Párraga que huyen del dibujo por considerarlo un artificio indigno que limita la expresividad de la pintura pura. Los párrafos que describen la pintura y la manera de pintar de Párraga han supuesto, para el autor, una gran labor de documentación facilitada por el hijo del pintor.

En segundo lugar, esta novela también sirve como reportaje y crónica de la vida de la burguesía culta zaragozana de la posguerra; la mayoría de ellos francófilos en una ciudad “ocupada” por los nazis y la Falange. Una vida que pretendía escaparse de las limitaciones del Régimen aunque de manera muy tímida. Aparecen Jalón Ángel, Pilar Bayona, Camón Aznar, Miguel Labordeta e, incluso, en la presentación de una exposición de Ciriaco Párraga, la hermanísima de Franco, Pilar, en una intervención totalmente novelada pero que podría haber sido cierta. Porque todos los personajes involucrados y todas las situaciones que viven son rigurosamente ciertas. Ciriaco Párraga trabajó en Zaragoza en el estudio de Jalón Ángel, fotógrafo de la burguesía zaragozana y gracias a él pintó dos retratos de Franco teniendo como modelo fotografías. Nunca se vieron personalmente y menos mal porque llegó a pensar en atentar contra Franco durante las sesiones de posado. Amaya, la Tellito, se llamaba en realidad Palmira Julia Tello Landeta. Fue miliciana en las Juventudes Socialistas Unificadas, muy próxima a una de las Trece Rosas, Dionisia Manzanero y protagonizó una portada de la revista Estampa. A final de su vida viajaba asiduamente a Estados Unidos para visitar a su hija y a los veteranos del Batallón Lincoln. En 2003, con 83 años participó en una manifestación contra la Guerra de Irak. Dos fotografías icónicas. No cesó de luchar.

Hay un tercer personaje que merecería una novela por sí mismo. A mí me gustaría poder entender a personajes como éste. Aunque Almudena Grandes lo incluyó en su novela Las tres bodas de Manolita no es suficiente para abarcar al personaje. El comisario Conesa, antiguo militante socialista reconvertido en quintacolumnista y torturador, sometía a las presas de la cárcel de Torrero a largos y dolorosos interrogatorios. Durante la II Guerra Mundial colaboró con la Gestapo. Más adelante, durante la Transición y los primeros años de la democracia en España, se encargó de la lucha antiterrorista contra ETA y el Grapo. Todo un personaje que deberíamos conocer.


Volar Alto
Jorge Sanz Barajas
Xordica 


Algunos cuadros de Ciriaco Párraga





Las fotografías icónicas de la Tellito. Una vida de lucha






lunes, 31 de mayo de 2021

Novela: Para que vuelvas hoy de Eduardo Mendicutti (2020)

El autor.-
Eduardo Mendicutti es escritor y periodista de larga carrera. También es conocido por su activismo a favor de los derechos de los homosexuales, siendo considerado uno de los máximos exponentes de la literatura homosexual en castellano. Otras obras suyas: Malandar, Mae West y yo, El beso del cosaco. Dos de sus novelas, El palomo cojo y Los novios búlgaros, también han sido adaptadas al cine. 

Mi opinión.-
Es la primera obra que leo de Mendicutti y al informarme sobre él, me ha sorprendido que se hable de una literatura homosexual. No lo había oído hasta ahora. Nada que objetar excepto que la literatura homosexual quizá esté más dedica al activismo gay masculino que lésbico. En cualquier caso, Mendicutti ha dicho que esta es su primera novela en la que la protagonista además de ser mujer no es homosexual.

A mí me parece que la novela es destacable por varias cosas. Principalmente, por el estilo con el que está escrita. Es la plasmación oral de la memoria de una anciana. Una anciana irritable, desprotegida, orgullosa de su vida e, incluso, un poco tiránica con su cuidadora pero siempre lúcida. Como es lógico en esta oralidad cabe la repetición, el equívoco, el olvido y la reescritura de los recuerdos. Cabe también la duda y la invención. Y todo ello está muy bien hilado por Mendicutti.

