jueves, 10 de julio de 2014

Exposición Fotografía: Historia. Miradas de Artistas. PhotoEspaña 2014

La segunda exposición de PhotoEspaña 2014 en el Centro de Historias de Zaragoza, se llama Historia. Miradas de artistas. Ocho artistas a través de la fotografía y el vídeo se acercan a acontecimientos históricos, principalmente conflictos violentos más o menos recientes, y recrean la historia. Creo que no tratan de entenderla o de explicarla sino sólo de documentarla, de que no caiga en el olvido.

Eric Baudelaire es uno de ellos. Sólo se expone una de sus fotografías, The dreadful details de 2006, en la que reconstruye en un estudio de cine hollywoodiense una escena de la invasión de Irak, por parte del ejército estadounidense. Esta imagen creó una gran polémica porque se presentó en un festival dedicado al fotoperiodismo. Pero para Baudelaire, su trabajo es una reflexión sobre la construcción de la realidad. Sus críticos dijeron que debemos considerar una fotografía como un documento y si consideramos que un documento debe ser fiel a la realidad, qué sentido tiene crear en el siglo XXI una especie de “tableau vivant”, una puesta en escena, con actores representando a militares y a víctimas, en definitiva un documento ficticio. Yo creo que el sentido que el autor quería darle era hacernos dudar; cuestionar siempre aquello que se nos presenta como real.

The dreadful details

Otro fotógrafo que me impactó fuertemente ha sido Eduardo Nave, con su trabajo A la hora, en el lugar. Son varias fotografías, de diferentes sitios que no destacan por su belleza, tomadas a distintas horas del día. Paisajes nocturnos, paisajes urbanos, bosques, carreteras. Vistas sólo así, resultan inquietantes por su aparente inconexión. Pero cuando lees las cartelas de cada foto, entiendes por qué resultan tan inquietantes. A esa misma hora, en ese mismo lugar, murieron algunas de las víctimas de atentados de ETA. En una conferencia del autor él explica el laborioso proceso de documentación de cada atentando y subraya la diferencia entre las muertes en los años 80, los años de plomo y los 90. En los años 1980 las muertes eran tan frecuentes, más de 100 muertes al año,  que apenas dejaban rastro en la prensa; en los 1990, ya era diferente. Aquí se puede ver el trabajo completo:  www.alahoraenellugar.com
21.30 h. 12 de febrero de 1983 Calle Andía. Joaquina Patricia Llanillo Borbolla

Cristina Lucas, es una videoartista. La liberté raisonnée, 2009. Parte de una recreación de La libertad guiando al pueblo de Delacroix. La libertad en movimiento. Una reflexión sobre el destino fatal que tiene siempre la libertad, incidiendo además en su representación a través de una mujer, desnuda, desprotegida, brutalmente asesinada por los camaradas que deberían defenderla. No deja de ser un símbolo de la (ausencia de) libertad de las mujeres en los tiempos de Gallardón. 



PhotoEspaña 2014: Historia. Miradas de artistas.
Centro de Historias
Plaza San Agustín 2, Zaragoza
Hasta el 24 de agosto

jueves, 26 de junio de 2014

Danza: Luna de Oriente

La danza oriental, raks sharquí, es lo que aquí llamamos danza del vientre. Esta denominación de danza del vientre se hizo popular a partir de la exposición Universal de París de 1889, donde se recreó una calle de El Cairo incluyendo sus danzas callejeras. Bailarinas que ejecutaban, casi desnudas, movimientos considerados procaces y muy distintos a los de la danza clásica europea. Fue todo un escándalo. A mí me gusta más llamarla danza oriental. Por dos razones: primera, no se sabe exactamente dónde está su origen, pero en el Mediterráneo Oriental seguro y segunda, en la danza oriental no se sólo se mueven el vientre y la cadera.

