jueves, 15 de diciembre de 2016

Teatro: El cartógrafo de Juan Mayorga (2016)

En El cartógrafo, Juan Mayorga trata de dibujar el mapa que preserve la memoria de un hecho trágico. Para ello dispone del talento de José Luis García-Pérez y de Blanca Portillo, encargados de dar vida a todos los personajes de la obra, en diferentes contextos y en diferentes tiempos también. 

No he estado nunca en Varsovia y suponía que hoy quedarían vestigios de lo que fue el gueto y alguna placa conmemorativa, pero parece que no es así. Juan Mayorga estuvo buscándolos y no pudo encontrarlos. De ahí surge esta historia. Un impulso cada vez más necesario, frente a esos líderes políticos irresponsables que se empeñan en seguir manteniendo muros y, lo que es peor, construyendo otros nuevos. Estos líderes son auténticos y peligroso engañabobos. Prometen a su propia gente que con muros estarán a salvo, pero saben que es mentira porque el peligro son ellos mismos. Su amoralidad y su comportamiento infame.


En el gueto de Varsovia se confinó a los judíos antes de llevarlos al exterminio. Se creó una ciudad dentro de otra ciudad. Así, para que no nos quede ninguna duda de que los polacos no judíos sabían lo que pasaba. Se crearon también instituciones de gobierno regidas por los propios judíos, escuelas, hospitales y orfanatos, incapaces de dar el servicio para el que fueron pensados y que sólo paliaban la desesperanza y el desasosiego de personas que iban a ser exterminadas y que cuánto más debilitadas estuvieran menor resistencia pondrían.


Un hombre y una mujer españoles acaban de ser destinados a la embajada española en Varsovia. Llegan con sus conflictos y sus dolores, más evidentes en el caso de la mujer que en el de su marido. Blanca pasea por Varsovia para apaciguar su dolor y encuentra una exposición de fotografía que le llevará a trazar el mapa de la memoria sobre el gueto, enfrentarse con su propio dolor y hacer que su marido se enfrente al suyo. El diplomático ni entiende el dolor de su mujer ni quiere recordar el propio.


Años atras, durante la II Guerra Mundial, la niña quiere aprender a trazar un mapa para escapar del gueto y conservar la memoria de su abuelo, el cartógrafo. Estas dos parejas nunca se encontrarán en la vida, pero en el teatro una dependerá de la otra. Recordar la injusticia, el dolor y el exterminio, de alguna manera, devuelve la vida a quienes fueron exterminados.


En el escenario una mesa y dos sillas y los dos actores vestidos de rojo, como símbolo de vida. Lo demás queda para el espectador, para que cada uno recree su propio gueto. Quienes critican la existencia de la Unión Europea olvidan porqué se creó. Superar odios y rencores de siglos no es tarea fácil y a cada momento podemos retroceder lo que nos parecía haber avanzado. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué es tan fácil repetir y repetir los mismos errores, por muy trágicos que hayan sido? Porque el olvido es una fuerza poderosa.


Ayer fue el gueto de Varsovia y hoy es Alepo, en Siria. A pesar de la avalancha de imágenes al alcance constante de nuestros ojos, en cuanto vemos queremos olvidar. La reflexión que facilita esta obra es seca, sin lágrimas y sin falsos arrepentimientos, pero muy dolorosa y por ello necesaria.




Autor y Dirección: Juan Mayorga
Ayudante de Dirección: Carlos Martínez Abarca
Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar 
Iluminación: Juan Gómez Cornejo
Música: Mariano García
Intérpretes: Blanca Portillo y José Luis García-Pérez

lunes, 12 de diciembre de 2016

Ensayo: Vértigo y Pasión de Eugenio Trías (1998)

El autor.-
Eugenio Trías fue un importante filósofo español y cinéfilo reconocido. En 1995 le concedieron el Premio Friedrich Nietzsche, considerado como un premio nobel de filosofía, por su obra filosófica completa. Desde su condición de filósofo abordó la reflexión sobre la ética y la estética, sobre la teoría del conocimiento, el mismo cine y también la filosofía de la religión. Fue también profesor de estética en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. En su página web, www.eugeniotrias.com, le definen como un “exorcista ilustrado” que somete a la razón filosófica a un permanente diálogo con sus sombras. Otras obras suyas: Lo bello y lo siniestro, De cine. Aventuras y extravíos, La imaginación sonora, El canto de las sirenas: argumentos musicales



