jueves, 18 de febrero de 2016

Cine: Sucedió una noche de Frank Capra (1935)

Con esta película se inicia el género de la screwball comedy. Comedia romántica y sofisticada con su dosis de machismo amable, donde una joven heredera, malcriada pero de buen corazón, encuentra a su hombre ideal: ese hombre que la ata-bien-corto y que es un buscavidas generoso. Es una película muy conocida también porque Clark Gable no lleva camiseta y exhibirse de esa manera en una escena muy conocida, supuso un descenso en las ventas de esta prenda interior.



El director, Frank Capra, era partidario de ofrecer en sus películas optimismo, buena voluntad y finales felices, a pesar de estar viviendo todavía las consecuencias de la Gran Depresión. Es una postura que se puede considerar o vitalista o de un idealismo excesivamente ingenuo, en el que el dinero no es importante siempre que haya amor verdadero. En cierta manera, ese tipo de ensoñación constante, esa fábrica de sueños que llegó a ser el cine de Hollywood, también puede ser considerada como pura ideología neoliberal; opio para el pueblo o solo para las mujeres, para mantenerlas embobadas esperando al príncipe azul. Es una de esas comedias ideológicas que nutren el mito de la América profunda donde el triunfo, sin ayuda de nadie, es posible. En el contexto de la depresión, la gente quería divertirse y una comedia alocada era lo que pedían.

Aunque los actores están espléndidos, por ello ganaron los Óscars a mejor actor y mejor actriz, para mí no tienen comparación con Katharine Hepburn y Cary Grant. La película se llevó también el premio al mejor director, al mejor guion adaptado y a la mejor película. Todo en el año 1935.

Respecto al rodaje, no debió ser muy cómodo aunque sí divertido. Gable era un hombre inestable y frecuentemente aparecía borracho; Colbert no quería trabajar con Capra y exigió un dineral. Como anécdota que no conocía diré que, en la famosa escena de autostop, Claudette Colbert exigió una doble porque no quería enseñar su pierna, pero cuando vio que la actriz elegida tenía un físico mejor se decidió por hacer la escena. Caprichos de estrella. 



Pero también puede darse una lectura más feminista. Esta joven asfixiada por su bienestar y buena posición y por una padre que la adora pero no la entiende, puede salir huyendo de su vida e intentar arreglárselas sin protección. En su lucha por la independencia descubrirá que de la rebeldía nacen recursos que no sospechaba que tuviera; también verá la parte menos amable de la vida y que, incluso en las peores circunstancias, se puede confiar en la ayuda de un extraño. Desde su huida en bañador y con unos pocos dólares en el bolsillo, todo lo que encuentre en su camino será bueno; aunque pase hambre, siempre habrá alguien que quiera compartir con ella la comida. 



En la huida se encontrará además a un guapo mozo, pícaro y acostumbrado a arreglárselas sólo, compasivo y caballero capaz de con 3 centavos organizar un desayuno delicioso con rosquillas y todo y de preservar la intimidad de la joven con una cuerda y una manta que ejercerá durante toda la película de muralla de Jericó. Al final de la huida por supuesto estará el final feliz, que no será una boda suntuosa como el padre hubiera querido. Pero para llegar a eso ambos tendrán que romper sus prejuicios y desaprender todo lo aprendido. El amor triunfa y se borran todas las barreras sociales: la clase, el estatus, la educación y el dinero, no significan nada frente al amor verdadero.

Es una narración lineal, cronológica que presenta claramente la evolución de los personajes. Es una película también de erotismo muy suave, simbolizado por la manta-muralla; de intimidades ingenuas compartidas entre los protagonistas y con el espectador. Lo único es que no sé por qué se llama Sucedió una noche, porque en realidad son necesarias cinco noches para que los jóvenes se enamoren.



Claudette Colbert interpreta a Ellie Andrews. A pesar de haber vivido toda su vida superprotegida y entre algodones Ellie demuestra mucho desparpajo en esta road movie. Yo destacaría la escena de la discusión matrimonial en el motel como ejemplo.

