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miércoles, 23 de enero de 2019

Exposición: La Fuente de la Gracia. Museo del Prado

Aún quedan unos días para poder ver esta exposición

Desde que La Fuente de la Gracia fue redescubierta en el Monasterio del Parral de Segovia se convirtió en una pieza fundamental de las colecciones nacionales. Había sido donada por Enrique IV de Castilla, hermanastro de Isabel la Católica, en 1454 a ese monasterio. Después pasó al Museo de la Trinidad en Madrid, donde fue fotografiada por Jean Laurent en 1859. Esta fotografía se conserva, como oro en paño, en el Museo del Prado y se dice que es la primera obra de arte que Laurent fotografió; así que, sin duda, debía considerarse una pieza muy valiosa. Por ello terminó en el Museo del Prado, en 1872 y es allí donde, durante el último año, ha sido sometida a un laborioso proceso de restauración.


Tradicionalmente había sido atribuida a Hubert y Jan van Eyck, pintores flamencos establecidos en Brujas, durante la primera mitad del siglo XV, pero siempre existieron dudas. Por esto, con la restauración llevada a cabo por María Antonia López de Asiaín se ha aprovechado para extraer la mayor información posible de la obra y contextualizarla nuevamente. Queda claro, por los pigmentos y la calidad de la madera utilizada que fue una obra realizada en Flandes aunque no se ha podido asegurar la autoría de los van Eyck. Para los especialistas, sin embargo, la validez de una obra no debería emanar de que su autor tenga o no una firma reconocida, sino de la calidad pictórica de la propia pintura. Yo también lo creo así.

Dios rodeado de los símbolos de los evangelistas y a sus pies el Agnus Dei

La Fuente de la Gracia es una obra muy expresiva pero, al ser fundamentalmente simbólica, difícil de entender si no se es un experto. Para eso el Museo del Prado, con la colaboración de Iberdrola, facilita vídeos de sus conferencias y explicaciones a través de las redes sociales, incluido youtube, que constituyen una magnífica labor divulgativa. Además, ahora la obra puede verse en una sala especial y se ha editado también, a precio, muy asequible, un completo catálogo. A finales de enero volverá a su emplazamiento habitual, dentro de las salas de pintura flamenca.

Detalle de un músico y de la vegetación del prado


Se han redescubierto en esta restauración los colores originales que, sobre todo las túnicas de la Virgen y San Juan, recuerdan a los utilizados por van der Weyden en El descendimiento; también se ha resaltado el juego de luces y sombras de la arquitectura que se había ido perdiendo con el paso del tiempo; pero, especialmente, se ha podido identificar más de veinte variedades de plantas en el jardín del nivel intermedio, donde se sitúan los ángeles músicos y los cantores. En el catálogo editado hay información exhaustiva sobre todas estas flores y plantas silvestres. He leído también en un artículo de prensa que se ha podido contrastar que los azulejos del piso superior son españoles. No sé cómo se ha podido precisar tanto.

Se han restaurado también las puntas del cabello de la Virgen
Las escenas se distribuyen entre tres niveles. Los dos superiores, claramente, son celestiales y en el más bajo, vemos una cierta disputa entre la humanidad. La pintura es una alegoría del poder de la eucaristía. Esa es la fuente de la gracia que mana directamente desde el Agnus Dei situado a los pies del trono de Dios. La Virgen en actitud de oración y san Juan, presumiblemente escribiendo su evangelio, están situados a ambos lados del trono de Dios, situado dentro de una magnífica arquitectura gótica y decorado con los símbolos de los evangelistas.

