jueves, 18 de julio de 2013

Cine: Trance de Danny Boyle

Antes que nada una queja. No creo que una ciudad media como Zaragoza, pueda soportar el ritmo de estrenos de otras ciudades más grandes. Lo digo porque esta película apenas ha durado en cartel 15 días. Ha tenido la mala suerte de coincidir con otros estrenos más comerciales y es una pena porque merecía más tiempo en cartel. 

Es cine negro, no convencional, pero del bueno. Se planea un robo pero algo falla.

Simon (James McAvoy; Atonement) trabaja en una casa de subastas de arte en Londres, es adicto al juego y tiene deudas con un mafioso, Frank (Vincent Cassel). Simon planea el robo de un cuadro en medio de su subasta “Vuelo de brujas” de Goya (en realidad el cuadro de 1798 está en el Museo del Prado y espero que, a pesar de nuestra crítica situación económica, no tengamos que recurrir a subastar el patrimonio cultural del país). Pero las cosas no salen como ellos quieren. Simon, aparentemente, se enfrenta a los ladrones, recibe un fuerte golpe en la cabeza y olvida donde ha escondido el cuadro. Elizabeth Lamb (Rosario Dawson) será la terapeuta encargada de ayudarle a recordar. 

Destaco también de la película la banda sonora muy potente y especialmente, una fotografía muy adecuada: imágenes especulares, colores muy brillantes, distorsiones, reflejos, todo destinado a hacernos perder el sentido de la realidad y a embarcarnos en la misma desorientación que sufre el personaje. No sabemos si son imágenes reales, recuerdos implantados o recuerdos verdaderos.

En el desarrollo de la trama, la terapeuta deberá manipular la mente de Simon e intervenir en sus recuerdos pero no de una manera esotérica o con brujería (otra vez brujas), sino a través de una terapia, racional y respetada como ciencia.  La película plantea que, ante un trauma, la táctica de supervivencia empleada sea encerrar los recuerdos dolorosos en una caja de cristal, transparente, para que ni siquiera seamos conscientes de que la caja está allí; así para superar el trauma deberemos encontrar la caja que se ha hecho invisible para nosotros y abrirla. Pero, ¿y si, en ese viaje doloroso, además encontramos otras cosas?


Director: Danny Boyle
Intérpretes: James McAvoy, Rosario Dawson, Vincent Cassel
Guion: Joe Ahearne y John Hodge
Música: Rick Smith
Fotografía: Anthony Dod Mantle


A partir de aquí voy a lanzar algunos spoilers, no todos porque el guion da muchos giros. 
Así que si queréis mantener la sorpresa dejad de leer ya. 

Lo que más me ha sorprendido de las críticas y opiniones que he leído es que ninguna de ellas percibe una lectura simbólica que yo veo clarísima. 

El motivo del robo nunca ha sido el dinero; ni por codicia ni por deudas de juego. Tampoco Simon ha sido el cerebro. Casi al final de la película, Elizabeth, tiene que explicar al resto de personajes y a nosotros también, lo que ha pasado y por qué. Es un recurso cinematográfico que no me gusta mucho, pero dados  los enigmas envueltos en acertijos que encontramos en toda la película, era necesario (perdono a Danny Boyle por esto). 

Elizabeth ha sido víctima de violencia de género y ha temido por su vida; planea el robo de este cuadro para recordarse a sí misma que nunca más debe permitir ese tipo de abusos en su vida. Durante meses, antes del atraco, ha estado tratando a Simon en su consulta y ha conseguido sugestionarle para que robe el cuadro para ella. En “Vuelo de brujas” tres mujeres volando (supuestamente mujeres yo no lo distingo muy bien), desnudas de cintura para arriba, sostienen y torturan a un hombre.



No creo que sea una casualidad que la obra a robar sea de brujas, que el cerebro de la operación sea una mujer y que además sea negra. Simbólicamente, podría tratar de reivindicar el primer feminicidio, contra miles de mujeres acusadas de ser brujas. 

