jueves, 23 de septiembre de 2021

Novela: ¿De quién es la culpa? de Sofía Tolstaia (1892-1893)

La autora.-
Sofía Tolstaia fue durante 48 años la esposa del escritor ruso Tolstoi y, aunque tenía 16 años menos que él apenas le sobrevivió 8 años. No debe sorprender que su organismo debía estar muy agotado por los 13 partos y otros varios abortos que sufrió en su vida. Tolstoi nunca quiso utilizar anticonceptivos. Además de esto, y deberíamos decir milagrosamente, también fue la correctora y copista de las obras de su marido, una pionera de la fotografía y una autora que, aunque documentó exhaustivamente su vida en diarios, no quiso publicarlos en vida para no perjudicar la imagen de su marido. Otras obras suyas: Canción sin palabras y Natasha que quemó antes de casarse. 

Mi opinión.-
He leído este libro casi al mismo tiempo que Despojos de Rachel Cusk y han resultado ser lecturas absolutamente complementarias. El punto de vista de las mujeres respecto a la vida matrimonial no había sido explotado hasta ahora; y especialmente, cuando esa vida matrimonial llega a ser una tortura. Además, a las dos autoras, desde mi punto de vista, no las inspira la venganza, no buscan hacer sangre de sus respectivos cónyuges. Sino, simplemente, muestran crudamente cómo la vida matrimonial no encaja con sus perspectivas y acaba decepcionándolas. Teniendo en cuenta que ambas autoras están separadas por más de 100 años, la situación resulta preocupante y me pregunto cuántos de estos hombres célebres quedarían a la altura del barro si sus esposas se sincerasen. 

Tolstaia era hija de un médico de la corte imperial rusa y recibió una educación  muy esmerada. Pero, no olvidemos que en aquélla época este tipo de educación tan esmerada para las mujeres se dirigía hacia el entretenimiento de los hombres. Las niñas y jóvenes estudiaban un poco de música, un poco de dibujo, un poco de filosofía, un poco de política, un poco de literatura pero no para su propio desarrollo ni, por supuesto, para ejercer una futura profesión, sino para ofrecer una conversación agradable a los futuros pretendientes. Ella, sin embargo, quería ir más allá aunque al final no pudo.

Era una mujer muy vitalista y estaba entusiasmada por el conocimiento pero un romanticismo ñoño le hacía mantener una visión totalmente idealizada e ingenua de lo que sería el matrimonio. Como todas las mujeres de la época (y otras mujeres hoy) pensaba que el amor y el matrimonio serían más una sintonía de almas en la que, abundarían las largas conversaciones sobre filosofía y poesía y el compartir un amor absoluto y sincero, casi un reflejo en la tierra del amor espiritual de Dios. En lugar de eso se encontró con que debería de cumplir sus deberes conyugales cuando su marido así lo quisiera y estar dispuesta a recibir todos los embarazos y partos que la naturaleza le enviase: “Sí, todo esto es lo que tiene que pasar, todo esto… Mamá me dijo que tengo que consentir y no sorprenderme por nada… Bien, que así sea… Pero Dios mío, qué horrible y… Qué vergüenza, qué vergüenza…” (pg. 41).

Se enamoró de Tolstoi muy joven, mientras que él ya tenía casi 40 años. Tolstoi fue un personaje muy peculiar. En su juventud parece que vivió desaforadamente las relaciones sexuales con cualquier mujer que se le pusiese a tiro, incluidas las campesinas “de su propiedad” y además, lo dejó consignado en varios volúmenes de diarios con todo lujo de detalles. Y esa fue la realidad que Sofía pudo leer en esos diarios íntimos que Tolstoi le facilitó. Allí se mostraba una idea totalmente diferente del amor, la intimidad y la sexualidad e, incluso, la existencia de un hijo bastardo concebido con una de sus siervas. Además, Tolstoi al final de su vida cambió totalmente y optó por una vida de ascetismo y abstinencia sexual (era ya un anciano); renegando de sus apetitos anteriores y considerando a las mujeres como los seres culpables de la lujuria de los hombres. Algo que reflejó en su novela Sonata a Kreutzer. Una actitud que sigue sin ser extraña hoy en día. Las mujeres seguimos siendo la tentación culpable de todos los males que aquejan a los hombres. No obstante, el matrimonio fue feliz, casi hasta el final.

Esta es la única novela que Sofía salvó entre las que había escrito, aunque no permitió que se publicase para no erosionar la imagen de Tolstoi. Es totalmente biográfica y, esto, hoy se puede comprobar comparando la novela con sus diarios. La escribió como respuesta a la novela escrita por Tolstoi en 1889 y censurada, la mencionada anteriormente Sonata a Kreutzer. Una trágica historia en la que un marido asesina a su mujer a causa de los celos y la pasión que las relaciones sexuales llevan aparejada. Parece ser, yo no la he leído, que en esta novela también biográfica Tolstoi, según los fragmentos que pueden consultarse en la web, consideraba a las mujeres como “objetos de amor que dificultan el verdadero destino de un hombre”. Supongo que Sofía Tolstaia después de leer esto se arrepintió de haberle dedicado su vida.

Por eso escribió esta novela, dando su punto de vista. Y si bien anda escasa de valor literario puesto que casi está planteada como un folletín, tiene un valor testimonial importante, especialmente si puede compararse con los diarios que Tolstaia también escribió y que están también publicados y con el epílogo, escrito para esta edición, de Ferrán Mateo y Marta Rebón que se ha ocupado también de la traducción. Así en la novela se muestra, desde la primera violencia ejercida sobre una niña no preparada para el matrimonio, hasta la desgracia final, pasando por todos los embarazos, los celos patológicos de él y la paulatina destrucción y el abandono de la personalidad de ella. Pero como ya he dicho no se trata de la venganza de una mujer. Al contrario y en descargo del marido, habría que decir que ambos contrayentes llegaban con una perspectiva totalmente diferente y totalmente equivocada de lo que debe ser un matrimonio.

Ella pensó que el matrimonio era… un amor tan puro e ideal como si fuera casi una plegaria… (pg. 12) y, en realidad, lo que obtuvo fue ¿Es este el destino de la mujer?... ¿Poner el cuerpo a disposición de un niño de pecho y luego del marido? Uno detrás de otro, ¡siempre! Pero, ¿dónde está mi vida? ¿Dónde está mi yo? (pg. 67). Y él probablemente pensó que el matrimonio era la unión con una mujer virgen y fértil que le diera un heredero.

Sus últimos años de vida conyugal fueron muy conflictivos pero no por el desencanto de Sofía. Tolstoi quiso llevar una vida más ascética. Se declaró vegetariano y pretendía vivir como los campesinos de su finca. Pero la gota que colmó el vaso fue que no quería dejar su herencia a sus hijos. Sofía en esa situación batalló como una leona para defender los derechos de sus hijos y ahí nació su “leyenda negra”. Tolstoi teniendo en cuenta la oposición de su mujer a este hecho escapó de su casa. Poco después murió en una estación. Hace unos años se hizo una película sobre esta circunstancia, La última estación, interpretada por Helen Mirren y Christopher Plummer. No está mal pero la novela de Tolstaia y sus diarios son mucho más recomendables.

Tolstaia también fue una pionera de la fotografía rusa y en cada aniversario se hacían una foto de pareja. La ilustración de la novela está inspirada en una de estas fotografías.


¿De quién es la culpa?
Sofía Tolstaia
Traducción de Marta Rebón
Xordica

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