miércoles, 8 de mayo de 2013

Cine: Disgrace (Desgracia)


En Desgracia, un profesor de literatura sudafricano blanco, David Lurie, en el comienzo del declive, abusa de una joven estudiante negra. Se cree un corazón sublime que está por encima del bien y del mal, aunque en realidad es un depredador sexual entonando su canto del cisne. Un hombre arrogante y frío que sucumbe a un deseo irracional. Pero lo más incómodo de este personaje es que ni siquiera es consciente de su abuso de poder; tanto desconfío del abusador, que su arrepentimiento no me parece sincero. 

Este escándalo, incluida la expulsión de la universidad, supone un reencuentro con su hija. No se dice en la película, pero se intuye que han tenido siempre una relación distante. Lucy, vive en una granja aislada, sola, después de que ha fracasado su relación sentimental, intentando sacar adelante su negocio: vende lo que cultiva y tiene la intención de criar perros. 

Leí la novela hace algún tiempo y me pareció preciosa. Ahora he podido ver la película en DVD y la adaptación es muy fiel. Es una novela muy dura y toda su dureza se ha pasado a la película a través del paisaje. Al principio, un paisaje urbano, lluvioso, oscuro y frío, intelectual, donde David Lurie es dios y sabe cómo controlar el juego; puede someter a las mujeres y violarlas y mostrar su suficiencia al resto de los hombres. Después, el paisaje rural, áspero, luminoso y lleno de brutalidad, intelectualmente pobre y al borde de la subsistencia, le hará tomar conciencia de su condición de víctima, hombre que no tiene el control sobre su vida. 

El título original es Disgrace y se ha traducido como Desgracia, aunque en ninguna de sus acepciones en inglés tiene el significado de "mal que acontece sin que se pueda evitar". Es cierto que los protagonistas sufren una desgracia, una agresión, pero Disgrace es más bien culpa o vergüenza, que se acerca más a lo que viven los personajes. Viven en la culpa y en la vergüenza, por cosas que han hecho y por otras que han heredado.

Es una película muy simbólica, una metáfora sobre las nuevas relaciones interraciales. El macho blanco colonizador no se da cuenta de que su tiempo ha pasado y de que existen nuevas reglas del juego, algo que sí parece haber notado su hija. Lucy, una mujer joven blanca, heredera de los pecados de los colonizadores, se ve obligada a aceptar la protección y la propuesta de matrimonio de un hombre negro (pariente de uno de sus violadores). Mostrando una actitud pragmática, sabe que es tiempo de adaptarse a otras normas. Es consciente de que las cosas han cambiado y de que si quiere conservar su hogar debe hacerlo compartiéndolo con la población autóctona, durante siglos humillada por hombres blancos. Y esto es lo que más me revuelve: las mujeres heredando la culpa de los hombres y sufriendo y aceptando sus consecuencias; aceptando incluso los hijos engendrados por una violación. El cuerpo de las mujeres convertido en escenario donde los hombres dirimen sus contiendas, contra ellos mismos y contra los otros hombres. Hombres blancos abusando de mujeres negras y hombres negros violando a mujeres blancas. 

El director ha decidido no mostrar la violación que sufre la hija, pero sí vemos como los agresores brutalmente matan a los perros. Al principio pensé que era una omisión imperdonable (o un sesgo patriarcal imperdonable) y que el director se centraba en mostrar el sufrimiento y la humillación de un hombre (el padre), pasando por alto el sufrimiento y la humillación de una mujer (la hija); ahora no estoy tan segura de que fuese así. En un momento de la película, David le reprocha a su hija que no quiera hablar de la violencia que ha sufrido; ella le contesta que eso sucede todos los días a todas las mujeres, en Sudáfrica y en otros sitios y que no van a estar hablándolo constantemente. 