¿Quiénes eran las maléficas brujas? ¿Mujeres poderosas, mujeres de sabiduría, capaces de cambiar los destinos de la gente? ¿Mujeres que dominaban con la palabra, interlocutoras del diablo? Quizá haya otra explicación más sencilla. Silvia Federici, en su libro Calibán y la bruja, afirma que eran mujeres pobres, abandonadas, ancianas y viudas, que, en el límite de la subsistencia, robaban para comer. A veces, ellas mismas se creaban una reputación de brujas maléficas (eficaz en momentos de superstición), para que sus vecinos cuidasen de ellas a cambio de no sufrir males en sus cosechas. También había parteras, médicas o hechiceras especializadas en la intriga amorosa, que fueron acosadas por el ascenso de la medicina profesional (de hombres). Queda para los estudiosos analizar si ésta fue la verdadera causa de la caza de brujas. 

No sé si Danny Boyle se ha propuesto en su película, desplegar toda esta carga simbólica, es posible que no. No sé si ha intentado resarcir a las mujeres por la violencia sufrida, la pasada, la presente y la futura (porque esto no acaba) o si ha lanzado un aviso para navegantes del riesgo que supone permitir a las mujeres el acceso al conocimiento y al saber. El caso es que Elizabeth, la maga-terapeuta con su voz melodiosa de hechicera, es capaz de dominar a los hombres que la quieren matar. Puede entrar en sus mentes y crear pensamientos que los hombres asumirán como suyos.

Definitivamente no creo que Danny Boyle pretendiera todo esto. Es sólo mi interpretación o ¿quizá sus planes, pensamientos e ideas sobre la película tampoco fueran suyos? 


jueves, 11 de julio de 2013

Cine: Before Midnight (Antes del anochecer)

Con Antes del anochecer termina, de momento, la trilogía que Richard Linklater, en colaboración con Ethan Hawke y Julie Delpy como guionistas y actores, ha rodado sobre el amor visto a los 20, a los 30 y a los 40. De Linklater no conozco más que estas tres películas que me parecen muy interesantes. Respecto a Ethan Hawke (Great Expectations; Gattaca) y Julie Delpy (Tres colores: blanco; El skylab), tienen unos curriculum que dan vértigo: actores, escritores, directores de cine y además Delpy, a veces también compone la música. 


Julie Delpy ha estrenado recientemente, como directora y actriz, Dos días en Nueva York, continuación de Dos días en París. Películas similares a la trilogía que comento en este post, comedias románticas con un toque de desilusión y choque cultural. En una entrevista ha dicho que lo único que pretende es hacer películas de situaciones cotidianas. 


En Antes del amanecer (1995), Jesse y Céline (Ethan Hawke y Julie Delpy) se conocen en un tren camino de Viena. Jesse es un futuro escritor que va un poco a la deriva; norteamericano de viaje por Europa, tratando de encontrar a la “Generación perdida”, a sí mismo o cualquier otra cosa. Céline es francesa, apasionada, comprometida con la defensa del medioambiente y de izquierdas. Así que deciden bajar del tren y empezar una conversación que, de momento, ha terminado 20 años más tarde. En unas horas se confiesan amores, temores, esperanzas, decepciones y retos que les gustaría asumir; hablan sin parar de ellos, de los otros, de política, de sexo, de religión, de todo lo importante y de lo banal. Porque estas películas son eso, conversaciones que Jesse y Céline tienen en momentos cruciales de su vida. 


La siguiente película fue Antes del atardecer (2004). Jesse y Céline se reencuentran en París. Si digo que se reencuentran ya deduciréis que en la primera película no terminaron juntos, pero claro, no diré por qué. Jesse ha escrito una novela basada en ese encuentro. Ha tenido mucho éxito y debe presentarla en París. Céline vive allí, se reconoce en un personaje de la novela y así se reencuentran en la librería Shakespeare and Co. Retoman su conversación otra vez, deambulando por la ciudad, sin rumbo fijo. Ya no son los jóvenes inseguros de 1995. La vida les ha curtido un poco y comparten esta vez más amarguras que ilusiones, más reproches que expectativas; la frustración y el paso del tiempo. Sus vidas están más o menos orientadas e intentan seguir con ellas: él tiene que coger un avión y volver a casa. 