Medio en broma diré que Mendicutti juega con ventaja porque ha elegido una hermosa historia como inicio de esta novela. Una historia que parece ser que fue real y ha sido mencionada por Marcos Ana en varias ocasiones y también escrita en su autobiografía, Decidme cómo es un árbol. La primera vez que yo la escuché fue en los años 1980, en un programa de Radio 3 que lamentablemente no recuerdo cómo se llamaba. Recuerdo, además, que incluso la grabé en una cassette y que todavía estará por casa de mis padres.

El caso es que Marcos Ana, pseudónimo de Fernando Macarro Castillo, poeta y militante comunista. Fue considerado responsable de varios asesinatos y encarcelado en 1939 al terminar la Guerra Civil cuando tenía 19 años. Nunca había mantenido relaciones sexuales. Fue liberado en 1961, con 41 años y seguía igual. El caso es que una vez fuera de la cárcel un amigo le dio dinero para que fuese con una prostituta y ella, Isabel, no quiso cobrarle ese primer servicio. Le devolvió el dinero con una nota donde había escrito Para que vuelvas hoy. Marcos Ana no volvió pero le regaló un enorme ramo de flores, de las más caras.

En realidad, la novela parte de este hecho pero no se para en él. Sigue para retratar fielmente una vida de mujer de la posguerra civil. Una mujer pobre surgida de un sistema económico más parecido al feudalismo; una mujer todavía más empobrecida con la guerra que elige la prostitución como mejor opción. La devastación de la guerra no terminó hasta bien entrado el siglo XX y, para las familias de los desaparecidos, muertos y enterrados en cunetas no terminará hasta que el último de ellos pueda recibir una sepultura digna. Por todo ello, esta novela es un ejercicio de memoria histórica, aunque el derecho a expresar esta memoria en voz alta o en letra impresa ya no sea suficiente para hacer justicia.  

Para que vuelvas hoy
Eduardo Mendicutti
Tusquets Editores

martes, 4 de agosto de 2020

Novela: pequeñas mujeres rojas de Marta Sanz (2020)


La autora.-
Marta Sanz es doctora en Literatura Contemporánea. Cincuentañera o casi. Finalista y ganadora de varios premios literarios, entre ellos el Premio Ojo Crítico de Narrativa en 2001. Otras novelas suyas son: Black, black, black, Daniela Astor y la caja negra, La lección de anatomía. Recientemente ha publicado también un ensayo titulado Monstruas y Centauras. Y un libro de cuentos con mucha retranca: Retablo. Además ha sido comisaria de esta exposición: Benito Pérez Galdós. La verdad humana. Vamos que no para. 


Mi opinión.-
La referencia a Dashiell Hammett ya es toda una declaración de intenciones. Ya sabes que esta novela no va a ser amable contigo y que va a escudriñar los rincones oscuros de las almas de las personas. No es fácil de leer tampoco. La autora califica su estilo de escritura de barroco rojo. Profusión de palabras lanzadas con toda la fuerza de un proyectil pero que fueran detenidas por un muro imperceptible, un muro de cristal situado a pocos centímetros de la boca.


La novela está estructurada en tres partes, separadas por unas lecturas que deben hacerse lentamente, como masticando las palabras. Apenas unas páginas que aíslan unos capítulos de otros y donde el protagonista es el orfeón siniestro de los muertos en cunetas. Es un coro deslenguado, macabro y paradójicamente, lleno de vida. Hipercrítico y con muchas ganas de gritar porque intuye que caerá nuevamente en el olvido, si Paula no lo remedia. Esta parte para mí, es un ejemplo de virtuosismo en el dominio del lenguaje. Paula es una mujer de mediana edad, guapa y coja, funcionaria, que ha decidido participar en una excavación dirigida a recuperar los cuerpos de asesinados durante la Guerra y la Posguerra civiles y que todavía no han tenido la sepultura que merecían. Es una novela sobre la memoria histórica y, especialmente, sobre la desmemoria. En mi opinión es profundamente desesperanzadora. Porque hay muchos que no quieren recordar, aunque recordar no les perjudique.


Ya he dicho que no era una novela fácil. A veces se hace incluso demasiado farragosa. Esto me ha pasado con el último capítulo, durísimo. No sólo por las situaciones atroces que describe crudamente pero, al mismo tiempo, evitando dar detalles y evitando regodearse en ellas. Sino porque después de 200 páginas vemos que todo ha sido producto de la banalidad del mal. Y, a partir de entonces, ya no hay esperanza.