Clark Gable es Peter Warne, un periodista a punto de ser despedido que una y otra vez, en el último momento consigue salvarse. Un borrachete simpático y gruñón, con una verborrea capaz de encandilar a cualquiera. 

Esta película es considerada como la mejor historia de amor sin roce del cine clásico. Al menos hasta que cae la muralla de Jericó, pero eso ya no lo podemos ver.


Director: Frank Capra
Guion: Robert Riskin (Historia: Samuel Hopkins Adams)
Música: Louis Silvers
Fotografía: Joseph Walker
Intérpretes: Clark Gable, Claudette Colbert, Walter Connolly y Roscoe Karns

lunes, 15 de febrero de 2016

Ensayo: Todos deberíamos ser feministas de Chimamanda Ngozi Adichie (2014)

La autora.-
Chimamanda Ngozi Adichie es una novelista nigeriana nacida en 1977, de la etnia igbo. Empezó sus estudios superiores en Nigeria pero pronto se trasladó a Estados Unidos, estudiando en las universidades de Filadelfia y Connecticut. Otras obras suyas son: La flor púrpura, Medio sol amarillo y Americanah. Con esta última obtuvo el Premio del Círculo de Críticos Nacional del libro en 2013. 


Mi opinión.-
Yo conozco muy poco de las culturas africanas, pero he visto que las mujeres de la etnia igbo, ya en 1929, protestaron violentamente contra los consejos de gobierno rurales, obteniendo importantes mejoras en su situación. No es cierto que no exista una tradición de lucha por la igualdad entre las mujeres africanas. A veces el feminismo “blanco” ha sido acusado de paternalista (o debería decir maternalista) respecto al feminismo africano. Eso sucede porque todos nosotros (hombres y mujeres, negros y negras, blancos y blancas, etc) creemos que lo nuestro es lo mejor y que nuestros triunfos pueden ser asumidos por culturas diferentes, porque (en un alarde de cinismo) llegamos a considerar que lo diferente es inferior. En realidad no tiene por qué ser así. Lo diferente sólo es diferente.

La verdad que, en este pequeño libro, no se hace un elogio concreto hacia el feminismo africano o los distintos feminismos africanos. Puede deberse a que en realidad es una conferencia que la autora dio en TEDxEuston, dedicado enteramente a África, pero que tuvo lugar en Londres. Habla de un feminismo genérico que puede encontrarse en cualquier sitio, aunque también hace una referencia a la acusación que se hace al feminismo de ser un mero invento occidental.

Algo compartido entre todos los continentes, etnias y culturas, por muy diferentes que sean, ha sido la discriminación de la mujer para que el varón disfrutase de más poder. Incluso los varones colocados en el último peldaño de la jerarquía de varones y que no tenían a otros varones subordinados, podían ejercer sus mínimos poderes respecto a las mujeres de su familia y de su entorno más próximo.

Por esto, yo considero que si la discriminación no tiene en cuenta culturas ni etnias, ni continentes, el esfuerzo por superarla tampoco debería tenerlos en cuenta. Habría un feminismo que pudiera respetar las diferencias de etnia, de clase social, de orientación sexual, etc, y que no fuera excluyente con otros feminismos. Si tanto aquí como allí, para los antifeministas, una feminista es una mujer amargada y resentida porque no encuentra marido, que odia a los hombres y huele mal porque no usa desodorante, ni se depila, ni es femenina porque no usa maquillaje, ¿no deberíamos hacer un esfuerzo por superar las diferencias entre los feminismos y enfrentarnos juntas a la discriminación? Pues en eso deberíamos estar. 