Mi opinión.-
Leer ensayo no es fácil y si además es ensayo filosófico todavía es más duro. Por lo menos para mí, que no tengo grandes conocimientos filosóficos. Pero en este caso, la filosofía se mezcla con el cine y la música y sobre todo con la ensoñación y la fantasía que los hombres ponen en las mujeres y el autor, además de desplegar sus amplios conocimientos utiliza un lenguaje muy cuidado y evocador para recrear la película, objeto fundamental del ensayo. Porque este libro está casi enteramente dedicado (al final hay un capítulo dedicado a Goya y sus pinturas negras) a la película Vértigo dirigida por Hitchcock en 1958. En realidad, este libro es la reelaboración y ampliación de uno de los capítulos de otro de sus libros, Lo bello y lo siniestro.

Kim Novak como Judy Barton. Nada glamurosa

Recientemente volví a ver la película y me di cuenta de cómo Hitchcock a través de sus dos personajes masculinos, Gavin Elster y Scottie Ferguson (interpretados respectivamente por Tom Helmore y James Stewart) “fabrica” a su rubia ideal. He elegido el verbo “fabricar” porque durante la primera parte de la película Kim Novak, como Madeleine Elster, se comporta como una perfecta y estilizada autómata de mirada ausente, receptiva y disponible para interpretar el guion escrito para ella. Después, hacia la mitad de la película, cuando Kim Novak intenta ser Judy Barton, es decir ella misma, tiene que renunciar a ello y someterse al deseo de Scottie de revivir a Madeleine y rescatarla “de entre los muertos”. Queda claro que Scottie es un hombre paralizado por el miedo a su propio deseo. Simbólicamente, se puede interpretar su enfermedad, su fobia a las alturas, como la represión sexual que termina estallando ante el deseo y que sólo produce tragedia.


Eugenio Trías enfatiza en esa pulsión, el deseo de los hombres por encontrar a una mujer ideal y manejable, pero que en contrapartida les hace enfrentarse al vértigo que puede producirles. Lo mismo hace Hitchcock con la fotografía de la película. Especialmente en dos escenas icónicas. La primera se produce en el restaurante, cuando Kim Novak es Madeleine y su perfil aparece enmarcado por el fondo escarlata del restaurante y la luz dorada parece reflejarse en una estatua perfecta. La otra es la escena del renacimiento de Madeleine en la habitación del hotel, rodeada por un halo verde de misterio y fantasmagoría. Muy recomendable volver a ver la película teniendo el libro a mano.






Vértigo y Pasión. Un ensayo sobre la película Vértigo de Alfred Hitchcock

Ed. Taurus








Dirección: Alfred Hitchcok
Guion: Alec Coppel y Samuel Taylor (Novela: Pierre Boileau y Thomas Narcejac)
Música: Bernard Herrmann
Fotografía: Robert Burks
Intérpretes: James Stewart, Kim Novak, Barbara Bel Geddes, Tom Helmore. 


jueves, 8 de diciembre de 2016

Teatro: Incendios de Wajdi Mouawad (2016)

Ahora que estamos juntos todo irá mejor. Eso repite constantemente la anciana Nawal a modo de estribillo cuando vuelve a hablar después de estar cinco años en silencio. Es un deseo más que una afirmación. Un deseo que tiene probabilidades de hacerse realidad pero que al final de la obra no queda claro si se cumplirá o no. 

Vi la adaptación cinematográfica de esta obra de teatro realizada por Denis Villeneuve en 2010 y me conmovió, pero ahora en una nueva adaptación teatral, despojada de escenografías superfluas, todavía resulta mucho más impactante. La obra se divide en cuatro incendios y los distintos tiempos se superponen e incluso comparten espacio. Casi todos los actores interpretan varios personajes y exigen toda la atención del espectador durante las tres horas de espectáculo. Imposible destacar la actuación de sólo uno de los actores porque todas las interpretaciones son magníficas.