Ahora se ha estrenado Antes del anochecer (2013). Jesse y Céline, están de vacaciones en Grecia. Son una pareja consolidada que ha acudido al aeropuerto a despedir al hijo adolescente de Jesse. Les acompañan sus hijas mellizas y también esta vez se presenta la ocasión de conversar sin prisa y sin censura. Ahora les toca hacer balance de su vida en común; llevan 9 años juntos. No es que les desborde la amargura y se reprochen a sí mismos (o al otro) el camino que cogieron, pero se aprecia el desgaste de la vida en común. 


Están en los 40 y se dan cuenta de que ya no pueden hacer todo lo que querían en la vida. Empieza para ellos el tiempo de las renuncias. En esta tercera película es Céline quien más abiertamente muestra sus inseguridades. Parte de sus reproches tienen que ver con que no ha podido seguir la carrera profesional que pretendía por el nacimiento y cuidado de las gemelas. Ella, más que él, está preocupada por el paso del tiempo. Finge que no le importa, pero sí está preocupada por dejar de ser atractiva: medio en broma, medio en serio le recrimina a Jesse que mire a otras mujeres (más jóvenes, evidentemente). Además esta vez no está dispuesta a renunciar a una oportunidad laboral. Toda esta “guerrilla de baja intensidad” la convierte en una prematura vieja gruñona, desvalida y tierna. 


Sin embargo, desde mi punto de vista, es Jesse quien siempre ha tenido que hacer las mayores renuncias: cambia de país (y de continente) para estar con Céline; se divorcia (traumáticamente) de su mujer, que desde entonces le odia y le pone todo tipo de trabas para que se pierda la infancia de su primer hijo. En la segunda película Jesse sufrió su “gran crisis”: personal, emocional, matrimonial y creativa. Ahora, en Antes del anochecer, demuestra que aprendió algo entonces y ante la crisis personal de Céline, será él quien tome las riendas de la situación. Para el desenlace, definitivo o no, me quedo esperando una cuarta película. El amor a los 50. 

Antes del anochecer


Antes del atardecer


Antes del amanecer


Director: Richard Linklater
Actores: Ethan Hawke y Julie Delpy
Guion: Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy
Fotografía: Christos Voudouris
Música: Graham Reynolds

domingo, 7 de julio de 2013

Cine: Grandes Esperanzas


Grandes Esperanzas es la nueva adaptación al cine de Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral; Harry Potter y el cáliz de fuego) de la novela de Dickens. Una de sus principales novelas, a juicio de los críticos una obra maestra de madurez. 

Yo no la he leído, pero imagino que como en todas las adaptaciones se pierde muchísimo de la obra original.  En este caso, aunque no puedo juzgar porque no he leído la novela, tratándose de lo que se llama una “novela de crecimiento” se ve poco desarrollo en el protagonista.

Pip (Toby y Jeremy Irvine) es un chico pobre y huérfano en un entorno rural de la Inglaterra de mediados del siglo XIX. Dadas sus condiciones, pocas oportunidades le puede presentar la vida. La historia se asemeja a un cuento de hadas. A pesar de su pobreza y de sus precarias condiciones emocionales de vida (vive con su única hermana, una mujer amargada, déspota y maltratadora), hay dos hitos en su niñez: el encuentro con el presidiario Magwitch (Ralph Fiennes) y el interés que despierta en la señorita Havisham (Helena Bonham-Carter), a través de la que conocerá a la joven Estella (Holliday Grainger), desde entonces su único amor.

Pasados unos años, un benefactor (que quiere mantener el anonimato) le proporcionará el dinero suficiente, los contactos y las influencias para que llegue a convertirse en un caballero.