Lucy, como mujer que ha sufrido el abuso, sabe que si no hurga en la herida, las cosas se calmarán solas. Surgirá un nuevo equilibrio de fuerzas en el que las mujeres tampoco serán el género dominante. De una manera o de otra, las mujeres blancas, dependientes y humilladas por hombres blancos, pasarán a ser dependientes y humilladas por hombres negros; es el precio que tienen que pagar por seguir viviendo en su casa. 

Lucy decide apostar por el futuro, como si su útero fuese el recipiente donde lavar todas las culpas. Es ese punto de inflexión, cuando termina una época y todavía no se sabe cómo será la siguiente; las reglas de unos hombres ya no sirven y todavía no ha habido tiempo para que los otros hombres impongan las suyas. Las mujeres en medio, objetivo de la violencia de ambos. Para sobrevivir deben mezclarse con lo nuevo; y ese proceso de mezclarse con el otro es una renuncia a los privilegios mantenidos injustamente durante años.




David Lurie – John Malkovich
Lucy Lurie – Jessica Haines
Petrus – Eriq Ebouaney

Steve Jacobs – Director
Anna María Monticelli - Guión a partir de la novela de J.M. Coetzee
Steve Arnold - Fotografía
Coproducción entre Australia y Sudáfrica (2008)


jueves, 2 de mayo de 2013

Novela: Sab de Gertrudis Gómez de Avellaneda


Sinopsis.-
Cuba, 1818, en la plantación de azúcar de Bellavista vive y trabaja Sab, un mulato esclavo propiedad de don Carlos. Es hijo de una princesa africana y de don Luis, hermano de don Carlos. Desde siempre ha estado enamorado de Carlota, la hija de su amo y su prima, ahora prometida a Enrique Otway, inglés rubio y de ojos azules, que sólo pretende su dinero y posición social.

La autora.- 
Gertrudis Gómez de Avellaneda, escritora del siglo XIX. Nacida en Camagüey, Cuba, en 1814, se trasladó pronto a España. Fue madre soltera, se casó un par de veces y tuvo una vida apasionada y sufriente. Recibió una educación esmerada e incluso postuló su candidatura para la Real Academia Española de la Lengua, pero fue rechazada por ser mujer. Era considerada atea por su familia por leer a Rousseau; sin embargo, al morir su primer marido estuvo una temporada en un convento. Escribió poesía y teatro; Sab, escrita en 1841 y prohibida en Cuba, es su novela más famosa. Murió en Madrid en 1873. No sé si en los colegios españoles se estudia a la Avellaneda, pero debería hacerse.

Mi opinión.-
Me ha sido imposible encontrar una edición española o hispanoamericana del libro (eso ya da que pensar); sin embargo, sí que he encontrado una edición de la Manchester University Press, con un estudio introductorio a cargo de la profesora Catherine Davies.

Esta profesora dice que existió una tradición notable, entre las escritoras anglosajonas, a la hora de abordar la esclavitud y el sometimiento de las mujeres a través de la novela, relacionando íntimamente esos dos tipos de opresión. Pero no ocurre lo mismo entre las escritoras en castellano, la Avellaneda es el único ejemplo. Creo que sólo por eso ya debería ser objeto de estudio en los colegios y por supuesto en las universidades.

La Avellaneda utiliza la estructura del melodrama romántico y costumbrista de amores imposibles y diferencias sociales, como soporte para su alegato a favor de la igualdad, para esclavos y para mujeres. Critica la esclavitud mucho antes de que fuera oficialmente cuestionada, aunque en la edición de sus obras completas (que preparó ella misma), excluyó deliberadamente esta novela. No se sabe si lo hizo porque literariamente no estaba satisfecha con la escritura o porque en ese momento no era adecuado manifestarse como antiesclavista. 

Tenía 24 años cuando escribió Sab, su primera novela, convirtiéndose en una transgresora literaria. Se consentía que las “mujeres literatas” se dedicaran a la poesía amable, romanticona, pero no que cuestionasen el orden social a través de las novelas, como hace la Avellaneda a través de sus personajes. Critica la esclavitud, las convenciones sociales y el enriquecimiento rápido que ahogan el instinto y la pasión; ensalza la virtud de ser fiel a sí mismo y la grandeza moral. 