El autor, Wajdi Mouawad, retoma la emoción de la tragedia griega, de la fatalidad mediterránea y la sitúa en el contexto del conflicto secular y repetitivo del Líbano. Nawal, una joven cristiana de un pueblo de las montañas del Líbano, se enamora de Wahab, joven musulmán refugiado. Amor imposible en la tierra de Caín y Abel. Ella se queda embarazada y le obligan a dejar a su hijo en un orfanato. Ese es el origen o uno de los orígenes de la tragedia. Muchos años después, el notario Lebel, cita a Jeanne y Simón, hijos gemelos de Nawal, para la lectura del testamento de ésta.



La obra se mueve entre esos dos momentos y va oscilando de uno a otro. Los gemelos antagónicos tendrán que descubrir la historia de Nawal, de su país, de la guerra, de la maternidad, de la paternidad y de la brutalidad vivida, porque esa historia es la base que tiene que dar sentido a su cómoda vida actual, en un país occidental donde ambos han podido estudiar, trabajar y vivir en libertad, pero sintiendo siempre, siendo conscientes de haber sufrido una gran pérdida.



En la lectura del testamento conocemos a la Nawal anciana (Nuria Espert) que, a juzgar por los reproches de Simón, no ha sido nunca una madre amorosa. Siempre se refería a ellos como los gemelos, la gemela o el gemelo, nunca por sus nombres, nunca llamándoles hijos. No es difícil imaginar que Nawal sufrió una maternidad que no quería, pero ¿por qué? Eso es lo que los gemelos tendrán que descubrir. En sus últimos años de vida, Nawal ha vivido en una residencia de ancianos y no ha sido capaz de articular ninguna palabra, aterrorizada o quizá asqueada de vivir. Jeanne tampoco dice nada mientras el notario y su hermano hablan. Las mujeres callan, los hombres hablan.



Nawal ha dejado junto a su testamento un encargo pendiente para los gemelos. Tendrán que entregar cada uno de ellos una carta: una de ellas dirigida a su hermano mayor y la otra carta a su padre. A la sorpresa de descubrir que tienen una familia que desconocían, le sigue la rabia contra su madre porque sigue dominando sus vidas. Simón rechaza el encargo, pero Jeanne lo acepta. Los gemelos tienen caracteres opuestos y comportamientos antagónicos, pero se quieren. La verborrea de Simón, el silencio de Jeanne. La rabia de Simón, el dolor de Jeanne. La pasividad de Simón, el empuje de Jeanne. Al final, la emotividad de Simón y la racionalidad de Jeanne.



Al embarcarse en esa búsqueda Jeanne, y más tarde Simón, deben de viajar al pasado de su madre. A un pasado de miseria, guerra, dolor, donde encuentran a otra Nawal, adolescente y joven, enamorada de quien está prohibido para ella. Nawal resentida contra su propia madre y contra todos aquellos que le quitaron a su hijo, al único hijo que había querido tener. Nawal inteligente y valiente, comprometida con la causa de quienes sufrieron la guerra. Nawal, asesina de un guerrillero, encarcelada, torturada y violada repetidamente por Nihad. Nihad es el francotirador que disfruta cazando seres humanos, el torturador que escuchaba cantar a Nawal, el violador de Nawal y también el hijo con nariz de payaso que busca a sus padres. Durante su cautiverio Nawal fue la mujer que canta; durante sus últimos años fue la mujer que no quiso seguir hablando.


Al final de la obra, Nawal recupera la voz por última vez y asistimos al descubrimiento terrible de que dos pueden ser uno y después de su monólogo sobre la dignidad humana, lo único que todos pueden decir es Ahora que estamos juntos todo irá mejor. Pase lo que pase, te amaré siempre.


Durante el transcurso de las guerra civiles, no es de extrañar que los miembros de las familias se despedacen entre ellos. Así ocurrió entre 1936 y 1939 en España y en el Líbano de 1975 a 1990. Con el fin del enfrentamiento, se abren procesos precarios e inseguros de restablecimiento de la paz, de la reconciliación y del perdón. Pero Caín siempre vuelve. 

Autor: Wajdi Mouawad
Direcctor: Mario Gas

Intérpretes: 
Ramón Barea, Álex García, Carlota Olcina, Alberto Iglesias, Laia Marull, Edu Soto, Nuria Espert, Lucía Barrado.



lunes, 5 de diciembre de 2016

Novela: El tiempo es el que es de Anaïs Schaaff y Javier Pascual (2016)

Anaïs Schaaff y Javier Pascual, guionistas de la serie de televisión El Ministerio del tiempo, han editado esta novela para que entretengamos la espera hasta la próxima temporada. En realidad, en lugar de una novela han escrito tres historias cortas y ligeramente relacionadas, protagonizadas por la patrulla estelar de la serie: Alonso, Julián y Amelia. Alonso de Entrerríos es mi personaje favorito. Él se define en este libro como “el soldado español de todos los siglos. Es mi maldición y mi fortuna” y como tal soldado se comportará siempre, con lealtad, valor y resignación.

