jueves, 12 de enero de 2017

Exposición: El arte de Clara Peeters (2016-2017)


Pocas mujeres han destacado en las bellas artes antes del siglo XX. Es lógico siempre hemos estado consideradas más animales reproductores que seres humanos. Una afirmación así puede parecer brutal pero desde luego hay argumentos que la apoyan. Sin derechos para recibir educación, sin derechos para poder desempeñar una carrera o trabajar y sin derechos para exigir. Así es imposible ser considerada ser humano. 


En el siglo XX ha empezado a corregirse esta tendencia y aunque vamos despacio, muy despacio, a pesar de lo que les parece a los machirulos, creo que no habrá vuelta atrás. Me parece que la Lupe decía en una canción p’atrás ni pa’tomar impulso. Pues eso. El Museo del Prado ha decidido participar en esta lucha. Dispone de obras de treinta pintoras pero sólo expone de cinco: Lucia y Sofonisba Anguissola, Artemisa Gentileschi, Angelica Kauffmann y Clara Peeters. Todas en su momento tuvieron éxito pero no crearon escuela. Debió ser tan difícil su situación que nadie quiso imitarlas. Muchísimo talento perdido.


Siempre han existido personalidades excepcionales como estas pintoras. Hoy se les llama token women, mujeres que han conseguido triunfar en un mundo de hombres, pero que quedan como meros símbolos. Ha habido reinas, primeras ministras, incluso heroínas militares, pero una vez desaparecidas, nada. Excepciones que, en ocasiones, han llegado a ser una carga para el resto de mujeres, puesto que, paradójicamente su incorporación al mundo de los hombres poderosos ha cerrado el paso a otras.


En octubre de 2016, se inauguró en el Museo del Prado, la primera exposición dedicada a la obra de una pintora. Clara Peeters murió con casi 60 años en La Haya, en 1657. Puede encuadrarse dentro de la pintura barroca exclusivamente dedicada (o al menos es las treinta obras que se conservan) a la pintura de bodegones.


No sabemos si era hija o esposa de pintores, pero sería muy difícil haber trabajado como pintora profesional sin estos antecedentes. Apenas se conservan datos sobre su vida, ni documentos sobre su formación como pintora excepto sus propias obras. Firmadas por la artista y donde, a veces, incluía su propio autorretrato en los reflejos de jarras de metal o vidrio, de forma muy ingeniosa. Quizá tuviera miedo de que su nombre desapareciera y por ello incluía su imagen, para evitar que alguien se apropiara de la autoría de sus obras.


Era detallista, muy precisa y delicada. Disponía las flores y las frutas en armonía, en mesas a veces vestidas con manteles de lino que todavía llevaban la marca de la plancha. Reproducía las texturas de panes y quesos de manera tan real que invitan a comérselos. Lujosas copas y jarras de plata, elegantemente labradas que repetía en distintos cuadros. Sin duda objetos que le pertenecían como mujer burguesa que empezaba a imponer sus gustos.


Una exposición dedicada a una mujer pintora que no debería ser la última. Porque en el siglo XXI todavía seguimos sin ocupar el espacio público que merecemos y que deberíamos exigir en la pintura, en la política, en el hogar, en la sanidad, en la educación, etc. Hasta ahora hemos desempeñado los trabajos de los hombres como los desempeñan los hombres, sometiéndonos a sus horarios, a sus criterios y a sus reglas. Pero a partir de ahora queremos y debemos incorporar a la vida pública, una manera de vivir y trabajar con las normas, los horarios y los criterios de las mujeres, que beneficien tanto a hombres como a mujeres. Eso es igualdad de género. 


El arte de Clara Peeters
Museo del Prado
Paseo del Prado s/n, Madrid (España)
Del 25 de octubre de 2016 al 19 de febrero de 2017

lunes, 9 de enero de 2017

Cine: ¡Ave, César! de Joel e Ethan Coen (2016)


Con los hermanos Coen me pasa lo mismo que con Berlanga, que no acabo de pillar su humor ácido. Me parece que tanto sarcasmo sólo surge de creerse superior a los demás. Aunque tuve dificultades para terminar Fargo me he decidido a ver ésta ¡Ave, César! y el resultado ha sido el mismo. Poca diversión.