Adichie no sólo cuenta anécdotas sobre su vida (privilegiada en relación con la mayoría de la población africana) también considera básico para el cambio social profundo, un cambio social en la educación. El origen de los privilegios de los hombres está en la necesidad de la fuerza física para la supervivencia de la especie; pero ahora que esa fuerza física empieza a no ser necesaria, los privilegios subsiguientes deben desaparecer también. Ahora quizá sea más importante para ser líder, poder gestionar intereses y expectativas contradictorios e incluso excluyentes; es decir, tener una buena capacidad de negociación. Y eso es algo que ambos, hombres y mujeres pueden aprender.

Las niñas son educadas para aprender a ser modositas, guapas, tranquilas y pacientes. No pueden expresar su rabia, ni gritar, ni competir. Cada vez menos, es cierto, pero todavía hay un largo camino que desandar o una profunda educación que desaprender. Y no sólo las hijas deben ser educadas de otra manera. También los hijos deberán serlo y las madres y los padres. Porque la educación es una tarea que nunca termina.

Todos deberíamos ser feministas porque es una cuestión de justicia, de dignidad y de humanismo profundo. Sólo quienes abusan de su condición pueden tener dudas sobre que el feminismo libera a mujeres y a hombres. Dudas y miedo. 


Todos deberíamos ser feministas
Chimamanda Ngozi Adichie

Traducción: Javier Calvo Perales 

Random House 

jueves, 11 de febrero de 2016

Cine: Macbeth de Justin Kurzel (2015)

Macbeth fue escrita a principios del siglo XVII y está basada en la vida de un personaje histórico, rey de los escoceses en el siglo XI. Es el paradigma de la ambición absoluta y de la debilidad del hombre. Destaca en la obra el protagonismo y la iniciativa de Lady Macbeth en la conspiración que llevará a su marido al trono y a la locura. 

Después de una batalla, Macbeth se encuentra con las tres brujas, las “hermanas fatídicas”, que le saludan como futuro rey. Se sorprende pero al volver a su hogar se lo cuenta a Lady Macbeth, que a partir de entonces, se dedicará afanosamente a que la profecía se haga realidad. Lady Macbeth podría encarnar el arquetipo de mujer excluida del poder que ejerce el poder indirectamente. 



En este monólogo, pide que se anule su condición de mujer, de ser nutricio para otros y no para sí misma e invoca a la noche, a las tinieblas y a todas las fuerzas oscuras, para conseguir lo que quiere, 

Deidades invisibles, ominosas,
que amáis humano llanto y padecer;
en vez de tibia leche, ponzoñosas
linfas dad a mis pechos de mujer.
Y tú ven a mi ruego, noche obscura,
rebozada en tu lóbrego capuz:
el infierno te dé la sombra impura
que el humo engendra de su aciaga luz.
Tan tenebrosa ven, que mi cuchillo
no pueda ver, oh noche, el propio herir;
ni de los cielos importuno brillo
logre por tus tinieblas traslucir.



En la primera escena de la película, asistimos al entierro de un niño, el hijo de Macbeth. Y esto nos puede dar la clave para entender la ambición de lady Macbeth. Ha perdido a su hijo y ya no puede existir nada más en el mundo. Ya que no podrá engendrar más vida, querrá negar su condición de mujer invocando fuerzas maléficas que le den fuerzas para matar y conseguir el poder. Porque a partir de la muerte del hijo, ella ya no existe como madre y sólo la riqueza y el poder satisfarán su vida. Es posible que, en aquella época, una mujer sólo pudiera ejercer su poder aniquilando su femineidad; puede ser que en ésta también sea así.



La película es visualmente muy atractiva; las actuaciones fabulosas. La atmósfera y el color que envuelve a los protagonistas, Michael Fassbender y Marion Cotillard, dan volumen y carnalidad a la interpretación. Pero resulta demasiado lenta. Además, el personaje de Lady Macbeth como conspiradora pierde relevancia y el director ha preferido centrar su atención en la locura y la debilidad del marido. Aun así la recomiendo. 