Sab, Carlota, Enrique y Teresa, viven su vida y sus pasiones en un paisaje fértil, exuberante, tórrido y tormentoso. Descrito por la Avellaneda con minuciosidad: los pájaros, las plantas, los árboles, los colores y las tormentas son personajes también de la novela. Sab es el buen salvaje, inspirado en las lecturas de Rousseau, el hombre moral que está muy por encima de su condición social y de su destino en la vida. Héroe trágico que es consciente de ser víctima de una injusticia. 

Sab está enamorado de Carlota que está enamorada de Enrique que es amado por Teresa. Todos son una cadena de fatalidad. Socialmente, Sab y Teresa son seres marginales, uno es esclavo y la otra es pobre, ambos excluidos de poder gobernar su destino. Sab y Teresa, precisamente por su grandeza moral no conseguirán la felicidad. Carlota y Enrique, jóvenes, blancos y ricos, sujetos a las normas  y convenciones de lo correcto y adecuado, tampoco conseguirán la felicidad. 

Os recomiendo que la leáis, aunque en algunos momentos es un pelín cursi. No sé cómo encontré la encontré pero leyéndola me he podido enterar de varias cosas sobre la esclavitud: 
  • En 1734 había habido rebeliones de esclavos en Jamaica. 
  • En 1791 las hubo en Haití. 
  • En 1804 Haití proclamó su independencia. 
  • En 1880 se sustituyó la esclavitud en Cuba por un sistema transitorio, el Patronato.
  • En 1886 se abolió el patronato y terminó la esclavitud. 
  • España fue de los últimos países occidentales en abolir la esclavitud. Sólo hace 127 años. 
Mary Wollstonecraft escribió en su Vindicación de los derechos de la mujer, que las mujeres son esclavas y que la esclavitud degrada por igual al amo y al esclavo.

Hay también un cierto paralelismo entre el apoyo de las mujeres a la causa de la antiesclavitud y la que se produce en los siglos XX-XXI, en apoyo de los derechos de los homosexuales. Sin embargo, y lo dejo ahí para reflexionar, siempre he pensado que las mujeres acabamos dando nuestro apoyo a "causas de hombres" o a "causas organizadas por hombres", con el correspondiente sobreesfuerzo y desperdicio de nuestras capacidades. Por supuesto luchar por la igualdad es luchar por los derechos de todos, esclavos y esclavas, gays y lesbianas; así debería ser, pero la visibilidad de la discriminación de las mujeres, en cualquier ámbito social, es todavía menor que la de los hombres y las mujeres deberíamos priorizar nuestros intereses. Algo así decía María Antonietta Macciochi dirigente del Partido Comunista Italiano, cuando en los años 70 se dio cuenta de que las reivindicaciones laborales de las mujeres (distintas de las de los hombres) se iban dejando, sistemáticamente, aparcadas por parte de los dirigentes varones del partido. 



Sab
Gertrudis Gómez de Avellaneda
Editado por Catherine Davies
Manchester University Press

martes, 23 de abril de 2013

Novela: Mygale (Tarántula)


Síntesis.- 
Richard Lafargue es un prestigioso cirujano plástico. Alex es un ladrón que ha matado a un policía y quiere cambiar su cara. Eva vive recluida en la mansión de Richard Lafargue. Vincent relata su historia y su monólogo teje el vínculo entre los tres.

El autor.-
Thierry Jonquet fue un escritor francés de novela negra. Muy influenciado por su anterior trabajo como terapeuta ocupacional en un geriátrico y también como profesor de jóvenes delincuentes en reinserción. Otras obras suyas son: Mémoire en cage, Ad vitam aeternam. Murió en el año 2009.

Mi opinión.- 
Mygale es otra de las sugerencias de nuestro profesor del taller de lectura. Novela negra que se sale del estereotipo tradicional. No había leído nada de este autor, pero sí que había oído hablar de la novela porque Almodóvar la adaptó para La piel que habito, que además acabo de volver a ver hace poco tiempo. Pues como digo, no es novela negra tradicional. Existe delito, hay delincuentes, pero no hay policía ni detectives, ni investigación, ni justicia. Hay morbo, pasiones, confusión, tortura. 