Porque si la maldad está inspirada sólo en la codicia quedará repartida a partes iguales entre todos los habitantes del pueblo y, entonces, será siempre imposible de erradicar. Porque si la maldad no tiene un origen ideológico y Franco hubiese perdido la guerra y la república hubiera subsistido, Jesús Beato se hubiese hecho de oro denunciando a falangistas; porque su dios es el dinero. Y eso es lo que más desesperanza me causa. La codicia. 



Me gustaría que la autora escribiese una novela sobre el personaje central de ésta, Jesús Beato, nombre elegido, para saber qué había sufrido en su vida, qué le hizo ser como es, qué le carcomió el alma antes de llegar a Azufrón. Azufrón es el pueblo donde se desarrolla la novela. Reconstruido con palabras, olores y sabores o con palabras, tufos y sinsabores. Un pueblo amargo no sólo por lo que oculta sus zanjas.


Esta novela termina la trilogía que la autora ha dedicado a su detective Arturo Zarco, pero él nunca tiene voz en la historia. Parte de la novela se desarrolla epistolarmente entre Paula y Luz, hasta que ésta última toma el protagonismo absoluto. No entiendo muy bien por qué la autora lo ha querido así, para mí añade un poco de confusión y dificultad a la trama. Hablaba antes del estilo barroco rojo. Al final me quedo con la sensación de ser uno de los enterrados sin ceremonia y sin ataúd, con la boca llena de tierra como el narrador tiene la boca llena de palabras que brotan y se atropellan unas a otras con mucha emoción y rabia. Muy recomendable y para leer más de una vez.



pequeñas mujeres rojas
Marta Sanz

Ed. Anagrama

miércoles, 6 de mayo de 2020

Novela: La plaça del diamant de Mercê Rodoreda (1962)


La autora.-
Mercè Rodoreda es la escritora más leída en catalán y considerada una de las más influyentes. Cultivó todos los géneros literarios. Aunque apenas había asistido al colegio y se casó muy joven tuvo una profunda formación literaria debido al ambiente intelectual que se respiraba en su casa. No participó políticamente durante la Guerra Civil sin embargo se exilió al término de la misma por ser una escritora en catalán y por haber publicado en revistas de izquierda. Otras obras suyas: Aloma, El carrer de les Camèlies, Jardí vora al mar


Mi opinión.-
Creo que La plaza del diamante es una de las novelas que más me ha gustado en mi vida y, especialmente, por su mensaje liberador, por su grito liberador. Es una novela publicada por primera vez en 1962; cuando estaba en su máximo apogeo la novela existencialista. Así se la ha definido alguna vez, yo creo que, por la actitud de la protagonista que va reflexionando sobre su vida a medida que pasea, incansablemente, por la ciudad.

Natalia sufre durante su vida adulta un proceso sistemático de anulación emocional por parte de quienes más debían quererla. Y es importante decir que de esto me he dado cuenta en esta segunda lectura. En 1982 se adaptó como serie de televisión y entonces la vi y leí la novela por primera vez. Me quedó muy claro que la represión que había vivido Natalia había surgido durante la posguerra franquista. Pero no es así.

Colometa, asfixiada

Yo estaba muy equivocada. El sufrimiento y la anulación de Natalia empiezan mucho antes, ya en el hogar paterno. Ella lo deja muy claro en las primeras páginas de la novela llorando la muerte de su madre y su soledad afectiva. Su madrastra se encarga diariamente de recordarle que sobra en la casa de su padre y de su padre sólo recibe densos silencios. Así que Natalia se ve expulsada del hogar que había sido de su madre.

Quimet

Pero será Quimet quien casi la anule definitivamente. En un primer vistazo Quimet nos parece un joven apuesto y decidido que Natalia conoce en el baile de las fiestas del Barrio de Gracia; pero, más detenidamente nos damos cuenta de que es un manipulador obsesivo y abusador y un vivalavirgen capaz de destrozar cualquier negocio.


