jueves, 5 de mayo de 2016

Cine: El puente de los espías de Steven Spielberg (2015)

Cine de espías, como en los años 1950 y 1960. Lluvia, nieve, Guerra Fría; Estados Unidos y la URSS enfrentados fuera de sus territorios y Alemania como campo de batalla. La guerra no se libraba con ejércitos, armas y bombas. Sólo a través de la información. Ganaba la batalla quién podía interceptar una información que le diese ventaja sobre el otro. Una guerra de juegos psicológicos que no todos sabían manejar. 

En este contexto James B. Donovan (Tom Hanks), abogado de Brooklyn, tiene que defender a Rudolf Abel (excepcional, Mark Rylance), espía soviético (no reconocido como tal por la URSS) que ha sido detenido en Estados Unidos. De esta manera, Donovan acaba reclutado casi por casualidad (y a escondidas) por el gobierno de EEUU, para que lleve a cabo un intercambio de prisioneros. Es especialista en seguros; eso es un buen curriculum para un negociador. Es paciente, empático, tiene recursos lingüísticos; es honesto, valora la lealtad por encima de todo y cree en el imperio de la ley. Está casado con una rubia y sonriente ama de casa, americana, comprensiva y cariñosa; que recuerda, sin ninguna duda, dónde está el pasaporte de su marido (justo en el mismo cajón que las corbatas azules). Tienen 3 hijos, la mayor ya es una mujercita que se ha enamorado del ayudante de su padre (que, según la tasa de reproducción social, terminará siendo tan honesto como él; porque querámoslo o no, la mayoría de nosotros acabamos creando familias que nos recuerdan a nuestra familia de origen).



Estoy escribiendo con un poco de ironía, pero la película me ha gustado. Es cálida y se sale del cliché habitual de películas de espías. Estamos acostumbrados al espía soltero y mujeriego, descreído y borracho, y aquí nos encontramos a un señor que tiene que comprar la mermelada antes de volver a casa y ocuparse de sacar la basura. Es el padre de familia ideal, que sabe mantener su lealtad incluso con los enemigos, enemigos de su familia y de su patria y que, además, no necesita condecoraciones ni gratitudes le basta con mantener su conciencia limpia y tranquila. Así le han educado y Tom Hanks, lo borda.


Sin embargo, hay dos cosas que no me gustan. La primera es que no tiene suspense. Este personaje está tan seguro de sí mismo y de que Dios está de su parte que ya sabemos que ganará (además se basa en hechos históricos que se pueden consultar antes de entrar en el cine y que corroboran el final feliz). Así que, aunque surjan problemas en Alemania del Este, le roben el abrigo y coja la gripe, ya sabemos que volverá a casa con los dos americanos retenidos por espías. La otra objeción es que tarda demasiado en llegar al núcleo de la historia, que se supone que es el intercambio en Berlín. La primera hora de la película está casi consagrada al juicio contra el espía y si bien sirve para describir con todo detalle el carácter y el contexto del personaje principal, también acaba lastrando a la otra mitad de la película.


Otra objeción importante, pero absolutamente disculpable, es que la película no pasa el test de Bechdel. En esta peli las mujeres son meras figurantes. Y digo que es absolutamente disculpable porque en los años 1960, en algunos estamentos y en ciertas circunstancias, (es decir casi siempre y casi para todo) las mujeres no tenían ningún protagonismo ni siquiera en sus vidas personales. Aunque no me guste, visualizar en cine la escasa repercusión de un personaje femenino me parece una actitud más honesta que feminizar obligatoriamente un personaje que siempre en la realidad hubiera sido un hombre y que, además como pasa en la mayoría de las pelis, se aproveche esta circunstancia para una historieta de amor boba.



En resumen, de toda la película yo destacaría dos escenas, al principio y al final de la película. Rudolf, el espía, contemplando su imagen en un espejo al mismo tiempo que pinta su autorretrato que nos induce a pensar en las dudas que tiene sobre su propia identidad. Y los muros, el muro de Berlín y los muros de Brooklyn, clara imagen de los impedimentos, a cualquier lado de la valla, para llevar una vida libre. Recomendable. 