Director: Justin Kurzel
Guión: Todd Louiso, Jacob Koskoss, Michael Lesslie (Obra de Shakespeare)
Música: Jed Kurzel
Fotografía: Adam Arkapaw
Intérpretes: Michael Fassbender, Marion Cotillard, David Thewlis, Elizabeth Debicki






lunes, 8 de febrero de 2016

Novela: La buena reputación de Ignacio Martínez de Pisón (2014)

El autor.-
Es escritor y guionista de cine; también escribe habitualmente artículos en prensa y ejerce de crítico literario. Nació en Zaragoza, hace poco más de 50 años. Como guionista destaca su trabajo en Las trece rosas y Chico&Rita. Ha recibido el Premio de la Crítica por El día de mañana, el Premio Cálamo 2014 y recientemente el Premio Nacional de Narrativa 2015 por La buena reputación Otras obras: La ternura del dragón, Carreteras secundarias, Dientes de leche. 

Mi opinión.-
Miedo me daba empezar una novela de más de 600 páginas y que abarcaba un período de tiempo relativamente largo. La tenía pendiente desde el verano y la verdad es que no me decidía. Pero recientemente le concedieron el Premio Nacional de Narrativa y me lancé. No me arrepiento en absoluto. La novela me enganchó desde el primer momento por su sencillez y ritmo narrativo y también por su profundidad. No es una novela de puro entretenimiento.

Al contrario, Martínez de Pisón, se embarca en la historia de una familia representativa de la clase media española. Aunque los protagonistas son cinco miembros de una misma familia, el personaje que realmente crece y toma una presencia corpórea es la propia institución familiar. Para bien y para mal. Al final de la novela he tenido la certeza de que la familia era el personaje principal. Es una familia, como cualquier otra, que traza el camino que deberán seguir sus miembros; que soporta como algunos de ellos se rebelan y tratan de escapar. Aunque, tarde o temprano, y paradójicamente sin que ni siquiera la familia tenga que hacer algo, estos miembros díscolos vuelven al cauce. Y una vez dentro de ese cauce, sucesivamente, los nietos caen en las mismas repeticiones que sus padres que habían sido los hijos que habían caído en las mismas repeticiones que los suyos. Con sus amarguras, con su resignación o voluntariamente, todos ellos terminan por volver al seno de la familia. Resulta desasosegante comprobar la poca libertad que hay fuera de la familia; aunque dentro de ella tampoco la haya. Puede que sea una interpretación demasiado determinista por mi parte, pero hay ejemplos patentes.

Melilla. Teatro Reina Victoria
Ante decisiones que se salen de lo normal por parte de algunos personajes, por ejemplo Miriam y su deseo de ser cantante, la familia apenas tiene que oponerse. Una leve enfermedad de su madre (fingida o real) es suficiente para que Miriam renuncie definitivamente a su sueño. Otro ejemplo, según las disposiciones del testamento del abuelo, los nietos han seguido una preparación determinada, pero basta con que Mercedes cambie mínimamente ese testamento para que la vida de sus nietos se vea completamente alterada.

Gran Vía. Zaragoza. Años 1970

Todos son víctimas y verdugos al mismo tiempo. Sus pequeñas fracasos y silencios afectan en gran medida a la vida de los demás. Son una familia normal; son una familia y eso es para siempre. Esta novela es también un estudio de las relaciones de pareja y sobre todo de la imposibilidad de llegar a conocer al otro. También de como las relaciones se van agriando con el paso del tiempo e irrevocablemente llegan a instalarse el silencio y la indiferencia, entre aquellos que se han amado apasionadamente. Entre Mercedes y Samuel, entre Miriam y Ramiro o entre Sara y Aaron. Una vez llegado al momento del desamor, cualquier acontecimiento normal, abre la veda para la culpabilidad y sobre todo para el reproche.