Quimet es quien le cambia el nombre, sin que ella quiera, y decide llamarla Colometa, Palomita. No por cariño sino para aniñarla y poder controlarla mejor. Quimet es un hombre conflictivo que ha tenido problemas con su madre, con sus patronos; que, sistemáticamente, abusa de sus amigos y también de Colometa.


Poco a poco va cercándola. Primero, aislándola de su escasa vida social y después ocupándole la casa, incluida la cocina, la terraza o el lavadero, para instalar a unas palomas que van a ser un gran negocio y que resultan ser un fracaso y una amenaza para Colometa.

Lolita, Colometa en la adaptación teatral

Colometa rodeada de palomas, de plumas de palomas, de olores de palomas, de zureos de palomas, de nidos de palomas, de excrementos de palomas, de pequeños ojillos amenazantes de palomas, es la viva imagen de la asfixia existencial. Colometa agitando los huevos de palomas es la imagen del inicio de la rebelión existencial y quizá sea también la imagen de la rebelión contra la maternidad que casi le cuesta la vida. Al final de la novela, el grito y la paz. La novela es muy recomendable y la serie de TV puede verse en RTVE a la carta; además, recientemente se ha hecho una adaptación al teatro protagonizada por Lolita que no he tenido oportunidad de ver.

Mercé Rodoreda


La plaça del diamant
Mercé Rodoreda

Ed. Club Editor Jove

jueves, 24 de octubre de 2019

Cine: Mientras dure la guerra de Alejandro Amenábar (2019)


Mientras dure la guerra. Nunca cuatro palabras han tenido la trascendencia histórica que tuvieron éstas. El 28 de septiembre de 1936 los altos mandos militares del ejército sublevado nombraron a Franco como Jefe del Gobierno del Estado, mientras dure la guerra. Pero el posterior día 30 cuando se publicó el Decreto correspondiente, ¿casualmente? ¿por error?, se habían suprimido esas cuatro palabras perpetuando, de esta manera, al dictador en la jefatura de gobierno y del estado hasta su muerte en 1975.


Amenábar ha intentado abordar en esta película la confusión y el desconcierto de una figura intelectual de talla internacional como fue Unamuno en esos primeros meses de desorden y arbitrariedad de la Guerra Civil. Unamuno tuvo una personalidad muy compleja, como le corresponde a un gran intelectual. Tuvo simpatías por tendencias políticas que resultaron estar en contradicción, pero eso quiere decir que algo bueno tendrían cada una de ellas.


Sufrió dudas religiosas durante toda su vida porque no aceptaba la idea de un dios severo e inflexible como le habían enseñado, sino que llegó a tener la necesidad de un dios que actuase con amor de madre. Fue un personaje muy avanzado y que estudiamos poco en los colegios e institutos españoles. Una figura que debe ser recuperada.

La soledad del intelectual crítico

Se ha acusado a Amenábar de que en esta película se sitúa en la equidistancia entre los dos contendientes. No creo que sea así, sino que la película trata de reflejar los primeros meses de la sublevación cuando no existían certezas sobre cómo iba a ser el levantamiento. España había tenido una extensa tradición de pronunciamientos militares durante el siglo XIX que, una vez estabilizada la situación social, se encargaban de devolverlo a las autoridades civiles. Algunos militares creyeron que esta vez también sería así. Gran error.


Sin embargo, Franco tenía otras expectativas. La principal de ellas era perpetuarse en el poder. Cabanellas, interpretado por TitoValverde, presidía la Junta de Defensa Nacional y nunca estuvo de acuerdo con el nombramiento de Franco. Le conocía bien desde la intervención de ambos en África y le definía de una manera muy gráfica Franquito, el cuquito, siempre va a lo suyito. Y es que cuando Franco cogía lo que le interesaba no lo soltaba nunca. Lo mismo hizo con España, para nuestra desgracia.


Las interpretaciones de los tres protagonistas principales son soberbias. Karra Elejalde es Unamuno y sabe expresar con sus miradas la duda, el terror, la incredulidad ante la barbarie y, también, la esperanza de no haberse equivocado al apoyar el golpe de estado. Unamuno había sido un ferviente republicano pero se había desengañado al ver la deriva autoritaria de unos gobiernos inestables. En momentos diferentes, fue ensalzado por ambos bandos, pero al ver que era igualmente crítico con unos y con otros, los dos bandos le denostaron. Supongo que esa es la postura ideal para un intelectual, no casarse con nadie, pero siendo un intelectual anciano no dudo de que sintiese mucho dolor y de que esa situación adelantase su muerte a los 72 años, el 31 de diciembre de 1936. Así no tuvo que vivir el horror de la guerra.