Nacho Fresneda es Alonso de Entrerríos
Yo me declaro fan de la serie. Me parece muy original aunque también creo que abusa de algunos tópicos, como por ejemplo la capacidad de improvisación de los españoles. Este libro es un guion novelizado, lanzado como producto de verano pero los autores podrían haber dado un poco más. Si tenían tenían la intención de captar a un público que no conozca la serie con la publicación de este libro no creo que lo consigan. Los personajes principales han quedado demasiado planos, de manera que, al faltarles el alma que los actores les imprimen, no resultan atractivos. Si no has visto la serie, los personajes del libro no serán capaces de captar tu atención. Y esto es lo que más me fastidia de este libro, porque todos los personajes se merecen una mayor atención y mayor desarrollo por parte de los escritores. Espero que para la próxima temporada o para el próximo libro lo tengan en cuenta.

Julián (Rodolfo Sancho) y Amelia (Aura Garrido)
Sin embargo, las tramas sí resultan atractivas como en la serie de televisión. Los autores aprovechan un acontecimiento histórico que puede haber sufrido una perturbación y la patrulla se desplaza a la época con el fin de que la historia de España no se altere, tal y como ocurre en la serie. Y aunque siempre están a un milímetro de que la historia cambie, al final el equilibrio se restablece. En la primera historia El Conde del tiempo aprovechan las dudas sobre la existencia de un personaje, más literario que real, Bernardo del Carpio sobrino bastardo del rey de Asturias, para trasladarnos a la Edad Media y para que podamos reflexionar sobre las consecuencias que la nostalgia puede tener.

Catalina de Erauso
En Después del buen tiempo, la tempestad la patrulla se traslada al año 1603. Debería haber llegado a Cartagena, en España, pero por una confusión llegan a Cartagena de Indias (en la actual Colombia, que en 1603 era ciudad del Virreinato de la Nueva Granada). Era un puerto comercial estratégico y por ello frecuentemente atacado por piratas. Allí los protagonistas se ven envueltos en un robo y coinciden con un grumete muy peculiar, Paquito. Paquito en realidad es Catalina de Erauso, la monja alférez, un personaje de armas tomar. Escapó del convento a los 15 años y se enroló en el ejército. Recorrió toda América del Sur y parece que fue un personaje bastante sanguinario. La patrulla la conoce cuando todavía es muy joven y no ha comenzado su carrera de fechorías, pero ya saben que las cometerá y no pueden impedirlo; ya sabemos que el primer mandato de los funcionarios del ministerio del tiempo es no alterar la historia.

Canfranc, paso de espías 
La última historia es Tiempo de espías, desarrollada en 1943. Empieza en Canfranc y no les perdono a los autores que no hayan mencionado a Lola y Pilar Pardo, que fueron correos de la resistencia francesa siendo apenas unas adolescentes. La protagonista de la historia es Lola Mendieta, antes de ser reclutada por el ministerio y antes de convertirse en traidora y traficante de arte intertemporal. Era entonces una joven idealista y arriesgada que luchaba para que el nazismo no triunfase. El trasfondo histórico de esta trama es la Operación Mincemeat, o sea, carne picada o como Julián la llama albondiguilla. En esta aventura veremos lo que Alonso es capaz de hacer por un camarada, aunque sea doloroso.

Lola Mendieta, interpretada por Natalia Millán
En general, el libro resulta entretenido pero ya he comentado que los autores podían haber profundizado un poco más; además no ha quedado espacio ni para Irene ni para Velázquez, una lástima. No sé si se lanzó precipitadamente para aprovechar el tirón de la serie. De cualquier manera es lectura entretenida para el verano y, a mí por lo menos, me ha picado la curiosidad para indagar un poco más en los acontecimientos que nombra. 