Se puede intuir en esta película el amor de los hermanos Coen por el cine, pero poco más. Me vale como cine de homenaje al cine, pero como comedia no. Para mí hay un exceso de personajes y de situaciones que buscan comicidad pero que, en realidad, son un peso muerto.


No entiendo a las periodistas gemelas; el espía de la Unión Soviética con un perrillo que se llama Engels es patético; el personaje de Scarlett Johansson plano y transparente, perfectamente suprimible sin que la película sufra. En fin, que lo he intentado otra vez y no funciona. Me pasa lo mismo con Woody Allen. Cada cierto tiempo vuelvo a darle otra oportunidad pero no me seduce nunca.


George Clooney no es el mejor actor de la historia, pero desde luego para la comedia no tiene ningún talento. Josh Brolin, está perfecto en su papel de directivo de Hollywood tirando a mafioso, resolviendo más problemas de los que tiene, católico y con problemas de conciencia. La única escena que yo salvaría de la película es la de Ralph Fiennes interpretando a un exquisito director de cine europeo intentando enseñar a hablar a un vaquero paleto desdentado reconvertido en galán interpretado por Alden Ehrenreich.


Por lo demás, la película parece un recosido de diferentes géneros: el musical gay, la comedia elegante, una de romanos, una prima lejana de Esther Williams y una parodia de espionaje, con los guionistas de Hollywood haciendo labor de zapa a favor de la URSS.


Magnífica fotografía y pobre guion.  


jueves, 5 de enero de 2017

Exposición: Maestro Mateo en el Museo del Prado (2016)

No soy capaz de elegir un período artístico concreto para que sea mi favorito. Pero hay algo especial en el románico y en el gótico que me resulta muy atrayente. La pintura o la escultura muestran una pureza especial. También tosquedad y quizá eso sea lo más interesante. La capacidad de expresar la hondura sin tantos artificios. 

En el Museo del Prado hay una muestra del trabajo del maestro Mateo, conocido principalmente por haber esculpido el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela. La catedral se comenzó en el año 1075 y fue consagrada en 1211. 136 años de construcción para una obra magnífica en la que debieron intervenir miles de obreros, maestros y artistas, pero de los que sólo conocemos a Mateo, que puso el broche final.


Fue un escultor reconocido también en su época. En la exposición se puede ver también un documento de 1168, en el que Fernando II de León le concede una pensión vitalicia en compensación por sus trabajos, 100 morabetinos anuales.


Lo que me sigue sorprendiendo es que fuesen obras polícromas. No me puedo imaginar a estas esculturas en piedra tan sobria, tan expresiva por sí misma y tan poderosa, pintadas. Sin embargo, en la última restauración acometida se está tratando de recuperar el color que tuvieron en origen. En esta exposición, una de las piezas conserva algo de ese color, a pesar de que se reutilizó como material de relleno y hasta 1978 no se recuperó y restauró. Son Los caballos del cortejo de los reyes magos.


Las piezas expuestas fueron retiradas de sus emplazamientos originales en las sucesivas reformas que ha sufrido el tempo. Afortunadamente se han conservado, aunque no todas igual. Una estatua sin cabeza también fue reutilizada como material de relleno y se ha recuperado recientemente; sin embargo tiene suficiente calidad para ser expuesta. Otras terminaron en manos privadas, de manera más o menos oscura y excepcionalmente también se muestran. Son las esculturas identificadas como Abraham e Isaac, adquiridas inicialmente por el Ayuntamiento de Santiago, fueron a parar a la duquesa de Franco. Un regalo cuestionable.


La pieza más extraña son unas dovelas, normalmente expuestas en el Museo de la Catedral de Santiago, que muestran el castigo por lujuria. Dos personajes, un hombre y una mujer, son torturados por animales. Un perro o quizá un lobo muerde el pene del hombre que parece que lleva también una serpiente enroscada en la cabeza y el torso. La mujer no sufre menos. El perro le muerde en la cara y le arranca la lengua y además dos serpientes le desgarran los senos. Hacia el año 1200, estos eran los castigos por ser lujuriosos.


