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viernes, 28 de julio de 2017

Cine: Calle 42 de Lloyd Bacon (1933)

La calle 42 se filmó en el año 1933 en apenas 28 días. En aquel momento el cine se utilizó como terapia para superar la Gran Depresión de 1929. América dejó de ser vista como la tierra prometida, surtida de riquezas innumerables y a disposición de quien fuera capaz e inteligente para conseguirlas y, a partir de entonces, empezó a ser un país que abusaba de sus ciudadanos más desprotegidos y que repetía los errores y desigualdades de los países europeos que había pretendido superar. 

Así que este tipo de películas trataban de recuperar la alegría de ser americano. Ésta, sin duda, lo consiguió. Incluso fue nominada al Óscar a la mejor película y mejor sonido. Hay que tener en cuenta que hacía poco tiempo que se había impuesto el cine sonoro y pasar los musicales de Broadway al cine era toda una novedad.


No sé si se podría decir que esto es teatro filmado o cine teatralizado pero la fórmula duró bastantes años, hasta que el cine musical resurgió en los años 1950 aprovechando las innovaciones en la filmación y el sonido. A pesar de todo esto La calle 42 se consagró como un clásico y teniendo en cuenta que ya ha cumplido 84 años hay que mirarla con la ternura que se dedicaría a una anciana.

Ruby Keeler
Resulta una película pícara e inocente al mismo tiempo, estática y de ritmo vertiginoso. Todo un contrasentido, como la vida. Y eso es porque convergen dos tendencias a la hora de hacer musical: el musical clásico teatral y el musical cinematográfico. Esta película es la transición entre ambas maneras de entender el espectáculo. Las escenas entre los actores son netamente teatrales sin que apenas haya movimiento de cámara, sin embargo en las escenas musicales la cosa cambia y es por la influencia de Busby Berkeley.


Esto es lo que más destaca de este musical, las coreografías. Delante de la cámara se desarrollan elaboradas formas geométricas, caleidoscopios filmados con cámara cenital y con arriesgados movimientos de cámara no vistos hasta entonces, espejos que multiplicaban las coreografías realizados por un ejército de bailarinas perfectamente coordinadas. 


Todo ello diseñado por Busby Berkeley que, posteriormente, se encargaría de algunas de las coreografías de la nadadora/bailarina Esther Williams y que también fue director de cine.

Ginger Rogers
Por lo demás, el argumento de la película es muy simple. Un director de teatro recibe como encargo preparar una comedia musical, Pretty lady, para la amante del ricachón que financiará el proyecto y que sólo está interesado en ver las piernas de jovencitas. La amante es una cantante y bailarina consagrada que además tiene otro amante que también trabajará en la obra. Las aspirantes a coristas son jóvenes rubias de piernas bien torneadas y mucho sentido del humor; pero, entre ellas, destaca por su inocencia Peggy “la novata”.


Entre los ensayos, los números musicales y el estreno se desarrollan las tramas: los enredos, los engaños, los amoríos y el humor. Porque un musical romántico no puede hacerse sin grandes dosis de humor (esto debería haberlo sabido el director de La la land). Y esto es lo que provoca esta película ternura, risas y un número musical que pone la guinda y el final feliz. Donde los barriobajeros pueden encontrase con la elite, en la calle 42. Todos contentos.




Director: Lloyd Bacon
Guion: Rian James, James Seymour (Novela. Bradford Ropes)
Música: Harry Warren
Fotografía: Sol Polito 
Intérpretes: Dick Powell, Ruby Keeler, Warner Baxter, Ginger Rogers, Guy Kibbee.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Cine Documental: Jota de Carlos Saura (2016)

Saura siempre ha puesto una especial atención en sus películas a la ambientación musical. Y en los documentales que ha hecho todavía más. Recuerdo el impacto que me causó, la primera vez que vi Flamenco. Era una unión perfecta entre las imágenes y la música. Lo mismo ha hecho esta vez con Jota. Una película que tanto a los seguidores de Saura como a los joteros no les defraudará. 

Se nota en la película amor por la música y la danza aragonesas. Es un recorrido visual y musical desde el origen hasta hoy y los cambios que han sufrido tanto la jota cantada como la bailada. Hay también un momento de homenaje a José Antonio Labordeta y de recuerdo por esa infancia vivida en plena dictadura franquistas. La canción es Rosa rosae; esa declinación de latín que todos hemos tenido que memorizar.



Haber nacido en Zaragoza (y seguir viviendo aquí) y que no te guste la jota, suele ser bastante problemático, sobre todo cuando llega el momento de celebrar las fiestas del Pilar. Pero creo, sinceramente y lo digo con todo el respeto de que soy capaz, que la jota tiene que vivir un proceso de depuración muy importante (y creo que ya está en ello). Puede que el problema sea mi excesiva sensibilidad auditiva (hay sonidos sobre todo los sonidos metálicos que me desquician), pero soy incapaz de escuchar las voces tan engoladas de los joteros y las voces chirriantes y estranguladas de las joteras.


Este proceso de depuración que comentaba, la danza ya lo ha hecho. En el documental se incluye un fragmento de Nobleza baturra, la mítica película de 1935 dirigida por Florián Rey y protagonizada por Imperio Argentina, donde la chica honesta baila decentemente una jota con el chico que le gusta, pero con los ojos púdicamente dirigidos al suelo. Ahora ya no se baila así, las joteras estiran los brazos todo lo que pueden y miran sonrientes a los chicos. Eso mismo tiene que hacer la jota cantada. Desprenderse de cierto artificio que se ha puesto ahí, supuestamente para embellecer cuando hace todo lo contrario: enturbiar un sonido que debería ser más limpio, más libre y más auténtico.