Por lo que respecta a su origen, por supuesto es un baile popular. No está muy claro si es una danza egipcia o turca. Ambos países se disputan ser su lugar de nacimiento. Desde luego, es una danza mediterránea, de mujeres y según la tendencia más mística, ligada a ritos de fertilidad. Se supone que en el pasado más remoto de la humanidad, existieron matriarcados y sociedades de mujeres más tarde aplastadas y sustituidas por cultos masculinos. No hay evidencia científica de que haya sido así, pero los partidarios de esta teoría afirman que subsistieron cultos a la Diosa Madre de los que la danza oriental sería una muestra.

Yo no soy nada mística en este aspecto. Bailar es bailar y nada más. Cuando estuve en Alepo (Siria), hace unos años, fui a un hammam. [Hago un paréntesis para decir que es una vergüenza cómo se está comportando la comunidad internacional con el pueblo sirio, masacrado desde hace años, sin que pueda arbitrarse de ninguna manera un alto al fuego. Vergonzoso]. Bueno, pues en Alepo estuve pasando una tarde en un hammam, que no sólo es para darse baños, es también un lugar de relación y ocio. Allí, en el salón del hammam, había un grupo de mujeres jóvenes y adultas, supongo que familiares y amigas, comiendo pasteles, riendo y bailando. Celebraban algo para ellas mismas y bailaban aisladas del mundo.

Es decir que la danza oriental no es sólo un espectáculo. Es diversión. Bailar es pasárselo bien. Pero es una danza por y para mujeres. Me gustó mucho ver a esas mujeres bailando para ellas mismas. Porque la cadera de la Diosa cuando danza hace girar al mundo.

Y respecto a cómo es la danza en sí. Hay que perderse en los movimientos ondulantes. Son profundamente armónicos, continuos, fluidos, pero a la vez separados, segmentados. Es una danza muy especial, difícil de practicar y desde luego de dominar. No sólo implica mover la cadera. Los brazos, los hombros y las manos son muy importantes, también. La sonrisa, los guiños y la picardía de la bailarina son la guinda de la danza.

Este año me decidí a empezar a practicarla y ha sido una experiencia que pienso continuar. Como parte del final de curso (de mi grupo y de otros), la profesora, Irene Arroyo, decidió montar un espectáculo: Luna de Oriente. Que espero que durante el verano repita en algún sitio.

Muy bonito, muy cuidado, presentado con mucho cariño, pasión e ilusión. Una mezcla de diferentes estilos: flamenco fusión, danza oriental, bollywood, con coreografías más clásicas y otras rompedoras. Aquí os dejo una muestra. 

domingo, 22 de junio de 2014

Exposición Fotografía: Testigos de las revoluciones árabes. PhotoEspaña 2014

Este año en el Centro de Historias de Zaragoza, hay dos exposiciones pertenecientes a PhotoEspaña 2014: Testigos de las Revoluciones Árabes e Historia. Miradas de Artistas.

La primera de ellas, Testigos de las Revoluciones Árabes, es una muestra de fotoperiodismo clásico en situación de conflicto. Imágenes impactantes, en blanco y negro, icónicas. Son fotografías destinadas a documentar, a mostrar la realidad sin intervenir en ella, si eso fuera posible. Pero pocas de ellas lo consiguen.

Dos fotógrafos me han interesado especialmente: Manu Brabo y Maysun.

Manu Brabo lleva años trabajando como fotógrafo freelance para diversas ONG. Ha cubierto catástrofes, levantamientos, revoluciones y conflictos de todo tipo. Ganó el premio Pulitzer en 2013. En esta exposición se incluyen fotografías del conflicto en Siria, especialmente de Alepo. No conozco suficientemente la situación de la guerra en Siria, pero Alepo es una ciudad estratégica y por esto los combates son especialmente intensos allí. Existe una amplia comunidad cristiana, no sé si esto influirá también. Recuerdo cuando estuve allí que fui a tres misas en un día: una católica, otra grecoortodoxa y otra armenia.