Otra pieza imponente es la que representa al rey David o a Salomón. Destacan los pliegues de la ropa y un arpa triangular esculpida con mucho detalle. Lo mismo que la barba de otra gran escultura que representa al profeta Enoc. Todas las piezas pertenecen a la fachada original del Obradoiro y al coro que posteriormente desapareció. 


Maestro Mateo en el Museo del Prado 
29 de noviembre de 2016 al 26 de marzo de 2017
Paseo del Prado s/n, Madrid (España)

lunes, 2 de enero de 2017

Ensayo: El caso Aldo Moro de Leonardo Sciascia (1978)

El autor.-
Leonardo Sciascia fue periodista, escritor y político italiano. Un referente en su denuncia de la corrupción política y social del país y de la violencia mafiosa y por todo ello intelectual comprometido. Otras obras suyas: Muerte del inquisidor, El teatro de la memoria, El día de la lechuza. 

Mi opinión.-
El 16 de marzo de 1978 Aldo Moro fue secuestrado por las Brigadas Rojas y fue encontrado asesinado el 9 de mayo del mismo año, en el maletero de un coche entre las sedes de los partidos Comunista y de la Democracia Cristiana. Irónico y cruel. Era el Presidente de la Democracia Cristiana italiana; considerado un político hábil y un gran negociador. Había conseguido que la Democracia Cristiana, el Partido Comunista y el Partido Socialista, accedieran a mantener el Compromiso histórico ideado por Enrico Berlinguer, con el fin de regenerar y reformar las instituciones democráticas, combatir y derrotar al terrorismo y a la corrupción endémica. Es por esto que siempre existieron dudas sobre si las viejas inercias de la partitocracia italiana contribuyeron a su asesinato/ejecución por los terroristas. 

En 1982, Leonardo Sciascia participó en una comisión de investigación del Parlamento italiano sobre el secuestro y asesinato de Aldo Moro, cuyas conclusiones no llevaron a dilucidar esta participación directa, pero que, sin embargo, sí que pusieron de manifiesto la dejadez y la desidia mantenidas por las autoridades políticas y policiales durante el secuestro. 

Este libro no sólo trata de esta investigación parlamentaria. Creo, más bien, que Sciascia aprovechó para incluir en él una reflexión moral sobre la razón de estado y la conveniencia o no de negociar con terroristas y también para estudiar cómo interpretamos y recreamos una misma situación, una y otra vez. 


Hoy, la negociación con terroristas debería estar fuera de toda discusión, por dos motivos. Aunque fuese considerada un mal menor. Nadie quiere reconocer abiertamente que sea una necesidad, pero en el caso de ETA, está claro que siempre hubo negociaciones más o menos efectivas entre los distintos gobiernos españoles y la organización terrorista. No creo que deba reprocharse a ningún gobierno que intente una negociación, puesto que ninguna organización, y las organizaciones terroristas no son una excepción, es monolítica y siempre puede encontrarse un eslabón más predispuesto a abandonar una lucha armada sin sentido, que ayude a debilitar al núcleo más recalcitrante. Pero claro, las negociaciones no son gratuitas y en su transcurso quienes hayan sufrido el terrorismo más directamente pueden considerarse abandonados. 

Sin embargo, este asunto de máxima actualidad, no parece suscitar ya ninguna controversia. El terrorismo global que sufrimos, hoy, no tiene nada que negociar ni quiere negociar nada; es el terror por el terror como modo de vida, sin ninguna reivindicación política. 