Su ascenso social provoca que vaya perdiendo su entereza moral. Va echando de su vida a todos los personajes que le habían servido de consuelo y apoyo en su infancia: Joe, su cuñado que siempre le había protegido de su hermana, y Biddy, una joven que ocasionalmente le ha servido de maestra y que está enamorada de él. Después de su triunfo inmerecido, la adversidad le hará conocer quienes han sido sus verdaderos amigos. 

Esta nueva adaptación está muy bien ambientada, perfectamente realizada y con actuaciones impecables pero le falta vida. En este tipo de adaptaciones, cada vez más los directores se quedan en la simple historia de amor y creo que descuidan lo que los novelistas querían hacer: recrear un ambiente, sus modos y costumbres; la psicología de los personajes e incluso la crítica social, un elemento esencial en todas las novelas de Dickens. Desde este punto de vista el director se ha quedado corto. Los personajes masculinos responden a los tópicos y por lo que respecta a los femeninos, no sé si son exponentes de una clara misoginia del autor, pero resultan aterradores. Creo que no se pueden encontrar más muestras de desprecio contra las mujeres que en la literatura del siglo XIX. Unas, heroínas abusadas y asesinadas de diversas formas; otras, mujeres frías y diabólicas hechas para torturar. ¡Por Dios! Pero, ¿qué les pasaba a los escritores del siglo XIX? Ahí van las descripciones, totalmente subjetivas, de los principales personajes femeninos.

Estella, literalmente, ha sido “educada para hacer sufrir a los hombres”. La señorita Havisham, al mismo tiempo que se arrepiente de haberlo hecho así, reconoce que tampoco sabía hacer otra cosa.

La hermana de Pip, encargada del cuidado del huérfano durante su infancia, es brutal, hiriente, despiadada y maltratadora. Cuando ella muere, tanto Pip como Joe pueden descansar de su brutalidad.

La señorita Havisham, es el personaje más fantasmagórico de toda la película. Incluso parece un guiño a la literatura gótica. Vive con el reloj parado, con su vida suspendida desde que su prometido la abandonó el mismo día de la boda. Desde entonces la luz no ha vuelto a entrar en su casa. Vestida con su vestido de novia, sin peinarse, sin lavarse, con aspecto de muerta en vida (¿inspirado en Tim Burton y la novia cadáver?). Rodeada de otros muertos vivientes, sus codiciosos parientes, de ratones y del banquete putrefacto. Visiblemente trastornada se ha dedicado toda su vida a inocular sus amarguras y frustraciones  en Estella. Helena Bonham-Carter es lo mejor de la película, junto con Ralph Fiennes.

Mi opinión es que la película promete en la primera media hora, pero después se va haciendo predecible y se recrea, como pasa habitualmente, en la historieta de amor entre Pip y Estella. Deja de lado el resto de temas en los que Dickens profundizaba: el crecimiento y el desarrollo psicológico de Pip, el coste del ascenso en una sociedad burguesa y también la crítica social por unas condiciones de vida insalubres. 



Director: Mike Newell
Intérpretes: Toby Irvine/Jeremy Irvine; Ralph Fiennes; Helena Bonham-Carter; Holliday Grainger; Jason Flemyng

viernes, 5 de julio de 2013

Cine: Hannah Arendt de Margarethe von Trotta

Hannah Arendt no quería ser reconocida como filósofa; estudió principalmente el campo de la teoría política y concretamente son famosos sus estudios sobre el totalitarismo y todas las variantes del fascismo. Nació en Alemania de origen judío y terminó viviendo exiliada en Estados Unidos. La película de Margarete von Trotta abarca un período de su vida marcado por el juicio y la publicación de unos artículos sobre Adolf Eichmann, en 1963. Posteriormente los artículos se publicaron en forma de libro, traducido en España como Eichmann en Jerusalén (otro de los libros que tengo pendientes por leer).