Eduard Fernández pone toda su capacidad de histrionismo interpretando a Millán-Astray que debía de ser un personaje, de por sí, muy histriónico. Estaba acostumbrando a arengar a las masas, especialmente a las de sus legionarios. No me extraña que fuese así. Le faltaba un ojo, le faltaba un brazo y sufrió graves heridas en una pierna y el pecho. Hoy sería todo un motivador.


Pero el que más me ha sorprendido es un actor que no conocía. Santi Prego interpreta a Franco y resulta aterrador, maquiavélico pero silencioso como una serpiente. Al principio de la película, dos enviados alemanes definen perfectamente la manera de actuar del caudillo. No decía nada, ponía sonrisa de bobo y seguía afianzando sus ambiciones. Y el actor consigue expresarlo sin apenas pestañear. Con esa mirada de aparente sencillez que escondía la crueldad más perfecta.


Es una película que nadie debería perderse. Y lo más amargo de todo es que el Venceréis, pero no convenceréis se podía haber aplicado a cualquiera de los dos bandos. Y así estamos.


Dirección: Alejandro Amenábar
Guion: Alejandro Amenábar y Alejandro Hernández
Música: Alejandro Amenábar
Fotografía: Alex Catalán
Intérpretes: Karra Elejalde, Eduard Fernández, Santi Prego, Patricia López, Inma Cuevas, Nathalie Poza.


jueves, 22 de agosto de 2019

Exposiciones en Zaragoza. Verano 2019.



Recientemente he visto tres exposiciones de fotografía en Zaragoza que pueden relacionarse, dos a una. Dos de ellas pertenecen al Certamen PhotoEspaña ’19 y la otra está patrocinada por DKV; dos de ellas tienen como protagonista a la guerra y su brutalidad, la otra la identidad humana. Las tres, muy interesantes.

En la Lonja hasta el 8 de septiembre, puede contemplarse Creadores de conciencia. 40 fotógrafos comprometidos. Está dedicada al trabajo de los fotorreporteros en zonas de peligro. Como dice Chema Conesa, el comisario de la exposición, está dedicada a añadir luz a la oscuridad y dar voz a los que no la tienen.


Son fotógrafos, especialmente, comprometidos con la veracidad. Hábiles y rápidos en captar en fracciones de segundo el instante decisivo. Se les acusa de explotar la pornomiseria y, en cierto sentido, puede que sea así; pero yo creo que presentar otras verdades a los ciudadanos acomodados de las sociedades occidentales es una obligación. La sensación con la que me quedo, no obstante, es que esta exposición ya le he visto. Y no es porque me parezca aburrida o repetitiva, sin más. Es que parece que en el mundo las cosas no cambian nunca y que las zonas calientes siguen siendo zonas calientes o, más aún, están a punto de abrasarse.


Son fotos que encuentran la belleza sin artificios, brutalmente. Maquillar la dureza sí que sería un ejercicio de hipocresía. A nosotros nos corresponde elegir si queremos mirar o no; y, después de mirar, si queremos o podemos implicarnos de alguna manera en ese dilema existencial.


La primera exposición del Centro de Historias está relacionada con la anterior. La Guerra Civil, como protagonista no querida, sigue sobrevolando la vida de los retratados. Los últimos. Retratos y testimonios de la Guerra Civil. 2015-2017 puede verse hasta el 15 de septiembre. El abuelo del fotógrafo Luis Areñas murió en 1937, en la Ermita de Bonastre. Se ha incluido en la exposición una reproducción de la carta en que así se le comunica a la familia.






Luis Areñas nació en Francia de padres españoles y hubiese querido conocer a su abuelo. Como no pudo ser ha tratado de rendirle homenaje a través de los retratos y las entrevistas que ha mantenido con Los últimos, combatientes que todavía vivían en los años 2015 a 2017. Entre esos años el fotógrafo, como un fotorreportero más, recorrió pueblos españoles buscándoles e incluyó también el testimonio de mujeres que, si bien no habían luchado en el frente, sí que habían sufrido las consecuencias del horror.