Director: Steven Spielberg
Guion: Matt Charman, Ethan Coen, Joel Coen
Música: Thomas Newman
Fotografía: Janusz Kaminski
Intérpretes: Tom Hanks, Mark Rylance, Amy Ryan



lunes, 2 de mayo de 2016

Cine: Nadie quiere la noche de Isabel Coixet (2015)

El cine de Isabel Coixet es muy particular y a mí eso siempre me parece una garantía. Aunque a veces se hace muy difícil seguirla. Esto pasa en esta película. Cuando se presentó en la Berlinale no recibió muy buenas críticas y la autora tuvo que meter la tijera; algo que le sirvió como cura de humildad. Yo creo que acertó descargando un poco la película aunque no he visto la versión íntegra. 

La verdad es que debía ser difícil colocar y justificar a los personajes en esas condiciones extremas durante más de 90 minutos, ante el inmenso paisaje de hielo que no resultaba ser muy dialogante. Por supuesto Juliette Binoche y también Rinko Kikuchi pasan sin ningún problema la prueba. Lo que siento es que Gabriel Byrne no tenga un papel un poco más largo porque es un actor que vale la pena, además en la película representa el deseo de proteger la naturaleza sagrada de la intrusión de occidente. 



El guion está escrito sobre una historia cierta. Josephine Peary era una escritora y exploradora norteamericana que acompañó a su marido en algunos de sus viajes por el Ártico; incluso en uno de esos viajes parió a su única hija Marie Ahnighito, la niña de la nieve y escribió su aventura en The snow baby: a true story with true pictures. Años después, en otro de esos viajes, Josephine se empeñó en reunirse con su marido, pero hubo algunas complicaciones y tuvo que pasar el invierno en el polo norte; esa es la noche que dura seis meses. Sin comida, sin carbón y con la única compañía de una mujer esquimal, que resulta ser la amante de su marido y estar embarazada de él.



Para mí esta película no es un viaje al fondo del ser humano, ni supone un descubrimiento entre culturas diferentes representadas por las dos mujeres. La verdad es que ya hace tiempo que cuestiono estas hazañas de descubrimiento de los hombres y si en realidad sirven para algo o no. Más me parece una obsesión de los hombres por ser los primeros en algo, sea la conquista del polo, la conquista de la luna o la conquista de marte (véase la última película de Ridley Scott). Sea lo que sea el caso es conquistar algo que otro (hombre) no haya pisado antes. Agotador e inútil.



Pues, como los seres humanos aprendemos por imitación, parece que las mujeres también nos hemos propuesto seguir esa estela de descubrimientos inútiles, tradición de los hombres. Eso es lo que me parecía esta película. Dos mujeres jóvenes, hermosas, inteligentes, corriendo detrás de un hombre imbécil. Llegando casi a la muerte por cometer sus mismas estupideces. Sí me quedo con esa sensación de estupidez. Ya he dicho que el cine de Coixet no es fácil y que no es amable con el espectador. No se pierde en sentimentalismos ni en concesiones. Si tienes que enfrentarte a la noche polar de 6 meses, pues es lo que hay. Ni un mísero rayo de sol vendrá a salvarte. Y si tienes que vértelas con la amante de tu marido, ni siquiera te podrás enfrentar a ella porque no tendrás fuerzas y porque tampoco te va a entender.



Si no fuera por la tragedia de estar al mismo borde de la muerte, resultaría cómico ver a las dos mujeres, perdiendo el culo por un hombre que nunca aparece en pantalla. Aunque hay que decir que la historia real no fue tan trágica, en la película quien peor parada sale es la amante. ¡Mala suerte para ella! Yo, de todas maneras, recomiendo la película porque Isabel Coixet es una directora valiente que siempre arriesga y por las actrices que están soberbias. Una historia de mujeres para que los hombres reflexionen (si quieren) porque, al fin y al cabo, ¡qué necesidad tenía el Polo Norte de que lo descubrieran!