Lo que más me ha gustado de la película es que sitúa a la filósofa en su vida cotidiana, en su intimidad, rodeada de sus amigos, en un exquisito ambiente intelectual. Constantemente fumando, tumbada en el sofá pensando y con un brillo especial en los ojos; siempre risueña e incluso pícara. El retrato de una mujer jovial, risueña, muy afectuosa, enamorada de su marido, apasionada y fuerte. Parece estar por encima de duelos y miserias humanas; vive con todas sus consecuencias este momento amargo de su vida, en el que muchas de las personas en las que confiaba la atacan y le vuelven la espalda.

Es una película biográfica clásica, con una ambientación muy cuidada y actuaciones muy sólidas que le dan un ritmo muy adecuado, para no caer en verborreas filosóficas. Hannah Arendt está muy bien interpretada por Barbara Sukowa, una actriz que ya ha colaborada muchas otras veces con esta directora. Películas que lamentablemente yo no he visto. 

Yo no sabía que estos escritos de Arendt habían sido tan polémicos; es cierto que en los años 1960, todavía no había pasado mucho tiempo desde la tragedia del holocausto y las sensibilidades eran más fuertes que hoy en día. Describir abiertamente su postura, aún a sabiendas de que iba a resultar molesta para muchos,  le costó numerosas críticas y la amistad de antiguos compañeros. No entendieron, ni la gente de la calle ni los intelectuales que la rodeaban, que se propuso informar objetivamente de un proceso, en el que se juzgaba la conducta de un ser humano normal; más allá de que sus actuaciones hubiesen facilitado el holocausto.

Creo que el problema con sus artículos y posterior libro, fue que la gente esperaba una versión sentimental, esperaba un bálsamo que les ayudase a cerrar sus heridas y ella, en cambio, les dio un informe intelectual de la tragedia; el mayor insulto que le dirigen durante toda la película es el de ser una intelectual arrogante. Su análisis les decepcionó porque esperaban de ella que ejerciese su condición de judía.

Para mí esto revela la grandeza de este personaje. Hannah Arendt se negó a explotar su condición de judía y ejerció con escrupulosa dedicación en este asunto, su condición de individuo (neutro) intelectual: ni hombre, ni mujer, ni judío, ni gentil, simplemente un individuo pensante. Desde mi punto de vista, esa es la tarea del intelectual puro. Evidentemente, todo ser humano está incluido en diferentes grupos, que le proporcionan diferentes identidades y que, en conjunto, conforman su ser persona. Pero a la hora de analizar cualquier cuestión que afecte a la humanidad (o sea, más o menos todas), el intelectual no debería consentir que ninguna de sus identidades anulase su individualidad de puro ser pensante.

La polémica que refleja la película se centra en las reacciones a la opinión de Arendt sobre la responsabilidad de los líderes judíos en el holocausto y el análisis de la personalidad de Eichmann. Ella dice en el post scriptum de su libro que se orquestó toda una campaña en contra de un libro que ella no había escrito. La mayoría de las críticas fueron de gente que ni siquiera se había leído el libro, como la mayoría de las veces hablaban de algo que sólo habían conocido por la interpretación "distorsionada" de otro. Que esto sucediera en un ambiente intelectual es imperdonable. 

Es posible que la gente esperase que Eichmann fuera retratado como un loco, sanguinario y psicópata, capaz de las mayores maldades y ferviente devoto de una causa, y no esperaba que fuese un simple y obediente pequeño engranaje de una máquina de matar tan grande, que él nunca tuvo conciencia de la repercusión de sus actos. Esto no es disculparle y tampoco ayuda a comprenderle. Pero, esa actitud bobalicona es lo que le hace más terrible; su simpleza y banalidad, nos pone ante el horror de pensar que cualquiera de nosotros podría llegar a ser tan obediente como él, sólo necesitamos evitar la reflexión sobre el bien o el mal.