Otra cosa que me ha gustado mucho de la novela han sido sus omisiones. Cuando el silencio se instala entre los miembros de una pareja, tanto uno como otra siguen su propia vida y el autor ha optado porque el lector participe parcialmente de este silencio y no sea un conocedor absoluto de la vida de cada personaje. Así queda espacio para sentir la desorientación que pueden sentir Mercedes o Miriam ante el alejamiento de sus maridos; al mismo tiempo que podemos odiarlas por ser injustas con ellos puesto que tenemos la ventaja de conocer una mayor parte de la historia.

Melilla 

Samuel es un judío español nacido en Melilla. Poco a poco se ha forjado una reputación (buena) en los negocios pero a costa de alejarse de su identidad de judío. Mantiene buenas relaciones con los jerarcas franquistas de los años 1940 hasta finales de los 1950. Es un momento complicado por el fin del Protectorado y la consolidación de Marruecos como reino independiente que en su afán por remarcar su identidad musulmana, expulsará a los judíos marroquíes con una violencia de mayor o menor intensidad. En ese contexto Samuel tratará de recuperar su identidad judía, alejándose de Mercedes.

Mercedes es hija de militar. Nació en Zaragoza de casualidad y se casó con Samuel, exigiéndole que sus hijos serían católicos y restringiendo sus relaciones con la comunidad judía de Melilla. Tuvieron dos hijas. Sara, la menor, fue un poco tarambana y Miriam, la mayor, siempre fue un modelo de formalidad y rectitud. Mercedes es una ama de casa tradicional dedicada a su marido, a sus hijas y a sus obras de caridad. No confía mucho en las amistades.

Clínica Lozano. Zaragoza
Miriam, la buena hija. Es una desconocida para sus padres y para sí misma. En la cena de su petición de mano, sus padres no saben destacar ninguna de sus cualidades. Así de desapercibida ha pasado por la vida. Siempre correcta, siempre gris. En Zaragoza, se casa con Ramiro un empleado de banca y tendrán dos hijos Elías y Daniel.

Elías y Daniel son jóvenes en los años 1980 y viven en Zaragoza. Tienen amigos, empiezan la universidad y saben desenvolverse. Eso aparentemente les ha dado más libertad que a sus padres y a sus abuelos. Pero, en realidad, llegan a manifestar la misma deriva y desorientación que el resto de su familia. El cambio en el testamento de sus abuelos les cambiará la vida. Aunque habían hecho otros proyectos, este cambio hará que su vida sea igual que la del resto de la familia.

La buena reputación es una novela muy bien construida. A pesar de la cantidad de personajes, ninguno resulta superfluo ni reiterativo. La acción discurre por varias ciudades en un recorrido que, al final, vuelve al origen. Cumple así un ciclo: el viaje nos devuelve al punto de partida y los personajes repiten la historia de sus antecesores. La narración fluye en el tiempo a un ritmo constante y enlaza con acontecimientos político-sociales definitivos en la historia de España. Muy recomendable.




La buena reputación 
Ignacio Martínez de Pisón

Seix Barral 

jueves, 4 de febrero de 2016

Cine: Star Wars. El despertar de la fuerza de J.J. Abrams (2015)

A mí me ha decepcionado la película. Demasiado repetitiva, demasiados homenajes a las películas anteriores. Aunque reconozco que, por supuesto, mantiene la calidad y el ritmo ágil de las otras, creo que deberían haberse esmerado un poco más en el guion. Puede que sirva para captar a nuevas generaciones de espectadores y que por eso lo hayan hecho. Pero los nuevos personajes están apenas sin desarrollar, espero que para sacarles más partido en la siguiente. De alguna manera, parece una película de punto final, termina con algunos personajes de las anteriores e introduce los siguientes, pero tan levemente que... no sé, no sé. 

Evidentemente, la edad de los actores de las entregas anteriores hará imposible contar con ellos en la próxima y los nuevos deberán coger el testigo, porque las fuerzas del mal nunca paran. Eso es algo que tampoco me ha gustado de esta película y del resto. Nunca nos enseñan de dónde viene el lado oscuro de la fuerza. Una fuente inagotable.