Era una ciudad preciosa, con un zoco cubierto medieval y grandes caravasares. La ciudad vieja es Patrimonio de la Humanidad desde 1986, parte de ella ha sido destruida por la guerra.

He leído en alguna entrevista suya que es partidario de hacer fotos desde muy cerca, porque si no es como si no se estuviera allí. Bastante distancia pone ya el objetivo de la cámara. No es tampoco partidario de ver su trabajo con romanticismo, sólo es un oficio, un puto oficio que deja constancia breve en nuestras acomodadas retinas occidentales de horrores lentos y duraderos en países no tan lejanos.

Fotografía de Manu Brabo

Maysun también es una fotógrafa freelance especializada en Próximo Oriente. Para ella el periodismo debe ser una forma de compromiso ético, de ser responsable con el mundo que nos toca vivir. Su origen palestino es fuente de este compromiso vital. También es pintora.

Sus fotografías expuestas aquí tratan de documentar la vida de las mujeres egipcias durante el conflicto, y su lucha por conseguir más derechos y poder dentro de su sociedad. Son mujeres que lloran, que gritan pero que no se rinden. Según Amnistía Internacional desde febrero de 2011 a hasta junio de 2012, las activistas fueron objeto de violencia sexual por parte del ejército y de la política no registrada hasta entonces. Pruebas de virginidad obligatorias. En noviembre de 2012, con el gobierno Morsi, también se denunciaron atrocidades contra mujeres manifestantes en la plaza Tahrir. Las cosas no cambian o cambian muy despacio para las mujeres egipcias. Pero aquí queda el testimonio de Maysun. Actualmente está trabajando en Ucrania. 

Fotografía de Maysun
PhotoEspaña 2014: Testigos de las Revoluciones Árabes
Centro de Historias
Plaza San Agustín 2, Zaragoza
Hasta el 20 de julio 

jueves, 19 de junio de 2014

Cine: The Invisible Woman de Ralph Fiennes

La mujer invisible está basada en la biografía novelada de Nelly Ternan, amante clandestina de Charles Dickens, escrita por Claire Tomalin. Es el segundo trabajo como director de Ralph Fiennes, y donde también interpreta el papel de Dickens, aunque ha dado mucha más importancia al punto de vista de Nelly.

Desde la primera escena, vemos una mujer joven y vigorosa, asfixiada. Una mujer diminuta, vista desde lejos, paseando con paso enérgico por una playa. Después sabemos que han pasado varios años desde la muerte de Dickens, pero todavía continúa sufriendo.

Nelly conoció a Dickens de 45 años, cuando apenas tenía 18. Él estaba casado y tenía 10 hijos. Ella era una actriz, no muy buena, la hija pequeña de una respetable familia de actrices (su madre y sus dos hermanas). La madre (Kristin Scott-Thomas) vivía preocupada por ella, porque consideraba que no tenía suficiente talento para el teatro. No tenían mucho dinero, ni un hombre que velase por ellas. Por esto, la opción de que la hija pequeña se convirtiese en la amante de un hombre rico y famoso era digna de consideración. En la película esto está muy bien tratado, no resulta sórdido. Es una elección pragmática que, en cierta manera, su familia toma por ella.

Pero ella, a pesar del amor que sentía por Dickens, tuvo que aceptar como una imposición, la clandestinidad. Y es algo que mucho tiempo después seguía pesándole como una losa. Sólo, bastantes años tras la muerte de Dickens, felizmente casada por segunda vez y con hijos, cuando ¡por fin! confiesa su amor y su relación, sólo entonces puede volver a respirar.

Han pasado más de un siglo de aquello y ahora se le da visibilidad a esta mujer invisible. Claire Tomalin, en una entrevista, describe cómo fue el proceso de escribir este libro. No pudo recurrir a documentos de los protagonistas de la historia, puesto que Dickens, quiso preservar su imagen y le ordenó a Nelly que quemase todas sus cartas. Existen referencias a Nelly en algún documento de los hijos de Dickens y otras referencias indirectas. Pero ambos fueron muy cuidadosos en no dejar huellas de su vida. Pudor, vergüenza o discreción. En cualquier caso, asfixia.