Los que obedecen ciegamente lo hacen porque estar sometidos a reglas (a cualesquiera reglas) les libera de la extremadamente fatigosa tarea de pensar. Entran en una paradoja perfecta, la esclavitud a las normas les libera. Y lo más horrible es que estos individuos, respetuosos con el orden establecido, no pueden ser detectados hasta que es demasiado tarde. 



sábado, 29 de junio de 2013

Cine: Stoker de Park Chan-wook

El padre de India Stoker muere el mismo día que ella cumple 18 años. Es entonces cuando India conoce a su misterioso tío Charlie, quien ha estado viajando constantemente por todo el mundo, sin un propósito claro. Desde el primer momento, el triángulo entre India, su madre y su tío será el eje central de la película pero, sorprendentemente, no irá por el camino que podríamos imaginar. Entre las dos mujeres surge la rivalidad por captar la atención de este hombre nuevo. Ambas están en un momento especial de su vida y no sólo porque han perdido marido y padre; la madre, va a empezar su declive y eso la hace vulnerable e insegura; la hija, adolescente perturbadora, alcanzará su plenitud sexual, en cuanto el príncipe azul le ponga los zapatos de tacón de aguja. Pero la película sorprende y va más allá.

Un erotismo turbio (impregnado de algo que no sabemos qué es) y cortante como un cuchillo, pasa por todas las escenas: India y su tío tocan el piano a cuatro manos; ambos comparten el fetichismo por los zapatos (y el cinturón); y especialmente, la escena de India en la ducha (homenaje a Psicosis de  Hitchcock), son ejemplos de ese erotismo.

India (Mia Wasikowska, inquietante) mantiene una relación difícil con su madre (Nicole Kidman, fantástica), pero que no es muy diferente a la de cualquier otra adolescente con la suya. Siempre ha estado más unida (y también protegida) por su padre; con él compartía sus aficiones, con él salía a cazar. Aunque tiene problemas de adaptación en el instituto, sabe defenderse muy bien, incluso con un simple lápiz. Es inteligente, culta, hábil, obsesiva, tiene una sensibilidad muy especial y es capaz de oír y sentir cosas que los demás no pueden: aleteos de insectos, un teléfono enterrado.  

El tío Charlie (Matthew Goode, turbador) se instala en su casa después del funeral, e India empieza a sospechar que en su familia también hay secretos. Los dos viven momentos de acercamiento y rechazo, se miden, se olisquean y se reconocen como iguales. India descubre que su tío no ha estado viajando durante todos estos años y que de alguna manera tenía prohibido acercarse a ella, ¿por qué?

Sin necesidad de sangre (para remarcar la violencia) o de carne (para mostrar sexo explícito), Chan-wook ha rodado una película brutal. Con muy buenos apoyos en la fotografía y en el tratamiento del sonido; la especialidad sensibilidad de oído de India está perfectamente mostrada en la pantalla.

Park Chan-wook es un afamado director coreano (tenéis que disculpar mi ignorancia pero yo no había visto nada suyo) y esta es la primera película que rueda con la industria estadounidense. El resultado a mí me parece impecable, no puedo compararla con el resto de su filmografía, pero se ve que no se ha sometido a las reglas de lo políticamente correcto que a veces se notan tanto en las pelis americanas. Se le ha criticado haber hecho un envoltorio excesivo para una historia trillada, a mí no me lo parece. Mantiene en todo momento la tensión y la inquietud.




sábado, 22 de junio de 2013

Cine: El Gran Gatsby de Baz Lurhmann

Después de la temporada de exámenes y sobre todo de haber tenido el ordenador infectado con múltiples virus, vuelvo a retomar mis opiniones en este blog. 

El Gran Gatsby de Baz Lurhmann (Moulin Rouge, Australia) es una gran película. Excesiva visualmente, con colores muy saturados, escenas vertiginosas y barrocas y con una banda sonora muy potente, como suele hacer este director. A veces provoca una sensación de descontrol, que le va muy bien a la época de los locos años 20 y a su prisa por apurar la vida. 

No puedo compararla con la novela puesto que todavía no la he leído (otra más en la lista de lecturas pendientes) y tampoco puedo compararla con la versión anterior de Mía Farrow y Robert Redford, porque no la he visto nunca terminar. Sí que tengo el recuerdo, en esta versión anterior, de muchos tules, colores suaves, imágenes difuminadas y una eterna puesta de sol, un ambiente demasiado suaaaave y delicaaaado. 