Proceso de restauración (fotografía de Emilia Gutiérrez)
El nivel intermedio está ocupado por el prado donde los ángeles interpretan el Cantar de los Cantares. Eduardo Barba, investigador botánico, ha impartido una conferencia sobre las plantas de este prado que puede verse en este enlace, Paseo por un prado florido. El tercer nivel, terrestre, está presidido por una construcción dorada que puede parecer una custodia en la que, además, están representados un pelícano y un ave fénix símbolos en la Eucaristía, del sacrificio y de la resurrección de Cristo. Esta custodia separa dos grupos de personajes. En la izquierda se representa a la Iglesia a través del papa, un rey y un emperador, obispos y otros personajes de rango inferior, con una actitud serena y de humildad; aquéllos que están en perfecta comunión con Dios y su iglesia. A la derecha, sin embargo, se presentan personajes contorsionados, ciegos o con los ojos cerrados, tapándose los oídos; claramente, rechazando la fuente de la Gracia y negándose a recibir el mensaje evangélico; no en vano la obra también se llama El triunfo de la Iglesia sobre la Sinagoga.

Los judíos
El manantial que desciende desde el cordero místico atraviesa la custodia dorada y termina en una fuente octogonal, ante la que los católicos se arrodillan y señalan como fuente de vida. Y es que en la corriente pueden observarse también las hostias destinadas a la eucaristía. Sería un nuevo intento para convencer a los judíos de abrazar el cristianismo. En cualquier caso, la restauración ha sido excelente. Hasta el 27 de enero estará en la Sala D y después en su emplazamiento habitual del Museo del Prado. Además se siguen programando conferencias sobre el proceso de restauración y los nuevos hallazgos. Muy interesante.

Las hostias flotando en la corriente que separa el prado en dos y detalle de la vegetación

En el canal Youtube del Museo del Prado se pueden encontrar más vídeos informativos y también las conferencias impartidas sobre la restauración efectuada. 




Algunas fotografías más

Reflectografía infrarroja de la pila donde puede apreciarse que el artista, inicialmente, diseñó una pila circular no octogonal.
Resultado final de la pila. El Pelícano, el Ave Fénix y la Eucaristía

Músicos, en primer plano un órgano portátil

La fotografía de Jean Laurent. Es una albúmina sobre papel fotográfico, 1859

Eduardo Barba Gómez ha estudiado e identificado las especies de flora silvestre del nivel intermedio de la pintura. En las páginas del catálogo editado por el Museo del Prado quedan perfectamente identificadas, e incluso, se comparan con fotografías reales de las plantas reales.




jueves, 8 de septiembre de 2016

Exposición Pintura: El Bosco. La Exposición del V centenario (2016)

************Prorrogada hasta el 25 de septiembre de 2016***********

La exposición del año, sin ninguna duda, y no me la podía perder. Así que a Madrid me fui a pasar el día y a pasar casi todo el día en el Museo del Prado. Aproveché para volver a ver algo de la Colección Permanente y otras exposiciones temporales que comentaré en otro post, pero el objetivo era la exposición sobre Jheronimus van Aken, el Bosco, conmemorativa del quinto centenario de su muerte. No me decepcionó. Y aunque estas macroexposiciones tienen tanto éxito entre el público, que puede dar miedo ir y encontrarse con una ciudad entera dentro del museo, el día que fui yo se podía visitar con mucha tranquilidad. 


500 años hace que murió el Bosco, un pintor famoso en su tiempo, un artista considerado, a pesar de que sus obras no fuesen fáciles de entender, ni entonces ni ahora. Una fantasía desbordante y su originalidad fueron factores determinantes para su éxito. También Felipe II fue un gran admirador y coleccionó varias de sus obras en el Monasterio de El Escorial que después pasaron al Prado. Actualmente el Museo del Prado tiene seis pinturas del Bosco y varios dibujos, todos se exhiben en esta exposición. Pero lo mejor de estas exposiciones, aunque en principio sean monográficas, es que permiten acercarse a otros pintores menos conocidos.

El mercado de telas en 's-Hertogenbosch
La primera pintura que vi en la sala fue Mercado de telas en ‘s-Hertogenbosch, de pintor anónimo h.1530. Es la plaza del mercado de la ciudad donde vivió el Bosco toda su vida en un día de comercio muy animado. He encontrado unas fotos actuales de la ciudad (que en castellano se llama Bolduque), de su plaza del mercado, casi con los mismos tenderetes, aunque ahora en lugar de telas se vendan otros artículos. Hay cosas que nunca cambian o que cambian muy despacio.