Felicity Jones interpreta a Nelly y ha sido capaz de transmitir esa sensación de ahogo contenido que vivieron (y viven) muchas mujeres maniatadas y amordazadas por las buenas costumbres y las buenas maneras de muchos hombres hipócritas y de doble moral. Para las mujeres la situación de adulterio era un suicidio social; para los hombres, diversión.

Dickens también fue ese hombre de doble moral. Se separó de su esposa, pero sin embargo no quiso divorciarse para casarse con Nelly. En la película se le presenta como un niño grande, divertido, jovial, lleno de vida y de entusiasmo por todo. Yo creo que, en el apogeo de su fama y riqueza, podría haber sido más crítico con las morales hipócritas, pero no quiso o no se atrevió a serlo. 


Director: Ralph Fiennes
Intérpretes: Ralph Fiennes, Felicity Jones, Kristin Scott-Thomas
Música: Illan Eshkeri
Fotografía: Rob Hardy

jueves, 12 de junio de 2014

Cine: El Ángel Exterminador de Luis Buñuel

Varios personajes, representantes de la alta burguesía mexicana, sin ninguna causa aparente, se quedan atrapados en el salón de una gran casa. Han sido invitados a cenar a casa de los Nóbile después de una representación de ópera, pero terminada la cena son incapaces de salir de la habitación. Algunos se conocen, otros son nuevos en ese ambiente; hay unos hermanos incestuosos, una pareja de enamorados, otros adúlteros, una enferma terminal enamorada de su médico, otro invitado que morirá en la casa.

Unos caballeros y señoras muy peripuestos, pero que sin embargo tendrán que habilitar un armario como retrete, sin perder la compostura. Pasarán días y días. Se agotará la comida y no tendrán ni siquiera agua para beber. Se dedicarán al chismorreo y a la supervivencia, sufrirán alucinaciones y también llegará el momento en que se pongan violentos y busquen un chivo expiatorio para romper el maleficio. Ese es el punto de partida de toda la angustia de la película. Algo desconocido y absurdo que les impide salir.

Luis Buñuel dirigió El Ángel Exterminador en el año 1962, cuando estaba viviendo su exilio en México. Buñuel había estudiado con los jesuitas en Zaragoza y siempre arrastró un gran sentido de la culpa y el pecado. No podía concebir la existencia de un Dios bueno y omnipotente, teniendo en cuenta la existencia del mal en el mundo. Le parecía que si Dios podía consentir las maldades del mundo debía ser por su carácter esencialmente sádico. Era muy avanzado intelectualmente, pero sin embargo tenía un sentido muy anticuado de la religión. Contradicciones humanas.

En esta película es dónde menos se nota su anticlericalismo; tampoco es una crítica social o política porque el autor no ofrece alternativas de redención a los personajes. Es una película más surrealista; entendiendo que el surrealismo no debe ser simbólico ni crítico. Por estar conectado con el mundo de los sueños y del subconsciente está abierto a la interpretación subjetiva de cada cual.

Yo creo que más que una crítica a una clase concreta es una crítica esperpéntica al gregarismo humano. En este caso, ha señalado como objetivo la alta burguesía, pero lo que critica no es su riqueza o su esnobismo. Sitúa en la acción a personas, de una u otra condición, burgueses o criados, que se sienten obligados a hacer o dejar de hacer cosas sin saber por qué. Rutina, inercia, adoctrinamiento. Pero no tienen la más mínima intención de averiguar sus razones.