Jay Gatsby (Leonardo di Caprio) es un joven emprendedor, que no se ha conformado con su destino. Ha aprovechado las oportunidades que la vida le ha ofrecido y ha ido escalando posiciones socialmente. Unos años antes de su ascenso social definitivo, conoce a Daisy (Carey Mulligan), perteneciente a la alta sociedad neoyorquina y, a partir de entonces, ambicionará mucho más. Querrá ser incluido en los círculos más selectos de su ciudad como un igual. Evidentemente, su historia de amor queda interrumpida hasta que años después, cuando ella ya está casada, se vuelven a encontrar.

Daisy es cobarde y pasiva, asustada por tener que tomar sus decisiones. Ella, casada con Tom Buchanan, tomaría en cuenta la posibilidad de escaparse con Gatsby, pero no la de vivir con él en su ambiente. Tendría una aventura exótica con él, pero no se atrevería a incluirle en su vida rutinaria, por miedo al rechazo de los suyos. Este personaje, en la película, resulta plano y previsible; es muy evidente que se trata de la “tontita guapa”, como ella misma se llama. Pero lo que no entiendo es como una mujer infantiloide, totalmente dependiente de su marido, es capaz de despertar una pasión tan duradera en Gatsby. Esa pasión que le lleva a considerar a Daisy como su destino y a llegar al máximo triunfo económico y social (por supuesto no por un camino muy decente) sólo por estar a su altura. 

Durante toda la película aparece un cartel publicitario de carretera, unos ojos vigilantes, que cumple una función muy simbólica. 

La acción está situada en los años 1920-1930, en un momento de estallido vital, de progreso sin límites y despreocupación. Aparentemente todo está permitido y todo es posible. Pero los “ojos” nos recuerdan que las normas siguen existiendo, que la tierra de las oportunidades es un mito y los mecanismos de cierre social se activan en cuanto el grupo dominante se siente amenazado. Gatsby se esfuerza por llegar a ser como ellos (incluso mejor) y por pertenecer a su grupo, pero es un esfuerzo inútil. El mundo le permite, le anima o le exige que cambie y triunfe, pero siempre que no pretenda ser como ellos. 

El tercer personaje importante de la película es el narrador, Nick Carraway (Tobey Maguire). Nick tiene algún parentesco con Daisy y Gatsby le invita a su fiesta, para poder restablecer la relación con ella. En los primeros minutos de la película, Nick está en una especie de sanatorio, y el médico le recomienda que escriba. Así que la historia que vemos ha sucedido años antes, son los recuerdos de Nick sobre la vida extraordinaria de Gatsby.

Lurhmann consigue trasladar a la pantalla esos ambientes fastuosos y excesivos, de los ricos y nuevos ricos de todas las épocas. No resulta chocante que para subrayar las grandes fiestas, el alcohol y la música utilice música actual, aunque a ritmo de jazz. Todo un ritual de celebración del presente, olvido del pasado y desatención para el futuro. Una derroche de vitalidad que a veces aturde. Toda una simbología que puede pasar desapercibida como esos ojos que siempre vigilan.

Algo negativo de la película, a veces son excesivos los efectos digitales. 




lunes, 20 de mayo de 2013

Novela: Cosecha Roja de Dashiell Hammett


Sinopsis.-
El hombre de la Continental, Agencia de detectives privados, llega a Personville contratado por Donald Willson, dueño de los periódicos de la ciudad. El mismo día de su llegada, Donald Willson es asesinado y su muerte supone el desencadenamiento de una espiral de violencia que parece que sólo el detective puede manejar. 