Además, parte del malestar que me produce la jota, surge de su relación con el franquismo. Para mí esta relación sigue patente: en las continuas referencias del joterío a la virgen del Pilar, al fervor a la virgen del Pilar, a la venida de la virgen del Pilar, y etc. etc. Algo que me agota profundamente por la sobrerrepresentación social de una iglesia católica, folclórica, muy ritualista y superficial, que no me dice nada y que es un obstáculo para que otra iglesia católica, profundamente comprometida con el primitivo mensaje de Cristo, una iglesia que está sufriendo con los pobres, los oprimidos y hoy con los refugiados vengan de donde vengan, pierde el protagonismo que debería tener.


Entiendo que durante la postguerra, y especialmente en el entorno rural, una de las (escasas) posibilidades que tenían adolescentes y jóvenes para salir de su pueblo y divertirse juntos, chicos y chicas, era pertenecer a una rondalla o a un grupo jotero. Me parece muy bien que así fuera; pero eso hizo que, al mismo tiempo, se despreciasen otras fuentes del folklore no tan conocidas y que se diese prioridad a unas jotas, bastante simplonas y patrioteras. De todo esto es de lo que la jota debe desprenderse para revelarse con la claridad que merece.


La película de Saura va en este sentido. Y deja ahí las aportaciones de Miguel Ángel Berna, de la magnífica Carmen París o de Ara Malikian. Para mí, el hecho de que la película no tenga argumento es un acierto y te permite meterte directamente en el puro goce estético, musical y visual. Si algo tengo que resaltar de la película, me quedo con la primera jota, interpretada por María Mazzotta y bailada por Miguel Ángel Berna,

Que se divierta y no llore,
A mi corazón le digo,
Que se divierta y no llore,
Que si tú no lo has querido,
No faltará quien lo adore,
A mi corazón le digo



Dirección y Guion: Carlos Saura
Fotografía: Paco Belda
Intérpretes: Miguel Ángel Berna, María Mazzotta, Sara Baras, Ara Malikian, Carmen París. 


lunes, 22 de agosto de 2016

Ballet: Frankenstein de Liam Scarlett (2016)

Procuro no perderme ninguna adaptación de Frankenstein, la novela de Mary Shelley. Esta vez le ha tocado el turno a un ballet. No sé por qué me había hecho la idea de que la coreografía sería más de danza contemporánea, más agresiva y desesperanzada, pero no. Evidentemente la obra sigue siendo un drama, una tragedia pero queda embellecida en puro ballet clásico.


Liam Scarlett ha sido el coreógrafo y ha preferido la narración lineal, fiel al texto de la escritora. La historia comienza felizmente para Elizabeth, joven huérfana adoptada por la familia Frankenstein. Después, ya como adulta está interpretada por Laura Morera, española, primera bailarina del Royal Ballet. Evidentemente Elizabeth y Frankenstein se enamoran desde niños. El joven Frankenstein, interpretado por Federico Bonelli, pierde a su madre poco antes de ir a estudiar medicina. Y su única obsesión a partir de entonces será devolver la vida a los muertos a través de un nuevo invento, la electricidad. Como colofón a sus experimentos, "nace" La Criatura, interpretado por Steven McRae. Ha nacido de la muerte y eso es desafiar a Dios; pero Frankenstein sólo piensa en la posibilidad de devolver a la vida a su madre, ni siquiera el amor de Elizabeth es suficiente. Además, para subrayar todavía más su egoísmo y su locura, Frankenstein abandonará a su inocente Criatura, en un mundo que no conoce y que le desprecia.


Frankenstein pasará varios años sumido en una profunda depresión por sentirse frustrado y a la vez culpable de la existencia de la Criatura, hasta que un día un nuevo golpe sacude a su familia y Frankenstein intuye que esta nueva desgracia también es obra suya. La Criatura ha reaparecido, alimentada por el odio y la venganza hacia su creador, aquél que le abandonó a su suerte. El día de la boda de Frankenstein y Elizabeth todo terminará por fin.


Este es el desarrollo del ballet. El coreógrafo ha optado por la interpretación más clásica de la historia. Apenas se ha centrado en el sufrimiento de la Criatura, que es lo que más me atrae a mí. Un desarrollo tradicional, desde la felicidad a la muerte que, como obra clásica, ha tenido muchas interpretaciones. Mary Shelley escribió el libro en 1816; este año ha cumplido 200 años. En el hemisferio norte, fue un año sin verano, oscuro y desapacible, y en Suiza, podíamos decir que en una oscura y tormentosa noche surgió el germen de este libro del que hay tres versiones. La primera de 1817 debida enteramente a Mary, después en 1818 Percy Bhysse Shelley preparó una edición corregida y ya en 1831, Mary reescribió completamente el libro.  


En esta producción los escenarios y el vestuario son muy elegantes, del siglo XIX. El aula de la universidad es perfecta y el nacimiento de la Criatura te deja pegado al asiento. Una historia romántica y muy intensa, en la que la Criatura sale perdiendo (incluso tiene poco protagonismo en el ballet), sigue siendo el monstruo que quiere destruir todo en lugar de ser visto como el monstruo destruido por el engreimiento y la imprudencia de Frankenstein.


Frankenstein (Federico Bonelli) es el absoluto protagonista en esta versión mientras que Elizabeth (Laura Morera) y la Criatura (Steven McRae) acaban supeditados a él, sin poder desarrollar su propia personalidad y sus emociones.


Vi la retransmisión en directo desde el Royal Ballet de Londres en un cine de mi ciudad. Y está muy bien porque en los entreactos pudimos escuchar entrevistas con el director de orquesta y el compositor de la música. Muy pedagógico e interesante.