jueves, 22 de febrero de 2018

Cine: El autor de Manuel Martín Cuenca (2017)

¿Hasta dónde sería capaz de llegar un hombre por escribir literatura? Y ¿si estás rodeado de un ambiente de mediocridad? Si para escribir necesitas sumergirte en la vida, pero esa vida está rodeada de mediocres, tu literatura también será mediocre, ¿no? 

La película más que de amargura y frustración está llena de ironía. En primer lugar, porque Álvaro no se considera un fracasado. Se siente como un escritor, piensa como un escritor y quiere triunfar como escritor. Y en segundo lugar, porque el director no deja de tratar a los personajes, ahogados en su propia mediocridad, con un poco de cariño. La esposa, la portera, el profesor, los vecinos y el notario, ninguno se salvaría si fuésemos un poco críticos, pero todos tienen derecho a estropear sus vidas ruines.


Álvaro, Javier Gutiérrez, quiere escribir y para eso se vuelva en aprender, en teoría, como es ser un buen escritor. La clave la obtiene en una clase magistral. Para ser un buen escritor hay que saber contar un drama. Dramatizar la vida. Eso es lo que le dice también su profesor del taller de escritura, más interesado en que Álvaro le invite a comer a buenos restaurantes que en lo que Álvaro tiene que decir o escribir.


En su lógica y en su afán por escribir, Álvaro quiere utilizar la escuadra y el cartabón. Sin embargo, parece que la buena literatura exige otras coordenadas. Tampoco es aficionado a las trampas del subgénero literario dirigido a las masas, en el que su mujer, María León, ha triunfado. Por lo menos, Álvaro sabe mantener su honestidad.


Sin embargo, para él, sumergirse en la vida acaba siendo manipular la vida de los demás. Y aunque desde el primer momento, intuimos que el final de Álvaro no será feliz, la duda que nos queda es saber si arrastrará en su ruina a los demás. Tratar de escribir una novela, lo más literaria posible será su única tabla de salvación y también su ruina.


Me ha gustado mucho la puesta en escena, sobre todo cuando Álvaro intenta escribir, dominada por colores blancos y por la desnudez de las paredes y también la desnudez de Álvaro que contrasta con las vidas habitadas y las casas vestidas de sus vecinos que revelan más de la propia personalidad de éstos que sus propias palabras. La casa de la portera, sería una casa de los horrores para cualquier decorador, llena de cuadros imposibles, de figuras de animales de todos los tamaños y de pasos de semana santa o la casa del militar jubilado llena de armas y de cabezas de animales disecadas, buenos muebles y mucha soledad.



Las sombras que hablan para que Álvaro las escuche, las grabe y se inspire en ellas para lograr su gran novela, han sido otro acierto del director. A veces la película se hace un poco lenta y larga, pero es muy recomendable. Al final, lo que a nosotros nos parece una tragedia para Álvaro será su felicidad. Aislado del mundo podrá manipular a su antojo las pequeñas historias que genere a su alrededor. 


Dirección: Manuel Martín Cuenca
Guion: Manuel Martín Cuenca, Alejandro Hernández sobre novela de Javier Cercas
Música: José Luis Perales, Pablo Perales Carrasco
Fotografía: Pau Esteve Birba
Intérpretes: Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre, Adelfa Calvo, María León, Adriana Paz, Tenoch Huerta. 

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