Por eso, los corderos aparecen durante toda la película y por eso también el director incluye repeticiones de varias escenas (que en algunas copias se consideraron un error y que fueron suprimidas). Pero él las incluyó conscientemente, porque la vida es repetitiva y absurda. Y las repeticiones no tienen otro objeto que resaltar nuestro carácter borreguil.

Desde este punto de vista, Buñuel estaría contento de ver a tanta gente pensar en los significados de una película, cuando él mismo no se había propuesto darle ninguno, sino que cada espectador debía pensar lo que quisiera, sin tener miedo a imaginar. Para él cualquier interpretación personal de la película sería coherente.

Creo que esa era su intención. Que los espectadores nos demos cuenta de lo borreguiles que somos. Y reírse de nosotros porque estamos haciendo cábalas sobre los significados ocultos de la película. A ver si acabamos dándonos cuenta de que El Ángel Exterminador no existe.


Director: Luis Buñuel
Guion: Luis Buñuel y Luis Alcoriza
Fotografía: Gabriel Figueroa

Intérpretes: Silvia Pinal, Claudio Brook, Enrique Rambal, José Baviera, Augusto Benedico.

jueves, 29 de mayo de 2014

Cine: Uno, dos, tres de Billy Wilder

Espléndida comedia de Billy Wilder. Ácida, luminosa, frenética. Si parpadeas seguro que te pierdes un gag. El guion lanza dardos hacia todos y hacia todo en diálogos vivaces y rápidos. La palabrería del buen vendedor. También fue escrito por Billy Wilder y en él hizo gala de su independencia inquebrantable, de su escepticismo frente a toda ideología y de estar un poco de vuelta de todo.

Aunque relativamente pronto empezó a ser considerada una obra maestra, mucho tuvieron que cambiar las cosas porque al principio no fue bien recibida. Se la consideró obscena por reírse de una situación tan dramática como la guerra fría y el muro que dividió Berlín y al resto de Europa. Difícil entender para las generaciones actuales que vivimos en la Unión Europa de dónde venía aquella división. Ahora ya sólo es historia.

Por esta mala acogida, sólo fue candidata al Oscar a la mejor fotografía. Imperdonable. No quiero quitarle mérito a la fotografía que es clara, expositiva,  al servicio de los personajes y la comicidad. Escenas desarrolladas con increíble rapidez, perfectamente coreografiadas y con el ritmo marcado por los chasquidos de MacNamara y los taconazos de Schlemmer, su asistente.

La trama es típica de la comedia extravagante americana. El señor MacNamara, delegado de Coca-Cola en Berlín, recibe el encargo de cuidar de la hija casquivana y enamoradiza de su jefe, ferviente anticomunista, durante su corta estancia en la ciudad. Después de para más tiempo allí del inicialmente previsto, Scarlett se enamora, se casa y se embaraza, de un prometedor revolucionario comunista de la Alemania Oriental. MacNamara tendrá que arreglar todo el entuerto antes de que el padre de Scarlett aparezca por Berlín. A la velocidad de … uno, dos, tres.

Ninguno de los personajes tiene desperdicio. Encarnan a la perfección cada uno de los arquetipos. El ejecutivo americano, resolutivo, ambicioso y hecho a sí mismo, al que nada se le pone por delante. Capaz de hacer un roto para un descosido y aferrado a sus sueños de ascenso y próximo destino Londres (simbolizado con el paraguas que nunca suelta). Su pragmática, inteligente y mordaz esposa. Una secretaria amante, rubia y tonta, a la que MacNamara no duda en considerar mercancía para intercambio con el enemigo. Los tres representantes de Moscú que casualmente guardan cierto parecido con otros tantos héroes de la revolución soviética. Y los alemanes derrotados, antes nazis ahora demócratas, siempre obedientes, obcecados en cumplir lo que les han dicho que es su deber.

No me extraña que Hollywood la recibiera tan mal, porque no deja títere con cabeza. Se ríe del capitalismo, del tío Sam y de sus símbolos, de la obsesión por conquistar mercados (en lugar de países); pero también tiene puyas para el comunismo y la hipocresía de sus dirigentes, que acaban vendiéndose por cuatro duros (o dólares).