Siguiendo con el libro de Sciascia, decía antes que trata de cómo interpretamos de manera diferente una misma situación. Los secuestradores permitieron a Aldo Moro escribir una serie de cartas que Sciascia analiza en este libro. Según la interpretación que queramos dar a estas cartas, Moro sería un hábil negociador, un político manipulador, un hombre cobarde suplicando por su vida o un cristiano que acepta su muerte. Todo depende de cómo queremos entender sus palabras. Algunos piensan que a través de sus cartas Moro daba instrucciones para su liberación e incluso algunas pistas que la policía no quiso o no supo seguir. Para otros, son un ejercicio de moralidad política y de lucidez intelectual. A veces parece que suplica por salvar su vida cueste lo que cueste; otras parece haber transcendido el miedo a la muerte. Al final, probablemente hiciese las dos cosas puesto que sus cartas dependerían de su estado anímico sometido a una gran presión. 

Evidentemente el estado italiano personificado en la Democracia Cristiana se negó a negociar con los terroristas de las Brigadas Rojas. Como consecuencia de ello, el gran pacto entre derecha y comunismo nunca se llegó a materializar, Moro murió asesinado y su cuerpo se encontró en el maletero de un coche; las Brigadas Rojas no consiguieron ninguno de sus objetivos, ni políticos ni revolucionarios. Todo lo contrario, contribuyeron a reforzar las estructuras autoritarias, corruptas y abusivas de los estados, aquellas estructuras que, en teoría, pretendían combatir. 

"Tras la autopsia del cadáver de Moro, practicada ayer en Roma, se ha podido establecer que el dirigente demócrata-cristiano murió a consecuencia de once disparos, hechos con una metralleta checoslovaca y un arma corta a cuatro metros de distancia." (El País, 11 de mayo de 1978). 
"Lamento, queridísima, haber venido a encontrarme en la situación de darte esta añadidura de esfuerzo y sufrimiento, pero creo que tú, aun desesperanzada, no me habrías perdonado el no pedirte una cosa que es acaso un inútil acto de amor, pero que es un acto de amor." (Carta de Aldo Moro a su esposa, 27-30 de abril de 1978).


El caso Aldo Moro
Leonardo Sciascia
Traductor: Atilio Pentimalli

Ediciones Destino. Áncora y Delfín.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Cine: El negociador de Borja Cobeaga (2015)

Durante los años 2005 y 2006, Jesús Eguiguren por el Partido Socialista y Josu Ternera por ETA, mantuvieron una serie de conversaciones para iniciar el desmantelamiento de ETA. Esta película no es, por supuesto, un fiel reflejo de aquellas conversaciones pero sí que ha servido de inspiración para demostrar que cualquier negociación política, por muy seria que sea, acaba viéndose influenciada por esa red de relaciones personales, tejida entre personajes bastante parecidos. 

El director ha sido valiente al plantear su película como una comedia, ahora, cuando la sociedad vasca todavía tiene que curar muchas heridas y debe abordar un profundo proceso de arrepentimiento y de perdón, a nivel individual, colectivo y social. Debe ser síntoma de que las cosas, en verdad están cambiando y de que ya no hay vuelta atrás. Ojalá sea así. El humor, en esta película, que es al mismo tiempo, inteligente y respetuoso, absurdo y delirante, supongo que ayudará a suavizar aristas. 


No es una comedia de carcajada escandalosa pero sí de un humor negro, tan negro, tan negro, que resulta brillante. Y además doloroso. A veces recuerda a las películas de cine mudo, con unos primeros planos estáticos que mueven a risa, pero una risa contenida, no sea que se vaya a alterar el precario equilibrio de la negociación.


La comicidad está en los pequeños detalles domésticos de las conversaciones. En el esfuerzo por intentar crear una atmósfera cómoda y para ello tener que salir a hacer deporte con un traje de baño en lugar de con un chándal. También es cómodo tener los mismos gustos en cuanto a putas. Y en beberse unas cañas cuando la negociación se atasca. Todo esto, para los puristas de la negociación estaría prohibido. Pero los protagonistas, que se conocen, que han sido vecinos toda la vida, hasta que la política y el terror los separó, lo hacen.