El mercado hoy, aunque con camisetas
Hay dos adoraciones de los magos. La primera de 1475 pertenece al Metropolitan Museum de Nueva York y la segunda es el Tríptico de 1494 del Museo del Prado. Son completamente diferentes pero igualmente preciosas. En la primera la escena parece que se desarrolla en un teatro, incluso unos ángeles sujetan unas telas que ejercen de tejado del edificio medio derruido. La virgen está situada sobre un rico tejido de oro y los magos ofrecen sus regalos al recién nacido. Al fondo se puede ver un paisaje de los característicos del Bosco. 


El Tríptico de la adoración del Prado es una pintura más elaborada, más señorial. Fue encargada por un matrimonio de alta burguesía que aparece retratado en los paneles laterales. Un detalle muy gracioso en el panel de la izquierda es un anciano agachado que parece que está lavando unas telas; es san José trajinando con pañales del niño. Destaca también el detalle con que ha pintado las ofrendas para el niño, el manto de uno de los reyes y especialmente el incienso del rey Baltasar rematado por un Ave Fénix como símbolo de la resurrección de Cristo.




Otra de las pinturas que más me ha gustado ha sido el Tríptico de santa Wilgefortis, aunque no ha estado muy claro nunca de qué santa se trataba. Lo que si estaba claro es que se trataba del martirio de una joven por negarse a cumplir los deseos de su padre. Ahora se cree que es Wilgefortis una joven holandesa de buena familia cuyo padre quería casarla contra sus deseos. Así que Wilgefortis para intentar escapar de ese matrimonio, pidió a Dios que le creciera la barba y en el cuadro se puede apreciar una sutil sombra en su cara, aunque se cree que el Bosco realmente la pintó con barba. Es una crucifixión y a los pies de la cruz hay un hombre desmayado, quizá el padre de Wilgefortis arrepentido, aunque a pesar del dramatismo, la santa mantiene una actitud muy serena. En el panel lateral izquierdo hay una escena de San Antonio Abad, con fondo oscuro y en la parte superior una ciudad incendiada y en el panel derecho, dos personajes quizá los donantes en un paisaje marino.


Comentar todas las obras sería imposible, pero al menos las nombraré: San Cristóbal con el niño, Tríptico de las tentaciones de san Antonio Abad, San Juan Evangelista en Patmos, San Juan Bautista en meditación, Tríptico del carro de heno y, como no,  El jardín de las delicias (que comentaré en otro post).


Otros dos cuadros me llamaron mucho la atención, El concierto en el huevo y El prestidigitador. Ambos atribuidos a un seguidor del Bosco. En el primero de ellos un coro de cantantes y músicos poco agraciados que salen de un huevo roto interpretan una canción mientras una mujer con gesto serio observa fijamente al frente y lleva en la mano lo que parecería una batuta para dirigir el concierto. En la parte baja del cuadro unos animales les acompañan tocando algo parecido a una flauta y un laúd. Y el prestidigitador en realidad es un trilero que distrae a los incautos mientras sus compinches les roban la bolsa.




En la exposición también hay dibujos. El nido del búho es excepcional por el detalle con el que está hecho. No sólo el plumaje y el detalle de la corteza del árbol, sino también la araña tejiendo su tela y el pájaro acechando para comérsela. Impresionante. 


Además la exposición se completa con una videoinstalación que comentaré en otro post. Por supuesto, es sobre El jardín de las delicias. Este video no tiene nada que ver con la videoinstalación que he mencionado antes, pero es una animación sobre El jardín muy interesante, otra forma de verlo.