Asistir a un taller de lectura es una buena experiencia. Yo me consideraba una buena lectora, pero la verdad es que después de escuchar las aportaciones de los compañeros, me doy cuenta de muchísimas cosas que se me escapan en las lecturas. 

Jonquet ha conseguido una novela perturbadora pero muy elegante. Con muchos niveles de lectura. Breve y al mismo tiempo muy densa. Desasosegante algunas veces y de escritura bastante escueta, abundando en las frases cortas, sin adornos, como latigazos. Mygale se ha traducido en español como Tarántula; a veces, el lector se convierte en eso, en una araña que con la escasa información que facilita el autor, debe ir tejiendo su tela para ubicar los personajes y la acción. Cuando la estaba leyendo me acordaba constantemente de la máscara que lleva Elena Anaya en la película de Almodóvar, porque sí transmite sensación de asfixia constante.

Podría definirla también como morbosa y más de terror psicológico que de novela negra. No le interesa descubrir al delincuente o que se haga justicia, sólo observar: después de terminar de leer no me queda muy claro, y estoy segura de que ese es el propósito del autor, quién es el delincuente o cuál ha sido el delito más grave. También podría ser una novela de terror gótico actualizada, pero del verdadero terror gótico, de carne y hueso, no de fantasmas. 

Y por supuesto también es una novela de amor. Del deseo y la obsesión por la venganza, nace el deseo y la obsesión del amor. Amor o dependencia sadomasoquista. Richard y Eva son, el uno para el otro, castigo y redención. Eva y Vincent están inseparablemente unidos, disueltos uno en la otra. 

También es una novela muy simbólica, casi en la tradición de la mitología clásica, no sólo por la importancia de la venganza en toda la trama sino también porque Richard Lafargue, el personaje que construye o reconstruye su obra maestra, es un recuerdo de Pigmalión. Su obra, ha nacido de la venganza; y por esto la captura y la encarcela, la mata y la salva, la prostituye y la tortura, la ama y la odia. 

Pero es la sumisión y la capacidad de adaptación del ser humano a las condiciones de vida más monstruosas lo que resulta verdaderamente terrorífico. La reflexión de Vincent y el relato de su cautiverio, sin ninguna emoción, la desintegración de su personalidad, el quebranto de su voluntad, a través del hambre y la sed; su proceso de animalización, parece que va a terminar en “…Un animal que mucho tiempo atrás se había llamado Vincent Moreau”, pero la tortura no para ahí. Será una metamorfosis que durará años, en la que  retorciendo un poco más los hilos de la trama, al final no sabemos quién desempeña qué papel: el carcelero puede acabar siendo víctima y la víctima puede tomar las riendas y convertirse en amo.



Mygale
Thierry Jonquet
Ed. Folio Policier

miércoles, 17 de abril de 2013

Cine: Ana Karenina


El director Joe Wright (Expiación) se está especializando en adaptaciones de grandes obras literarias y en ésta ha contado, como guionista, con Tom Stoppard (Parade’s End). Ha sido muy criticado porque, violentando deliberadamente el carácter realista de la novela, la ha situado en ese espacio teatral que tan buen resultado tiene visualmente. 

La propuesta visual hace que el texto pierda protagonismo, de eso se trata ¿no? Una adaptación debe priorizar el lenguaje que esté utilizando, en este caso el cinematográfico-teatral; si fuese una adaptación en ópera, se primaría la expresión de los sentimientos a través de la música. Aquel que quiera una adaptación absolutamente fiel, debería recurrir a leer la novela. 

La puesta en escena es muy impactante. Para mí, novedosa. Los personajes se deslizan por el “teatro de la vida”, con cambios de escenario, movimientos constantes y el vértigo de las pasiones; una vida burguesa amable y superflua, llena de delicadeza y vacío. La sucesión rápida de imágenes del principio se va ralentizando a medida que se consolida el drama. Me ha recordado a veces el “Moulin Rouge” de Baz Luhrmann. 