El tiempo es el que es 
Anaïs Schaaff y Javier Pascual 

Ed. Plaza y Janés.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Cine: Doctor Strange de Scott Derrickson (2016)

Doctor Strange es el protagonista de una serie de comics de 1963 que ahora Scott Derrickson ha adaptado a cine. Los cómics no son la literatura que más me ha interesado en mi vida, pero la verdad es que adaptarlos a cine me parece un reto interesante. En esta película, las imágenes son espectaculares, muy influenciadas por los dibujos de M.C. Escher, pero absolutamente espectaculares. Solo pensar en la posibilidad de ver y sentir universos fluidos y al mismo tiempo poliédricos y fragmentados, donde las leyes del espacio/tiempo (si las hay) no se cumplen, da vértigo y es eso lo mejor de la película. 





Eso y las interpretaciones de los actores. Me ha gustado mucho Tilda Swinton interpretando a la Anciana que en los cómics originales era un anciano. No es de extrañar que así fuera porque el universo de las novelas gráficas (y de todo lo demás), aunque esté cambiando paulatinamente, es mayoritariamente masculino. Tampoco es de extrañar que esta decisión haya sido muy criticada. La anciana es sabia, ha llevado el peso del mundo durante mucho tiempo y sabe que el fin está próximo. Casualmente encontrará a su sustituto, al que tiene que formar en muy poco tiempo y éste será Strange, un personaje un poco a la deriva como consecuencia de un accidente que ha cambiado su vida.


El personaje de Strange también me ha gustado mucho y la interpretación de Benedict Cumberbatch, especialmente por el poder hipnótico de su voz, es excelente. Pero a mí me ha recordado mucho el sarcasmo, la autosuficiencia y el engreimiento que imprime a su personaje de Sherlock. Me lo recordaba demasiado. Incluso el cuello de la capa voladora, recuerda al cuello del impecable Belstaff que Sherlock viste para la serie de la BBC (pronto llega la cuarta temporada). 




Tres personajes más destacan. El malo, Kaecilius, está poco desarrollado. Se supone que es un antiguo mago que ha querido saber demasiado. Es el personaje típico que recibirá su castigo por desafiar al detentador del saber sobre el bien y el mal. Interpretado por Mads Mikkelsen que aporta todo lo que puede. El compañero del doctor Strange es el barón Mordo interpretado por Chwetel Ejiofor que representa la duda y desconfianza hacia el doctor Strange, quizá porque pretendía ser él el elegido para sustituir a la anciana.


Como el doctor Strange puede tener rasgos quijotescos, también aparecen en la pantalla su sancho y sobre todo su dulcinea, su amor imposible, en el que siempre pensará y que le hará sentirse eternamente culpable por haberla dejado escapar. Es Rachel McAdams que interpreta a una competente doctora, excompañera de hospital del doctor Strange.



Respecto al guion, muchos han querido ver referencias a las ciencias ocultas demoníacas. Yo, desde luego, no las he visto porque la película, vendida como aventura mística, tiene más de aventura tradicional que de mística. Excepto algunas referencias a mantras, tiempos oscuros, etc. etc., es sólo una película de superhéroes, ni más ni menos. Podría pensarse que es una película de transformación personal pero el doctor Strange se lleva a su nueva vida de superhéroe una gran parte de su bagaje psicológico, así que poca transformación le puede quedar.



Eso sí, hay que destacar también el sentido del humor, un buen ritmo y una buena música. Sin embargo, tengo la sensación de que no habrá otra segunda parte. Me temo que quedará como episodio presentación del personaje y no volveremos a ver otra aventura del doctor Strange. Sería una lástima porque en las siguientes entregas sí que existiría la oportunidad de enfrentarse a las guerras místicas y diferenciarse de otras sagas de superhéroes. 


Director: Scott Derrickson 
Guion: Robert Cargill, Scott Derrickson, Jon Spaihts (Personajes de Stan Lee y Steve Ditko)
Música: Michael Giacchino
Fotografía: Ben Davis
Intérpretes: Benedict Cumberbatch, Chwetel Ejiofor, Rachel McAdams, Mads Mikkelsen. 


lunes, 28 de noviembre de 2016

Cine: Viridiana de Luis Buñuel (1961)

Viridiana supuso, para Buñuel, volver a rodar en España después de años de exilio en México. Y para España, fue un absoluto escándalo que no pudo verse en cines comerciales hasta más de diez años después de filmada, a pesar de haber recibido la Palma de Oro de Cannes en 1961. La Iglesia Católica la condenó por sacrílega y blasfema y la mayoría del público sigue viendo en esta película, la combinación perfecta de erotismo reprimido y mística decadente.