Tres son los personajes que intervienen en la negociación. Manu Aranguren, interpretado por Ramón Barea, es el representante del gobierno. Mal vestido, desaseado, impotente sexualmente, con poco dinero, más parece un paleto bellotero que un negociador de alto nivel. Sin tener la confianza ni de su partido ni del gobierno, está empeñado en contribuir a aligerar un poco la tensión que se vive. Cree que ha llegado el momento de plantearse seriamente la paz porque sus amigos de la infancia y aquéllos con los que jugaba al fútbol de adolescente, no le hablan desde hace treinta años. Cada uno quedó de un lado del conflicto. Vive solo y eso se nota; es torpe en sus relaciones y con el teléfono móvil.


Josean Bengoetxea interpreta a Jokin. Jokin también tiene cierto aire de paleto, pero no se puede comparar con Manu. Es más culto. Habla y lee en francés perfectamente; entiende también al mediador inglés. Casi presume de ser un vasco cosmopolita hasta que, enseguida, es sustituido en la negociación por Patxi (Carlos Areces), otro representante de lo vasco con txapela. Patán, gritón, amenazador y putero. Se pasea por la ciudad con el pistolón al cinto sin ningún pudor.


El resultado lo sabemos. Aquellas conversaciones no terminaron en nada definitivo. ETA volvió a atentar, y esto se muestra en la película con mucha delicadeza. Manu tiene que pedirle a su vecina que le ayude a hacer el nudo de una corbata negra. Humor de luto. 


Dirección y Guion: Borja Cobeaga
Música: Aránzazu Calleja 
Fotografía: Jon D. Domínguez
Intérpretes: Ramón Barea, Josean Bengoetxea, Carlos Areces, Melina Matthews, Oscar Ladoire. 

lunes, 26 de diciembre de 2016

Exposición Fotografía: Copiado por el sol - PhotoEspaña 2016

****Se me olvidó publicar la reseña de esta exposición en su momento y ya no está disponible***

El calotipo o talbotipo es el primer procedimiento fotográfico que ofrecía una imagen en negativo que posteriormente se positivaba. Fue inventado en 1842 por William Henry Fox Talbot, un pionero de la fotografía además de arqueólogo, matemático y político británico. El procedimiento para obtener los negativos y las posteriores fotografías era muy artesanal y laborioso. El papel (generalmente papel de escribir de buena calidad) que iba a servir de negativo se impregnaba con una sal de plata y se exponía directamente a la imagen que se quería fotografiar con la luz del sol. 



Los tiempos de exposición eran muy largos porque los papeles no eran muy sensibles a la luz y como tampoco se había inventado la ampliadora el tamaño del negativo debía de controlarse acercando y alejando la imagen del mismo negativo. Después, por contacto con este negativo se obtenía el positivo utilizando también la luz del sol. El resultado era una imagen un poco difuminada y a veces de tono rojizo, pero que el público empezó a considerar muy interesante.



En 1848, Maxwell (uno de los primeros hispanistas británicos) utilizó este procedimiento fotográfico para completar su libro Annals of the Artists of Spain, con un cuarto volumen dedicado a reproducir 68 obras. De este último volumen sólo se editaron 50 ejemplares. Es el primer libro de la historia del arte ilustrado con fotografías.


Como he comentado antes, este procedimiento fotográfico era un tanto engorroso. Como la toma debía realizarse en el exterior, manteniendo el papel expuesto a la luz del sol un tiempo considerable, era imposible tomar la imagen directamente de los cuadros. Así que lo que hacían era fotografiar reproducciones, grabados o litografías de los mismos cuadros que hasta entonces se habían utilizado en las publicaciones; aunque también los autores encargaban reproducciones al óleo o a la acuarela de las obras principales o de las que les parecían más interesantes. Era importante también que la luz del sol no fuese muy fuerte, por ello a veces se preferían los días nublados.



En esta exposición tenemos la suerte de ver los talbotipos originales con las obras que reproducen y algunos de los ejemplares de los Annals que se conservan. No es algo habitual. Estas fotografías son joyas de 1848 muy inestables. Es una de las exposiciones de PhotoEspaña 2016 y se ha realizado con la colaboración del Museo del Prado y el National Media Museum de Bradford. Muy interesante. 