Directora: Isabel Coixet
Guion: Miguel Barros
Música: Lucas Vidal
Fotografía: Jean-Claude Larrieu
Intérpretes: Juliette Binoche, Rinko Kikuchi y Gabriel Byrne.

jueves, 28 de abril de 2016

Teatro: Hedda Gabler de Henrik Ibsen (2015)

El autor.-
Dramaturgo y poeta noruego, renovador del teatro de principios de siglo XX. Autor de obras consideradas escandalosas porque cuestionaba la familia y también la hipocresía de la sociedad burguesa. Tuvo que trabajar desde muy joven porque su padre se arruinó. Aún empezó estudios de medicina que nunca terminaría porque prefirió la literatura. Vivió en Roma, Alemania y Egipto, en un intento de huir del ambiente puritano de Noruega. Otras obras suyas: Casa de muñecas, El enemigo del pueblo, Peer Gynt. 

Mi opinión.-
Nos ha parecido siempre, por lo menos a los españoles, que los nórdicos eran ciudadanos mucho más sanos, demócratas y liberales que nosotros. Pero eso no siempre tuvo que ser así. Lo digo porque los clásicos de su literatura nos dan una imagen muy distinta de la sociedad, al menos de la de principios de siglo. Una sociedad autoritaria, amargada y pasiva, diluida en su propia indolencia y que acaba ahogando a alguno de sus integrantes, especialmente mujeres.



Al menos eso debía pensar Ibsen, cuando escribía sobre dos de sus personajes más asfixiados y más emblemáticos de su teatro. Nora de Casa de muñecas y esta Hedda Gabler. Hedda no sigue las normas de su clase social. Pertenece a la alta sociedad pero se casa con un hombre de rango inferior. Un hombre al que además no ama y a cuya familia desprecia. Y ¿por qué lo hace? Por aburrimiento. El gran problema de Hedda es que se aburre y su aburrimiento la reconcome, la devora por dentro, la hace violenta y también cobarde.



Es difícil entender a Hedda. No por el tiempo que ha pasado desde que se escribió esta obra, apenas 100 años, sino por la pasividad que muestra ante su aburrimiento. Y porque no podemos entender por qué no combate su aburrimiento en lugar de amargarse la vida y amargar la vida de los demás. Hedda da miedo. Antes, incluso, de que juguetee con una pistola. Da miedo su violencia verbal y su facilidad para despreciar a los demás. Es un personaje cobarde también. Busca la excelencia y la exige a los demás. Pretende que su antiguo amante se suicide de una manera sublime. Haz que sea belleza le dice, pero en lugar de eso él se deja matar por una prostituta callejera de un disparo en la barriga.



Hedda vive, pues asfixiada, por su cobardía y por su aburrimiento. Es un personaje que pide libertad y que no sabe qué hacer con ella. Es un agujero negro que se engulle a sí mismo. Hasta que comprende que, aunque ni siquiera pueda manipular a ese antiguo amante, sí puede destruir lo único que queda de él. El excepcional libro que había estado escribiendo y que hubiera sido su testamento literario.



Hedda ha fracasado siempre. Estuvo enamorada y no se casó con su amor. Se aburre mortalmente y no quiere hacer nada por evitarlo. Es cobarde y manipuladora y los hombres no caen en su manipulación o, al menos, todos no. Intenta amargarle la vida a su marido y su marido vive feliz en su absoluta ingenuidad. Destruye un libro que fácilmente se puede rehacer con las notas que dejó el autor y será además su marido quien lo reescriba. Al final, ¿qué le queda? El suicidio y que sea belleza.



La interpretación de Cayetana Guillén Cuervo es excepcional. Es muy corporal, desgarrada, impaciente, en ebullición. Apoyada en la pared, con la espalda arqueada y arañando como si fuera un gato atrapado o sentada, casi tumbada en una silla, en el suelo o en el piano. Ofreciendo su cuerpo inquieto es la imagen de la furia contenida, de la rabia vuelta contra sí misma. La deriva de Hedda durante la representación queda reflejada en el cambio de color de sus vestidos de seda. Pasa de un blanco inmaculado por grises cada vez más oscuros hasta llegar al negro de funeral. Un escenario austero, con sólo cuatro sillas y un piano, y el trabajo emocional de los actores que llega a la extenuación, es la apuesta del director. Teatro puro, sin artificio. 



lunes, 25 de abril de 2016

Novela: El libro de Jonah de Joshua Max Feldman (2014)

El autor.-
Es guionista y dramaturgo. El libro de Jonah es su primera novela. 