El Autor.-
Dashiell Hammett, 1894-1961, trabajó como detective privado y antes de eso, según su propio testimonio había trabajado “reventando huelgas” durante los conflictivos años 1920-1930 en Estados Unidos. Después fue guionista en Hollywood y escritor, activista político y luchador antifascista. Fue procesado en la célebre “caza de brujas” del senador McCarthy y encarcelado durante 6 meses por negarse a delatar a sus compañeros del Partido Comunista de EEUU. De vida sentimental también bastante turbulenta, mantuvo una relación intermitente durante más de 30 años con la escritora Lillian Hellman. Otras obras suyas son: La maldición de los Dain y El Halcón maltés

Mi opinión.-
Cosecha Roja ya es un clásico, es de esas novelas que definen un género por sí mismas. Es la novela negra pura, más ortodoxa, con corruptos, gánsteres, investigadores privados y femme fatale, y que inicia el subgénero llamado hard-boiled, caracterizado por su extrema violencia. Se podría decir que es a la literatura lo que el Tarantino de Reservoir Dogs es al cine. 

Este subgénero no es una reacción a la novela enigma, de detectives cultos, bien vestidos, muy educados y que toman el té, que utilizan la lógica y su habilidad deductiva para resolver los crímenes, del estilo de Sherlock Holmes y la señorita Marple de Agatha Christie, supone un salto cualitativo. Sería el realismo brutal estadounidense enfrentado y consagrado frente a la pulcritud británica. Pero Cosecha Roja, va todavía más allá, puesto que se centra en describir los ambientes de corrupción y hacer una consistente crítica social, aunque no aporte soluciones ni existan héroes. El agente de la Continental "sólo" facilita la limpieza necesaria para que la ciudad empiece de nuevo. 

Está escrita en primera persona por el detective encargado de “esta limpieza”; así asumimos su punto de vista durante toda la novela, cuando está perdido estamos perdidos y cuando está en peligro sentimos también el peligro. Antes he dicho que es una novela muy violenta, pero no se trata de una violencia gratuita. En realidad, no importa mucho descubrir al asesino de Donald Willsonn, sino que lo más importante para el autor es describir las consecuencias funestas de un ambiente de corrupción cultivada y enquistada. 

No estoy de acuerdo con los que opinan que se trata de describir una ciudad en decadencia. Yo entiendo por decadencia, el descenso después de haber alcanzado la plenitud, pero Personville, (la ciudad persona) en realidad, se está formando, es un personaje más que está naciendo en medio de esas convulsiones, entre las heces de la corrupción y la sangre que trae la violencia. 

En Personville la prensa, la policía y las autoridades, es decir, todo lo que la hace ser una ciudad, está intervenido por los gánsteres (sin olvidar tampoco al respetado magnate, al que aquí llamaríamos cacique, Elihu Willsonn). Son personajes sin pasado y sin futuro, unidimensionales, sin emociones ni sentimientos. No son personajes excesivos por su maldad o cinismo; ni siquiera el agente de la Continental, demuestra la más mínima emoción, habla y actúa con la precisión de un cirujano, curtido en horas de quirófano. No podemos saber qué les ha hecho así porque para Hammett, eso no es importante, sólo son peones en esta crisis de violencia que dará lugar a la nueva Personville.  

El hombre de la Continental es el hacedor de este “milagro de la vida”, de esta “crisis curativa”. Vertiendo un poco de veneno en los oídos adecuados en el momento justo, enciende la mecha, libera todos los odios y resentimientos cruzados entre los personajes, y que les hacen caer como piezas de dominó alineadas. Sólo tiene que soltar un poco de carnaza y agitar el agua, los tiburones se devorarán solos.

Hammett, al principio de la novela, llama a la ciudad Poisonville (la ciudad veneno) y al final, después del estallido de violencia curativa, termina diciendo de ella que “se está convirtiendo en rosaleda de dulce olor y sin espinas”, es el único momento que yo recuerde que el detective se permite una cierta emocionalidad (o cinismo). 

Sorprende que no haya sido adaptada para el cine, porque tiene una estructura narrativa y un ritmo muy cinematográficos: frases breves, cortantes, directas sin adornos innecesarios. Imagino que es por el exceso de violencia (que no sería considerada políticamente correcta) o quizá porque describe ambientes de corrupción bastante reconocibles. Muy recomendable. 





Cosecha Roja
Dashiell Hammett
Traducción de Fernando Calleja
Alianza Editorial