Son ancianos que vivieron y lucharon la guerra cuando eran niños; la que llamaron la Quinta del biberón (mis tíos estuvieron entre ellos). Y, a pesar de los años pasados, todavía sienten la misma desesperanza. Las fotografías se han tomado sobre un fondo blanco. En primer plano, el rostro del anciano que recuerda, siente y se emociona y que, quizá, todavía no entiende qué pasó.



Desde mi punto de vista, es un acierto que no se mencionen los bandos y que el protagonismo lo tengan ese puñado de ancianos, aunque por su testimonio (la exposición se complementa con un vídeo y en la página web del Centro de Historias también se pueden escuchar los audios) pueda intuirse a cuál de ellos pertenecían. Queda así reflejada la pura esencia del ser humano arrastrado a matar para sobrevivir en una situación brutal. Todavía lloran, todavía acusan, todavía no pueden hablar. Algunos todavía disparan.


En el Centro de Historias se puede visitar, también hasta el 15 de septiembre, otra exposición completamente diferente. La fotógrafa Hou-I-Ting.Tejiendo identidades me ha resultado muy interesante. Combina la toma fotográfica (mayoritariamente utilizada por los hombres) con el bordado (mayoritariamente utilizado por las mujeres) y también las videoinstalaciones y reflexiona sobre la identidad de su país, sometido a un proceso de colonización y, especialmente, de la identidad de las mujeres, extranjeras en sus propios países.


Entre 1895 y 1945, Taiwan fue una colonia del Imperio de Japón, que posibilitó la expansión de éste hacia el sur. Y como en cualquier ejercicio de colonialismo se produjeron mejoras económicas que revirtieron en una privilegiada clase social, excluyendo a la mayoría de taiwaneses, y también se produjeron perjuicios como la represión militar de los independentistas.


En las fotografías de Hou-I-Ting se encuentra todavía esa tensión. La exposición está dividida en tres partes. En la primera los protagonistas son los autorretratos bordados. En las imágenes tomadas se incluyen notas características, en forma de bordados, relativas a las culturas colonizadoras: por ejemplo, detalles de las culturas del sur de China o de la cultura japonesa, pero también las influencias occidentales, el cabello de la Venus de Boticcelli o el armiño de la Dama del armiño de Leonardo da Vinci.


En la segunda serie, Embroiderers of the past, el bordado (en colaboración con otras mujeres) se produce sobre fotografías tomadas durante la etapa colonial japonesa. Parecen fotografías sacadas en los campamentos españoles para jóvenes de la Sección Femenina. Se pone de relieve la importancia de la educación y el deporte en los procesos de colonización, en este caso, destinados a mujeres y niñas. Las niñas aprendían la cultura japonesa mientras realizaban actividades lúdicas. Añadir color a estas fotografías es, para la autora, una rebelión frente al poder autoritario.




En White uniform, las mujeres siguen siendo las protagonistas. Durante el periodo colonial japonés se distribuían unas cajas individuales de comida, principalmente arroz, llamadas bento. Hou-I-Ting ha pedido a las trabajadoras que preparan estas cajas que reproduzcan los dibujos de las cajas comercializadas hace 70 años. Así cortan las siluetas y las reproducen con pedacitos de algas encima de una capa de arroz. Después la autora toma las fotografías. Se vincula, de esta manera, la memoria de un tiempo pasado con la eficacia de las trabajadoras del siglo XXI.




Para terminar y para que todo no sea guerra, destrucción o colonización, hay una última exposición en el Centro de Historias muy interesante, hasta el 1 de septiembre. Estuvieron aquí. Por si no lo sabías trata de hacer una reseña de personajes famosos que pasaron por Zaragoza. Están los Duques de Windsor, Virginia Woolf, Dalí, José Martí y muchos más. Quién nos iba a decir que Uma Thurman y Unamuno tendrían algo en común. Pues sí. A ninguno de los dos les gustó Zaragoza. Ellos se lo pierden. Como dijo Dalí: Zaragoza es sólida, piramidal, eterna.