Mi opinión.-
Esta novela viene precedida de muy buenas críticas, pero yo no he conseguido entrar en ella. Se supone que es una sátira y que brilla por su ingenio y mordacidad. Yo no he visto nada de eso. Me ha parecido tediosa, dispersa, descompensada. A veces me recordaba a Woody Allen, director de cine al que no soporto, y del que sólo me gusta Midnight in Paris.

Volviendo a la novela, Jonah Jacobstein por supuesto es judío, por supuesto es abogado y por supuesto vive en Nueva York. Es triunfador, o si todavía no lo es dentro de poco lo será. Jonah tiene una novia tan inteligente y triunfadora como él y una amante tan neurótica como él. El problema empieza con unas incómodas visiones que empieza a tener. Antes, después o durante las visiones conoce a Judith y todo cambia, aunque él siga intentando aferrarse a su vida. Se le plantea el dilema moral de defender a una compañía farmacéutica que (oh! sorpresa!) es un poco turbia y toda su vida se descompone. Las alucinaciones es posible que sean la llamada de Dios, pero ¡quién sabe! Después de perder su trabajo, a su novia y a su amante y también el precioso apartamento que iba a alquilar, le queda por intentar la escapada de manual. El viaje a Ámsterdam, las drogas y el alcohol y el (re)encuentro con Judith, que se ha operado la nariz para no parecer tan judía y que se ha cambiado el nombre. 

Al final de la novela, no podría decir si Jonah y Judith acaban juntos o no. Si se salvan mutuamente o no. Si encuentran el perdón o no. No me ha quedado nada claro. Y lo que hay en medio pues tampoco me ha resultado muy sugerente. Sí que tengo claro que, por distintas circunstancias, Jonah por sus visiones y Judith porque sus padres mueren en el 11S, son personajes que quedan a la deriva. Pero sus derivas personales me aburren mortalmente. De triunfadores pasan a supuestas víctimas, pero ni siquiera en ese momento parece que sufran. Y es que el abogado tiburón con crisis de conciencia es un personaje ya un poco manido. Y luego es que tiene algunos momentos tan estrafalarios que te expulsan de la novela. Además entre los dos personajes es abrumadora la presencia de Jonah y Judith, un personaje que a mí me parece más interesante, queda un poco desvaído.

Creo que estoy pasando por una crisis de ultrafeminismo porque en realidad los problemas de los hombres me importan ya muy poco y si son neoyorquinos con dinero todavía menos. No soy capaz de considerarlos como problemas que representan a los del individuo universal y es que debe de ser que un abogado rico de Nueva York no me parece el individuo universal. No sé qué me ha pasado pero esta novela se me caía de las manos. Muy bien escrito pero no lo recomiendo. 



El libro de Jonah
Joshua Max Feldman

Traducción de Damiá Alou

Ed. Libros del Asteroide 

jueves, 21 de abril de 2016

Cine: Casablanca de Michael Curtiz (1942)

No pudo haber sido un estreno más oportuno. Fue en enero de 1943, poco después del desembarco aliado en Casablanca. Esta era una película con presupuesto normal y que no estaba destinada a convertirse en leyenda. Pero sí, se convirtió en leyenda. Obtuvo tres premios óscar y ha sido éxito de público durante años. Todavía emociona, aunque sigamos sin fijarnos en sus decorados de cartón piedra. Es una conmovedora historia de refugiados que huyen porque ya no pueden luchar más. Nunca, hasta los horrendos atentados de París de noviembre de 2015, había sido la Marsellesa tan conmovedora, nunca había servido como himno para todos los que buscan la libertad ¿Ha sido un cañonazo o son los latidos de mi corazón? 

Porque la historia sentimental de Ilsa y Rick es bastante sencilla, el triángulo amoroso de toda la vida. Pero tiene esos toques de cinismo, ironía y humor y, además, no nos podemos resistir a los ojos de Ingrid Bergman que se mueven entre la desorientación y el anhelo absolutos. Aunque al final el triángulo imposible se deshaga, … lo esencial se revela mientras el tiempo pasa. 