A pesar de la belleza y luminosidad de Silvia Pinal, todo en la película es oscuro. Es una exhibición impúdica pero sin ningún tipo de condena de todo lo feo, lo andrajoso, la pobreza, la enfermedad y la abyección de los seres humanos. Esta vez la crítica de Buñuel no se ceba en la burguesía ni en la clase media; esta vez es, especialmente, cruel con los pobres más perdidos que la novicia Viridiana haya podido encontrar.


Para Buñuel, el surrealismo era esto. Debía ser una crítica feroz, no un mero ejercicio estético, sino verdadera crítica social del bello mundo burgués y, en este caso, también de su brote espurio, la pobreza. El surrealismo debía ser para Buñuel una ética crítica porque, tal y como dice en sus Escritos publicados por Páginas de Espuma, “El verdadero opio del pueblo es su conformidad”.


Buñuel nació en Calanda. Su padre había emigrado a Cuba y hecho fortuna allí. Volvió a su pueblo con más de 40 años y se casó con una joven apenas adolescente. La fortuna de su padre le permitió a Buñuel interesarse por la música y la literatura al principio y, después de trasladarse a París, empezó a trabajar en el cine. Siempre arrastró una educación católica represiva, propia del siglo XIX y de nuevos ricos burgueses que quieren emular a los ricos de casta.


Buñuel exorcizó en esta película una perversión adolescente que él mismo reconocía. Estuvo enamorado de la reina Victoria Eugenia y en sus desvaríos oníricos soñaba que la drogaba y podía acceder a ella. Tal y como don Jaime, fetichista y representante de esa España decadente y atrasada que puede vivir de rentas y de empobrecer a los demás con su desidia, hace con la novicia Viridiana, que le recuerda tanto a su esposa muerta en la noche de bodas. Un deseo que parece no ser tan inhabitual en los hombres. En la prensa cada vez salen más noticias del aumento de denuncias de violación por sumisión química. 


Después de este magnífico arranque, el resto de la película mantiene una cierta fragmentación y así lo reconoce Buñuel, afirmado que fue en la película en la que más libre se sintió. Supongo que su subconsciente le enviaba imágenes que le parecían adecuadas y supo encontrar el hilo conductor que les diera un cierto sentido narrativo. Los objetos y los símbolos cristianos también contribuyeron a hilar esta narración. De esta manera, el saltador que don Jaime regala a la niña, termina siendo la cuerda con la que después se ahorcará y, al final de la película el mendigo que intenta violar a Viridiana, utilizará este mismo saltador para atarse los pantalones. Todos acaban así unidos por el mismo hilo vital o mortal.



Viridiana, Silvia Pinal, es una novicia a punto de tomar sus votos definitivos. Tiene que ir a despedirse de su familia y su familia sólo es su tío. Un vejestorio interpretado magníficamente por Fernando Rey. Esta visita cambia su vida. Dejará el convento, pero no su fe y su dedicación a los más pobres. Creará en el caserón de su viejo tío, un asilo para pobres que, a la mínima ocasión, se revelarán contra ella y le lanzará a la cara su resentimiento de siglos. Se puede interpretar también a Viridiana como un ser idealista y puro, como don Quijote, tratando de desfacer entuertos seculares y atacado por aquéllos a quienes sólo desea socorrer. Al final, Viridiana tiene que reconocer que intentar ayudar a aquéllos a quienes siempre se ha tratado como animales ha resultado ser un absoluto fracaso y tiene que pensar en qué hacer con su vida.


Pero ahora no está sola. Don Jaime, antes de suicidarse, ha reconocido a su hijo bastardo y le ha dejado su herencia. Jorge (Francisco Rabal) es un guapo mozo que aporta sangre nueva a la decadencia. Buñuel había previsto una escena final, en la que Viridiana entrase en el dormitorio de Jorge pero la censura la consideró demasiado explícita y le propuso otra que resultó ser una vuelta de tuerca mucho más perversa que la escena original.