Empezamos con Rey, mujer joven, chatarrera, abandonada por su familia y que, enseguida, sospechamos que la fuerza la acompaña. Es valiente y decidida; pero no sabemos nada más de ella. Finn me ha parecido el personaje más desaprovechado de toda la película. Es un soldado imperial, el único soldado imperial que manifiesta sus dudas y una identidad propia. Es el personaje que podría habernos hablado del lado oscuro, porque sin pertenecer a él le conoce bastante bien; es el que podía explicarnos cómo los dictadores (no hay que olvidar la estética filonazi de los malos de esta película) son capaces de conseguir acérrimos seguidores. 


Y de Kylo Ren, no merece la pena hablar, excepto decir que va vestido como el hombre de negro. No me quedó claro si había muerto en el enfrentamiento con Rey o si lo aprovecharán para el siguiente episodio. Del mejor piloto de la república no recuerdo ni su nombre, es abatido en los primeros minutos y después reaparece milagrosamente sin que veamos cómo ha podido sobrevivir.


Por lo demás, un androide simpatiquísimo oculta unos planos en su memoria prodigiosa (suena, ¿no?); C3PO tiene unos segundos nada más; Leia es general y está separada de Han Solo que sigue su pareja de hecho con Chewbacca y que ha vuelto a dedicarse al contrabando; aparece una cantina sospechosamente parecida a la del primer episodio, es decir, llena de bichos raros, literalmente y regentada por un personaje con la perspicacia del Maestro Yoda. Una estrella de la muerte que estalla desde dentro (suena también, ¿no?) y el Halcón Milenario, rescatado de la chatarra. R2D2, en modo pausa. Algo queda claro después de terminar la película, los Skywalker son la familia más disfuncional y problemática de la galaxia. 


La película es muy entretenida, trepidante y retro, pero esperábamos mucho más. En su descargo hay que decir que sigue cronológicamente a la primera trilogía y por esto muestra una mayor continuidad con ésta que con la siguiente trilogía que en realidad era una precuela de la primera trilogía. Es que todo esto es un poco lío. Esperamos que lo corrijan para la siguiente. Otro punto a su favor es que la protagonista (y que presumiblemente llevará el peso de la acción en la siguiente), Rey, es una mujer, aunque los fabricantes de juguetes y encargados del merchandising ya se han quejado porque los niños no quieren comprar muñecos que representen a chicas. ¡Por la diosa!, los críos son patriarcales antes, incluso, de nacer.


Únicamente he encontrado algo de emoción en el siguiente diálogo entre Kylo Ren y su padre, Han Solo:
  •     Estoy siendo desgarrado. Quiero ser libre de este dolor. Sé lo que debo hacer, pero no sé si tengo la fuerza para hacerlo. ¿Me ayudarás?
  •      Sí. Cualquier cosa.
El final de la escena no lo cuento porque lloro. A pesar de todo una película imprescindible. Pero para la próxima que vuelva Jar Jar Binks. Y Carrie Fisher está preciosa. ¡Que se jodan los cerdos patriarcales que la han puesto verde!



Director: J.J. Abrams
Guion: J.J. Abrams, Lawrence Kasdan, Michael Arndt
Música: John Williams
Fotografía: Daniel Mindel 
Intérpretes: Daisy Ridley, John Boyega, Harrison Ford, Adam Driver, Oscar Isaac, Carrie Fisher. 

lunes, 1 de febrero de 2016

Ensayo: La noche en que Frankenstein leyó el Quijote de Santiago Posteguillo (2012)

El autor.-
Santiago Posteguillo creo que es el escritor más prestigioso actualmente de novela histórica. Empezó escribiendo novela negra en su juventud, pero se ha consagrado con dos trilogías ambientadas en la Roma Clásica: una sobre Escipión el Africano y otra sobre los césares. También es profesor de literatura inglesa en la Universidad y dirige un taller de escritura creativa en Valencia. Ha recibido varios premios literarios y es un autor ya consagrado. Obras: Africanus el hijo del cónsul, Las legiones malditas y La traición de Roma; Los asesinos del emperador y Circo Máximo. 