En el microcosmos del café de Rick en Casablanca, aunque el humo proporcione un aspecto de irrealidad, se vive al límite porque los nazis se encargan de ir empujando a todos los que no son como ellos hacia el abismo (o lo que es peor hacia la extinción). En el café las emociones se desbordan y el tiempo se acaba. Pero aunque se sientan perseguidos y, a pesar de que la huida es el último recurso, todavía se empeñan en resistir un poco más. Esa es la vida en Casablanca. La posibilidad de resistir un poco más.



Murray Burnett y Joan Alison, después de volver de un viaje por Europa y sentirse conmovidos por la situación de los refugiados políticos, habían escrito una obra de teatro que no había tenido mucho éxito en Broadway. Hoy la situación de los refugiados no nos conmueve porque la vemos en directo, en los telediarios de las 15.00 horas, durante todos los días. La televisión tiene ese poder anestesiante.



Volviendo a la película, todo el mundo sabe que el rodaje fue un caos y que el guion cambiaba continuamente. Pero quizá sea eso lo que la hizo excepcional. Parecerse tanto a la vida, donde nada está escrito; donde, en circunstancias tan cambiantes, los sentimientos van y vuelven sin ningún orden. En ese caos Rick (Humphrey Bogart) se reencuentra con Ilsa (Ingrid Bergman). ¡Qué mala suerte! El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos. Pero, ¿qué otra cosa podrían pedir unos enamorados, más que quedarse solos en el mundo para recomenzarlo de nuevo?




Sin embargo, Casablanca va más allá. Plantea también otro dilema, esta vez ético. ¿Qué es el amor egoísta frente a la lucha por el bienestar y la libertad de todos? Rick, el héroe perdedor, se desvanece entre la bruma para continuar la lucha mientras su amada queda a salvo para siempre. Rick y el capitán Renaud, otra vez don Quijote y Sancho… esto será el principio de una bonita amistad.




Director: Michael Curtiz
Guion: Julius J. Epstein, Phillip G. Epstein, Howard Kock (de Murray Burnett-Joan Allison)
Música: Máx Steiner
Fotografía: Arthur Edeson 
Intérpretes: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid, Claude Rains, Dooley Wilson 



lunes, 18 de abril de 2016

Cine: Lejos de los hombres de David Oelhoffen (2014)

Argelia había sido más que una colonia francesa. Desde 1830 hasta 1962, había pertenecido a Francia. Pero, aunque al final tenía estatuto de departamento de Francia, dividido en 3 regiones, su población nunca había sido admitida como población francesa de pleno derecho. Albert Camus sufrió mucho durante la Guerra de Argelina, por su condición de francés y de argelino, que había avisado de lo que ocurriría ante la negación de la evidencia por parte de los sucesivos gobiernos franceses. La evidencia era que los argelinos querían poder decidir en su país. 

Camus escribió sobre la Guerra de Argelia, antes, durante y después de que se produjera. Artículos y reportajes para la prensa y también relatos cortos. En El huésped cuenta la historia de Daru (Viggo Mortensen), un francés argelino, de origen español, un compasivo maestro de escuela que vive en las montañas, lejos de los hombres. En 1954, franceses y argelinos están en guerra y Daru tiene que llevar a Mohammed (Reza Kateb) a la ciudad más cercana para que sea sometido a juicio (y ejecutado por haber asesinado a su primo).



David Oelhoffen, director francés que no conocía, se embarca en adaptar este relato corto de Camus y convertirlo en una reflexión sobre la identidad y la ética personal; todo ello incrustado en un paisaje amarillento, agreste e inhóspito, un paisaje de western. Un paisaje deliberadamente situado lejos de los hombres porque cuando los hombres están cerca es para que haya problemas. Mohammed ha desafiado la ley de su pueblo. Ha matado a su primo porque le estaba robando la comida de sus hermanos pequeños. La ley francesa exige que lo juzguen en Tinguit, y él así lo acepta porque si no sus primos se vengarán matando a sus hermanos pequeños. Mohammed siento que morir es su deber moral para con su familia.