Museo Nacional del Prado 
Hasta el 4 de septiembre de 2016
Paseo del Prado s/n, Madrid 

jueves, 22 de diciembre de 2016

Cine: Love and Friendship de Whit Stillman (2016)

Respecto al cine, me sorprenden dos cosas de los británicos. La primera es la cantidad de adaptaciones de libros infantiles y juveniles que hacen (lo cual quiere decir que, desde hace al menos un siglo, se toman muy en serio la literatura infantil y juvenil y tienen material abundante para las adaptaciones) y la cantidad de veces que han llevado al cine y a la televisión a autoras como Jane Austen y Emily Brönte (y que no me cabe ninguna duda, y será para el bien de todos, que seguirán adaptándolas hasta el fin de los tiempos). 

Hoy es la adaptación de Lady Susan, una novela epistolar escrita entre 1793 y 1794 por Jane Austen, que comparte argumento y estructura con el resto de las novelas de esta autora, muy preocupada por la desprotección que las mujeres de su clase sufrían en cuanto moría el padre o marido encargado de proveerles sustento.


Lo fundamental de Jane Austen, en esta novela corta, es la fina ironía y el sentido del humor con los que disecciona las estrategias, sentimientos, comportamientos y deseos de los hombres y mujeres de finales del siglo XVIII, en la campiña inglesa. Describe un mapa detallado de las convenciones y costumbres de la época y también de cómo saltárselos sin perder la compostura.


Algunos críticos califican la novela como trepidante y es difícil teniendo en cuenta que los personajes de la novela se relacionan sólo por carta, pero en la película sí que podemos asistir a todo el arsenal de tácticas, trampas, estrategias, manipulaciones, engaños y trapacerías que Lady Susan se ve obligada a desplegar para poder “colocar” a su hija adolescente y para procurarse para ella misma una vejez tranquila puesto que solamente es una viuda sin fortuna de más de 30 años. Todo ello con ironía, sutileza y buen humor británicos.


Pues eso, lady Susan sólo tiene como patrimonio una hija adolescente, algunos familiares y amigos bien situados y un amante que la adora y está casado. Así que necesita encontrar un marido adecuado para su hija y que de paso asegure el bienestar de su suegra (ella misma) para que pueda seguir su historia de amor adúltero. El problema es que la hija tiene su propio criterio y no quiere casarse con un rico muy muy muy tonto, porque además de que el rico es muy muy muy tonto, ella (la hija) está enamorada de otro. Así que lady Susan se propone seducir al enamorado de su hija, cosa que logrará sin ningún problema, aunque el destino, caprichoso e incontrolable, presente sus propias exigencias y al final lady Susan acabe casándose con el rico muy muy muy tonto y manteniendo a su amante y su hija consiga un matrimonio feliz con su enamorado, a fuerza de olvidar que ha estado a punto de serle infiel con su futura suegra.


Lo que para unos es una mujer caprichosa y amoral para otros puede ser una mujer superviviente en un mundo excluyente. No voy a decir que no importa la calificación moral, pero hay que ver también la frescura y falta de escrúpulos de lady Susan con una cierta distancia y como si se tratase de una maestra ante su partida de ajedrez definitiva, donde la estrategia lo es todo.


Esta película recuerda de alguna manera a las Amistades Peligrosas de Stephen Frears, basada en la novela de Choderlos de Laclos, pero sin el aura de tragedia que se intuye en ésta desde el primer momento.


Sorprende también ver cómo la burguesía y los pequeños aristócratas rurales ingleses vivían tan tranquilamente cuando Europa y especialmente Francia estaban en llamas, y tenían como pasatiempo tejer amoríos casi adolescentes con constantes triquiñuelas. Debían pensar que su insularidad les protegería de todo y en cierto modo así era. Quizá el Brexit sea más de lo mismo. 



Dirección y Guion: Whit Stillman (novela de Jane Austen)
Música: Mark Suozzo
Fotografía: Richard van Oosterhout
Intérpretes: Kate Beckinsale, Chlöe Sevigny, Xavier Samuel, Stephen Fry, Emma Greenwell