Cuando leí la novela, hace tiempo, Karenin me pareció un personaje odioso y Ana y Vronski, el colmo del romanticismo. Ahora Ana me parece una palurda emocional. Ese tipo de mujer que no ha vivido nada, que nunca ha sido responsable de su vida y a la que cualquier patán-pijo le parece la encarnación de la pasión más ardiente. En fin, de esas mujeres a las que las novelas románticas les causan el mismo efecto que a don Quijote las novelas de caballería. 

Una cosa que no me ha gustado de la peli es la poca “química” entre Keira Knightley (Ana) y Aaron Taylor-Johnson que interpreta, muy bien, al Conde Vronski y que es un actor al que yo no conocía. Stoppard y Wright se han propuesto conseguir que Alexei Vronski sea un petimetre, un caballerete con pelillos en el bigote, pijo, inmaduro y poca cosa más. Sin embargo, Alexei Karenin (magistral Jude Law), es un personaje sólido, doliente y contenido, que ama profundamente a Ana, como se ve en la escena final de la película, y que también vive sometido a la parálisis emocional que exige la alta burguesía.

Tolstoi no trataba sólo de contar las historias de amor, adulterio e hipocresía de una clase social ociosa, también trataba de ofrecer la alternativa de otro tipo de vida en teoría más verdadera. Una vida plena en el campo, alejada de la oscuridad y de las intrigas mundanas de la burguesía; “bendecida” por la claridad de la luz del sol. Es la vida de Konstantin y Kitty, muy parecida a la que el mismo Tolstoi llevó. Este contraste de oscuridad y luz, opresión y libertad, se resuelve perfectamente en la fotografía de Seamus McGarvey e incluso en el diseño de vestuario de los personajes: Ana y Karenin están asfixiados por su ropa.

También Konstantin y Vronski parecen el mismo personaje pero que ha evolucionado en el tiempo. Konstantin Lyovin es el terrateniente compasivo con sus siervos; sufre el amor y el rechazo y eso le transforma. Podemos tener fe en que el inmaduro Vronski llegará a ser Konstantin. Ambos contienen un tono autobiográfico: también Tolstoi fue un terrateniente que heredó una fortuna, participó en la guerra contra Turquía y llevó una vida “alegre”, empapada en alcohol y juego, hasta que sufrió una crisis personal profunda, crisis filosófico-político-religiosa, de la que salió triunfante. 

Y lo último ya, insistir, como hago casi siempre, en las diferentes consecuencias que transgredir las normas tiene para hombres y mujeres. El conde Vronski sigue con su vida, no es despreciado por su familia ni por sus amigos. Incluso su madre dice que forma parte de la educación sentimental de un joven, una aventura con una mujer casada, siempre que sea discreta. Pero para Ana las cosas son diferentes. 



miércoles, 10 de abril de 2013

Cine: El molino y la cruz


Fui a ver El molino y la Cruz (en algunos sitios la he visto titulada El molino del tiempo), una película rodada en el año 2011, por Lech Majeswki. Se sale de lo normal, no sabría si calificarla de documental de ficción, aunque más parece una obra de videoarte; para mí es una auténtica joya.

Al principio se hace difícil de seguir, apenas tiene diálogos, lo que no quiere decir que no tenga argumento. En realidad es una pintura flamenca sólo que realizada en el siglo XXI, con todos los avances que las técnicas digitales pueden ofrecer. Es una recreación pausada, donde se entremezclan dos situaciones: la vida cotidiana de los campesinos y el camino al calvario de Cristo. Dos situaciones temporalmente separadas por siglos, pero que coexisten en el mismo paisaje.

Camino del Calvario de Pieter Brueghel el Viejo (1564)

Basada en el libro del mismo título de Michael Francis Gibson que es un análisis del cuadro de Pieter Brueghel el Viejo, Camino del Calvario, pintado bajo la ocupación española de Flandes (1564).