Daru, como funcionario francés, debe encargarse de llevarle a Tinguit. Pero Daru tiene tantas identidades cruzadas que no es capaz de responder a ninguna. Es francés para unos y para otros no; es argelino para unos y para otros no; es español para unos y para otros no. Ha sido discriminado por los franceses por ser hijo de inmigrantes de origen español en Argelia, (nos llamaban los caracoles dice en un momento de la película); pero sin embargo ha luchado en la II Guerra Mundial defendiendo a Francia. En esta confusión, terminará por obedecer únicamente a su humanidad y su ética. Pero será después de un viaje a pie, extenuante, mientras los dos son perseguidos por los colonos, por los rebeldes, por el ejército. Sólo en un burdel encuentran cobijo momentáneamente. Ángela Molina interpreta a la señorita Martínez, una prostituta, vieja conocida de Daru. Pero fuera del burdel sólo hay casas abandonadas, viento, lluvia, frío y muerte.  



Difícil mantener una posición ética individual en tiempos tan turbulentos. No se puede escapar de la ley, ni de una ni de otra, porque lo que hay fuera de la ley es todavía peor. La lucha por la supervivencia en una Argelia ocupada por colonos y que desplazaban a la población autóctona condenándola a la pobreza de la que esos mismos colonos huían, desata la espiral de violencia y venganza. Pero Daru se rebela por Mohammed, desesperado por darle otra oportunidad a la vida.

Hollande reconoció en 2012 que “Argelia había sido sometida a sistema profundamente injusto y brutal”. 


Director: David Oelhoffen
Guion: David Oelhoffen (relato: Albert Camus)
Música: Warren Ellis, Nick Cave
Fotografía: Guillaume Deffontaines 
Intérpretes: Viggo Mortensen, Reda Kateb

jueves, 14 de abril de 2016

Cine: Carol de Todd Haynes (2015)

Carol, Cate Blanchet, es una dama de la alta sociedad neoyorquina. Elegante, sofisticada y muy atractiva; vive un cambio drástico en su vida. Ha pedido el divorcio a su marido y éste le chantajea con no dejarle ver nunca más a su hija. Therese Belivet, Rooney Mara, es una dependienta de grandes almacenes, joven, inocente y con muchas ilusiones. 

Son los años 1950 y las dos mujeres se enamoran. A pesar del conservadurismo de la época y de las diferencias entre ellas (diferencias de clase, de edad y de educación) las dos mujeres pueden vivir una relación no oculta; mantienen la discreción todo lo que pueden, aunque también es más fácil cuando se tiene dinero y una cierta posición social.

La película destaca, sobre todo, por la interpretación de las actrices. Sobria y en todo momento sutil. También una fotografía muy cálida, intensa y muy de los años 1950. Es la adaptación de una novela autobiográfica de Patricia Highsmith, conocida autora de novela de suspense y de maldad humana (lo digo por el personaje, manipulador por antonomasia, de Tom Ripley). Esta novela El precio de la sal, había sido publicada con pseudónimo.



Todo se narra con juegos de miradas y conversaciones exquisitas. El miedo, la duda, el deseo. Todo es muy contenido, delicado, poniendo de manifiesto la presión de la época sobre las emociones y también la propia extrañeza de esas mujeres embarcadas en una relación amorosa que no habían esperado. Carol y Thèrese se intercambian fortalezas y debilidades; ninguna de las dos asume de una manera estereotipada uno de los dos papeles.



Se agradece que el director, preocupado por abordar una película de temática homosexual, haya elegido una historia de amor entre mujeres y haya conseguido adaptar esta novela (que no he leído) con tanta poesía y sensibilidad, lejos de exhibicionismos efectistas. Se agradece también que tenga un final feliz, que ofrece un poco de esperanza para confiar en que las cosas sigan cambiando para bien.



Rooney Mara obtuvo el Premio a mejor actriz en la última edición de Cannes por este papel y fue nominada al óscar a la mejor actriz de reparto. Cate Blanchett también fue nominada al óscar a mejor actriz, pero no lo ganó. 


Director: Todd Haynes 
Guion: Phyllis Nagy (sobre la novela de Patricia Highsmith)
Música: Carter Burwell
Fotografía: Edward Lachman 
Intérpretes: Cate Blanchett, Rooney Mara