Siendo Billy Wilder judío, y con parte de su familia asesinada en los campos de concentración nazis, tampoco se entendía cómo podía frivolizar con el pasado nazi de algunos de sus personajes. Schlemmer, estereotipo de alemán eficiente y obediente, es el asistente de MacNamara que acabará travestido en secretaría “sexy”. Creo que la idea de disfrazar a Schlemmer no es gratuita. Así Wilder, se mofa de la capacidad de disimulo e hipocresía de algunos “desmemoriados” nazis, que no recuerdan quién fue Hitler.


Es cualidad de un maestro que en esta crítica punzante de la sociedad no haya ni una pizca de amargura. 


Dirección: Billy Wilder
Guion: Billy Wilder y A.L. Diamond
Intérpretes: James Cagney (MacNamara); Arlene Francis (Sra. MacNamara); Hans Lothar (Schlemmer) 

viernes, 23 de mayo de 2014

Cine: El Sur de Víctor Erice

El Sur es uno de los tres largometrajes realizados por Víctor Erice. Un director que es una excepción en el panorama nacional. De poco éxito comercial pero muy valorado por determinado público y crítica. 

Está basada en la novela del mismo título escrita por Adelaida García Morales. En realidad iba a ser una serie para Televisión Española de tres capítulos, pero se terminó la financiación. La parte que se había rodado se presentó a varios festivales (Cannes, Burdeos, Chicago) y para su desgracia tuvo mucho éxito. Así, el productor no consideró oportuno continuarla y se quedó en largometraje. El resultado es precioso, pero Víctor Erice siempre la ha considerado una obra inacabada. En la parte que falta, la protagonista se traslada al sur y consigue encajar las piezas del secreto que guarda su familia.

En esta película el autor se “recrea en la pintura de las escenas”. Porque ese es el tratamiento que hace de la imagen; Erice pinta las escenas iluminándolas poco a poco. Así lo hace al principio de la película, cuando el amanecer lentamente va silueteando el dormitorio y la figura de la protagonista. Película heredera de la pintura del barroco. Poema audiovisual o cine pictórico, tanto da.

La voz en off, claramente, da el tono de la evocación y la ensoñación del pasado. Es una película de crecimiento, del paso de la infancia a la adolescencia. Estrella vive fascinada por su padre aunque no le entiende y quizá es esto lo que más le atrae, el hombre misterioso, rebelde, amable y triste. Vive en una ciudad del norte de España y está acostumbrada a hacer las preguntas y a recibir las respuestas en voz baja, aunque viva en un caserón a las afueras y nadie puede oírles. Son los tiempos duros de la posguerra, los años 50. 

En ese ambiente frío de silencios, cuchicheos y medias voces, descubre cosas sobre su padre que no sabe entender y que harán que se vaya alejando de él. En el viaje de la infancia a la adolescencia se mezclan la curiosidad, los secretos de los adultos, la confusión del crecimiento, el abandono de la hija y la muerte del padre. A la fascinación de la niña por su padre le sigue la indiferencia y cierta crueldad de la adolescente que no comprende. La adulta, la narradora en off en la película, será capaz de entender y perdonar. 

Hay momentos en la película de luz y alegría (el baile el día de su primera comunión), otros de esperanza y sorpresa (cuando el padre aparece en la iglesia) y otros de dolor que presagia el abandono (la comida en el restaurante), que sincronizan perfectamente imagen y narración, color y emociones. Es una película muy elaborada, muy pensada y hecha a fuego lento. Para disfrutar de la melancolía y del cine clásico. 


Dirección y guion de Víctor Erice
Fotografía de José Luis Alcaíne
Intérpretes: Omero Antonutti, Sonsoles Aranguren e Icíar Bollaín, Rafaela Aparicio.