jueves, 28 de abril de 2016

Teatro: Hedda Gabler de Henrik Ibsen (2015)

El autor.-
Dramaturgo y poeta noruego, renovador del teatro de principios de siglo XX. Autor de obras consideradas escandalosas porque cuestionaba la familia y también la hipocresía de la sociedad burguesa. Tuvo que trabajar desde muy joven porque su padre se arruinó. Aún empezó estudios de medicina que nunca terminaría porque prefirió la literatura. Vivió en Roma, Alemania y Egipto, en un intento de huir del ambiente puritano de Noruega. Otras obras suyas: Casa de muñecas, El enemigo del pueblo, Peer Gynt. 

Mi opinión.-
Nos ha parecido siempre, por lo menos a los españoles, que los nórdicos eran ciudadanos mucho más sanos, demócratas y liberales que nosotros. Pero eso no siempre tuvo que ser así. Lo digo porque los clásicos de su literatura nos dan una imagen muy distinta de la sociedad, al menos de la de principios de siglo. Una sociedad autoritaria, amargada y pasiva, diluida en su propia indolencia y que acaba ahogando a alguno de sus integrantes, especialmente mujeres.



Al menos eso debía pensar Ibsen, cuando escribía sobre dos de sus personajes más asfixiados y más emblemáticos de su teatro. Nora de Casa de muñecas y esta Hedda Gabler. Hedda no sigue las normas de su clase social. Pertenece a la alta sociedad pero se casa con un hombre de rango inferior. Un hombre al que además no ama y a cuya familia desprecia. Y ¿por qué lo hace? Por aburrimiento. El gran problema de Hedda es que se aburre y su aburrimiento la reconcome, la devora por dentro, la hace violenta y también cobarde.



Es difícil entender a Hedda. No por el tiempo que ha pasado desde que se escribió esta obra, apenas 100 años, sino por la pasividad que muestra ante su aburrimiento. Y porque no podemos entender por qué no combate su aburrimiento en lugar de amargarse la vida y amargar la vida de los demás. Hedda da miedo. Antes, incluso, de que juguetee con una pistola. Da miedo su violencia verbal y su facilidad para despreciar a los demás. Es un personaje cobarde también. Busca la excelencia y la exige a los demás. Pretende que su antiguo amante se suicide de una manera sublime. Haz que sea belleza le dice, pero en lugar de eso él se deja matar por una prostituta callejera de un disparo en la barriga.



Hedda vive, pues asfixiada, por su cobardía y por su aburrimiento. Es un personaje que pide libertad y que no sabe qué hacer con ella. Es un agujero negro que se engulle a sí mismo. Hasta que comprende que, aunque ni siquiera pueda manipular a ese antiguo amante, sí puede destruir lo único que queda de él. El excepcional libro que había estado escribiendo y que hubiera sido su testamento literario.



Hedda ha fracasado siempre. Estuvo enamorada y no se casó con su amor. Se aburre mortalmente y no quiere hacer nada por evitarlo. Es cobarde y manipuladora y los hombres no caen en su manipulación o, al menos, todos no. Intenta amargarle la vida a su marido y su marido vive feliz en su absoluta ingenuidad. Destruye un libro que fácilmente se puede rehacer con las notas que dejó el autor y será además su marido quien lo reescriba. Al final, ¿qué le queda? El suicidio y que sea belleza.



La interpretación de Cayetana Guillén Cuervo es excepcional. Es muy corporal, desgarrada, impaciente, en ebullición. Apoyada en la pared, con la espalda arqueada y arañando como si fuera un gato atrapado o sentada, casi tumbada en una silla, en el suelo o en el piano. Ofreciendo su cuerpo inquieto es la imagen de la furia contenida, de la rabia vuelta contra sí misma. La deriva de Hedda durante la representación queda reflejada en el cambio de color de sus vestidos de seda. Pasa de un blanco inmaculado por grises cada vez más oscuros hasta llegar al negro de funeral. Un escenario austero, con sólo cuatro sillas y un piano, y el trabajo emocional de los actores que llega a la extenuación, es la apuesta del director. Teatro puro, sin artificio. 



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