El Bosco
La exposición del V centenario
31 de mayo al 11 de septiembre
Museo Nacional del Prado

jueves, 25 de junio de 2015

Exposición Pintura: Rogier van der Weyden (2015)

Rogier Van der Weyden o Roger de le Pasture nació en Tournai (Bélgica) en 1399. Y pertenece a los pintores conocidos como Primitivos flamencos. El Museo del Prado tiene una buena colección de este estilo de pintura, proveniente de las Colecciones Reales. Parece que los reyes españoles desde Juan II de Castilla hasta Felipe II estuvieron muy interesados en adquirir sus obras.

Personalmente, durante el bachillerato recuerdo que El Descendimiento fue el primer cuadro que me explicaron con detalle en el colegio. Yo creo que por eso he tenido siempre un especial interés por ese cuadro y por su autor. Siempre que voy al Museo del Prado aprovecho para verlo y no me canso de contemplarlo. Es el único cuadro del que tengo un póster en mi casa. Además cuando estuve viviendo en Villalba, cerca de El Escorial vi que había allí una copia realizada por Michel de Coxcie y también descubrí otro cuadro de Van der Weyden que no conocía: El Calvario que ahora ha sido magníficamente restaurado. En El Descendimiento, el autor debió pasar muchas horas estudiando geometría para distribuir a los personajes en un espacio tan pequeños para las dimensiones de las figuras y conseguir esa armonía de emociones, además de no descuidar detalles como la nariz enrojecida de María de Cleofás llorando.

El Descendimiento 


Detalle de El Descendimiento

Con motivo de esta restauración se han reunido en esta exposición otras obras de la época que arropan a las principales piezas de Van der Weyden: los ya mencionados, El Descendimiento y El Calvario, y otras como El Tríptico de Miraflores o la Madonna Durán. 

El Calvario, detalle. Lágrimas de Cristo 


Dos cosas llaman la atención de este pintor: el tratamiento escultórico que da a sus pinturas y la pasión por el mínimo detalle reproducido con minuciosidad. La excelente restauración de El calvario ha permitido descubrir las lágrimas de Cristo crucificado y recuperar el verdadero color de las túnicas de la virgen y san Juan, oscurecidas por el paso del tiempo. Estas túnicas dan la sensación de ser sudarios, de manera que, simbólicamente, los vivos estarían más muertos que el mismo crucificado. Sus pliegues realzan el volumen de las figuras y el paño de honor del fondo de la pintura, de un precioso color rojo enmarca la escena que no puede ser más sencilla. Es el último cuadro del autor, fechado en 1455; no se debió a ningún encargo y por esto actuó con total libertad para pintarlo. Sólo el rojo de la pasión y el blanco de la muerte aportan color a la profunda emoción de los personajes.

El Calvario restaurado

En la Madonna Durán, 1435-1438, el autor utilizó casi exclusivamente también esos dos colores. El manto de la Virgen es rojo y la túnica del niño blanca. Las dos figuras están situadas en una hornacina, simulando ser esculturas. En ese espacio cerrado, la Virgen sentada es el trono donde su hijo reposa. El niño juega, arrugando el libro que lee la virgen.


Madonna Durán, detalle. El niño arrugando el libro

 Por último, también me gustaría destacar un tapiz de lana y seda perteneciente al Museo de Tapices de La Seo-Cabildo Metropolitano de Zaragoza, realizado hacia 1450-1460 y que representa varias escenas de la vida de Jefté. La última de estas escenas en la parte derecha del tapiz, es una batalla donde apenas pueden distinguirse los caballeros de sus caballos. Jefté es un personaje bíblico, uno de los jueces de Israel y guerrero que dirige sus tropas en la guerra contra los amonitas. 

Jefté y los amonitas

Una preciosa exposición, lástima que termine el día 28 de junio. Os dejo un video sobre la restauración de El Calvario, merece la pena verlo. Y después de septiembre se podrá seguir visitando en el Monasterio de El Escorial. Si alguien sigue interesado en van der Weyden existen videos en Youtube sobre el ciclo de conferencias que el Museo del Prado ha estado haciendo sobre el autor. 


Museo Nacional del Prado. 
24 marzo-28 junio 2015