Viridiana se suelta su preciosa melena rubia platino, que siempre ha llevado en moño y cubierta con un pañuelo, y se dirige al dormitorio de Jorge, donde se encuentra con él y con la criada, madre soltera y enamorada de Jorge, Ramona (Margarita Lozano). Termina la película cuando Jorge dice algo así como siempre me imaginé que mi prima Viridiana terminaría jugando al tute con nosotros. El subconsciente del censor le traicionó y, en realidad, propuso un magnífico ménage à trois.


Dirección: Luis Buñuel
Guion: Luis Buñuel, Julio Alejandro
Música: Gustavo Pitaluga
Fotografía: José F. Aguayo 
Intérpretes: Silvia Pinal, Fernando Rey, Francisco Rabal, Margarita Lozano, María Isbert, Lola Gaos. 

jueves, 24 de noviembre de 2016

Exposición de fotografía: Bruce Davidson (2016)

Bruce Davidson se define como un fotógrafo humanista. Durante el convulso siglo XX y lo que llevamos del XXI ha tenido suficientes oportunidades para demostrar su compromiso con la realidad humana. En sus series temáticas de fotografías encontramos documentados la vida cotidiana y también los acontecimientos más relevantes del siglo siempre como pequeñas historias.


La exposición de la Fundación Mapfre ofrece un recorrido cronológico por sus trabajos más relevantes. A pesar de que abarca la mayor parte de su carrera fotográfica, mostrando su evolución técnica, se mantiene su profundo compromiso ético con la lucha del ser humano por su dignidad.



Empezó a tomar fotografías cuando era un niño y decidió ser un fotógrafo cuando terminó la universidad. Destinado en París después durante la II Guerra Mundial, allí conoció a Cartier-Bresson, que se convirtió en su mentor. En 1958, ya como fotógrafo freelance profesional se incorporó a la Agencia Magnum.


Si bien al principio se dudaba de la calidad artística de su trabajo, considerado meramente documental, su dedicación al detalle, su apuesta radical por la dignidad humana y la melancolía expresada en sus fotografías han hecho que su trabajo se revalorizase con el tiempo. Sus fotografías resultan muy dramáticas, oscuras y a veces incluso violentas, pero siempre en ellas queda algo de esperanza.


Empieza la exposición con la serie de 1955 sobre los Wall, una pareja de ancianos de Arizona. Bruce Davidson afirma que con ellos aprendió una gran lección para su vida, aprendió a tener paciencia. Esta pareja accedió a ser fotografiada durante los fines de semana y en esas tomas, Davidson captó la inmensa paciencia y ternura que se dedicaban continuamente. Queda así documentada la narración de una pequeña historia, la vida e intimidad de dos ancianos representativos del modo de vida de un tiempo y un lugar concretos, pero universal.


En 1958 realizó una serie de fotografías sobre el Circo Clyde. Para ello se unió al circo durante unas semanas, pero en lugar de centrarse en el espectáculo de luces, color y lentejuelas, prefirió la intimidad de los artistas y especialmente de un enano que trabajaba como payaso. Se llamaba Jimmy Armstrong. Dada la diferencia de estatura entre fotógrafo y fotografiado el punto de vista resalta todavía más la pequeñez del payaso pero sin restarle un ápice de su dignidad. Según ha declarado Davidson, con esa cercanía quería acceder al yo interior del payaso, aunque como consecuencia de ello quedase fotografiada su soledad, su cansancio y una inmensa melancolía.


En los años 1960 también documentó las manifestaciones a favor de los derechos civiles de las minorías en Estados Unidos y en contra de la segregación racial. Estas series, por su temática evidente, contrastan con la tranquilidad de las fotografías tomadas en Central Park, pero al mismo tiempo, tienen un fondo común: la constatación de que las cosas estaban cambiando. Dentro de las fotografías tomadas en Central Park hay una que destaca especialmente: una pareja interracial de adolescentes abrazándose pone de manifiesto que las cosas ya habían cambiado aunque las leyes no lo supieran.


También realizó reportajes fuera de Estados Unidos y entre ellos se desplazó a España para cubrir el rodaje de una película que no conozco, Mando perdido de 1966. Tomó una serie de fotografías en el sur, en Málaga y Almería. En ellas aparecen niños pobres, desnudos y llenos de mocos, pícaros y alegres al mismo tiempo. 




Una exposición para no perderse.



Fundación Mapfre
C/ Bárbara de Braganza, 13 - Madrid 

Del 22 de septiembre de 2016 al 15 de enero de 2017