Mi opinión.-
A pesar de que Posteguillo, como ya he comentado, es muy conocido por sus novelas históricas, yo he elegido para comenzar a leerle este pequeño ensayo dedicado a las curiosidades de algunos libros y de sus autores.

El autor no puede esconder que es profesor, lleva varios años dedicado a la docencia y, aunque sus novelas son muy existosas, parece que no tiene intención de abandonar de momento a sus alumnos. Por el contrario con este tipo de libros que comento aquí hoy, creo que tiene intención (y muy buena mano) para conseguir más lectores.

En un tono muy simple y ameno nos cuenta anécdotas, más o menos alegres, sobre los escritores y sobre la autoría de algunos libros. Son anécdotas bastante conocidas (a mí me lo parecen) y por la manera en que el libro está escrito creo que va dirigido más a un público joven, con la finalidad de “engancharles y perderlos definitivamente por los andurriales de la literatura universal”. Y que se consigan nuevos lectores está muy bien.

Me he encontrado también historias que no conocía y que me han sorprendido mucho. Está la de Mary Shelley, gran escritora y también viajera, aunque la mayor parte del público la conozca sólo por Frankenstein. Mary editó las obras de su marido y también pasó mucho tiempo viajando por el sur de Europa. De ahí surgió el libro Vidas de los más eminentes hombres de la ciencia y la literatura de Italia, España y Portugal. También fue una apasionada lectora de Don Quijote (aprendió castellano para poder leerlo en su versión original) e incluso en Frankenstein rindió un pequeño homenaje a Cervantes, recreando en su libro la Historia del cautivo del Quijote, donde una musulmana ayuda escapar a un cristiano.

También incluye las sospechas sobre la autoría de las obras de Shakespeare, atribuidas por algunos estudiosos a Christopher Marlowe. La vida de Marlowe fue muy agitada. Fingió su propia muerte pero en realidad trabajaba como espía para la corona inglesa, así que necesitaba a alguien que firmase sus obras por él. El elegido sería Shakespeare. También la película Anonymous, dirigida por Roland Emmerich en 2011 explora las dudas sobre la autoría de alguna de sus obras. De cualquier manera, vivir como súbdito de la reina Isabel I de Inglaterra podía resultar incómodo o peligroso si se tenía una cierta conciencia crítica. Así no es de extrañar que los escritores, que utilizaban el teatro como arma de crítica política, tuvieran que ocultarse bajo seudónimos, y la vida de Marlowe ya era bastante convulsa. Raymond Chandler llamó a su detective más famoso Philip Marlowe en su honor. 


Marlowe y Shakespeare


Otra historia que no conocía es la de Ángel Guimerá y Benito Pérez Galdós. Ambos varias veces candidatos al Premio Nobel sin que, por distintas intrigas, ninguno de los dos lo consiguiera. El Premio Nobel de Literatura fue entregado por primera vez en 1901. A principios del siglo XX, comenzó a ser visible una tendencia literaria para la recuperación de lenguas romances minoritarias como el occitano o el catalán. Sin embargo, cuando la Academia Sueca eligió como candidato a Ángel Guimerá (de quien no he leído nada) parece que el gobierno español ejerció la suficiente presión para que no le fuera otorgado porque escribía en catalán. Así en los años siguientes la Academia de Bellas Artes de Barcelona insistiría en presentarle como candidato, mientras que la Real Academia Española propondría a Menéndez Pelayo y Pérez Galdós. Como consecuencia de esta rivalidad (absurda) ninguno de esos magníficos escritores consiguió nunca el Premio Nobel. Posteguillo dice textualmente: La desunión institucional y política propia de nuestro país hizo que sus oportunidades, es decir, nuestras oportunidades, se perdieran. Una actitud muy inteligente por parte de estas instituciones (sarcasmo), que parece que se repite ahora a principios del siglo XXI.