El director Lech Majewski y el escritor M.F. Gibson han elegido algunos personajes del cuadro para enseñarnos su vida: unos leñadores en el bosque, una mujer amasando pan, un músico estrafalario. También Brueghel (Rutger Hauer) aparece en la película explicando cómo y por qué va a realizar la pintura. Personajes destacados son el molino, en lo alto de una montaña, como una rueda de la vida, y el molinero como el amo/dios del universo, escrutando desde lo alto la vida de los demás, capaz de detener el tiempo. Si el molino se para, se para el mundo.

Además de estos personajes populares, tal y como ocurría en la pintura original, el autor sitúa en la parte central de este paisaje europeo, a Cristo camino del calvario, rodeado de los temidos “túnicas rojas”, milicias mercenarias al servicio del rey de España. Así Majewski, a través de los personajes de Brueghel y Jonghelinck (Michael York), incluye una reflexión sobre la ocupación de un ejército extranjero y la política de limpieza “religiosa”: vemos como un campesino que se dirigía a vender su vaca en el mercado es apaleado y ajusticiado por la milicia española, sin que sepamos por qué, y también cómo una mujer, que podemos suponer transgresora de cualquier norma establecida por cualquier patriarcado, es enterrada viva. 

En otra escena de la película, es la madre del ajusticiado (Charlotte Rampling) quien reflexiona a la puerta de su casa. No entiende por qué ahora su hijo resulta ser una amenaza social, cuando hace apenas unos días la gente le escuchaba y le entendía. Es una imagen verdaderamente conmovedora. Hay un detalle en el cuadro que me ha impresionado mucho, los “túnicas rojas” atraviesan toda la parte central, como un rosario de sangre que encamina a los personajes hacia la ejecución de Cristo en el calvario. 

Se puede criticar un cierto estatismo de los personajes, a veces filmados como “retratos en paisaje”, siguiendo la tradición de la pintura flamenca, pero visualmente resulta espectacular.

Una escena de la película

He leído un poco cómo el director ha hecho la película en capas: la primera, los personajes filmados en un chroma, después el paisaje real y la última capa es una copia del cuadro original que, creo, ha pintado el mismo director. Majeswki también ha intervenido en la producción, el guion, la fotografía y la composición de la banda sonora. Majewski es todo un artista del Renacimiento en el siglo XXI.






Rutger Hauer (Blade Runner, Lady Halcón)
Charlotte Rampling (Portero de noche)
Michael York (Austin Powers)
Lech Majeswki director, productor, guionista, director de fotografía y compositor de la banda sonora.

martes, 12 de marzo de 2013

Novela: Ce que le jour doit à la nuit (Lo que el día debe a la noche)


Sinopsis.-
Younes/Jonás, anciano argelino, repasa su vida. Desde la infancia en un entorno rural, áspero y poco gratificante, a su vida en la ciudad. Primero, en la periferia mísera de los inmigrantes llegados del campo devastado y después, adoptado por su tío, en una zona aburguesada y colonial. La vida le irá llevando alternativamente hacia cada uno de los dos bandos. 

El autor.- 
Yasmina Khadra es un pseudónimo. El autor lo eligió para pasar totalmente desapercibido en su vida normal y tener así libertad absoluta para poder escribir, sin censura y sin autocensura. Además, es un nombre de mujer que en árabe significa “jazmín verde”; es el segundo nombre de su esposa. En realidad su nombre es Mohammed Moulessehoul; fue comandante del ejército argelino y actualmente vive en Francia dedicado a la literatura. Otras obras suyas son El atentado y la Trilogía de Argel

Mi opinión.-
De Yasmina Khadra había leído la Trilogía de Argel, compuesta por Morituri, El otoño de las quimeras y Doble blanco, que responde al canon de novela negra clásica, y me había gustado mucho. En este libro, sin embargo, no he acabado de sintonizar con el autor. A pesar de que, desde luego, mantiene la calidad literaria, un lenguaje poético y de constante evocación y nostalgia, no me ha llegado a emocionar.