Esto es sólo una muestra, hay muchas más historias. Un libro muy interesante que tiene continuación. En La sangre de los libros, publicado en 2014, siguen las anécdotas y curiosidades sobre los libros y la literatura.



La noche en que Frankenstein leyó el Quijote
Santiago Posteguillo 

Ed. Planeta

jueves, 28 de enero de 2016

Cine: Steve Jobs de Danny Boyle (2015)

He leído en alguna crítica que el guionista de esta película, Aaron Sorkin, ha querido trazar un retrato impresionista de Steve Jobs. Me parece muy acertado decirlo así porque no es una biopic lineal ni un panegírico sobre la vida de Jobs. 

La película tiene una puesta en escena muy teatral, muy shakespeariana: hay traición, ambición, hija bastarda, deriva emocional, triunfo y soledad, mucha soledad. Sitúa al protagonista en tres momentos cruciales de su vida, antes de iniciar la presentación de tres productos revolucionarios para la sociedad actual, en 1984, 1988 y 1998. Asistimos a los últimos momentos de cada presentación, antes de que Steve Jobs (Michael Fassbender) salga a escena a seducir a su público y conquistar el mundo. Entre bambalinas vemos sus dudas y su codicia, su engreimiento y arrogancia, su autoritarismo y su comportamiento dictatorial, su desfachatez y su capacidad para engañar, y sobre todo su capacidad para controlar a la gente y su miedo a perder ese control sobre sí mismo y sobre los demás. Le vemos maquillándose, dando órdenes, preparándose para oficiar su ritual al salir al escenario.



Sus fieles nunca le abandonan. Joanna Hoffman (Kate Winslet), su directora de marketing, se gana la aureola de la santidad junto a ese hombre; Steve Wozniak (Seth Rogen) le sigue como un perrillo mendigando su reconocimiento; y John Sculley (Jeff Daniels) director ejecutivo de Apple, constantemente está disculpándose con él por haberle despedido y hurgando en la herida de su infancia de niño abandonado por sus padres. Pero, sin duda, sus verdaderos fieles eran (y siguen siendo) los consumidores de sus productos; deseosos de asistir a los espectáculos de Steve Jobs, donde inevitablemente se producía el santo advenimiento de un nuevo espíritu santo que prometía la felicidad a través del consumo.



Por la película me he enterado de que Steve Jobs no era ni informático, ni ingeniero. Pero todo el mundo le consideraba un genio, un visionario. ¿Por qué? Supuestamente porque intuía las necesidades de la gente; en realidad, porque fabricaba artilugios, meros juguetes, basándose en el deseo de consumir de la sociedad occidental y porque sabía venderlos muy bien. Convencía a sus fieles predispuestos a creerle. Visto así parece simplemente un vendedor con mucho talento, hábil para manejar y seducir con la palabra y con la suficiente desvergüenza para dar gato por liebre o lo que es lo mismo, presionar a los técnicos para que finjan que algo que no funciona, funciona.



Un hombre excepcional, sin duda, y mejor que sea así porque debía resultar realmente agotador tratar todos los días con un diosecillo de tal guisa. También habría que darle las gracias por haberse dedicado al mundo del consumo informático en lugar de al mundo de la política, porque hubiera sido un gran dictador. Exhibicionista, controlador y muy muy peligroso.



La película me ha gustado mucho pero también he de decir que me he perdido entre tanta intriga y tanto consejo de administración. Para alguien que no está interesada en la vida de Steve Jobs, resultaba un poco confusa, pero imprescindible. 


Director: Danny Boyle 
Guion: Aaron Sorkin (biografía de Walter Isaacson)
Música: Daniel Pemberton 
Fotografía: Alwin H. Küchler
Intérpretes: Michael Fassbender, Kate Winslet, Seth Rogen, Jeff Daniels.