La historia del protagonista se desarrolla desde los años 30 a 60 del siglo XX: desde la miseria de un entorno rural antes rico, hasta los arrabales habitados por inmigrantes que buscan sobrevivir; desde el colonialismo “feliz”, a la rebelión y la guerra contra la metrópoli. Todo de una forma muy sutil (a veces excesivamente ligera) porque a pesar de vivir períodos históricos tan intensos, el protagonista nunca toma partido. 

El personaje central, Younes/Jonás, me ha resultado absolutamente antipático por su pasividad. Puede ser que, al tratarse de los recuerdos de un anciano, el autor haya optado por la ensoñación del pasado, pero para mí existe tal desapasionamiento que da la sensación de que Younes/Jonás, no ha vivido su vida y que tampoco se arrepiente de ello. 

De una manera totalmente lineal, nos va contando cómo los demás son los encargados de situarle en un sitio o en otro. Siempre, los otros: su padre, su tío, sus amigos, sus posibles novias, son quienes deciden por él. Su padre, abrumado por la miseria y la desesperanza, le deja en manos de su tío y abandona al resto de la familia (esposa e hija sordomuda); su tío, le educa en un ambiente liberal, culto y tolerante y le proporciona una vida cómoda, asimilada a la de los jóvenes occidentales descendientes de colonos; sus amigos de origen europeo, le consideran uno de ellos; los sirvientes de éstos, le recuerdan su origen musulmán. 

Él nunca se define y podríamos pensar que es porque quiere pertenecer a ambos mundos y mantener al mismo tiempo, como complementarias, sus dos identidades. Pero no, su falta de definición es apatía o indiferencia, pasividad o cobardía; dejarse llevar por la corriente que en el momento es mayoritaria y sin tomar nunca las riendas de su vida.

Dice el autor en una entrevista que ha querido escribir una epopeya de la Argelia del siglo XX, con sus contradicciones y su violencia; con todas sus influencias, norteafricana y occidental (no sólo francesa, también española). De toda esa diversidad que durante un tiempo al menos, aparentemente, supo convivir y ser fértil; pero que también ocultaba corrientes de miseria, pobreza y desesperación que terminaron por estallar. Sin embargo, no ha sido muy detallista a la hora de describir estos estallidos. Pasa por el ambiente de violencia previo a la guerra, sin juzgar ni la agresividad del régimen colonial, ni la agresiva respuesta de los que llegan a ser extranjeros en su propia tierra. 

Respecto a la historia de amor, pues es bastante evidente y trillada. Émilie es una joven de origen francés, hija de una viuda rica, con unos ojos profundos y de una intensidad cercana a la tristeza, a la que todos desean enamorar; ella tiene claro que su elegido es Jonás, pero… Es una historia de amor frustrada por un motivo que puede resultar un poco trivial. Al final yo sigo pensando que es la propia pasividad del protagonista la que malogra la historia de amor.

Younes/Jonás tiene la suerte de haber nacido hombre y guapo, las dos únicas razones por las que su padre le da en adopción; son ventajas que le suponen una vida diferente y mejor que la de su hermana menor sordomuda. Pero él no ha sabido valorar la suerte que ha tenido en la vida. 

¿Querría el autor escribir una novela sobre el triste destino de una niña sordomuda y pobre abandonada por su padre en la Argelia de los años 30? Creo que no. 


Ce que le jour doit à la nuit
Ed. Julliard. Pocket

lunes, 4 de marzo de 2013

Novela: La vida es un tango


Sinopsis.- 
En los años 90, en un barrio marginal de Santa Clara, ciudad de Cuba, Leo Martín se enfrenta a la resolución de un caso de contrabando de gafas de mujer.

El autor.- 
Lorenzo Lunar también nació en Santa Clara como su protagonista. Es escritor, crítico literario y cantante de boleros, no sé si aficionado o profesional. También regenta una librería de viejo, La Piedra Lunar. Otras de sus novelas son: Échame a mí la culpa y Que en vez de infierno encuentres gloria (II Premio Novelpol, I Premio Brigada 21 y mención especial del Jurado del Premio Internacional Dashiell Hammet).

Mi opinión.- 
Esta es la primera novela negra que leo ambientada en un país caribeño y comunista, en Cuba. Antes de empezar a leerla, pensé que el hecho de que fuese un país comunista le daría algunos toques diferentes; al terminarla no estoy tan segura.

En lo que respecta al personaje principal se corresponde perfectamente con el héroe de novela negra: desesperanzado, solitario, honesto, con un punto cínico y problemas de relación con las mujeres. Leo Martín ha nacido y crecido en una barriada marginal de Santa Clara, donde sigue viviendo y donde ejerce su profesión de policía. Ha estado casado, tiene algunas novias y exnovias y una hija pequeña a la que apenas ve.

La novela está escrita en primera persona y desde la inmediatez del presente, Leo nos hace partícipes de su vida, enlazando con algunas situaciones del pasado que siguen teniendo repercusión. Abre espacio así para la nostalgia. Leo va andando por las calles del barrio, saludando a unos vecinos, amenazando a otros y de todo ello somos testigos como si estuviéramos dentro de la escena; conocemos a los delincuentes por su mote y sabemos sus historias por lo que Leo nos dice, nos cuenta. En realidad no estamos leyendo la novela, Leo nos la está contando o incluso cantando. Nos invita a pasear por ese barrio monstruoso, donde los hombres pueden elegir entre ser delincuentes o ser policías y donde las mujeres no tienen elección. Siendo niñas o en su primera adolescencia su padre, padrastro o cualquier otro varón cercano, las empuja a ser putas. Putas del barrio, supervivientes, o jineteras en la capital, cobrando en dólares y siendo el orgullo de sus familias.

Es curioso que durante toda la novela las mujeres sólo aparezcan como putas o madres y a veces las dos cosas. No hay mujeres policías, ni funcionarias, ni mujeres delincuentes o traficantes de droga. Y por eso no sorprende que la única relación que establezcan con los hombres sea genital, no sexual ni mucho menos amorosa, sólo genital. 

La madre de Leo le trata como a un niño: le lava la ropa, le hace la comida, le da consejos y hasta le prepara el baño; parece que ni el comunismo puede con esas madres edípicas que consideran a sus hijos eternos Peter Pan.

La exmujer de Leo le ha sobrepasado ampliamente en estudios y en ambición y le ha sustituido por otro macho mejor posicionado en la escala de poder. 

Las novias y exnovias de Leo no son lo que él querría. La hija de Leo, niña todavía, pasa más tiempo con su padrastro que con él.

Esa es la vida que Leo nos cuenta y nos llora. Todo eso y el tráfico de drogas, el contrabando, el exilio clandestino, la prostitución, el desencanto, los abusos, las corruptelas, la escasez, la pobreza. El tejido habitual de una novela negra en el mundo capitalista. Y en el comunista también.

Respecto al estilo narrativo, es muy destacable la musicalidad del texto. Las repeticiones insistentes de frases cortas durante todo el texto le dan cadencia y ritmo. Pero es todavía más, es el estribillo de la fatalidad; como si la vida fuese una canción, no en vano el autor es un apasionado de los boleros y además en la novela la vida es un tango. Sórdido tango arrabalero, de la marginalidad y del desencanto, pero con el calor, la luz y los olores del Caribe. Os recomiendo que la leáis; es un universo de personajes en lucha por la supervivencia.

“Son la tres de la tarde y Mayita pasa frente a mí.
Mayita, con sus ojos verdes y su pelo rubio. Metida en esa lycra que parece que va a reventar la tela.
Mayita, con su olor a perfume de violetas y a champú de fresas y a jabón de melocotón. Mayita que es un mango maduro.”




La vida es un tango 
Lorenzo Lunar
Ed. Alumuzara